lunes, 17 de septiembre de 2012

Caminos del Alma




“La humedad aprisionada, aprieta, repercute en el animo de las personas robándose las emociones de la tarde que yace sin atisbo de Sol en este sábado cualquiera. Ni parece que lloverá ni parece que el calor se ira, es una trampa, un juego de la naturaleza y sin embargo, con una displicencia y un sentido abstracto, Él anda por ahí. Hacía muchas Lunas que no bebía solo, que no se embarcaba en una desilusión o una buena manera de pasar la tarde más que esa, de beber frente a la tarde nublada. En términos de psicología, podría ser un intento de no caer en la depresión, quizás hoy nadie sea buena compañía, pero ha de ser acompañante de las nubes grises en la ciudad a la que ha vuelto desde ayer. Se había caído su mundo personal, aunque el mundo afuera apenas se sostiene en su presente. Deberá mutar y continuar, refrescarse en la lluvia si esta llega, hacer una llamada para que alguien escuche y no hablarle a la mente, pero antes deberá destruirse a sí mismo, antes de empezar de nuevo, antes de caminar deberá arrastrarse en el fango de los recuerdos, de los sueños rotos o de las partidas anticipadas. Caer, llorar, patalear y lamentarse, todo es permitido. Una caminata que a muchos pareciera solitaria y a otros se asemeja a esa comunión entre la persona y su yo interno, ¿Qué importa caminar solamente? Aunque en este caso, viene acompañado de botellas pero y eso que. ¿Quién dice que no se puede recorrer la propia ciudad cual turista perdido? Todo se ha perdido se dice, el ayer, el presente se lo ha llevado el tiempo y aunque el día va a la mitad parece que durará una eternidad pero se dice, si ha de ser así, que me tome engulléndome la vida misma en un trago repartiendo sonrisas entre desconocidos y conmigo mismo. El calor repliega, recrudeciendo los sinsabores del alma. El amor se fue, las amistades se han desaparecido y el trabajo es solo una tragicomedia que nos lleva a las lides del dinero y el uso de las horas. El, ataviado en su uniforme de trabajo retoma las calles que después de muchos años se encuentran, efectivamente se percata de negocios que han cerrado, negocios permanecen, incluso aquel lugar donde trabajó hace quien sabe cuánto tiempo atrás sigue ahí. De pronto en medio de un callejón que llevaba hasta una calle iluminada solo por esa trágica luz que permanece solo para los extraños, incitándolos a adentrarse en ella, el caminó, destapo una nueva botella y dijo que diablos. La tarde es del infierno este día. Embravecido por ese trágico andar hacia las fauces de su alma y el deseo de destruirse en los adentros de su interior, bajó los peldaños donde el río caudaloso esperaba, quería apaciguar o dejarse llevar, recargado en los arboles mientras los autos se peleaban por un lugar para seguir avanzando. Ahí frente al río que cantaba con su ir y venir, gritó con furia, ahí donde nadie le escuchaba se percató que la botella lloraba al igual que él, y se sintió abrumado, perdido, errante en la ciudad. Divagó con la mirada y justo del otro lado del mismo, se encontró con una enorme casa oculta bajo inmensos árboles, jamás la había visto, una ilusión se dijo, alucinación más bien aseguró murmurando, pero aquella casa seguía ahí después de cerrar y abrir los ojos un par de veces, se sonrió y con un semblante malicioso se dijo porque no y anduvo paso a paso rumbo al puente que se alzaba sobre el río. El puente de madera se mecía y el cielo comenzó a nublarse, era una invitación a la perdición o a la claridad quien sabe, la casa rompía los paradigmas y las reglas de la construcción y sin embargo, se sostenía. Sin nada que perder, se apostó en la puerta y tocó…una, dos, tres, cuatro veces y nada. Decepcionado entendió que la vida es así y dio media vuelta y entonces el crujir de la puerta de madera se escuchó mundano como un cuento de terror, el infierno del caos le enseño la entrada. Un par de escalones hacia arriba se jacto de ser fuerte y entró. La puerta se cerró al instante y una gran sala iluminada solo por velas alrededor le dio la bienvenida, en cada vela una imagen de Jesús de las estaciones en la caminata más conocida del mundo entero. El techo rustico estaba pintado de frases en alfabeto griego las que reconoció de inmediato, famosos filósofos jactándose de encontrar la república perfecta se comunicaban en ese techo. No había sillones, ni sillas, solo un gran tapete rojizo con libros abiertos a la mitad, pero lo mejor estaba frente a él, una gran pecera con la Europa antigua, París, Roma, Viena, Grecia mientras peces nadaban cruzando todo el continente, de fondo comenzó una canción que recordó al instante, y sintió una sensación que le volvió la piel de gallina, en el momento en que se preguntó si cantar o buscar una botella para irse de esa alucinación o realidad etérea, sintió unas manos cubriendo sus ojos y dijo: bienvenido, es noche de luna blanca, si no sabes que decir, estas en el lugar correcto. Él solo alcanzo a decir: ¿Dónde estoy? Y en la respiración, el aroma de sus manos, el tacto de su piel, supo que no importaba y se rió casi al instante que ella misma soltó una risa suave diciéndole anda siéntate mientras te traigo algo de tomar. Desesperado por apreciar su belleza que de seguro era angelical dio media vuelta encontrándose con esos ojos negros profundos como la noche, engalanando o cubriendo su rostro un antifaz blanco como la nieve cual estrella postrada en el cielo lo tomó por sorpresa. ¿Quién era ella? ¿Cómo había pasado por alto esta casa? Tal vez estaba dormido en ese frondoso árbol y soñaba sin percatarse de lo real, una vez más se dijo, déjate llevar y deja de hacer preguntas. La mujer del antifaz cruzo de nuevo por donde salió, regreso con el trago y le invito a quitarse los zapatos y sentarse sobre el tapete rojizo, iba descalza y su piel morena embriaga a cualquiera más a él, que ahora le contemplaba embobado mientras degustaba el trago apresurado. Se sentó cual maestro de Yoga, vestía un largo vestido color blanco adornado con profundas rosas rosadas y parecía una bailarina de ballet ahí sentada, capaz de darse 10 vueltas y no perder su control. Y ahí mientras se perdía en esos ojos negros brillantes como la noche y su sonrisa iluminando esta tarde que se escapó en un instante, pregunto porque él estaba triste, y ahí fue donde le conoció mientras él contaba la historia de su vida, ella atenta seguía cada paso, cada caída en la que el ahondaba, su suplicio, su felicidad antes de que todo pasase, con esas velas sobre las cuales Jesús caminaba por las estaciones dirimiendo con el mundo mientras se sacrificaba en aras de su Padre, el comenzó a sentirse libre, desahogado y comprendió que a cada palabra o hecho que se refiriera, ella le encontraba una razón, un porque y sobre todo un para qué. De fondo, los peces navegaban en las aguas de Europa, paseando por el Coliseo, subiendo a la Torre Eiffel, retratando el Partenón cuando ella lo invito a cerrar los ojos y escucharle. Le dijo has sentido la vida pasar por tus manos, has visto quizás el infierno y es posible que odies tu existencia como tal y te sientas errante. Ven, toma de mi mano. Lo guió por la gran sala y poniendo su mano cerca de la vela le dijo: Lo espiritual de la imagen que adorna esta vela lo dice todo, un camino cuyo final no sabe con certeza pero cuyo trayecto debe abrazar, sentir y palidecer porque se guía por el corazón. A continuación le dirigió a la parte central de la sala y con su mano le alzo su rostro al cielo mientras le decía: tu camino ha sido hecho en base a tus principios y las decisiones que has tomado cuyas consecuencias hoy vives, quizás alguna de ella sea solo el destino o la mano de Dios, pero tu filosofía al igual que ellos que escribieron grandes libros, interpretaron su propio ser humano, su entorno y se guiaron por su pensamiento, tu camino continuará y trascenderás lo que hoy te adolece. Por último, te invito a que tu olfato sienta el agua de esta pecera cuyos peces recorren grandes ciudades mitológicas, eternas y siempre parte de la historia del mundo te regresen los sueños, que las distancias son cortas si estas las caminamos de la mano del cariño de la gente y de nuestras pasiones. El tomado de su mano, recorriendo esa sala y con ese sentir de su piel rompiendo todos sus paradigmas se sintió aliviado, relevado de esa carga con la que cruzó ese puente, sabía que tenía mucho por hacer, y que tendría que quizás construir de nuevo, pero ahora entendía que un sueño y una filosofía que solo él sabe vivir le llevarán al camino de la vida. La Chica del antifaz le abrazó fuerte otorgándole el beso más sincero del que el haya tenido razón en años, no era un beso de enamorada, ni de admiradora, era un beso de comunión, de comprensión, de cariño profundo. ¿Un fantasma? ¿Una reina? ¿Una visión de su mente? Retribuyo su beso con un beso en su mejilla y en su mano. Pasado la medianoche abandono esa casa donde dejó su tristeza y su errante porvenir, se dice que recorrió de nuevo las calles sonriente, extrañamente tranquilo con su vida y displicente con el futuro. La noche brillaba con su Luna blanca mientras que el cielo se había nublado, frente a él justo en la esquina de una calle solamente iluminada por un farol caminaba una mujer descalza de cabellos lacios negro brillante un vestido rosado cubría su cuerpo hasta las rodillas, se vieron por un instante y sonriendo se dijeron hola. Ese rostro, se parecía tanto a…y contuvo la respiración solo alcanzando a decir Hola, y ella le dijo hola con esos labios que habrían de robarse el alma. Y el camino inició con dos locos sonriendo con ojos cerrados...Esencia de esa Luna Blanca en una noche efímera y eterna que va y viene con el viento, encontró su sonrisa maliciosa en su silueta rompiendo los moldes de la razón al ver esos ojos negros desafiando al corazón.”

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