viernes, 3 de junio de 2022

Las Dos Sillas

 

“Bajo el cielo ataviado con esas nubes detenidas, pintadas cual retrato de pintura extraña, Se detuvo a pensar, venía a su mente que poco creíble que el mundo fuese como los científicos lo cuentan. Así lleno de estrellas, de galaxias, de mundos inconclusos y de planetas que jamás verán nuestros simples ojos. Unas pecas en el universo, inexistentes para todos, para el todo. En eso pensaba, todo era insignificante y carente de sentido alguno, salvo, ser algo que nos importe a nosotros. Nos sentimos siempre centro del universo, y no somos nada. Sacó un chocolate y lo masticó lentamente dejando que el sabor se apoderará de su boca y su ser, le encantaba el aroma, mancharse los dedos, pero hoy todo eso le parecía más profundo de lo habitual, como si el chocolate tuviese un lugar especial en su historia, le diese algo en lo más recóndito del ser. A su Padre le encantaba esta golosina ancestral. Recuerda que, en su niñez, su Padre hablaba de lo mucho que le gustaba esta sencilla barra oscura, lo mejor fue cuando descubrió que existía en todas las facetas posibles y diferentes tamaños. Como lo extrañaba al Chocolate y a Su Padre y esas enseñanzas que tanto énfasis le hacía, pero vamos, nada dura para siempre, ni siquiera el mundo. Lo que nos queda es honrar a nuestros padres, llevar una hermosa vida y ser felices. Estaba ahí apreciando el cielo con el tiempo detenido cuando escuchó su nombre…Ella le hablaba para contarle que la película estaba por iniciar, y bueno, recordó que él la había invitado en primera instancia y hoy, no sabía que hacer al respecto, más bien lo sabía, pero de repente le invadía esa terrible sensación del después, del mañana, del pasado. Pero a pesar de todo, la película resultó bastante atractiva y el protagonista de la misma recibía una terrible noticia, su padre había fallecido y le había heredado una villa en Italia y de repente, tenía que irse a ese País a aventurarse sobre ello, fue ahí donde lo entendió. La película terminó y ella se quedó a dormir, pero él se quedó toda la noche despierto, desenfocado de su presente y pensando en todo lo que había ahí afuera…las estrellas, las galaxias, los otros mundos…estos arranques de tontería se le atraviesan cada tanto tiempo, como si fuese un llamado a la locura y después se iban y él regresaba a sus libros, a su trabajo, a sus bares, a sus mujeres y a sus viejas películas. Pero también debía el recordar que esas ideas que a las personas les parecen locuras para otras son tan sencillas que las llevan a cabo. Estaba absorto en ello, dándole vueltas y vueltas a la situación. Tenía él ya sus años y sentía que todo estaba en un punto muerto. Tenía trabajo, su dinero, las amistades y las amantes, sin embargo, se sentía ausente. La noche siguiente en medio de esos pensamientos que lo hicieron despertarse y salir al balcón. Siempre tenía una botella por ahí y esos malditos chocolates, nunca entendía porque esa combinación le gustaba, pero así era y ni modo. Bebía y degustaba, acariciaba con los labios y surcaba el cielo con la mirada, maldita Luna Clásica, redonda y blanca...Había que hacer algo, se dijo. Había que dejar la tierra y escapar, porque no sé. Su sueño era la huida, la escapada, sin dejar más que un recado o un correo y que la gente se preguntase porque se fue así, sin avisar. Empezó a empacar sin más…buscó su pasaporte, unos tenis viejos y acomodó lo necesario, había decidido ser un poco nómada. Total, su corazón no era de nadie…en el auto antes de tomar la carretera, envió un correo a su empresa…era tonto y egoísta pero solo decía: “Volveré de donde sea que vaya”. La verdad es que no sabía adonde iría, más bien dicho, sabía a donde quería ir, pero no sabía por dónde empezar, tal vez era lo mejor. Parte del camino, es el inicio. El aventurarse y ser estúpido o arriesgado. Le resultaba extraño que por única vez no pensará en cuanto dinero debería gastarse y en que debía emplearse. Justo en la caseta de peaje, el miedo apareció. El maldito miedo queriendo jalarlo de los pies y llevarlo de vuelta a casa, a sus libros, a sus historias, a los brazos de esa mujer hermosa. Pero no, si pasaba la caseta era continuar y así fue. Manejó con la puesta de Sol, y se salió de la carretera para irse por la libre. La ruta panorámica, la ruta de los pueblos y los desahuciados, de esos restaurantes campiranos y caseros donde todo parece venir de un tiempo atrás. Desayunaba y comía al mismo tiempo, es decir, merendaba con los locales y siempre optaba por sacar sus dos sillas y ponerlas ahí por algún lugar del pueblo donde se le antojaba pasar la tarde o la noche, en medio de las dos sillas lo acompañaba su botella, los vasos y los chocolates…y así de repente alguien pasaba por su lado y preguntaba si que hacía ahí o porque la otra silla estaba vacía y él, decía lo suyo, Usted me cuenta su historia, brindamos juntos y de regalo siempre un chocolate. Eso lo había aprendido de su Madre, su madre solía sentarse con él y escucharle, por más sinsentido o infantil de la historia, Ella siempre escuchaba, preguntaba, asentía con la cabeza y ayudaba con la atención y la corrección de palabras para poder que el fuese un mejor relator. Y así en donde estaba siempre aparecía alguien. Un adolescente perturbado, una señora con su carita mancillada, un viejo de sombrero y uno como él, en la mitad de la vida sin saber dónde había perdido su camino. Siempre brindaban y siempre de regalo un chocolate. Se tomó fotos con ellos mediante esa cámara instantánea dándoles una para que ellos recordasen lo que le habían contado y por qué se lo habían contado. Empezó a disfrutar la ausencia de su hogar, a merendar con todos y entender un poco más de su vida a través de las historias de ellos. Disfrutaba de jugar béisbol y de ir a partidos de fútbol con el polvo que levantaban los jugadores al correr…eso sí. Justo a las 4 am, desaparecía y se marchaba de nuevo para conocer otro lugar más. De vez en cuando solía entrar en los bares y se sentaba en la barra a escuchar la música y beber otra botella más antes de partir. De repente lograba descubrir lo mucho que no se conocía a si mismo hasta que se había escapado de su propia vida. Siempre las dos sillas en el pueblo siguiente, con el ritual como se había acordado. Con muchos reía, con otros lloraba y también con otros se cuestionaba, pero con todos se abrazaban y terminaban en un hasta luego. De Pronto, en una ocasión en un malecón inconcluso con el mar haciendo su propia música…sintió que tenía que era tiempo de regresar…se vio en el espejo de su auto, le había crecido la barba, y los ojos se escondían detrás de unas ojeras profundas, pero eso sí, tenía una sonrisa que no conocía…justo estaba por ir por las sillas cuando vio a alguien sentado en una de ellas…qué diablos dijo, una última historia. Empezaba a servir la copa cuando se dio cuenta de lo hermosa que era aquella chica, que su aura tenía un cierto encanto que rebasó su boca y no pudo decirle mucho, al final, él estaba por escuchar, pero entonces Ella, le dijo que había encontrado algunas fotos en el mundo del internet y le había dado por buscarle. ¿para qué? Le dijo él, y ella señalándole la silla le dijo. Es hora que alguien también te escuché a ti. No lo había pensado, pero si, hasta el momento durante el viaje, solo había escuchado a la gente o había hablado poco de sí mismo…tal vez era buena idea cerrar ese ciclo. Con una condición, le dijo a Ella…que nos volvamos a ver…Ella le sonrió y le dijo: Me parece. Empezó a hablar y a disfrutar del mar, a contarle sus miedos, sus fracasos y sus anhelos…su vida de niño y su historia de adulto y le causaba una sensación que estaba arrojando piedras al mar mientras más hablaba, abandonando el peso que cargaba entre todo lo bueno que tenía, porque a veces cargamos algo que no notamos y descubrimos nuevas cosas en nosotros y en los demás...pidió perdón por no valorar lo que tenía y lo que no. Otro brindis se convirtió en otro brindis y otro chocolate se convirtió en un chocolate adicional…Al final cuando ya caía la madrugada y la temperatura bajaba, Ella se despidió con un beso sobre su mejilla y le dijo nos volveremos a ver. Se tomaron la foto juntos y cada quien se quedó con su copia. Cuando iba rumbo al pueblo siguiente pensó en que solo tenía la foto, no supo su historia, su nombre, su número de teléfono…lo curioso fue que sabía que la encontraría de nuevo…y sí, así fue…En el próximo pueblo y justo al poner las dos sillas en la plazuela del mismo, Ella apareció…Te lo dije le dijo, que nos volveríamos a ver. Él señaló las dos sillas, la botella y los chocolates…Hoy suelen recorrer los pueblos y las ciudades siempre con las dos sillas listos para escuchar las historias de las personas en el Mundo de Morfeo.”

 

martes, 3 de mayo de 2022

El Jardín de las Estatuas

 

“La sala se fue oscureciendo a medida que la Luna amarilla se iba perdiendo entre esas nubes que eran cómplices de una lluvia por llegar…a todos ahí la espera de estar esperando les agotaba pero a él no, a él esa espera le encantaba…tal vez porque conocía el resultado o tal vez porque en el fondo de la mente deseaba que ocurriera algo diferente, para que todo cambiase de nuevo, romper todas las expectativas, porque a los seres humanos les encantan las expectativas, son como un aliciente, un vicio, algo a lo que te aferras…a él ya no le hacía efecto ese tema, ahora gustaba de estas funciones nocturnas de teatro.  Lo descubrió una noche como tantas, donde embriagado de melancolía y sin sabores recorría la ciudad a pie arreglándose el cuello de la gabardina y ajustando la bufanda para evitar que el frío le cortase la garganta. Le gustaba el frío y la soledad que le acompañaba cuando realizaba estas caminatas hasta que se topó con ese local…tan perdido como él, tan oculto como sus cigarros en el bolsillo y no sabe porque, pero algo le llamaba para que entrará, y fue así, como se halló con esto: el teatro, y todas esas pequeñas letras convertidas en palabras y terminadas en guiones. Le fascinó aunque jamás había actuado, aunque jamás había estado en un lugar así…lo lúgubre de su existencia, y las ideas que de ese templete emanaban. Y así fue, como empezó a ir, todos los martes a la medianoche. A escuchar historias de vida, historias irreales e increíbles ataviadas de ese matiz romántico y melancólico que, a él, un solitario insensato le parecían sumamente atractivas…sentía ganas de aplaudir, de subir al escenario y contar una historia o participar, pero por ahora, estar entre la gente parecía ser suficiente. Hoy la función consistía en un monologo, la mujer disfrazada de una artista madura contaba de su historia, de los sueños cumplidos a la mitad por la falta de tiempo y la falta de sacrificio, tocaba los temas a profundidad desde la niñez hasta perderse en la rutina y desafiar al sistema para caer presa del mismo y poder traer comida a su mesa para terminar en una historia donde se arroja desde un edificio. Al terminar la función, se quedó un rato, como Siempre, algunos se quedaban a dialogar, a beber una copa o a jugar cartas o sencillamente a escuchar el piano tocarse de vez en cuando. Al final, nadie sabía quién era él y era mejor mantenerlo así, ser cualquiera menos el mismo, ser quien la otra persona quisiera que fuese, menos ser él, porque no todos los días uno quiere ser uno mismo, hay días que queremos ser alguien más. Era un Ladrón, y los que viven fuera de la ley, suelen ser eso, unos sin rostro. Nadie le preguntó su nombre, nadie le preguntó su procedencia, solo era, él, ese de sombrero oscuro y mirada perdida, de ojos café oscuro y barba negra con su cuota de canas. Hoy no sería como otras noches, desde hace días pensó en que hoy le gustaría tocar, así sin más, así sin decirle a nadie para no sé, desahogarse supone él. Le encanta ponerle fin a sus pensamientos con música tonta y melancólica. Así fue que se sentó en el banco del piano, encendió el cigarrillo, dio una gran calada y fue arrastrando los dedos sobre las teclas hasta que se originó la melodía, con sus tintes caóticos y metódicos la música fue subiendo de tono mientras los que se quedaban le miraban, admirando el tacto de sus manos sobre el instrumento…pero él solo veía a una de las personas, solo a ella…que sin querer, se encontraba con su mirada cuando le veía recorrer la mirada por la sala…sus cabellos castaños cubrían los ojos, pero no la mirada, no protegía el corazón y eso fue lo que le atrajo repentinamente…y fue así como se fue acercando cayendo en el abismo de esa alma en pena…suele ocurrir que las personas les gusta rescatar a las almas en pena, sin embargo, es porque en el fondo fueron presas de un cazador sin corazón y buscan redimirse. El ladrón finalizó su actuación, encontró un par de aplausos y salió de ahí, sin más, cambió su copa por un vaso de plástico tomando el abrigo ajustándole el cuello y escapando a la noche fría. Un par de calles adelante, el olfato encontró un perfume de mujer, si, lo reconoció de inmediato y fue a ocultarse, cuando ella pasó, le tomó de la mano diciéndole al oído,

-          Es muy noche, para andar sola por ahí, dejando la estela de tu perfume a tu paso.

-          Lo sé, pero no pude evitarlo, la melodía allá dentro, tus ojos mientras la tocaba me hizo sentir algo extraño que no pude descifrar y tenía que saber el titulo

-          Hay canciones cuyo título es mejor mantenerlo en el anonimato, al final, uno decide cómo llamarles a las melodías y otros les adaptan la historia a como les conviene, ven, tomemos un taxi.

Le dijo al taxi que se detuviera justo en El Jardín de las Estatuas, le ayudo a bajar y caminaron…a medida que recorrían las estatuas le explicaba quién era quien, y sus logros en el mundo Le fascinaba ese lugar, y es porque solía visitarlo con un par de amigos de la infancia…cuando el mundo era otro y los niños podían andar un poco más por las calles de la ciudad sin que el terror y la ansiedad se apoderase de ellos…fue así, como la atraía hacía él, contándole un poco de todo y de nada, de lo que le apasionaba, de sus robos y sus besos, contándole como se la comería a besos porque ella era quien quería saber quién era. Entonces se dio cuenta que Ella era la del monologo, que extraño, parecía alguien totalmente diferente y se lo dijo. Ella le sonrió diciéndole, no ves que todos somos otra persona en la mente de alguien que nos conoce. Era una ladrona también al parecer. Igual que él…Solían robar corazones atormentados, vivir al límite de cómo viven los locos. Recorrieron la ciudad mientras se devoraban a besos como solo los que jactan de ser ilusos y nada justos lo hacen. Se revelarían sus identidades al calor de sus cuerpos desnudos en aquella sala donde todos son alguien más, en el teatro de los monólogos, de los clásicos y las obras irreverentes, ahí recostados tras bambalinas se comían el uno al otro como los desahuciados se comen los platillos que sobran hasta quedarse dormidos exhaustos, pero solo los martes de medianoche, los martes en los cuales él solía caminar por la ciudad hasta llegar ahí.  Habían decidido no decirse sus nombres verdaderos, solo yacían juntos, aunque todos sabemos cuán peligrosos es eso…suele cambiar, mutar, convertirse en algo más y rebasarlos como la tormenta a los barcos. A él no le gustaba como sonaba eso, lo había vivido ya algunas veces y cuando se percataba estaba en esa monotonía donde terminaba odiando lo que ocurría y tenía que huir de nuevo. Cuando el botín de besos, caricias y sueños juntos se iba perdiendo por ir al súper, planear los días y buscar cómo encontrar tiempo para ver a todo mundo. El problema con el ser humano es que piensa que no puede caer nuevamente y justo cae de nuevo en la esperanza, en la ilusión, en la sonrisa que la otra persona ofrece y en la calidez del corazón que se abre ante la persona para amarse. Maldita sea, se dijo a sí mismo el ladrón mientras yacía junto a ella en el Jardín de las Estatuas, estaba atrapado de nuevo. Empezaba a notar por un lado un vacío terrible que le comía las entrañas haciéndolo sentir extraño, perdido, melancólico y deseoso de salir corriendo y es por ello que volvía a despertarse entre gritos y sudando de sus manos. Pero por caótico que parezca, esos ojos hermosos de Ella apreciándolo y abrazándolo fuerte parecía calmarlo, parecía destruir la desilusión con cariño, el vacío con amor y la rutina con grandes historias y sonrisas que parecía no cansarle. Optó por decirle quien era, no sabía si para que se rompiera el encanto o para que ella lo quisiera más…Por más que quisiera lo primero, en el fondo deseaba lo segundo. Pero el amor no es fácil, amar no es para los temerosos sino para los sobrevivientes, los fuertes, los que aman sin importar el pasado y buscan el futuro viviendo el presente. Se quedaron juntos, que importaba el tiempo y los ratos en silencio. En el cielo de la Tierra, en un mundo de personas iguales, Ella era única y por eso le encantaba. De vez en cuando, por gusto, los martes a media noche van al teatro…a veces a tocar el piano después que se terminan las funciones y no queda nadie y otras veces a participar en los monólogos…sobra decir, que el amanecer los encuentra ahí en el Jardín de las Estatuas del Mundo de Morfeo”.

martes, 19 de abril de 2022

Solo Los Amantes Sobreviven

 

“Corre un aire gélido aun cuando la llama del puro sigue su marcha y el aroma penetra su traje oscuro como las almas de los hombres, él sigue ahí…absorto, inerte, estático, cual estatua griega extraviada en alguna habitación de un templo que pocos turistas conocen. Le encanta la vista que tiene el lugar, eso sí, jamás negará, que fue una de las mejores cosas que hizo con el dinero, hacerse de este lugar silencioso y bullicioso. Donde él ve todo y a nadie le importa si está ahí. Hace ya más de tres horas que la hoja esta en blanco. Y se sigue cuestionando si de alguna manera debería llenarla, si de alguna manera debiera expresarse y sacar a relucir un poco lo que ha pasado durante este tiempo en que su escritura ha estado en silencio. Ve la hoja y siente como esta lo invita a contar una historia, a ofrecer palabras y generar oraciones para que estas se conviertan en algo que a alguien le importe leer. A construir mediante las letras lo que su corazón dice en este momento, pero bueno, a veces conocer a quien está detrás de la máquina de escribir ayuda un poco.se levanta de la mesa y camina hacia la ventana, la vista es espectacular y le sienta bien a su corazón, el aroma del viento le devuelve el recuerdo de sus años mozos, devolviendo un poco la sonrisa a esa mueca muerta que tiene en el rostro. Y se le ocurre, tan solo, se le ocurre…y se detiene, pero luego vuelve a encontrar esa idea deambulando por su mente. ¿Por qué? Se pregunta, porque justo en esos momentos cuando duda de él mismo, Ella acude a su encuentro, No lo sabe nunca o bueno, siempre lo ha sabido. A Pesar del tiempo, de los tragos amargos, de los viajes y los buenos platillos. Ese recuerdo reaparece por arte de magia, porque tú puedes engañar a la mente muchas veces y continuar en tu vida normal trabajando, estudiando, divirtiéndote, jugando al ser superior entre tantos actos de emociones caóticas, pero al corazón jamás podrás engañarle. Al corazón no te le puedes escapar por mucho tiempo. Le dio una calada al puro y fue a buscar su teléfono...intentó recordar su número mientras buscaba en sus redes sociales donde encontrar su rastro, pero aun en estos días hay personas que no tienen las ganas de que todos vean que están haciendo, que se mantienen ocultas, perdidas en algún bosque fuera de este nuevo mundo donde todo mundo sabe de todos. Tenía que recordarlo, no podía ser tan tonto para haberlo olvidado. Siempre fue bueno con los números…cumpleaños, fechas de hitos, situaciones políticas y de increíble, pero fechas de algunas buenas películas…Empezó por anotar diferentes números en la máquina de escribir, números telefónicos, fechas, marcadores de juegos, hasta que lo anotó sin saberlo, es curioso, pero hasta que lo visualizó ahí entendió que ese era. Bueno, se dijo, entre el hacer y el no hacer, siempre será mejor hacer así que marcó el número y el teléfono sonó a lo mucho 5 o 6 veces y justo cuando estaba dándose por vencido, se escuchó un Hola del otro lado de la línea. Hola dijo él, pero no era la voz que esperaba más cuando preguntó quién llamaba y a quien buscaba.  Pensó que sería obvio cuando él dio su nombre que sabrían por quién preguntaría, pero no. Su escritura aún no llegaba a todos lados y una mueca de humildad recorrió su rostro cuando sin más, la ama de llaves tomó sus datos y dijo que pasaría su recado. El día ya no fue el mismo, más cuando terminó y no recibió llamada alguna…abrió un par de botellas más y leyó en voz alta hacia la madrugada hasta que su cuerpo no resistió y quedo absorto en el sueño, maldito Morfeo que siempre gana las batallas nocturnas. Apenas un par de días después pensó en llamar de nuevo, pero lo evitó. Su madre le había enseñado que hay días para esperar, aunque la espera desespere mientras tanto la hoja seguía en blanco salvo los números anotados. No recordaba bien la hora y menos el día, solo sabía que era la noche y entre el viento que resoplaba en la habitación a lo lejos escuchó el sonido peculiar que solo un viejo teléfono hace. Parecía un sueño, pero alcanzó a descolgarlo…Se quedó en silencio al escuchar ese ¡Hola! que casi le hace explotar el corazón, Disculpa la hora dijo ella, pero a menudo lidio con el insomnio y me enfrentó a la madrugada sin saber si correr, leer, o dedicarme a ver viejas películas. No se aún porque he hecho esta llamada…supongo que cuando tienes un recado, tienes una atención de devolver el mensaje, así que aquí estoy, regresando este llamado. ¿te desperté? Por supuesto que sí, reconozco esa voz tuya al despertar y si, no sé cómo es que aún recuerdo tu voz al despertar supongo que es por los años o las vivencias. Lo que me preguntó cómo es que has llamado. ¿con que finalidad lo has hecho? El escritor dudo y después se dijo que carajos. Porque te he extrañado aún después de todas esas lunas y esos soles, si, es la verdad, extraño verte sonreír mientras te cubres el rostro, No se tu situación de hoy ni la del ayer…creo que me quedé en una época donde todo era más sencillo de saber y preguntar, pero al parecer eso se me ha ido de las manos y hoy solo me queda el recuerdo de llamarte. Te mentiría que me sorprende saber que sigue el número vigente y que me conteste otra persona que no seas tú, pensé que estarías en otro País, en otro planeta, en otro libro de tonta poesía. No sé, dijo él. Ella soltó una risa mientras le decía que, por supuesto que habitaba en otro planeta, donde no había grandes edificios ni libros de escritura profusa y menos aun saliendo en los periódicos. Si, le dijo ella. Esas historias si llegan por acá. Deberíamos retomar el mundo donde lo dejamos dijo él. Recuerda esa frase que teníamos para decidir las cosas…Ella aceptó. Así fue, que días después abandonó su refugio…se puso su sombrero, su oscura vestimenta y por supuesto, tomó sus pequeños vicios o hobbies así llamados por él para huir, una pequeña maleta…no recordaba la última vez que había manejado, pero se las arregló para acomodarse y salir. Recorrió la carretera y no se lo quería decir a sí mismo, pero él solo hecho de estar recorriendo los caminos le empezaba a quitar la mueca un poco de la cara…bebió un poco de café y solo bocadillos sencillos, el desorden alimenticio lo perseguía tanto como escribir por la madrugada cuando se sentía abrumado. Llegó al lugar, su lugar. La casa era una típica cabaña para estar el fin de semana, con grandes ventanales y chimenea, aunado a sus sillones y sillas antiguas y con colores oscuros. No sabía si arreglar un poco o dejarlo todo como está. De nuevo estaba ansioso…Pero si, también un poco ilusionado. Paseó por el bosque en las cercanías de la cabaña, a tomar aire, y dejarse impregnar por la atmosfera. A su regreso, le vio, justo ahí parada frente al lago…en su mano una copa de vino y en el suelo la botella junto con otra copa…siendo escritor se había quedado sin palabras, pero el cabello acariciado por el aire y la sonrisa que enaltecía ese rostro le llenó el corazón de repente. A medida que se acercaba las ganas de abrazarle fuerte se le vinieron encima y no pudo evitar empujarla un poco cuando le puso los brazos alrededor. No sabía dónde besarle, pero pensó que la mejilla era lo más apropiado. Esos besos que son de todo y dejan todo en la indecisión.

-          Pero que linda estás…no ha pasado el tiempo por ti, me alegra hayas venido hasta acá

-          Por ti sí que lo ha pasado…el gran escritor, el de las portadas…el que firma autógrafos

-          Soy el de siempre, solo un poco más aburrido. La época de los escritores aventureros ya ha pasado por la vida y ahora solo son pequeños ratones de habitación, envueltos en polémicas baratas

-          Eso dicen siempre los rufianes, que siempre ellos son los más tranquilos

-          ¿te casaste?

-          No y tú. Bueno si he visto portadas tuyas, para que pregunto

-          Casarse es una cosa, comprometerse es otra y ser par alguien es algo más y eso tu sabes que no pasará jamás de nuevo

-          Creo que intentas conquistarme…pero ya he pasado por ahí, ¿recuerdas? Perseguirnos mutuamente siempre fue muy divertido

-          Lo sé, pero acaso no es por eso que estamos aquí, para evitar más persecuciones

-          Eso aún no lo sé. Solo me dio gusto saber de ti, aceptar venir fue solo otro paso, no puedo pensar en otra cosa sino en el siguiente paso que siempre es una novedad

 

Bebieron vino mientras apreciaban el lago sentados en la orilla del camino y bañándose un poco los pies antes que la noche cayera. Ella le miraba sin pestañear, siempre prestando esa atención que a él tanto le gustaba y añoraba. Pensaban lo mismo, porque habían dejado de frecuentarse, porque la vida los alejó y porque de nuevo los juntaba. Sin matrimonios, sin amores reales, de amantes fugaces y caminos separados está lleno el mundo. Había mucho que decirse, pero eso siempre ocurre en un solo lugar…la noche los tomó recostados en esa habitación con sus ventanas y esa majestuosa vista, enamorándose de nuevo desnudos besándose, cual jóvenes en el asiento trasero de un auto. Esos días fueron los más felices de sus días, contándose lo que les dolía, ese hueco en el estómago en los momentos más caóticos y las caídas donde sus caminos se perdían entre tantos espejos de vida quebrados por el paso del tiempo. ¿acaso solo los amantes sobreviven al tiempo y rechazan el olvido? No se separaron más. Ella podía robarle el corazón cada vez que él se cayera en el abismo del olvido y sus demonios y él podía robarle el alma cada que ella se ahogará en sus brazos con el cuerpo oprimido por el pasado ya vivido. ¿Cuánto les durará esta vez? Nadie en el Mundo de Morfeo lo sabe, solo podemos decir que la hoja en blanco ha comenzado a llenarse con algo más que números y fechas.”

viernes, 25 de marzo de 2022

El Disfraz

 

“Hace tiempo que lo viene pensando, en que esto que lo aqueja no se va a ir jamás. Permanecerá como permanece el Sol en el cielo y es por ello que debe aprender a vivir con ello. A veces cuando lo piensa, se pregunta si lo que se asemeja a una solución no es más que un acto cobarde que suelen hacer los tontos, los de corazón débil y de mente pequeña, pero también se dice a si mismo que es tiempo de hacerlo. Lo cuento así, porque así es. Lo digo así, porque así es como es.  A veces cuando lo piensa, se le vienen los pensamientos encima como los ladrillos caen cuando la pared se viene abajo. Y se pregunta, una, dos, tres, hasta cinco o seis veces, si hubo un momento en su vida en que algo hizo mal, en el daño causado sin querer o queriendo. A veces cuando lo piensa, la tensión en sus hombros le resulta abrumadora y se pone rígido al grado de no poder moverse por un momento. Su rostro impávido, inerte, causal de esto que le viene a la mente no le deja terminar bocado, menos tragar saliva, sino que lo lleva a perderse en el horizonte de los caminos por los que no transitan las personas salvo cuando realmente su vida no puede verse más allá de aquello que lo aqueja. A veces el momento suele caer sobre el en la ducha, ese espacio solitario para pensar, para estar con uno mismo sin escuchar más que el sonido que hacen las gotas al caer sobre el cuerpo y es entonces cuando se derrumba cual construcción mal hecha, cual fuerte acaecido por la guerra y los demonios que se le presentan. Y llora, llora mucho, llora como los niños pequeños. Sus gritos ni siquiera aparecen porque los contiene, los detiene con la mano en la boca, pero las lágrimas ahí están, aunque estas se confundan con el agua, su palpitar proviene del corazón y claro que existe la diferencia. Y lo que más duele, es que no puede contárselo a nadie. Es de él y para él, es suyo y de nadie más, es su piedra. Sin embargo, ahí mismo se rehace, ahí mismo se seca el agua y también las lágrimas para volver a iniciar el día, otro día, otra oportunidad. Se rehace porque el mundo sencillamente no se detiene, el mundo, sencillamente continúa contigo, sin ti, o a pesar de ti. El sonido del celular le devuelve a la realidad y lo aleja de sus pensamientos, maldita tecnología, se dice mientras el repartidor le entrega el paquete, por la envoltura lo recuerda, había pedido un libro hacía ya un tiempo, pero por estos días entre virus, desempleo y perdida de los lugares de vicios lo había olvidado. Tomó el libro del paquete, recorrió el departamento con la vista y no sabía que sentir al verlo. Estaba todo derrumbado en pequeñas torres desordenadas ataviadas de libros, muñecos de cultura pop y botellas vacías, de relojes sin hora y de cortinas a medio abrir. Olía a miedo ahí, a depresión, a sexo extraviado, y a cariño despreciado. A refrigerador vacío de comida y lleno de alcohol, a música de viejos y viajes. No se lo pensó dos veces, busco las llaves, los cigarrillos, celular y ese sombrero aunado a sus lentes antiguos para desaparecer entre la multitud. Una bocanada de aire gélido y cielo libre de nubes le recibieron al salir del edificio. Surco por las calles y camino de manera incesante durante un buen tiempo. A pesar de su deteriorada condición, sentía una fascinación por caminar entre la gente. Escuchar sus conversaciones, leer sus miradas, compartir cigarrillos en silencio y mosquear sobre sus vidas, para ver si encontraba la similitud con la suya o al menos ver que no estaba tan mal como el creía. Recorrió calles y más calles, con el libro bajo la mano, entró al hospital que encontró a una vuelta y fue que decidió entrar. Jamás le gusto el aroma que se cierne en ese blanco edificio, pero hoy no estaba para hacer lo común sino para hacer lo diferente. Apagó el cigarrillo antes de entrar, se arregló un poco el sombrero y se abotonó el largo abrigo para ingresar y se puso el disfraz. Entonces ya no era el mismo, su semblante cambiaba y una ligera sonrisa aparecía, se sentaba y escuchaba a la gente, a los adultos, a los niños, a los enfermeros, a los guardias, a los apesadumbrados y a los confiados. Intuía que podían necesitar y les daba la palmada en el hombro, el oído abierto para que ellos al fin, pudiesen soltar todo eso que no les dejaba dormir, que los hacía mal respirar y mal vivir, los ayudada a que confiarán en él, ocurre que las personas suelen confiar más en los desconocidos ya que estos se llevan las historias a sus rincones, a sus casas donde sus nombres no se conocerán y donde no tendrán que explicar el porqué de esas palabras. Al fin y al cabo, es probable que jamás lo vuelvan a ver en su vida o al menos sin ese disfraz que tan puesto se carga. Incluso encontraron un pequeño jardín donde algunos deseaban fumar y él les acompañaba, esos cigarrillos son invitación a tener que hablar de un tema sin importar el lugar o la hora, si dos o tres personas juntas fuman, inevitablemente una historia, una confesión o una pregunta saldrá de ellos. Les compartió la frase motivadora, miraba directo a sus ojos y les hacía saber que el plan saldría bien, que de las tragedias se aprende y de la esperanza se vive. No era erudito, pero ya tenía sus años y ahora en esos cabellos canosos había algo de sabiduría, algo de empatía, una pizca de humanidad entre tanto salvajismo. Y Así era él, dejaba una gota de cariño en cada uno, solía salir con las manos llenas de peticiones y prometía volver, aunque él sabía que eso sería difícil, deseaba ayudar un poco. Siempre cuando salía de ahí, deseaba cambiar, pero no podía, quizás ya eso era tarde para su persona. Esa era su justificación cuando entraba en aquella pequeña galera donde los románticos cantaban al ritmo de la Luna y su color amarilloso repleto de amores extraviados. Escuchaba en silencio y cantaba en su mente, bebiendo el mismo trago y sentado en aquella mesa con luz baja. Saludaba sin mediar palabra, vaya, la idea de ir era solo alargar la noche y si en algún momento, alguien que pudiese acallar sus demonios apareciera frente a él, entonces sus labios se abrirían. Justo cuando se iba por ahí de las4 am, una princesa de barro y realidad, una hermosa dama de ojos profundos y sonrisa melancólica cruzó una mirada con él, le miraba como si lo conociese, como si le importaba, como si quisiera ahorcarle y sacarle todo el corazón para después arrojarlo a la basura. Él le sonrió, le encantó. Y ahí fue que se entendieron, entre la música y el silencio de sus labios. Se abrazaron desnudos una y otra vez frente a la luna y a las lágrimas que el cielo dejaba caer sobre los mortales. Hablaron de autores muertos, de poetas locos y de parábolas estúpidas y durmieron hasta que el teléfono sonó. Él se cambió como pudo y le dijo, quédate cuanto necesites, debo salir. Y se fue, sin un beso, sin una caricia, sin un hasta luego. Ella durmió un poco más y le echo una mirada al departamento, mientras se preparaba un café, y se preguntó como él la había dejado sola sin conocerla, así nomás, en el lugar más íntimo de una persona que es su casa y su cama , sin embargo, cayó en cuenta que todo parecía desordenado pero con un sentido de todo lo que era la persona que vivía ahí, es decir, las cosas decían mucho de las personas y más entre tanto caos, el orden que hallo ahí, era el de una de esas almas extraviadas en el tiempo pero con un sentido de pertenencia que obligaba a mirar más objetos y buscarles el sentido, hasta que dio con un pequeño maletín tras unos libros apilados, cierto. No debería abrirlo, pero justo ya lo había hecho cuando lo pensó y entonces vio ahí dentro de ese maletín todo lo que valía la pena saber. Su reacción fue, lavarse rápido la cara, tomar sus cosas junto con el café y salir de ahí a buscarlo. Fue entonces que lo vio ahí con su cartelón frente al hospital disfrazado y entregando a las familias que tenían a su niño, a su padre, a su abuelo, a su madre o familiar en el hospital luchando por su vida, él estaba ahí para cumplir promesas, fuera como fuera, tratando que esos momentos donde parece todo ir en picada, aparezca un salvavidas que te dé un poco de esperanza. Gustosa le tomó unas fotos sin que él se percatará y lo vio seguir por un par de horas más. Un par de noches después lo encontró de nuevo en el bar, sin disfraz, absorto en la música mientras el cigarrillo se iba consumiendo, y ella le dijo: ¿Cuál es tu disfraz? El del hospital o el Del Bar, fue ahí que él entendió, cuando le vio a ella sonreír tras aquella pregunta. Eso depende, le contestó él, a veces todos somos dos personas, la que unos perciben y la que uno es. ¿quieres averiguarlo? Y Ella le tomó su mano acariciándole los nudillos, a eso he venido. Todos nosotros en un momento de nuestra historia, tenemos la manera de ayudar a alguien, de hacer sonreír, de generar alegría y entre el hacer y el no hacer, siempre será mejor el hacer. Por ahí hay dos locos disfrazados que visitan hospitales, no usan mascaras ni nombres ficticios. Solo son personas que están tratando de compartir un hombro para recargarse o una mano para caminar”