jueves, 22 de noviembre de 2012

El Ídolo




“El Silencio camina por el lugar, deambula con sus pasos insonoros a través de sus sillas, pasillos y pantallas apagadas, solo el sabe que esta aquí, puesto que regularmente llega tarde y se va sin despedirse, aparece y desaparece, un eterno en el mundo, quizás en el universo. El Monstruo de miles de voces ha callado, sus gritos y alaridos se escucharan el año que se viene, pasaran horas, días, y semanas, donde permanecerá cerrado. Sus visitantes, sus colores y mantas quedaran esperando por un año mas, en el cual, quizás sea donde se reine de nuevo, su estructura yace vacía y sus luces apagadas asemejándose a una pirámide perdida, y en ese lugar vacía bañado por el silencio, quien lo rompe todo es trac-trac-trac que hacen los tacos de futbol en el cemento, esa música que siempre adoramos al saber que te acercas al campo verde rectangular, solo que esta vez, nadie esta para adorarte, no existen las porras, ni se escucha tu nombre o los aplausos al unisonó, incluso nadie profiere insultos a tu persona, el 10 camina rumbo al campo en paso semilento, bien parece que es arrastrado hacia el pasto verde como aquellos niños que no quieren regresar donde han sido maltratos o han sufrido de algún problema, con efímero sonreír, su rostro adusto le acompaña, ahí solo esta el, sin fama, sin comerciales, sin evidencia de sus pasos nada que alimente su ego tampoco sin tener que patear el balón realizando un cambio de juego menos aun que los defensores en la barrera le griten mientras se adelantan y el haga que el estadio contenga la respiración hasta que el disparo sale de su pie. Esta noche no existe nada de eso, todo esta al revés. Así es la vida, hermosa y cambiante. El 10 camina con el balón en sus manos, hoy no lo patea, lo mantiene abrazado así a la cintura, como se hace con el amor, igual que se hace con un hijo, como se abraza a la mamá o igual que cuando un amigo requiere tu apoyo. Hoy solo es acompañado por la Luna que viste de amarillo y no sonríe ni una pizca, dejo el celular en el vestidor y no dijo adonde iba, todos han abandonado el recinto pero el permanece, recorre el campo marcando sus huellas, si alguien estuviese viendo, pagaría por saber sus pensamientos, sus sensaciones, sus emociones, pero no siempre se debe preguntar lo que no estas dispuesto a escuchar, probablemente te des cuenta cuan humano es, de sus debilidades, temores, sonrisas, alegrías, el recuerdo de una comida o un juego en particular. Hoy hace 4 horas el último juego terminó, su camino sobre este campo de mil batallas parece haber visto su andar por ultima vez y su afición, ellos que siempre le acompañaron sus últimos pases lanzar, sus pases filtrados, sus festejos, los títulos, los entrenamientos arduos y las concentraciones de todo un fin de semana solo para durante 90 minutos ser lo que Dios le permitió, jugador. Lo dejo todo, se dice justificándose que hoy el dolor en sus piernas no lo soporte, dio todo por el equipo asumiendo la responsabilidad de ser el capitán, trajo su corazón y se lo entrego a este equipo, que algún día tendrá un nuevo ídolo, porque el sabe que las instituciones y su código siempre permanece a pesar de quien se va y quien llega. Pero también sabe que una vez que pones tu corazón y todo el empeño en tu equipo, funciona. Sus colores yerguen por tus venas y siempre velará porque la institución, sus valores y el orgullo prevalezca, eso hacen los ídolos. Con las calcetas abajo, el jersey desfajado y su número 10 atrás. Le rinde tributo a su escudo, mil batallas, cientos de adversarios, periodistas a favor y periodistas en contra, aficionados repartidos entre admiración y odio, décadas dedicadas y cientos de gritos cuando ese balón rebaso la línea de gol, convirtiendo el estadio en un monstruo de mil cabezas gritando GOL, ese término que con solo tres letras representa el éxtasis del deporte mas hermoso del mundo, el 10 recuerda tantas cosas que podría quedarse por horas, llenaría páginas si fuese escritor, pero el solo escribe ahí en todo ese rectángulo verde con sus pies pinto cual Picasso su obra, pero ya es tiempo, nada es para siempre y todo llega a su fin tarde o temprano. De los ídolos, siempre nos queda su recuerdo, su voluntad y su valentía, y sobre todo sus goles, porque en el mundo del Futbol como en la vida todo es cambiante, lo único que permanece es el alma. El 10 se hinca frente a la portería que vio tantos goles y tantos triunfos, que asumió las derrotas para después saborear las victorias, que también toco el balón con sus postes regresando paredes o evitando que el contrario anotará, hoy es testigo del beso del 10 al pasto verde y su reverencia ante aquello que le ha dado la vida misma…al día siguiente, de esa noche en silencio, solo quedo en la esquina de la portería su jersey colgado y entonces la historia del ídolo cambió de página y lugar.”

lunes, 5 de noviembre de 2012

La Juguetería


“Una estrella fugaz recorría el universo, tan cercano como solo nos toca verlo, sin tener que recorrer el espacio, eso es para los astronautas. Ahí mientras el Astro se desplazaba por el firmamento que a la Tierra toca, su estela dejaba recuerdos de su paso, bajo ella, el juguetero tendido boca arriba con la mirada hacia el cielo se ilusionaba y reemplaza la melancolía con ese instante donde el destino puede robarte una sonrisa, el techo de su juguetería se convertía en su espacio único y delimitado para apreciar el cielo, de vez en vez subía por el árbol que conectaba su casa con la siguiente, cada vez le costaba mas subir pero siempre parecía lo necesario en noches como la de hoy, donde en un arrebato de melancolía que le corrompía el cuerpo, su tristeza se asomaba cual lobo en días de cacería llevando su animo al limbo de los sentimientos o mejor dicho, de esas emociones que surgen del fondo de nuestro interior de vez en vez, para recordarnos cuan frágiles somos. ¿Cómo fue que la melancolía irrumpió en su vida? ¿De donde provino? ¿Por qué va y viene cual corriente de río, cual vaivén de autos en un puente?. Se pregunta con sus manos entrelazadas detrás de su cabeza. Ojos llorosos nublan la vista al Juguetero que cual Pagliacci se siente en el techo de su  juguetería mientras debajo de este, se llena de risas y sonrisas de cientos de niños que recorren sus pasillos en búsqueda del juguete ideal, aquel objeto de culto que habrá de sostener el animo del chiquillo o de la niña que le ha elegido, porque de acuerdo al pensamiento del juguetero hoy con sentir insaboro y desangelado, el juguete elige al niño o la niña, le llama, le retroalimenta su sonrisa tal como lo hace un amigo. Recordó ese cosquilleo en sus manos al abrir la juguetería unos años atrás, con la maleta cargada de sueños y un pasado atiborrado de ilusiones, adecuó de inmediato aquel lugar justo frente al parque, otorgaría luz en aquella ciudad oscura cuyas lluvias buena parte del otoño adornan, en esos edificios grises pintaría de color la vieja casa convertida en juguetería. El sueño de Dios, la realidad se vendería en sonrisas y carcajadas. Una noche se refugió de la lluvia en el árbol contiguo a la vieja casa, y empezó a treparlo sin querer hasta que descubrió como este con sus ramas se colindaba al techo y pudo subir sin dificultad alguna, encontró el lugar ideal para ocultarse de sus demonios y relajarse cuando la razón o el corazón se bloquearán alejándolo de su propi ser. El negocio prosperó de inmediato, sin mucha publicidad salvo sus creaciones, muñecos de teatro guiñol, trenes, muñecas sonrientes, modelos artesanales y sobre todo, esos martes convertidos en lecturas repletas de reyes y reinas, de dragones y caballeros, de astronautas y mundos espaciales, con gran oratoria sabía darle matiz a cualquier cuento que ahí se leía, una biblioteca de historias en un complejo de juguetes. Incluso grandes personajes citadinos se daban cita con sus hijos para elegir en medio de coloridos globos y esperanzados ojos en una tierra gris, incluso tenía un apartado para artes plásticas donde se enseñaba a los niños a realizar máscaras y manualidades Todo era un estado de perfección que perduro por años, y así, el negocio prospero. La lágrima continúa el camino del juguetero por sus mejillas oscurecidas por la noche y fría debido al clima, sus brazos entumecidos no le permiten sino continuar su admiración del cielo confundido entre la melancolía y la estrella fugaz que había de decirle en su alma entristecida que aún en la noche mas triste se puede sonreír, que aun en los días mas largos, un momento puede llevárselo todo en un segundo. ¿Por qué caía en esa melancolía con mayor frecuencia? ¿Estaba perdiendo el toque? Si bien es cierto, las ventas habían bajado y los cuentos de martes fueron pospuestos por falta de personal, y si, parecía que a la ciudad se le había olvidado que su mayor tesoro son sus niños y sus ojos agrandados por la felicidad que causa un juguete y su imaginación, o él olvido como expandirse a otros horizontes o ellos habían hallado una mejor manera de divertirse. Escucha la bocina del recreo anunciar que se cerrará en unos minutos, baja a cuenta gotas por el árbol, cada día batalla un poco mas, limpiándose los ojos y buscando en su ser la sonrisa para enfrentar a quien este en el lugar. Se adentra entre los pasillos hasta llegar a su taller-escritorio en la parte lateral de la misma, la recepcionista le dice que cerrará y el le da las gracias, en la soledad de su trabajo, busca el café oscuro como la noche, hace sonar la música que sale de las entrañas del lugar, solo cuando se encuentra el a solas se permite música diferente a su niñez, se recarga en su silla color café ya maltratada por los años cierra sus ojos intentando encontrar cierta creatividad para continuar su travesía que impulse un nuevo modelo, dentro de su mente un sonido lo martillea interrumpiendo el sonido de la música y su camino al subconsciente, ¿a esta hora? Se calza de nuevo los zapatos y camina rumbo a la puerta, sin preocuparse por la alarma, sino por el toque de la puerta que parece reconocer, y estupefacto se queda ahí suspendido en el tiempo antes de finalmente abrir abruptamente, ¿Eres tú? A lo que ella contesto, ¿no me invitas a pasar? Claro que si, discúlpame y así, en un instante, todo el pasado, todo el presente, todo el mañana se trastabillo por esa delicada sonrisa que brillaba aún en la tenue luz que los alumbraba. En sus brazos, una niña de 6 años dormía profundamente, a lo que ella le contesto a su mirada, es mi sobrina. El juguetero tomó a la niña hasta uno de los colchones inflables atiborrados de muñecas y figuras de acción, ahí la recostó y le tapo con una cobija que trajo de arriba. Sirvió dos cafés cargados en silencio, bajo el sonido a la música y llevo dos pequeñas sillas frente al colchón donde la niña dormitaba y se la ofreció. Sentados frente a frente en diminutas sillas y con una mesa que los separaba, con cientos de muñecas y monos de ojos grandes alrededor, ellos se contemplaban. Una sonrisa nerviosa les salía a ambos mientras escuchaban los ligeros ronquidos provenientes de la chiquilla y deseosos de iniciar conversación, trastabillaron a la hora de iniciar pero finalmente ella lo hizo:
-          Tantos años y aún sonríes como un niño extraviado, apuesto a que aún resuelves crucigramas y ves televisión solo los lunes.
-          Uno nunca deja aquello que lo hace feliz, porque si no, se convierte en sombra de lo que fue. ¿Qué hay de ti? Me preocupé al verte, me sorprendí, aún no se que decirte, pero mi imaginación vuela sobre las lunas del universo.
-          Mi vida no resultó como pensé. Me alejé de mis sueños y me encontré con mis pesadillas.
-          Ninguna vida es lo que deseamos porque influye nuestro entorno y nuestro corazón cambia de parecer. Lo que importa es lo que sentimos, lo que somos.
-          Si, verdad. Realmente siempre tuviste palabras de aliento para mí, volví hace dos años, solo que no quería enfrentarme a tus ojos, saber que cuando me fui, llevaba la maleta llena y hoy viene vacía.
-          Nos hacemos mas sabios con el tiempo, aprendemos de ciertos errores y todo es un marco de experiencia en nuestro existir. Lo que mas recuerdo de ti, no es tu partida o el que te hayas ido sin decir mucho, lo que recuerdo de ti es tu andar por la juguetería, el sonido de tu sonrisa que retumbaba en el lugar, y si el tiempo nos hace mas sabios, pero eso no me ha impedido sonreír aun en días tristes.
-          Suenas diferente, parece que en ti el tiempo y los años han pesado, aun no se que hago aquí, pero se que debo estar aquí, ¿aun subes al techo?
-          Jajá. Claro que sueno diferente, han pasado 5 años, ¿Qué esperabas? Que te sonriera, abrazará, comiera de tus labios y te dijera cuanto te he extrañado. Tienes razón el tiempo, me ha hecho más renuente, pero no más tonto. Ven, acompáñame
-          ¿Adonde? No puedo dejar a mi sobrina aquí.
-          No la dejaremos sola, tiene todo lo que los niños sueñan. Una cama para dormir, muñecas para jugar y sobre todo, donde correr sin que nadie le diga detente.
-          Tus ojos comienzan a brillar.
-          Es por que he recordado aquello que siempre me hizo sonreír. Y cobraré mis deudas.
El juguetero, la guió a través de una escalera de caracol oculta tras la puerta de un aparente armario, el silencio de sus pasos era lo único que se escuchaba al subir, llegaron a la azotea por una puerta que ella jamás había visto, el le explico que cuando le dolía mucho los huesos la utilizaba en lugar del árbol. La escalera los llevó al techo, y ahí, con el silencio de la noche en la ciudad arrebatada de colores por el gris insensible, el juguetero le dijo como había funcionado el mundo durante su ausencia, donde se habían ido los colores y el porque del silencio de esta ciudad, los niños habían olvidado como ser felices o mejor dicho, los juguetes habían cambiado, sin embargo, le contó, siempre existe una esperanza para aquellos cuyos corazones sonríen aun en la oscuridad y la sonrisa debe ser siempre moda al igual que la carcajada música para nuestro interior. ¿Me ayudas? Le dijo mientras arrastraba una caja hacia el medio del techo. La Luna amarilla como el queso con su conejo expectante era su auditorio, no había más melancolía, solo un par de ojos que se cruzaban con los otros. De pronto, se escucho unos pasos y la niña dijo: ¿también puedo ayudar? El juguetero le contesto: no podríamos empezar sin ti. Arrojo fuegos artificiales al cielo, mientras por el altavoz le hablaba a los niños de la ciudad, había fiesta en la juguetería, todos estaban invitados…a lo lejos el cielo iluminado por el destello que proferían los colores repercutía en esos corazones callados, los niños comenzaron a llegar con sus padres, con los ojos saltados por los fuegos artificiales, ella y su sobrina inflaban globos y arrojaban serpentinas, una vez que la multitud creció, se abrieron de nuevo las puertas del lugar, se repartieron botes de pintura y los invito a que hijos y padres pintaran juntos la casa como ellos quisieran, muchos niños subieron por el árbol al techo y desde ahí cantaban con el altavoz, en ese instante en que unidos sonrientes rompían con los paradigmas de la oscuridad, bañados por esa magia que irrumpió la juguetería, las muñecas abrieron los ojos, los monos de peluche comenzaron a cantar y los robots a prenderse, nadie lo creía si no fuera por sus ojos que lo veían, habían cobrado vida o siempre la tuvieron. Con los ojos brillosos, las sonrisas y carcajadas de los niños ilusionados, emocionados repercutían en el ánimo de sus padres que recordaron que aun al crecer podemos siempre sonreír y de vez en vez retomar los hábitos que nos hacen felices, aun cuando el trabajo, las presiones y el mundo nos agobie. El Juguetero aprendió de ella, de su sonrisa, de su visión de la vida, tomo su mano y le acompaño por los confines del mundo interior y exterior. Caminaron juntos alimentándose de carcajadas, de ilusiones, de realidades compartidas, el lugar creció y el negocio volvió a prosperar, solo que no era el dinero sino la felicidad de hacer aquello que te hace sonreír. Todas las noches de jueves se recuestan sobre el techo adornado de luces de colores y de murales en el suelo, degustando el amor cual si fueran chocolates mientras en el cielo, de vez en vez fugaces estrellas recorren el firmamento mientras la Luna les sonríe.”


miércoles, 3 de octubre de 2012

La Conferencia


“Los designios de la vida son trepidantes, aventureros y muchas veces incomprensibles. Le apostamos todo al destino, a la suerte, incluso a la Luna y su brillantez durante noches insufribles. Mas para quien todas las noches reza, y sacude el mundo con su rezo en búsqueda de su misión en la vida, el don de la enseñanza, pero antes de ello es, el don de saber vivir dejando de lado nuestros temores o mejor, viviendo a pesar de ello. El viaje ha sido terrible, el avión se ha sacudido cual espantapájaros cada vez que atraviesa un relámpago se parte en dos, cada vez que sube o baja presa de la presión, sufre, pero por fin ha llegado. Una conferencia dentro de una hora para después escuchar quejas, peticiones, felicitaciones, todo lo paga el que alguien aprenda y avance en el mundo. Y suspira profundo, sonríe de mala gana y se dice: es una conferencia mas, mientras su corazón le traiciona diciendo que se ha estancado, hay momentos en la vida en los cuales no podemos mentirle al corazón, nos lee la mirada, siente nuestro desgano o entiende que se requiere escapar. Pero una ultima conferencia, o dos, o quizás esperar una mejor propuesta. La salsa apagó sus luces, el proyector se encendió y todo fue conectándose cable por cable, archivo por archivo hasta que se estuvo listo y apareció la maestra de ceremonia. Con admiración leía al público sus credenciales las cuales más de uno sabían. Libros, cursos, talleres, estudios en universidades de primer nivel, no se requería realzarlo todo pero había que decir las cosas como son y finalmente, la presentación y el inicio. Un silencio recorrió la sala, el sonido de los tacones era el único sonido cuando en la pantalla apareció el grito. La obra expresionista de finales del siglo XIX, nos contempla con un sonido estruendoso que repercute a todo un mundo, dijo la conferencista, particularmente es un miedo desenfrenado, un aumento a una ansiedad de lo que se viene, aquí Munch nos habla de sus sentimientos cuando pintó esta obra: "Estaba allí, temblando de miedo. Y sentí un grito fuerte e infinito perforando la naturaleza". Les hablaré un poco de lo que sentí. Justo al caer presa de una depresión que confundía mi corazón entre las decisiones por tomar y las consecuencias a las cuales estas me llevarían, no pude sino sentir compasión del Pintor y más bien comprensión a su obra. Enfoquémonos en su dolor, tratando que su cabeza no explote y delimitando su furia hacia ese grito que rompe la pintura y de la cual solo un par de testigos mudos la aprecian, la conferencista analizaba absorta en su materia. Expresemos lo que sentimos con nosotros mismos, con los demás, si nuestro corazón llora no debemos ahogar nuestra voz sino desahogar aunque ello nos haga vulnerables ante el mundo. Todos asentían. A continuación con sus lentes mordidos por sus dientes…se visualizaban otras obras hasta llegar a la siguiente…El Pensador de Rudin, ¿Qué nos dice su obra? Hemos visto en televisión, animaciones y de seguro en algún libro referencias a la obra. Significa la luz del primer pensamiento, simboliza el acto más trascendental al hombre que piensa por la humanidad, un acto que eleva al hombre por encima de su condición animal. Interesado por captar los va y vienes de luz y sombra, lucha por que se aprecie con la luz para obtener la profundidad de la escultura, logrando que el espectador se mete en la obra ya que debe verse de varios ángulos para apreciarse en su totalidad. En alguna butaca al fondo, un infiltrado ve a la conferencista sonriente y embelesado por su caminar, por esos ojos detrás de esos lentes que lo han atrapado al instante, escucha su voz atento como el oído del niño al escuchar a su mama gritar y ella sigue disertando sobre la escultura continúa: me gusta El Pensador…es un invitación a desarrollar nuestra inteligencia, a refugiarnos en nuestro interior y escuchar nuestro pensar para luego implementar el actuar, esta tenso pero bien asentado en su postura…erigiéndose sobre su propio yo sin perder el equilibrio ¿Cuántas veces no escuchamos nuestro interior? O ¿dejamos una idea en el cajón? Pensar para luego actuar y realizar…el espectador descifraba cada uno de sus movimientos plasmando en el corazón cada imagen de ella, el sonido de su voz, el movimiento de las manos al dirigirse a su público, era tan parecido a un agente del FBI recolectando pistas sobre la conferencista que ahora iba por su última representación en la Imagen que ilumino la pantalla…una pintura de Jan Van Eyck, Arnolfini y su esposa, nos presenta a la pareja en el momento de contraer matrimonio. Pintado al óleo, es una pintura controvertida por la cantidad de elementos simbólicos que incluye y su difícil interpretación, un contraste entre la pareja por un lado el vestido verde alude a la fertilidad mientras el rojo de la cama a la pasión, en medio de ellos un perro que es una alusión a la fidelidad…la conferencista apunto sobre el rostro de ambos personajes diciendo: mientras la luz se refleja totalmente en su rostro, en el del mercader se atenúa. Encima de ellos se encuentra una lámpara con una sola vela encendida es una clara referencia a Jesucristo y representa al mismo tiempo la llama del amor que puede consumirse…todos sumidos en el silencio asimilando la pintura mientras que ella volvía a su disertación buscando culminar…de fondo se encuentra el espejo donde se muestra la perspectiva inversa pudiéndose apreciar más un enlace matrimonial con el par de testigos al fondo. Un amor sencillo, cautivador, representando en una pintura sin requerir de beso, caricias o algún toque erótico. Ella se tomaba su tiempo mientras suspiraba sobre la pintura, debemos ver a los ojos a quien queremos, comprometernos en su vida y en la nuestra, vivir tomados de la mano desafiando el futuro juntos…me encanta esta pintura ya que emula aquel deseo de compartir la vida aunque no sepamos que será de ella, podemos averiguar con quien queremos saberlo o mejor, vivirlo. Abrazar el sentimiento que nos roba el alma y nos parte el corazón…de llevar nuestras mascaras por todas las personas salvo con quien uno se compromete y realiza. Continuaron las preguntas y respuestas acompañado de los aplausos, de preguntas sobre el arte y su historia, de aquellos ensayos, pero ella ya no escuchaba solo asentía y absorta en aquel hombre de pie que le veía sonriente y displicente se decía, no es el. Pero su corazón latía cada vez más fuerte. El hombre tomo el micrófono y dijo: solo me queda felicitarle por su gran disertación, su conocimiento del tema aunado a la pasión y entrega por su trabajo y preguntarle si aún de vez en cuando en noches como la de hoy, con una luna amarillenta va a ese lobby donde unos músicos deambulan por la historia de la música. Ella sin habla solo alcanzo a decir: Siempre que regreso a esta ciudad terminó por encontrarme en donde la mejor música suena. La Maestra de Ceremonias entregó entre aplausos el Reconocimiento por la disertación y un niño recorrió el templete hasta llegar a ella entregándole un ramo de girasoles, le agradeció y el niño corrió de nuevo a la salida mientras los espectadores salían del lugar, ella siguió su andar esperando encontrar al autor de dicho atrevimiento pero ahí no había nadie, y se quedó expectante pero con una sonrisa perniciosa. La noche inundaba la ciudad bañándola sus calles con su oscuridad y adornando con el cielo estrellado sus lugares, un suave viento reptaba entre la vestimenta de los caminantes como un niño jugando en el patio de su casa, por el centro de la ciudad el sonido de tacones avanzando es un melódico tintineo que repercute en decenas de miradas y extraños que voltean de reojo quitándose el sombrero en reverencia, pero ella se mantiene al margen. Su vestido gris plata adornado con ese collar negro brillante y sus ojos negros como la noche eterna alumbraban la calle, con un girasol en la mano que lleva su bolsa, da vuelta a la izquierda y entra al elevador del hotel rojizo pulsando el botón del último piso. Uno de los lugares enigmáticos de la ciudad, se eleva por encima con 30 pisos, ahí reuniones de gobernadores, encuentros artísticos, anécdotas de fantasmas y vivencias se han suscitado, es ideal para quien ha venido por primera vez. El elevador se detuvo y la conferencista salió rumbo al lobby, un refinado hombre le dio la bienvenida y le dijo por aquí ya le esperan, grandes bambús y plantas se alzaban alrededor del lobby-terraza, mesas antiguas con un toque moderno y sofisticado adornado de candelabros y lámparas de la época medieval convertían en lugar en un rito urbano, una nave del tiempo, al fondo la banda tocaba una melodiosa tonada que embelesaba a todos los asistentes. Ella saludo a quien le sonreía y reverenciaba, ahí en la última mesa de pie el espectador le esperaba, con una caja rojiza como la pintura del lugar. Le tomo de la mano mientras le besaba suavemente en la mejilla sintiendo como el aroma de su persona le aportaba magia al instante, alargo la silla para que ella se sentase y se sentó frente a ella, el mesero enseguida destapo la botella y el espectador lo detuvo diciéndole: Yo le serviré, gracias. Sin dejar de ver esos ojos negros que rompían el silencio en cualquier noche triste, le dio su copa. ¿Por qué brindamos? Dijo ella. Con el dedo sobre sus labios él le pidió no decir nada…y así en un susurro casi imperceptible, le contesto: quiero empezar de nuevo. La vida nos lleva por horizontes lejanos y a veces espinados, sin embargo, debemos decir lo sentido y ver de frente al mundo y así, mientras la banda rompía el silencio con su música, el con su mirada perdida en ella que bajo esos cabellos oscuros, escondían unos bellos ojos negros como el firmamento y sus estrellas, ahí le escucho todo aquello que tenía que decir, no perdió ningún detalle y sin embargo, temblaban sus labios, le conto el espectador el pasado, el presente y su idea del futuro, ahí en ese hotel rojizo de tintes románticos y melancólicos, de leyendas inconclusas, ella también le conto de donde había estado, de sus pasiones arraigadas, sueños que se alcanzaron y sueños que se partieron, la noche iluminada por la Blanca Luna mientras cuervos graznaban a la par de una pareja que se miraba sonriendo en silencio, un nuevo comienzo se decían en silencio. Todo se difuminaba alrededor de ellos, la música apenas se escuchaba al igual que las personas se diluían como una acuarela, la conferencista y el espectador congelados en el tiempo cual frescos del Renacimiento, renacían de sus cenizas para ser de nuevo ellos, complementar esos corazones que de vez en cuando se engañan a sí mismos, pero no por mucho tiempo cuando el amor reclama a sus siervos. La medianoche les encontró caminando por las viejas casonas dejando atrás no solo las calles y las luces sino aquello que les tenía de dolor el alma, se les fue cayendo como se caen las cenizas al suelo después de un incendio y se pierde por el suelo o por el aire, se decidieron en el silencio de la ciudad donde solo se escuchaba una que otra sonrisa y el sonido de zapatillas caminando se comprometieron a sentir, a reiniciar, a arriesgar poniendo el corazón por delante y las ganas de sentirse infeliz al sentirse enamorados e ilusionados por aquello que les da luz a sus noches, que le pone palabras al silencio, que roba besos y arranca caricias, a hacer el amor por la noche pensando en que el mañana no existe, a hacer el amor por la mañana pensando que la tarde será efímera. Atraparse la mirada de sus ojos para que al cerrarse los suyos aun en su mente en blanco buscando el sueño, llevarse la sonrisa para que al ver el arcoíris recuerdes que tienes con quien compartirlo.” 

lunes, 17 de septiembre de 2012

Caminos del Alma




“La humedad aprisionada, aprieta, repercute en el animo de las personas robándose las emociones de la tarde que yace sin atisbo de Sol en este sábado cualquiera. Ni parece que lloverá ni parece que el calor se ira, es una trampa, un juego de la naturaleza y sin embargo, con una displicencia y un sentido abstracto, Él anda por ahí. Hacía muchas Lunas que no bebía solo, que no se embarcaba en una desilusión o una buena manera de pasar la tarde más que esa, de beber frente a la tarde nublada. En términos de psicología, podría ser un intento de no caer en la depresión, quizás hoy nadie sea buena compañía, pero ha de ser acompañante de las nubes grises en la ciudad a la que ha vuelto desde ayer. Se había caído su mundo personal, aunque el mundo afuera apenas se sostiene en su presente. Deberá mutar y continuar, refrescarse en la lluvia si esta llega, hacer una llamada para que alguien escuche y no hablarle a la mente, pero antes deberá destruirse a sí mismo, antes de empezar de nuevo, antes de caminar deberá arrastrarse en el fango de los recuerdos, de los sueños rotos o de las partidas anticipadas. Caer, llorar, patalear y lamentarse, todo es permitido. Una caminata que a muchos pareciera solitaria y a otros se asemeja a esa comunión entre la persona y su yo interno, ¿Qué importa caminar solamente? Aunque en este caso, viene acompañado de botellas pero y eso que. ¿Quién dice que no se puede recorrer la propia ciudad cual turista perdido? Todo se ha perdido se dice, el ayer, el presente se lo ha llevado el tiempo y aunque el día va a la mitad parece que durará una eternidad pero se dice, si ha de ser así, que me tome engulléndome la vida misma en un trago repartiendo sonrisas entre desconocidos y conmigo mismo. El calor repliega, recrudeciendo los sinsabores del alma. El amor se fue, las amistades se han desaparecido y el trabajo es solo una tragicomedia que nos lleva a las lides del dinero y el uso de las horas. El, ataviado en su uniforme de trabajo retoma las calles que después de muchos años se encuentran, efectivamente se percata de negocios que han cerrado, negocios permanecen, incluso aquel lugar donde trabajó hace quien sabe cuánto tiempo atrás sigue ahí. De pronto en medio de un callejón que llevaba hasta una calle iluminada solo por esa trágica luz que permanece solo para los extraños, incitándolos a adentrarse en ella, el caminó, destapo una nueva botella y dijo que diablos. La tarde es del infierno este día. Embravecido por ese trágico andar hacia las fauces de su alma y el deseo de destruirse en los adentros de su interior, bajó los peldaños donde el río caudaloso esperaba, quería apaciguar o dejarse llevar, recargado en los arboles mientras los autos se peleaban por un lugar para seguir avanzando. Ahí frente al río que cantaba con su ir y venir, gritó con furia, ahí donde nadie le escuchaba se percató que la botella lloraba al igual que él, y se sintió abrumado, perdido, errante en la ciudad. Divagó con la mirada y justo del otro lado del mismo, se encontró con una enorme casa oculta bajo inmensos árboles, jamás la había visto, una ilusión se dijo, alucinación más bien aseguró murmurando, pero aquella casa seguía ahí después de cerrar y abrir los ojos un par de veces, se sonrió y con un semblante malicioso se dijo porque no y anduvo paso a paso rumbo al puente que se alzaba sobre el río. El puente de madera se mecía y el cielo comenzó a nublarse, era una invitación a la perdición o a la claridad quien sabe, la casa rompía los paradigmas y las reglas de la construcción y sin embargo, se sostenía. Sin nada que perder, se apostó en la puerta y tocó…una, dos, tres, cuatro veces y nada. Decepcionado entendió que la vida es así y dio media vuelta y entonces el crujir de la puerta de madera se escuchó mundano como un cuento de terror, el infierno del caos le enseño la entrada. Un par de escalones hacia arriba se jacto de ser fuerte y entró. La puerta se cerró al instante y una gran sala iluminada solo por velas alrededor le dio la bienvenida, en cada vela una imagen de Jesús de las estaciones en la caminata más conocida del mundo entero. El techo rustico estaba pintado de frases en alfabeto griego las que reconoció de inmediato, famosos filósofos jactándose de encontrar la república perfecta se comunicaban en ese techo. No había sillones, ni sillas, solo un gran tapete rojizo con libros abiertos a la mitad, pero lo mejor estaba frente a él, una gran pecera con la Europa antigua, París, Roma, Viena, Grecia mientras peces nadaban cruzando todo el continente, de fondo comenzó una canción que recordó al instante, y sintió una sensación que le volvió la piel de gallina, en el momento en que se preguntó si cantar o buscar una botella para irse de esa alucinación o realidad etérea, sintió unas manos cubriendo sus ojos y dijo: bienvenido, es noche de luna blanca, si no sabes que decir, estas en el lugar correcto. Él solo alcanzo a decir: ¿Dónde estoy? Y en la respiración, el aroma de sus manos, el tacto de su piel, supo que no importaba y se rió casi al instante que ella misma soltó una risa suave diciéndole anda siéntate mientras te traigo algo de tomar. Desesperado por apreciar su belleza que de seguro era angelical dio media vuelta encontrándose con esos ojos negros profundos como la noche, engalanando o cubriendo su rostro un antifaz blanco como la nieve cual estrella postrada en el cielo lo tomó por sorpresa. ¿Quién era ella? ¿Cómo había pasado por alto esta casa? Tal vez estaba dormido en ese frondoso árbol y soñaba sin percatarse de lo real, una vez más se dijo, déjate llevar y deja de hacer preguntas. La mujer del antifaz cruzo de nuevo por donde salió, regreso con el trago y le invito a quitarse los zapatos y sentarse sobre el tapete rojizo, iba descalza y su piel morena embriaga a cualquiera más a él, que ahora le contemplaba embobado mientras degustaba el trago apresurado. Se sentó cual maestro de Yoga, vestía un largo vestido color blanco adornado con profundas rosas rosadas y parecía una bailarina de ballet ahí sentada, capaz de darse 10 vueltas y no perder su control. Y ahí mientras se perdía en esos ojos negros brillantes como la noche y su sonrisa iluminando esta tarde que se escapó en un instante, pregunto porque él estaba triste, y ahí fue donde le conoció mientras él contaba la historia de su vida, ella atenta seguía cada paso, cada caída en la que el ahondaba, su suplicio, su felicidad antes de que todo pasase, con esas velas sobre las cuales Jesús caminaba por las estaciones dirimiendo con el mundo mientras se sacrificaba en aras de su Padre, el comenzó a sentirse libre, desahogado y comprendió que a cada palabra o hecho que se refiriera, ella le encontraba una razón, un porque y sobre todo un para qué. De fondo, los peces navegaban en las aguas de Europa, paseando por el Coliseo, subiendo a la Torre Eiffel, retratando el Partenón cuando ella lo invito a cerrar los ojos y escucharle. Le dijo has sentido la vida pasar por tus manos, has visto quizás el infierno y es posible que odies tu existencia como tal y te sientas errante. Ven, toma de mi mano. Lo guió por la gran sala y poniendo su mano cerca de la vela le dijo: Lo espiritual de la imagen que adorna esta vela lo dice todo, un camino cuyo final no sabe con certeza pero cuyo trayecto debe abrazar, sentir y palidecer porque se guía por el corazón. A continuación le dirigió a la parte central de la sala y con su mano le alzo su rostro al cielo mientras le decía: tu camino ha sido hecho en base a tus principios y las decisiones que has tomado cuyas consecuencias hoy vives, quizás alguna de ella sea solo el destino o la mano de Dios, pero tu filosofía al igual que ellos que escribieron grandes libros, interpretaron su propio ser humano, su entorno y se guiaron por su pensamiento, tu camino continuará y trascenderás lo que hoy te adolece. Por último, te invito a que tu olfato sienta el agua de esta pecera cuyos peces recorren grandes ciudades mitológicas, eternas y siempre parte de la historia del mundo te regresen los sueños, que las distancias son cortas si estas las caminamos de la mano del cariño de la gente y de nuestras pasiones. El tomado de su mano, recorriendo esa sala y con ese sentir de su piel rompiendo todos sus paradigmas se sintió aliviado, relevado de esa carga con la que cruzó ese puente, sabía que tenía mucho por hacer, y que tendría que quizás construir de nuevo, pero ahora entendía que un sueño y una filosofía que solo él sabe vivir le llevarán al camino de la vida. La Chica del antifaz le abrazó fuerte otorgándole el beso más sincero del que el haya tenido razón en años, no era un beso de enamorada, ni de admiradora, era un beso de comunión, de comprensión, de cariño profundo. ¿Un fantasma? ¿Una reina? ¿Una visión de su mente? Retribuyo su beso con un beso en su mejilla y en su mano. Pasado la medianoche abandono esa casa donde dejó su tristeza y su errante porvenir, se dice que recorrió de nuevo las calles sonriente, extrañamente tranquilo con su vida y displicente con el futuro. La noche brillaba con su Luna blanca mientras que el cielo se había nublado, frente a él justo en la esquina de una calle solamente iluminada por un farol caminaba una mujer descalza de cabellos lacios negro brillante un vestido rosado cubría su cuerpo hasta las rodillas, se vieron por un instante y sonriendo se dijeron hola. Ese rostro, se parecía tanto a…y contuvo la respiración solo alcanzando a decir Hola, y ella le dijo hola con esos labios que habrían de robarse el alma. Y el camino inició con dos locos sonriendo con ojos cerrados...Esencia de esa Luna Blanca en una noche efímera y eterna que va y viene con el viento, encontró su sonrisa maliciosa en su silueta rompiendo los moldes de la razón al ver esos ojos negros desafiando al corazón.”

jueves, 16 de agosto de 2012

Bajo la Lluvia


“La luna blanca se asoma con su sonrisa pretenciosa, Los sueños son parte de nuestro dormitar, paisajes de nuestro subconsciente que solo entiende de recuerdos, de mezcla de lo que no paso, de lo que paso, alterando el orden de las ideas y revolcando nuestra creencia en lo que hacemos en el diario de nuestro existir. Se considera una amante de los sueños, ahí, ataviada en su pijama morada se escucha su respiración en la solitaria habitación acompañada por el sonido del aire acondicionado que logran una parsimonia que se antoja acurrucársele por un lado para entender como en un mundo en el que reina el fuego se puede alcanzar el sueño de manera tan tranquila. Pero aceptémoslo, los factores que rodean al sueño son bastantes: cansancio, depresión, oscuridad, gusto, fatiga crónica, unos brazos que enamoren, enfermedades, etc. No entendemos su postura, pero si somos estudiosos del dormir y sus formas de acostarse en su cama, notaremos que su posición cual feto en el vientre es definida como aquella que protege el corazón evitando enamorarse o perder el control cayéndose presa de sentimientos que hoy no deberían existir. Y hoy en medio de la noche el resplandecer en su ventana le borra en un instante aquello que soñaba, otra vez presa de una alucinación se dice a sí misma e intenta volver a su cama cerrando sus ojos y así, recuperar ese sueño que le hacía sonreír, sin embargo, se estrella contra la pared en blanco una y otra vez su mente ha divagado por las calles y pasillos de una memoria que guarda todo y nada, percatándose de que ella se apodera el insomnio termina por recargarse en la cabecera de su cama y comienza con ejercicios de relajación para conciliar el sueño sin encontrar cura a su mal. Con sus pantuflas desciende por las escaleras hacia la cocina y en eso, la luz se les escapa con el siguiente resplandecer del cielo, con la grosería saliendo de sus labios tantea las paredes buscando guiarse y encontrar esa vela regalada por su madre esperando que aun funcione y que esos cerillos olvidados hayan vencido la humedad. La vela apenas ilumina dos pasos adelante pero servirá, obligada por las circunstancias abre la ventana y aprecia el cielo, desde arriba se ciernen nubes grises y relámpagos estruendosos que rompen con la monotonía de todos, ¿expectativas de lluvia? Ninguna, apenas en la tarde era totalmente soleado pero la noche siempre nos tiene sorpresas, y al parecer hoy se nos vendría una más. Con su pijama y sus pantuflas bien calzadas alimentaba su mente lo que de niña realizaba al fragor de una lluvia como esta que se asomaba desafiante cual si querubines del cielo estuviesen siendo regañados por Dios, ahora que había crecido y se dedicaba a tantas actividades quizás había olvidado lo más sencillo, experimentar, alimentar el alma no de sueños sino de actividades que los sueños envidiarían y así, en medio de ese presagio de lluvia se sonrío consigo misma, justo cuando la lluvia comenzó a caer sin piedad en la tierra, bañando las casas, caminando por las calles y llevándose hasta la luz, pensó en que se echarían a perder cosas en el refrigerador, a remover las conexiones de los aparatos electrónicos, en eso divisó en la acera de enfrente un caminante andando a su antojo con vestimenta desgarbada y sus cabellos cruzándose por su rostro humedecido de tanta agua, ¿Quién era? Arriesgado a divertirse bajo el agua, se deslizo sobre la calle sobre un cartoncillo, un surfista aficionado, cubriéndose con la mano el rostro y viendo a lo lejos como ella le perseguía con su mirada, le invitó a salir, ella aun dudando apunto a su pecho preguntando si era a ella a quien se dirigía y el asintió, dudo un instante, dos, tres, y se decidió cuando él le describió el sentir de la lluvia. La vela se apagó y en el umbral de su hogar con tanta lluvia que apenas se percibía le extendió su mano y ella la tomó con un profundo suspiro sintiendo el agua fría calarle los huesos, alimentarle el cuerpo, sentirse por un momento viva en una actitud infantil que solo recuerda que no se debe perder la emoción de hacer cosas por deseo y no por decreto. Juntos recorriendo el vecindario, desafiaron a la lluvia haciéndose parte de ella, se deslizaban por las aguas que recorrían calles, parques y edificios, el centro de la ciudad estaba totalmente inundado y decenas de autos con sus motores detenidos…parecía el caos, sin embargo, las madrugadas siempre son más solitarias que las mañanas porque aun a miles de años de la llegada del hombre, sombría es la noche y se debe respetar a la oscuridad, de ello ellos no temen. Gozan, se ríen, revitalizan su cuerpo bañado por esta agua que el Cielo ha enviado rompiendo con todo a su alrededor…el parque se yergue con sus grandes áreas verdes, sus juegos mecánicos, su fuente de soda ahora abandonada, el pasto húmedo permite que se deslicen en una carrera hacia abajo. Aquí no se hablan, parecen más dos mimos entendiéndose solo con señas y la mirada en sus ojos, con la sonrisa y la naturaleza de fondo, la vida sucede en los detalles, no en lo material. La vida ocurre con el alimento del alma, no con el dinero ahorrado.  La vida es en el hoy, no mañana o pasado. Con los pies sintiendo el camino del rio hecho por la lluvia sin atisbo de luna, sin hora alguna, los dos se ensucian los pies y se sientan en los columpios del parque, desaparecidos en un mundo donde cualquiera te encuentra, ahí se mecían mientras sus pies chocaban en el charco dejando que todo se fuera por la borda, se carcajeaban de su actitud, de la vida, del agua, de los relámpagos iluminando el cielo. Ahí absortos al final se contaron su historia, sin nombres, sin lugares de origen, sin llamadas a la razón, percibiendo que importa más el que se siente que por qué se siente, que importa más la conversación espontanea que lo programado. Podría ser que Ahí en ese parque donde habían terminado después de recorrer la ciudad cual niños perdidos y desobligados, totalmente mojados y a punto del resfriado, se contaron anécdotas de lluvia. Recuerdos que hacían palpitar el corazón, enseñanzas que lagrimas similares a este diluvio nos habían dejado y solo habrían de irse con el paso adelante, con cicatrices pero no con sangre guardada. La vida bajo la lluvia es más nostálgica, trágica, y absorbe nuestras energías al menos en esta tierra húmeda y calurosa, sin embargo, fuera de todos los paraguas, los impermeables, los ocultos en los restaurantes o bajo los cafés, siempre existen personas que sonríen por ahí, deambulando alimentándose del agua, de convertirse en niños en un mundo de adultos, bajo esos columpios y con la vida en sus manos o en las del mundo, ha empezado a salir el sol acompañado de ese arcoíris que la naturaleza nos manda para decirnos que nuestros problemas y dudas se empequeñecen cuando se le escucha al corazón, caminaron con ese paisaje tras de ellos hasta la cafetería y ahí con el amanecer de fondo, pintaron sus almas confusas y melancólicas en un paisaje que se asemeja pletórico y nada común, dibujando cual novatos admiradores de Picasso”

jueves, 2 de agosto de 2012

Mundo de Morfeo (10ma. Parte LadoB)



“Todos soñamos. Nos alimentamos de ese mundo donde nuestro cuerpo no tiene reglas algunas ni sujeto a leyes de la naturaleza, ahí nuestros demonios nos alientan a destruirnos desde adentro pero también nuestros arcángeles nos acompañan para rescatarnos día a día. Mundo de Morfeo”

“Desperté sobre largas y retorcidas espinas en medio de un jardín que se extendía por toda la calle; pantanoso, oscuro, melancólico. Atiborrado de ramas marchitas y de ojos ocultos que se reían trágicamente de mí y mi figura descalza que avanzaba llenándome las plantas paso a paso de sangre y heridas. Con los ojos fijos en mi silueta, esos ojos se jactaban de su cordura en un tiempo donde los locos y los tontos parecen vivir más. No sabía como hacer un contra peso o enfrentarme a ellos, decidí que si seguía avanzando entre las espinas y las ramas marchitas conseguiría que los ojos dejasen de perseguirme y la risa de sus bocas fueran calladas por mis huellas en la tierra en la búsqueda de mi razón y la fuerza de su porque. No sería destruido por mis propios demonios adheridos a mi persona como sanguijuelas robándome la vida, la sangre, marcando mi cuerpo y mi alma de amarguras y desilusiones hechas en el fragor de una tragicomedia por la que he vivido tantos años. El jardín parecía crecer a cada paso que daba, se erguía cual mancha voraz y emergía por todos los lugares que se veían a su alrededor, una digna creación de esos cuentos mitológicos de la época griega. Titanes con grandes armaduras manchadas de sangre y con las espinas como parte de sus brazos, hacían un fuerte por el cual difícilmente se podría pasar, sus sonoras carcajadas y su furia desatada atemorizaban a cualquiera más a la razón y al corazón. ¿Cómo destruirlos? ¿Cómo pasar a través de ellos y llegar a la tierra prometida? Empecé a correr desesperado en mi pijama negra como la noche intentando que dicho color me diera un camuflaje en el pantanoso y oscuro jardín valiéndome cual soldado de una táctica de guerra en una idea estúpida de pasar por encima del territorio del enemigo. Era una locura enfrentarme a esta tarea de escapar de aquí, de ver un ápice de luz en mi mente y en la lejanía de mi vista, de encontrar el sol en una oscuridad sepulcral. No todo puede ser justo ni siempre se logra encontrarnos los factores a nuestro favor. Es un camino sinuoso este de la vida, del amar, del sentir y de idealizar. Una cuestión de dejar libre aunque el corazón ha decidido amar, el corazón se hace frágil e inestable cuando involucras los sentimientos, sin embargo, está hecho para eso lo mismo vibra de alegría que retiene y llora la tristeza, una paradoja en la poesía de la que todos anhelamos vivir y palidecer. Enarbolaba oraciones e imaginaba como continuar avanzando, opte por ampliar mis sentidos y confiar en mis huellas, que importaba si adolecía de algún mal o si pisaba alguna espina hiriendo mi cuerpo, malditos demonios sonrientes y malolientes, pesadilla o sueño mal encauzado. Los males de mi propio mundo me atacaban esperando verme caer, pero continuaba ahí un paso a la vez, una voluntad de escapar y de retomar el paso hacia fuera y lejos de esta fortaleza. Con los ojos bien cerrados para ver mejor, luchaba contra los titanes que asestaban sus golpes furiosos sobre mi persona, orillándome a la rendición y a la conversión cual vampiro en la Europa del siglo XVIII, súbitamente en medio de todo este panorama desolador y oscuro recordé: en el mundo de los soñadores o mejor dicho, en el Mundo de Morfeo siempre es posible volar y encontrar luz donde menos lo esperas aun siendo este resguardado por murallas cubiertas por pantanosas y espinosas plantas. Una risa estruendosa se escuchó a mi espalda y un hombre flaco y de largos brazos me rodeaba en su mirada despectiva y con un aire de superioridad, estudiándome de arriba abajo, sonreía cual gato de caricatura intimidando a su ratón. Y entonces dijo mientras escupía sangre:
-          Ni tus ojos bien abiertos, ni tus planes te servirán. ¿Por qué corres?
-          No me malinterpretes, pero este lugar parece un jardín del infierno.
-          Lo es, pero no lo hice yo ni nadie más que tú, estamos en tu propio mundo. Me río de ti y tu falta de sapiencia. Eres un iluso si crees que algo o alguien puso este jardín aquí.
-          Si este fuera un lugar creado por mi imaginación. ¿Por qué me haría daño? lo destruiría en un instante y continuaría mi camino.
-          ¿quiero ver como lo haces? Quiero saber
-          No sé cómo hacerlo, ¿lo hago con la mente? Arranco con mis manos el jardín o donde encuentro el interruptor mental para destruirlo todo.
-          ¿Quién eres?
-          Pensé que no preguntarías pero al igual que todo aquí, soy un nacido de tu mente, me alimentaste y hoy estoy frente a ti, me río porque sabes quién soy, pero quizás mi existencia te parezca inverosímil, puedes salir de aquí pero no tengo la respuesta del cómo, solo me presento como uno de tus demonios personales. Soy el jardinero de este infierno. Bienvenido. Me alimento de tu tragedia en este Mundo de Morfeo donde los sueños y las pesadillas van de la mano. Explícame que hago aquí y sabrás como salir.
-           

Entonces comprendí, ese miedo disfrazado de ansiedad, tan apegado a mí y a mis huellas en el transitar de la vida, esa ansiedad que revuelve mi estómago, adolece mi mente y engarrota las piernas, esa vertiente que se arraiga cual ramas en un jardín espinoso que hoy me hace sangrar las plantas de los pies revirtiendo todo aquello ganado y repeliendo cualquier invocación a la vida misma con sus cambios, presionado en pecho terminé por entender que la vida es un camino hecho con sueños, voluntad y apasionados relatos de nuestro sentir, y será eco en aquellos que nos acompañan y aun a pesar de esta ansiedad continuare el paso combatiendo al demonio que escupe sangre y se jacta de ser fuerte. Un paso a la vez. Sonriente me escuchó mientras nuestros rostros se transformaban, el juego había cambiado, el Jardín fue cediendo y las espinas a doblarse al igual que las ramas a perderse titanes fueron esfumándose como la tierra de sus raíces y crucé la puerta. No debemos temer salvo que ese temor sea una fuerza voluntariosa que nos deje perseverar y continuar aquello que hemos decidido emprender.

Al cruzar la puerta, una tormenta lluviosa me recibió cual golpe a la mandíbula por un boxeador furioso, llovía que parecía el cielo un oscuro pasillo hacia la muerte que hacia la vida eterna, no era esa vista emocionalmente viva que crea lágrimas, poesía y absoluta certeza de un mundo mejor. Este cielo era insensible, inestable, una representación del Caos, la cara más perversa de la naturaleza que furiosa lloraba insaciable con un viento que gritaba su irrepetible melodía y mi alma en medio de todo, buscando donde ocultarme, como refugiarme de esta lluvia de niveles irreconocibles, pensé que todo terminaría cuando cruzará la puerta pero solo caí en otro lugar de diferentes latitudes pero igualdad de condiciones, un infierno más representado como esa Divida Comedia de Dante, mi oscuro ropaje no me protegería de la naturaleza que ni siquiera me permitía ver más allá aunque mi intuición decía que estaba cerca de una villa donde sembradíos y un granero podían darme refugio, corrí como pude, sintiendo la fuerza de la lluvia, desafiando ese cielo gris y nada sonriente en un rincón de mi memoria que parecía más bien el libro de las pesadillas. Conseguí avanzar sintiendo mis ropas mojadas pesando sobre mi cuerpo sintiendo apretadas y cansadas las extremidades de mi cuerpo y alcance a sentir la textura de la madera al llegar a la villa su aroma inigualable toque tan fuerte como pude y empecé a desfallecer ante tanta agua bajo mis pies que se había convertido en lodo, caí súbitamente y perdí el conocimiento. Al despertar, estaba recostado sobre una cobija con pajas alrededor por todo el granero, frente a mí, sobre una mesa redonda de pino, con sus años de uso, estaba sentado displicente un hombre que parecía más bien un estoico querubín engrandecido en un mundo que quizás no era el suyo. De su espalda una túnica blanca similar a una capa caía cual Semidiós del Olimpo, cual soldado romano en tiempos de Jesús. Me dijo:
-          ¿Ya te sientes mejor? Dijo, sonriendo de oreja a oreja
-          Supongo que también eres una criatura de mi mente. Dije, mientras recuperaba el aliento.
-          Jajá. ¿así se nos llama ahora? Hemos tenido muchos nombres a lo largo de la vida, pero si supongamos que soy una criatura de tu mente. ¿te sientes mejor?
-          Sí, claro. Salí de un jardín espinoso y con tintes de pantano para llegar a un cielo hecho trizas mientras llovía a cantaros sin olvidar que me desfallecí justo aquí. ¿Cómo debería llamarte?
-          ¿importa? De seguro tienes muchas personas a las cuales llamas por su nombre y no sabes nada de sus vidas, lo importante aquí es como saldrás de aquí con tanta lluvia, creo que deberías esperar, aunque la duda es: ¿A dónde irás? Y con eso se levantó acomodándose la capa.
-          Serás muy parecido a un arcángel, una creación de mi imaginación, un personaje en mi sueño o pesadilla, la virtud de ser quien me habla al igual que lo hizo quien se dijo mi demonio, incitando a que resuelva acertijos, pero ¿Cómo hacer dejar de llover? Lo mejor sería esperar o refugiarme bajo tu capa que bien podrías prestarme.
-          Todo es posible en un sueño o una pesadilla, se puede incluso volar, destruir el mundo, caer hacia un abismo inconcluso, degustar el placer y el cariño. Pero debes ser decidido o mejor dicho, no esperar quizás. ¿no crees que te estas deteniendo?
-          Pareces de los buenos no como el otro, ¿me acompañaras o te quedarás ahí viendo como lucho contra la lluvia?
-          ¿Estás listo? Me dijo mientras se ajustaba las botas. No existe vuelta atrás, la vida está cambiando y esta lluvia tú bien sabes de donde proviene, es tu mente y solo tú sabes cómo atacarla o defenderla.

Abrió la puerta y nos vimos a los ojos, allá afuera el cielo bañado de la combinación exacta de negro y blanco, Tláloc lloraba cual padre abnegado pero entendí lo que me faltaba y lucho por ello. Pensé en cuán rápido la vida cambia, los que viven o sueñan en la levedad del ser entienden que la vida es ligera, sin ataduras y su significado efímero y están por el otro lado los ilustrados o no sé si los enterados, amantes profundos que aman trágicamente queriendo permanecer, ser parte de las reglas que se rigen allá afuera. Me visualizo en medio de ambos en una tragicomedia en que mi levedad y el peso de los años me llevan a querer y a desquerer si es que dicho término existe, a no entender aquello que no va con mi idea de la vida y a comprender que nadie es igual y las relaciones humanas se hacen difíciles cuando estas no son clara, en la amistad como en la familia, como en el amor. El misterio ha dejado de ser esa luz interesante y el término ceder ha cobrado una inusual importancia al momento de no buscar diferencia sino diplomacia, sobra decir que un buen beso y un te quiero lo arreglan al chocar las ideas en el ámbito de las relaciones humanas cuando los gritos y las ofensas se convierten en heridas punzantes hechas por flechas que solo traen palabras pero su veneno viene desde el mismo corazón y eso las hace tan poderosas. Cuanto ha cambiado esta vida ¿Dónde quedo la sonrisa en un rojizo atardecer? ¿Dónde está el arcoíris cuando la lluvia se va? Todo se supo justo cuando salimos a luchar bajo la lluvia, a reírnos y jactarnos de ser libres, a decidir y no esperar, a vivir fraguando ante la caída infinita de gotas. Cuando desafié mi entender y mi comprensión de lo que me parece correcto solo a mí por ser quien soy. Comprender que no tengo todas las respuestas, pero defender mis creencias y estar bien conmigo mismo debe ser suficiente. Del cielo, ante la sonrisa desquiciada y mis ropas mojadas sin importarme el que o el porqué, dejó de llover, entre la lluvia y el camino que había tejido con las huellas y el ir y venir de la espada se hizo más grande abierto y pletórico ante ese rojizo atardecer que empezó a pintarse por el mismo Tláloc, el llamado arcángel por mí, ya no estaba ahí, quizás se había esfumado con la lluvia, tal vez se encargó de los pinceles allá arriba. Pero ya no temía decir lo pensado ni sentir lo sentido, continuaría admirando este rojizo atardecer tomando el camino recién creado…me había vuelto loco o jamás había estado tan cuerdo.

Mis pasos en la tierra mojada secándose segundo a segundo mientras el rojizo atardecer sonreía frente a mi dejando que caminase sin obstáculos quien sabe a dónde y con qué razones, mi sentir era que por algo se había hecho y no perdía nada con recorrerlo más aún que ya no estaba luchando sino más bien conociendo o reconociendo mi persona en ese sentido en el que la mente y el corazón han hecho una tregua ante la persona y su vida. Si esta era una tregua o un trato entendí porque paredes empezaron a nacer desde el suelo, cual murales adornando el palacio de la memoria, una intención de representar momentos o analogías de la historia propia. El mural crecía de manera rápida y sus dibujos tomaban forma a cada paso que me llevaba quien sabe dónde, me figure en un museo o en una exposición de pinturas donde los eruditos del arte se apasionaban descifrando el sentir del artista y su estilo, pero ni soy un erudito y el arte no es algo que me interese, sin embargo, reconocí en las paredes abstractos de mi alma y sus partes difuminadas en matices que deslumbrarían a los ojos de los niños. Rostros, lugares, fechas, frases aunados al correr de las risas y las lágrimas…o era un melancólico sueño o la pesadilla convertida en una realidad clara como el cristal. Avasallado por los murales que cambiaban de forma cuyos colores se transformaban y regresaban a su lugar que cual plastilina utilizada en la infancia tomaba forma de todo y se quedaba en nada, quería tomar un pincel y escribir ahí lo que sentía en el corazón, enfocar mis impresiones en esas paredes convertidas en murales y aparecidas en un instante, al fondo se avecinaba una salida pero cuanto más rápido avanzaba, cuán rápido se alejaba, siendo una típica historia de terror absurda, en ello de una de las paredes un andamio volando cruzo entre ambas paredes por el cual me arroje al suelo para que este no me pegase, ataviado con un overol y un sombrero de paja acompañado de unos lentes grandes y rojizos con pincel en los labios cual fumador de moda, me grito jovialmente:

-          ¿Qué tal los murales? Recién pintados aunque no soy un experto.
-          Asumiendo que tendría que presentarme ante él y de la mejor forma posible. Le dije nada mal, viejo amigo. ¿Dónde aprendiste?
-          Es un sueño, en los sueños todo podemos hacer, lo aprendemos de una foto, de un amigo nuestro, de nuestros familiares, de lo que nos hizo sentir, hoy empecé y sé que te han gustado por tus ojos al recorrer este camino. ¿te reconoces?
-          ¿reconocerme? no estoy en ninguna imagen, reconozco a quien sonríe ahí, al lugar donde jugamos cuando niños, esa frase anotada en un viejo libro, al igual que esas risas que provienen de aquella casa en las calles cerca de donde viví. Bien parece una semblanza pero soy malo con el arte. ¿es arte? ¿quién eres? Perdón, ¿Por qué me dibujas?
-          Siempre que se pregunta, la respuesta es abierta y puede gustarte o no, así que con tu permiso: 1. Claro, es arte no porque sean cosas que ver contigo, sencillamente porque es una expresión de nuestra alma, 2. Soy un arquetipo construido por ti de diferentes personajes, un pintor encargado de tu memoria y 3. Creo que se respondió en lo que ya dije, pintó para que recuerdes, entiendas y asimiles, este pincel sirve para alimentar el alma o construirte el refugio donde puedas ir siempre que hayas olvidado o quieras evocar algo que sentiste.
-          No sabía que existía tal trabajo…tanto medicamento y búsqueda de respuestas me ha dejado un poco mal de la mente ahora veo. ¿estas para ayudarme?
-          ¿necesitas ayuda? ¿no te gusta mi pintura?
-          No es eso, es extraordinaria desde mi ojo de novato, si eres quien se encarga de ilustrar mi memoria o ayudarme con los recuerdos, asumo que trabajamos juntos. Realmente me volví loco. ¿verdad?
-          Las personas que conocemos en nuestra vida, al igual que las circunstancias o bien deletreado, el destino nos abre puertas que podemos cruzar no tienen llave ni se cierran por dentro, se puede entrar y salir, pero muchos no las toman, por miedo, quedar debiendo, no aceptar ayuda o sentirse menos pero estas siguen ahí y no porque se hagan las cosas por ti sino es un empujón que te lleva hacia tu destino. No, no estás loco, sencillamente es una interesante visión hacia tu interior. ¿quieres despertar?
-          Si, esto es una locura y ve mis ropas, mis heridas en los pies, estoy resfriándome perdiendo el piso y ahora me encuentro entre dos murales frente a ti, el pintor que jamás he visto en mi vida real. No ocupo empujón alguno, ni puertas abiertas, solo despertar.
-          En espera de esa respuesta, palidezco ante tu orgullo desafiando tu corazón mismo y el entender que lo vivido aquí es una experiencia valiosa en tu vida reflejando lo que en la realidad vives. Ve al umbral y lo que te lleves en el alma es lo que tendrás al despertar. Seguiré pintando para ti, es interesante e único.

Corriendo queriendo dejar atrás la conversación con el pintor escuchaba su melodiosa tonada mientras la lluvia de colores y la pulcritud de sus murales hechos con ese pincel en los labios me dejaba una sensación de vacío, que no percibía lo que él me decía, sentí un rayo cruzándome el alma misma descubriendo que sus palabras calaban hondo en mí y bajo mis pies agua dulce corría, quizás eran sus lágrimas o las mías, pero era cristalina y brillaba cual estrellas en el cielo, entonces entendí su figura deslizándose en su andamio cual surfista por las paredes de mi memoria, siempre que mi corazón dudara que me traicionara a mí mismo, cuando me equivocase, o se cayera en pedazos el mundo, mi mundo. Una vez que comenzará de nuevo, las fechas, los lugares, esos rostros sonrientes y de apoyo estarían ahí recordaría sus nombres y sus casas, recordaría sus lazos de amistad, el amor sentido en unos labios y podría levantarme para continuar arrastrándome, caminando, corriendo o volando. Le grite: gracias! Y frente a mí el umbral apareció un arco con un ave mitológica radiante y generosa y crucé. El mundo de nuevo había cambiado.

El Sol nublo mi vista, ya no vestía mi ropaje ni me percate cuando el mural y el pintor se fueron, pareciera que se los había comido el Sol, o la tierra misma, mis ojos tardaron alrededor de un minuto en adaptarse a la luz del día que no di cuenta de mis pasos hasta que sentí la madera mojada y ese aroma que solo la cercanía con el mar otorga. Aroma que suele ser eterno y creativo de poesías y romances significativos, pero para mi, no era mi gran visión pero este sueño, pesadilla, tragicomedia o locura mental se esperaba cualquier cosa, así que continúe en espera de todo y de nada no podría detenerme ni quería hacerlo más, puesto que el mundo real seguía avanzando mientras yo perdía la cordura. No negare que sentía en mis pies una calma y un gozo extraño en el recorrido del muelle. Avasallado por el sol, la arena, el olor a madera mojada y el inmenso mar frente a mí, me detuve en seco a la orilla del muelle, recordé que no sabía nadar y si bien era un sueño, no caería en el truco de arrojarme al agua cual pez o cual niño aventurado. La panorámica era pletórica y no llevaba a ningún lado podría sentarme aquí y cerrar mis ojos imaginando, creando lo que fuera. O podría lanzarme al mar? No, eso jamás. Sentado con los pies volando apenas sentía el agua pero no su toque, un clima increíble y acogedor denostaba que el mar no era tan malo para mí pero si la idea propia del caer en él y ahogarme en el fondo de este, esa ansiedad, ese temor me movía pero no lo suficiente para regresar mi marcha, me tomaría mis minutos aquí. El cosquilleo en las plantas de mis pies me abrió los ojos y el miedo, de nuevo sentí ansiedad, paradójicamente sonreí pero no estaba riendo, sin embargo, baje lo más que pude mi vista para ver qué era lo que me generaba ese cosquilleo y me encontré con el rostro hermoso de una mujer de cabellos negros hasta el hombro, ¿de dónde había salido? ¿Qué hacía debajo de aquel muelle? Un apenas perceptible bote se asomó cual ratón de su cueva con ella sobre él. Sonriente, displicente, bella, en su vestido blanco como las palomas me extendió su mano para que le acompañara, ante mi rostro expectante y negativo dijo:
-          Si este es tu sueño y si somos parte de ti como tú de nosotros, ¿sería excelente que terminase con un paseo en bote, no crees?
-          Mi sueño sería que este no fuera un bote sino un gran barco capaz de sostener el temor a caer al agua y no poder nadar cayendo al fondo del mar esperando que alguien me rescatase, no crees?
-          Ja. Te encomiendo a que subas, no tienes que perder además el regresar no te llevara a ningún lado…que el bote sea pequeño no significa que sea frágil, nos llevara a donde mismo, es tu camino, tú haces tu propia historia. Es el siguiente paso…lo único que queda atrás son tu experiencia y las enseñanzas
-          ¿adónde me llevaras?
-          Solo subiendo lo sabrás. Jajá. Suena a película pero no lo es, ven. Te prometo que lo que encontraremos será divertido. ¿recuerdas cuando tu carcajada alcanzaba a hacer sonreír a los demás? ¿Cuándo cual payaso resolvías aquello que podía tumbar tu ánimo?

Voltee mi vista atrás pero ya no había nada ni indicios por aquellos lugares donde había pasado, solo me quedaba continuar hacia adelante, resolver mi camino en un bote sin esperar nada a cambio, durante el trayecto aprendí que el no esperar hacia más disfrutable la travesía o al menos había aprendido algo más. Tomé su mano descendiendo al bote. Con la espectacular vista de frente a nosotros, la mujer de cabellos negros vestida de blanco disfrutaba el paseo descalza y de vez en cuando bajaba su mano al agua para sentirla, me sonreía angelicalmente y me invito a quitarme los zapatos y sonreír aunque fuera temerosa mi mueca, el bote se tambaleaba pero se sostenía firme. Un cofre sencillo dividía el barco, al notar que lo veía con inquietud, me dijo: no es un tesoro ni es oro. Es un regalo para ti. En un segundo rechazo la idea que fuese abierto, aun no era tiempo y comenzó a empujar con un cayado el bote. Decenas de peces nadaban a ambos lados del bote, recorriendo el mar con nosotros, escuchaba a lo lejos una música suave que me pareció reconocer, venía de todos lados o solo mis oídos podían escucharla. Sin embargo, entendí que ella podía ser la autora por el movimiento de sus cabellos y su sonrisa displicente, debajo de nosotros el brillo del agua comenzó a teñirse de un nacarado azulado que expedía un aroma que se plegaba a mí, una mezcla intrigante de arrojo y paz se empezó a fraguar en mi persona, dejando de lado esa preocupación por el mar y justo ahí al ella sonreírme de nuevo tome el agua con mis manos apreciando su sinceridad, su eterno paseo a través de la tierra, el cofre se mantuvo firme y no veía más su figura solo la de ella, capitana del bote más firme en el cual había estado y cantante de voz fina que repercute en la piel chinita que en este momento tengo, mi rostro sonriente y a veces hasta jocoso se percató de la tierra que se veía a lo lejos. Hemos llegado dijo ella, es tiempo de abrir el cofre. Sentados unidos solamente por ese cofre, y con un ojo en la tierra que se empezaba a ver y el cofre, me fui por lo más corto, el paso a paso, el cofre no tenía candado, respire hondo y lo abrí. Una oscuridad total dentro de este y la nada me quitó la sonrisa al instante pero en un segundo la recuperé, era una aventura, un sueño, una visión, no esperar nada, solo vivir y disfrutar de nuevo, volteé hacía abajo el cofre y una larga llave en color cobrizo cayó sobre el bote, la tome entre mis manos asumiendo que una puerta se abría con ella…mi capitana dijo: hemos llegado, suerte.

Su sonrisa animosa, su corazón abierto y su alma desahogada disfrutando de su vida, me invadió… no me encontraba en el bote, frente a mí, una casa con techos de árboles frondosos, grandes ventanales, más bien un castillo gótico en un futuro donde todo es de cristal y transparente. Combinación extraña pero acogedora, lo que encontraría ahí resolvería mucho de lo que este trayecto ha consumado. Será mi casa, mi alma diseminada entre ventanas, mi corazón sonriente entre muros de recuerdos pintados con la mejor pintura esa que cambia día con día. Degustaría cual niño frente a una pizza, la lluvia y sus grises cielos, me bañaría en el mar aunque este me llegase solo al ombligo para sentir su curativa agua, escucharía lo que fuese siempre que quisiera y lo que melodiosamente fuera. Elegiría, no me forzaría a nada. Sin muchas explicaciones, optaría por vivir mi historia más que contarla. Aprendiendo que de las caídas se aprende, que de los riesgos se encuentra, que de las experiencias nos alimentamos. Este mundo de Morfeo se vive entre la realidad y los sueños como diría Carl Jung “quien mira hacia afuera, sueña…quien mira hacia adentro, despierta”. Entre arcángeles y demonios, ataviados de sueños y realidades en una ciudad de luciérnagas, húmedas ventanas para los pintores, calles adoquinadas con lobos, cuervos, vampiros y bellas doncellas además de humanos recordando su humanidad, el Mundo de Morfeo existe bajo la Luna Blanca como la nieve” 

jueves, 21 de junio de 2012

Pasajes de la Memoria (Mundo de Morfeo)




“La hora era la correcta, ocurre que siempre que tenemos un pensamiento que se nos viene a la mente, una intención de realizar algo, un camino por empezar a transitar, el tiempo parece estancarse o mas bien parece esperar a que dicha acción se haga. Siempre es la misma hora, en toda la semana parece que este día se convierte en un acto de culto para las personas que están aquí en la ciudad, ya sea en el auto o en sus casas o a través del Internet. La locutora aclaro su garganta e inicio su estadía en la estación. Solo una vez  a la semana se presentaba a hablar de la vida, de los extraños caminos hacia la felicidad, de anécdotas. Hoy se encontraba entretenida frente al micrófono, impactada por la melodiosa canción con la que su programa había empezado y ahora refrescaba su memoria tanto y justo hoy sentía como su piel se erizaba en el solitario estudio. Hacia años pensó que había sentido una corriente de aire como esta en un lugar cerrado, una especie de bochorno, la canción llevó su memoria y su alma a viejos anhelos, caminos y ciclos que parecieran que se habían cerrado no lo entendía, y sentía que la canción jamás terminaría arrepintiéndose de haberla puesto. Desde su lugar el cielo nublado pareciese que solo se burlaba de ella esperando por las lágrimas que vinieran desde más allá. Habría lágrimas de seguro esta noche terminando con tanta sequía, servirá para refrescar el ambiente, la canción no parecía terminarse ¿Por qué invadían su memoria esos recuerdos? ¿Por qué la pusieron? Justo al terminar la canción, inició su ya clásica introducción del programa y del tema en cuestión, saludando a sus fans mencionando los teléfonos tratando en todo el instante que no se notase su voz temblorosa, o mejor dicho nervios cuando el teléfono sonó sorprendiéndole el sonido de este anunciando la primer llamada de la noche y todo se detuvo al decir:
-Hola. Bienvenido al programa ¿Cómo te va?
-Hola. Pareciese que esta noche, una canción suele ser un pasaje a la memoria. ¿No lo crees? Dijo la voz.
Ella se mantuvo estable
-Si, eso es lo que hace un clásico. Siempre nos lleva por pasajes que se quedan en nuestra memoria, es por ello que las canciones son sinónimo de lo que nuestras almas a veces cuentan. ¿Cuál es tu nombre?
-Te podría decir cualquier nombre, sin embargo, prefiero no decir ninguno.
-No te preocupes, este programa es de los escuchas, no es una obligación. ¿Qué nos quieres contar? ¿Quieres saludar a alguien en especial?
-Si, de hecho. Mi llamada tiene que ver con saludarte, me gusta mucho tu programa y cada semana espero encontrarte aquí. Ja. Ya sueno como un admirador jamás pensé en llamar pero esta canción me llego a las venas y recordé que alguna vez la baile.
-¿ah si? Cuéntanos mas, hombre sin nombre. ¿Recuerdas el lugar y el momento?
-Ahora que lo pienso, parece un sueño. Pero ocurrió no cabe duda, una graduación de preparatorianos, en unos de esos salones donde del techo cuelgan grandes decoraciones y lámparas destellantes mientras bailaba con la chica del vestido morado y ojos negros tan brillantes como el firmamento en una noche sin estrellas.
Ella sintió un hueco en el estomago mientras el productor le hacia señas de ir a comercial. Sin saber como dejar la conversación en línea o bien rescatar algún dato. Improvisó.


-Tenemos que ir a comercial, hombre sin nombre, nos encanto esta anécdota. Volveremos en un momento. ¿Será posible que esa persona este a tu lado?
-No. Pero quizás este en el lugar donde alguna vez nos vimos. Uno siempre vuelve a los lugares donde amo la vida. Gracias por atender mi llamada.

Al volver de comercial ella comento sobre el camino de las personas hacia el futuro, ilusiones perpetuadas para alcanzar mejores condiciones de vida y la búsqueda de adquirir bienes que nos pertenezcan y nos lleven por mejores objetivos, añadiendo: “siempre y cuando estos lleven a la felicidad”.

La locutora había controlado su corazón dejando que este se calmase consiguiendo olvidarse de esa sensación. El tema se fue entre llamadas, música y la siempre melodiosa voz de ella que ahora parecía complacer a más escuchas cada semana. Utilizando un seudónimo para estar con su vida separada del trabajo recordó la llamada al comentar con su familia en la cena la anécdota que le habían contado y como sucede que existen en la mente del hombre datos como una canción, un lugar, una frase que nos conecten con ciertos recuerdos y momentos donde uno amó la vida. Fue así como se fue a dormir sonriendo entre dientes sobre una noche que pareciese extraña de alguna manera. Escuchó por la mañana a su madre gritar que el desayuno ya estaba listo desesperada se levantó y corrió a la regadera para arreglarse e irse al trabajo, de nuevo se le había hecho tarde. Devoró el desayuno y justo cuando tomaba café en su vaso para irse su madre le comento:
-Recuerdas que tu graduación, fue en aquel salón que hace poco destruyeron para hacer la gasolinera. Todas las graduadas iban de morado. Que te vaya bien, hija.
Desconcertada, pregunto:
-Dijiste que ¿íbamos de Morado? ¿Cómo lo sabes?
-Si, tengo una foto en el álbum de la familia. Se te hará tarde, vete ya.
-Mamá, necesito esa foto cuando regrese. Tú sabes, para recordar un poco.

Marchándose de su hogar, pensó en todo y en nada, dejando de sacarle conclusiones a la vida o a las anécdotas de la gente, cientos de graduaciones cada mes con todo tipo de decoraciones, arreglos, vestimentas, temas. Años de graduados no podía ser algo posible a lo que ella imaginaba pero por otro lado su programa de eso precisamente hablaba. Se hablaba y se discutía mas bien se terminaba por realizar una forma de dialogo basado en los libros de platón para explicar teorías, aquí se exponían temas como destino, encuentros provenientes de pensamientos que se van gestando hasta llevar a estar en el mismo lugar y poder verse de nuevo, eso correspondía a las almas y el encuentro con viejos amores, reencuentro de amigos o familiares. En un enlace que se sostiene bajo la premisa del pensar en el otro, es una teoría que va de la mano de los amantes de “el secreto” lo que proyectas sucederá, sin embargo, ella decidió no tirar ninguna de las teorías al mar ni descartar nada y ahora en su vida no había tiempo alguno para estos menesteres. Enfocada a su carrera en eso estaba el tiempo invertido, además se decía a si misma convenciéndose que con su programa llegaba a mas gente de lo que ella jamás pensó. El tema no deja que ella pudiese avanzar y continuar con su rutina, perdía el hilo de su investigación en la biblioteca virtual, y le ocurrió de nuevo en el gimnasio donde a pesar de perderse entre los ejercicios, la canción se le apareció de nuevo poco que ver con los ejercicios o con la relajación pero se quedaba las notas se quedaban en ella, perturbando su paz por así decirlo. ¿Repetición en días consecutivos? ¿Apariciones fantasmales? De pronto se sintió aprisionada de alguna forma en sus movimientos, sufría de reacciones extrañas en su cuerpo una combinación no común que se convertiría en rutina durante ese día, el escalofrío aparecía y se iba. Los días se esfumaron entre investigaciones, lecturas y paseos por los parques de la ciudad, se fueron diluyendo entre fotos y fotos de eventos pasados donde ella parecía no ubicarse, sin embargo, se sentía atrapada en esa parte de los vestidos morados y las lámparas gigantes que acaparaban el techo mientras la canción se escuchaba cada vez mas fuerte. Se preparó para su programa, aun sorprendida por lo rápido que estos pasaron y los instantes que en ella se quedaron durante la semana, pero ahí estaba de nuevo frente a su mayor pasión, su desahogo y su aporte al mundo, aclaro su garganta y dejo escapar un suspiro mientras la producción realizaba la introducción del programa e inicio: “Bienvenidos, déjenme decirle que hoy tendremos un programa muy especial, como otros tantos, pero no se. Es quizás la sensación que porto en mi la que me hace creer que esta noche se ve diferente desde donde me encuentro, la ciudad es parte de nosotros se embriaga de nuestros sueños y se despierta con nuestros gritos y despertadores, me gusta como hoy nos da la bienvenida en este programa, les cuento que desde que venia en el auto repasaba el tema que prepare con el fin de continuar este camino que nos hemos pactado Uds. mis escuchas y una servidora, que es la de encontrar el elixir de la felicidad, el instante que valga las heridas futuras. Esta hora no debe ser la excepción, sin embargo, he arrojado el tema por la ventana y quiero escuchar que me cuentan Uds. que momento de felicidad experimentaron durante esta semana en que no nos escuchamos, lo que para Uds. fue un momento de felicidad, iré a un corte y a esta canción que nuestro productor gusta de reproducir en noches como estas, nubladas y con presagio de lluvia. Recuerden nuestros números. Atendió más de 4 llamadas escuchando con atención momentos de felicidad, de gozo instantáneo y de representaciones diversas. El teléfono sonó y el productor le anunció la siguiente llamada:

-Hola, hola. ¿Cómo te encuentras, esta noche? te escuchamos.
-Hola. ¿Me recuerdas?
-El Hombre sin Nombre de la semana pasada, tienes una voz interesante.
-No se si la felicidad haya pasado por mi puerta durante estos días, pero aun así quise llamar, para felicitar a los que fueron felices esta semana, y como este es un programa en el cual los escuchas participamos, ¿Cuál fue tu momento?
-¿Mi momento? Vaya, no me había percatado de tal ofensa ante Uds. mis escuchas, si esto es de corazones abiertos. Hombre sin nombre, haremos un trato. ¿Listo?
-No lo se, supongo que no tengo nada que perder. Si, ¿Cuál es?
-Te contare a ti y a nuestro auditorio mi momento de felicidad y tu nos darás tu nombre verdadero. ¿Estas listo?
-Es un trato justo.
-Ocurrió esta misma tarde justo al llegar a casa, sobre la mesa encontré un álbum de fotos con una nota encima que decía: “Las fotos son pasajes de la memoria” lo abrí y el álbum contenía recortes de fotos y comentarios, fotos de mi preparatoria, de mis grandes amigos. Ahí entre estas fotos me devolví a esos días donde todo parecía mas simple no sencillo, me divertía viendo mi ropa pasada de moda, referencias al futuro como metas y sueños aunados a encuentros de felicidad. Una de esas fotos justo en el centro llevaba por protagonista a una servidora y a una persona que aun creo me encontrare por ahí, vagando en las calles. Me rodeaba con su brazo en su traje oscuro y corbata gruesa habiendo de fondo un puente cual paisaje y sonreí arrojando gotas que nacían de mis ojos, sentí una felicidad instantánea. Mis escuchas gracias por escucharme, y a ti Hombre sin nombre, es tu turno. ¿Nos dirás tu nombre?
-¿Por qué no? solo debes darle vuelta a tu foto al llegar a casa, uno siempre vuelve a los lugares donde amó la vida. Buenas noches.

Se escuchó el sonido al colgarse la llamada. La producción reprodujo una canción para salir del aire no sin antes agradecer al auditorio, el productor se acercó a ella preguntándole y ella dijo: nos veremos la siguiente semana, un puente me espera. Las calles se hallaban solitarias, pareciera que los autos se hubiesen quedado sin gasolina, estacionados en las casas, replegados ante la velocidad del auto que iba transitando las calles y en las banquetas aun quedaban resquicios de lo que fuera una manifestación de esas pacificas que ahora parecen multiplicarse. El puente se encontraba a 15 minutos de la estación de radio los cuales se turnaban eternos a pesar de no haber tráfico, sinónimo de turismo en la ciudad siempre fungía como comparsa en esos retratos fotográficos desde ya mas de 35 años. La locutora se estaciono y empezó a subir la colina hacia el puente sin saber mucho que esperar o decir, solo sabía que debía ir a ese lugar la subida parecía adolecerle por el temor de verse devorada por todo lo que añoraba y que se le había insinuado desde aquella llamada ahora estaba por descubrir si efectivamente se encontraría con quien pensó jamás encontrarse de nuevo y de nuevo acertó. Recargado en los pilares de metal que componían el puente y aderezado por la luz color rojo el mago estaba ahí, de espaldas a ella quien con su corazón palpitándole fuerte atiborrada de emociones y sentimientos presa de la fugacidad del momento alcanzó a trastabillar antes de llegar a el. El mago sintió su aroma al escuchar los pasos estirando su mano para evitar que ella cayese, ella tomo su mano retomando su postura de inmediato diciéndole:

            -¿Qué hubieras hecho si me caigo?
            -Volverte a darte mi mano. Te acordaste.
            -¿Cómo supiste quien era si utilizo un seudónimo? ¿Dónde habías estado?
            -Aquí, allá. ¿Importa? A veces el misterio es lo que nos mantiene despierto.
            -Siempre fuiste igual, mago. ¿Aun haces tus trucos?
            -¿Aun le hablas al micrófono cual reportera?
El mago le tomó su gafete y La Locutora se sonrió, aun la traía puesta y no se había percatado de ello.
-Claro, aun es mi vicio solo que ahora me pagan y me gusta lo que hago. ¿Cómo supiste que era yo quien hablaba?
-No se necesita ser un mago para ello. Hace dos meses que llegue de nuevo a la ciudad, aun no he buscado a nadie y tampoco me ha dado por continuar dando vueltas en la vida. Así que me estoy quedando en una casa de huéspedes desde ese día y quien ofrece comida en las afueras no se pierde tu programa, un día me hablo tanto de lo que se decía en tu hora que me dio por acompañarle y fue así que le dije que te conocía. Tu voz de tantas veces que la escuche cerca de mis labios o en mis oídos sabía que eras tú a pesar de utilizar otro nombre, el corazón suele encontrarle respuestas olvidadas al ser humano. Desde ese día pensé en hablarte, solo ahí podría enfrentarme de nuevo con tu recuerdo. Y hoy aun no se bien como explicarte tantas cosas.
-Ya he olvidado todo lo que quería preguntarte, de hecho vengo aquí porque me he enseñado a vivir los capítulos inconclusos y a cerrarlos o bien cambiarles de pagina para escribir otra cualquier que esta fuese, tampoco veo a nadie de esos amigos que tuvimos, por ahí los encuentro en las calles o en algún evento, todos piensan que trabajo pero no de locutora, eso es para mi. ¿Por qué te fuiste?
-Mi vida se había hecho una rutina y había perdido el misterio, sin misterio no hay interés, perdido en la capacidad de asombrarte y que conocieses algo que fuera nuevo en mi, que fuera intenso y atractivo. La magia se había terminado y eso convierte todo en tan normal, tan común. Acepte que los orígenes del deseo y la atracción habían acabado con ellos y eso lo llena de caducidad como esos productos que compras en cualquier tienda. Me tuve que alejar de ti, porque me convertí en alguien normal. Y yo soy un mago. Volví para pedirte perdón por lo que sea que te haya hecho mal, y encauzar mi vida hacia aquello que me hizo tener mi momento de felicidad que eres tú,  Te amo.
El mago se puso de rodillas y de su gabardina un ramo de rosas apareció así como un collar de plata con un dije antiguo que representaba a la diosa afrodita. La locutora tardo mas de un minuto en decir algo, sin embargo, su corazón palpitando fuertemente y sus ojos que comenzaban a ponerse rojos mientras la sonrisa de su rostro pareciese que le hiciera mas bella y vulnerable que nunca, tomó con su mano el ramo y con la otra el collar alrededor de las manos acariciándole la mejilla al mago. Lagrimas cayeron desde el cielo esta vez no hubo nostalgia sino regocijo de almas encontradas ante la noche. Del cielo, La luna actuaba como maestra de un circo donde locos reían, los cuerdos maldecían y en medio de todo el mago y la locutora se tomaron de la mano.

Y entonces ocurrió, se dice que esa noche del cielo cayeron lagrimas de emoción…por un beso robado, un beso otorgado y la conversación mas clara de la noche.”