“La luz del foco se
fundió, se ha quedado sin luz de nuevo la calle principal de este diminuto
fraccionamiento que se levanto en el centro hace ya mas de 40 años y es presa
de la hegemonía de los ricos sobres los pobres que se hacen cada día mas pobres
cazados y arrumbados por la falta de oportunidades o el abuso de poder que cada
vez se vuelve mas tangible. Charcos se apoderan de la calle debido a las fallas
en las llaves de agua o de esas fugas que rompen las paredes indiferentes para
las autoridades que solo piensan en sonreír ante las cámaras, en una de las
casas de color beige el eterno cuentista o actor como el se autodenomina esta
con sus ojos bien cerrados allá arriba en el segundo piso sofocándose ante el
calor húmedo que no mueve siquiera una hoja de los árboles olvidados y solo
bañados de vez en vez por la naturaleza que no se olvida de sus hijos, mantiene
las ventanas abiertas incitando a los ladrones a irrumpir en su casa, sin
embargo, el sabe que solo hay cuentos sobre cuentos, LP’s sobre LP’s, sin joyas
o cosas de valor que valgan la pena para alguien ajeno a ello. El calor se ha
hecho de nuevo insoportable y aun así sus ojos permanecen cerrados esta intentándolo,
aislarse de todos y todo parece que podrá lograrlo aun cuando la gota de sudor
va cayéndose sobre su espalda, el cuentista se esta yendo lentamente rumbo a algún
sueño que no fuera el mismo que impide dormir, salvo cuando caemos por
cansancio, ahí los sueños que nos impiden dormir se van porque el cerebro no
sueña, ya se siente dormido y entonces el grito proveniente del callejón lo
escucha tan cerca de los oídos que se sobresalta y abre los ojos al instante.
La calma del cuentista se ve invadida de nuevo por el alarido, en su instinto
animal se asoma por la ventana y la señorita esta siendo golpeada por un hombre
que la sacude mientras le abofetea, el cuentista ha saltado por la ventana
hacia la escalera lateral y ahora baja a toda velocidad para salir al callejón
y ayudarle, el hombre salio corriendo y la dejo ahí sangrando por la boca y
nariz, el cuentista se fue de tras de el pero ella le grito:
- Déjalo, ya no tiene
caso. Creo que me ha roto la nariz. ¿Me ayudas a levantarme?
- Aun puedo
alcanzarlo, ¿Cómo se te ocurre decirme eso?
- Lo he dejado, y no volverá
a lastimarme jamás.
- Eso espero, déjame
llevarte con un doctor o limpiarte las heridas.
- No iré al doctor déjame
ir a casa, allá tengo como cuidarme además no te conviene tener una mujer
herida en tu casa.
- No es problema,
señora. Vivo solo y creo que aquí en este callejón a nadie le importa como vive
la gente porque cada quien se ocupa de su propio sufrimiento o alegrías. Anda,
subamos las escaleras.
El cuentista llevo a
la señorita por las escaleras llevándola prácticamente sobre sus brazos, le dolía
todo y seguía sangrando un poco del labio, sus lagrimas ya se habían secado
pero aun temblaba de lo que conocemos como temor, temor real ante la vuelta del
tipo o a la consecuencia de su lucha contra el. Se escucho el crujir de la
puerta al abrirse mientras el cuentista pateaba sus zapatos hacia un lado llevándola
hasta la única habitación donde el hacia apenas minutos intentaba dormir, le
quito sus zapatos y la recostó buscando bruscamente la almohada que no aparecía
hasta que ella le vio con sus ojos señalándole que estaba bajo la sabana, le
puso la almohada bajo su cabello diciéndole que esperara. Se escuchaba el ruido
en la cocina buscando con que curarle, aquí esta se le escucho decir regreso a
la habitación con algodón y algunas gasas así con un trapito y agua oxigenada
empezando a limpiarle el rostro y curándole las heridas. El cuentista se tomó
su tiempo minuto tras minuto, llenándose las manos de sangre en su trágico
color rojo de vez en cuando tocándole el cabello o levantándole la barbilla
para decirle que todo estaría bien, ya iba a terminar, por ultimo trajo una
toalla del baño y le seco el rostro.
- Haré café, ¿te
gusta con crema?
- No siempre, pero
como tu gustes.
- Llora todo lo que
necesites, no porque seas mujer, llora por que siempre es bueno deshacernos de
esa horrible sensación en el pecho.
- ¿tu crees? Ya he
llorado por meses, mas aun los fines de semana cuando encerrada estoy esperando
que algo me salve el día. Estas lágrimas son de impotencia
- Todas las lagrimas
son buenas, no importa la razón, lo que importa es que hacemos con ese
sentimiento y como lo enfrentamos.
- Parece que sabes de
lo que hablas, ¿lloras seguido? O ¿Quién te hablo de las lágrimas?
- Lo leí en algún
cuento, en algún momento de mi vida, en un lugar que apenas recuerdo.
- Suenas a un loco o
a un soñador.
- No soy ninguno de
los dos, soy solamente un cuentista. Le puse poca crema y le agregue algo de azúcar.
Ten pruébalo.
- Su sabor me agrada
pero me duelen los dientes, ¿adonde te iras?
- Es noche de
cuentos. Te quedas en tu casa descansa, es posible que sea una noche larga.
Ella asintió mientras
bebía el café con extrema delicadeza. El cuentista le dijo hasta luego sin
saber si ella estaría al regresar de su actuación o si debía dejarla sola, su
experiencia le decía que ella probablemente volvería con su novio no todo el
tiempo se esta preparado para huir, ¿Por qué se había involucrado? Se dijo pero
esa pregunta ya tenia respuesta. El también había logrado huir pero solo después
de una ultima caída al abismo de sus propios demonios convirtiéndose en mártir
de su causa desconocida, llenándose de halagos falsos y esperanzas perdidas,
bah se dijo el mundo cambia a cada instante ya no es como hace 6 años, vaya
hasta un nuevo gobierno había llegado por sorpresa o hartazgo. Cualquiera puede
escapar de aquello que le produce dolor o heridas permanentes, ojala que ella
pueda. Subió al autobús con la noche de fondo esculpida por Dios con sus nubes grisáceas
y su viento nada a favor de los hombres puesto que el calor seguía aquí, las
estrellas esta noche no se caerían del cielo. Fue un largo camino hasta el
edificio de adobe levantado en aquellos días de la ocupación extranjera, quedo
como un recuerdo, anteriormente el edificio había sido de tintes
gubernamentales de hecho aun quedaban estatuas semidestruidas olvidadas por el
tiempo. En su mochila llevaba todo lo necesario para transformar la noche, el
portero le sonrió saludándole en un buenas noches afectivo, el le hizo un
ademán con su sombrero.
-
¿Como están todos?
-
Como todas las noches. En la espera impaciente.
-
¿impacientes? Que podría ponerlos así.
-
Un nuevo capitulo de la historia. ¿Qué les contara
ahora?
-
Eso quitaría la emoción amigo, lo espero en 15
minutos.
-
Debo cuidar la puerta
-
Ud. sabe mi amigo que nadie vendrá a estas horas y que
nadie se escapa de estos lugares.
Le guiño el ojo y el
portero le señalo con la mano siguiéndole el juego, en un momento voy. El
cuentista atravesó un pasillo amplio pasando por un par de compuertas hasta
llegar a unas escaleras subiéndolas rápidamente para detenerse frente a una
gran habitación. Abrió su mochila y de ella saco un par de aves de papel, un
cartoncillo para dibujar y una mascara de Halloween. Toco la puerta y escucho
el adelante así como los murmullos de expectación de los pacientes. El doctor esta
de pie en el medio del escenario acallando las voces.
-
Bienvenido de nuevo, ¿Cómo ha estado el día?
-
Bien Dr. La lucha sigue, cada día mejora más.
-
Me alegra, te espero después en mi oficina
-
Ya tengo respuesta a su pregunta, Dr. Se la haré saber
El Cuentista puso
sobre el centro de la habitación su cuadernillo en blanco y comenzó por hacer
un dibujo, en el se veía edificaciones
grandes fiel a un estilo gótico, todo lo hacia a lápiz y sobre el medio
de la calle un hombre sin rostro caminaba con las manos en el bolsillo. Se
aclaro la garganta diciendo:
-
¿lo recuerdan?
-
Si, dijo un paciente de 35 años.
-
Es el detective, contesto efusivamente el niño.
-
Ja. Es posible.
-
Es un cura, mira su vestimenta parece ese de la película.
-
El exorcista dijo el niño.
-
Si, ese que cura a la gente.
-
Están adivinando. ¿Qué podría ser? mmm..... Parece que
viene a mí.
-
¿a que se refiere? Dijo el niño.
-
La historia.
El verdadero rostro
de este hombre, lo recuerdo ahora. Vengan acérquense a mi, porque esto apenas
sale de mi boca. Los pacientes lo rodearon haciendo un semicírculo y entonces
el cuentista empezó: “todo relato tiene un inicio pero este empieza como los
cuentos dicen. Érase una vez un hombre de sombrero grisáceo con gafas oscuras y
anchos que protegían todo su rostro, las marcas que aquí se le ven en su
barbilla y sus mejillas así como en su labio fueron hechas por el fuego que se
llevo su casa hace un par de años, si. Los bomberos no pudieron contenerlo, la
casa ardió rápidamente llevándose todo en cuestión de un par de horas y no era
la casa de cualquiera, era la del hombre más rico de esta ciudad. Aprecien el
edificio que se yergue en todo su esplendor en medio, si te fijan con atención
lleva una insignia.
-
Es una letra, dijo la joven de cabellos largos
-
No, es una especie de ángel, dijo el portero parado en
la entrada del salón.
-
¿Qué es? díganos.
El cuentista tomo una
de las aves que parecía mas un ave de rapiña deformada y oscura, paseándose
alrededor del circulo en sigilo: “Se decía que meses antes el hombre del
sombrero grisáceo había inaugurado ese gran edificio que se elevaba por la
ciudad, la gran fiesta duro tres días y gente de todo el país se presento. Hubo
bailes, comedia, grandes banquetes y la ciudad se rindió ante el todo parecía
ser color blanco y negro”. El cuentista borro de nuevo y paso de escribir
festines en el borrador y concentrándose en la mímica imitaba platicas, bailes,
y levantaba la voz y decía: “El hombre hablaba con todos y con todos reía,
hacia negocios. Su fortuna aun nadie sabia puesto que en la ciudad tenía poco,
hacia unos 5 años se decía. Pero el no se ofendía al escuchar historias en la
calle o en los periódicos, todos decían que era hijo del Diablo, que fue un
gran rey que había fingido su muerte y ahora había llegado aquí para sentirse
vivo y diferente, otros por ahí incluso decían que era un otrora actor famoso
con sus cirugías para aparentar ser otra persona, nadie lo sabría se dijo a si
mismo el hombre. Y entonces lo impensable ocurrió mis amigos, cierren los ojos.
No teman, aquí estamos todos, tómense de sus manos” El cuentista se puso la
mascara de Halloween y dijo: “El Hombre del sombrero grisáceo llego a casa después
de la inauguración, encendió las luces con sus manos y la chimenea desde el
interruptor se sentía demasiado cansado la señora que cuidaba la casa dejo un
recado en la mesita de recepción que decía: “Alguien le llamó señor, no dejo su
nombre. Comento que era un viejo amigo y la deuda debía pagarse. Lo leyó sin
tomarle importancia alguna quitándose el
saco y removiéndose la corbata, se desabotono las mangas de su camisa activando
la música de fondo, la novena sinfonía de Beethoven se apareció desde las
bocinas de la sala alrededor de la chimenea traspasando toda la casa con tonada
inconfundible. Se bebió un fuerte medicamento admirando una vez mas el cuadro
de Napoleón cabalgando a su famoso caballo blanco y su sombrero ya hecho un clásico,
alzando la espalda y en posición de combate siempre lo había impresionado.
Cuanto poder, cuanta ambición, primero la ciudad, después el País. Brindo con Napoleón
y levanto una de tantas cortinas rojas que combatían el Sol en su casa, la
cortina se elevo dándole un poco de luz nocturna y se quedo sin habla mientras
su trago se desprendía de su mano cayendo estrepitosamente al suelo”. El cuentista
soltó un enorme alarido y todos abrieron sus ojos asustándose con la mascara
que el portaba, y no supieron que decir salvo quedarse en silencio esperando la
continuación. “El alarido que el hombre soltó lo catapulto hacia atrás cayendo
en la alfombra y el visitante le vio con sus ojos negros fulminantes rompiendo
la ventana con un pesado libro para entrar a la casa, la alarma no sonó. Dijo:
-
Pensaste que podrías lograrlo, de hecho déjame decirte
que lo hiciste. Anímate, amigo mío, Beethoven esta en el aire gélido.
El cuentista dibujo
la habitación a detalle, los pacientes estaban expectantes y algunos incluso parecían
no respirar.
-
Sabia que eras tu cuando escuche una historia y
pregunte por tu marca, ellos no sabían la razón pero tampoco les dije nada,
anda siéntate amigo mío, no todos los días recibes en tu hogar a alguien como
yo.
-
¿Cómo me encontraste?
-
Acabo de decírtelo, paseando por el mundo de los locos
y los tuertos escuche de ti
-
Borre todas mis huellas, me fui porque ya no había
mucho por hacer ahí y debía continuar con mi vida. aquello fue un fracaso
-
Eso no fue un fracaso, amigo mío. Aun no reconoces
donde estas parado verdad, esta comodidad, estos lujos bien has de saber que
son solo materiales y que la vida que importa no esta bajo la estela del poder
-
Tú recuerdas bien como terminó, no podía quedarme ahí
un solo segundo y sabes que no volveré. Tal vez no entiendas sobre esto pero mi
vida ahora es aquí.
-
Todo se volverá a ir algún día, quizás esta noche o
bien mañana. y te quedaras sin todo aquello que has amasado.
-
¿desde cuando el ser rico es malo? Lo tengo todo aquí.
y tu ni nadie podrá quitármelo jamás.
-
El dinero no es lo malo, amigo mío. Tu avaricia es la
que te llevara por el tobogán de la perdición hasta caer en un abismo, veras
como se caen las paredes y como el fuego se ensaña con tus cosas materiales,
aun puedes evitarlo.
“El Hombre de
Sombrero Grisáceo se arranco la camisa, dio una vuelta sobre el sillón y le
arrojó el libro que golpeo al visitante directo en el rostro. Este comenzó a
sangrar y le sonrió como el viejo amigo que se siente no agredido por el golpe
si no extrañamente triste porque no pudo ayudarte, no de esa manera.
-
Aquel que conociste hace años ha dejado de existir, llámame
por mi nombre y lárgate de aquí. ya lo tengo todo.
-
Lo tienes todo pero no eres rico, amigo mío. Te
quedaste con el corazón helado y no es por esta noche, si no por aquellas
noches donde te cegaste. Me iré pero nos volveremos a ver. Te dejo el libro, ya
entenderás la metáfora.
El Cuentista se quitó
la mascara entonces cambio la cartulina y pidiéndole a los pacientes que
observasen con los ojos mientras sus oídos se encargarían de imaginar lo que seguía:
“El visitante atravesó las ventana rota, echo un ultimo vistazo al rostro del
hombre y de sus ojos negros fulminantes brotaba una diminuta lagrima con la que
el cielo empezó a llover, la chimenea repentinamente cobró vida y el fuego se
fue desplazando por toda la sala, el hombre corrió al teléfono para solicitar
ayuda pero este no tenia línea, de su saco busco su celular pero este había
desaparecido, maldijo y busco agua para apagar el fuego pero este solo se
avivaba mas, el humo comenzó por hacer menguar su condición, el cuadro de
Napoleón se empezó a deshacer haciendo cenizas, corrió hacia el para bajarlo pero
la llama golpeo su rostro con brutalidad, gritó pero nadie parecía escuchar, la
ventana seguía abierta pero el solo pensaba en sus cosas haciéndose añicos,
justo cuando sentía que el humo seguía haciéndolo toser, maldijo en un grito
desgarrador mientras los diminutos vidrios se encajan en su rostro al salir por
la ventana haciéndolo perder el conocimiento. Del resto no recuerda, solo el
aullido de las sirenas, decenas de reporteros hablando tras su micrófono hacia
las cámaras y el rostro del visitante con su lagrima brotando de su mejilla”.
En el cuadernillo reapareció el Hombre del Sombrero Grisáceo de nuevo en el
medio de la calle con sus manos en el bolsillo.
-
¿Qué ha cambiado en el dibujo? Pregunto el cuentista.
-
Nada, repitió el viejo. Es el mismo, es el principio
-
Ja. véanlo de nuevo.
-
Las aves volando sobre el edificio como los buitres
pero esas parecen ser pichones.
-
Bien, jovencito. ¿alguien más?
-
Ahí, sobre la calle delante de el casi al terminar el
camino. Es un libro.
-
Eureka, es un libro. ¿Qué libro?
-
El del visitante. Dijo en voz profunda el portero.
-
Ja. no puedo engañarlos, sin embargo, la hora se ha
terminado. Tenemos que dejarlo aquí.
-
No puedes hacernos esto dijo la señora. Al menos danos
un adelanto de tu próxima visita
-
Los cuentos son herramientas y sueños que nos llevan a
imaginar y percibir la historia de otra manera, amigos, pero al publico lo que
pidan. ¿todos de acuerdo?
-
¡Si¡
-
Cierren sus ojos
El cuentista dijo:
“El Libro se abrió de par en par cuando el Hombre se agacho a recogerlo del suelo,
se quito las gafas al ver las paginas ir y venir percatándose que no era un
libro cualquiera y ahí en el suelo se sentó apreciándolo mientras de sus ojos
quemados por la avaricia ahora caían un par de lagrimas que zigzagueaban a través
de su rostro marcado leyendo lo siguiente…” El cuentista dejo la habitación
mientras los pacientes tenían los ojos cerrados, le dio la mano al portero y se
aventuro por las calles. Los pacientes abrieron sus ojos ante el silencio y
encontraron sobre el suelo el dibujo de un hombre sentado sobre un enorme libro
que hacia de suelo repleto de letras. Ellos aplaudieron. Cruzo la calle para
tomar el autobús y el Dr. le saludo desde la ventana, el cuentista le dijo con
una seña que volvería. Se preguntó si ella aun estaría ahí, si se habría
recuperado o si el agresor había aparecido de nuevo, se bajó del autobús y atravesó
rápidamente las calles evitando los charcos, subió por la escalera e introdujo
la llave pero la puerta estaba abierta, no pensó en nada mientras abría la puerta
de par en par e iba hasta su recamara. El aroma a cena lo envolvió y sobre la
cama la señora del labio roto había elaborado un picnic nocturno, le dijo:
-
No sabía a que hora regresarías, pero pensé que tendrías
hambre, estaba por irme.
-
Quédate, dijo el. Es demasiado noche para salir aunque
sea a un par de cuadras, no te preocupes me quedare en el sofá.
-
¿Y me contaras alguno de esos cuentos que tienes por
ahí guardado?
-
Claro, te contare una historia de romance ataviada de
suspenso, la fantasía y el destino.
El Cielo soltó
diminutas gotas que rompieron el sofocante calor y envolvieron la ciudad con su
música mientras estas chocaban con el suelo, los edificios y los autos, el
Cuentista sobre la cama contándole a la señorita letra por letra, párrafo por
párrafo lo que seria un cuento que cada jueves tenia un nuevo capitulo y nueva
cena con la cama como mesa.