martes, 4 de agosto de 2015

La Tormenta


“Estaba anunciado. Estaba dicho y escrito sobre el mural del cielo y en el viento que recorría libremente entre las calles de la ciudad…era un presagio, una calamidad, una furia que la naturaleza desataría sobre ellos…solo faltaban unas horas y poco a poco, la gente empezó a prepararse para recibir la tormenta, huracán, ciclón, cualquier nombre que se le pusiera indicaba preocupación e informes para poder estar listo ante la contingencia…había que comprar provisiones, velas, linternas, etc. La fila del supermercado se alargaba por los pasillos mientras los carritos iban llenándose de víveres. Los meteorólogos indicaban las rutas y las posibles consecuencias además de señalar el momento exacto donde habría de comenzar todo. Todo habría de colapsar, siempre enfrentarse a la naturaleza era perder para el ser humano…jamás ella preguntaba, o pedía permiso, era ella y nada mas, al final nosotros llegamos después a intervenir, a olvidarnos de ella y dejamos de convivir para pisotearla pero ella es una asesina implacable…las ventanas fueron decoradas bajo las cruces de cintas y las luces se apagarían pronto para darle paso a las velas…pronto, habría unos cuantos solo en las calles…policías, bomberos, protección civil…ayudantes silenciosos que se presentan en este tipo de eventos. Justo al atardecer, aparecieron cayendo del cielo suaves lágrimas por el Dios del cielo que impactaban el pavimento, las casas y los autos, paraguas comenzaron a hacer su parte protegiendo a los caminantes de las gotas cuya fuerza comenzó a acelerarse a medida que el viento soplaba con ahínco, pronto comenzaría a inundarse las calles y por ende los autos comenzarían a quedarse varados…la música compuesta para la tormenta entre la lluvia y el viento era hermosa y trágica versión clásica del desastre…dentro de ese escenario, y sobre las escaleras de una casa de colores rojizos como el atardecer descansa aquel hombre con sus manos sucias y calludas degustando ese puro que había guardado para días como estos…su humo se perdía en la lluvia pero se sostenía en su boca, rompió la promesa de dejar de fumar, pero un puro en una tarde como esta, no podía desperdiciarse…de la puerta de su hogar se escuchaba un rock suave que levitaba en el ambiente, recorriendo la sala, cocina y de vez en vez escapándose a través de la puerta mediante ese sonido de guitarra tan lirico como el instrumento de Orfeo. Con la mente en blanco aspiraba y soltaba el humo mientras recorría con la mirada tantas casas y tanta lluvia caer, que espectáculo, se dijo, ¿Cuándo se bañó en la lluvia la ultima vez? Se preguntó, ¿Cuándo dejo que sus ropas se humedecieran y disfrutar de correr por las calles? Hace mucho, se contestó, más aún con el dolor que sus piernas ofrecían alguna noche cuando el frío se sentía bajo las cobijas. Lo recordó, sabía exactamente el lugar donde había sido bañado por la lluvia y quien acompañó su pequeño placer…de rosas marchitas y espinas crecidas está lleno el jardín de los corazones rotos, de cielos nublados y noches tormentosas está alimentada la mesa de las almas extraviadas, sin saber cómo descubrió a su subconsciente olvidándose de dejar el pizarrón en blanco de la mente y cuando menos pensó ya dibujaba en su cuadernillo atiborrado de anotaciones extrañas y números ilegibles una imagen evocada pensó equivocadamente que de su mente, pero el corazón también sabe de recuerdos y más de historias…dibujó, tachó, rompió, volvió a dibujar y mientras arreciaba la fuerza del viento el arreciaba con su lápiz el cuadernillo, como un herrero con su marro golpeando el hierro, la tormenta ya no estaba solo afuera, sino dentro de él, describió sus ojos, sus mejillas, los labios carnosos color carmesí, el lunar, los cabellos que se salían por sus hombros, alargó sus dedos sobre el papel tocando el rostro de quien le había partido el corazón, pero que va, no estaba roto sino partido y eso es mucha diferencia, agregó el puente e hizo que vestido volase por el viento, no tenía idea de su ultimo dibujo menos aún de su último encuentro, de seguro había ocurrido en un parque, en una sala de cine, en un semáforo o en una noche donde en camas separadas ambos pensaron en el otro, pero la mente es engañosa y mete esos recuerdos que aún platónicos son dolorosos…alcanzó de nuevo el puro cuando vio su trabajo terminado, un suspiro estremeció su cuerpo llevándolo al abismo de los momentos hechos recuerdos y de las partidas hechas ausencia, la grosería se la llevó el viento y supo que ocupaba más que un puro sino un trago y de preferencia amargo…fue a la cava, abrió la botella y se sirvió mientras el pizarrón de su mente era llenado de momentos y de frases…la tormenta continuaba su marcha a ritmo coordinado como una orquesta, fluía con exactitud y rompía ventanas y sacudía los autos cuyas alarmas de vez en cuando sonaban, él había dejado de tener auto, un día empezó a caminar, tomar autobuses y viajar de copiloto descubriendo lo sencillo que es dejarse llevar sin el control, lo sencillo que es ponerte en manos de alguien más y evadir cualquier responsabilidad y así saber echarle la culpa a alguien más que no seas tú…algunas sirenas se encendieron y una ventana se rompió en el acto…bajo la tormenta las autoridades y ciudadanos comenzaron a informar de la ayuda en las colonias de bajos recursos, la voz se escuchó claro por el altavoz del auto que informaba de los lugares a los que se iba a ir. El corazón comenzó a anunciarle mediante la furia de los latidos que la voz no era una desconocida, prestó atención. La forma de decir las palabras y la fuerza de estas mismas en pro de ayudar le otorgaron un rostro a la voz que le hizo a él estremecerse, de repente se vio en la calle siguiendo al auto, que le informó todos los pormenores, preguntó si podía subirse a él, el chofer no sabía muy bien que contestar cuando él ya había subido. Le encontró ahí en las calles inundadas bajo un impermeable y botas que parecían quedarle grandes, coordinando por dónde ir, ayudar, limpiar, el viento no hacía decaer su ánimo y escuchaba cualquier grito de desesperación, a pesar de tan fuerte lluvia, el pudo distinguir su rostro, ya no parecía aquella chica que corría junto a él en el parque, tampoco la que se recostaba en su regazo en el desvencijado sillón menos aun la que se desnudaba en esa alcoba tan renuente a ser olvidada…ahora sus ojos portaban el valor de la voluntad, la estabilidad del trabajo, la ayuda hacia los demás y esa fuerza contenida…le gustó, toda ella, empezó a ayudar a los demás dejándose guiar por ella que no lo veía entre tanta gente…poco le importaba, en su interior había sido tocado por esos ojos y ayudó a limpiar, sacar agua y entregar despensas para los afectados. Se empapó del agua y de las voluntades de las personas, ahora tenía dos razones para estar ahí, y sintió paz interior durante la jornada como no antes le había parecido haber sentido, al final a punto de volver a casa y viendo como ella se perdía entre docenas de personas, le dejo una hoja al chofer y regresó caminando hasta encontrar quien le llevase de nuevo a casa, todo estaba cerrado y la luna apareció tras esas nubes mientras las gotas aminoraron aunque aún sus vestigios continuaban por la ciudad…horas después un auto se detenía cerca de su calle, el chofer abrió la puerta y señaló la casa, ella agradeció el gesto y con la hoja en manos caminó hasta la casa rojiza…estaba por tocar cuando se percató que la puerta estaba abierta, levantó el puro y la botella del suelo y cerró la puerta…le pareció ver suciedad en esa casa acompañada de abandono y displicencia, cuadros empolvados y poca comida, el mismo sillón, la otra historia…la misma casa, pero no el mismo dueño…ella se sirvió un trago mientras limpiaba un poco, trajo una toalla para secar su rostro y una cobija para taparle…él seguía dormido aún cuando la escoba, el trapeador y el trapo hacían de las suyas…pasó sus manos por la cocina, la sala y subió a los cuartos, ahí fue donde se detuvo…frente a ella en la cómoda, su figura de hace años le veía como cuando uno se encuentra con el ayer y el ayer con el hoy…eran aves que volaban siempre en direcciones opuestas…pero ambos deseaban encontrarse entre el blanco y el negro…se acordó de esa foto, un par de adultos con corazón de niños, adorarse era su vida, enamorarse su dulce cada mañana…bajó por él y lo cargó un poco para llevarlo a su cama, él notó que alguien lo llevaba pero no sabía quién pero sí que se sentía bien al acostarse abrazando la oscuridad aunque no podía evitar sentir calma, sensación incapaz de describir al percibir el aroma de su apoyo, escuchó los pasos bajar y subir, mientras habitaba el mundo de los sueños y el solo de guitarra alimentó su descanso con esa música que le hacía levitar…unos brazos le rodearon y el retroalimentó el abrazo sin soltar un solo momento…el aroma de su acompañante era fuerte y memorizado, ahí el corazón comenzó a llenar el pizarrón de su memoria de besos extraviados y de momentos retomados, del pasado y del presente…de un hilo que nunca se rompió y hoy se unía de nuevo…ahí despertó para besarle con tanto sentimiento que los labios se partieron, que tembló en ese cuarto oscuro iluminado por la luna y cegado por el cielo nublado…le besaría hasta que el corazón dejará de doler o doliera un poco más, como si el mundo supiese, el cielo se había nublado y sus lágrimas continuaban cayendo para darle la bienvenida a los amantes unidos por el hilo rojo del atardecer, o por las gotas de la tormenta…Él era el aire, Ella la lluvia y sus besos hacían temblar el cielo y sacudir las estrellas…hicieron el amor durante toda la noche, rompieron las sábanas, ensuciaron el piso, tiraron los libros de la cómoda, y se refugiaron en la habitación de los amantes donde todo está permitido y donde el olvido es un cajón de recuerdos que saltan cada vez que ellos se encuentran…la tormenta les había unido cual hijo rojizo que recorre las distancias entre los amantes extraviados..Al amanecer ellos seguían abrazados…al mediodía servían comida en el albergue…como dos personas que jamás se perdieron en el Mundo de Morfeo”.