martes, 6 de diciembre de 2016

El Cuentista (2da Parte)

“Bajo el cielo azul amenizado por las nubes blancas, la corriente de aire atípica en estos días presentándose ante la ciudad haciendo un sonido que parecía musical y algo romántico, se paseo durante la tarde por el centro llegando al vecindario mientras cruzaba por el callejón para arribar a su casa, en la otra esquina del callejón estaban esperándolo. El cuentista cruzó a paso acelerado saludando desde lejos apresurado por llegar a ella, en los cuentos las doncellas llegan a desaparecer se decía el. Le dio un abrazo mientras le besaba su mejilla

-          ¿Qué haces aquí?
-          Estaba por el vecindario, y pensé que mejor tarde para pasarla juntos
-          Lo había olvidado por completo
-          Ja. ¿Qué olvidaste?
-          ¿es jueves, no es así? Lo siento. Tenemos un trato, mi deber es cumplirlo.
-          No es obligación, podemos hacer otra cosa mañana u pasado.
-          ¿si? Anda sube, ya estas aquí, y alguien me dijo una vez que el futuro suele ser incierto. Ya habrá mañana pero el hoy ahora esta aquí
-          ¿escucharemos algún disco?
-          El que tu quieras, siempre y cuando no nos escuches todo el vecindario

Sentado en un banco con la ventana cerrándose y abriéndose por las cortinas que la enamoraban con sus movimientos aderezados por el sonido de José José, La señora del labio roto se acerco a el y le extendió la mano invitándole a bailar, pero el la rechazo: no bailo le dijo, pero ella insistió, no te he invitado a bailar, te invite a que me acompañaras. El se levanto y ella le abrazo con los ojos cerrados mientras se movía delicadamente al compás de la canción y la tarde se les escapo por la ventana con ella bailando y el solamente abrazándole hasta que se escucho el sonido del teléfono. Con el momento interrumpido por el teléfono, el cuentista se disculpo y contesto:

-          Hola. ¿Quién habla?
-          Soy yo.
-          ¿Doctor? Que sorpresa, creo que es la primera vez que Ud. me llama.
-          No importa. ¿vendrás esta noche?
-          No sabia que teníamos cita, doctor.
-          Si, entiendo pero algunos pacientes recordaron que dejaste una historia empezada, y te esperan esta noche.
-          Entiendo. Tratare de ir.
-          Ven, los muchachos están entusiasmados y tú sabes que en este lugar no son muchos esos días, te lo pido como amigo.
-          Llegaré en un par de horas.
-          Gracias. ¿ya tienes la respuesta a mi pregunta?
-          Aun no, Doctor. Pero gracias por preguntar
                                                                                                                                       
“El Cuentista tomo su mochila de nuevo, y le dijo: como no te he cumplido, espero vengas mañana o bien vengas el siguiente jueves. Y como prometer no empobrece tendré dos capítulos por un día. Cuídate, ya sabes como cerrar la casa, si no la cierras sabre que te has quedado como ese jueves donde el cuento inicio y sonriéndole suspicazmente salió. La ciudad tomaba tintes claros y tonos grises con los que dejaba siempre atónitos a los turistas, el cuentista siempre se preguntaba como es que los citadinos no apreciaban eso pero no siempre se es profeta en su tierra. El autobús de nuevo esperaba por el. Pasaba frente a sus ojos mientras el aspiraba el aire de la ciudad impregnado de historias, miedos, alegrías y tantas anécdotas que el pudiera interpretar en sus noches en el instituto, recordó como hacia tiempo por los kioscos de la ciudad creando historias o contando grandes libros de la literatura occidental a lo que niños asombrados aplaudía. Era buen negocio se dijo, debería serlo aun pero recordó que la ansiedad alguna vez lo tenia metido en casa y solo salía de vez en cuando, sus vivencias las había dejado de buscar para quedarse con lo que ya tenia. El Doctor desde su ventana le dio la bienvenida, esta vez le hizo una seña que esperara y bajo a recibirlo:

-          ¿Qué paso, Dr.? se escucho muy insistente, ¿pasa algo?
-          No he recibido buenas noticias de la señora Martha. Le queda poco tiempo y no se, se me ocurrió que podría animarse.
-          Lo siento, es una noticia terrible, ¿ella lo sabe?
-          Creo que si, al menos se le ha visto triste aunque no se lo he comentado directamente, debió intuir mi mirada al ver sus estudios y escuchar al especialista al teléfono.
-          Es una tristeza, ella me ha escuchado muchas veces creo que la conozco de hace mucho tiempo. ¿Dónde esta?
-          En el mismo lugar con los pacientes, les dije que hoy habías hablado que vendrías, ¿trajiste algo elaborado?
-          Los cuentos amigo mío, salen del alma misma y de lo que traemos en nosotros, veremos que podemos hacer, al final es una historia sin final eso hace que podemos jugar con los acontecimientos, ¿entramos?
-          Tú eres el artista, entremos.

Los pacientes estaban ya puestos en semicírculo, ansiosos por la historia que se contaría de nuevo. Uno de ellos dijo:

-          ¿Qué trae en la mochila?
-          De seguro, son chocolates o dulces.
-          No dijo la señora, trae las aves que vuelan sobre el cielo, ayer soñé que volaba
-          Todos podemos volar. Dijo el cuentista
-          ¿podemos? Ud. no esta tan completo como aparenta, debe estar dormido.
-          Yo conocí a un señor que volaba. ¿o era un niño? Dijo el pequeño.
-          Ese debe ser Peter Pan, mi gran amigo. Pero porque no dejar que sea la imaginación y un buen cuento el que nos lo diga. Cierren sus ojos hasta que yo se los diga
-          Excelente, dijo el Dr. todos escucharemos.

Y así el cuentista inicio con su relato: “Se dice que aquel día el viento del norte azotaba fuerte los árboles y volaban los periódicos y las revistas de los puestos, la fuerza de este tenia su tinte friolento y macabro atiborrando la mente de la gente de malos pensamientos, es presagio de algo malo decían. Pero no para el Hombre del Sombrero Grisáceo que ahora estaba sentado en la banca de la calle mas sola de la ciudad, el libro que encontró en el suelo y ahora portaba en sus manos parecía jugarle una pasada del destino, repleto de letras que enlazaban historias cual sopa de letras de esas que nos hacen las mamas cuando sufrimos de gripe. La calle solitaria y el viento del norte hacían que las paginas pasasen unas sobre otras haciendo un sonido que atemorizaba, el hombre se aferro el sombrero, ajusto su gabardina y el cerrar de sus ojos lo llevo a un recuerdo que se había agarrado de su corazón cual niño a su juguete favorito. Adelante abran sus ojos, mis amigos. El cuentista había abierto las ventanas del cuarto y sentado frente a ella había hecho un dibujo de un templete en un pequeño cuarto repleto de personas de las cuales sobresalían solo sus cabezas, una bailarina en el medio ejecutaba en una musical pose y un pianista poseído por su piano, en la orilla cerca del telón un niño los veía a ambos. ¿Que les dice este dibujo?

-          Es una obra de teatro. Dijo el niño
-          Es un baile de ricos, dijo el señor.
-          Los ricos no bailan tan bien como los que no son ricos.
-          ¿y porque no? Dijo el cuentista.
-          Si ese no parece baile, mis papas siempre bailan abrazados, ellos parecen actores.
-          Ja. porque no dejamos que el cuento nos lo haga saber.

El cuentista noto que la señora no dejaba de ver el dibujo y noto su semblante de tristeza en el rostro y le guiño el ojo: “El Hombre recordó el teatro y a su madre que dos veces a la semana lo llevaba para que la viese bailar. Ella era una bailarina que interpretaba canciones con sus movimientos mientras que el pianista necesitaba de una musa para que esta conectara al publico con lo que el quería hacer sentir. Era una unión de actores dándole vida a una canción y ella era la mejor. ¿Por qué la había abandonado sin decirle a donde iría? Se sintió culpable, abrió los ojos y leyó una de las canciones del libro, no pudo terminarla cuando sentía un fuerte sentir en su corazón que le llenaba el rostro de emociones encontradas. Se levantó ascendió por la solitaria calle hasta su edificio que aun conservaba su misteriosa señal en lo mas alto de su estructura, libro en mano atravesó recepción y se dirigió al elevador, los empleados le temían y algunos incluso no le veían al rostro pero todos le saludaron. Nadie podía evitar no ver sus marcas en el rostro a pesar de las gafas, pero aun así no se percataron de sus ojos enrojecidos por el recuerdo y el desangelado sentir que ahora lo embargaba, pulsó el botón del último piso y suspiro profundamente. Llegó a su oficina sin decir palabra, abrió las puertas y su asistente corrió detrás de el para empezar con los pendientes del día pero el dijo:

-          Este día no habrá juntas ni llamadas, dame una hoja y una pluma. Consigue el helicóptero y ponme al piloto en la línea. Dame 5 minutos y regresa con el teléfono en la mano.
-          Si, señor.

¿Cuál es su plan? Dijo el cuentista y de su mochila se asomaron un par de muñecos hombre y mujer. Los pacientes asombrados dijeron:

-          Si fuera el, viajaría por Europa. Se nota que es rico.
-          Yo creo que se aventara desde el helicóptero en el mar y navegara a una isla perdida.
-          ¿y Ud. señora que piensa?
-          Que importa, el corazón de ese hombre parece frío y ellos siempre piensan en una tontería que solo los lleve a pecar. Ya ve como le quedo el rostro.
-          Ja. les diré que no es ninguna de esas respuestas

No dejaba de ver a los ojos a la señora pero ella estaba absorta en esos momentos donde asimilas que todo esta por cambiar o mejor dicho que no cambiara nada porque el tiempo se esta agotando. El cuentista tomo los muñecos y reinicio su relato: “la llamada con el piloto fue clara y le fue entregada la hoja doblada en sus manos. No le diría a nadie de ello. Y lo vería en 3 horas. Después le dijo a su asistente que llamara al teatro y le dio unas indicaciones. El Helicóptero sobrevoló la ciudad y se dirigió hacia el edificio de tintes góticos, descendió y el piloto espero a que las aspas de detuvieran. Piloto y pasajero descendieron por la escalera y entraron al edificio. La recepcionista apareció a la puerta y le dijo: bienvenida, venga por aquí y entraron en la oficina principal. Habían quitado la mesa de trabajo y ahora estaba un piano frente a el un vestidor improvisado había 5 elegantes vestidos y en una silla unos zapatos de marca. Sin saber que esperar admiraba los vestidos cuando escucho la voz:

-          Son tuyos. Elígelos todos. bienvenida mama.
-          Hijo mío. ¿Dónde estuviste? No se ni porque estoy aquí, te fuiste sin decir nada ni a nadie, te hemos creído muerto todo este tiempo aunque aun conservo algo de esperanza, ¿Qué te paso?
-          Lo siento, mama. Es lo único que me ocurre decir
-          Hijo, sabes que al recibir tu nota dude de todo esto, pensé que era una farsa, algún loco o psicótico porque destruí mi corazón días enteros sabiendo que jamás te volvería a ver.
-          Era la única manera de hacerte venir aquí, de que dijeras que si aunque tu corazón dudara que fuera cierto. Anda ponte un vestido, quier ver bailar a mi madre.
-          No es tan fácil, hijo. Te fuiste años y ahora incluso te noto muy diferente, mas frío, distante y además que le paso a tu rostro.
-          Lo se, madre. La vida me ha cambiado, mas bien, he evolucionado. Mira lo que aquí tienes es todo de mi trabajo, desde que me fui me quede a trabajar día tras día, intentándolo de cualquier forma y a cualquier precio.
-          Lo has hecho bien, hijo mío. Lo que importa es lo que te dice el corazón.
-          Entonces, ¿bailaras?
-          Claro, hijo. Por ti, puedo hacerlo. ¿Quién tocara?
-          Espera y sabrás. Adelante, viejo amigo.

El pianista entro con su traje color negro y blanco inicio sus movimientos de calentamiento y le dijo: su hijo me dijo que Ud. era la mejor bailarina de su ciudad. Me encantaría que interpretara mi canción. La señora eligió un vestido color morado brillante y se puso los zapatos negros al salir del vestidor el pianista comenzó a tocar y la señora a bailar como en sus mejores días, sus movimientos característicos le llenaban de orgullo y sonrisas al hombre del sombrero grisáceo” El Cuentista movía a los muñecos de un lado a otro haciendo los movimientos con sus manos y creando las voces de la nada. Los pacientes embelesados y la señora que poco a poco recobraba en su rostro el color y sus ojos se llenaban de lagrimas recordando su vieja época de bailarina ¿será que el sabia algo? Ella lo presentía, los estudios no habían salido bien lo vio en el rostro del Dr. pero había aceptado su destino ya hacia tiempo, solo que le hubiera gustado bailar de nuevo eso era lo que mas extrañaba. El continuó con su historia: “El Hombre del Sombrero Grisáceo se abrazo con su madre mientras el pianista tocaba su ultima canción diciéndole de nuevo cuanto lo sentía. Un hijo no puede estar alejado del hogar tanto tiempo le dijo ella. Sabes donde encontrarme, gracias por el paseo. El se quedo viendo como su madre salía por la puerta hacia el helipuerto y no fue detrás de ella, mas aun al ver que ella había dejado una nota que estaba encima del libro que el había dejado sobre la mesa” El cuentista les dijo a su publico que cerrasen sus ojos, el capitulo estaría por terminar, el niño le dijo:

-          Ya no quiero cerrar los ojos, después nos quedamos siempre con dudas
-          El otro día ni siquiera se que decía el libro, dijo el señor
-          Y Ud. señora que piensa, pregunto el.
-          Que las cosas pasan por algo y debemos confiar en lo que el corazón nos dice y yo cerrare mis ojos.
-          ¿Qué dicen Uds.?
-          Si ella dice, lo hacemos. Pero no nos deje muchas dudas, le dijo el niño con la mirada


Ellos cerraron sus ojos y el cuentista tomo una vez mas el cuadernillo, esta vez dibujo muy aprisa y a color, les pidió no abrir sus ojos y se empezó a escuchar una canción a capella y dijo “Los valientes son obstinados, se decía por ahí en un libro de relatos bíblicos e historias para el hombre contemporáneo. Una búsqueda de elegir y no dejarse por aquello que parece ya estar escrito rompiendo barreras mentales, físicas e incluso amorosas y jactarse de ser quien se quiere ser rompiendo el hilo del tiempo y el guión hecho para cada uno de nosotros, sin embargo, el hombre que se encuentra desesperado porque el elevador llegue a la planta baja no opina igual, esta desplomándose de nuevo ante el cambio que se avecina, es una lluvia que romperá ventanas, tumbara puertas y le quitara el sueño mas de una vez por semana. Agobiado por lo que ocurre a su alrededor tomó el libro de nuevo y recordó que aun no había leído la hoja abriéndola justo antes que el elevador llegara a su destino. Un dibujo y una nota le devolvieron la sonrisa a los labios en un segundo, no sabia que decir o sentir, solo sabia que no todo estaba perdido aun podía recuperar lo único que había dejado de tener. Se sintió de repente ilusionado y un tanto joven. No era poder lo que sentía, eran ganas de hacer algo diferente. El elevador se abrió y el Hombre del Sombrero Grisáceo sonrió a la recepción y saludo al portero. Del cielo caían pedazos de….” El cuentista empezó a cantar apenas en un susurro y se escapo de nuevo por la puertas mientras los pacientes se quedaban escuchando como la canción se iba lentamente, salio por las escaleras aceleradamente y le grito al Dr.: Nos vemos el próximo jueves, Dr. y el contesto: Espero que sea hermosa.


Los pacientes abrieron sus ojos y sobre la silla de la señora estaba un dibujo de un niño tomado de la mano de la bailarina mientras algodones de azúcar de todos colores caían sobre ellos y terminaban en el pavimento. En la orilla del dibujo decía: bajo el dibujo, la no. 4. La señora levantó el dibujo y se encontró con un CD de Yanni. Ella dijo gracias y abrazo el dibujo. Lejos de ahí el cuentista empujaba el autobús con la mirada, con la mente, con sus pensamientos queriendo llegar de inmediato, salto del autobús antes que se detuviera para llegar y atravesar el callejón hasta que llego a la casa, suspiro y la puerta estaba cerrada. No había razón de ella, sacó su llave y abrió la puerta, dejo las llaves en la mesita y se sirvió un vaso de agua, se asomo a la recamara y ella dormía plácidamente, no se había ido, ¿Por qué habría cerrado? Se quito los zapatos, se acerco a ella y sobre sus manos encontró una nota que decía: “Los cuentos también se cuentan con las letras, me gusto esta frase, ¿me haces un cuento?” El Cuentista soltó una carcajada mientras se tapaba la boca con su mano, de nuevo se sentó frente a la ventana, tomo su cuadernillo pero esta vez empezó a hilar letra tras letra.”       

miércoles, 2 de noviembre de 2016

El Cuentista

“La luz del foco se fundió, se ha quedado sin luz de nuevo la calle principal de este diminuto fraccionamiento que se levanto en el centro hace ya mas de 40 años y es presa de la hegemonía de los ricos sobres los pobres que se hacen cada día mas pobres cazados y arrumbados por la falta de oportunidades o el abuso de poder que cada vez se vuelve mas tangible. Charcos se apoderan de la calle debido a las fallas en las llaves de agua o de esas fugas que rompen las paredes indiferentes para las autoridades que solo piensan en sonreír ante las cámaras, en una de las casas de color beige el eterno cuentista o actor como el se autodenomina esta con sus ojos bien cerrados allá arriba en el segundo piso sofocándose ante el calor húmedo que no mueve siquiera una hoja de los árboles olvidados y solo bañados de vez en vez por la naturaleza que no se olvida de sus hijos, mantiene las ventanas abiertas incitando a los ladrones a irrumpir en su casa, sin embargo, el sabe que solo hay cuentos sobre cuentos, LP’s sobre LP’s, sin joyas o cosas de valor que valgan la pena para alguien ajeno a ello. El calor se ha hecho de nuevo insoportable y aun así sus ojos permanecen cerrados esta intentándolo, aislarse de todos y todo parece que podrá lograrlo aun cuando la gota de sudor va cayéndose sobre su espalda, el cuentista se esta yendo lentamente rumbo a algún sueño que no fuera el mismo que impide dormir, salvo cuando caemos por cansancio, ahí los sueños que nos impiden dormir se van porque el cerebro no sueña, ya se siente dormido y entonces el grito proveniente del callejón lo escucha tan cerca de los oídos que se sobresalta y abre los ojos al instante. La calma del cuentista se ve invadida de nuevo por el alarido, en su instinto animal se asoma por la ventana y la señorita esta siendo golpeada por un hombre que la sacude mientras le abofetea, el cuentista ha saltado por la ventana hacia la escalera lateral y ahora baja a toda velocidad para salir al callejón y ayudarle, el hombre salio corriendo y la dejo ahí sangrando por la boca y nariz, el cuentista se fue de tras de el pero ella le grito:
- Déjalo, ya no tiene caso. Creo que me ha roto la nariz. ¿Me ayudas a levantarme?
- Aun puedo alcanzarlo, ¿Cómo se te ocurre decirme eso?
- Lo he dejado, y no volverá a lastimarme jamás.
- Eso espero, déjame llevarte con un doctor o limpiarte las heridas.
- No iré al doctor déjame ir a casa, allá tengo como cuidarme además no te conviene tener una mujer herida en tu casa.
- No es problema, señora. Vivo solo y creo que aquí en este callejón a nadie le importa como vive la gente porque cada quien se ocupa de su propio sufrimiento o alegrías. Anda, subamos las escaleras.

El cuentista llevo a la señorita por las escaleras llevándola prácticamente sobre sus brazos, le dolía todo y seguía sangrando un poco del labio, sus lagrimas ya se habían secado pero aun temblaba de lo que conocemos como temor, temor real ante la vuelta del tipo o a la consecuencia de su lucha contra el. Se escucho el crujir de la puerta al abrirse mientras el cuentista pateaba sus zapatos hacia un lado llevándola hasta la única habitación donde el hacia apenas minutos intentaba dormir, le quito sus zapatos y la recostó buscando bruscamente la almohada que no aparecía hasta que ella le vio con sus ojos señalándole que estaba bajo la sabana, le puso la almohada bajo su cabello diciéndole que esperara. Se escuchaba el ruido en la cocina buscando con que curarle, aquí esta se le escucho decir regreso a la habitación con algodón y algunas gasas así con un trapito y agua oxigenada empezando a limpiarle el rostro y curándole las heridas. El cuentista se tomó su tiempo minuto tras minuto, llenándose las manos de sangre en su trágico color rojo de vez en cuando tocándole el cabello o levantándole la barbilla para decirle que todo estaría bien, ya iba a terminar, por ultimo trajo una toalla del baño y le seco el rostro.
- Haré café, ¿te gusta con crema?
- No siempre, pero como tu gustes.
- Llora todo lo que necesites, no porque seas mujer, llora por que siempre es bueno deshacernos de esa horrible sensación en el pecho.
- ¿tu crees? Ya he llorado por meses, mas aun los fines de semana cuando encerrada estoy esperando que algo me salve el día. Estas lágrimas son de impotencia
- Todas las lagrimas son buenas, no importa la razón, lo que importa es que hacemos con ese sentimiento y como lo enfrentamos.
- Parece que sabes de lo que hablas, ¿lloras seguido? O ¿Quién te hablo de las lágrimas?
- Lo leí en algún cuento, en algún momento de mi vida, en un lugar que apenas recuerdo.
- Suenas a un loco o a un soñador.
- No soy ninguno de los dos, soy solamente un cuentista. Le puse poca crema y le agregue algo de azúcar. Ten pruébalo.
- Su sabor me agrada pero me duelen los dientes, ¿adonde te iras?
- Es noche de cuentos. Te quedas en tu casa descansa, es posible que sea una noche larga.

Ella asintió mientras bebía el café con extrema delicadeza. El cuentista le dijo hasta luego sin saber si ella estaría al regresar de su actuación o si debía dejarla sola, su experiencia le decía que ella probablemente volvería con su novio no todo el tiempo se esta preparado para huir, ¿Por qué se había involucrado? Se dijo pero esa pregunta ya tenia respuesta. El también había logrado huir pero solo después de una ultima caída al abismo de sus propios demonios convirtiéndose en mártir de su causa desconocida, llenándose de halagos falsos y esperanzas perdidas, bah se dijo el mundo cambia a cada instante ya no es como hace 6 años, vaya hasta un nuevo gobierno había llegado por sorpresa o hartazgo. Cualquiera puede escapar de aquello que le produce dolor o heridas permanentes, ojala que ella pueda. Subió al autobús con la noche de fondo esculpida por Dios con sus nubes grisáceas y su viento nada a favor de los hombres puesto que el calor seguía aquí, las estrellas esta noche no se caerían del cielo. Fue un largo camino hasta el edificio de adobe levantado en aquellos días de la ocupación extranjera, quedo como un recuerdo, anteriormente el edificio había sido de tintes gubernamentales de hecho aun quedaban estatuas semidestruidas olvidadas por el tiempo. En su mochila llevaba todo lo necesario para transformar la noche, el portero le sonrió saludándole en un buenas noches afectivo, el le hizo un ademán con su sombrero.
-          ¿Como están todos?
-          Como todas las noches. En la espera impaciente.
-          ¿impacientes? Que podría ponerlos así.
-          Un nuevo capitulo de la historia. ¿Qué les contara ahora?
-          Eso quitaría la emoción amigo, lo espero en 15 minutos.
-          Debo cuidar la puerta
-          Ud. sabe mi amigo que nadie vendrá a estas horas y que nadie se escapa de estos lugares.
Le guiño el ojo y el portero le señalo con la mano siguiéndole el juego, en un momento voy. El cuentista atravesó un pasillo amplio pasando por un par de compuertas hasta llegar a unas escaleras subiéndolas rápidamente para detenerse frente a una gran habitación. Abrió su mochila y de ella saco un par de aves de papel, un cartoncillo para dibujar y una mascara de Halloween. Toco la puerta y escucho el adelante así como los murmullos de expectación de los pacientes. El doctor esta de pie en el medio del escenario acallando las voces.
-          Bienvenido de nuevo, ¿Cómo ha estado el día?
-          Bien Dr. La lucha sigue, cada día mejora más.
-          Me alegra, te espero después en mi oficina
-          Ya tengo respuesta a su pregunta, Dr. Se la haré saber

El Cuentista puso sobre el centro de la habitación su cuadernillo en blanco y comenzó por hacer un dibujo, en el se veía edificaciones  grandes fiel a un estilo gótico, todo lo hacia a lápiz y sobre el medio de la calle un hombre sin rostro caminaba con las manos en el bolsillo. Se aclaro la garganta diciendo:
-          ¿lo recuerdan?
-          Si, dijo un paciente de 35 años.
-          Es el detective, contesto efusivamente el niño.
-          Ja. Es posible.
-          Es un cura, mira su vestimenta parece ese de la película.
-          El exorcista dijo el niño.
-          Si, ese que cura a la gente.
-          Están adivinando. ¿Qué podría ser? mmm..... Parece que viene a mí.
-          ¿a que se refiere? Dijo el niño.
-          La historia.


El verdadero rostro de este hombre, lo recuerdo ahora. Vengan acérquense a mi, porque esto apenas sale de mi boca. Los pacientes lo rodearon haciendo un semicírculo y entonces el cuentista empezó: “todo relato tiene un inicio pero este empieza como los cuentos dicen. Érase una vez un hombre de sombrero grisáceo con gafas oscuras y anchos que protegían todo su rostro, las marcas que aquí se le ven en su barbilla y sus mejillas así como en su labio fueron hechas por el fuego que se llevo su casa hace un par de años, si. Los bomberos no pudieron contenerlo, la casa ardió rápidamente llevándose todo en cuestión de un par de horas y no era la casa de cualquiera, era la del hombre más rico de esta ciudad. Aprecien el edificio que se yergue en todo su esplendor en medio, si te fijan con atención lleva una insignia.

-          Es una letra, dijo la joven de cabellos largos
-          No, es una especie de ángel, dijo el portero parado en la entrada del salón.
-          ¿Qué es? díganos.

El cuentista tomo una de las aves que parecía mas un ave de rapiña deformada y oscura, paseándose alrededor del circulo en sigilo: “Se decía que meses antes el hombre del sombrero grisáceo había inaugurado ese gran edificio que se elevaba por la ciudad, la gran fiesta duro tres días y gente de todo el país se presento. Hubo bailes, comedia, grandes banquetes y la ciudad se rindió ante el todo parecía ser color blanco y negro”. El cuentista borro de nuevo y paso de escribir festines en el borrador y concentrándose en la mímica imitaba platicas, bailes, y levantaba la voz y decía: “El hombre hablaba con todos y con todos reía, hacia negocios. Su fortuna aun nadie sabia puesto que en la ciudad tenía poco, hacia unos 5 años se decía. Pero el no se ofendía al escuchar historias en la calle o en los periódicos, todos decían que era hijo del Diablo, que fue un gran rey que había fingido su muerte y ahora había llegado aquí para sentirse vivo y diferente, otros por ahí incluso decían que era un otrora actor famoso con sus cirugías para aparentar ser otra persona, nadie lo sabría se dijo a si mismo el hombre. Y entonces lo impensable ocurrió mis amigos, cierren los ojos. No teman, aquí estamos todos, tómense de sus manos” El cuentista se puso la mascara de Halloween y dijo: “El Hombre del sombrero grisáceo llego a casa después de la inauguración, encendió las luces con sus manos y la chimenea desde el interruptor se sentía demasiado cansado la señora que cuidaba la casa dejo un recado en la mesita de recepción que decía: “Alguien le llamó señor, no dejo su nombre. Comento que era un viejo amigo y la deuda debía pagarse. Lo leyó sin tomarle  importancia alguna quitándose el saco y removiéndose la corbata, se desabotono las mangas de su camisa activando la música de fondo, la novena sinfonía de Beethoven se apareció desde las bocinas de la sala alrededor de la chimenea traspasando toda la casa con tonada inconfundible. Se bebió un fuerte medicamento admirando una vez mas el cuadro de Napoleón cabalgando a su famoso caballo blanco y su sombrero ya hecho un clásico, alzando la espalda y en posición de combate siempre lo había impresionado. Cuanto poder, cuanta ambición, primero la ciudad, después el País. Brindo con Napoleón y levanto una de tantas cortinas rojas que combatían el Sol en su casa, la cortina se elevo dándole un poco de luz nocturna y se quedo sin habla mientras su trago se desprendía de su mano cayendo estrepitosamente al suelo”. El cuentista soltó un enorme alarido y todos abrieron sus ojos asustándose con la mascara que el portaba, y no supieron que decir salvo quedarse en silencio esperando la continuación. “El alarido que el hombre soltó lo catapulto hacia atrás cayendo en la alfombra y el visitante le vio con sus ojos negros fulminantes rompiendo la ventana con un pesado libro para entrar a la casa, la alarma no sonó. Dijo:

-          Pensaste que podrías lograrlo, de hecho déjame decirte que lo hiciste. Anímate, amigo mío, Beethoven esta en el aire gélido.

El cuentista dibujo la habitación a detalle, los pacientes estaban expectantes y algunos incluso parecían no respirar.

-          Sabia que eras tu cuando escuche una historia y pregunte por tu marca, ellos no sabían la razón pero tampoco les dije nada, anda siéntate amigo mío, no todos los días recibes en tu hogar a alguien como yo.
-          ¿Cómo me encontraste?
-          Acabo de decírtelo, paseando por el mundo de los locos y los tuertos escuche de ti
-          Borre todas mis huellas, me fui porque ya no había mucho por hacer ahí y debía continuar con mi vida. aquello fue un fracaso
-          Eso no fue un fracaso, amigo mío. Aun no reconoces donde estas parado verdad, esta comodidad, estos lujos bien has de saber que son solo materiales y que la vida que importa no esta bajo la estela del poder
-          Tú recuerdas bien como terminó, no podía quedarme ahí un solo segundo y sabes que no volveré. Tal vez no entiendas sobre esto pero mi vida ahora es aquí.
-          Todo se volverá a ir algún día, quizás esta noche o bien mañana. y te quedaras sin todo aquello que has amasado.
-          ¿desde cuando el ser rico es malo? Lo tengo todo aquí. y tu ni nadie podrá quitármelo jamás.
-          El dinero no es lo malo, amigo mío. Tu avaricia es la que te llevara por el tobogán de la perdición hasta caer en un abismo, veras como se caen las paredes y como el fuego se ensaña con tus cosas materiales, aun puedes evitarlo.
“El Hombre de Sombrero Grisáceo se arranco la camisa, dio una vuelta sobre el sillón y le arrojó el libro que golpeo al visitante directo en el rostro. Este comenzó a sangrar y le sonrió como el viejo amigo que se siente no agredido por el golpe si no extrañamente triste porque no pudo ayudarte, no de esa manera.

-          Aquel que conociste hace años ha dejado de existir, llámame por mi nombre y lárgate de aquí. ya lo tengo todo.
-          Lo tienes todo pero no eres rico, amigo mío. Te quedaste con el corazón helado y no es por esta noche, si no por aquellas noches donde te cegaste. Me iré pero nos volveremos a ver. Te dejo el libro, ya entenderás la metáfora.

El Cuentista se quitó la mascara entonces cambio la cartulina y pidiéndole a los pacientes que observasen con los ojos mientras sus oídos se encargarían de imaginar lo que seguía: “El visitante atravesó las ventana rota, echo un ultimo vistazo al rostro del hombre y de sus ojos negros fulminantes brotaba una diminuta lagrima con la que el cielo empezó a llover, la chimenea repentinamente cobró vida y el fuego se fue desplazando por toda la sala, el hombre corrió al teléfono para solicitar ayuda pero este no tenia línea, de su saco busco su celular pero este había desaparecido, maldijo y busco agua para apagar el fuego pero este solo se avivaba mas, el humo comenzó por hacer menguar su condición, el cuadro de Napoleón se empezó a deshacer haciendo cenizas, corrió hacia el para bajarlo pero la llama golpeo su rostro con brutalidad, gritó pero nadie parecía escuchar, la ventana seguía abierta pero el solo pensaba en sus cosas haciéndose añicos, justo cuando sentía que el humo seguía haciéndolo toser, maldijo en un grito desgarrador mientras los diminutos vidrios se encajan en su rostro al salir por la ventana haciéndolo perder el conocimiento. Del resto no recuerda, solo el aullido de las sirenas, decenas de reporteros hablando tras su micrófono hacia las cámaras y el rostro del visitante con su lagrima brotando de su mejilla”. En el cuadernillo reapareció el Hombre del Sombrero Grisáceo de nuevo en el medio de la calle con sus manos en el bolsillo.

-          ¿Qué ha cambiado en el dibujo? Pregunto el cuentista.
-          Nada, repitió el viejo. Es el mismo, es el principio
-          Ja. véanlo de nuevo.
-          Las aves volando sobre el edificio como los buitres pero esas parecen ser pichones.
-          Bien, jovencito. ¿alguien más?
-          Ahí, sobre la calle delante de el casi al terminar el camino. Es un libro.
-          Eureka, es un libro. ¿Qué libro?
-          El del visitante. Dijo en voz profunda el portero.
-          Ja. no puedo engañarlos, sin embargo, la hora se ha terminado. Tenemos que dejarlo aquí.
-          No puedes hacernos esto dijo la señora. Al menos danos un adelanto de tu próxima visita
-          Los cuentos son herramientas y sueños que nos llevan a imaginar y percibir la historia de otra manera, amigos, pero al publico lo que pidan. ¿todos de acuerdo?
-          ¡Si¡
-          Cierren sus ojos


El cuentista dijo: “El Libro se abrió de par en par cuando el Hombre se agacho a recogerlo del suelo, se quito las gafas al ver las paginas ir y venir percatándose que no era un libro cualquiera y ahí en el suelo se sentó apreciándolo mientras de sus ojos quemados por la avaricia ahora caían un par de lagrimas que zigzagueaban a través de su rostro marcado leyendo lo siguiente…” El cuentista dejo la habitación mientras los pacientes tenían los ojos cerrados, le dio la mano al portero y se aventuro por las calles. Los pacientes abrieron sus ojos ante el silencio y encontraron sobre el suelo el dibujo de un hombre sentado sobre un enorme libro que hacia de suelo repleto de letras. Ellos aplaudieron. Cruzo la calle para tomar el autobús y el Dr. le saludo desde la ventana, el cuentista le dijo con una seña que volvería. Se preguntó si ella aun estaría ahí, si se habría recuperado o si el agresor había aparecido de nuevo, se bajó del autobús y atravesó rápidamente las calles evitando los charcos, subió por la escalera e introdujo la llave pero la puerta estaba abierta, no pensó en nada mientras abría la puerta de par en par e iba hasta su recamara. El aroma a cena lo envolvió y sobre la cama la señora del labio roto había elaborado un picnic nocturno, le dijo:

-          No sabía a que hora regresarías, pero pensé que tendrías hambre, estaba por irme.
-          Quédate, dijo el. Es demasiado noche para salir aunque sea a un par de cuadras, no te preocupes me quedare en el sofá.
-          ¿Y me contaras alguno de esos cuentos que tienes por ahí guardado?
-          Claro, te contare una historia de romance ataviada de suspenso, la fantasía y el destino.

El Cielo soltó diminutas gotas que rompieron el sofocante calor y envolvieron la ciudad con su música mientras estas chocaban con el suelo, los edificios y los autos, el Cuentista sobre la cama contándole a la señorita letra por letra, párrafo por párrafo lo que seria un cuento que cada jueves tenia un nuevo capitulo y nueva cena con la cama como mesa.