“Bajo el cielo ataviado con esas nubes detenidas, pintadas cual retrato de
pintura extraña, Se detuvo a pensar, venía a su mente que poco creíble que el
mundo fuese como los científicos lo cuentan. Así lleno de estrellas, de
galaxias, de mundos inconclusos y de planetas que jamás verán nuestros simples
ojos. Unas pecas en el universo, inexistentes para todos, para el todo. En eso
pensaba, todo era insignificante y carente de sentido alguno, salvo, ser algo
que nos importe a nosotros. Nos sentimos siempre centro del universo, y no
somos nada. Sacó un chocolate y lo masticó lentamente dejando que el sabor se
apoderará de su boca y su ser, le encantaba el aroma, mancharse los dedos, pero
hoy todo eso le parecía más profundo de lo habitual, como si el chocolate
tuviese un lugar especial en su historia, le diese algo en lo más recóndito del
ser. A su Padre le encantaba esta golosina ancestral. Recuerda que, en su
niñez, su Padre hablaba de lo mucho que le gustaba esta sencilla barra oscura,
lo mejor fue cuando descubrió que existía en todas las facetas posibles y
diferentes tamaños. Como lo extrañaba al Chocolate y a Su Padre y esas
enseñanzas que tanto énfasis le hacía, pero vamos, nada dura para siempre, ni
siquiera el mundo. Lo que nos queda es honrar a nuestros padres, llevar una
hermosa vida y ser felices. Estaba ahí apreciando el cielo con el tiempo
detenido cuando escuchó su nombre…Ella le hablaba para contarle que la película
estaba por iniciar, y bueno, recordó que él la había invitado en primera
instancia y hoy, no sabía que hacer al respecto, más bien lo sabía, pero de
repente le invadía esa terrible sensación del después, del mañana, del pasado.
Pero a pesar de todo, la película resultó bastante atractiva y el protagonista
de la misma recibía una terrible noticia, su padre había fallecido y le había
heredado una villa en Italia y de repente, tenía que irse a ese País a
aventurarse sobre ello, fue ahí donde lo entendió. La película terminó y ella
se quedó a dormir, pero él se quedó toda la noche despierto, desenfocado de su
presente y pensando en todo lo que había ahí afuera…las estrellas, las
galaxias, los otros mundos…estos arranques de tontería se le atraviesan cada
tanto tiempo, como si fuese un llamado a la locura y después se iban y él regresaba
a sus libros, a su trabajo, a sus bares, a sus mujeres y a sus viejas
películas. Pero también debía el recordar que esas ideas que a las personas les
parecen locuras para otras son tan sencillas que las llevan a cabo. Estaba
absorto en ello, dándole vueltas y vueltas a la situación. Tenía él ya sus años
y sentía que todo estaba en un punto muerto. Tenía trabajo, su dinero, las
amistades y las amantes, sin embargo, se sentía ausente. La noche siguiente en
medio de esos pensamientos que lo hicieron despertarse y salir al balcón.
Siempre tenía una botella por ahí y esos malditos chocolates, nunca entendía
porque esa combinación le gustaba, pero así era y ni modo. Bebía y degustaba,
acariciaba con los labios y surcaba el cielo con la mirada, maldita Luna Clásica,
redonda y blanca...Había que hacer algo, se dijo. Había que dejar la tierra y
escapar, porque no sé. Su sueño era la huida, la escapada, sin dejar más que un
recado o un correo y que la gente se preguntase porque se fue así, sin avisar.
Empezó a empacar sin más…buscó su pasaporte, unos tenis viejos y acomodó lo
necesario, había decidido ser un poco nómada. Total, su corazón no era de
nadie…en el auto antes de tomar la carretera, envió un correo a su empresa…era
tonto y egoísta pero solo decía: “Volveré de donde sea que vaya”. La verdad es
que no sabía adonde iría, más bien dicho, sabía a donde quería ir, pero no
sabía por dónde empezar, tal vez era lo mejor. Parte del camino, es el inicio.
El aventurarse y ser estúpido o arriesgado. Le resultaba extraño que por única
vez no pensará en cuanto dinero debería gastarse y en que debía emplearse. Justo
en la caseta de peaje, el miedo apareció. El maldito miedo queriendo jalarlo de
los pies y llevarlo de vuelta a casa, a sus libros, a sus historias, a los
brazos de esa mujer hermosa. Pero no, si pasaba la caseta era continuar y así
fue. Manejó con la puesta de Sol, y se salió de la carretera para irse por la
libre. La ruta panorámica, la ruta de los pueblos y los desahuciados, de esos
restaurantes campiranos y caseros donde todo parece venir de un tiempo atrás.
Desayunaba y comía al mismo tiempo, es decir, merendaba con los locales y
siempre optaba por sacar sus dos sillas y ponerlas ahí por algún lugar del
pueblo donde se le antojaba pasar la tarde o la noche, en medio de las dos
sillas lo acompañaba su botella, los vasos y los chocolates…y así de repente
alguien pasaba por su lado y preguntaba si que hacía ahí o porque la otra silla
estaba vacía y él, decía lo suyo, Usted me cuenta su historia, brindamos juntos
y de regalo siempre un chocolate. Eso lo había aprendido de su Madre, su madre
solía sentarse con él y escucharle, por más sinsentido o infantil de la
historia, Ella siempre escuchaba, preguntaba, asentía con la cabeza y ayudaba
con la atención y la corrección de palabras para poder que el fuese un mejor
relator. Y así en donde estaba siempre aparecía alguien. Un adolescente
perturbado, una señora con su carita mancillada, un viejo de sombrero y uno
como él, en la mitad de la vida sin saber dónde había perdido su camino. Siempre
brindaban y siempre de regalo un chocolate. Se tomó fotos con ellos mediante
esa cámara instantánea dándoles una para que ellos recordasen lo que le habían
contado y por qué se lo habían contado. Empezó a disfrutar la ausencia de su
hogar, a merendar con todos y entender un poco más de su vida a través de las
historias de ellos. Disfrutaba de jugar béisbol y de ir a partidos de fútbol
con el polvo que levantaban los jugadores al correr…eso sí. Justo a las 4 am,
desaparecía y se marchaba de nuevo para conocer otro lugar más. De vez en
cuando solía entrar en los bares y se sentaba en la barra a escuchar la música
y beber otra botella más antes de partir. De repente lograba descubrir lo mucho
que no se conocía a si mismo hasta que se había escapado de su propia vida.
Siempre las dos sillas en el pueblo siguiente, con el ritual como se había
acordado. Con muchos reía, con otros lloraba y también con otros se
cuestionaba, pero con todos se abrazaban y terminaban en un hasta luego. De
Pronto, en una ocasión en un malecón inconcluso con el mar haciendo su propia
música…sintió que tenía que era tiempo de regresar…se vio en el espejo de su
auto, le había crecido la barba, y los ojos se escondían detrás de unas ojeras
profundas, pero eso sí, tenía una sonrisa que no conocía…justo estaba por ir
por las sillas cuando vio a alguien sentado en una de ellas…qué diablos dijo,
una última historia. Empezaba a servir la copa cuando se dio cuenta de lo
hermosa que era aquella chica, que su aura tenía un cierto encanto que rebasó
su boca y no pudo decirle mucho, al final, él estaba por escuchar, pero
entonces Ella, le dijo que había encontrado algunas fotos en el mundo del
internet y le había dado por buscarle. ¿para qué? Le dijo él, y ella señalándole
la silla le dijo. Es hora que alguien también te escuché a ti. No lo había pensado,
pero si, hasta el momento durante el viaje, solo había escuchado a la gente o
había hablado poco de sí mismo…tal vez era buena idea cerrar ese ciclo. Con una
condición, le dijo a Ella…que nos volvamos a ver…Ella le sonrió y le dijo: Me
parece. Empezó a hablar y a disfrutar del mar, a contarle sus miedos, sus
fracasos y sus anhelos…su vida de niño y su historia de adulto y le causaba una
sensación que estaba arrojando piedras al mar mientras más hablaba, abandonando
el peso que cargaba entre todo lo bueno que tenía, porque a veces cargamos algo
que no notamos y descubrimos nuevas cosas en nosotros y en los demás...pidió
perdón por no valorar lo que tenía y lo que no. Otro brindis se convirtió en
otro brindis y otro chocolate se convirtió en un chocolate adicional…Al final
cuando ya caía la madrugada y la temperatura bajaba, Ella se despidió con un
beso sobre su mejilla y le dijo nos volveremos a ver. Se tomaron la foto juntos
y cada quien se quedó con su copia. Cuando iba rumbo al pueblo siguiente pensó
en que solo tenía la foto, no supo su historia, su nombre, su número de
teléfono…lo curioso fue que sabía que la encontraría de nuevo…y sí, así fue…En
el próximo pueblo y justo al poner las dos sillas en la plazuela del mismo,
Ella apareció…Te lo dije le dijo, que nos volveríamos a ver. Él señaló las dos
sillas, la botella y los chocolates…Hoy suelen recorrer los pueblos y las
ciudades siempre con las dos sillas listos para escuchar las historias de las personas
en el Mundo de Morfeo.”