miércoles, 3 de agosto de 2016

Cajas



“El aviso apareció una tarde soleada de verano…el sobre se arrastró por la puerta y entró en silencio quedándose justo en el lugar adecuado para que cuando fuera levantado del suelo, lo abriese quien lo estaba esperando o no. Duró ahí de tres a cuatro días, empolvándose con el resto de los muebles. Sin saber mucho que hacer al respecto, se refugió en su música, en la historia pendiente y en los hechos que no se hicieron y en las culpas que de estos se gestaron. Él, un hombre solitario, independiente, inestable y mundano. Cuyo día se debatía entre terminar su proyecto y continuar su vida dando traspiés por las calles oscuras de letreros tétricos y colores obscenos, abría las botellas pero no se las terminaba, pensaba en que el mudarse otra vez sería volver a empezar o dejar inconcluso algo…envío mensajes por celular, por redes sociales y hurgo en donde podría irse, pero sobre todo, despedirse del hogar prestado, más bien del departamento, porque hogar solo se le llama a donde uno quiere quedarse y él no quería ni irse o quedarse, mejor explicado, no sabía qué hacer. Habría que huir de ahí, buscar de nuevo, hurgar en los periódicos y adentrarse en el papel grisáceo y comenzar otra vez, lo que le genera más incertidumbre es que meter en las cajas que llevarse, dividirse entre cajas la vida de uno debe ser difícil, imagínate, todo en cajas. Todo eso que construiste habrá de meterse en sencillas cajas de cartón para ponerle nombre, razones y un porque del para es que me las llevo a la otra aventura de vida. Extrañado por al anuncio y lo repentino de todo, se acerca a la ventana y mira como la tarde se escapa del cielo dejándole a la noche el resto del día. ¿Por qué a él? ¿Por qué siempre quiere contar una historia? El camino es diferente para cada uno de nosotros. Toma su puro, absorbiendo y soltando mientras resuelve abrir la ventana y dejar que el frío llene la casa con su helado suspiro, y así, enfriar las lágrimas de un hombre atormentado. Ha decidido servir el vino y brindar con y por sus recuerdos…total las historias, así la música y el corazón son presa de ellos, los abrazan para forjar los lazos y unir para siempre en el palacio de la memoria y así, cada tanto tiempo, como hoy, como en cualquier noche lluviosa, en una tarde helada, en una resaca de domingo, o en la canción de fondo en el radio, ser catapultado a ese instante que marcó tu vida. Sonrió para él al ver su reflejo en el vidrio y enjugarse las lágrimas mientras guardaba fotos, libros, poemas y utilería. Lo entendía, guardaba momentos no cosas, guardaba emociones no materiales, guardaba cariño, amistad, amor, alegría, aprendizaje y no cajas. Fue ahí que volvió a ver, como en el viaje en el tiempo lo que sintió en el corazón, la emoción que le recorría la piel…y como todo es una versión de otra cosa…el cambio es lo único permanente. Salió de ahí al comienzo de la madrugada cuando el vino y el puro se terminaron, entre humo, fuego y vagabundos, recorrió las calles hasta su bar favorito, uno de tantos. Tocó un poco de música, escuchó las novedades y se enfrascó en tantas conversaciones de autores y de personajes del deporte que se atiborró la cabeza, y al caer el alcohol en la sangre…aseguró una noche turbia e inacabable en piernas de cualquier mujer que contestará su cuestionario. Al caminar rumbo al siguiente bar, tocó los árboles de la plazuela, recordó como de niño le gustaba jugar ahí más cuando brotaban los chorros de agua del centro. ¿Cuánto dura la niñez? ¿Quién decide el tiempo de cada etapa de la vida? Fue así como se recargo en la banca y estiró los pies viendo al cielo, para contar las estrellas con los ojos cerrados…fue así que escuchó aquel lamento proveniente cerca de la otra banca, se levantó pensando en estar equivocado, pero incluso ese lamento no podría olvidarlo jamás…así que con temor y expectativa, se levantó y de banca a banca preguntó si todo estaba bien. Ella contestó que sí que importaba, pero él, le palpitó el corazón más fuerte y el alcohol empezó a sudarlo…la voz, la perfección de esas cuerdas vocales adoloridas, pero siguió su miedo, la inoperatividad de su cuerpo. No le dejaba ir hasta la banca próxima, así que así tal cual de banca a banca como cautivos comenzaron a conversar. Pero es lo que pasa con las personas, no sabemos la historia que están viviendo, solo vemos sus gestos y sus emociones y juzgamos. Y así la conversación entre ellos comenzó, de banca a banca con un hola, de las lágrimas pesadas como surcos llevándose la madrugada a un nuevo nivel donde se olvidó un poco de su situación para enfocarse en la de ella, se dice que el amor es justo cuando te interesa más la otra persona que tú…te interesa más lo que le pase, ocurra o le genere conflicto o emoción. Ella le contó con la confianza de hablar con un desconocido, un psicólogo al cual contarle todo, la gran diferencia es que ir con el psicólogo no todo el tiempo es al momento en que te ocurre ese desdén por la vida, esa depresión, ese término llamado situación, sabiendo del dolor que aparece…pero como él estaba y el signo de interrogación recorrió el espacio de las bancas, hablaron poco a poco del sentimiento que en ella le encogía la garganta y le ahogaba soltando sollozos y pocas palabras para ir soltándose dejando salir todo, expresar la tragicomedia en que su vida había convertido la ilusión en tragedia, en lamento, en un amor destruido por la pasión de cuerpos ajenos, él quería acercase a ella, pero optó por seguir escuchando y de vez en cuando decirle cuanto lo lamentaba y como siempre existía un aprendizaje en cada pedazo del corazón que se nos cae. Debido a las palabras y los sentimientos que estas arrastraban, los corazones empezaron a sonar al unísono como una batería, una orquesta y así fueron dejando sus bancas para acercarse, ahí fue que se vieron directo a los ojos, como dos cazadores buscando el mismo tesoro, como un par de niños encontrando el mismo dulce, como los amores que jamás se pierden, y solo están separados, ambos sabían que nada volvería a ser igual después de hallarse nuevamente, porque si hay algo que no se debe perder, es el amor. Fue entonces que se besaron, se tocaron los rostros, aparecieron las lágrimas y los besos guardados solo de ellos dos…fue entonces que jamás supieron porque se habían ido cada quien por su lado, sin embargo, del ayer nos acordamos cuando el hoy no existe como lo deseamos y en lugar de hablar de lo perdido, se enfocaron en vivir lo encontrado, haciéndose uno entre el pasto del parque detrás de las dos bancas. A muerte se querían, amándose como solo los locos saben porque todos entendemos que el amor no es para los cuerdos sino, solo para aquellos que están a punto de arrojarse al vacío sin paracaídas. Ven a mí, le dijo él, por la historia inconclusa, por los besos que nos faltan, por las fallas de nuestros ayeres y por ese amor nuestro. Terminaron desnudos sobre los arbustos cual salvajes en el mundo antiguo, pero el amor no tiene nada de antiguo, siempre está presente en nosotros. Lo que más le fascinaba de ella, eran esos labios rojos como el vino que no sonreían ni se abrían totalmente solo le provocaban un deseo inagotable y así, se destruyeron a sí mismo, para volverse a unir juntando los pedazos de corazón que se habían quedado regados por el mundo de sus vidas. Ven a mí, le decía, que estamos aquí de visita y no debemos perder más tiempo, amémonos, que el mundo se nos irá en unos años. Que extraño justo cuando piensas que todo se ha ido al carajo, la solución o la historia que aparece frente a ti, es la que has estado esperando desde que te caíste al precipicio. Y fue así, como un final, se convirtió en un inicio. Al día siguiente, después de un café más negro que la noche misma, se acomodó como los perros buscando la sombra, en el departamento frente a las cajas. Cajas, cajas y cajas. Es el cambio lo único que se queda entre nosotros, pero sentía calma, paz, una emoción inusual en él apareció y entonces se le vino a la mente hacer un pequeño film, antes de irse y así, enviar un mensaje. En ese pequeño film fue deshojando los cajones cual ramas de árbol, contando pequeñas anécdotas, las risas, las alegrías y los momentos que siempre volvía a contar y así, su alma iba aumentando en la sonrisa, regocijándose de una bonita historia vivida hasta el momento, no había vivido tan mal después de todo. Había viajado, amado hasta la medula, y encontrado más buenas personas que malas, además de enormes cantidades de aventuras, cuando hubo terminado el video y de empacar, terminó en el piso y fue entonces que la puerta sonó. Él dijo está abierto, y apareció Ella, quien más sino Ella, quien estirándole la mano se arrojó a sus brazos besándole con ternura mientras le acariciaba las mejillas con las manos… ¿Listo? Le dijo, y él sonrió, claro le dijo. Las cajas donde empacó su historia se trasladaron a un lugar mejor, es decir, a los brazos de Ella, así años después ese apartamento les sonríe cuando ellos caminan por las calles del Mundo de Morfeo, por eso, a ti, que andas por ahí, recuerda que la vida y sus experiencias solo ocurren una vez: enamórate, ama, abraza, haz el amor y recorre el mundo.”