“En aquella ciudad de tintes
grises y paisajes góticos, de colores olvidados y de grandes edificaciones e
iglesias…los trenes subterráneos y ligeros reinaban en la ciudad, ya poco se
andaba en auto menos en bicicleta, en aras de hacer todo un poco mas rápido y
de crear grandes beneficios económicos y reprimir un poco la muchedumbre por
las calles…todos bajaban rumbo a los trenes…niños, mujeres, hombres…ir a la
estación era parte del día, para él no era la excepción, todos los días a la
misma hora, en la misma estación, sentado sobre aquella banca que ya reconocía
su cuerpo…esperaba mientras leía libro tras libro…era su momento ideal, antes
de subirse al tren y ser llevado rumbo al trabajo, donde seria de nuevo esa
eterna jornada en el trabajo que había llegado a odiar…odiar, es una palabra
demasiado fuerte pero hacia mucho no le había encontrado tan buen significado…Recolecto
como un detective todas las pistas en aquel anden de la estación…regados sobre
la banca…una mochila, dentro de ella…aquel libro de tapas azules con una Luna
sobre la pasta…sintió la pesadez y la ligereza…tan pesado como cargar al
desamor, tan ligero como levantar el amor…brillaba como la Luna Blanca, era
como sentir las estrellas y la sonrisa de un niño…besos, caricias, cariño,
lagrimas, amistad, miedos, y ríos de historias en las páginas de tal
electrizante objeto…llevaba toda una vida ahí…en una sencilla mochila de
viajero. Sin saber qué hacer, busco dentro de la mochila y por la parte de
afuera un nombre o indicio de a quién pertenecía tan preciado objeto…pregunto a
los pasajeros…durante toda la tarde pero nadie sabía… ¿Qué hacer? Existen dos
razones por la cual uno abandona un objeto así…porque se ha dicho todo y no hay
mas hojas por llenar o porque aquello que fue escrito duele tanto que es mejor
abandonarlo…de cualquier forma invitaba a leerse…cual detective metiche,
curioso, preguntón, interesado en resolver misterios…no soporto mucho…sentado
en aquel porche donde leía desde Sherlock Holmes, El Fantasma, Batman, Murakami
y Neruda…incluso alguna vez le gustaba hacer crucigramas…incitado por la tapa
azul del libro, tomo una decisión, y lo abrió…polvo de estrellas se esparció en
el aire…y comenzó a leer la historia que habría de modificar su propia
historia. Iniciaba con una frase “La
vida no es para entenderse…sino para disfrutarse”…las primeras hojas venia una
muy divertida manera de explicar el cómo y porque nacemos y esa confianza
depositada en los adultos para empezar el camino…comer, gatear, andar, abrir
los ojos…términos que no entendemos pero realizamos…se le llama crecer,
aprender, comenzar…esos primeros pasos que no recordamos por nuestra memoria
apenas echada a andar…se describía desde aquel primer recuerdo y saber que fue
lo primero que se hizo para dejar huella en el mundo al que llegamos…a través
de fotos e historias que sus padres y tíos contaron ella fue anotando del cómo
y el porqué…el leía sonriente sus descripciones…así paso la noche en aquel
porche ayudado por la tenue luz que la lámpara ofrecía, había entrado al mundo
de alguien que no conocía pero cuyos relatos parecían darle una idea de su
pensamiento…leyó como se describía a si misma desde niña, sus cabellos, sus
ojos, la descripción incipiente y clara de su cuerpo en esa pequeñez que
significa la niñez…es difícil hacer mención de cosas que apenas conoces…sin
blancos, sin negros…todo representa el color…no hay tanto entendimiento ni
pensamientos abstractos…es un camino sin ideas profundas o temores, son sueños
cayendo del cielo en forma de nube…a medida que hablaba de la edad donde ya
tenia noción de todo, las descripciones cambiaban…describiendo con excelsitud
el paisaje así como los juguetes, hablaba de sus padres cual estrellas de cine,
gigantes del Olimpo que le enseñaban el sí y el no…las reglas a seguir, sentir
aquel abrazo de su madre…era lo máximo, descubrió la felicidad antes que el
dinero como todos lo hicimos alguna vez…hasta que se nos olvido en el camino…pasó
la infancia en aquella calle empedrada donde existió pavimento vistiendo esos
colores pasteles con medias del mismo color aunado a listones que apretaban los
cabellos, pero que le vestían de elegancia…cuanta felicidad existe en la
niñez…no ves el humo, las lagrimas y el dolor son pasajeros y los sueños
carecen de horario o alarma sin ese tic-tac diciéndote que algo está
pendiente…contaba cuando caía en los charcos de agua, caminando tomada de la
mano de su padre, dormir en medio de ellos y aventurarse en esos juegos de
imaginación donde hasta voces imitaba, cuanta dulzura…El no podía dejar de
leerle, sentía curiosidad de verle crecer…así mientras la madrugaba avanzaba…la
historia tomaba tintes de adolescencia…de rebeldía, de cambios extraordinarios
en su cuerpo, y de ideas pragmáticas, ideales retomados de libros, historias,
vivencias…el pelo cambio de color y los ojos se hicieron más profundos al igual
que la mirada se volvió impositiva y fuerte…creció en un segundo, en una página
a otra, ya no era la misma, descubrió entre líneas cuando amó la primer vez, la
segunda y cuando su corazón se rompió en pedazos y la sangre corrió en lagrimas
que se lloraron durante días…cuanta fragilidad, cuanta sensibilidad, quería
abrazarle, contarle que todo iba bien, que renacería y eso le ayudaría a ser
mas fuerte…en contra de sus padres, de sus reglas, bañaba por esos motivos y
noches en vela arraigada por la música que llenaba sus venas de emociones jamás
admitidas menos pensadas…decidió tomar una decisión drástica…y en un amanecer
ocurrió…se fue a buscar el otro lado del Sol, la otra cara de la Luna, un nuevo
mundo…lo que no sabía es que del corazón no se puede huir. El a través de sus páginas,
le siguió, tomado invisiblemente de su mano, tocando su hombro o a veces siendo
aquel frente a ella, navegó junto a ella, le admiro desde lejos mientras corría
descalza por bosques y leía en los parques, mientras picaba piedra en los
trabajos…apenas una jovencita, hermosa, sincera, deseosa de cumplir metas,
quería estar con ella, y sentía más que empatía cuando ella describía donde
ahora vivía y su rutina sencilla pero solitaria…el lector, notaba su
preocupación en el, de ponerse en su lugar, de entender su camino, de aplaudir
sus triunfos, de ver como ella luchaba sus batallas a veces contra ella misma,
a veces contra el mundo…no podía más que quererla…admirarle…sobre todo aquella
noche que se enfrento a la disyuntiva de irse de nuevo, dejando todo, pero a
veces uno debe dejar todo para dar un paso más, avanzar en el mundo, en su
propia historia, porque los caminos son los que uno va haciendo mientras su
vida hace otros…con lagrimas en sus ojos y un deseo irrepetible de escapar, de
renacer, de combinar su yo con su otro yo…se fue en aquella noche en que el
Dios había pintado la Luna de rojo para recordarle a las personas que aun en el
pantano siempre se pueden ver las estrellas…y así, se fue…en un autobús sin
retorno…se marcho y arrojo todo a aquel mar de cuerdos…para que al volver con
las olas pudiese enfrentar y quedarse con su propia locura…cuanta valencia,
decía él, cuantos anhelos en aquel viaje…le vio fortalecerse…en las paginas
consecuentes, caminando sobre esa línea indeleble entre el amor, la locura y la
furia…convertirse en una exitosa y bella mujer…capaz de dejar en silencio una
sala e irrumpir en cualquier reunión con esa inteligencia que roba miradas y
enamora corazones, a menudo encontraba en aquellos renglones una doble historia
como ocurre en todas nuestras vidas…la ternura de sus acciones, la nobleza en
su descripción de los amigos, los enemigos, la familia y las experiencias por
donde pasaba…escuchaba a través de los renglones…Conoció todo de ella, y sin
embargo no sabía nada, salvo su historia, aquella que ella contaba con tal
fuerza que la tinta azul a veces solía estar remarcada…todos sabemos una parte
de la historia la que vivimos, pero no sabemos de aquella que se vive del otro
lado, las vidas que tocamos con nuestros no, con nuestros si, al hacer sonreír,
cuando nos hacer reír, lo que lloramos, lo que se nos llora, lo que rompimos y
lo que nos rompieron…siempre he creído que la vida tiene significado por
aquellas vidas que tocamos siendo quien seamos, no se requiere de fama, dinero,
o éxito, sino de amistad, empatía, cariño, amor…A medida que las páginas del
Libro Azul se acercaban a su final…El, no quería que acabase, sentía como su
historia se iría de sus manos, como si ella se hubiera terminado el café y se iría
para siempre…lo que le dejaría seria la nostalgia y los hechos en el ayer…pero
lo comprendía, nada es para siempre, todo cambia, todo pasa…y así, siguió esos
últimos enunciados, versos, palabras, letra a letra su despedida, su bien
iniciada frase que ahora aparecía al final…con esos puntos suspensivos…El
perdido en el Libro Azul acuso de cansancio, de un largo suspiro, de una
sonrisa cuando alguien parte a algún destino, de cuando uno se marcha o llega…pero
también sintió la imperiosa necesidad de buscarle, debía encontrarle,
regresarle tan preciado objeto y conocerle cara a cara, sin expectativas, sin
medias tintas…tan solo quería darle de nuevo aquello que debió haber perdido o
que había dejado en aquel anden…como un libro que se deja en el tocador justo
en la pagina correcta…así le dejaría aquella nota que quizás ella pudiese leer:
“Todo se lleva el viento de la vida, lo material, el pasado, las ideologías,
los caminos y las lagrimas…al final quedan esos recuerdos y aquellos momentos
donde aprendiste a sonreír”…días duro en aquella estación sentado en el mismo
lugar, durante la misma hora que fue encontrado el libro…siempre listo, incluso
al subir al tren, volteaba a todos lados para encontrarse con alguien que solo
conocía en descripción, en imaginación, en sueños con los ojos abiertos…¿Cómo
hallarle? ¿aun le interesara recuperar el Libro? Espero en calma pero nervioso,
pensativo y expectante ante el posible encuentro si este sucediera…nadie ni
nada le aseguraba que ella apareciera…se obligo a no crearse expectativas y
comenzó a molestarse más aun por el trabajo por que este le alejaba de la
estación, salía del trabajo justo a tiempo para regresar y esperaba…así
transcurrieron los días, con el libro en su mochila, pasaba el día…lo mostraba
en la estación y se iba al anochecer…leyó otros libros durante las noches en el
porche o en cama pero ninguno le intereso demasiado…cuan ruin era el
destino…perdió peso, perdió su sonrisa…aunque la esperanza es lo último que se
pierde estaba dándose ya por vencido…el final de otra semana se acercaba y llovía
copiosamente…con el uniforme empapado y el rostro extraviado se sentó…no se
percato que a su lado, una joven de ojos grandes, hermosa como la puesta de
Sol, como la Luna blanca, o el cielo azul le sonrió, aquella chica llevaba el
color en ella, en esa estación gris..sonrió mientras le extendía un pañuelo
para que el secara su rostro…le agradeció en silencio pero ella comenzó a
sacarle platica desinteresadamente…la conversación le sentó bien, además de sus
compañeros de trabajo, no platicaba con muchas personas, pensó que era la
primera vez que hablaba con alguien en la estación, hablaron amablemente sin
ahondar en detalles y se sintieron cómodos…el se percato de tal excepcional
belleza, de su bien torneado cuerpo…pero sobre todo de su mirada honesta…la
lluvia iba y venía al igual que las personas…ella había perdido el tren y ahora
con el horario trastocado esperaba por el siguiente…subieron ambos al mismo
tren, ella se mostró sociable sin importarle el aspecto de el…el anuncio de la
siguiente parada les interrumpió…el debía bajarse, pero no quería…indeciso,
temeroso, inoperante…terminó por resignarse, aquella aventura apenas había
durado un suspiro, preguntó su nombre pero la gente empujaba llevándolo a la
salida, le escucho y bajo con un saludo mas similar a un adiós que a un hasta
luego, trastabillo y recupero el paso para después perderse entre la gente…dos
paradas mas fue su turno, alistó su bolso mientras se quitaba el cabello de la
cara y se encontró en el suelo un Libro Azul que brillaba en el tren
incoloro…lo hojeó y leyó la nota que contrastaba con la letra escrita en los
renglones…le faltó el aire perdiendo la compostura mientras sentía un golpe en
el corazón…con su vestido floreado y sus uñas bien pintadas se sentó en el
mismo lugar aquella mañana nublada…el con ese uniforme tan gris y común,
caminaba con paso cansino rumbo a su asiento, aquel donde espero tantos días…el
le vio ahí, sin saber si hablarle o sentarse a su lado, le saludo…y buscó en su
mochila el libro, busco de nuevo, pero no lo halló…sintió una opresión en el
pecho como cuando se pierde el amor o algo que lo represente…desesperado vació
la mochila y sus pertenencias pero no había nada ahí…entonces le vio a ella con
el Libro Azul entre sus manos…sonreía como cuando se encuentra a un viejo
amigo, a lo que significa algo…un tesoro…entonces comprendió…era ella, la de la
letra en esas páginas…el color en su vida, la sonrisa en la ciudad, la mirada
en el corazón…dejaron la estación y caminaron por la ciudad de tintes grises y
edificios góticos, el Libro Azul brillaba entre tanto gris…escribirían juntos,
el pondría el libro…ella los colores…y su historia se contaría en la estación
del Mundo de Morfeo.”