viernes, 18 de julio de 2014

El Libro Azul

“En aquella ciudad de tintes grises y paisajes góticos, de colores olvidados y de grandes edificaciones e iglesias…los trenes subterráneos y ligeros reinaban en la ciudad, ya poco se andaba en auto menos en bicicleta, en aras de hacer todo un poco mas rápido y de crear grandes beneficios económicos y reprimir un poco la muchedumbre por las calles…todos bajaban rumbo a los trenes…niños, mujeres, hombres…ir a la estación era parte del día, para él no era la excepción, todos los días a la misma hora, en la misma estación, sentado sobre aquella banca que ya reconocía su cuerpo…esperaba mientras leía libro tras libro…era su momento ideal, antes de subirse al tren y ser llevado rumbo al trabajo, donde seria de nuevo esa eterna jornada en el trabajo que había llegado a odiar…odiar, es una palabra demasiado fuerte pero hacia mucho no le había encontrado tan buen significado…Recolecto como un detective todas las pistas en aquel anden de la estación…regados sobre la banca…una mochila, dentro de ella…aquel libro de tapas azules con una Luna sobre la pasta…sintió la pesadez y la ligereza…tan pesado como cargar al desamor, tan ligero como levantar el amor…brillaba como la Luna Blanca, era como sentir las estrellas y la sonrisa de un niño…besos, caricias, cariño, lagrimas, amistad, miedos, y ríos de historias en las páginas de tal electrizante objeto…llevaba toda una vida ahí…en una sencilla mochila de viajero. Sin saber qué hacer, busco dentro de la mochila y por la parte de afuera un nombre o indicio de a quién pertenecía tan preciado objeto…pregunto a los pasajeros…durante toda la tarde pero nadie sabía… ¿Qué hacer? Existen dos razones por la cual uno abandona un objeto así…porque se ha dicho todo y no hay mas hojas por llenar o porque aquello que fue escrito duele tanto que es mejor abandonarlo…de cualquier forma invitaba a leerse…cual detective metiche, curioso, preguntón, interesado en resolver misterios…no soporto mucho…sentado en aquel porche donde leía desde Sherlock Holmes, El Fantasma, Batman, Murakami y Neruda…incluso alguna vez le gustaba hacer crucigramas…incitado por la tapa azul del libro, tomo una decisión, y lo abrió…polvo de estrellas se esparció en el aire…y comenzó a leer la historia que habría de modificar su propia historia. Iniciaba con una frase  “La vida no es para entenderse…sino para disfrutarse”…las primeras hojas venia una muy divertida manera de explicar el cómo y porque nacemos y esa confianza depositada en los adultos para empezar el camino…comer, gatear, andar, abrir los ojos…términos que no entendemos pero realizamos…se le llama crecer, aprender, comenzar…esos primeros pasos que no recordamos por nuestra memoria apenas echada a andar…se describía desde aquel primer recuerdo y saber que fue lo primero que se hizo para dejar huella en el mundo al que llegamos…a través de fotos e historias que sus padres y tíos contaron ella fue anotando del cómo y el porqué…el leía sonriente sus descripciones…así paso la noche en aquel porche ayudado por la tenue luz que la lámpara ofrecía, había entrado al mundo de alguien que no conocía pero cuyos relatos parecían darle una idea de su pensamiento…leyó como se describía a si misma desde niña, sus cabellos, sus ojos, la descripción incipiente y clara de su cuerpo en esa pequeñez que significa la niñez…es difícil hacer mención de cosas que apenas conoces…sin blancos, sin negros…todo representa el color…no hay tanto entendimiento ni pensamientos abstractos…es un camino sin ideas profundas o temores, son sueños cayendo del cielo en forma de nube…a medida que hablaba de la edad donde ya tenia noción de todo, las descripciones cambiaban…describiendo con excelsitud el paisaje así como los juguetes, hablaba de sus padres cual estrellas de cine, gigantes del Olimpo que le enseñaban el sí y el no…las reglas a seguir, sentir aquel abrazo de su madre…era lo máximo, descubrió la felicidad antes que el dinero como todos lo hicimos alguna vez…hasta que se nos olvido en el camino…pasó la infancia en aquella calle empedrada donde existió pavimento vistiendo esos colores pasteles con medias del mismo color aunado a listones que apretaban los cabellos, pero que le vestían de elegancia…cuanta felicidad existe en la niñez…no ves el humo, las lagrimas y el dolor son pasajeros y los sueños carecen de horario o alarma sin ese tic-tac diciéndote que algo está pendiente…contaba cuando caía en los charcos de agua, caminando tomada de la mano de su padre, dormir en medio de ellos y aventurarse en esos juegos de imaginación donde hasta voces imitaba, cuanta dulzura…El no podía dejar de leerle, sentía curiosidad de verle crecer…así mientras la madrugaba avanzaba…la historia tomaba tintes de adolescencia…de rebeldía, de cambios extraordinarios en su cuerpo, y de ideas pragmáticas, ideales retomados de libros, historias, vivencias…el pelo cambio de color y los ojos se hicieron más profundos al igual que la mirada se volvió impositiva y fuerte…creció en un segundo, en una página a otra, ya no era la misma, descubrió entre líneas cuando amó la primer vez, la segunda y cuando su corazón se rompió en pedazos y la sangre corrió en lagrimas que se lloraron durante días…cuanta fragilidad, cuanta sensibilidad, quería abrazarle, contarle que todo iba bien, que renacería y eso le ayudaría a ser mas fuerte…en contra de sus padres, de sus reglas, bañaba por esos motivos y noches en vela arraigada por la música que llenaba sus venas de emociones jamás admitidas menos pensadas…decidió tomar una decisión drástica…y en un amanecer ocurrió…se fue a buscar el otro lado del Sol, la otra cara de la Luna, un nuevo mundo…lo que no sabía es que del corazón no se puede huir. El a través de sus páginas, le siguió, tomado invisiblemente de su mano, tocando su hombro o a veces siendo aquel frente a ella, navegó junto a ella, le admiro desde lejos mientras corría descalza por bosques y leía en los parques, mientras picaba piedra en los trabajos…apenas una jovencita, hermosa, sincera, deseosa de cumplir metas, quería estar con ella, y sentía más que empatía cuando ella describía donde ahora vivía y su rutina sencilla pero solitaria…el lector, notaba su preocupación en el, de ponerse en su lugar, de entender su camino, de aplaudir sus triunfos, de ver como ella luchaba sus batallas a veces contra ella misma, a veces contra el mundo…no podía más que quererla…admirarle…sobre todo aquella noche que se enfrento a la disyuntiva de irse de nuevo, dejando todo, pero a veces uno debe dejar todo para dar un paso más, avanzar en el mundo, en su propia historia, porque los caminos son los que uno va haciendo mientras su vida hace otros…con lagrimas en sus ojos y un deseo irrepetible de escapar, de renacer, de combinar su yo con su otro yo…se fue en aquella noche en que el Dios había pintado la Luna de rojo para recordarle a las personas que aun en el pantano siempre se pueden ver las estrellas…y así, se fue…en un autobús sin retorno…se marcho y arrojo todo a aquel mar de cuerdos…para que al volver con las olas pudiese enfrentar y quedarse con su propia locura…cuanta valencia, decía él, cuantos anhelos en aquel viaje…le vio fortalecerse…en las paginas consecuentes, caminando sobre esa línea indeleble entre el amor, la locura y la furia…convertirse en una exitosa y bella mujer…capaz de dejar en silencio una sala e irrumpir en cualquier reunión con esa inteligencia que roba miradas y enamora corazones, a menudo encontraba en aquellos renglones una doble historia como ocurre en todas nuestras vidas…la ternura de sus acciones, la nobleza en su descripción de los amigos, los enemigos, la familia y las experiencias por donde pasaba…escuchaba a través de los renglones…Conoció todo de ella, y sin embargo no sabía nada, salvo su historia, aquella que ella contaba con tal fuerza que la tinta azul a veces solía estar remarcada…todos sabemos una parte de la historia la que vivimos, pero no sabemos de aquella que se vive del otro lado, las vidas que tocamos con nuestros no, con nuestros si, al hacer sonreír, cuando nos hacer reír, lo que lloramos, lo que se nos llora, lo que rompimos y lo que nos rompieron…siempre he creído que la vida tiene significado por aquellas vidas que tocamos siendo quien seamos, no se requiere de fama, dinero, o éxito, sino de amistad, empatía, cariño, amor…A medida que las páginas del Libro Azul se acercaban a su final…El, no quería que acabase, sentía como su historia se iría de sus manos, como si ella se hubiera terminado el café y se iría para siempre…lo que le dejaría seria la nostalgia y los hechos en el ayer…pero lo comprendía, nada es para siempre, todo cambia, todo pasa…y así, siguió esos últimos enunciados, versos, palabras, letra a letra su despedida, su bien iniciada frase que ahora aparecía al final…con esos puntos suspensivos…El perdido en el Libro Azul acuso de cansancio, de un largo suspiro, de una sonrisa cuando alguien parte a algún destino, de cuando uno se marcha o llega…pero también sintió la imperiosa necesidad de buscarle, debía encontrarle, regresarle tan preciado objeto y conocerle cara a cara, sin expectativas, sin medias tintas…tan solo quería darle de nuevo aquello que debió haber perdido o que había dejado en aquel anden…como un libro que se deja en el tocador justo en la pagina correcta…así le dejaría aquella nota que quizás ella pudiese leer: “Todo se lleva el viento de la vida, lo material, el pasado, las ideologías, los caminos y las lagrimas…al final quedan esos recuerdos y aquellos momentos donde aprendiste a sonreír”…días duro en aquella estación sentado en el mismo lugar, durante la misma hora que fue encontrado el libro…siempre listo, incluso al subir al tren, volteaba a todos lados para encontrarse con alguien que solo conocía en descripción, en imaginación, en sueños con los ojos abiertos…¿Cómo hallarle? ¿aun le interesara recuperar el Libro? Espero en calma pero nervioso, pensativo y expectante ante el posible encuentro si este sucediera…nadie ni nada le aseguraba que ella apareciera…se obligo a no crearse expectativas y comenzó a molestarse más aun por el trabajo por que este le alejaba de la estación, salía del trabajo justo a tiempo para regresar y esperaba…así transcurrieron los días, con el libro en su mochila, pasaba el día…lo mostraba en la estación y se iba al anochecer…leyó otros libros durante las noches en el porche o en cama pero ninguno le intereso demasiado…cuan ruin era el destino…perdió peso, perdió su sonrisa…aunque la esperanza es lo último que se pierde estaba dándose ya por vencido…el final de otra semana se acercaba y llovía copiosamente…con el uniforme empapado y el rostro extraviado se sentó…no se percato que a su lado, una joven de ojos grandes, hermosa como la puesta de Sol, como la Luna blanca, o el cielo azul le sonrió, aquella chica llevaba el color en ella, en esa estación gris..sonrió mientras le extendía un pañuelo para que el secara su rostro…le agradeció en silencio pero ella comenzó a sacarle platica desinteresadamente…la conversación le sentó bien, además de sus compañeros de trabajo, no platicaba con muchas personas, pensó que era la primera vez que hablaba con alguien en la estación, hablaron amablemente sin ahondar en detalles y se sintieron cómodos…el se percato de tal excepcional belleza, de su bien torneado cuerpo…pero sobre todo de su mirada honesta…la lluvia iba y venía al igual que las personas…ella había perdido el tren y ahora con el horario trastocado esperaba por el siguiente…subieron ambos al mismo tren, ella se mostró sociable sin importarle el aspecto de el…el anuncio de la siguiente parada les interrumpió…el debía bajarse, pero no quería…indeciso, temeroso, inoperante…terminó por resignarse, aquella aventura apenas había durado un suspiro, preguntó su nombre pero la gente empujaba llevándolo a la salida, le escucho y bajo con un saludo mas similar a un adiós que a un hasta luego, trastabillo y recupero el paso para después perderse entre la gente…dos paradas mas fue su turno, alistó su bolso mientras se quitaba el cabello de la cara y se encontró en el suelo un Libro Azul que brillaba en el tren incoloro…lo hojeó y leyó la nota que contrastaba con la letra escrita en los renglones…le faltó el aire perdiendo la compostura mientras sentía un golpe en el corazón…con su vestido floreado y sus uñas bien pintadas se sentó en el mismo lugar aquella mañana nublada…el con ese uniforme tan gris y común, caminaba con paso cansino rumbo a su asiento, aquel donde espero tantos días…el le vio ahí, sin saber si hablarle o sentarse a su lado, le saludo…y buscó en su mochila el libro, busco de nuevo, pero no lo halló…sintió una opresión en el pecho como cuando se pierde el amor o algo que lo represente…desesperado vació la mochila y sus pertenencias pero no había nada ahí…entonces le vio a ella con el Libro Azul entre sus manos…sonreía como cuando se encuentra a un viejo amigo, a lo que significa algo…un tesoro…entonces comprendió…era ella, la de la letra en esas páginas…el color en su vida, la sonrisa en la ciudad, la mirada en el corazón…dejaron la estación y caminaron por la ciudad de tintes grises y edificios góticos, el Libro Azul brillaba entre tanto gris…escribirían juntos, el pondría el libro…ella los colores…y su historia se contaría en la estación del Mundo de Morfeo.”