viernes, 3 de junio de 2022

Las Dos Sillas

 

“Bajo el cielo ataviado con esas nubes detenidas, pintadas cual retrato de pintura extraña, Se detuvo a pensar, venía a su mente que poco creíble que el mundo fuese como los científicos lo cuentan. Así lleno de estrellas, de galaxias, de mundos inconclusos y de planetas que jamás verán nuestros simples ojos. Unas pecas en el universo, inexistentes para todos, para el todo. En eso pensaba, todo era insignificante y carente de sentido alguno, salvo, ser algo que nos importe a nosotros. Nos sentimos siempre centro del universo, y no somos nada. Sacó un chocolate y lo masticó lentamente dejando que el sabor se apoderará de su boca y su ser, le encantaba el aroma, mancharse los dedos, pero hoy todo eso le parecía más profundo de lo habitual, como si el chocolate tuviese un lugar especial en su historia, le diese algo en lo más recóndito del ser. A su Padre le encantaba esta golosina ancestral. Recuerda que, en su niñez, su Padre hablaba de lo mucho que le gustaba esta sencilla barra oscura, lo mejor fue cuando descubrió que existía en todas las facetas posibles y diferentes tamaños. Como lo extrañaba al Chocolate y a Su Padre y esas enseñanzas que tanto énfasis le hacía, pero vamos, nada dura para siempre, ni siquiera el mundo. Lo que nos queda es honrar a nuestros padres, llevar una hermosa vida y ser felices. Estaba ahí apreciando el cielo con el tiempo detenido cuando escuchó su nombre…Ella le hablaba para contarle que la película estaba por iniciar, y bueno, recordó que él la había invitado en primera instancia y hoy, no sabía que hacer al respecto, más bien lo sabía, pero de repente le invadía esa terrible sensación del después, del mañana, del pasado. Pero a pesar de todo, la película resultó bastante atractiva y el protagonista de la misma recibía una terrible noticia, su padre había fallecido y le había heredado una villa en Italia y de repente, tenía que irse a ese País a aventurarse sobre ello, fue ahí donde lo entendió. La película terminó y ella se quedó a dormir, pero él se quedó toda la noche despierto, desenfocado de su presente y pensando en todo lo que había ahí afuera…las estrellas, las galaxias, los otros mundos…estos arranques de tontería se le atraviesan cada tanto tiempo, como si fuese un llamado a la locura y después se iban y él regresaba a sus libros, a su trabajo, a sus bares, a sus mujeres y a sus viejas películas. Pero también debía el recordar que esas ideas que a las personas les parecen locuras para otras son tan sencillas que las llevan a cabo. Estaba absorto en ello, dándole vueltas y vueltas a la situación. Tenía él ya sus años y sentía que todo estaba en un punto muerto. Tenía trabajo, su dinero, las amistades y las amantes, sin embargo, se sentía ausente. La noche siguiente en medio de esos pensamientos que lo hicieron despertarse y salir al balcón. Siempre tenía una botella por ahí y esos malditos chocolates, nunca entendía porque esa combinación le gustaba, pero así era y ni modo. Bebía y degustaba, acariciaba con los labios y surcaba el cielo con la mirada, maldita Luna Clásica, redonda y blanca...Había que hacer algo, se dijo. Había que dejar la tierra y escapar, porque no sé. Su sueño era la huida, la escapada, sin dejar más que un recado o un correo y que la gente se preguntase porque se fue así, sin avisar. Empezó a empacar sin más…buscó su pasaporte, unos tenis viejos y acomodó lo necesario, había decidido ser un poco nómada. Total, su corazón no era de nadie…en el auto antes de tomar la carretera, envió un correo a su empresa…era tonto y egoísta pero solo decía: “Volveré de donde sea que vaya”. La verdad es que no sabía adonde iría, más bien dicho, sabía a donde quería ir, pero no sabía por dónde empezar, tal vez era lo mejor. Parte del camino, es el inicio. El aventurarse y ser estúpido o arriesgado. Le resultaba extraño que por única vez no pensará en cuanto dinero debería gastarse y en que debía emplearse. Justo en la caseta de peaje, el miedo apareció. El maldito miedo queriendo jalarlo de los pies y llevarlo de vuelta a casa, a sus libros, a sus historias, a los brazos de esa mujer hermosa. Pero no, si pasaba la caseta era continuar y así fue. Manejó con la puesta de Sol, y se salió de la carretera para irse por la libre. La ruta panorámica, la ruta de los pueblos y los desahuciados, de esos restaurantes campiranos y caseros donde todo parece venir de un tiempo atrás. Desayunaba y comía al mismo tiempo, es decir, merendaba con los locales y siempre optaba por sacar sus dos sillas y ponerlas ahí por algún lugar del pueblo donde se le antojaba pasar la tarde o la noche, en medio de las dos sillas lo acompañaba su botella, los vasos y los chocolates…y así de repente alguien pasaba por su lado y preguntaba si que hacía ahí o porque la otra silla estaba vacía y él, decía lo suyo, Usted me cuenta su historia, brindamos juntos y de regalo siempre un chocolate. Eso lo había aprendido de su Madre, su madre solía sentarse con él y escucharle, por más sinsentido o infantil de la historia, Ella siempre escuchaba, preguntaba, asentía con la cabeza y ayudaba con la atención y la corrección de palabras para poder que el fuese un mejor relator. Y así en donde estaba siempre aparecía alguien. Un adolescente perturbado, una señora con su carita mancillada, un viejo de sombrero y uno como él, en la mitad de la vida sin saber dónde había perdido su camino. Siempre brindaban y siempre de regalo un chocolate. Se tomó fotos con ellos mediante esa cámara instantánea dándoles una para que ellos recordasen lo que le habían contado y por qué se lo habían contado. Empezó a disfrutar la ausencia de su hogar, a merendar con todos y entender un poco más de su vida a través de las historias de ellos. Disfrutaba de jugar béisbol y de ir a partidos de fútbol con el polvo que levantaban los jugadores al correr…eso sí. Justo a las 4 am, desaparecía y se marchaba de nuevo para conocer otro lugar más. De vez en cuando solía entrar en los bares y se sentaba en la barra a escuchar la música y beber otra botella más antes de partir. De repente lograba descubrir lo mucho que no se conocía a si mismo hasta que se había escapado de su propia vida. Siempre las dos sillas en el pueblo siguiente, con el ritual como se había acordado. Con muchos reía, con otros lloraba y también con otros se cuestionaba, pero con todos se abrazaban y terminaban en un hasta luego. De Pronto, en una ocasión en un malecón inconcluso con el mar haciendo su propia música…sintió que tenía que era tiempo de regresar…se vio en el espejo de su auto, le había crecido la barba, y los ojos se escondían detrás de unas ojeras profundas, pero eso sí, tenía una sonrisa que no conocía…justo estaba por ir por las sillas cuando vio a alguien sentado en una de ellas…qué diablos dijo, una última historia. Empezaba a servir la copa cuando se dio cuenta de lo hermosa que era aquella chica, que su aura tenía un cierto encanto que rebasó su boca y no pudo decirle mucho, al final, él estaba por escuchar, pero entonces Ella, le dijo que había encontrado algunas fotos en el mundo del internet y le había dado por buscarle. ¿para qué? Le dijo él, y ella señalándole la silla le dijo. Es hora que alguien también te escuché a ti. No lo había pensado, pero si, hasta el momento durante el viaje, solo había escuchado a la gente o había hablado poco de sí mismo…tal vez era buena idea cerrar ese ciclo. Con una condición, le dijo a Ella…que nos volvamos a ver…Ella le sonrió y le dijo: Me parece. Empezó a hablar y a disfrutar del mar, a contarle sus miedos, sus fracasos y sus anhelos…su vida de niño y su historia de adulto y le causaba una sensación que estaba arrojando piedras al mar mientras más hablaba, abandonando el peso que cargaba entre todo lo bueno que tenía, porque a veces cargamos algo que no notamos y descubrimos nuevas cosas en nosotros y en los demás...pidió perdón por no valorar lo que tenía y lo que no. Otro brindis se convirtió en otro brindis y otro chocolate se convirtió en un chocolate adicional…Al final cuando ya caía la madrugada y la temperatura bajaba, Ella se despidió con un beso sobre su mejilla y le dijo nos volveremos a ver. Se tomaron la foto juntos y cada quien se quedó con su copia. Cuando iba rumbo al pueblo siguiente pensó en que solo tenía la foto, no supo su historia, su nombre, su número de teléfono…lo curioso fue que sabía que la encontraría de nuevo…y sí, así fue…En el próximo pueblo y justo al poner las dos sillas en la plazuela del mismo, Ella apareció…Te lo dije le dijo, que nos volveríamos a ver. Él señaló las dos sillas, la botella y los chocolates…Hoy suelen recorrer los pueblos y las ciudades siempre con las dos sillas listos para escuchar las historias de las personas en el Mundo de Morfeo.”

 

martes, 3 de mayo de 2022

El Jardín de las Estatuas

 

“La sala se fue oscureciendo a medida que la Luna amarilla se iba perdiendo entre esas nubes que eran cómplices de una lluvia por llegar…a todos ahí la espera de estar esperando les agotaba pero a él no, a él esa espera le encantaba…tal vez porque conocía el resultado o tal vez porque en el fondo de la mente deseaba que ocurriera algo diferente, para que todo cambiase de nuevo, romper todas las expectativas, porque a los seres humanos les encantan las expectativas, son como un aliciente, un vicio, algo a lo que te aferras…a él ya no le hacía efecto ese tema, ahora gustaba de estas funciones nocturnas de teatro.  Lo descubrió una noche como tantas, donde embriagado de melancolía y sin sabores recorría la ciudad a pie arreglándose el cuello de la gabardina y ajustando la bufanda para evitar que el frío le cortase la garganta. Le gustaba el frío y la soledad que le acompañaba cuando realizaba estas caminatas hasta que se topó con ese local…tan perdido como él, tan oculto como sus cigarros en el bolsillo y no sabe porque, pero algo le llamaba para que entrará, y fue así, como se halló con esto: el teatro, y todas esas pequeñas letras convertidas en palabras y terminadas en guiones. Le fascinó aunque jamás había actuado, aunque jamás había estado en un lugar así…lo lúgubre de su existencia, y las ideas que de ese templete emanaban. Y así fue, como empezó a ir, todos los martes a la medianoche. A escuchar historias de vida, historias irreales e increíbles ataviadas de ese matiz romántico y melancólico que, a él, un solitario insensato le parecían sumamente atractivas…sentía ganas de aplaudir, de subir al escenario y contar una historia o participar, pero por ahora, estar entre la gente parecía ser suficiente. Hoy la función consistía en un monologo, la mujer disfrazada de una artista madura contaba de su historia, de los sueños cumplidos a la mitad por la falta de tiempo y la falta de sacrificio, tocaba los temas a profundidad desde la niñez hasta perderse en la rutina y desafiar al sistema para caer presa del mismo y poder traer comida a su mesa para terminar en una historia donde se arroja desde un edificio. Al terminar la función, se quedó un rato, como Siempre, algunos se quedaban a dialogar, a beber una copa o a jugar cartas o sencillamente a escuchar el piano tocarse de vez en cuando. Al final, nadie sabía quién era él y era mejor mantenerlo así, ser cualquiera menos el mismo, ser quien la otra persona quisiera que fuese, menos ser él, porque no todos los días uno quiere ser uno mismo, hay días que queremos ser alguien más. Era un Ladrón, y los que viven fuera de la ley, suelen ser eso, unos sin rostro. Nadie le preguntó su nombre, nadie le preguntó su procedencia, solo era, él, ese de sombrero oscuro y mirada perdida, de ojos café oscuro y barba negra con su cuota de canas. Hoy no sería como otras noches, desde hace días pensó en que hoy le gustaría tocar, así sin más, así sin decirle a nadie para no sé, desahogarse supone él. Le encanta ponerle fin a sus pensamientos con música tonta y melancólica. Así fue que se sentó en el banco del piano, encendió el cigarrillo, dio una gran calada y fue arrastrando los dedos sobre las teclas hasta que se originó la melodía, con sus tintes caóticos y metódicos la música fue subiendo de tono mientras los que se quedaban le miraban, admirando el tacto de sus manos sobre el instrumento…pero él solo veía a una de las personas, solo a ella…que sin querer, se encontraba con su mirada cuando le veía recorrer la mirada por la sala…sus cabellos castaños cubrían los ojos, pero no la mirada, no protegía el corazón y eso fue lo que le atrajo repentinamente…y fue así como se fue acercando cayendo en el abismo de esa alma en pena…suele ocurrir que las personas les gusta rescatar a las almas en pena, sin embargo, es porque en el fondo fueron presas de un cazador sin corazón y buscan redimirse. El ladrón finalizó su actuación, encontró un par de aplausos y salió de ahí, sin más, cambió su copa por un vaso de plástico tomando el abrigo ajustándole el cuello y escapando a la noche fría. Un par de calles adelante, el olfato encontró un perfume de mujer, si, lo reconoció de inmediato y fue a ocultarse, cuando ella pasó, le tomó de la mano diciéndole al oído,

-          Es muy noche, para andar sola por ahí, dejando la estela de tu perfume a tu paso.

-          Lo sé, pero no pude evitarlo, la melodía allá dentro, tus ojos mientras la tocaba me hizo sentir algo extraño que no pude descifrar y tenía que saber el titulo

-          Hay canciones cuyo título es mejor mantenerlo en el anonimato, al final, uno decide cómo llamarles a las melodías y otros les adaptan la historia a como les conviene, ven, tomemos un taxi.

Le dijo al taxi que se detuviera justo en El Jardín de las Estatuas, le ayudo a bajar y caminaron…a medida que recorrían las estatuas le explicaba quién era quien, y sus logros en el mundo Le fascinaba ese lugar, y es porque solía visitarlo con un par de amigos de la infancia…cuando el mundo era otro y los niños podían andar un poco más por las calles de la ciudad sin que el terror y la ansiedad se apoderase de ellos…fue así, como la atraía hacía él, contándole un poco de todo y de nada, de lo que le apasionaba, de sus robos y sus besos, contándole como se la comería a besos porque ella era quien quería saber quién era. Entonces se dio cuenta que Ella era la del monologo, que extraño, parecía alguien totalmente diferente y se lo dijo. Ella le sonrió diciéndole, no ves que todos somos otra persona en la mente de alguien que nos conoce. Era una ladrona también al parecer. Igual que él…Solían robar corazones atormentados, vivir al límite de cómo viven los locos. Recorrieron la ciudad mientras se devoraban a besos como solo los que jactan de ser ilusos y nada justos lo hacen. Se revelarían sus identidades al calor de sus cuerpos desnudos en aquella sala donde todos son alguien más, en el teatro de los monólogos, de los clásicos y las obras irreverentes, ahí recostados tras bambalinas se comían el uno al otro como los desahuciados se comen los platillos que sobran hasta quedarse dormidos exhaustos, pero solo los martes de medianoche, los martes en los cuales él solía caminar por la ciudad hasta llegar ahí.  Habían decidido no decirse sus nombres verdaderos, solo yacían juntos, aunque todos sabemos cuán peligrosos es eso…suele cambiar, mutar, convertirse en algo más y rebasarlos como la tormenta a los barcos. A él no le gustaba como sonaba eso, lo había vivido ya algunas veces y cuando se percataba estaba en esa monotonía donde terminaba odiando lo que ocurría y tenía que huir de nuevo. Cuando el botín de besos, caricias y sueños juntos se iba perdiendo por ir al súper, planear los días y buscar cómo encontrar tiempo para ver a todo mundo. El problema con el ser humano es que piensa que no puede caer nuevamente y justo cae de nuevo en la esperanza, en la ilusión, en la sonrisa que la otra persona ofrece y en la calidez del corazón que se abre ante la persona para amarse. Maldita sea, se dijo a sí mismo el ladrón mientras yacía junto a ella en el Jardín de las Estatuas, estaba atrapado de nuevo. Empezaba a notar por un lado un vacío terrible que le comía las entrañas haciéndolo sentir extraño, perdido, melancólico y deseoso de salir corriendo y es por ello que volvía a despertarse entre gritos y sudando de sus manos. Pero por caótico que parezca, esos ojos hermosos de Ella apreciándolo y abrazándolo fuerte parecía calmarlo, parecía destruir la desilusión con cariño, el vacío con amor y la rutina con grandes historias y sonrisas que parecía no cansarle. Optó por decirle quien era, no sabía si para que se rompiera el encanto o para que ella lo quisiera más…Por más que quisiera lo primero, en el fondo deseaba lo segundo. Pero el amor no es fácil, amar no es para los temerosos sino para los sobrevivientes, los fuertes, los que aman sin importar el pasado y buscan el futuro viviendo el presente. Se quedaron juntos, que importaba el tiempo y los ratos en silencio. En el cielo de la Tierra, en un mundo de personas iguales, Ella era única y por eso le encantaba. De vez en cuando, por gusto, los martes a media noche van al teatro…a veces a tocar el piano después que se terminan las funciones y no queda nadie y otras veces a participar en los monólogos…sobra decir, que el amanecer los encuentra ahí en el Jardín de las Estatuas del Mundo de Morfeo”.

martes, 19 de abril de 2022

Solo Los Amantes Sobreviven

 

“Corre un aire gélido aun cuando la llama del puro sigue su marcha y el aroma penetra su traje oscuro como las almas de los hombres, él sigue ahí…absorto, inerte, estático, cual estatua griega extraviada en alguna habitación de un templo que pocos turistas conocen. Le encanta la vista que tiene el lugar, eso sí, jamás negará, que fue una de las mejores cosas que hizo con el dinero, hacerse de este lugar silencioso y bullicioso. Donde él ve todo y a nadie le importa si está ahí. Hace ya más de tres horas que la hoja esta en blanco. Y se sigue cuestionando si de alguna manera debería llenarla, si de alguna manera debiera expresarse y sacar a relucir un poco lo que ha pasado durante este tiempo en que su escritura ha estado en silencio. Ve la hoja y siente como esta lo invita a contar una historia, a ofrecer palabras y generar oraciones para que estas se conviertan en algo que a alguien le importe leer. A construir mediante las letras lo que su corazón dice en este momento, pero bueno, a veces conocer a quien está detrás de la máquina de escribir ayuda un poco.se levanta de la mesa y camina hacia la ventana, la vista es espectacular y le sienta bien a su corazón, el aroma del viento le devuelve el recuerdo de sus años mozos, devolviendo un poco la sonrisa a esa mueca muerta que tiene en el rostro. Y se le ocurre, tan solo, se le ocurre…y se detiene, pero luego vuelve a encontrar esa idea deambulando por su mente. ¿Por qué? Se pregunta, porque justo en esos momentos cuando duda de él mismo, Ella acude a su encuentro, No lo sabe nunca o bueno, siempre lo ha sabido. A Pesar del tiempo, de los tragos amargos, de los viajes y los buenos platillos. Ese recuerdo reaparece por arte de magia, porque tú puedes engañar a la mente muchas veces y continuar en tu vida normal trabajando, estudiando, divirtiéndote, jugando al ser superior entre tantos actos de emociones caóticas, pero al corazón jamás podrás engañarle. Al corazón no te le puedes escapar por mucho tiempo. Le dio una calada al puro y fue a buscar su teléfono...intentó recordar su número mientras buscaba en sus redes sociales donde encontrar su rastro, pero aun en estos días hay personas que no tienen las ganas de que todos vean que están haciendo, que se mantienen ocultas, perdidas en algún bosque fuera de este nuevo mundo donde todo mundo sabe de todos. Tenía que recordarlo, no podía ser tan tonto para haberlo olvidado. Siempre fue bueno con los números…cumpleaños, fechas de hitos, situaciones políticas y de increíble, pero fechas de algunas buenas películas…Empezó por anotar diferentes números en la máquina de escribir, números telefónicos, fechas, marcadores de juegos, hasta que lo anotó sin saberlo, es curioso, pero hasta que lo visualizó ahí entendió que ese era. Bueno, se dijo, entre el hacer y el no hacer, siempre será mejor hacer así que marcó el número y el teléfono sonó a lo mucho 5 o 6 veces y justo cuando estaba dándose por vencido, se escuchó un Hola del otro lado de la línea. Hola dijo él, pero no era la voz que esperaba más cuando preguntó quién llamaba y a quien buscaba.  Pensó que sería obvio cuando él dio su nombre que sabrían por quién preguntaría, pero no. Su escritura aún no llegaba a todos lados y una mueca de humildad recorrió su rostro cuando sin más, la ama de llaves tomó sus datos y dijo que pasaría su recado. El día ya no fue el mismo, más cuando terminó y no recibió llamada alguna…abrió un par de botellas más y leyó en voz alta hacia la madrugada hasta que su cuerpo no resistió y quedo absorto en el sueño, maldito Morfeo que siempre gana las batallas nocturnas. Apenas un par de días después pensó en llamar de nuevo, pero lo evitó. Su madre le había enseñado que hay días para esperar, aunque la espera desespere mientras tanto la hoja seguía en blanco salvo los números anotados. No recordaba bien la hora y menos el día, solo sabía que era la noche y entre el viento que resoplaba en la habitación a lo lejos escuchó el sonido peculiar que solo un viejo teléfono hace. Parecía un sueño, pero alcanzó a descolgarlo…Se quedó en silencio al escuchar ese ¡Hola! que casi le hace explotar el corazón, Disculpa la hora dijo ella, pero a menudo lidio con el insomnio y me enfrentó a la madrugada sin saber si correr, leer, o dedicarme a ver viejas películas. No se aún porque he hecho esta llamada…supongo que cuando tienes un recado, tienes una atención de devolver el mensaje, así que aquí estoy, regresando este llamado. ¿te desperté? Por supuesto que sí, reconozco esa voz tuya al despertar y si, no sé cómo es que aún recuerdo tu voz al despertar supongo que es por los años o las vivencias. Lo que me preguntó cómo es que has llamado. ¿con que finalidad lo has hecho? El escritor dudo y después se dijo que carajos. Porque te he extrañado aún después de todas esas lunas y esos soles, si, es la verdad, extraño verte sonreír mientras te cubres el rostro, No se tu situación de hoy ni la del ayer…creo que me quedé en una época donde todo era más sencillo de saber y preguntar, pero al parecer eso se me ha ido de las manos y hoy solo me queda el recuerdo de llamarte. Te mentiría que me sorprende saber que sigue el número vigente y que me conteste otra persona que no seas tú, pensé que estarías en otro País, en otro planeta, en otro libro de tonta poesía. No sé, dijo él. Ella soltó una risa mientras le decía que, por supuesto que habitaba en otro planeta, donde no había grandes edificios ni libros de escritura profusa y menos aun saliendo en los periódicos. Si, le dijo ella. Esas historias si llegan por acá. Deberíamos retomar el mundo donde lo dejamos dijo él. Recuerda esa frase que teníamos para decidir las cosas…Ella aceptó. Así fue, que días después abandonó su refugio…se puso su sombrero, su oscura vestimenta y por supuesto, tomó sus pequeños vicios o hobbies así llamados por él para huir, una pequeña maleta…no recordaba la última vez que había manejado, pero se las arregló para acomodarse y salir. Recorrió la carretera y no se lo quería decir a sí mismo, pero él solo hecho de estar recorriendo los caminos le empezaba a quitar la mueca un poco de la cara…bebió un poco de café y solo bocadillos sencillos, el desorden alimenticio lo perseguía tanto como escribir por la madrugada cuando se sentía abrumado. Llegó al lugar, su lugar. La casa era una típica cabaña para estar el fin de semana, con grandes ventanales y chimenea, aunado a sus sillones y sillas antiguas y con colores oscuros. No sabía si arreglar un poco o dejarlo todo como está. De nuevo estaba ansioso…Pero si, también un poco ilusionado. Paseó por el bosque en las cercanías de la cabaña, a tomar aire, y dejarse impregnar por la atmosfera. A su regreso, le vio, justo ahí parada frente al lago…en su mano una copa de vino y en el suelo la botella junto con otra copa…siendo escritor se había quedado sin palabras, pero el cabello acariciado por el aire y la sonrisa que enaltecía ese rostro le llenó el corazón de repente. A medida que se acercaba las ganas de abrazarle fuerte se le vinieron encima y no pudo evitar empujarla un poco cuando le puso los brazos alrededor. No sabía dónde besarle, pero pensó que la mejilla era lo más apropiado. Esos besos que son de todo y dejan todo en la indecisión.

-          Pero que linda estás…no ha pasado el tiempo por ti, me alegra hayas venido hasta acá

-          Por ti sí que lo ha pasado…el gran escritor, el de las portadas…el que firma autógrafos

-          Soy el de siempre, solo un poco más aburrido. La época de los escritores aventureros ya ha pasado por la vida y ahora solo son pequeños ratones de habitación, envueltos en polémicas baratas

-          Eso dicen siempre los rufianes, que siempre ellos son los más tranquilos

-          ¿te casaste?

-          No y tú. Bueno si he visto portadas tuyas, para que pregunto

-          Casarse es una cosa, comprometerse es otra y ser par alguien es algo más y eso tu sabes que no pasará jamás de nuevo

-          Creo que intentas conquistarme…pero ya he pasado por ahí, ¿recuerdas? Perseguirnos mutuamente siempre fue muy divertido

-          Lo sé, pero acaso no es por eso que estamos aquí, para evitar más persecuciones

-          Eso aún no lo sé. Solo me dio gusto saber de ti, aceptar venir fue solo otro paso, no puedo pensar en otra cosa sino en el siguiente paso que siempre es una novedad

 

Bebieron vino mientras apreciaban el lago sentados en la orilla del camino y bañándose un poco los pies antes que la noche cayera. Ella le miraba sin pestañear, siempre prestando esa atención que a él tanto le gustaba y añoraba. Pensaban lo mismo, porque habían dejado de frecuentarse, porque la vida los alejó y porque de nuevo los juntaba. Sin matrimonios, sin amores reales, de amantes fugaces y caminos separados está lleno el mundo. Había mucho que decirse, pero eso siempre ocurre en un solo lugar…la noche los tomó recostados en esa habitación con sus ventanas y esa majestuosa vista, enamorándose de nuevo desnudos besándose, cual jóvenes en el asiento trasero de un auto. Esos días fueron los más felices de sus días, contándose lo que les dolía, ese hueco en el estómago en los momentos más caóticos y las caídas donde sus caminos se perdían entre tantos espejos de vida quebrados por el paso del tiempo. ¿acaso solo los amantes sobreviven al tiempo y rechazan el olvido? No se separaron más. Ella podía robarle el corazón cada vez que él se cayera en el abismo del olvido y sus demonios y él podía robarle el alma cada que ella se ahogará en sus brazos con el cuerpo oprimido por el pasado ya vivido. ¿Cuánto les durará esta vez? Nadie en el Mundo de Morfeo lo sabe, solo podemos decir que la hoja en blanco ha comenzado a llenarse con algo más que números y fechas.”

viernes, 25 de marzo de 2022

El Disfraz

 

“Hace tiempo que lo viene pensando, en que esto que lo aqueja no se va a ir jamás. Permanecerá como permanece el Sol en el cielo y es por ello que debe aprender a vivir con ello. A veces cuando lo piensa, se pregunta si lo que se asemeja a una solución no es más que un acto cobarde que suelen hacer los tontos, los de corazón débil y de mente pequeña, pero también se dice a si mismo que es tiempo de hacerlo. Lo cuento así, porque así es. Lo digo así, porque así es como es.  A veces cuando lo piensa, se le vienen los pensamientos encima como los ladrillos caen cuando la pared se viene abajo. Y se pregunta, una, dos, tres, hasta cinco o seis veces, si hubo un momento en su vida en que algo hizo mal, en el daño causado sin querer o queriendo. A veces cuando lo piensa, la tensión en sus hombros le resulta abrumadora y se pone rígido al grado de no poder moverse por un momento. Su rostro impávido, inerte, causal de esto que le viene a la mente no le deja terminar bocado, menos tragar saliva, sino que lo lleva a perderse en el horizonte de los caminos por los que no transitan las personas salvo cuando realmente su vida no puede verse más allá de aquello que lo aqueja. A veces el momento suele caer sobre el en la ducha, ese espacio solitario para pensar, para estar con uno mismo sin escuchar más que el sonido que hacen las gotas al caer sobre el cuerpo y es entonces cuando se derrumba cual construcción mal hecha, cual fuerte acaecido por la guerra y los demonios que se le presentan. Y llora, llora mucho, llora como los niños pequeños. Sus gritos ni siquiera aparecen porque los contiene, los detiene con la mano en la boca, pero las lágrimas ahí están, aunque estas se confundan con el agua, su palpitar proviene del corazón y claro que existe la diferencia. Y lo que más duele, es que no puede contárselo a nadie. Es de él y para él, es suyo y de nadie más, es su piedra. Sin embargo, ahí mismo se rehace, ahí mismo se seca el agua y también las lágrimas para volver a iniciar el día, otro día, otra oportunidad. Se rehace porque el mundo sencillamente no se detiene, el mundo, sencillamente continúa contigo, sin ti, o a pesar de ti. El sonido del celular le devuelve a la realidad y lo aleja de sus pensamientos, maldita tecnología, se dice mientras el repartidor le entrega el paquete, por la envoltura lo recuerda, había pedido un libro hacía ya un tiempo, pero por estos días entre virus, desempleo y perdida de los lugares de vicios lo había olvidado. Tomó el libro del paquete, recorrió el departamento con la vista y no sabía que sentir al verlo. Estaba todo derrumbado en pequeñas torres desordenadas ataviadas de libros, muñecos de cultura pop y botellas vacías, de relojes sin hora y de cortinas a medio abrir. Olía a miedo ahí, a depresión, a sexo extraviado, y a cariño despreciado. A refrigerador vacío de comida y lleno de alcohol, a música de viejos y viajes. No se lo pensó dos veces, busco las llaves, los cigarrillos, celular y ese sombrero aunado a sus lentes antiguos para desaparecer entre la multitud. Una bocanada de aire gélido y cielo libre de nubes le recibieron al salir del edificio. Surco por las calles y camino de manera incesante durante un buen tiempo. A pesar de su deteriorada condición, sentía una fascinación por caminar entre la gente. Escuchar sus conversaciones, leer sus miradas, compartir cigarrillos en silencio y mosquear sobre sus vidas, para ver si encontraba la similitud con la suya o al menos ver que no estaba tan mal como el creía. Recorrió calles y más calles, con el libro bajo la mano, entró al hospital que encontró a una vuelta y fue que decidió entrar. Jamás le gusto el aroma que se cierne en ese blanco edificio, pero hoy no estaba para hacer lo común sino para hacer lo diferente. Apagó el cigarrillo antes de entrar, se arregló un poco el sombrero y se abotonó el largo abrigo para ingresar y se puso el disfraz. Entonces ya no era el mismo, su semblante cambiaba y una ligera sonrisa aparecía, se sentaba y escuchaba a la gente, a los adultos, a los niños, a los enfermeros, a los guardias, a los apesadumbrados y a los confiados. Intuía que podían necesitar y les daba la palmada en el hombro, el oído abierto para que ellos al fin, pudiesen soltar todo eso que no les dejaba dormir, que los hacía mal respirar y mal vivir, los ayudada a que confiarán en él, ocurre que las personas suelen confiar más en los desconocidos ya que estos se llevan las historias a sus rincones, a sus casas donde sus nombres no se conocerán y donde no tendrán que explicar el porqué de esas palabras. Al fin y al cabo, es probable que jamás lo vuelvan a ver en su vida o al menos sin ese disfraz que tan puesto se carga. Incluso encontraron un pequeño jardín donde algunos deseaban fumar y él les acompañaba, esos cigarrillos son invitación a tener que hablar de un tema sin importar el lugar o la hora, si dos o tres personas juntas fuman, inevitablemente una historia, una confesión o una pregunta saldrá de ellos. Les compartió la frase motivadora, miraba directo a sus ojos y les hacía saber que el plan saldría bien, que de las tragedias se aprende y de la esperanza se vive. No era erudito, pero ya tenía sus años y ahora en esos cabellos canosos había algo de sabiduría, algo de empatía, una pizca de humanidad entre tanto salvajismo. Y Así era él, dejaba una gota de cariño en cada uno, solía salir con las manos llenas de peticiones y prometía volver, aunque él sabía que eso sería difícil, deseaba ayudar un poco. Siempre cuando salía de ahí, deseaba cambiar, pero no podía, quizás ya eso era tarde para su persona. Esa era su justificación cuando entraba en aquella pequeña galera donde los románticos cantaban al ritmo de la Luna y su color amarilloso repleto de amores extraviados. Escuchaba en silencio y cantaba en su mente, bebiendo el mismo trago y sentado en aquella mesa con luz baja. Saludaba sin mediar palabra, vaya, la idea de ir era solo alargar la noche y si en algún momento, alguien que pudiese acallar sus demonios apareciera frente a él, entonces sus labios se abrirían. Justo cuando se iba por ahí de las4 am, una princesa de barro y realidad, una hermosa dama de ojos profundos y sonrisa melancólica cruzó una mirada con él, le miraba como si lo conociese, como si le importaba, como si quisiera ahorcarle y sacarle todo el corazón para después arrojarlo a la basura. Él le sonrió, le encantó. Y ahí fue que se entendieron, entre la música y el silencio de sus labios. Se abrazaron desnudos una y otra vez frente a la luna y a las lágrimas que el cielo dejaba caer sobre los mortales. Hablaron de autores muertos, de poetas locos y de parábolas estúpidas y durmieron hasta que el teléfono sonó. Él se cambió como pudo y le dijo, quédate cuanto necesites, debo salir. Y se fue, sin un beso, sin una caricia, sin un hasta luego. Ella durmió un poco más y le echo una mirada al departamento, mientras se preparaba un café, y se preguntó como él la había dejado sola sin conocerla, así nomás, en el lugar más íntimo de una persona que es su casa y su cama , sin embargo, cayó en cuenta que todo parecía desordenado pero con un sentido de todo lo que era la persona que vivía ahí, es decir, las cosas decían mucho de las personas y más entre tanto caos, el orden que hallo ahí, era el de una de esas almas extraviadas en el tiempo pero con un sentido de pertenencia que obligaba a mirar más objetos y buscarles el sentido, hasta que dio con un pequeño maletín tras unos libros apilados, cierto. No debería abrirlo, pero justo ya lo había hecho cuando lo pensó y entonces vio ahí dentro de ese maletín todo lo que valía la pena saber. Su reacción fue, lavarse rápido la cara, tomar sus cosas junto con el café y salir de ahí a buscarlo. Fue entonces que lo vio ahí con su cartelón frente al hospital disfrazado y entregando a las familias que tenían a su niño, a su padre, a su abuelo, a su madre o familiar en el hospital luchando por su vida, él estaba ahí para cumplir promesas, fuera como fuera, tratando que esos momentos donde parece todo ir en picada, aparezca un salvavidas que te dé un poco de esperanza. Gustosa le tomó unas fotos sin que él se percatará y lo vio seguir por un par de horas más. Un par de noches después lo encontró de nuevo en el bar, sin disfraz, absorto en la música mientras el cigarrillo se iba consumiendo, y ella le dijo: ¿Cuál es tu disfraz? El del hospital o el Del Bar, fue ahí que él entendió, cuando le vio a ella sonreír tras aquella pregunta. Eso depende, le contestó él, a veces todos somos dos personas, la que unos perciben y la que uno es. ¿quieres averiguarlo? Y Ella le tomó su mano acariciándole los nudillos, a eso he venido. Todos nosotros en un momento de nuestra historia, tenemos la manera de ayudar a alguien, de hacer sonreír, de generar alegría y entre el hacer y el no hacer, siempre será mejor el hacer. Por ahí hay dos locos disfrazados que visitan hospitales, no usan mascaras ni nombres ficticios. Solo son personas que están tratando de compartir un hombro para recargarse o una mano para caminar”

jueves, 10 de agosto de 2017

Huellas

“Se dice que siempre hay un infierno y un cielo para aquellos que creemos en Dios, y nos regimos bajo sus leyes…Se nos cuenta a menudo que somos aves de paso por esta Tierra, escuchamos por ahí que solo somos polvo y en polvo nos convertiremos…y todos nos decimos a los otros que debemos dejar para los que vengan, un mundo mejor, un recuerdo de quien somos, algo de lo que hicimos debe permanecer aquí, una huella en el suelo que no se borre jamás. Así que vagamos por la vida haciendo nuestra historia e intentamos unirla con la historia del mundo, entrar en sociedad, permanecer, integrar, meter a la fuerza nuestras ideas y ser un enlace con quienes nos rodeamos…mas allá de todo, hay que entender algo, vivimos en sociedad, hacemos amistades, sufrimos amores y logramos metas así sean aquellas que vienen de otras generaciones y otros adeptos, siempre será difícil encontrarse a uno mismo y quien lo logre, le felicito, no cualquiera encuentra a su Yo interno, aquel a quien debe uno conquistar primero antes que al mundo, pero no para él, quien yace en este oscuro cobertizo con vela en vano viendo la lluvia chocar con el pasto verde para convertir todo en un bonito aroma de tierra mojada. Tiene la mano encima de la vela y la botella alejada un poco en la otra mano para que esta no le ocurra prenderle fuego con el alcohol que esta porta. Ha vivido recluido y este podría decirse es su momento de calma, de parsimonia y apreciación de la tierra, vive huyendo de sí mismo y al mismo tiempo podría decirse del mundo que le vio nacer. Había que hacer algún cambio, una gesta para escapar…hoy que cualquiera nos encuentra, siempre es bueno saber huir, más bien saber decir ¡ya basta!. Los relámpagos asustan a los animales y la barba blanquecina a causa de las canas se le humedece un poco a medida que empuña la botella sobre sus labios…bendito licor, bendita noche, maldita música melancólica de las gotas al caer y de pronto, ese destello aparece de repente en el horizonte y la lejanía de su corazón, parece una aguja entrando directo a la vena lo que le viene a la mente. Se dice a sí mismo, que esta noche tampoco será…esta noche no, aún a pesar de todos esos icónicos que se le han puesto frente a si para hilar la historia más romántica de la vida…eso no pasará, pero le encanta. Le encanta sentir como se le desangra el corazón por una noche más en la melancolía de lo mundano y sus riachuelos de lágrimas. Le encanta sentir que le falta a alguien en el mundo real y que a él le falta alguien también en ese mundo…todos queremos huir, lo sabemos, nos gustaría hacerlo pero atrevernos es más difícil de lo que uno cree. El apego, el miedo a lo nuevo, desde dormir en otra cama y en otra casa hasta ver la ciudad desde otro ángulo, sin embargo, hemos olvidado algo. Siempre estamos cambiando, siempre estamos evolucionando y avanzando a pequeños pasos. Encendió el puro por enésima vez, le dio profundas calas y soltó el humo en la noche lluviosa desde ese antiguo cobertizo, le gustaba la música que solo el campo lluvioso ofrecía y ese aroma a tierra mojada le gustó desde la primera vez y eso que no era muy fan del campo, hoy lo aprecia. Aprecia la falta de ruido, la falta de autos, el pulular de las personas…filosofa a cada rato y escribe en ese pizarrón antiguo como el oficio de maestro, y luego borra, como si borrando se le olvidarán todos aquellos pensamientos que van por su mente. Y entonces lo lleva a donde más le ha gustado las últimas veces a hablar con la noche y las estrellas, a cantar con la música, y a adorar los comentarios que la tierra le retroalimenta cuando los pies de él tocan la piel de la tierra, ha aprendido a cuidarla, a regresarle un poco aunque le deba otro tanto. De nuevo reposa todos sus pensamientos dentro de la botella esperando que el líquido recorra la garganta y se lleve los retazos de amor que aún le quedan. ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Por qué? Y ¿para qué? Aun no lo descubre, pudiera, pero insiste aun no es el momento…y es así, como regresa a la caja donde guarda todo, el rencor, la ira, el cariño y la alegría, la envidia, la culpa, el amor, la amistad y los sueños…todo está guardado en el mismo lugar, en la caja con todas esas botellas y los nombres que él les dio como los antiguos alquimistas, un veneno para infectarse de lo que necesite el alma en la noche, hoy es el tequila…para que ardan los demonios que se apoderan de sus momentos más tristes y violentos y matarlos con la hermosa lluvia, porque a eso vino, a enterrarlo todo para crecer de nuevo, como los árboles que talamos y sus raíces nos devuelven el aire.  Muchos le tildaron de loco, pero en este mundo, siempre le gustó ser más loco que cuerdo, desde la vestimenta hasta la música pasando por la lectura…y curiosamente todo le cabía en una pequeña mochila viajera…incluso los sentimientos iniciando por la tristeza estaba en esa mochila. Fue muy sorprendente cuando ocurrió. Algo se rompió en él, las fallas hicieron su hueco en la tierra y el tiempo pasó lento justo al ver su futuro en la silla que se le ofrecía. Era magnánimo si existe aún esa palabra en el mundo en la empresa, donde trabajaba…auto, dinero, bienes raíces, records de venta y metodología implementada en el mundo, pero, siempre despertaba en una noche cualquiera sin importar que había mañana que hacer, que actividades, un vacío en el corazón, una insensata sensación como si le quemará el pecho y lo llevaba a sentir una ansiedad que solo el tiempo y la rapidez del día hacía que esta se fuese, pero durante ese trance, le decía su corazón que había una pieza faltante, que podría hacer más, que podría viajar, ser otro, responder a las expectativas de vida de otra manera y también poder ser feliz, pero como ser feliz en un mundo tan materialista, tan lleno de números, claro, dejando de lado por ciertos momentos la vida llevaba e irse a otro lado, con otro nombre y otros cielos…y fue así que en la plena junta de los socios y todos esos números atiborrando las computadoras, se encontró con el atardecer que daba por los ventanales del edificio que él había ayudado a crear, tenía 40 años y finalmente se había encontrado con algo que le devolvió una sonrisa honesta y una calma a sus episodios de ansiedad…se excusó de la junta…volvería pronto dijo, al irse, dejo el maletín y la computadora, solo se llevó lo más personal y créanme la computadora no lo era. Quería dejar algo más que números y fue así que fue dejando todo o más bien, vendiéndolo todo…”En la búsqueda de algo que me pertenece del mundo” este mensaje le fue enviado al dueño de la empresa y hasta ahí…apagó el celular y tomó otro y se fue, como se van las mañanas y las noches, se marchó como se terminan las botellas y los puros, se largó como se van los años entre día y día, solo así, se encontraría a sí mismo. Ahora que ese momento regresó a su mente, él ha vuelto a pizarrón y escribe ahí para él…y de nuevo va a la vela y se recuesta mientras la lluvia se lleva la noche una vez más en este recóndito lugar alejado de todos, ha sido otra buena noche se dice mientras la embriaguez del alma llena su cuerpo. Ha despertado…siempre a la misma hora habiendo tenido el mismo sueño…corría por aquellas colinas verdes y esos lagos preciosos mientras el cielo se tiñe de naranja…de la mano de ese alguien a quisiera ver y que ese alguien quisiera verlo, pero aún no, medita un poco y va al pizarrón mientras de nuevo enciende ese puro roñoso y abre una nueva botella…le gusta como amaneció el día…reza un poco y se talla los ojos y rasca su barba…se pierde su mirada en el cielo y en el pasto verde…lo que le recuerda que el lago está cerca y tal como el sueño, ha acertado en llegar a un lugar como ese. Se deleita mientras sus pies se hunden en el pasto mojado y empieza caminar más fuerte hasta correr ligeramente, choca el aire con el rostro…y se lanza al lago hundiendo su cuerpo en el agua… ¿Cuántas veces deseo poder irse un fin de semana? Pero siempre aparecía algo importante, algo urgente, y lo posponía. Después de ese baño ya podía regresar a la lectura del día, un nuevo libro, un nuevo trago…al regresar encontró un viejo auto de marca alemana en un tono plateado parado justo en la carretera frente al cobertizo, a medida que se iba acercando tuvo no miedo sino expectativa real de que ocurría una situación dentro…sigilosamente, entró por la puerta de atrás y escuchó la música…una melodía que hacía que el mundo se le cayese a pedazos y le convertía los ojos en cascadas de lágrimas, él había arrojado aquella canción al fondo del cajón de los amantes que perdieron el rumbo en la noche pidiendo amor a otra persona. Helado como una estatua, no podía moverse más hasta ahí había llegado y entonces escuchó la voz tararear la canción… ¿Ella? ¿Tú? ¿Cómo? Pensó en todo y hasta que la locura le había visitado disfrazado de una canción…pero la voz, la voz podría reconocerla así estuviera sordo, como si fuese encontrar un ladrón fue acercándose y le vio, sentada en la silla con dos copas encima de un libro…vestía una falda larga de flores acompañada de zapatillas y el cabello suelto, llegándole al cuello…cuanta hermosura había en ella, cuanta belleza en el rostro que se le quedaba fijo con esos ojos color miel, ¿así que aquí es donde te has ocultado? Dijo Ella, ¿así que aquí es donde te has puesto tu mascara llena de vello? Has envejecido un poco, pero me gusta, a veces es bueno dejar de ser uno mismo…pero él le dijo: soy yo, este que ves, esta es otra capa de mí ser, lleva mí mismo nombre. Y se quedaron por un instante, sentados el uno frente al otro, tomando la copa para ocultarse un poco la mirada en ese líquido de color tinto.      

- ¿Cómo me encontraste?
- Es una buena pregunta, por un tiempo no te busque, no te entendía y sentí que solo tenías miedo, a medida que el tiempo fue pasando y escuchaba tus historias en aquellas somnolientas reuniones, fui perdonándote si puedo decirlo de alguna manera, porque no sé si sea coraje, enojo o decepción lo que sentía. Y entendí poco a poco que tu búsqueda era importante, era tuya y de nadie y luego un día comencé esta incipiente búsqueda, a paso lento, sin querer mucho encontrarte, pero no todo el tiempo alguien que uno ama desaparece así sin mas
- pero no estábamos más juntos
- Lo sé, pero no por eso he dejado de amarte…eres mi alma gemela, mi hambre y mi sueño…fui creciendo sin ti, oh sí, yo también he cambiado…no soy la misma persona de la que te enamoraste, ahora soy otra versión de mí y en todo momento pensando en que sería de tu vida…decidí buscarte, toda noche tiene su amanecer, toda Luna es opacada por el Sol…dime te gusta aquí? ¿Tienes fuego?
- Si, me gusta, abandone el tiempo y los relojes, el día preparado entre tanta reunión y siempre tener la prisa de llegar a tiempo a todos lados, lo sé, era un privilegiado y no me arrepiento, pero fui perdiendo el piso, fui desacreditando todo lo que conocía mientras seguía subiendo en el mundo de los negocios, solo hallaba más presión y más metas y metas…era una bomba a punto de estallar y ahí, en algún lugar, ese vacío fue llenándome como el aire llena los pulmones, como un globo de hielo y decidí largarme…lo dejé todo, de seguro me tacharon de irresponsable, miedoso e irrespetuoso.
- ¿Vas a volver? Nadie te recriminará nada, podrías volver a empezar, hacer de nuevo tu camino y dejar que todo tome su cauce, o no lo sé, de verdad te he extrañado y para mí es muy difícil aceptarlo, pero la vida me enseño, que uno debe regresar a los lugares donde amó la vida y contigo, fueron los mejores días de mi vida y no estoy segura, si todo sigue ahí, el miedo me ganó muchas veces pero el miedo también me hizo venir. ¿Cómo lo supe? Supe que era aquí tu lugar porque alguna vez me contaste que lo compraste con la idea de construir y poder un día escapar de todos, sé que era la única persona que lo sabía y guarde el secreto cuando todos te buscaron.
- No volveré, he encontrado la Paz y aquí tengo lo necesario para ser quien yo deseo, mis días en la ciudad se terminaron, pero puedes quedarte. Y mañana continuamos, ven, te haré algo de cenar, y por favor, no hablemos más de la ciudad…deja que yo te hablé de lo mucho que he soñado hacer con el mañana.

La cena fue ligera y el vino abundaba, le dio el pequeño recorrido del lugar y sobre todo, le enseñó lo que había escrito en el pizarrón y como la bitácora de sus pensamientos y decisiones sobre que pudiese hacer con el dinero le fascinaban que a cada rato ella tenía que detenerlo para que le contase nuevamente. Ella también fue abriendo de nuevo el corazón y le contó lo que había pasado en su ausencia, el nuevo trabajo, los viajes, las noches de insomnio y cuando alguien más se le acercaba para invitarle a salir, pero sobre todo, lo mucho que deseaba volver a toparse con el así fuese en el infierno, Mentiría si al ver la solitaria cama y el pequeño sofá, no pensó en que durmiesen juntos, su belleza continuaba intacta y su corazón seguía siendo tan noble como siempre. Quería abrazarle, besarle y recorrer sus pequeñas curvas como los niños juegan en la tierra…pero se fue al sofá e intentó leer mientras veía el cielo de su cuerpo…finalmente se decidió, fue directo hacia ella y le susurró al oído la verdad de todo tomándola de la cintura y abrazándole para finalmente invitarla, no a desnudarse junto a él, eso estaba dicho en el palpitar de los corazones de ambos y como sus labios se iban encontrándose sino, de su plan, de su idea y su manera de intentarlo, sino quería ella, se despediría y seguiría su camino llevándose el recuerdo de esa nueva noche que opacaría todas las anteriores y fue así, que se amaron durante la noche y el amanecer, durante los segundos, minutos y horas que se refugiaron en el presente, el futuro y el pasado de sus vidas, al fin y al cabo el mañana aun no lo conocían…y si, meses después ahí estaban, en otro País y en otro cobertizo dejándolo listo para los que vinieran a vivir en él, nuevas familias cuyas casas habían sido destruidas, dañadas o removidas por los huracanes y la pobreza. Dejaban todo listo solo para que ellos las habitasen, era su manera de contribuir al mundo y entonces se marchaban de nuevo a viajar por el Mundo de Morfeo, recuerdan lo que les dije al principio, Somos aves de paso, siempre en el medio del infierno y el cielo y sea lo que sea, debemos dejar algo para los que vienen, una huella, un momento, un sueño o una mano amable…el siempre dejaba un pizarrón para los que se quedaban…¿Y Tú, que huella dejarás? Mientras esos amantes se perdían en el horizonte de los que sueñan despiertos”


martes, 4 de julio de 2017

La Casona


“Entre las entrañas de aquella casa, cuya vida se la empezó a llevar el tiempo como la arena se escurre en los dedos y el pasar de los días llevo a los y los años a las décadas, la casa fue quedándose sin habitantes, sin quien soltara una sonrisa o rompiera algún plato y sobre todo...quien gritara al unísono ese dolor que traen los amores al corazón...y mientras él, ataviado en ese traje oscuro ensombrecido por la lluvia y la pantalla gris del cielo, se debatía entre encender un cigarro o finalmente empezar esa rehabilitación que tanto deseo iniciar para presumirle a su padre lo que había logrado, pero a veces engañar a los vicios es encariñarse a uno mismo. Desde que tenía memoria, aquella casa le gustaba, sentía esa vibra que le decía que algún día debería habitarla, dormir en ella, subir y bajar las escaleras…y después en la sala, degustar los libros y escuchar a los fantasmas de todas las generaciones que la habitaron. Le impactaba la majestuosidad y el embrujo que en ella se vislumbraba. Era un castillo en el infierno de esa calle tan sin sentido perdida en la ciudad de luces bajas y calles enlodadas, interés social, le llaman. Era como un elefante blanco en la selva de los ratones, de tres pisos, una gran cochera y decenas de ventanas, y la puerta principal daba justo frente al parque donde solía jugar… ¿Por qué? No lo sabía, pero le gustaba ver la casa, solía sentarse afuera y mientras leía veía, sentía que debía tenerla, poseerla, demostrarse a sí mismo, que saldría de la pobreza y llegaría a una casa igual y fue creciendo…creciendo, a veces por gustos, otras veces por necesidad, a menudo uno se pregunta de dónde viene el éxito, de donde provienen las ganas de triunfar en este mundo capitalista. El hambre, la falta de aire acondicionado, la televisión por cable, el viajar, pero el no, él quería una casa grande…con muchas ventanas para que su familia pudiera visitarlo, supiesen no solo que había triunfado sino, que jamás volvería a sentir ese hueco en el estómago, ese coraje, esa falta de poder hacer lo que él tuviese ganas. Y ahora era suya, y por fin, podría sentirse orgulloso de su hogar. Los primeros días no se atrevía a entrar, quería degustar las afueras…empezó por el patio, después por el jardín y así le siguió paso a paso, acomodando todo, dándole una manita de gato a la vieja casa, no buscaba quitarle su historia, solo darle un empujón hacia la luz y fue así como inició su aventura…corría por los pasillos, y los cuartos con sus techos altos y sus hermosos ventanales, y esa terraza, esa dichosa terraza donde podría hacer lo que más le gustaba hacer…leer y luego pintar en ese viejo tablón. Puso velas al filo de la terraza y adornó con juguetes de la cultura pop…esta libertad disfrazada de soledad le encantaba, degustar una película en el proyector antiguo, ver a Chaplin, a Brando, a De Niro, a Tintán y Cantiflas le fascinaba mientras fumaba y bebía vino…cristalino como solía verse la Luna allá arriba en el cielo claro y oscuro. Dormía en la terraza cuando corría aire y cuando no, solía abandonarse al calor para impregnarse de lo que había dejado y pensaba olvidar, era su nuevo capítulo en su historia, se ponía su sombrero sobre sus ojos, relajaba el cuerpo y se iba al palacio de la memoria, cuyo origen lo leyó en aquel escritor que le dio vida a Hannibal Lecter y le gustaba, y fue así, que lo fue creando poco a poco…un gran salón de la memoria donde los personajes que tocaron su vida estuviesen ahí, en una gran fiesta como el Valhala de los Vikingos. De pronto, en una de las noches mientras pintaba entre las velas y las botellas, sintió esa mirada lejana directa hacia él proveniente de la calle, y uno lo sabe, hay miradas que parten el aire como las flechas, y se quedó helado una porque ese miedo de años atrás apareció en él y otra porque no tenía idea de quien pudiese ser pero, siempre será mejor ver de frente que voltear la mirada y así fue que le vio por vez primera…una hermosa chica con un desgastado vestido rosado, pero en aquellos ojos apreció el fuego de un alma herida y destinada a causarle el mayor de los males…era como una estrella fugaz, como una luz melancólica en la oscuridad de la calle, sus cabellos castañas cubrían un poco sus ojos y los labios rojos mal pintados no le quitaban ninguna pizca de su bello rostro. No sabía que hacer salvo devolverle la mirada y mantener por unos minutos, sin embargo, ella le vencía, su mirada era penetrante y su postura era el de alguien que ha venido del infierno y no conoce el cielo. Por alguna extraña razón, sintió eso que sientes cuando entras al mar por primera vez, un miedo por hacer y un miedo aun mayor por no hacer…pero es lo que dicen, entre el hacer y el no hacer siempre será mejor el hacer…así que se acercó al filo de la terraza, dio un largo trago a la botella y dibujo una sonrisa en el aire con el pincel, a continuación le hizo una seña de que entrase, una invitación…La inmovilidad de ella, sus zapatos sucios, aunado a ese desgastado vestido le miraban como un fantasma en el romance de los días oscuros…los segundos siguientes fueron para él una tensión en los hombros y de repente, esos labios se abrieron esbozando una sonrisa mientras avanzaba a la mansión. La puerta resonó al abrirse, el ruido de la pesadez y de los años transitados…le soltó un hola, pero Ella no le contestó pareciera que conocía el lugar y al mismo, parecía que jamás había entrado en aquel recinto…él le indicó si tenía hambre, a lo que le contestaron mediante la misma mueca…fue a la cocina, hurgó en el refrigerador y comenzó por hacerle un emparedado y después se decidió por dos…por más que buscó algo que no fuese alcohol no lo encontró y sin pensársela mucho le llevo una cerveza le sirvió comida justo en el magnánimo comedor de 12 sillas, en aquella sala grandes candelabros colgaban y viejos cuadros que ni él conocía. Y fue sin saber que hacer a sentarse en su silla favorita que estaba del otro lado a lo largo del comedor…los dos comieron en silencio, él no sabía que decir y ella al parecer no le interesaba plantear alguna conversación y fue así como cenaron aquella noche, él poco y ella mucho…devoraba los platillos como una niña que no ha probado bocado en todo el día. Al final se sintió llena, y pidió otra cerveza, él se sorprendía de su belleza, de su ternura…de sus ojos desafiantes y extraviados…así sin más comenzaron a hablar, él más que ella, le comentó como fue que se enamoró de la casa que hoy habitaba…y le dio un pequeño recorrido que terminó en la terraza donde él pintaba. Has leído las cartas le dijo ella mientras admiraba lo que él pintaba, ¿cartas?, ¿a qué te refieres con cartas? Ah, le dijo ella…aun no las encuentras…la curiosidad en su tono de voz al hablar de esas cartas le hizo alzar un poco la voz… ¿de qué me estás hablando? Ven le dijo ella, ahora yo te enseñaré…y le rozó la mano con la suya y él se estremeció...le encantó la sensación. Así fue como ella caminó por los pasillos de aquella gran mansión y se sentó en el piano tocando una canción que él no tardó en reconocer y entonces lo adivinó…Aquella canción es la que siempre escuchaba cuando admiraba la casa…en la parte baja del piano se ocultaba un caja rojiza, con apenas un pequeño candado que para su sorpresa…de la pulsera que ella portaba, se extendía una diminuta llave con lo cual el candado fue abierto…un aroma intrigante a viejo y a romance, impregnaba el interior de la caja, dentro de esta, decenas de cartas en sobres color amarillo, él le preguntó como ella sabía de esas cartas y le contestó…no eres la única persona en el mundo con sueños. Ahora fue ella quien le invito a seguirlo…y fue ahí que antes de abrir las cartas…recorrieron la casa hasta el gran ventanal que daba al patio…un par de arcángeles dominaba la parte posterior de la casa y el adoquín decoraban las viejas plantas que se morían día a día…ven, le dijo…una brisa inusual les alborotó los cabellos. “Lo había olvidado, definitivamente…se me está yendo de las manos, como esas paletas que se empiezan a derretir en tu mano mientras te las comes a prisa para no perderla. Estoy hastiado, perdido, insufrible…hablar para mí y expresarme es algo que estoy olvidando y las palabras mantienen un espacio entre yo y mi boca, es decir, no parecen querer de salir de la mente para ir a la boca y hablarle al mundo. Soy yo y mis libros, yo y mi silencio, yo y la perdición de mi famosa palabrería para engatusar al mundo y venderle hasta lo impensable. Hace más de 6 meses que no escribo nada, que no puedo enviar una carta, un mensaje profundo o sencillamente escribir en lugar de hablar como ahora está de moda hacerlo. Básicamente me remito a un Hola o un Adiós, un hasta luego, una extraña conversación de como se hace tal o cual comida, del trabajo, de la tarea de los hijos, y del maldito clima. Maldigo, me contradigo y hasta me golpeo contra las paredes por no saber cómo iniciar de nuevo…cuanto tiempo desperdiciado, cuanta pasión reprimida, y cuantos caminos cerrados solo por ver el miedo que acontece dentro de mí. No sé cómo me hice un ermitaño y un ogro, soy un iluso y un pesimista…como ese individuo que no entiendes como terminó así y lo curioso, extraño es que me vale un reverendo cacahuate, me es indiferente, me da igual. ¿Dónde me he extraviado? Lo perdí, pero no es este el momento para ahondar en ello, más cuando me he hallado de nuevo la botella y el cigarro frente a frente, y la música que me hace cantar en la mente y enfocarme en el palacio de mi memoria una y otra vez. Para ser feliz, se necesita poco, para ser infeliz también, basta sentirse basura o sentirse insatisfecho. Lamento hablarte de nada importante o especial, de contarte alguna aventura o desgracia o algo bonito…la verdad es que desde que te fuiste, no soy el mismo, desde que te fuiste nada parece interesarme…creo en ti, en tu vida, en tus emociones que andas por ahí…de ciudad en ciudad….te quiero sabes, siempre me lo digo cuando me atoro y no sé qué decir. Espero verte pronto.”
A continuación Ella le contó a medida que leían juntos las cartas, a veces en voz baja, a veces en voz alta que el dueño de la casa había diseñado en una noche donde perdió la locura o más bien, encontró la cordura que bien podría ayudar a esos niños de la calle que admiraban la casa, criarlos, apoyarles, enseñarles a tocar el piano o a leer la poesía, crear artistas y porque no, verdaderos seres humanos que pudieran amar y obtener sus sueños más bizarros…pero la enfermedad y el desamor por aquella mujer le destruyeron la ilusión y las ganas de llevarlo a cabo, y así fue quedándose solo, haciéndose viejo y perdiéndose entre las ideas y las personas que le visitaban fueron dejando de venir a verlo…no había más fiesta, ni reuniones, ni esas charlas filosóficas…pero aun en la tragicomedia de su vida, fue elaborando ese gran jardín en el patio, esos grandes cuartos para pintar, leer, escribir y tocar el piano…la abundancia sería parte de la vida de ellos. Las cartas jamás las envió…a veces el amor no toca dos veces a tu puerta y se pierde…como los atardeceres cuando nadie los captura en una foto, como las estaciones del tiempo o esas palabras que se fueron quedando en su boca antes de decirla…y ¿Cómo es que tú sabes esa historia? Porque yo soy hija de ese amor que no fue ni será. Estupefacto, él escuchó la otra historia…la de ella, del amor inconcluso y sin embargo, una huella de su cariño permanece aún en este mundo… ¿le odias? Como odiar a alguien que siempre te quiso pero nunca pudo estar contigo, dijo ella, él pensó en aquellos que aman sin esperar nada a cambio, esos seres tan llenos de luz…tan llenos de oscuridad limpia porque jamás fueron queridos como otros, pero aún en el infierno, ella creía en el cielo. Fue ahí que él le abrazó tan fuerte que sintió sus latidos y dolor proveniente del alma…todos de alguna forma estamos conectados le dijo él y no es tu culpa, pero curiosamente…aún podríamos ofrecer esos sueños a los necesitados. Le invitó a quedarse…le ofreció una habitación con un gran halo de luz y con la mejor vista de la ciudad y él se fue a pintar…decir que no se sintió atraído hacia ella, sería mentirse a sí mismo, pero hay historias donde es mejor no escribir la primera oración…La madrugada le tomó por sorpresa…un aroma indescriptible le hizo abrir los ojos en aquella terraza atestada de pintura, botellas vacías y velas encendidas, y se encontró con aquel cuerpo desnudo caminando hacia él…pensó que estaba en un sueño, y sabía que no, pero era tan hermosa y tan herida con sus tatuajes y sus cicatrices que la adoro al instante…y chocaron, se rompieron en dos y se unieron como se unen el amor y la pasión, la desesperanza y la tristeza, la alegría y la risa…el infierno y el cielo…echaron chispas aquella noche, y no se detendrían nunca…y porque habrían de hacerlo, si la vida es corta y es mejor vivirla a soñarla…lo que tenían duraría un instante o una eternidad  y eso solo el tiempo lo sabría, te repito, entre el hacer y el no hacer, siempre será mejor el hacer.
Ella se marchó al amanecer y sin nota alguna, sin recado, número o lugar donde localizarla, para cuando él despertó solo quedaba los restos en su corazón pero también una misión…la cual pondría en marcha ese mismo día. Se cuenta que pasaron semanas hasta que Ella regresó…ya su vestimenta era diferente y su sonrisa tenía otro matiz, y aunque su rostro seguía siendo hermoso, llevaba un halo de brillo que haría que los ciegos viesen. Al acercarse a la casa…la música le hizo contener la respiración…la misma canción en el mismo piano…cuando entró decenas de adolescentes caminaban, leían, jugaban mientras otros estaban atentos al piano…en la entrada le detuvo una muchacha…Bienvenida, le dijo, ¿Qué es este lugar? Un orfanato dijo ella, y las lágrimas le vinieron a destruir el maquillaje…él escuchó la voz, pero lo que le hizo voltear fue aquel aroma…ese aroma que le devolvió el alma a su cuerpo…y fue así, que el Mundo de Morfeo tuvo su orfanato tan soñado por aquel viejo cuya casa, le hizo realidad los sueños a esos dos locos incurables”

martes, 16 de mayo de 2017

La Entrevista

“Noviembre rompió con la monotonía y la temperatura se fue yendo hacia abajo cual tobogán de alberca, se tuvieron que desempolvar las camisas de manga larga, los suéteres de profesor y las nuevas tendencias empezaron a sacar ropa a la venta promocionando el fin de año. Con el café en sus manos se había terminado la tarde, se había bebido otro atardecer que este pareció llevarse de calle viejos días donde nada parecía ser normal, bajo la estela del tiempo su historia cambio y ahora se yergue sobre si misma cual mujer madura, amante de la ilusión, soñadora de lo inviable y temerosa de lo que se lee en la mirada. Bebiéndose el atardecer en disfrute de su día libre habiendo llegado después de tantos días de trabajo, de viaje, de noches de insomnio, regreso a su tierra. Recordando sus días de estudiante avocada a desplazarse en el tiempo cual viajera en cuentos de Julio Verne o J.J. Benítez, apreciaba donde antes solo un baldío se presentaba como un paisaje o un terreno sin dueño. La ciudad aun no había llegado hasta ahí y ella junto con sus amigos se pasaban el día recargados en los autos arrojando piedras y degustando la comida que solo dan las historias de terror y fantasías, llenándose las mentes con dragones, demonios, fantasmas que trepan paredes y edificios abandonados comiéndose los dedos de los pies de aquellos que les desafiaban monstruosos seres mitad hombre-mitad animal, todo ello se había ido. La modernidad había llegado a esta parte de la ciudad, se alzaban dos edificios con luces, grandes ventanas y todas esas marcas de grandes cadenas departamentales, se había ido la ilusión de crear, ahí estaba ya todo dicho. Ellos sin saber quienes eran, habían decidido que hacer mientras otros como ella solo soñaban por los cuentos son eso. Cuentos, así que los dragones, demonios, seres que brincaban de azotea en azotea se guardarían al cerrarse la mente porque el espacio ya estaba tomado. Se sintió nostálgica, súbitamente cansada y con ganas de salir de ahí pero seguía esperando a alguien.  Le habían citado en el café para hablarle sobre un proyecto de trabajo, tenía 15 o 20 minutos esperando. Seria su 3er entrevistado en una semana, deseosa de sacar una historia que publicar o de saber algo mas para su idea, su vida en el mundo del periodismo solo tenia un par de años aquella vez llego con su gran cámara fotográfica y se le ocurrió tomar fotos de aquella entrega con el autor afamado que vino a la ciudad a recibir un reconocimiento, haciéndose pasar por la editora del periódico escolar sabiendo que su amiga sufría de problemas de salud. Una tontería fue en aquellos días pero esa entrevista subida al periódico por su amiga previa confesión le valió una oferta de trabajo a 3 horas de la ciudad y desde hace días estaba aquí, los viejos tiempos arma nostálgica de desamparados y de románticos animados por la sensación que el mundo y su pasado juvenil quizás emociones de locos le había atrapado. Revisó de nuevo su celular pero no tenia llamadas perdidas ni mensajes, tomo su grabadora, pidió la cuenta y estaba por irse, el mesero le sirvió un pedazo de pastel de zanahoria, ella lo rechazo pero el insistió esta pagado le dijo, por quien dijo ella; por mi contesto el, no se puede tomar café en este lugar sin el mejor pastel de zanahoria, al menos para mi. ¿Sirve la grabadora? Ella asintió, ¿puedo prenderla? No es mía, además no es un juguete, estaba esperando a alguien pero el solo sonrío, tomo la grabadora de su mano y le dijo: solo quiero escuchar mi voz en ella, hace años que no uso una. Ella se sintió incomoda, pero el le sonrío de nuevo, son tres minutos y podrás irte aquí nuestro mesero Martín te dará el pastel para llevar. ¿Un trato? Ella resignada probo un bocado de pastel mientras le ponía rec a la grabadora y la dejaba en medio de la mesa. Son tus minutos le dijo, empieza a correr. Se quito el saco, se arremango la camisa aclarándose la garganta y dijo: “La carretera estaba desolada, me habían dicho que era mejor esperar pero aun así proseguí en mi camino. El auto tenia potencia y era descapotable, corría un viento feroz pero algo me invitaba a continuar transitando por ella poseído por el orgullo y el desafío que implica siempre el manejar en solitario junto con nuestros pensamientos que emiten todo tipo de comentarios en aras de hilar una conversación con nosotros mismos se cernía sobre mi todas esas nombras por las ramas que se agigantaban y tenían esas garras afiladas como cuchillos que podrían partir la carretera y llevarnos directo al abismo de la tierra. Sentí un escalofrío tan profundo como la vista hacia ese infinito que daba este camino que apenas se vislumbraba acompañado por esas grandes estrellas que parecían monedas de plata en una joyería donde los niños se asombraban. Un frío desgarrador corría por encima de mi y se apoderaba de mi cuerpo observe luces a lo lejos y sentí temor. Aceleraba pero parecía venir directo hacia mi sin escapatoria salvo las ramas y la tierra por un lado de la carretera me prendí de mi cadena y solo entonces cerré los ojos y pensé en Dios, sentí lo brillante en mis ojos y pude abrirlos justo cuando la luz estaba encima de mi, no se si fue una estrella fugaz, un OVNI o una señal pero sentí que se venia el mundo encima y después una paz increíble que aun no he sentido de nuevo, y así se fue sobre el firmamento y jamás volvió a aparecer en esa noche. Desde ese día me he dedicado a estudiar el cielo, sus planetas, sus estrellas mitos y leyendas, realidades desde los grandes como Copérnico o Hawking” Le aplasto Stop a la grabadora y se la entrego mientras ella no cabía en su sorpresa de saber que el entrevistado justo acaba de entregarle una anécdota de su vida. Sin preguntas, sin inmiscuirse en su vida o sin llevar la platica hasta cualquier novedad sobre el tema, el entrevistado había dado una razón mas del porque su esencia como investigador y documentalista. Ella se sentía pequeña por haberle hablado tan despectivamente, ahora le extendió el pastel de zanahoria y le pidió una disculpa mientras le partía un pedazo con la cuchara. El mesero trajo café de nuevo y el le dijo: y bien de que quieres hablar? Pero ella seguía cohibida por el trato y el le dijo: anda, apuesto a que no tenemos todo el día tu editora es muy desesperada según se. Ella hizo una mueca y la encendió de nuevo, aclarándose la garganta llevando sus cabellos detrás de su oreja y el le dijo en un susurro: aquí no, tengo un mejor lugar. Martín empaco el pastel y el le agradeció con unas monedas para dejar el lugar y tomar el primer taxi que estaba parado ahí. El taxista parecía haber recién llegado a la ciudad, buscando las calles que le había dado en la guía de calles y fraccionamientos mientras les comentaba que este era un trabajo temporal y que apenas juntaba de nuevo dinero se iría a su ciudad natal ya que la ciudad estaba llena de gente y el ya no lo toleraba mas, extraña su hogar al fin encontró el rumbo y empezó a acelerar tal como se lo exigía el auto a cada momento. Los dos se volteaban a ver a cada momento sonriéndose de tan atrabancado viaje, pero ella se imaginaba que lugar podía ser ya que habiéndose ido de la ciudad había calles que aun no conocía, sin embargo, no se atrevió a preguntar. Los estudiosos suelen ser gente misteriosa, callada y nada amables o poco abiertos al trato de empatía, pero el parecía estar a gusto con la situación, el taxi arribo por una estrecha calle y se detuvo, pregunto que si estaba correcto ya que no encontró nada, pero el asintió de nuevo y le pago. Le tomo del brazo y le dijo: quizás no sea el mejor lugar para la gente pero para mí si lo es. Una oscura casa con un portón y totalmente abandonada se presentaba ante ellos, no tenia ventanas, ápices de luz ni siquiera vida existía ahí, podría tener décadas así. Abrió el portón removiendo el alambre manchado caminaron un poco entre la maleza en lo que alguna vez fue la cochera, el patio tenia aun mas área verde y un cuarto a medio construir, la poca luz la obtenían de la calle. El le extendió su mano: no lo tomes como una ofensa pero puedes caerte aquí. En un lado de la casa de tres pisos se asomaba una escalera que ascendía hasta el techo, subieron con mucho cuidado aunque el se veía confiado y ella pensativa, alcanzaron el techo y un jardín se extendía ante ellos, apenas algunas flores salían de tanta maleza pero parecía recién cortado, el le dijo que esperase, trajo dos bancos y del suelo levanto un telescopio de esos que se asemejaban a los que usaban los capitanes de barco pero mas sofisticado. Le dijo: esto servirá, y se lo entrego: levanta la vista hacia el lado este, ¿que ves? Una gran figura se extendía entre estrellas, así admiraban el cielo nuestros ancestros llenos de imaginación sin saber que era aquello o porque la Luna tan amarillenta nos veía de ahí las historias, se pasaron alrededor de una hora admirando el cielo cuando el celular interrumpió el mensaje decía: ¿Cómo te fue? ¿Sigue siendo tan hosco? Avísame si todo salio bien. Ella le dijo es mi jefa, el le señalo la grabadora diciéndole que ya le había entretenido bastante si gustamos hacemos la entrevista, ella pulso el botón de rec diciendo:
-          ¿Dónde estuviste estos casi 4 años, incluso se hablo de alguna enfermedad?
-          Debía regresar a mi lugar de origen, estaba siendo llevado por la corriente de la fama, las pasiones inadecuadas y vicios que se habían ido adhiriendo a mi persona, estaba peleado con el mundo y sencillamente, me oculte.
-          ¿Qué estas buscando en este momento de tu vida?
-          Ya no busco nada en particular, estoy con brazos abiertos cual niño en dulcería a expensas de lo que la madre tierra nos ofrezca, no pretendo publicar documentales ni libros, sencillamente me dejare guiar por lo que me guste ver o hacer.
-          ¿Qué existe en el cielo más allá de nuestra vista?
-          Si me lo preguntas como estudioso. Te diré que tenemos mucha tela donde cortar, desde mundos desconocidos pasando por colonias en la luna, fenómenos tan escasos como los eclipses, los OVNIS y la búsqueda de vida más allá de nuestro sistema solar. Hoy como amante de la vida y soñador empedernido, imagino que existe vida igual a la nuestra, ambientes diferentes emociones que solo proveen las estrellas fugaces y matices que solo da el firmamento para apreciar nuestra pequeñeces en esos lunares brillantes, es un teatro que quizás alguien mas allá de nuestra concepción realizó.
-          ¿Por qué aceptaste esta entrevista?
-          Uno para que sepan que no estoy enfermo ni en rehabilitación, dos porque cuando mi agente llamo parecía bastante interesado en las publicaciones que Uds. están realizando y la otra razón, bueno esa no podría contarla frente a una grabadora, esa se responderá como siempre en alguna columna de periódico o en una carta a mano hecha llegar vía correo.
-          Hablar de tu persona siempre resulta algo misteriosa o falta de información ya que siempre se habla solo de tu trabajo. Esta vez podríamos actuar diferente.
-          Ja. no siempre se gana pero es bueno cambiar de camino, aunque mi vida no debe ser objeto de entrevista, no somos artistas. Que tan interesante puede ser mi privacidad
-          No lo sabemos, ¿Qué recuerdas mas de tu niñez? Solo sabemos que viviste en la misma ciudad por 20 años. Ella no podía evitar sonreírle con desfachatez
-          Entretenido con juegos de azar, jamás fui bueno en ellos pero las rodillas llenas de lodo, días enteros jugando en la calle y días durmiendo a medias sufriendo por problemas de películas vampiresas que me hacían llorar.
-          ¿Por qué te fuiste de ahí?
-          Por lo que todo el mundo se va, llega un momento que aparece en un sueño, una ilusión partida o una creada, pero si no mal recuerdo. Un día que desperté después de haber estado en el techo de mi casa por horas con el telescopio que mi papa compro en un bazar de segunda mano. Empecé a sentir un hormigueo en mi cuerpo, una sensación de ansiedad como un león enjaulado, como el sediento que busca saciar su sed de una manera u otra, en 3 días organice mi viaje a casa de mi tío al país vecino entre amenazas de mi papa y la bendición de mi mama además de las caras impasibles de mis hermanos.
-          Y fue así como te convertiste en aventurero. ¿no será que aun sientes hormigueo? Tus lectores siempre suelen tener un estilo marcado, como una secta que se mueve alrededor de ciertos patrones. ¿hablas con ellos?
-          Claro, uno siempre termina encontrándose con gente afín a su persona, además los estudiosos del cielo son como Nerds disfrazados de personajes de caricaturas o ciencia ficción detrás de esta ropa casual existe un tonto aun dibujando personajes que vienen desde otro planeta
-          Ja. si lo pareces, dejaste de salir en revistas y de ser visto. ¿Cómo hiciste para dejar atrás aquellas noches?
-          No fue fácil, es un vicio arraigado contra el que hay días sigue apareciendo, sin embargo, es mas sencillo cuando tu sueño se ve libre de obstáculos y empiezas a generar una energía alrededor de el. Trato de entretenerme leyendo todo tipo de cosas cual hombre encarcelado y así paso día tras día. Pero recién he encontrado quien pueda acompañarme al cine o a un paseo en globo, de eso no puedo decirte mucho
-          Seria una primicia. ¿cuéntanos, al final es tu primera entrevista no?
-          Mmm... No lo se, quizás eso provoque que la entrevistadora se convierta en la entrevistada.

Sus ojos se posaron en ella, admirando su rostro como se admira las estrellas, abstraído ella capto su juego. La entrevista continuó durante 35 minutos y la noche continuaba mostrándose libre de humo, libre de ruidos y de sonidos que dan escalofrío, solo se escuchaba la voz del entrevistado y la entrevistadora así como el sonido del casete que corría hasta terminarse y escuchar el clic que dice fin. En un abrir y cerrar de ojos se escucho el sonido de un auto pasando por la calle desolada y empedrada, después otro auto paso y también se detuvo. Se escucho el portón abrirse, ella se preocupo pero el la tranquilizo, no pasa nada le dijo. Este día de la semana nos reunimos los amigos en la azotea, todas las semanas a la misma hora. Lamento no habértelo dicho antes, ¿Por qué no te quedas? pero ella le dijo que no podía, se levanto y fue a la escalera, topándose de lleno con uno de sus amigos que subía con una botella y su copa, la copa se derramo sobre su estomago manchando el suéter. Avergonzada se llevo las manos al rostro y sin saber que hacer le pidió disculpas queriendo limpiar su suéter con su bufanda pero el le dijo que no se preocupara, era el suéter mas viejo que tenia y además el color ya no se usaba, los amigos que subieron se rieron toda el camino hacia la azotea, al final le convencieron que se quedara en aras de pagar la copa derramada. Se reunieron alrededor del jardín en una mesa redonda improvisada sentados en el jardín con un par de botellas de vino tinto y blanco que iban y venían de un lado a otro como si fueran nuestros ancestros compartiendo aquel animal cazado en la selva, ese rito de los seres humanos y la sociedad permanece intacto a pesar de las religiones, culturas y hábitos. La platica sobre cine y filosofías dantescas sobre el futuro de nuestro planeta y el universo, con sus notas inconclusas de vida mas allá y sus estrellas tomaba tintes de juicio con abogados llenos de papeles en sus trajes usados por enésima vez, sin embargo, siempre terminando con la teoría locuaz que llegaba en un ejemplo de superhéroes de cómics que desahogaba en carcajadas. El filosofo diseminaba por todo el jardín sus gotas de platonismo llevado al limite dialogando sobre la utopia de una republica, de las creencias de tiempos ancestrales donde al fin los griegos habían creado mitos y representado imágenes con las estrellas y cuando todos le miraban el vertía un trago de vino sobre su boca sonriente diciendo viva la republica mientras que La pintora argumentaba que todo se reflejaba en el arte desde que el hombre encontró en su alma la forma de expresar sus ideas, pinturas rupestres pasando por historias creadas en pinturas ocultas en Egipto, entre pirámides habían dejado un legado y el estudio de los hombre viendo hacia ese ojo de Ra que les observaba desde el cielo, todo tenia sentido y el camino continuaba. El Político les pidió silencio a todos para disertar sobre la historia de los romanos, su inicio en la republica para después haciendo a un lado se había convertido en un imperio y su Cesar había cambiado los nombre de los griegos acabando con los mitos, adorador del sol, paganos hasta que la cristiandad acabo con ello, incluso las estrellas llegaron a pertenecerles decía por mandato divino según el Cesar, que ironía, el humano creyéndose Dios sin saber que los planetas no llegaron ahí sin una razón, solamente alguien omnipotente pudiera haberlo hecho. Cada ser humano tiene su punto de vista, sus creencias, sus sueños y miedos degustando el mundo para hacer llenar el alma de aquello que nos interesa más. La noche se fue y ella se sintió muy a gusto con todos agradeciéndoles el gesto de haberle invitado a tan reducido grupo pero el filosofo sonrió, te esperábamos dijo, hace tiempo que alguien comenta mes tras mes sobre lo que escribiste en tu columna y ya estábamos cansados de imaginarte así que bueno, me gusto conocerte finalmente y saber de ti, se que la próxima vez conoceremos mas de ti no has hablado mucho, ella se sonrió en demasía pues nunca se había sentido tan interesante como otras tantas amigas suyas que vivían en fiestas o eventos de gente dispuesta a todo, ella siempre fue mas reservada, sin embargo, sus ojos se encontraron con los de ella y se quedo paralizada al verse atravesadas por esos ojos. Se despidieron todos en la acera y tuvo que prometer a todos regresar la próxima vez y poder subirse al taxi cuyo conductor un par de veces había volteado a verlos con aire de que a hora se suben. A la puerta de su departamento en los condominios del centro de la ciudad el taxi se detuvo y ella descendió, mientras el daba la vuelta al auto diciéndole al taxi que esperase al menos un par de minutos. Se le acerco mientras ella abría la puerta, le acaricio la mejilla con su mano besándola sin buscar sus labios, diciéndole: se que tienes un articulo por hacer y que tu ética te dirá que debas escribir, sin embargo, creo que la entrevista no quedo muy bien. Es mejor que la repitamos, otra tarde en otro lugar, pero no le digas a nadie le dijo poniéndose el dedo en sus labios recuerda que soy un engreído según la gente y sonriente se fue. Ella subió a su departamento, prendiendo su computadora personal. Dejo la grabadora correr mientras se quitaba los zapatos y escucho de nuevo la voz, que debía hacer, dudo un instante debido a esta noche que había pasado y el hecho de sentir una empatía que había desconocido por alguien en mucho tiempo. Pero las entrevistas deben suceder o al final el trabajo te lo cobraría, así que se quito su ropa, puso su atuendo para dormir, pulso de nuevo el botón de play y empezó a redactar la hoja en blanco. El articulo salio en la semana siguiente, justo con la llegada de diciembre y la bienvenida a todas esas canciones que hacen sonar las luces que se ponen en las casas, monitos de nieve, santa clos que se mecían en la azotea, duendes en sus diminutos trajes y los renos que iban en el trineo de santa. Por ahí los niños sabían todos sus nombres mientras que los adultos todos parecían igual pues el costo era el mismo. Así lo tomo el articulo cuando su agente le hablo al teléfono para comunicarle que el articulo había llegado a su oficina mientras el compraba unos de esos diminutos árboles llamados bonsái para arreglarlo cual pino navideño, iba en contra al menos un poco de lo habitual, era un gran articulo lo no creerás. Estaba llegando a la azotea con la revista en la mano mientras que en la otra llevaba una botella de vino y una pulsera color rojo en su bolsa de regalo, no había leído nada hasta que se sentara en su silla habitual, tenia un nerviosismo por leerse de nuevo en un articulo pero igual abrió la revista, el articulo tenia por titulo: “Noche de Reencuentro: Las Estrellas desde la Azotea”. La entrevista comenzaba así: “El café se ha terminado, estoy por marcharme mi entrevistado no ha ido después de todo las historias parecen ser ciertas. La decepción se apodera de mi garganta seca, sin embargo, la noche apenas comienza. En un instante me encuentro en la azotea mas oculta de la ciudad, en el jardín que jamás pensé existía y con el telescopio más antiguo que he usado y estoy acompañada por el investigador del cielo que nadie ha entrevistado en casi 4 años, ¿adivinen quien comparte la noche con nosotros? Si, exacto. El esta aquí y esta por contarnos la historia jamás escuchada, la anécdota de cómo inicio su estudio del cielo. ¿Están listos? Leamos entonces. El leyó todo sorprendiéndose una vez de cómo ella hacia los artículos y entrevistas entretenidas, desglosando la conversación que tuvieron y sus notas y emociones, estaba sonriente su regreso le había llenado de optimismo y de ilusión nuevamente, era bueno ver de nuevo el cielo y mas aun la gente que estaba a su alrededor. Tomó el telescopio, se asomo por el lente buscando una de sus estrellas cuando una mano toco su hombro y le beso la mejilla. ¿Es ese mi artículo? El le dijo: pensé que era de ambos. Se dice que al pasar por la calle empedrada se escuchan argumentos tan convincentes y carcajadas tan extensas que parece ser una cascada de la sociedad que baña la ciudad. Y ahora tienen un nuevo integrante, una periodista con una pulsera roja que acompaña todas las noches a ver las estrellas desde la azotea.”