“La Luna amarilla partida por la mitad esperando por los sonámbulos; vivimos de sueños, de experiencias, de estrellas y castillos flotando en el cielo, y todo se remite a lo que quieres, temes y deseas. Mundo de Morfeo”
“El Sonido de los golpes empezó a escucharse fuerte y claro, adornado por una ventajosa melodía que solo da el poder de la demolición, derrumbándose frente a una ciudad que no recordaba ni como había llegado a existir, nadie se plantaba para decirle que se detuvieran tal vez a nadie le importase mas esta parte de la ciudad con todo lo que tenemos que hacer se nos olvida que puede requerirse de nuestra ayuda, de una voz que grite, de una que encauce pero no ocurre. Los pilares del majestuoso cine caen cayéndose en pedazos cada que la demoledora golpeaba su estructura, ladrillos caían a cada momento perdiéndose la identidad, todo es una versión de otra cosa, nada permanece, nada es para siempre. Esta sala de cine no es la excepción por aquí desfilaron los mas grandes de la época de oro, cuna de leyendas y de anécdotas profanas, hoy en manos del futuro, que dejo a esta ciudad sin un lugar de perenigración para encontrarse con algo de su propia historia. Que fuerte y falto de sentimiento se oye la maquina al demoler este lugar más aún al caerse las letras de la última película que se presento aquí. Muy al fondo detrás de las pantallas, alejado de las sillas y oculto de las autoridades, alguien se resiste a dejar este cine morir. Es un cuarto mágico ¿Por qué debe perecer?, no lo sabe y no quiere, aquí es donde habitó por años. La primera vez que estuvo aquí fue ya casi hace 20 años, deseoso de experimentar quien estaba detrás de los proyectores, esa figura que únicamente se percibía cuando algo salía mal con la película justo al escuchar los silbidos de la gente y los reclamos, el aparecía, ese era tu trabajo. Hoy todo se irá y vendrán nuevos atardeceres y días sin su caminar hasta esta sala de cine, no reemplazará mas las letras anunciando otra película, estas han caído al piso, y ahora vivirá entre las ruinas o regresará a casa por callejones empedrados y casas antiguas. Al fin, aquí ya todo ha terminado y los cambios siempre generan temor así como un gran hueco que solo se llena al encontrar razón de ellos, el la encontraría y sería esta noche, una despedida siempre es bienvenida, aún cuando siempre tenga una gota de dolor y nostalgia. Suspiró profundamente tomando del suelo una caja y salió por la puerta principal con sus lentes oscuros que ocultaban sus ojos enrojecidos y un sombrero grisáceo evitando al Sol que afuera se yergue en un clima bello para caminar, adornado por el viento de noviembre y de sueños enrarecidos por el insomnio de los hombres. Cabizbajo, caminando por las calles de esta ciudad gótica, mundana, llena de mansiones deshabitadas, de casas embrujadas, de puentes con agua dulce, ¿Qué hacer ahora? Regresará a su hogar ahí en el mismo centro de la ciudad, muchos no le reconocen en la calle pero el sabe quien es quien, y siempre encuentra un lugar al cual recurrir para encontrar de nuevo su ilusión, y su ideal de la vida. De pronto, siente las pisadas tras de el, un ladrón piensa, pero no le importa mas nada de momento aún cuando su carga es valiosa no tiene tanto sentido ahora, pero el aroma no parece de un ladrón, dio la vuelta para dirigirse a su casa y se paro en seco, el susto que le tomo a su perseguidora le resulto cómico aun cuando acabo por perderse en sus bellos ojos viéndole con asombro y pena, el sintió una extraña sensación recorrer su cuerpo tanto que tardo un momento en preguntarle lo obvio aun absorto en ese rostro que juro haber visto en alguna otra vida:
- ¿Por qué me persigues?
- Lo siento, no era mi intención perseguirte. ¿Por qué llevas esa caja?
- Ah, no eres una ladrona, pero si una curiosa. Es una caja que contiene magia. ¿te gusta la magia?
- Claro, a quien no. Pero tu no eres un mago, o si?
- No, solo me robe la magia para llevármela donde aún esta sea apreciada por las personas. ¿Qué puedo hacer por ti?
- Ya has hecho mucho por mí, solo me gustaría saber que haremos ahora que el cine ha sido destruido. ¿eres quien dirigía el lugar?
- No, solo era quien proyectaba las películas, el dueño se perdió hace años, solo fui su acompañante en este tema, pero te diré algo, esta noche frente a la gran plaza que parte el centro de la ciudad, habrá una sorpresa.
- ¿magia?
- Si te digo mas, crearé una expectativa fuerte en ti, solo digamos que lloverán estrellas.
- Ahí estaré, como la última vez. Tal vez, no lo recuerdes pero ya nos hemos conocido antes.
- La vida esta llena de coincidencias y de una palabra que nos marca muchas situaciones de ellas, llamada destino.
El proyeccionista acarició la mano de la mujer sin quitarle la vista de esos bellos ojos, de esa sonrisa inmaculada que representaba la fe de los hombres, creencia de que un mundo mejor siempre esta ahí disponible para nosotros, su persona le ha dado vuelco a su caminar y dejando su mano para seguir avanzando empezó por desear que estuviese ahí cuando la Luna se haga Rojiza desdibujándose por las manos de las nubes dejando solo la orilla de ella, algo llamado cuarto menguante. Decidido a tomar acción en aspiración de darle un vuelco a esta historia que hoy ya le ha causado lagrimas, alimentado por una promesa hecha a esa joven de grandes ojos negros, el proyectista renacerá su vicio mas arraigado, la caja mágica para una ultima probada antes que su mundo haya cambiado para siempre, benditas razones para sacar la chistera. Recorre el centro de la ciudad, adquiriendo artículos aquí, allá volviéndose a encontrar con aquellos que no veía hace ya muchos años debido a la rutina y a la vida que llevamos. Utilizando su ingenio y sus relaciones refugiándose en su idea teniendo una conversación con cada uno de los involucrados que sin idea de lo que esta pensando han decidido ayudarle y estar presente, ¿ayudarías a un soñador? Un taxista fue su acompañante durante esa tarde por una propina extra, dejándolo en su casa con todas esas cajas y largos pedazos de tela, el proyectista le dio su propina agradeciéndole el gesto, el taxista sonriente y expectante le dijo: ¿planea incendiar la ciudad o hacer una fiesta? Un poco de ambas, contesto el enfundándose en esa larga chaqueta negra y su sombrero grisáceo. Un bocado en el suelo, llenándose la copa cada treinta minutos con una sonrisa apenas perceptible en los labios, sastre en aprendizaje, payaso displicente, organizador improvisado, esos oficios son los que ahora trabajaba al abrir cajas, recortando telas y convertía una desgracia en un acto de redención. Hizo crear expectación aprovechando lo que estaba en sus manos, su casa frente a la gran plazuela le ofrecía una vista inigualable de la ciudad, de sus tradiciones y sus personalidades que caminan cual ríos de agua dulce dejando en cada huella una gota de su carácter. Esta antigüedad donde habitaba permanecía solitaria salvo por aquellos pichones y palomas que la recorrían a diario, sus techos y pasillos. Olvidándose muchas veces de regresar y de abrir las ventanas, esta olía a viejo, a noches fantasmas sin recibir calor humano, siempre existe noches para cambiar las historias. Las llamadas van y vienen con la copa llenándose hasta dejar las botellas vacías, afuera se escucha a la gente caminar por las antiguas calles disfrutando de la tarde que se escapa por el oeste, el proyectista se acerco a la ventana, dándose un segundo para ver la ciudad, en el cielo, un eterno atardecer en un frío día y el, pensando solo en la promesa hecha, añorando ver de nuevo esos grandes y bellos ojos negros donde el atardecer se convertiría en una noticia siempre bienvenida, la mente viajo y viajo hasta que hubo vuelto a trabajar de nuevo, nadie sabía que esperar y menos aun a que se refería dicha invitación vía telefónica solo se sabía que habría una manifestación, dejó todo listo se puso smoking portando gafas oscuras y descendió hasta la calle, frente a el, a lo lejos la bella de ojos negros portaba un vestido morado que rebasa sus muslos dejando todo a la imaginación, perdido en ella le sonrió a lo lejos guiñándole el ojo, ella asintió dejando entrever esos labios rojos que robaban el cielo a los santos antes de desaparecer sin dejar rastro alguno, personas expectantes por el rumor que se había generado mirando hacia todos lados, los que no lo estaban vivían bajo su propia rutina y esa noche la plaza se llevaría una sorpresa. El cielo brillaba con su claridad acompañándose por estrellas frágiles y estáticas a años luz de tantas pecas en el universo, cuan frágiles y fuertes somos los seres humanos. Desobedeciendo cualquier regla establecida, cualquier parámetro dicho, en aras de completar su obra, su aporte, retomar este lugar y dárselo a aquello que justo hoy estaba condenado a morir. La hora había llegado desde las campanadas que nació desde el campanario de la iglesia, una, dos, tres campanadas que retumbaron melódicamente en la plazuela, en el cielo, en la ciudad y el proyectista con la palanca en el suministro de energía dijo: que comience el espectáculo! Y la luz se esfumo dejando todo a su alrededor en la penumbra. La plaza estaba en un silencio sepulcral, aun cuando todas las bancas estaban siendo ocupadas ninguna voz se alcanza a escuchar, si alguna persona hablaba tendría que estarlo haciendo en susurros porque no se percibe sonido alguno. El miedo comenzó a palpitarse en el ambiente apoderándose de los seres humanos, alguien o algo se había llevado la luz y dejo la oscuridad para cuidarlos, y vaya que se cuida mejor infringiendo el temor que queriendo a las personas, así funcionamos hasta que el instinto de supervivencia nos llama a actuar e irrumpimos en nuestras fuerzas mas ocultas para quitarnos el yugo. Es tiempo de romper las cadenas y liberarnos extendiendo nuestras alas. De pronto ante el bullicio que se empezó a generar, los gritos de lucha enardecidos por esta oscuridad empezaron a crecer, una mancha que trajera la luz de regreso. Pero ¿Quién se llevó la luz y trajo el caos repentino? ¿Quién hizo esto? Mas de uno se preguntaba aunque en el centro de la plazuela, unos labios rojos sonreían dueña de la verdad de tal acusación, la respuesta tuvo eco en el cielo. Decenas de fuegos artificiales hicieron resplandecer el cielo en un inusual espectáculo de luces y justo al tener todas sus miradas en el cielo, el eco se hizo notar de nuevo. La luz había regresado trayendo un grito desahogado desde el kiosco que la adornaba que grito, ¡miren esa casa!, frente a ellos, en la casa cuyos pilares se sostenían desde hace mas de 200 años, colgaba una gran pantalla blanca adornada por unas luces, de pronto, en los alrededores una melodiosa tonada y una luz que proyectaba desde lo lejos, la película empezó y de uno en uno, empezaron a aplaudir en el inicio de la narración por parte de una voz que nadie había olvidado, esa caja mágica que rompe los paradigmas, tal vez las piedras del Cine se habían caído, pero no el espíritu de sus amantes, nadie se movería en toda la noche, sin embargo, caminando en sentido contrario desde uno de los pisos, el autor, payaso de este espectáculo descendió sentándose en la fuente que soltaba esos chorros de agua para alimentar a la ciudad, la antigua fuente siempre representativa servía de escondite para quien no se ocultaba, paradójico, el proyectista desdoblo una hoja y tomo de su camisa un plumín, estaba por escribir y la voz que escucho le hizo temblar el alma. Del otro lado de la fuente, el vestido morado rompía los moldes de la belleza y lo subjetivo de la misma, apuntándole con esos grandes ojos que venían de la noche estrellada fue hasta el, sentándose a su lado. Se cuenta que esa noche, la ciudad tuvo una noche para contarle a sus turistas, y sus autores una noche para contarle a la vida desde arriba la Luna amarilla partida por la mitad disfrutaba de los sonámbulos, de los amantes de la magia y de castillos en el cielo, abajo, los niños que ayudaron al proyectista disfrutaban del espectáculo de pie sobre la fuente acompañado al proyectista y la joven de vestido morado. Mundo de Morfeo.”