“La fugacidad con la que las
estrellas aparecían sobre esos cielos regularmente nublados, siempre le
impactaba, hoy la excepción era que ni siquiera ellas escuchaban sus palabras,
menos aun sus pinceles…lo noto, la pizarra continuaba en blanco después de
muchas horas…sin camisa, descalzo y en el fondo, la bocina emitía una triste
canción tan repetida en la vida de los hombres, un clásico que englobaba los
sentimientos de quienes la escuchaban. Decenas de cuadros en su estudio,
pequeño y no muy vistoso, cuando lo eligió, no fue al azar si no en búsqueda de
libertad, sin bullicio al trabajar y sobre todo, la vista de la ciudad, un
panorama eterno de matices de los que jamás se enfadaría, ahí, se dijo, podría
hablar de su vida en simples y llanas pinturas, explicarse ante sí mismo los
vaivenes de sus sentimientos y emociones, caminante de un mundo que se estaba
quedando atrás ante las novedades arribadas cada día con más prisa. Eso
pensaba, vivimos muy a prisa, corremos, queremos volar, acumular todas las
experiencias en una sola noche, en una semana confundimos el momento de paz con
la nada y ya estamos en el siguiente paso…acumular cosas, experimentar, sentir,
tener, llenarnos la mente de objetivos y correr por ellos, así el camino deja
de disfrutarse. Quedaban 4 hojas, solo cuatro, se fijó en el estudio, colores,
colores, botellas y botellas, y huellas de tantas pinturas y noches desafiando
al insomnio y de repente, ocurría…aquel enunciado era tan hablado como que el
Sol apareciese cada mañana…un patrón repetido, una historia ya conocida, una
versión actualizada, pero siempre había algo mas…un hecho, un pensamiento y ahí
el comenzaba a partirse en dos…repasando, recordando, tomando decisiones y
metiéndose en su conciencia que había hecho todo lo que había podido, era su
culpa, pero no las consecuencias, ellas eran parte de…y lo sabía, a la vida no
se le piden explicaciones, no las da, a la vida se le enfrenta, se le desafía
incitándole aunque te aplaste, sigue adelante…cuanto hemos cambiado se repetía,
mientras su tabla se llenaba de pinturas abstractas e irreconocibles que quería
decir…el insomnio lo activaba y destruía, él aterrorizado, se perdía en los
colores y sus matices, soñó con formas de expresión, de tontos destruyendo, del
mundo destruyendo a los tontos, buscó la botella más cercana y bebió un largo
sorbo para destruir su pasado, la idea se le atravesó como el liquido en la
garganta, darle una sepultura adecuada mientras aun la estrellas permanecían en
el cielo, se le cruzó la imagen cual auto en la carretera, a punto de ser
atropellado por el corazón que manejaba desbocado al encuentro con quien mejor
latía. El Pintor, recorrió el estudio temeroso pero con arrojo, fuerte con ojos
débiles, desafiándose a sí mismo, porque siempre lo entendió, si buscaba podría
encontrar palabras, pinturas, material, ese tipo de cosas en las que quedan la
huellas de lo que fuese lo sentido en su momento, como una vieja película, un
libro encantado, una experiencia inolvidable…Removió aquí y allá, quitó fotos,
pinturas, colores, botellas, botes, ropa manchada, libros, y por ahí entre
tanto polvo, le vio…brillaba con una tonalidad de baja intensidad, como un
sueño en una noche de pesadillas, un color que solo su corazón conocía, de
pronto, sintió un escalofrío, una corriente de aire cálido recorrer el estudio,
en el cielo las estrellas comenzaron a irse, como si su naturaleza les hubiese
advertido de la oscuridad que se apoderaba del corazón del Pintor…la foto no
era muy grande pero si muy clara, se alzaba sobre sí misma, flotando en el
rincón de los malqueridos, que llegaron ahí después que el corazón sangró pero
no lo suficiente…¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Cuántas exposiciones había
realizado durante la ausencia? No lo sabía ya, después de tantos cuadros,
tantos momentos abrazado a los colores, ya no era tan importante, lo que
importaba era lo que se hiciese hoy, esta noche…notó la mirada yéndose al fondo
de la foto, a tomar nota de los detalles, percibir lo que decían los ojos color
miel que le miraban como el hombre a su sombra…quería entender su postura, las
mejillas, las pestañas, las cejas, la expresión del rostro que le intimidaba,
adorador del mismo como se adora a las reinas…y se percató de ello…él era
esclavo de ella, amante de los besos y caricias que ella le regalaba, enamorado
de su color que invadía todo su ser…El Pintor recolectó la foto, fue por la
pizarra y comenzó a pintar en las 4 hojas restantes, etapas se dijo a sí mismo,
mientras abría la nueva botella y las estrellas se iban para darle paso a las
nubes grises, esas que destruían los colores…dedicó la noche…la madrugada,
pincelazos que hilaban una historia, una reflexión, un sentido, una perdida…no
le importaba hacerse entender, quería hacerse sentir, reflejar aunque fuese un
poco lo que todo le decía, por primera vez no ocultó nada…ni lo malo, ni lo que
dolía, porque todos sabemos que uno siempre teme enfrentar aquello que nos hace
daño, sumergirnos en las fauces del dolor aunque emocional cuesta trabajo,
fuerza y decisión decir no mas, suficiente…así, describió, reescribió,
argumentó, expresó…al terminar se asomó afuera, con aquella vista que tanto le
gustaba, recibió al amanecer, se recargó en la pared removiendo los colores
pintados sobre el torso y cual ovillo se desencantó al mundo de los sueños,
fatigado y con ojos rojizos cayó dormido…el calor y la sed lo levantaron, busco
una camisa, se llevó las hojas aventurándose por la ciudad hasta llegar a la
galería, el encargado le ofreció café invitándole a sentarse para escucharlo
percatándose de su pinta sabía que debía escuchar antes que hablar y entonces
el Pintor empezó por contarle el resumen de su noche y solicitó que las
pinturas fuesen expuestas solo en cierta fecha…su petición llevaba la fuerza de
quien quiere decir algo, el encargado accedió. Vestido de camisa a cuadros y
saco cual profesor universitario salvo por esas marcas en su rostro, el Pintor
deambuló por la galería en silencio, expectante, con un rostro adusto saludo a
las personas que se encontró, las manos siempre en el bolsillo, recorrió la
galería hasta llegar donde estaba su obra. En medio de todas las pinturas, se
encontró con esas 4 que engalanaban la exposición, una tras otra como él lo
había pedido el titulo aparecía con letras negras en un fondo blanco acompañado
de una breve biografía del autor, cuanto odiaba eso murmuró, decir quien se es,
para saber quién es. Obtuvo su recompensa, pero esa era la primera parte. La
segunda había empezado cuando una hermosa mujer con su pelo largo y sus ojos
color miel fugaces como la vida misma entraron por la puerta, dejó el paraguas
en la entrada, se acomodó sus cabellos y de su chaqueta tomó una nota y se la
ofreció al encargado quien le señaló el pasillo…dejo el abrigo mientras su
figura resaltaba en ese vestido azul cual mar caudaloso, robaba miradas y
creaba fantasías, solo una persona en toda la galería entendía su mirada…la
debilidad de cualquier corazón roto. El tiempo se detuvo mientras ella recorría
el lugar mordiendo sus labios rojos que llevaban el cielo en su sabor, bella,
frágil, efímera, eterna. El Pintor le seguía en silencio aun con las manos en
los bolsillos que le sudaban terriblemente, le vio llegar y detenerse ante su
obra, la obra por ella, la obra de ella, las manos hechas pinceles, el corazón
hecho pintura, el alma hecha despedida. Todos miraban con la expectativa de
verle sonreír, enojarse, reír, llorar, gritar…pero en esos labios había
silencio, y de sus ojos color miel había ausencia y orgullo, se acercó a las
pinturas suspirando profundamente al estar cerca de ella como se está del
corazón mismo, cerró los ojos brotando y rodando por esas hermosas mejillas una
lagrima cuyo origen llevaba el del amor perdido, malquerido, bienaventurado…de
tonos colorados se llenó su rostro a punto de perder el piso cuando una mano
tomó la suya. El Pintor acarició su mano besándosela mientras le decía el hola más
frágil y fuerte que tenía, ella le abrazó con todo su ser dejando que el mundo
desapareciese y solo quedasen ellos dos, el corazón le brincaba del pecho y las
lagrimas arruinaban el maquillaje, comenzó a besarle las mejillas y el Pintor
nunca le soltó la mano, le acompaño afuera, recolectó su abrigo y pidió un
taxi. Le abrió las puertas del estudio…sin mediar palabra, le besó una y otra
vez, llevándose de esos labios rojos algo más que el color, arrojándose al
suelo alimentándose de uno y del otro se llenaron de los colores, pintándose
los cuerpos desnudos como se pintan los labios de los besos y las caricias,
bajo ese calor presas del atardecer y de una pasión desmedida, unieron sus
figuras como los colores se mezclan en el cielo o en el infierno, como el mar
choca con la arena y la luna con el sol, bajo la mirada de todos los cuadros
cuyos ojos les miraban…cayeron en un profundo sueño. Ella despertó al sentir la
brisa del viento recorrer el estudio, le buscó pero no le hallo, tomó la sabana
con la que él le había tapado, a un lado un café listo para probarse, tomó un
sorbo mientras recorría descalza por el estudio, apreciando los cuadros y las
botellas en el suelo, le gustó el lugar y sintió como si lo conociese desde
hacía tiempo, ¿Dónde estaría? Y se asomó al balcón para admirar la vista…que
hermosa dijo, jamás se cansaría de ella, vio la tabla de pintar tapada, pero su
curiosidad podía mas, y sin pensarle mucho, removió el papel que la cubría…y su
corazón se detuvo. La Pintura era de ella desnuda dormida en el suelo del
estudio bajo una noche repleta de estrellas, su figura enigmática se alzaba
sobre la pintura, sin palabras tomó la rosa que él había dejado en la pizarra
sintiendo el aroma de la flor y su significado, espero por mucho tiempo y
decidió llevarse el cuadro a casa al ver que la noche pronto se haría
madrugada…la mañana siguiente busco donde colgar el cuadro, un lugar que le
gustase y que el pudiese ver…¿sería igual que antes? Se preguntó… ¿sabrá algo
de mi vida? ¿Dónde quedo el pasado, el futuro, y más aun el presente? Ella
sonrió amaba la incertidumbre hasta que se dio cuenta, detrás de la pintura vio
letras, palabras, enunciados: “Rodar, mantenerse en movimiento y ser eso que ya
eres tú, otra persona, renaciendo en esa nueva piel para callar bocas y
demostrar que trascendiste mas allá del dolor y el amor, que la vida no se
detiene y hoy eres mejor que antes…tal vez has encontrado tu lugar en el mundo,
apartados nos vemos mejor, más si todo fue quemado y barrido del recuerdo…el
amor no es olvidable como tampoco lo es lo vivido, lo siento pero así es…y de
pronto nos encontraremos en aceras diferentes, en una misma calle, en la ciudad
de colores y lunas rojas, no te preocupes, la historia hará su parte como ya lo
hace a cada día con la ciudad y las personas…se mecen los arboles, el Sol ha traído
su nostalgia, su gusto, la ilusión…la poesía rota, de seguro te preguntaras a qué
va esto…pero no es importante…Jamás lo sabrás, jamás lo leerás…vive lo que
desees, aplasta a tus demonios y adora a tus ángeles que del pasado me encargo
yo…adora el cielo, la lluvia, las estaciones del tiempo, los abrazos y los
besos…sueña, continua escalando en tu carrera, sonríe, recuerda donde amaste la
vida y donde la vida cambió para siempre, ve hacia adelante que del pasado me
encargo yo, te libero de mi y de todo lo que soy para ti, recuerda quien eres y
hacia dónde vas que ni el cielo será un límite, me llevo tus besos y los que te
di, me llevo todo para que tu sigas recorriendo el mundo” El Incendio quemó el
estudio y el humo se elevó al cielo mientras una mujer quería entrar a la
fuerza, solo quedo esta foto dijo el bombero, ¿es usted? Pero ella no contestó,
la tomó y se marchó…Del otro lado de la acera el Pintor le dijo adiós mientras
el Mundo de Morfeo se llenaba de colores bajo ese atardecer rojizo.”