“De niño solía amanecerse
viendo películas de terror, su temor infundado lo llevaba a continuar frente a
ese aparato que había llegado para quedarse, el televisor. Repetía películas
una y otra vez para aprender sus diálogos e imitar las voces de los grandes
artistas en ese cine blanco y negro, conoció de cerca sus historias e imaginaba
trascender en ese mundo mágico donde uno puede ser lo que sea en el momento
menos pensado, era un volado. No había personaje que no se le diera, podría ser
mesero, capitán de barco, charro cantor o policía, ladrón de buena fe o poeta
perdido en la luna, enmascarado o loco. Durante el día leía esos libros
polvorientos de tiempos antiguos y de épocas avasalladas por el tiempo, al
llegar de la escuela, no salía con amigos ni a jugar más que los viernes, vivía
en una mezcla de actor, filósofo y ermitaño. Era una misión sentirse en todos
esos lugares a lo que jamás había estado pero que alguna vez iría se dijo a si
mismo, debía cumplir sus sueños y no le importaría perderlo todo para
obtenerlos. Desayunaba en Europa, comía en África y cenaba en Sudamérica.
Acompañado por actores, autores, que acomodaba en la mesa de su cuarto con sus
copas de vino, utilizaba cachuchas o sombreros para identificarlos y con ellos
debatía sobre todos los temas. Un soñador al que no le importaba la situación
que prevalecía en casa donde había mucho que hacer y poco que tener. Durante la
noche se sentaban frente al viejo televisor en la mullida sala para ver lo
nuevo del mundo, ese mundo irracional y al que a el le parecía un tanto irreal,
el de las noticias. No se escuchaban los balazos ni llegaban a casa las
manifestaciones le costó unos años darse que era parte de ese mundo hasta que
un día la comida escaseó y justo un día que acompañó a su padre al trabajo lo
entendió todo. Caminaron al autobús el cual duró un par de horas en llegar,
emocionado por conocer el trabajo de su padre el jugaba a ser el chofer, a
caminar imitando sus pasos y veía como las casas iban cambiando cada cuadra que
avanzaban. Casas de dos pisos, de block, bien pintadas y con esos portones que
el jamás había visto. Se sentía en una de esas películas que veía durante las
noches en el televisor, su padre entró por una puerta lateral a una gran casa y
en el encontró su lugar…aun cuando descubrió en que trabajaba papá. Espero a
que saliera del cuarto donde le dijo que esperase, deambuló entre sombreros,
zapatos grandes y narices rojas anonadado cuando su papá salió no le reconoció.
Sonriente, pintado del rostro vistiendo un overol colorido con grandes zapatos
y esa nariz roja que intimida y alegra la vida de los niños. Aterrado corrió
rumbo a la puerta, en llanto por tan grotesco cambio para el que no entendía
por que tenía que vestirse así para ganarse la vida, y entonces chocó con ella
y cayó al piso. Pasaron mas de 10 minutos, mientras le echaban aire para
recuperarse alrededor de él estaban otros payasos y ella que le sonreía
tímidamente, angelical, diminuta así la recuerda de cabellos negros y ojos
pequeños. La explicación, vendría después dijo su Papá puesto que el
espectáculo debía empezar…aun con el miedo, y la desazón de no saber que hacía
el, se sentó en un silla en la orilla y su rostro comenzó a cambiar a medida
que veía lo que realmente hacían. Animales en forma de globo, juegos en el
escenario, teatro guiñol, caídas, bromas, risotadas que hacían al poco público
aplaudir y a los niños reír, un juego que se extendía por todo el lugar y en el
que todos podían participar. La niña estaba del otro lado de la orilla, uno de
los payasos era su tío y no temía a ellos puesto que en su casa había fotos de
ellos, terminaba por conocerlos mas con pintura que sin ella al final del
espectáculo con pocas monedas en el bolsillo y con unos aplausos en el corazón,
Padre e hijo se tomaron de la mano y el le contó la historia de los payasos,
redentores de la alegría, causantes de risa, bufones de reyes y eternos
sonrientes en una vida cada día mas trágica y que se iba perdiendo en el olvido
de las nuevas costumbres. Y el le confesó no era tan bueno, pero tu le digo
serás muy bueno en lo que desees, y te daré todo lo que pueda, ahora acompaña a
tu padre mientras se despinta, Así pasarían 15 años.
-
Hola, hola. Despierta…¿La Luna esta muy lejos de
aquí? Ya estamos por terminar
-
Claro. Disculpa, continúa.
El Actor se encontraba en
camerino siendo desmaquillado su personaje requería de un par de horas de
preparación y hoy era casi el final de la jornada. Fue un día muy largo y ahora
todo lo que quería era irse a descansar, de camino llegó a comprar cena para
calentar y subió las escaleras, el elevador volvió a fallar por enésima vez,
pronto se iría a un nuevo departamento se dijo, recolecto su correspondencia
mientras encendía la música, abrió la ventana y se asomó al balcón. La luna
resplandeciente y ese baño de aroma citadino que incluso arriba se siente.
Estaba subiendo en su vida profesional en ese ámbito artístico donde cuesta
tanto crearse una reputación o un personaje. Cuentas, cuentas, solicitudes,
tarjetas y un sobre de colores que lo dejo caer, resbaló sobre sus manos como
se nos resbala la vida y sus años. Sabía de antemano de donde provenía ese
sobre pero ese frío recorriendo su espalda es el de alguien que no sabe a que
viene el sobre pero sabe que no es algo bueno. Tomó una cerveza del
refrigerador recorriendo la ciudad con sus ojos intentando recordar cuando fue
la última vez que fue a su casa, pero le costaba hacerlo…abrió el sobre y fue
dando tumbos sobre esos años en los que fue uniéndose a esos actores que
navegaron por las aguas del mundo, desde el fondo para encontrar su camino y
recompensa ante esas puertas que se abrieron poco a poco y jamás fueron todas
buenas pero de experiencias vive el hombre. Del lado derecho el sello era de
globos y estrellas como le hubiese gustado a cualquier niño. Pero el odiaba a
los payasos y su recuerdo evocaba ciertos pasajes que había decidido olvidar
cuando se fue de ahí, se prometió a si mismo que jamás perdería así la dignidad
y vendería su alma al diablo antes de volver a acompañar a su padre por esas
calles empolvadas y esos teatros hechos de sabanas y palos. Empezó a leer la
carta que había sido escrita por su mamá, solo a ella le había dicho su
paradero años después y le solicitó por favor no visitarlo, solo le decía en
ella que estaba bien, continuaba haciendo audiciones y trabajando durante la
noche para pagarse sus ilusiones porque todos sabemos que vivimos de ilusiones
que conseguimos aterrizar muy de vez en cuando, pero siempre fue el testarudo.
La carta empezó en la cursilería y terminó haciendo erizar su piel, la cerveza
no fue suficiente y se levantó de nuevo a apreciar ese cielo mientras decidía
que hacer. Todos se enterarían pensó, de su pasado, de las historias que tanto
había intentado evitarle a su subconsciente recordar, pero he ahí una solicitud
de apoyo, una mano para levantarse, el llamado de quien la vida le dio, y ante
eso es tan difícil para el ser humano resistirse. Esa noche batalló para
dormir, a pesar de haber bebido un poco mas, y de resolver su noche viendo
viejas películas como en antaño solo que ahora su televisión tenía mejor
nitidez y el sonido era como en los teatros, había crecido se decía, renació,
se hizo hombre, cumplió su sueño porque tenía que involucrarse de nuevo en todo
eso que dejó atrás, la respuesta venía en la pesadilla que esa noche no dejo
dormir. En la selva corría pero su velocidad bajaba a cada paso que daba, y
animales ocultos en esa oscuridad le perseguían con sus ojos rojos como la
sangre, amarillos como el sol, y el se refugiaba en los arboles que iban
cayéndose para que no pudiera refugiarse, con el cuerpo adolecido iba a ser
engullido por la noche y sus habitantes, estaba de nuevo en su cuarto,
sudoroso, maltrecho, obstruido de la respiración y esa pesadilla que regresaba
a el, como la dichosa carta que estaba en su buro, encendió la lamparilla y la
leyó de nuevo. Por la mañana preparó su maleta, dejo un mensaje en el celular
del productor y tomó el primer avión rumbo a casa, meditabundo con la
expectativa de no saber que esperar y de ser descubierto por algún reportero o
fotógrafo, pero no siempre se puede escapar del pasado y como dicen por ahí…todos
tenemos etapas que deseamos olvidar. Su vuelo fue rápido, pero le duro una
eternidad, al llegar subió a un taxi y fue al barrio. Bajó con su sombrero
blanco, sus lentes negros, vestía de camisa azul cielo que se pegaba a su
cuerpo…el gran actor en un barrio olvidado por todos los políticos. Todo a su
alrededor era diferente y tan conocido, sus banquetas sucias, el pavimento
resquebrajado aunado a esas casas que hacían años no había sido pintadas mucho
menos ampliadas y sin embargo, no supo si sentir vergüenza o nostalgia por el
lugar, durante el trayecto el taxista un par de veces le vio raro, como si no
entendiese que hacía ahí y el no supo responder. Se plantó frente a la puerta y
noto como las vecinas cuyas banquetas limpiaban a diario le veían…tratando de
reconocerlo. La puerta se abrió al segundo toque, su mamá demacrada por horas
sin dormir pero con la mirada cual si hubiera visto al hijo perdido, le abrazo
en un sollozo que partía el mundo en dos, contenta pero triste, en llanto de
tristeza y una alegría que no reconocía ubicar, sentía que una pizca de su ser
había recobrado el aliento, le toco el rostro diciéndole hijo mío, hijo mío…me
da tanto gusto verte…el Actor ni en sus mas difíciles personajes había podido
sentir algo parecido como sentir a su madre en sus brazos…siempre cuando
alguien te abraza debes abrazarlo hasta que te suelte. ¿Cómo esta el, preguntó?
Sufriendo le dijo ella, desvaría, no duerme, el dolor es fuerte y aun en esas
noches largas, habla de ti, de cómo te enseño, de aquellos momentos en los que
te llevaba de la mano al trabajo pero no se cuanto dure mas…no debí molestarte
pero el insiste en verte. No queremos avergonzarte, tú lo sabes. Vamos a verlo
dijo, y ahí en su cuarto se dio cuenta de lo malagradecido que había sido…su
padre postrado en esa vieja cama le sonrió como cuando el era niño, llevaba la
cara pintada y su nariz roja tosía demasiado y en las paredes fotos de su hijo
en sus diferentes eventos o participaciones en televisión. Le tomó la mano y le
dijo recuerdo cuando te dije que algún día lograrías eso que tanto querías en
la cómoda, docenas de revistas, viejas películas, recortes, sombreros los he
guardado de aquellos días. Pedí a tu mamá te buscará para verte nuevamente, y
pedirte disculpa por todo el daño que te hice, se que muchas veces sentiste
vergüenza, hiciste cosas que no deseabas y esos días en que dejaba que el
alcohol y los problemas destruyeran la relación que teníamos, es la vida que se
me escapa y de lo que quiero arrepentirme. El actor abrazó a su primer maestro
tan fuerte que sus lágrimas corrían inmisericorde por sus mejillas, se sentía
nada al lado de él, pensó en lo mucho que se parecían no solo sus rostros sino
sus formas de ser en la vida. Aquello que odias en los demás, es aquello que
odias de ti, una proyección en el prójimo. Quiero ofrecerte mi sombrero de la
suerte y mi nariz de payaso…es mi vida, mi sangre, una parte importante de mi
alma como lo eres tú, ahora convertido en el gran actor, te felicito hijo mío.
Se dice que el actor y su padre recorrieron ese camino al trabajo una ultima
vez, ambos pintados del rostro, sonrientes y con esos zapatos que siempre
causan sonrisas, hicieron figuras de globos, arrojaron juguetes por encima de
barandales. Hoy el actor aún continúa subiendo peldaños en esa difícil carrera
contando su historia a los que preguntan que hacía en aquella colonia y cuando
se siente que flaquea, va a ese perchero, se pone el sombrero, sale al balcón,
y respirando por esa nariz roja sonríe a la vida y a su pasado que tanto le
ayudó en este presente mientras recorre el Mundo de Morfeo.”