“El aviso apareció una tarde
soleada de verano…el sobre se arrastró por la puerta y entró en silencio
quedándose justo en el lugar adecuado para que cuando fuera levantado del
suelo, lo abriese quien lo estaba esperando o no. Duró ahí de tres a cuatro
días, empolvándose con el resto de los muebles. Sin saber mucho que hacer al
respecto, se refugió en su música, en la historia pendiente y en los hechos que
no se hicieron y en las culpas que de estos se gestaron. Él, un hombre
solitario, independiente, inestable y mundano. Cuyo día se debatía entre terminar
su proyecto y continuar su vida dando traspiés por las calles oscuras de
letreros tétricos y colores obscenos, abría las botellas pero no se las
terminaba, pensaba en que el mudarse otra vez sería volver a empezar o dejar
inconcluso algo…envío mensajes por celular, por redes sociales y hurgo en donde
podría irse, pero sobre todo, despedirse del hogar prestado, más bien del
departamento, porque hogar solo se le llama a donde uno quiere quedarse y él no
quería ni irse o quedarse, mejor explicado, no sabía qué hacer. Habría que huir
de ahí, buscar de nuevo, hurgar en los periódicos y adentrarse en el papel
grisáceo y comenzar otra vez, lo que le genera más incertidumbre es que meter
en las cajas que llevarse, dividirse entre cajas la vida de uno debe ser difícil,
imagínate, todo en cajas. Todo eso que construiste habrá de meterse en
sencillas cajas de cartón para ponerle nombre, razones y un porque del para es
que me las llevo a la otra aventura de vida. Extrañado por al anuncio y lo
repentino de todo, se acerca a la ventana y mira como la tarde se escapa del
cielo dejándole a la noche el resto del día. ¿Por qué a él? ¿Por qué siempre
quiere contar una historia? El camino es diferente para cada uno de nosotros.
Toma su puro, absorbiendo y soltando mientras resuelve abrir la ventana y dejar
que el frío llene la casa con su helado suspiro, y así, enfriar las lágrimas de
un hombre atormentado. Ha decidido servir el vino y brindar con y por sus
recuerdos…total las historias, así la música y el corazón son presa de ellos,
los abrazan para forjar los lazos y unir para siempre en el palacio de la
memoria y así, cada tanto tiempo, como hoy, como en cualquier noche lluviosa,
en una tarde helada, en una resaca de domingo, o en la canción de fondo en el
radio, ser catapultado a ese instante que marcó tu vida. Sonrió para él al ver
su reflejo en el vidrio y enjugarse las lágrimas mientras guardaba fotos,
libros, poemas y utilería. Lo entendía, guardaba momentos no cosas, guardaba
emociones no materiales, guardaba cariño, amistad, amor, alegría, aprendizaje y
no cajas. Fue ahí que volvió a ver, como en el viaje en el tiempo lo que sintió
en el corazón, la emoción que le recorría la piel…y como todo es una versión de
otra cosa…el cambio es lo único permanente. Salió de ahí al comienzo de la
madrugada cuando el vino y el puro se terminaron, entre humo, fuego y
vagabundos, recorrió las calles hasta su bar favorito, uno de tantos. Tocó un
poco de música, escuchó las novedades y se enfrascó en tantas conversaciones de
autores y de personajes del deporte que se atiborró la cabeza, y al caer el
alcohol en la sangre…aseguró una noche turbia e inacabable en piernas de
cualquier mujer que contestará su cuestionario. Al caminar rumbo al siguiente
bar, tocó los árboles de la plazuela, recordó como de niño le gustaba jugar ahí
más cuando brotaban los chorros de agua del centro. ¿Cuánto dura la niñez?
¿Quién decide el tiempo de cada etapa de la vida? Fue así como se recargo en la
banca y estiró los pies viendo al cielo, para contar las estrellas con los ojos
cerrados…fue así que escuchó aquel lamento proveniente cerca de la otra banca,
se levantó pensando en estar equivocado, pero incluso ese lamento no podría
olvidarlo jamás…así que con temor y expectativa, se levantó y de banca a banca
preguntó si todo estaba bien. Ella contestó que sí que importaba, pero él, le
palpitó el corazón más fuerte y el alcohol empezó a sudarlo…la voz, la
perfección de esas cuerdas vocales adoloridas, pero siguió su miedo, la inoperatividad
de su cuerpo. No le dejaba ir hasta la banca próxima, así que así tal cual de
banca a banca como cautivos comenzaron a conversar. Pero es lo que pasa con las
personas, no sabemos la historia que están viviendo, solo vemos sus gestos y
sus emociones y juzgamos. Y así la conversación entre ellos comenzó, de banca a
banca con un hola, de las lágrimas pesadas como surcos llevándose la madrugada
a un nuevo nivel donde se olvidó un poco de su situación para enfocarse en la
de ella, se dice que el amor es justo cuando te interesa más la otra persona
que tú…te interesa más lo que le pase, ocurra o le genere conflicto o emoción.
Ella le contó con la confianza de hablar con un desconocido, un psicólogo al
cual contarle todo, la gran diferencia es que ir con el psicólogo no todo el
tiempo es al momento en que te ocurre ese desdén por la vida, esa depresión,
ese término llamado situación, sabiendo del dolor que aparece…pero como él
estaba y el signo de interrogación recorrió el espacio de las bancas, hablaron
poco a poco del sentimiento que en ella le encogía la garganta y le ahogaba
soltando sollozos y pocas palabras para ir soltándose dejando salir todo,
expresar la tragicomedia en que su vida había convertido la ilusión en
tragedia, en lamento, en un amor destruido por la pasión de cuerpos ajenos, él
quería acercase a ella, pero optó por seguir escuchando y de vez en cuando
decirle cuanto lo lamentaba y como siempre existía un aprendizaje en cada pedazo
del corazón que se nos cae. Debido a las palabras y los sentimientos que estas
arrastraban, los corazones empezaron a sonar al unísono como una batería, una
orquesta y así fueron dejando sus bancas para acercarse, ahí fue que se vieron
directo a los ojos, como dos cazadores buscando el mismo tesoro, como un par de
niños encontrando el mismo dulce, como los amores que jamás se pierden, y solo
están separados, ambos sabían que nada volvería a ser igual después de hallarse
nuevamente, porque si hay algo que no se debe perder, es el amor. Fue entonces
que se besaron, se tocaron los rostros, aparecieron las lágrimas y los besos
guardados solo de ellos dos…fue entonces que jamás supieron porque se habían
ido cada quien por su lado, sin embargo, del ayer nos acordamos cuando el hoy
no existe como lo deseamos y en lugar de hablar de lo perdido, se enfocaron en
vivir lo encontrado, haciéndose uno entre el pasto del parque detrás de las dos
bancas. A muerte se querían, amándose como solo los locos saben porque todos
entendemos que el amor no es para los cuerdos sino, solo para aquellos que
están a punto de arrojarse al vacío sin paracaídas. Ven a mí, le dijo él, por
la historia inconclusa, por los besos que nos faltan, por las fallas de
nuestros ayeres y por ese amor nuestro. Terminaron desnudos sobre los arbustos
cual salvajes en el mundo antiguo, pero el amor no tiene nada de antiguo,
siempre está presente en nosotros. Lo que más le fascinaba de ella, eran esos
labios rojos como el vino que no sonreían ni se abrían totalmente solo le
provocaban un deseo inagotable y así, se destruyeron a sí mismo, para volverse
a unir juntando los pedazos de corazón que se habían quedado regados por el
mundo de sus vidas. Ven a mí, le decía, que estamos aquí de visita y no debemos
perder más tiempo, amémonos, que el mundo se nos irá en unos años. Que extraño
justo cuando piensas que todo se ha ido al carajo, la solución o la historia
que aparece frente a ti, es la que has estado esperando desde que te caíste al
precipicio. Y fue así, como un final, se convirtió en un inicio. Al día
siguiente, después de un café más negro que la noche misma, se acomodó como los
perros buscando la sombra, en el departamento frente a las cajas. Cajas, cajas
y cajas. Es el cambio lo único que se queda entre nosotros, pero sentía calma,
paz, una emoción inusual en él apareció y entonces se le vino a la mente hacer
un pequeño film, antes de irse y así, enviar un mensaje. En ese pequeño film
fue deshojando los cajones cual ramas de árbol, contando pequeñas anécdotas,
las risas, las alegrías y los momentos que siempre volvía a contar y así, su
alma iba aumentando en la sonrisa, regocijándose de una bonita historia vivida
hasta el momento, no había vivido tan mal después de todo. Había viajado, amado
hasta la medula, y encontrado más buenas personas que malas, además de enormes
cantidades de aventuras, cuando hubo terminado el video y de empacar, terminó
en el piso y fue entonces que la puerta sonó. Él dijo está abierto, y apareció
Ella, quien más sino Ella, quien estirándole la mano se arrojó a sus brazos
besándole con ternura mientras le acariciaba las mejillas con las manos… ¿Listo?
Le dijo, y él sonrió, claro le dijo. Las cajas donde empacó su historia se
trasladaron a un lugar mejor, es decir, a los brazos de Ella, así años después
ese apartamento les sonríe cuando ellos caminan por las calles del Mundo de
Morfeo, por eso, a ti, que andas por ahí, recuerda que la vida y sus
experiencias solo ocurren una vez: enamórate, ama, abraza, haz el amor y
recorre el mundo.”