“En las azoteas del edificio
se escuchan pasos…un ruido que apenas se percibe entre tanto ruido, pero que
suele ser común siempre a esta hora…no en días consecutivos pero si de forma
recurrente…Hace viento y este silba haciendo más disfrutable la tarde…como le
encantan estos meses, donde el calor finalmente se ha marchado y los vientos y
el clima han mutado para darle paso al invierno…viste bufanda roja y lentes
cuadrados…su figura apenas perceptible difiere con las estructuras de metal,
botas de trabajo y barba perdida entre sus labios…porta su arma más fuerte y su
amiga más leal, esa que con un clic le hace el día…ve la hora mientras
encuentra un lugar adecuado, está preparado, escucha al viento y a la ciudad…El
Sol se ocultaba tras esos edificios góticos de tonos grises bañándolos con un
tono rojizo que se diluía a medida que el atardecer se convertía en cosa del
pasado y una anecdotario mas en él, el que siempre luchaba por aferrarse a ese
rito urbano y personal…cierra los ojos y entonces…los abre…frente a él, se
cierne un atardecer espectacular…el ladrón de atardeceres fotografía cada
instante de esos cinco minutos que dura…el cielo que se tiñe de rojo con
amarillo dejando al azul un poco al fondo…majestuoso espectáculo que siempre
adoró desde adolescente…le gustaba como el Sol bajaba para dejarle paso a la
Luna, como destruía los colores para crear otros y las nubes que eran parte de
su paisaje…luchaba por abrazar su esencia, su particularidad ¿Por qué lo
atardeceres? Aún no lo sabía pero desde unos años hacia acá comenzó esa
inquietud por verlos, admirarlos y porque no, también retratarlos. Siempre que
podía los retrataba, ya sea en ese edificio o en otro…robar atardeceres era un
delito entre los hombres de corazones rotos…pero quería alimentarse de la
energía que estos proyectaban…así descendió por las escaleras para terminar su
jornada laboral e irse a casa…apenas llegó, dejó su maletín y se encaminó al
cuarto de revelado improvisado que tenía en el sótano…fichajes de películas,
libros olvidados y cientos de fotos por todos lados…le gustaba revelar las
fotos, el proceso que se llevaba lo tomaba con mucha calma y un poco de
ansiedad como los niños esperando por los dulces…espero el tiempo necesario
mientras veía las estrellas por la ventana…y entonces apareció…en los
atardeceres de la semana…una de las fotos incluía un invitado especial…un ave
de alas rojizas como el fuego justo frente al lente…como si supiera donde volar
y hacia donde voltear…le pareció conocerla de algún lado, su psique le estaba
jugando una broma de mal gusto pero no, si era, tal vez no la misma, pero si
una de su especie o tal vez si aquella que acompañaba las tardes de aquel mundo
que fue destruido hace años…tuvo que salir de ahí, ver de nuevo la foto y luego
sentarse…apenas durmió y lo poco que alcanzo a cerrar los ojos…la escena
aparecía una y otra vez…de pronto un vacío se apareció en su corazón atravesó
su pecho anidándose ahí cual raíces de árbol. No distinguía si era nostalgia,
cariño desprendido o enfermedad, pero dolía, una daga que entra en segundos que
duran horas…entonces comprendió, sin tomar aire o pensarlo, sus manos estaban
en el teléfono, pero adonde llamar, donde encontrar…solo sabía que debía
encontrarse con ella, abrazarle, decirle lo dicho y lo que quedo por decir…pero
temía, porque adentrarse en el ayer implica muchos factores y encontrarse con
esos caminos truncados o terminados dejados atrás, recoger de nuevo las pistas
que no supiste descifrar y los momentos que quisieras repetir pero los años han
pasado ya. Sin embargo, este repentino vacío anidando en él, lo llevó a
implementar aquella búsqueda apareció ante él, la silueta de ella caminando
hacia él enfundada en su vestido negro y tacones verdes adornada con un delgado
collar…y esas torneadas piernas…pero sobre todo los ojos que el tanto
admiraba…cuanto amor había en esos ojos, cuanta pasión en sus labios rojos…y
que decir de sus manos que tanto le gustaba tomar con las suyas para besárselas
cada vez que podía…maldita ave se dijo a si mismo hurgando entre el
refrigerador por una copa de vino,
parecía que el proyector de su vida había encendido por si solo y ahora
proyectaba en las paredes de la casa, en la copa de vino, en el frío piso y en
su pecho…recordó la frase: “busca quien te quiera más que tú a ella, así
sufrirás menos” pero desde que se conocieron él borró la frase del corazón y se
perdió como se pierden los niños en el bosque…cayó como caen los árboles al ser
talados…voló sobre cielos azules, lluvias pertinaces y fríos inviernos…así era
la manera en que había decidido amar…a todo o a nada…y ahora años después en
que su espíritu adolescente había sido exorcizado y solo había quedado el
joven, el adulto…el de los hechos, de los planes trazados, de la moralidad y la
tolerancia, aquel de horarios de trabajo y de horarios de amor…¿Dónde estaría
ella? Su silueta rompiendo corazones, de seguro volando sobre cielos opuestos a
él, tendría hijos, esposo, trabajo demandante e historias demasiado bien
vividas si es que ese término existiese…pero los días siguientes en que el ave
aparecía cuando cerraba los ojos y los sueños terminaban por repetirse…se
ausentaba del mundo para entrar en el de los supuestos…le gustó evocarse en
aquellos días lejanos ya en su memoria pero no en la historia…tantos colores
por conocer que hoy ni siquiera imagina…ha crecido y la forma de querer dentro
de él ha mutado como un árbol cuyas raíces se han extendido a lo largo de un
parque olvidado…no podía solo olvidarse de ello, aquella ave había contribuido
a su ser y le decía que tendría que darse una vuelta por los lugares donde amó
la vida…se le iba el apetito y las canciones se le olvidaban, lo único que
permanecía eran los atardeceres que robaba, pero incluso ellos le empujaban por
la resbaladilla de la nostalgia...enfundado en gabardina oscura y sombrero gris
anduvo de tren en tren hasta bajar en la estación pactada…una calle desolada,
vieja y polvorosa le recibió con las casas abandonadas y perdidas en el tiempo,
estancada en la década anterior o quizás aun más…ataviadas en flores marchitas,
jardines muertos y ventanas cerradas…¿Dónde había quedado la vida? ¿Los hijos
de los padres y sus hijos? Parecía que la colonia había muerto y todo mundo
había huido…ahí se encontró con la casa donde fue tantas veces a verle, el gran
porche y desde donde sentados apreciaban las estrellas y tomaban sus manos para
jugar con ellas…recorriendo el camino hacia la tienda y viceversa…repleto de
colores en los barandales y las fachadas, hoy todo parecía pintado de color
gris quemado por el presente y el futuro…quizás ella también se fue junto con
los colores, nada le detenía y siempre fue arrojada al vacío de la
incertidumbre y la aventura. Abrió el barandal y dejo sus huellas en el
polvoriento porche, dejando una tarjeta en el marco de la ventana y se marchó
de ahí sin pista alguna para ir al siguiente lugar. Llegó y pidió la mesa de
siempre mientras preguntaba por el dueño, pero nadie ahí conocía el nombre…el
lugar cambió de nombre hace unos años y los dueños se retiraron…la modernidad
había arrasado con todo a su paso cual huracán, no había más afiches de las
películas de acción, de personajes icónicos ni de grandes escritores, …ahora
estaba atiborrado de posters de deportistas, artistas pop y sugerentes
imágenes…incluso hasta las lámparas eran modernas…el paso del tiempo había
arrasado las raíces del café llevándose al infierno del olvido todo lo sentido,
experimentado, y sufrido, las largas charlas y los debates sobre los libros
leídos…tantas poesías oradas y tantas canciones tarareadas que se perdieron en
los cajones del pasado…nada dura para siempre, dejo unos pesos marchándose
dejando una estela de melancolía a su paso…decidió que no había nada que perder
y continuó las últimas pistas hasta llegar a ese edificio de tonos grises con
sus cincuenta pisos que terminaban con aquel jardín en lo alto, tomó el
elevador mientras imaginaba si también ese lugar habría cambiado después lo
entendió, nada permanece igual menos aún si uno ya ha cambiado…el jardín había
crecido y nuevas plantas decoraban el lugar, su vitral enigmático continuaba
ahí uniéndose con la luna como lo hacía con el sol, el aroma lo impregnó y
abrazó su cuerpo como un niño abraza a su mamá…lágrimas aparecieron deambulando
sus ojos hasta caerle un poco al sentarse en la banca roja donde una fuente
pequeña le sonreía con su agua…dejo el sombrero por un lado y se acomodó el
cabello…sintió pesadez en su cuerpo y en la mente, pero más que nada, sintió el
corazón vacío…de pronto una mano tocó su hombro, la señora le saludo y entregó
una tarjeta…un domicilio se lo dijo todo y entonces empezó a correr. El blanco
edificio con la letra hospital recibió su figura…preguntó aquí y allá hasta
subir al séptimo piso…un familiar abrió la puerta y tardó un segundo en
ubicarlo pero le invitó a pasar. Era una habitación como todas…sin cuadros,
flores, colores, solo el sonido de las maquinas conectadas…cuan vio su rostro
se desmoronó como la arena en los dedos…fue directo hacia ella y le besó sus
mejillas acarició su barbilla y abrazó como pudo su cuerpo…buscó una silla, y
permaneció sentado ahí por muchas horas hasta que despertó al siguiente día…pidió
días en el trabajo e hizo una lista de cosas que habría de hacer para que ella
se sintiese mejor aun cuando decían no le escuchaba, él hizo caso omiso…y
entonces empezó por llevarle el libro que ella adorada y empezó a recorrer la
portada como recorría los muslos de ella, tanto dicho, tanto vivido y el único
lazo entre ambos siempre fue el libro que hoy tenía entre sus manos…y así
comenzó de nuevo, la historia…leía para ella acotando las voces, imitando los
sonidos e intentando explicar a detalle y con un lenguaje para que ella
identificase a los personajes…aunque luego entendió que ella de seguro lo
recordaría en algún lugar de su mente, podría sentir como él le leía y
recuperar de nuevo el conocimiento…le leyó durante las noches…aquel libro del
que hablaron tanto en el café...nunca se preguntó las consecuencias de su
presencia, los dimes y diretes…los recuerdos que despertaría porque todos
sabemos que en una historia siempre existen dos versiones pero no quería estar
lejos de ella, sentía una atracción como los imanes, como dos aves encontradas
bajo un cielo perdido…el cariño y el amor volvieron a aparecer en su vida,
sintió la fragilidad del existir y de los planes que siempre cambiaban para
hacernos más fuertes le mataba verla ahí postrada, los familiares que le
visitaban, denostaron su presencia primero y después comprendieron que es
probable que ella así lo quisiese…cualquier ayuda era válida, le llevo una
planta que él regalaba todos los días…en esa habitación blanca sin adornos con
solo el sonido de los aparatos y el respirados hipnotizaban, bajaban las
defensas y el ánimo, pero él poco a poco fue haciendo esa habitación para ella,
que llevara su toque personal…introdujo posters, colores sencillos pero sobre
todo trajo un mundo que ella había dejado, no sabía porque, pero aquella nota y
ese dolor en el pecho aquella vez que divisó al ave le hizo un pellizco en el
cuerpo como un llamado a entrar en el mundo…de vez en vez le platico un poco de
su trabajo, puso un pequeño aparato de sonido para ponerle música…así su
cerebro se mantendría más activo y escucharía en algún lugar de la mente…las
canciones que tanto le emocionaban. Recorrió durante semanas las páginas del
libro y de su historia propia mientras su sombrero gris permanecía en la
habitación a veces tapando sus ojos para dormir un poco…había momentos en que
se quedaba viendo el rostro de ella que tantas veces besó, que tantas veces
describió y anheló…de su sonrisa que tanto extrañó…y de repente se acercaba a
la pequeña ventana para divisar los edificios grises góticos presagio de noches
lúgubres para que los locos salieran a divertirse y los monstruos a asustar…le
platicaba la risa de los niños, los abrazos de los novios y las señoras del
supermercado y esos gritos que proferían los adolescentes…contarle la vida
diaria quizás ayudaría…pero no había cambios, del trabajo hablaban para
preguntar por él…demacrado, ausente e insensible, el hospital drenaba sus
fuerzas y aunque a veces descansaba, esa habitación fue haciéndose de dos…como
compartir un atardecer…Algunos días sentía frustración y perdía la esperanza
pero siempre regresaba a él la fe que
ella despertaría…y desafiaría a cualquiera que le dijera lo contrario…los
familiares le imploraron que descansará un par de días, volviera a casa y
durmiera bien, porque de seguro se ocuparía…y así a regañadientes fue a casa…no
recuerda el momento pero sí que se derrumbó en la cama tendida y permaneció
dormido por mas sueños que horas, no sabía cuantos días…finalmente el teléfono
sonó cuando él se encontraba en el trabajo, había despertado y ahora preguntó
por él…agradeció y dijo que iría pero dudo, que le diría, como lo tomaría, ¿Qué
ocurriría? Escribió una carta para ella…un día que llovía a cantaros y que sus
suspiros se encontraron con el vacío del corazón, un día que ella no lo
esperaba, dejo la carta y le besó suavemente los labios y se fue de ahí
mientras ella dormía…volvería a su rutina, a su vida nueva y a sus atardeceres.
Ella abrió los ojos al anochecer, se estaba recuperando milagrosamente y cuando
su mirada apreció la habitación, entendió pronto…entonces miró el techo, un
cielo estrellado, una de sus canciones favoritas sonaba, entendió que la voz que
algunas veces su subconsciente escuchaba era la de él, la carta le fue
entregada y frente a ese cuadro que ahora adornaba su cuarto supo de donde
venía…reconoció el atardecer al instante y pidió a la enfermera le leyese la
carta en voz alta. La voz de él aparecía a través de la enfermera que leía
pausado y con esmero haciendo énfasis en las palabras necesarias así como la
idea que se gestaba pero sobre todo el sentimiento que en la carta permeaba, un
cuento rápido, una poesía inventada y un sentir que impregnaba la hoja como un
perfume al cuerpo…sus ojos le lloraron y su corazón palpitaba pero sobre todo,
su mente divagaba entre recuerdos que se aparecían cual nubes en el cielo…meses
después un sobre llegó al trabajo, él ladrón de atardeceres lo recibió, la
estampilla lo decía todo: un ave volando sobre un atardecer…Las letras decían
¡Gracias!, agregaba hora, lugar, fecha. Vestido con su sombrero gris, cámara en
mano recorrió la ciudad hasta ver el edificio justo en medio de la urbe, de 25
pisos, se le hizo eterno el tiempo en el elevador…una soledad invadía el piso,
pero en la pared un letrero le indicó adonde ir y así llegó a la puerta…suspiró
y la abrió…frente a él se extendía un tripie y una cámara, también una botella
de champagne en una mesita junto a dos copas, de un pilar se asomó ella…como no
adorarle si sus ojos eran el fuego rojo de la vida, y su sonrisa le sonrojaba
el alma más aún en aquellos tacones plateados donde empezaban sus hermosas
piernas apenas tapadas por ese vestido azul acompañada de sus guantes…sin
mediar palabra, dejo su cámara, se acercó a la otra, la dejo en automático,
besó la mejilla de ella mientras destapaba la champagne y sirvió las dos
copas…se besaron cuando la cámara captó el atardecer mientras un ave de alas
rojas volaba sobre el cielo. Se cuenta que los ladrones de atardeceres se les
encuentra de vez en vez recorriendo las alturas sobre esos edificios góticos
para acabar en el jardín del cielo mientras un ave de alas rojas vuela sobre el
cielo y una mano toma la suya para ver la partida del Sol en el Mundo de
Morfeo”.
miércoles, 10 de diciembre de 2014
miércoles, 5 de noviembre de 2014
La Noche de las Máscaras
“A paso lento caminaba sobre
las calles empedradas y oscuras, perseguido por el insomnio y la expectación,
era solo un tonto en búsqueda de algo intangible en un ciudad de materialismo y
capitalismo, pero él siempre había creído que había un acto, una idea, un
camino donde era más que lo normal, fuera de realidad e impregnado de cuentos y
libros leídos sobre noches interminables, hoy durante su andar contempló la
ciudad que le caía encima como el mar sobre la arena, evocaba tristeza,
nostalgia, melancolía y sus derivados todos términos aceptados por doctores. La
vestimenta le ocultaba de quienes le habían juzgado, ahora era un relámpago en
la noche. Aparecía de vez en vez, en días como estos con falta de optimismo y
una vela de realidad, siendo inoportuno como una lluvia en un evento al aire
libre, carecía de formalismo y las palabras que de él salían causaban
ebullición durante las conversaciones en reuniones de intelectuales frustrados
y soñadores extraviados. Era duro, mundano y visceral, jamás tenía motivo para sonreír
salvo que dicha sonrisa llevará una bala de crueldad, así había subido en el
área en la cual se desempeñaba, iniciado por decisión propia carente de lo que
se enfrentaría pero seguro de sus pasos para dejar sus huellas marcadas sobre
el piso transitado. Un enmascarado cuya identidad se hablaba a sus espaldas, el
inicio de su andar no era conocido, solo irrumpió e hizo temblar las siluetas
que se alzaban en la noche, era fugaz como un cometa, ojos oscuros, y un
tatuaje en el cuello enigmático. Al llegar a su destino, volteó a ambos lados,
introdujo la llave y descendió un par de pisos bajo esa casucha que nunca se
vendió desde esa madrugada de la cual todos en la ciudad hablaban…una mansión
invendible, un secreto por todos conocidos, pero nadie sabía que bajo esos
ladrillos incoloros, se hallaba una puerta con un código, introdujo la llave
plateada e ingresó mientras encendía la lámpara con un cerillo…cientos de
libros apilados se extendían a través del lugar, todos portaban máscaras, de
diferentes tipos y colores, ninguno igual a otro, ninguno se conocía, salvo por
las voces o la expresión de sus ojos…una idea no necesita un rostro, solo una máscara,
como el amor o la pasión, la escritura o un enunciad, solo ocupa de unos ojos
que se vean frente al otro…música clásica combinada con gritos ahogados del
rock que evocaban épocas pasadas…cuanta oscuridad, pero cuanta luz en las
paredes…las letras eran su furia inagotable para decirle al mundo lo que ellos
olvidaron…un revolucionario en aras de conquistarse a sí mismo, y a un pueblo
desvariado…bebió del vino espumoso, se sentó sobre la mesa que albergaba más de
30 sillas, encima de ellos un candelabro enorme, del techo pintado de viejos
poemas e historias perdidas…aquí la calma era su aire, las letras una buena
compañía…entraban y salían aquellos portadores de llaves plateadas, las cuales
eran entregadas de diferente manera en ritos suburbanos…corría el vino, la
música, las conversaciones, era una fiesta sin etiqueta de serlo, era unas
discusiones evocadas en la antigua Grecia.
Ella caminaba fuerte pero a
paso tranquilo, sin correr, sin arrastrarse, como si conociese cada piedra en
cada calle, de mirada era fuerte e intimidante como el Sol que eclipsa a su
paso provocando un insoportable e inestable caminar de los que le rodean cuyos
cuerpos se separaban para dejarla tal como el agua del mar rojo…te rompería en
dos hablándote con desdén y miraría a otro lado cuando le intentas mirar sus
ojos…ella es la que te mira y no al revés. Hermosa como una Luna llena, como el
vuelo de la mariposa o el vino cayendo sobre la copa. Vestía tacones altos más
negros que la noche con un moño plateado, de labios rojos y ojos verdes como
luciérnagas, caminaba en ese vestido oscuro que no dejaba lugar a la
imaginación realzando su figura, sobra decir que la belleza se había asentado
en ella y describirla sería darle de nuevo, esa adoración que solo las Diosas
merecen. Alrededor de su cuello una mascada plata con aves negras…escondiendo
el tatuaje por el cual cualquier persona emitiría juicio, sin embargo, ella ya
no tenía más que ocultar, ahora la usaba con orgullo pues cualquier que le
conociese siempre notaba ese detalle…artística, expresiva y metódica, así era
ella, sin medias tintas o todo era de un color o era de otro, no había gris en
su vida y como iba a tener gris esa sonrisa que podría enamorarte…como
Afrodita. Su estela dejaba perplejo a más de uno, sin embargo, ella veía más
allá, su búsqueda era una manera de escapar y encontrarse, de ser ella antes de
volver a ser ella, esa que fue, esa que fue herida, esa que fue despreciada y
evitada, pero quien no ama, no es amado, y quien ama siempre se expone a
cualquier resultado…bienaventurados quienes aman de nuevo…para ella las letras
lo eran todo o casi todo, una extensión de su ser que se expandía en
periódicos, publicaciones, revistas y sopa de letras, incluso en su cuerpo las
letras permanecían ofreciendo el mensaje al mundo para que este fuese un poco
diferente, tuviese un poco de color, sonriera un poco mas y pensará mas allá de
cualquier circunstancia…valentía u osadía era una de sus palabras favoritas. Un
día se fue de la ciudad porque la historia necesitaba reinventarse y desde hace
tiempo había vuelto con otra perspectiva, otra sensación, incluso el aire le
supo mejor ahora que tenía menos miedo por no decir que lo había vencido.
Ignoró todas las miradas así como los chiflidos y las sonrisas fingidas de
quien se cruzaba en el camino hasta que se encontró con la mansión, y así con una
llave plateada y su antifaz se perdió tras esa puerta. En una noche donde la
Luna esta más cerca que nunca brillante y hermosa…La Noche de las Máscaras se
llevó a cabo, parte de un ritual secreto entre los invitados en la gran mesa,
brindaron por la vida, el amor, la poesía y la prosa…por el mañana, y por el
ayer, de sus misiones y sueños…objetivos trazados para alimentar al mundo y sus
habitantes mediante la música que cruzaba con sus notas el sótano, del techo
las pinturas parecían cantar y en la mesa, departían y compartían en partes
iguales, ahí no había jerarquías, no había un yo ni un nosotros, pero si era
una noche para recordar, ya que hoy las mascaras se perdían y se quemaban
frente a la gran fogata, dejando en ella todo lo viejo y renovarse de nuevo,
mostrarse tal cual y luego cambiarse de máscara…reflejar en ese fuego su
historia y los caminos entretejidos para seguir adelante y así…hacerse de relaciones
empresariales, eróticas, amistosas, etc. El Gong fue golpeado y su sonido
recorrió el sótano mientras la gran fogata se encendía en un fuego azul, La
Noche de las Máscaras entraba en el punto álgido, muchos eran renuentes a
quitársela pero así eran las reglas y aquí todo se echaba a perder si se
rompía…el segundo golpe al Gong fue suficiente, todos se removieron sus
máscaras y las arrojaron al fuego…la llama se alzó rumbo al pasado, reclamando
los recuerdos y las experiencias para darle paso a la nueva piel…frente a
frente, los osados se vieron sus rostros por vez primera…lo que a esos dos les
ocurrió fue un relámpago que partió la fogata en dos, una luz de un matiz que
solo los enamorados entienden…una gota de sangre que hacía arder el cuerpo…lo
que todos percibieron era una pintura hecha del infierno para el cielo, él lo
supo al instante y por ello lo advirtió cuando dio vuelta a la hoguera para
encontrársela de frente…tomó su rostro, empapándose de su aroma y sus labios…se
acercó tanto que ella le mordió el labio…un segundo, una mirada, y esos dos
habrían de hacerse pedazos la vida en aras de amarse sin objeciones ni
ilusiones, y entonces se escuchó aquel sonido del Gong que daba por terminada
La Noche de las Máscaras. Escaparon del mundo y de ellos mismos en la
habitación sin número, en un hotel sin nombre…bailaron desnudos sobre la cama y
sobre las llamas del fuego azul, fuertes, altivos, osados, amantes sin
prejuicio…ambos desaparecieron al amanecer sin palabra alguna…pero los dos
reconocieron ese sentir que embriaga sus venas, el amor y el miedo a ser quien
lo dijera…todo es control y poder, aunque el deseo ya fuese otro, ninguno dijo
nada y así, se marcharon. Días después la osada de la mascada se encontró con
un sobre en su oficina…Sin remitente solo un dibujo que reconoció al instante,
que cosa más extraña, pero sintió temor y ansiedad, ilusión y ganas de abrirla
de inmediato, ya no usaba máscara se dijo y rompió el sobre…la nota decía: “Decir
en una hoja cuesta tanto que parece muy poco expresarlo de tal manera que el
corazón descanse al liberarse y sentirse pleno para poder palpitar
regularmente…¿Qué ha ocurrido con la vida? Aún se practica el miedo, aun se
abusa del placer, y después extravían los deseos bajo la oscuridad de la
rutina…cuanto miedo a los cambios, cuanto dicho sin sentir, y a veces aparecen
esas lágrimas que solo encuentran el silencio al otro lado de la línea…creo que
el karma nos está alcanzando haciéndonos pagar con libertad y soledad los
domingos sin compañía alguna, el sexo sin amor, la pasión olvidada, el
padecimiento ha vuelto, una fugacidad, un expresionismo pinta el cielo de
estrellas robando corazones antes que el nuestro sea robado ¿es miedo? ¿Es
dolor? ¿Es falta de humor? Empiezo a entender que vivimos diciendo tanto que
falta sentir, los ciclos deben cerrarse aunque con ello conlleve perderse de
unos ojos que roben el sueño y unas curvas que te quiten el aliento, de generar
sonrisas y recibir abrazos falsos, solo La Máscara nos protege, ya nadie
entiende el romanticismo menos los detalles…la prisa, el desdén, la hipocresía
y la pérdida de los sentidos nos han llevado aquí…maldita realidad amorosa,
malditas peticiones para uno sentirse querido…cuanto amor desperdiciado en
juegos de seducción interminables…cuantos sueños guardados en cajones de
realidades fugaces…lo he disfrutado, lo disfruto aunque si lo llegará a
olvidar, tal vez un día miraría el sol con otros ojos y alcanzaría la noche en
otra postura…decir en una hoja es tan poco para describir la vida de los años
pasados y tanto para reescribirlo y borrar, o tacharlo y así, remarcar lo bueno
sobre lo malo…lo grandioso debe ser la vida diaria y la máscara ayuda…las
llamadas perdidas, los mensajes olvidados pasando por esas conversaciones en
monosílabos donde jugamos a acompañarnos sin ser vistos…a entendernos sin
darnos un abrazo, a decirnos te extraño sin un beso, o a aconsejar sin dar el
ejemplo…cuanta obviedad en detalles sin sentido, como cuando el cielo se nubla
y se piensa si lloverá…una hoja en blanco siempre es una invitación a decir lo
que se calla aun con la boca cerrada y la mano sosteniendo una pluma. Una
máscara sirve aunque hoy ya no quiera usarla más…Aquí te dejo esta hoja en
blanco, para que escribamos sobre ella. Ve a la ventana”. Parado sobre el
puente, estaba él, sin máscara, así tal cual, como un loco más. Esperó durante
una hora cuando la puerta del edificio se abrió, así con los tacones en la mano
y la mascada plateada de aves negras…los osados se besaron y escribieron en la
hoja en blanco en el Mundo de Morfeo”.
martes, 9 de septiembre de 2014
El Pintor
“La fugacidad con la que las
estrellas aparecían sobre esos cielos regularmente nublados, siempre le
impactaba, hoy la excepción era que ni siquiera ellas escuchaban sus palabras,
menos aun sus pinceles…lo noto, la pizarra continuaba en blanco después de
muchas horas…sin camisa, descalzo y en el fondo, la bocina emitía una triste
canción tan repetida en la vida de los hombres, un clásico que englobaba los
sentimientos de quienes la escuchaban. Decenas de cuadros en su estudio,
pequeño y no muy vistoso, cuando lo eligió, no fue al azar si no en búsqueda de
libertad, sin bullicio al trabajar y sobre todo, la vista de la ciudad, un
panorama eterno de matices de los que jamás se enfadaría, ahí, se dijo, podría
hablar de su vida en simples y llanas pinturas, explicarse ante sí mismo los
vaivenes de sus sentimientos y emociones, caminante de un mundo que se estaba
quedando atrás ante las novedades arribadas cada día con más prisa. Eso
pensaba, vivimos muy a prisa, corremos, queremos volar, acumular todas las
experiencias en una sola noche, en una semana confundimos el momento de paz con
la nada y ya estamos en el siguiente paso…acumular cosas, experimentar, sentir,
tener, llenarnos la mente de objetivos y correr por ellos, así el camino deja
de disfrutarse. Quedaban 4 hojas, solo cuatro, se fijó en el estudio, colores,
colores, botellas y botellas, y huellas de tantas pinturas y noches desafiando
al insomnio y de repente, ocurría…aquel enunciado era tan hablado como que el
Sol apareciese cada mañana…un patrón repetido, una historia ya conocida, una
versión actualizada, pero siempre había algo mas…un hecho, un pensamiento y ahí
el comenzaba a partirse en dos…repasando, recordando, tomando decisiones y
metiéndose en su conciencia que había hecho todo lo que había podido, era su
culpa, pero no las consecuencias, ellas eran parte de…y lo sabía, a la vida no
se le piden explicaciones, no las da, a la vida se le enfrenta, se le desafía
incitándole aunque te aplaste, sigue adelante…cuanto hemos cambiado se repetía,
mientras su tabla se llenaba de pinturas abstractas e irreconocibles que quería
decir…el insomnio lo activaba y destruía, él aterrorizado, se perdía en los
colores y sus matices, soñó con formas de expresión, de tontos destruyendo, del
mundo destruyendo a los tontos, buscó la botella más cercana y bebió un largo
sorbo para destruir su pasado, la idea se le atravesó como el liquido en la
garganta, darle una sepultura adecuada mientras aun la estrellas permanecían en
el cielo, se le cruzó la imagen cual auto en la carretera, a punto de ser
atropellado por el corazón que manejaba desbocado al encuentro con quien mejor
latía. El Pintor, recorrió el estudio temeroso pero con arrojo, fuerte con ojos
débiles, desafiándose a sí mismo, porque siempre lo entendió, si buscaba podría
encontrar palabras, pinturas, material, ese tipo de cosas en las que quedan la
huellas de lo que fuese lo sentido en su momento, como una vieja película, un
libro encantado, una experiencia inolvidable…Removió aquí y allá, quitó fotos,
pinturas, colores, botellas, botes, ropa manchada, libros, y por ahí entre
tanto polvo, le vio…brillaba con una tonalidad de baja intensidad, como un
sueño en una noche de pesadillas, un color que solo su corazón conocía, de
pronto, sintió un escalofrío, una corriente de aire cálido recorrer el estudio,
en el cielo las estrellas comenzaron a irse, como si su naturaleza les hubiese
advertido de la oscuridad que se apoderaba del corazón del Pintor…la foto no
era muy grande pero si muy clara, se alzaba sobre sí misma, flotando en el
rincón de los malqueridos, que llegaron ahí después que el corazón sangró pero
no lo suficiente…¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Cuántas exposiciones había
realizado durante la ausencia? No lo sabía ya, después de tantos cuadros,
tantos momentos abrazado a los colores, ya no era tan importante, lo que
importaba era lo que se hiciese hoy, esta noche…notó la mirada yéndose al fondo
de la foto, a tomar nota de los detalles, percibir lo que decían los ojos color
miel que le miraban como el hombre a su sombra…quería entender su postura, las
mejillas, las pestañas, las cejas, la expresión del rostro que le intimidaba,
adorador del mismo como se adora a las reinas…y se percató de ello…él era
esclavo de ella, amante de los besos y caricias que ella le regalaba, enamorado
de su color que invadía todo su ser…El Pintor recolectó la foto, fue por la
pizarra y comenzó a pintar en las 4 hojas restantes, etapas se dijo a sí mismo,
mientras abría la nueva botella y las estrellas se iban para darle paso a las
nubes grises, esas que destruían los colores…dedicó la noche…la madrugada,
pincelazos que hilaban una historia, una reflexión, un sentido, una perdida…no
le importaba hacerse entender, quería hacerse sentir, reflejar aunque fuese un
poco lo que todo le decía, por primera vez no ocultó nada…ni lo malo, ni lo que
dolía, porque todos sabemos que uno siempre teme enfrentar aquello que nos hace
daño, sumergirnos en las fauces del dolor aunque emocional cuesta trabajo,
fuerza y decisión decir no mas, suficiente…así, describió, reescribió,
argumentó, expresó…al terminar se asomó afuera, con aquella vista que tanto le
gustaba, recibió al amanecer, se recargó en la pared removiendo los colores
pintados sobre el torso y cual ovillo se desencantó al mundo de los sueños,
fatigado y con ojos rojizos cayó dormido…el calor y la sed lo levantaron, busco
una camisa, se llevó las hojas aventurándose por la ciudad hasta llegar a la
galería, el encargado le ofreció café invitándole a sentarse para escucharlo
percatándose de su pinta sabía que debía escuchar antes que hablar y entonces
el Pintor empezó por contarle el resumen de su noche y solicitó que las
pinturas fuesen expuestas solo en cierta fecha…su petición llevaba la fuerza de
quien quiere decir algo, el encargado accedió. Vestido de camisa a cuadros y
saco cual profesor universitario salvo por esas marcas en su rostro, el Pintor
deambuló por la galería en silencio, expectante, con un rostro adusto saludo a
las personas que se encontró, las manos siempre en el bolsillo, recorrió la
galería hasta llegar donde estaba su obra. En medio de todas las pinturas, se
encontró con esas 4 que engalanaban la exposición, una tras otra como él lo
había pedido el titulo aparecía con letras negras en un fondo blanco acompañado
de una breve biografía del autor, cuanto odiaba eso murmuró, decir quien se es,
para saber quién es. Obtuvo su recompensa, pero esa era la primera parte. La
segunda había empezado cuando una hermosa mujer con su pelo largo y sus ojos
color miel fugaces como la vida misma entraron por la puerta, dejó el paraguas
en la entrada, se acomodó sus cabellos y de su chaqueta tomó una nota y se la
ofreció al encargado quien le señaló el pasillo…dejo el abrigo mientras su
figura resaltaba en ese vestido azul cual mar caudaloso, robaba miradas y
creaba fantasías, solo una persona en toda la galería entendía su mirada…la
debilidad de cualquier corazón roto. El tiempo se detuvo mientras ella recorría
el lugar mordiendo sus labios rojos que llevaban el cielo en su sabor, bella,
frágil, efímera, eterna. El Pintor le seguía en silencio aun con las manos en
los bolsillos que le sudaban terriblemente, le vio llegar y detenerse ante su
obra, la obra por ella, la obra de ella, las manos hechas pinceles, el corazón
hecho pintura, el alma hecha despedida. Todos miraban con la expectativa de
verle sonreír, enojarse, reír, llorar, gritar…pero en esos labios había
silencio, y de sus ojos color miel había ausencia y orgullo, se acercó a las
pinturas suspirando profundamente al estar cerca de ella como se está del
corazón mismo, cerró los ojos brotando y rodando por esas hermosas mejillas una
lagrima cuyo origen llevaba el del amor perdido, malquerido, bienaventurado…de
tonos colorados se llenó su rostro a punto de perder el piso cuando una mano
tomó la suya. El Pintor acarició su mano besándosela mientras le decía el hola más
frágil y fuerte que tenía, ella le abrazó con todo su ser dejando que el mundo
desapareciese y solo quedasen ellos dos, el corazón le brincaba del pecho y las
lagrimas arruinaban el maquillaje, comenzó a besarle las mejillas y el Pintor
nunca le soltó la mano, le acompaño afuera, recolectó su abrigo y pidió un
taxi. Le abrió las puertas del estudio…sin mediar palabra, le besó una y otra
vez, llevándose de esos labios rojos algo más que el color, arrojándose al
suelo alimentándose de uno y del otro se llenaron de los colores, pintándose
los cuerpos desnudos como se pintan los labios de los besos y las caricias,
bajo ese calor presas del atardecer y de una pasión desmedida, unieron sus
figuras como los colores se mezclan en el cielo o en el infierno, como el mar
choca con la arena y la luna con el sol, bajo la mirada de todos los cuadros
cuyos ojos les miraban…cayeron en un profundo sueño. Ella despertó al sentir la
brisa del viento recorrer el estudio, le buscó pero no le hallo, tomó la sabana
con la que él le había tapado, a un lado un café listo para probarse, tomó un
sorbo mientras recorría descalza por el estudio, apreciando los cuadros y las
botellas en el suelo, le gustó el lugar y sintió como si lo conociese desde
hacía tiempo, ¿Dónde estaría? Y se asomó al balcón para admirar la vista…que
hermosa dijo, jamás se cansaría de ella, vio la tabla de pintar tapada, pero su
curiosidad podía mas, y sin pensarle mucho, removió el papel que la cubría…y su
corazón se detuvo. La Pintura era de ella desnuda dormida en el suelo del
estudio bajo una noche repleta de estrellas, su figura enigmática se alzaba
sobre la pintura, sin palabras tomó la rosa que él había dejado en la pizarra
sintiendo el aroma de la flor y su significado, espero por mucho tiempo y
decidió llevarse el cuadro a casa al ver que la noche pronto se haría
madrugada…la mañana siguiente busco donde colgar el cuadro, un lugar que le
gustase y que el pudiese ver…¿sería igual que antes? Se preguntó… ¿sabrá algo
de mi vida? ¿Dónde quedo el pasado, el futuro, y más aun el presente? Ella
sonrió amaba la incertidumbre hasta que se dio cuenta, detrás de la pintura vio
letras, palabras, enunciados: “Rodar, mantenerse en movimiento y ser eso que ya
eres tú, otra persona, renaciendo en esa nueva piel para callar bocas y
demostrar que trascendiste mas allá del dolor y el amor, que la vida no se
detiene y hoy eres mejor que antes…tal vez has encontrado tu lugar en el mundo,
apartados nos vemos mejor, más si todo fue quemado y barrido del recuerdo…el
amor no es olvidable como tampoco lo es lo vivido, lo siento pero así es…y de
pronto nos encontraremos en aceras diferentes, en una misma calle, en la ciudad
de colores y lunas rojas, no te preocupes, la historia hará su parte como ya lo
hace a cada día con la ciudad y las personas…se mecen los arboles, el Sol ha traído
su nostalgia, su gusto, la ilusión…la poesía rota, de seguro te preguntaras a qué
va esto…pero no es importante…Jamás lo sabrás, jamás lo leerás…vive lo que
desees, aplasta a tus demonios y adora a tus ángeles que del pasado me encargo
yo…adora el cielo, la lluvia, las estaciones del tiempo, los abrazos y los
besos…sueña, continua escalando en tu carrera, sonríe, recuerda donde amaste la
vida y donde la vida cambió para siempre, ve hacia adelante que del pasado me
encargo yo, te libero de mi y de todo lo que soy para ti, recuerda quien eres y
hacia dónde vas que ni el cielo será un límite, me llevo tus besos y los que te
di, me llevo todo para que tu sigas recorriendo el mundo” El Incendio quemó el
estudio y el humo se elevó al cielo mientras una mujer quería entrar a la
fuerza, solo quedo esta foto dijo el bombero, ¿es usted? Pero ella no contestó,
la tomó y se marchó…Del otro lado de la acera el Pintor le dijo adiós mientras
el Mundo de Morfeo se llenaba de colores bajo ese atardecer rojizo.”
martes, 12 de agosto de 2014
La Perdida de los Colores
“Fue una noche igual a la primera
que recuerda y a la segunda que quiere olvidar…igual a la de hoy, tan
repetitiva y singular…con nubes bailando en el cielo vestidas de traje gris
oscuro, y, una humedad tan tangible como el abrazo del olvido…Ese pensamiento
convertido en sensación ya había pasado por su corazón, por sus manos hasta
llegar a su cabeza…no podía decir, cuando ocurrió…en que instante su mente divagó,
y como el corazón aceleró el puso cual carro de carreras confundiendo hasta el día
y la hora y fue ahí…que perdió todo…incluso hasta la sonrisa, sintió el desgarre en la garganta perdiendo
el sentido de la respiración, como se cierran las puertas del desamor y de la
vida que quieres dejar atrás…aun había cosas por decir, caminos que cerrar,
para liberar la opresión en el pecho…pero el orgullo podía mas, prefería
ahogarse, sufrir de esos espasmos o aquellos momentos donde las lagrimas se
asomaban producto de aquellos ojos rojos...Es otra noche en la jungla, en un
mundo o en el otro…disfruta, ama, abraza, quiere…por que no hay otra vida, se
lo repetía una y otra vez mientras se derrumbaba desde adentro como cualquier
antiguo edificio mal hecho o presa del tiempo…Objeto, presa, por mano propia…había
sido contagiado por ese mal llamado depresión, síntomas le sobraban,
situaciones que aparecían extrañamente…o comúnmente, cuando el sueño se repetía
y el alcohol llegaba a sus venas como el rio a la tierra. Añoro la sobriedad
temeroso, como cuando esperas la lluvia escuchando los truenos en el cielo… ¿Quién
inventó la lluvia? ¿Quién alimento sus gotas de depresión y nostalgia? Añoro la
sobriedad mientras volvía de nuevo a posar los labios en la botella como se
posaban sobre ella cuando se amaban…cuan cambiante es la vida, cuan común son
sus ideas y sus pasajes, cuan diferente sabían las mañanas desde hace
tiempo…sufre dolor en las manos con los dedos que se arrugan de tanto lavarse
las manos y morderse las uñas…fue noble y enamorado por muchos años, era quien describía
el amor con tanta pasión que muchos terminaron al igual que el temerosos de el
cómo abrazarse del Sol…su color era fuerte, permeaba en la gente, llenaba los
espacios y los jardines…sonreía mucho y reía otro tanto como los niños que
empiezan a descubrir lo divertido que suele ser la vida y el mundo al que
llegamos. Amistoso, comprensivo, de buen humor…eran credenciales que llegaban a
ser mencionadas al momento de describirlo…creía en los ideales que fomentaban
la igualdad y luchaba porque la justicia fue emitida…poseía el don del carisma
o de gente que a menudo aparece en las personas buenas y su color llenaba las
salas…hoy nadie que le conoce podría decir lo mismo de su persona menos de sus
actos, se jactarían de desconocerlo y seria arrojado a las fauces de las
carcajadas…porque nadie entendería la vida de él y menos si estaba llevaba
color…los amigos que hoy conocen sus formas son amantes como el…fugaces,
adictos, honestos…incoloro, así era su vida, había quemado todos los colores
durante ese año fatal, de mal augurio había dicho, sus ojos solo veían un mundo
carente de ello, ni los colores primarios menos los secundarios habían en sus
noches o en sus días, la vista le daba igual, comenzó a preguntarse si siempre
fue así, a medida que los meses y luego los años no sabía con exactitud si los
colores existieron o fue uno de esos sueños cercanos a la realidad…entonces
decidió salir a buscarlos…la historia decía que sus ojos perdieron su brillo,
aquella noche de lluvia y nubes grises…el color se fue y quedo la oscuridad
centelleante en sus ojos, borracho, melancólico acompañado de esa libreta y su
pluma…se dejo llevar, poesía, prosa, versos, reclamos, mentadas y besos que
jamás ocurrieron…ahí le soltó todo al universo, quería jugar del lado de los
rudos, de los desalmados, de los trágicos y fue donde la oscuridad se adueño de
los días…cada mañana salía de casa, portando esa mascara que mando a hacerse
para compaginar con el mundo, pasar inadvertido ser como los demás y mezclarse
entre ellos, ser común siendo un numero mas, un rostro similar pero se olvidaba
de algo, si algo nos distingue es que somos únicos e irrepetibles…tal vez fue
siempre así…un ave de dos alas, un doble cara, un loco y tonto, o tonto y loco…la
caída podría ser fatal, pero ya nada mas importaba…en un mundo incoloro, lo
único que importa es caer tan profundo como se pueda…días enteros aquí, en el
mismo lugar…lúgubre casa infestada de botellas vacías, llenas, música alta y
repetitiva y esas paredes repletas de frases, pinturas, ojos perdidos…inmundo,
apestada a corazón roto y a energía desperdiciada…quien entraba de fuera,
correría el riesgo de perderse no entre los cuartos sino entre las botellas…a
veces aquí venían muchos, a veces ninguno…la casa de él, era refugio de los
incoloros, un reflejo de su ser…cuanta verdad, cuanto desperdicio, cuanta
vanidad…no había juez porque no había leyes, estaba prohibido prohibir…eran
ellos contra el mundo pero aquí no había pleitos, había miedo, cautelosos de
ser expuestos…los incoloros, se perdían…soñaban bajo los influjos del alcohol,
de la música, de la sangre de los corazones rotos…su alimento era robar energía
a través de los besos, las caricias y los bailes sobre la cama…se dormía en
cualquier lugar, pertenecían a ciudades diferentes, acentos similares, al igual
que las edades iban y venían entre la línea del tiempo…hermanos no eran, solo
compañía, amigos tampoco…en un mundo sin color, el nombre importaba poco…de
platica trivial y a veces solo el sonido de la música…y esos estallidos de
cólera al recordar o cerrar sus ojos…cuanta furia, cuanta empatía…honesta y
brutal así era la vida…dos mundos en uno solo, estaba perdido, insufrible…el
dinero se estaba yendo al carajo…pero que importaba si carecía de un propósito…había
días que salía por ahí, mascara puesta, común; lo que tanto anhelaba caminaba
entre la gente, trabajaba, hablaba con la gente…intentaba compaginar y por un día
o dos se la creía…sentía el Sol, el viento, apreciaba la relación interpersonal
y luego aparecían de nuevo los síntomas de quien sabe qué enfermedad y terminaba
melancólicamente triste…un algo con lo que no quería encontrarse allá afuera,
no recordaba que era…buscaba, buscaba pero carecía de pistas, de explicación
como cuando uno pierde el sentido de la ubicación o un alud que cae en su
mente…bloqueando todo. El porqué, el recuerdo o la explicación y es así, cuando
volvía al refugio a embriagarse de todo lo que había regado por la casa,
cuartos interminables, libros quemados y cartas arrugadas de papel…abandono los
pensamientos perdiéndose en el anonimato de un mundo incoloro, era el mundo de
el…que nadie le molestase, que nadie fuese capaz de interrumpir su caída
diaria…desconoció los rostros, escribió en los muros…fumó, gritó, bebió, se quitó
la camisa para enfrentarse a su yo…dejo el tiempo, del habla, del oído cayendo
sobre la alfombra…roto, destruido de adentro hacia afuera. Alguien lo volteó
para que no se ahogara en su propio vomito, borracho y carente de los sentidos
recordó uno ojos que jamás había visto grises pero tiernos, incoloros pero
enigmáticos y fue ahí, que perdió todo conocimiento cayendo en un sueño
profundo. Despertó sin dolor, no sabía la hora, o el día o el clima, menos lo
ocurrido después, pero sí de los ojos grises se acordó que le miraban de nuevo
desde arriba…de pie en un vestido largo y un cabello justo a los
hombros…botella en mano, bailaba sobre el…inescrutable le dijo que abriera la
boca, el accedió y el liquido cayo justo sobre los labios secos…era
indescriptible, reconoció la música de fondo y una lagrima repentina apareció
mientras corría al estéreo, cámbienla gritó como quien es aventado al
infierno…ella le detuvo con una mano en su hombro, es mi canción
favorita…recuerdas y apunto hacia el muro donde decía: Está prohibido, prohibir…se
contuvo, soportó la canción y las palabras fáciles mencionadas, busco la
botella y veía esos ojos grises que le miraban desafiantes…aun en la derrota y
en la orilla del abismo, debes ser tu…tomo la botella y bebió de ella…y de
ella…le sonrió como se sonríe al enemigo que te ha dado una lección de humildad
y arrojo…la música volvió a el así como la sensación de la plática…mientras
ella se robaba todo ahí, el aire, las miradas, la música, la vida…pero por
alguna extraña razón no estaba molesto, en cambio la pareció simpática,
arbitraria, atractiva y lo mejor de todo, anárquica…compartieron el vino, la
perdición, y se reflejaron ambos en aquel refugio de gente sin color…Bienvenida
le dijo él, ella le dijo me contaron de este lugar hace unos días y dije porque
no…me canse de vagar por las calles y de jugar como marioneta en un mundo de
insensibles y de gente común…¿Común? Me gustaría ser común dijo él, disfrutar
de lo que ellos hacen y ser desconocido para todos…pero ella no entendía, y el
tampoco le explicó, ambos prefirieron dejar de lado lo que los hacia diferentes
y se enfilaron por el barranco del refugio donde se destruyeron a sí mismos
jugando con el fuego abrazador del no hay mañana y del hoy no importa, eran
adictos atrapados en la jaula que era el refugio donde los colores se habían
olvidado y la oscuridad había anidado…este era el camino, divertido,
fantasioso, caos y lunas incoloras saboreando la música y la noche…las tardes y
las pasiones…incluso un día todos percibieron esa conexión entre ellos…eran el
fuego que destruía y el agua que lo limpiaba…un tornado que rompía todo a su
paso, el mañana, el ayer o el hoy…cuanta libertad, cuanta impureza, ¿Cuánto
cariño?...un amanecer uno de ellos lo escribió en la pared…una verdad, un
deseo, un hecho, una frase a la que cualquiera en el refugio se había negado,
nadie se lo creía…ni aun por las alucinaciones sufridas en la pérdida del
control ocurría…lo que impactó mas fue que lo escrito tenia color…color rojo,
como la sangre, como el vino, como el corazón, si, color. Muchos no recordaban
el matiz, la fuerza o su forma…una llama a la que aferrarse y de la cual puedes
renacer…un jubilo estalló en sonrisas y baile…muchos se abrazaron y
brindaron…pero ninguno como ellos dos…ambos con las manos llenas de color
rojo…eran de mundos diferentes, como el negro y el blanco, la Luna y el
Sol…pero como los opuestos, ellos no podían vivir el uno sin el otro. Dejo la
máscara en el refugio y salieron de ahí, fueron a buscar los otros colores y
cada día encontraron uno…les dejo el refugio a ellos, los incoloros y envió
ayuda para que también recuperaran sus colores…en aquel mundo de Morfeo
imperfecto y gris siempre se podía empezar a pintar de colores las paredes y
por qué no, también el cielo y el corazón, les dejo el refugio a ellos, para
que recuperaran sus colores”
viernes, 18 de julio de 2014
El Libro Azul
“En aquella ciudad de tintes
grises y paisajes góticos, de colores olvidados y de grandes edificaciones e
iglesias…los trenes subterráneos y ligeros reinaban en la ciudad, ya poco se
andaba en auto menos en bicicleta, en aras de hacer todo un poco mas rápido y
de crear grandes beneficios económicos y reprimir un poco la muchedumbre por
las calles…todos bajaban rumbo a los trenes…niños, mujeres, hombres…ir a la
estación era parte del día, para él no era la excepción, todos los días a la
misma hora, en la misma estación, sentado sobre aquella banca que ya reconocía
su cuerpo…esperaba mientras leía libro tras libro…era su momento ideal, antes
de subirse al tren y ser llevado rumbo al trabajo, donde seria de nuevo esa
eterna jornada en el trabajo que había llegado a odiar…odiar, es una palabra
demasiado fuerte pero hacia mucho no le había encontrado tan buen significado…Recolecto
como un detective todas las pistas en aquel anden de la estación…regados sobre
la banca…una mochila, dentro de ella…aquel libro de tapas azules con una Luna
sobre la pasta…sintió la pesadez y la ligereza…tan pesado como cargar al
desamor, tan ligero como levantar el amor…brillaba como la Luna Blanca, era
como sentir las estrellas y la sonrisa de un niño…besos, caricias, cariño,
lagrimas, amistad, miedos, y ríos de historias en las páginas de tal
electrizante objeto…llevaba toda una vida ahí…en una sencilla mochila de
viajero. Sin saber qué hacer, busco dentro de la mochila y por la parte de
afuera un nombre o indicio de a quién pertenecía tan preciado objeto…pregunto a
los pasajeros…durante toda la tarde pero nadie sabía… ¿Qué hacer? Existen dos
razones por la cual uno abandona un objeto así…porque se ha dicho todo y no hay
mas hojas por llenar o porque aquello que fue escrito duele tanto que es mejor
abandonarlo…de cualquier forma invitaba a leerse…cual detective metiche,
curioso, preguntón, interesado en resolver misterios…no soporto mucho…sentado
en aquel porche donde leía desde Sherlock Holmes, El Fantasma, Batman, Murakami
y Neruda…incluso alguna vez le gustaba hacer crucigramas…incitado por la tapa
azul del libro, tomo una decisión, y lo abrió…polvo de estrellas se esparció en
el aire…y comenzó a leer la historia que habría de modificar su propia
historia. Iniciaba con una frase “La
vida no es para entenderse…sino para disfrutarse”…las primeras hojas venia una
muy divertida manera de explicar el cómo y porque nacemos y esa confianza
depositada en los adultos para empezar el camino…comer, gatear, andar, abrir
los ojos…términos que no entendemos pero realizamos…se le llama crecer,
aprender, comenzar…esos primeros pasos que no recordamos por nuestra memoria
apenas echada a andar…se describía desde aquel primer recuerdo y saber que fue
lo primero que se hizo para dejar huella en el mundo al que llegamos…a través
de fotos e historias que sus padres y tíos contaron ella fue anotando del cómo
y el porqué…el leía sonriente sus descripciones…así paso la noche en aquel
porche ayudado por la tenue luz que la lámpara ofrecía, había entrado al mundo
de alguien que no conocía pero cuyos relatos parecían darle una idea de su
pensamiento…leyó como se describía a si misma desde niña, sus cabellos, sus
ojos, la descripción incipiente y clara de su cuerpo en esa pequeñez que
significa la niñez…es difícil hacer mención de cosas que apenas conoces…sin
blancos, sin negros…todo representa el color…no hay tanto entendimiento ni
pensamientos abstractos…es un camino sin ideas profundas o temores, son sueños
cayendo del cielo en forma de nube…a medida que hablaba de la edad donde ya
tenia noción de todo, las descripciones cambiaban…describiendo con excelsitud
el paisaje así como los juguetes, hablaba de sus padres cual estrellas de cine,
gigantes del Olimpo que le enseñaban el sí y el no…las reglas a seguir, sentir
aquel abrazo de su madre…era lo máximo, descubrió la felicidad antes que el
dinero como todos lo hicimos alguna vez…hasta que se nos olvido en el camino…pasó
la infancia en aquella calle empedrada donde existió pavimento vistiendo esos
colores pasteles con medias del mismo color aunado a listones que apretaban los
cabellos, pero que le vestían de elegancia…cuanta felicidad existe en la
niñez…no ves el humo, las lagrimas y el dolor son pasajeros y los sueños
carecen de horario o alarma sin ese tic-tac diciéndote que algo está
pendiente…contaba cuando caía en los charcos de agua, caminando tomada de la
mano de su padre, dormir en medio de ellos y aventurarse en esos juegos de
imaginación donde hasta voces imitaba, cuanta dulzura…El no podía dejar de
leerle, sentía curiosidad de verle crecer…así mientras la madrugaba avanzaba…la
historia tomaba tintes de adolescencia…de rebeldía, de cambios extraordinarios
en su cuerpo, y de ideas pragmáticas, ideales retomados de libros, historias,
vivencias…el pelo cambio de color y los ojos se hicieron más profundos al igual
que la mirada se volvió impositiva y fuerte…creció en un segundo, en una página
a otra, ya no era la misma, descubrió entre líneas cuando amó la primer vez, la
segunda y cuando su corazón se rompió en pedazos y la sangre corrió en lagrimas
que se lloraron durante días…cuanta fragilidad, cuanta sensibilidad, quería
abrazarle, contarle que todo iba bien, que renacería y eso le ayudaría a ser
mas fuerte…en contra de sus padres, de sus reglas, bañaba por esos motivos y
noches en vela arraigada por la música que llenaba sus venas de emociones jamás
admitidas menos pensadas…decidió tomar una decisión drástica…y en un amanecer
ocurrió…se fue a buscar el otro lado del Sol, la otra cara de la Luna, un nuevo
mundo…lo que no sabía es que del corazón no se puede huir. El a través de sus páginas,
le siguió, tomado invisiblemente de su mano, tocando su hombro o a veces siendo
aquel frente a ella, navegó junto a ella, le admiro desde lejos mientras corría
descalza por bosques y leía en los parques, mientras picaba piedra en los
trabajos…apenas una jovencita, hermosa, sincera, deseosa de cumplir metas,
quería estar con ella, y sentía más que empatía cuando ella describía donde
ahora vivía y su rutina sencilla pero solitaria…el lector, notaba su
preocupación en el, de ponerse en su lugar, de entender su camino, de aplaudir
sus triunfos, de ver como ella luchaba sus batallas a veces contra ella misma,
a veces contra el mundo…no podía más que quererla…admirarle…sobre todo aquella
noche que se enfrento a la disyuntiva de irse de nuevo, dejando todo, pero a
veces uno debe dejar todo para dar un paso más, avanzar en el mundo, en su
propia historia, porque los caminos son los que uno va haciendo mientras su
vida hace otros…con lagrimas en sus ojos y un deseo irrepetible de escapar, de
renacer, de combinar su yo con su otro yo…se fue en aquella noche en que el
Dios había pintado la Luna de rojo para recordarle a las personas que aun en el
pantano siempre se pueden ver las estrellas…y así, se fue…en un autobús sin
retorno…se marcho y arrojo todo a aquel mar de cuerdos…para que al volver con
las olas pudiese enfrentar y quedarse con su propia locura…cuanta valencia,
decía él, cuantos anhelos en aquel viaje…le vio fortalecerse…en las paginas
consecuentes, caminando sobre esa línea indeleble entre el amor, la locura y la
furia…convertirse en una exitosa y bella mujer…capaz de dejar en silencio una
sala e irrumpir en cualquier reunión con esa inteligencia que roba miradas y
enamora corazones, a menudo encontraba en aquellos renglones una doble historia
como ocurre en todas nuestras vidas…la ternura de sus acciones, la nobleza en
su descripción de los amigos, los enemigos, la familia y las experiencias por
donde pasaba…escuchaba a través de los renglones…Conoció todo de ella, y sin
embargo no sabía nada, salvo su historia, aquella que ella contaba con tal
fuerza que la tinta azul a veces solía estar remarcada…todos sabemos una parte
de la historia la que vivimos, pero no sabemos de aquella que se vive del otro
lado, las vidas que tocamos con nuestros no, con nuestros si, al hacer sonreír,
cuando nos hacer reír, lo que lloramos, lo que se nos llora, lo que rompimos y
lo que nos rompieron…siempre he creído que la vida tiene significado por
aquellas vidas que tocamos siendo quien seamos, no se requiere de fama, dinero,
o éxito, sino de amistad, empatía, cariño, amor…A medida que las páginas del
Libro Azul se acercaban a su final…El, no quería que acabase, sentía como su
historia se iría de sus manos, como si ella se hubiera terminado el café y se iría
para siempre…lo que le dejaría seria la nostalgia y los hechos en el ayer…pero
lo comprendía, nada es para siempre, todo cambia, todo pasa…y así, siguió esos
últimos enunciados, versos, palabras, letra a letra su despedida, su bien
iniciada frase que ahora aparecía al final…con esos puntos suspensivos…El
perdido en el Libro Azul acuso de cansancio, de un largo suspiro, de una
sonrisa cuando alguien parte a algún destino, de cuando uno se marcha o llega…pero
también sintió la imperiosa necesidad de buscarle, debía encontrarle,
regresarle tan preciado objeto y conocerle cara a cara, sin expectativas, sin
medias tintas…tan solo quería darle de nuevo aquello que debió haber perdido o
que había dejado en aquel anden…como un libro que se deja en el tocador justo
en la pagina correcta…así le dejaría aquella nota que quizás ella pudiese leer:
“Todo se lleva el viento de la vida, lo material, el pasado, las ideologías,
los caminos y las lagrimas…al final quedan esos recuerdos y aquellos momentos
donde aprendiste a sonreír”…días duro en aquella estación sentado en el mismo
lugar, durante la misma hora que fue encontrado el libro…siempre listo, incluso
al subir al tren, volteaba a todos lados para encontrarse con alguien que solo
conocía en descripción, en imaginación, en sueños con los ojos abiertos…¿Cómo
hallarle? ¿aun le interesara recuperar el Libro? Espero en calma pero nervioso,
pensativo y expectante ante el posible encuentro si este sucediera…nadie ni
nada le aseguraba que ella apareciera…se obligo a no crearse expectativas y
comenzó a molestarse más aun por el trabajo por que este le alejaba de la
estación, salía del trabajo justo a tiempo para regresar y esperaba…así
transcurrieron los días, con el libro en su mochila, pasaba el día…lo mostraba
en la estación y se iba al anochecer…leyó otros libros durante las noches en el
porche o en cama pero ninguno le intereso demasiado…cuan ruin era el
destino…perdió peso, perdió su sonrisa…aunque la esperanza es lo último que se
pierde estaba dándose ya por vencido…el final de otra semana se acercaba y llovía
copiosamente…con el uniforme empapado y el rostro extraviado se sentó…no se
percato que a su lado, una joven de ojos grandes, hermosa como la puesta de
Sol, como la Luna blanca, o el cielo azul le sonrió, aquella chica llevaba el
color en ella, en esa estación gris..sonrió mientras le extendía un pañuelo
para que el secara su rostro…le agradeció en silencio pero ella comenzó a
sacarle platica desinteresadamente…la conversación le sentó bien, además de sus
compañeros de trabajo, no platicaba con muchas personas, pensó que era la
primera vez que hablaba con alguien en la estación, hablaron amablemente sin
ahondar en detalles y se sintieron cómodos…el se percato de tal excepcional
belleza, de su bien torneado cuerpo…pero sobre todo de su mirada honesta…la
lluvia iba y venía al igual que las personas…ella había perdido el tren y ahora
con el horario trastocado esperaba por el siguiente…subieron ambos al mismo
tren, ella se mostró sociable sin importarle el aspecto de el…el anuncio de la
siguiente parada les interrumpió…el debía bajarse, pero no quería…indeciso,
temeroso, inoperante…terminó por resignarse, aquella aventura apenas había
durado un suspiro, preguntó su nombre pero la gente empujaba llevándolo a la
salida, le escucho y bajo con un saludo mas similar a un adiós que a un hasta
luego, trastabillo y recupero el paso para después perderse entre la gente…dos
paradas mas fue su turno, alistó su bolso mientras se quitaba el cabello de la
cara y se encontró en el suelo un Libro Azul que brillaba en el tren
incoloro…lo hojeó y leyó la nota que contrastaba con la letra escrita en los
renglones…le faltó el aire perdiendo la compostura mientras sentía un golpe en
el corazón…con su vestido floreado y sus uñas bien pintadas se sentó en el
mismo lugar aquella mañana nublada…el con ese uniforme tan gris y común,
caminaba con paso cansino rumbo a su asiento, aquel donde espero tantos días…el
le vio ahí, sin saber si hablarle o sentarse a su lado, le saludo…y buscó en su
mochila el libro, busco de nuevo, pero no lo halló…sintió una opresión en el
pecho como cuando se pierde el amor o algo que lo represente…desesperado vació
la mochila y sus pertenencias pero no había nada ahí…entonces le vio a ella con
el Libro Azul entre sus manos…sonreía como cuando se encuentra a un viejo
amigo, a lo que significa algo…un tesoro…entonces comprendió…era ella, la de la
letra en esas páginas…el color en su vida, la sonrisa en la ciudad, la mirada
en el corazón…dejaron la estación y caminaron por la ciudad de tintes grises y
edificios góticos, el Libro Azul brillaba entre tanto gris…escribirían juntos,
el pondría el libro…ella los colores…y su historia se contaría en la estación
del Mundo de Morfeo.”
martes, 10 de junio de 2014
La Musa
“Ella era un Sol en domingo…como
encontrarse al amanecer a la vuelta de la esquina, le sonríes, haces una mueca
y no puedes evitar decir un hola…así se presentaba ella…cada final de mes…aparecía
ante su puerta…se anunciaba y entraba con ese sonido tan peculiar que hacen los
tacones al caminar…y le cimbraba su mundo tanto que le temblaban las piernas
cual huracán al llegar a la ciudad…siempre de madrugada ya sea en vestido
floreado, oscuros o de colores primarios siempre acompañada de esos bolsos de
colores y aquellos labios gruesos y hermosos que le aceleraban el corazón…el moría
cuando se iba y nacía cuando llegada…aun en sus horas más lucidas no recordaba
como ella llego aquí…recordaba sus ojos, sus besos, sus no juguetones y sus si
envueltos en misterio…una dualidad, una línea paralela…pero jamás como llegó
ella aquí, quizás fue una dualidad del tiempo, tal vez lo hubiese confundido
con alguien puesto que ni nombres se mencionaron…con sus poesías tontas y
baratas, sus gritos cuando ella se marchaba al salir el sol, le denostaban ese
aire nostálgico de ver al amor irse por tu ventana cada 30 días…el trato era
una obviedad…sin anillos de compromiso de por medio, Ella no hacía preguntas ni
hablaba sin que la conversación se lo exigiera…era callada y calculadora,
hermosa y brutalmente honesta…de sus ojos desprendía un destello de luz
comparable al fuego de la vida…a veces fumaba, a veces reía mas de lo normal,
pero nunca, en todas esas visitas, le vio perder la elegancia de su silueta al
hacer cualquier cosa, parecía que todos sus movimientos estaban precedidos
matemáticamente y bien pensados, aun así, se notaba ligera al realizarlos…sobre
todo cuando le besaba tomando con ambas manos las mejillas de el…La Musa como él
le había nombrado para de alguna manera mencionarla cuando hablaba consigo
mismo era una alteración total en su rutina, poseía el don de dejar huella por
donde pasase incluso en la copa donde él le servía el vino, los labios rojos
marcados en ella, el aroma que impregnaba la sala, el cuarto, la cocina, el
corazón y porque no, el aire de la ciudad…único e irrepetible…lo que sentía al
hacerle el amor, aun no tenia nombre…como definir aquello tan hermoso, efímero,
sustancial…que casualidad mas enigmática y placentera, el que ella haya
aparecido por arte de magia, por obra del destino, por simple acto de causa y
efecto…de seguro Dios la había enviado se decía mientras agradecía al cielo
estrellado cuando escuchaba esos tacones caminar hacia la puerta…cuan ofrecido
era él, cuan intensamente desesperado se notaba tratando de ser su cómplice y
ser complaciente e inmensamente caballeroso….como lo aprendió, de donde le
nació su idea del ser todo para ella, aun lo desconoce pero le alegra haberlo
aprendido por ella. Al final de eso se trata muchas veces nuestra evolución
como personas, saberse necesitados o bien, queridos como individuos…lograr una
empatía que rara vez llega a un siguiente nivel como cuando dos personas se
adoran…al menos el pensaba que lograba la adoración de ella, por algo, volvía
cada 30 días…cual estrella fugaz…esta noche el Dios lloraba a raudales y
furioso se vengaba de los hombres…sus lagrimas caían sobre la ciudad en aquella
lluvia consistente…si sus cuentas no le fallaban…ella vendría…El Tuerto con
aquel ojo cubierto por ese parche tinto, y su caballerosidad aprendida en un
curso práctico, estaban listos para recibirla…maldita lluvia se decía, maldita
ilusión, bendito destino…las velas se le apagaban por el viento y los truenos interceptaban
el sonido de la música…había escrito para ella, por ella y de ella…La Musa
nunca preguntó por su mal, por aquel ojo de vidrio y menos aun de esa barba y
esos labios sangrantes…era lo que le encantaba de ella, la aceptación y el había
aceptado también. Un relámpago iluminó el cielo, justo pasado la media
noche…una silueta con paso cansino se abría paso rumbo a su puerta…aun entre
tanto ruido, el se percato de sus pasos, y también de aquella mirada altiva y
hermosa como la rosa nacida en invierno…venia empapaba y su vestido verde menta
se moría de mojado…El Tuerto corrió hacia ella, y le hizo entrar…le faltó su
otro ojo para darse cuenta mientras corría por una toalla que no toda esa agua
provenía de la lluvia…volvió con la toalla y la puso en sus hombros mientras
ella se secaba, El Tuerto sintió una opresión en el pecho al percatarse de los
ojos hechos jirones de la Musa, su maquillaje corrido y ese golpe que le había
roto el labio, sintió una furia correr por su cuerpo y una alteración en la respiración…quería
saber quien había hecho semejante arrebato de violencia pero ella le detuvo,
tomando su mano para besarla…no, no, le repitió…el corazón se rompe cada tanto
tiempo, cada que el amor se va de nuestras vidas…cada que el cielo rompe con
sus truenos las casas y las almas de los hombres…hoy solo fue una de esas veces
le dijo ella…pero él no entendía, quien era ese que amparado en el amor que la
Musa sentía había maltratado su rostro…quería saber, comprender, asimilar,
sobre todo quería saber quién era aquel que le robaba a su Musa…pero recordó de
nuevo esas palabras que de vez en vez aparecían en las paredes de aquella casa…”en
el amor nada ni nadie nos pertenece”…No quiso vino, no quiso música, de sus
labios las palabras se habían desaparecido, a veces las palabras se van y
cuando vuelven es demasiado tarde…aun en ese instante donde el desamor baño su
cuerpo y se arraigo en las venas de su hermosa figura, sonreía, no quería que
su vulnerabilidad se apoderara del corazón…ganar, ganar…ese fue siempre su
lema, aun en la derrota…el tuerto dejo caer una lagrima e intentó confortarle
pero ella le rechazo, y de nuevo le sonrió…al
amor no se le llora le dijo, al amor se le enfrenta, se le desafía, se le besa
y abraza, menos lagrimas, y con la toalla volvió a limpiarse el rostro…la vida
como el amor son regalos que Dios nos dio y no debemos permitirnos quejarnos o
lamentarnos de él, pero si todos lo deseamos y anhelamos invariablemente
alguien se queda sin el por un día, un mes, un año o una vida…el le escuchaba
con asombro, cuanta valentía, cuanta voluntad, cuanta furia contenida…sin
mediar palabra, la llevo a la habitación…dejaron la puerta entreabierta, el
Tuerto le abrazo en aquella habitación donde solo las velas eran testigos, besó
su cuello mientras bajaba el cierre del vestido lentamente como al echar volar
una mariposa o cuando se abre una rosa, curo sus heridas con besos mientras
curaba las propias, con cuidado acaricio su espalda quitándole el sostén y
acaricio sus hermosos pechos…la tomo por la cintura y le dio vuelta, para
besarle esos labios rotos de manera suave como una brisa de mar…su encaje
negro, todo fue dejado en el suelo…los papeles habían cambiado sin darse
cuenta…se besaron justo cuando él le invito a bailar y así, bailaron desnudos
acostados sobre la cama de colores grises, acompañados por el sonido que las
lagrimas del Dios que lloraba, adoro su alma, suspiró en su corazón, olfateo su
aroma y se sumergió en los cabellos de ella, cuanta adoración, cuanto calor,
desnudos bailaron el tango de la pasión, de lo prohibido, de lo no escrito,
quería que se quedase todos los días y no solo una vez cada tantas noches…tocar
a diario esos labios que se le antojaban como el elixir de la juventud y del
amor, gruesos y rojos, manjar de dioses y ángeles caídos…la musa en silencio
apretaba su cuerpo contra el de el, él sentía esas delicadas manos uniendo a
dos insensatos, creyentes que se puede desafiar al destino y sus ironías, esa
noche las mascaras se arrojaron al suelo, y así, en un baile sobre la cama, sus
almas perdieron la coraza, sobre las paredes al estallar el relámpago en el
cielo, la frase llenaba toda la habitación al igual que las velas, esos
testigos mudos de los amantes atados por el hilo delgado de la pasión. El Tuerto curo sus heridas, escucho los
vaivenes del amor y el desamor, de la tristeza a la alegría, provenientes del
monologo que la Musa inició con la mirada al techo de la habitación…sin
mascaras, sin ropa, sin luna, sin tabúes…ella interpreto los dos papeles de su
vida, sus caminos distorsionados y la afrenta de la que fue parte, también del
cariño que sentía, y de ideales evocados y metas fijas para poder subsistir en
el mundo…buscando hacerse entender…pero le recordó a el que la vida no es para
entenderse, es para disfrutarse…disfrutar del camino trazado, del vivido, del
anhelado…se abrazó de él para no caerse en el abismo de su corazón roto
durmiéndose al instante…cuanta fragilidad, cuanta confianza…no hay que saberse
los nombres para confiar en alguien, no hay que saber el pasado para
enamorarse…la vida es corta para pasar dando explicaciones…la luz del Sol
acaricio su rostro, despertándolo de ese sueño tan corto y tan claro…se puso su
parche y descubrió que la Musa se había marchado…rápidamente fue a la sala, tal
vez estaría ahí, o salió por el desayuno aunque jamás lo hubiese hecho…recordó
el trato, la obviedad, el asumir las cosas sin hablarlas…era la caricia del Sol
en su rostro la que lo hizo entrar en razón…mas cuando encima de la mesa, una
servilleta con esos labios rojos marcados y aquella elegante letra con tinta
negra le resolvieron la mañana…¿esperar otro mes? ¿Esperar otra vida? ¿Quedarse
con el aroma de su cuerpo solo por alguna noche? ¿Vivir de extrañarle? Ese día
no hizo mucho, dio vueltas por la casa, por los alrededores, y regresó temprano
del trabajo…fue un fantasma en la oficina, el tiempo pasó rápido mientras el
evocaba su recuerdo, la noche con ella, los besos, los abrazos, la
conversación, el vino perdido, la curación de las heridas…el no poder evitar
sentirse arrastrado hacia esa fuerza que era ella y todo lo que representaba la
Musa en su vida…moría cuando ella desaparecía, y se convertía en un fantasma
sin un ojo en la ciudad, en el trabajo, en la casa…Una infumable soledad sintió
en ese atardecer al volver a casa, apenas dura un instante, un suspiro del
padre tiempo…El se ha quedado prendido de la ventana apreciando lo efímero del
momento, se percato de los postes de luz despertando al encender sus luces y de
los autos tomando rumbo a cualquier lugar, movimiento se dijo, se mantienen en
movimiento…las luces avanzaban y se perdían en el horizonte como se pierde el
sol tras las casas…se le hizo un nudo en la garganta, un hueco que se formaba
entre el pecho y el estomago…el le llama ausencia pero el viento le dice
perdida…Hoy no podría preguntarse más cosas, la noche seria eterna…fue a dormir
y se perdió en ese sueño que siempre aparecía en noches como estas, repetitivo
y con el mismo final…despertó de manera abrupta, sentía el sudor recorrer su
cuerpo aun en con el frio de la habitación…una copa de vino sería bueno, un
poema barato y honesto…una lectura, un reclamo al viento por la
ausencia…entonces lo escucho…aquel sonido tan peculiar…los tacones al
caminar…pensó que se había vuelto loco…aun con los ruidos de la ciudad, lo
escuchaba…en medio de la calle…estaba ella…La Musa…el, salió tan rápido como se
hizo la luz en el mundo…la brisa del viento peinaba sus cabellos…de nuevo era
ella altiva, enigmática, fugaz, hermosa como una mariposa, honesta como la
luna…El Tuerto de su único ojo derramo una lagrima mientras que su cuerpo permanecía
tan estático como una piedra…entonces ella corrió a sus brazos…dejando marcado
ese beso de color rojo en su corazón…el había nacido de nuevo…ella había creído
de nuevo…del cielo cayeron lagrimas del Dios que lloraba…por primera en mucho
tiempo estas fueron de alegría por aquellos dos amantes del Mundo de Morfeo”
La Musa
“Ella era un Sol en domingo…como
encontrarse al amanecer a la vuelta de la esquina, le sonríes, haces una mueca
y no puedes evitar decir un hola…así se presentaba ella…cada final de mes…aparecía
ante su puerta…se anunciaba y entraba con ese sonido tan peculiar que hacen los
tacones al caminar…y le cimbraba su mundo tanto que le temblaban las piernas
cual huracán al llegar a la ciudad…siempre de madrugada ya sea en vestido
floreado, oscuros o de colores primarios siempre acompañada de esos bolsos de
colores y aquellos labios gruesos y hermosos que le aceleraban el corazón…el moría
cuando se iba y nacía cuando llegada…aun en sus horas más lucidas no recordaba
como ella llego aquí…recordaba sus ojos, sus besos, sus no juguetones y sus si
envueltos en misterio…una dualidad, una línea paralela…pero jamás como llegó
ella aquí, quizás fue una dualidad del tiempo, tal vez lo hubiese confundido
con alguien puesto que ni nombres se mencionaron…con sus poesías tontas y
baratas, sus gritos cuando ella se marchaba al salir el sol, le denostaban ese
aire nostálgico de ver al amor irse por tu ventana cada 30 días…el trato era
una obviedad…sin anillos de compromiso de por medio, Ella no hacía preguntas ni
hablaba sin que la conversación se lo exigiera…era callada y calculadora,
hermosa y brutalmente honesta…de sus ojos desprendía un destello de luz
comparable al fuego de la vida…a veces fumaba, a veces reía mas de lo normal,
pero nunca, en todas esas visitas, le vio perder la elegancia de su silueta al
hacer cualquier cosa, parecía que todos sus movimientos estaban precedidos
matemáticamente y bien pensados, aun así, se notaba ligera al realizarlos…sobre
todo cuando le besaba tomando con ambas manos las mejillas de el…La Musa como él
le había nombrado para de alguna manera mencionarla cuando hablaba consigo
mismo era una alteración total en su rutina, poseía el don de dejar huella por
donde pasase incluso en la copa donde él le servía el vino, los labios rojos
marcados en ella, el aroma que impregnaba la sala, el cuarto, la cocina, el
corazón y porque no, el aire de la ciudad…único e irrepetible…lo que sentía al
hacerle el amor, aun no tenia nombre…como definir aquello tan hermoso, efímero,
sustancial…que casualidad mas enigmática y placentera, el que ella haya
aparecido por arte de magia, por obra del destino, por simple acto de causa y
efecto…de seguro Dios la había enviado se decía mientras agradecía al cielo
estrellado cuando escuchaba esos tacones caminar hacia la puerta…cuan ofrecido
era él, cuan intensamente desesperado se notaba tratando de ser su cómplice y
ser complaciente e inmensamente caballeroso….como lo aprendió, de donde le
nació su idea del ser todo para ella, aun lo desconoce pero le alegra haberlo
aprendido por ella. Al final de eso se trata muchas veces nuestra evolución
como personas, saberse necesitados o bien, queridos como individuos…lograr una
empatía que rara vez llega a un siguiente nivel como cuando dos personas se
adoran…al menos el pensaba que lograba la adoración de ella, por algo, volvía
cada 30 días…cual estrella fugaz…esta noche el Dios lloraba a raudales y
furioso se vengaba de los hombres…sus lagrimas caían sobre la ciudad en aquella
lluvia consistente…si sus cuentas no le fallaban…ella vendría…El Tuerto con
aquel ojo cubierto por ese parche tinto, y su caballerosidad aprendida en un
curso práctico, estaban listos para recibirla…maldita lluvia se decía, maldita
ilusión, bendito destino…las velas se le apagaban por el viento y los truenos interceptaban
el sonido de la música…había escrito para ella, por ella y de ella…La Musa
nunca preguntó por su mal, por aquel ojo de vidrio y menos aun de esa barba y
esos labios sangrantes…era lo que le encantaba de ella, la aceptación y el había
aceptado también. Un relámpago iluminó el cielo, justo pasado la media
noche…una silueta con paso cansino se abría paso rumbo a su puerta…aun entre
tanto ruido, el se percato de sus pasos, y también de aquella mirada altiva y
hermosa como la rosa nacida en invierno…venia empapaba y su vestido verde menta
se moría de mojado…El Tuerto corrió hacia ella, y le hizo entrar…le faltó su
otro ojo para darse cuenta mientras corría por una toalla que no toda esa agua
provenía de la lluvia…volvió con la toalla y la puso en sus hombros mientras
ella se secaba, El Tuerto sintió una opresión en el pecho al percatarse de los
ojos hechos jirones de la Musa, su maquillaje corrido y ese golpe que le había
roto el labio, sintió una furia correr por su cuerpo y una alteración en la respiración…quería
saber quien había hecho semejante arrebato de violencia pero ella le detuvo,
tomando su mano para besarla…no, no, le repitió…el corazón se rompe cada tanto
tiempo, cada que el amor se va de nuestras vidas…cada que el cielo rompe con
sus truenos las casas y las almas de los hombres…hoy solo fue una de esas veces
le dijo ella…pero él no entendía, quien era ese que amparado en el amor que la
Musa sentía había maltratado su rostro…quería saber, comprender, asimilar,
sobre todo quería saber quién era aquel que le robaba a su Musa…pero recordó de
nuevo esas palabras que de vez en vez aparecían en las paredes de aquella casa…”en
el amor nada ni nadie nos pertenece”…No quiso vino, no quiso música, de sus
labios las palabras se habían desaparecido, a veces las palabras se van y
cuando vuelven es demasiado tarde…aun en ese instante donde el desamor baño su
cuerpo y se arraigo en las venas de su hermosa figura, sonreía, no quería que
su vulnerabilidad se apoderara del corazón…ganar, ganar…ese fue siempre su
lema, aun en la derrota…el tuerto dejo caer una lagrima e intentó confortarle
pero ella le rechazo, y de nuevo le sonrió…al
amor no se le llora le dijo, al amor se le enfrenta, se le desafía, se le besa
y abraza, menos lagrimas, y con la toalla volvió a limpiarse el rostro…la vida
como el amor son regalos que Dios nos dio y no debemos permitirnos quejarnos o
lamentarnos de él, pero si todos lo deseamos y anhelamos invariablemente
alguien se queda sin el por un día, un mes, un año o una vida…el le escuchaba
con asombro, cuanta valentía, cuanta voluntad, cuanta furia contenida…sin
mediar palabra, la llevo a la habitación…dejaron la puerta entreabierta, el
Tuerto le abrazo en aquella habitación donde solo las velas eran testigos, besó
su cuello mientras bajaba el cierre del vestido lentamente como al echar volar
una mariposa o cuando se abre una rosa, curo sus heridas con besos mientras
curaba las propias, con cuidado acaricio su espalda quitándole el sostén y
acaricio sus hermosos pechos…la tomo por la cintura y le dio vuelta, para
besarle esos labios rotos de manera suave como una brisa de mar…su encaje
negro, todo fue dejado en el suelo…los papeles habían cambiado sin darse
cuenta…se besaron justo cuando él le invito a bailar y así, bailaron desnudos
acostados sobre la cama de colores grises, acompañados por el sonido que las
lagrimas del Dios que lloraba, adoro su alma, suspiró en su corazón, olfateo su
aroma y se sumergió en los cabellos de ella, cuanta adoración, cuanto calor,
desnudos bailaron el tango de la pasión, de lo prohibido, de lo no escrito,
quería que se quedase todos los días y no solo una vez cada tantas noches…tocar
a diario esos labios que se le antojaban como el elixir de la juventud y del
amor, gruesos y rojos, manjar de dioses y ángeles caídos…la musa en silencio
apretaba su cuerpo contra el de el, él sentía esas delicadas manos uniendo a
dos insensatos, creyentes que se puede desafiar al destino y sus ironías, esa
noche las mascaras se arrojaron al suelo, y así, en un baile sobre la cama, sus
almas perdieron la coraza, sobre las paredes al estallar el relámpago en el
cielo, la frase llenaba toda la habitación al igual que las velas, esos
testigos mudos de los amantes atados por el hilo delgado de la pasión. El Tuerto curo sus heridas, escucho los
vaivenes del amor y el desamor, de la tristeza a la alegría, provenientes del
monologo que la Musa inició con la mirada al techo de la habitación…sin
mascaras, sin ropa, sin luna, sin tabúes…ella interpreto los dos papeles de su
vida, sus caminos distorsionados y la afrenta de la que fue parte, también del
cariño que sentía, y de ideales evocados y metas fijas para poder subsistir en
el mundo…buscando hacerse entender…pero le recordó a el que la vida no es para
entenderse, es para disfrutarse…disfrutar del camino trazado, del vivido, del
anhelado…se abrazó de él para no caerse en el abismo de su corazón roto
durmiéndose al instante…cuanta fragilidad, cuanta confianza…no hay que saberse
los nombres para confiar en alguien, no hay que saber el pasado para
enamorarse…la vida es corta para pasar dando explicaciones…la luz del Sol
acaricio su rostro, despertándolo de ese sueño tan corto y tan claro…se puso su
parche y descubrió que la Musa se había marchado…rápidamente fue a la sala, tal
vez estaría ahí, o salió por el desayuno aunque jamás lo hubiese hecho…recordó
el trato, la obviedad, el asumir las cosas sin hablarlas…era la caricia del Sol
en su rostro la que lo hizo entrar en razón…mas cuando encima de la mesa, una
servilleta con esos labios rojos marcados y aquella elegante letra con tinta
negra le resolvieron la mañana…¿esperar otro mes? ¿Esperar otra vida? ¿Quedarse
con el aroma de su cuerpo solo por alguna noche? ¿Vivir de extrañarle? Ese día
no hizo mucho, dio vueltas por la casa, por los alrededores, y regresó temprano
del trabajo…fue un fantasma en la oficina, el tiempo pasó rápido mientras el
evocaba su recuerdo, la noche con ella, los besos, los abrazos, la
conversación, el vino perdido, la curación de las heridas…el no poder evitar
sentirse arrastrado hacia esa fuerza que era ella y todo lo que representaba la
Musa en su vida…moría cuando ella desaparecía, y se convertía en un fantasma
sin un ojo en la ciudad, en el trabajo, en la casa…Una infumable soledad sintió
en ese atardecer al volver a casa, apenas dura un instante, un suspiro del
padre tiempo…El se ha quedado prendido de la ventana apreciando lo efímero del
momento, se percato de los postes de luz despertando al encender sus luces y de
los autos tomando rumbo a cualquier lugar, movimiento se dijo, se mantienen en
movimiento…las luces avanzaban y se perdían en el horizonte como se pierde el
sol tras las casas…se le hizo un nudo en la garganta, un hueco que se formaba
entre el pecho y el estomago…el le llama ausencia pero el viento le dice
perdida…Hoy no podría preguntarse más cosas, la noche seria eterna…fue a dormir
y se perdió en ese sueño que siempre aparecía en noches como estas, repetitivo
y con el mismo final…despertó de manera abrupta, sentía el sudor recorrer su
cuerpo aun en con el frio de la habitación…una copa de vino sería bueno, un
poema barato y honesto…una lectura, un reclamo al viento por la
ausencia…entonces lo escucho…aquel sonido tan peculiar…los tacones al
caminar…pensó que se había vuelto loco…aun con los ruidos de la ciudad, lo
escuchaba…en medio de la calle…estaba ella…La Musa…el, salió tan rápido como se
hizo la luz en el mundo…la brisa del viento peinaba sus cabellos…de nuevo era
ella altiva, enigmática, fugaz, hermosa como una mariposa, honesta como la
luna…El Tuerto de su único ojo derramo una lagrima mientras que su cuerpo permanecía
tan estático como una piedra…entonces ella corrió a sus brazos…dejando marcado
ese beso de color rojo en su corazón…el había nacido de nuevo…ella había creído
de nuevo…del cielo cayeron lagrimas del Dios que lloraba…por primera en mucho
tiempo estas fueron de alegría por aquellos dos amantes del Mundo de Morfeo”
jueves, 8 de mayo de 2014
La Puerta de Color
“Bajo el manto de las estrellas cayéndose
del cielo, caminaba por las calles de la ciudad, era una noche para el
recuerdo…los cafés, los bares y esos departamentos con balcones, se diluían
bajo el manto estelar sopesando el mañana adornándose con la mejor música y ese
vaivén de la conversación…siempre fue fanático de las personas, verles en su
hábitat disfrutar junto con ellos como discutían sobre los temas del momento
que singularmente eran un preludio de lo que venía a continuación, discusiones
entretenidas de cómo enfrentar la vida, las relaciones, las amistades, las
perdidas…y todo en medio de la fiesta más honesta, la de pocos en un ambiente
reducido, donde los cuerpos se tocan hombro con hombro…saludó, brindó, se
introdujo a la noche con el corazón hecho pedazos y el alma perdida, nadie
estaba enterado, pero esa fecha para él, tenía una relación especial…y por
ello, portaba su mejor sonrisa con su porte desafiante y pulcro…hoy era él, en
su mejor disfraz, versión de un ser humano pleno sin el menor atisbo de
sufrimiento o congoja, la oscuridad de la ciudad le quedaba a la perfección…como
un lobo en el bosque, salía siempre en búsqueda de lo que satisficiera su ego,
o su estima, la marca en su rostro no podía ocultarse, ofrecía un aire de
diferencia en un mundo de comunes, descendiente de Caín, el Errante, de amantes
de la culpa, y desangelados del cielo, entraba y salía de todos lados,
fotografiaba sus experiencias para que al despertar y enfrentar las huellas del
ayer, supiera de donde vino aunque no supiese como terminaba ahí, fumo y fumo,
hasta que se cansaba y comenzaba por toser, estúpido vicio, nunca le sabia a
mucho y jamás lo entendió, pero en la vida, hay cosas que se tienen que sentir
no entender, el humo llegaba a los pulmones como el amor llega al corazón, a
veces por necesidad, a veces porque se quiere…el viento susurraba entre los
arboles meciéndoles como el arrullo de la mama a su hijo, fotos, tragos, gritos
y el torrente sanguíneo que se alteraba al presagiar donde culminaría esa
colina descendente de su ser, sin embargo, de caídas saben mejor los golpes y
las palabras se escuchan mejor…se bebió la vida recorriendo las calles y los
callejones, desafió a su cuerpo y a su mente, con conversaciones profundas, con
placeres mundanos dejando huellas en pisos nuevos, lúgubres, insalubres, se cayó
varias veces…su rostro cubierto por el sudor cubría lo rojo de sus ojos y lo
gris de su alma, se habían perdido los colores en esa oscuridad a la que se
acercaba velozmente como una furiosa tormenta, empujado por la sangre que
hervía dentro de él se jactaba de ser fuerte y vengativo…audaz y
extraordinario, metódico e irreverente…desafió a su yo mientras las nubes se cernían
sobre aquella viejas casas grises…así comenzó a llover…el cielo no dejaba a
nadie sentido, bañaba con su melancolía las casas, los cafés, las iglesias, los
sombreros y los cabellos, inundaba con esas lagrimas derramadas las calles y
sus banquetas…creando el caos y el refugio entre sus habitantes, una lluvia
fuerte y persistente, como cuando se riega el césped…se empapo totalmente y en
esa calle sin color salvo un gris trágico y común, alzo la vista para sentir la
furia de las gotas que lloraba Dios, apenas lo distinguió pero no pudo evitar
contemplarlo…un ave de alas rojas volaba sobre el jardín que había en el
balcón, su mirada altiva le impedía rehuir de el ave, se le ocurrió que podía
alcanzarlo, una alucinación de su ser le invito a seguir, entró al edificio,
subió escaleras en un arranque de locura, cuando llego a la puerta del
departamento que llevaba a ese balcón, se detuvo en seco. Con el corazón
palpitando como un tren a toda marcha, se quedo estático, sintió mareo, dolor
en el pecho, y parecía que era la lluvia pero eran lágrimas las que ensuciaban
sus ojos…como no lo había adivinado, reconocido el lugar, la puerta rojiza que
contrastaba con la pintura gris de todas las otras puertas… ¿tocar? ¿Gritar? ¿Huir?
Las preguntas se alzaban en su mente como ofertas de mercado…no sabía si ella
estuviera del otro lado, si se encontrase ahí, quizás había dejado el
departamento, tal vez estaría trabajando o en casa de una amiga…o en los brazos
de otro…el temor de cualquier respuesta se apodero de él y se sentó ahí
recargado en la puerta, escuchando a la lluvia hablar por él cuando la puerta
se abrió lentamente al sentir el peso de el,
en un arranque de valentía cruzó la puerta, buscándole como en esos
atardeceres de nubes naranjas y cielos rojizos…entre recuerdos que abrazan su
silueta cansina, busco sus labios…su cuerpo desnudo, quería acariciarlo como se
acarician las flores del jardín…para resolver este indescriptible sentir que no
se puede evitar más…cual ladrón de poca monta se adentró tras esa puerta para
comprender, entender, amar o abrazar todo lo que habían sido, vio los libros
empolvados, el que ella leía descansando en ese sillón amarillo tan familiar,
en la cocina aun se encontraba ese cuadro representando a la Diosa de la Luna,
y el aroma a su comida…era el peor de los ladrones, dejando sus huellas por
todo el lugar, tocando aquí, leyendo allá, incluso se le ocurrió asomar al
balcón, pero al ave de las alas rojas no encontró…le encantaba esa vista, aun
con la lluvia pertinaz, se alcanzaba a apreciar la ciudad y su gris tan
particular…un mundo opuesto al suyo estaba tras esa puerta de color
rojizo…incluso el aroma dentro de ese lugar era diferente, como de un otoño en
el mar…una fragancia colgaba en el aire como el aroma del amor y su más fiel
creyente…la puerta es entrada y salida, agonía y felicidad, dolor y placer,
amor y desamor, una puerta de madera que desafía las leyes del destino, ser
para ella, lo que olvidó, estar para ella, como dejó de hacerlo, soñó encontrarla
y fuesen de nuevo aquella fuerza furiosa que destruía todo a su paso…¿estas
aquí? Susurraba evocándola…En la oscuridad de la habitación, le buscó, extendiendo
los brazos para tocarle, abrazar su historia…unir los caminos, levantar de
nuevo el hogar, eso que los unía como la tormenta al viento, cuanta negrura en
este corazón, se extiende una ceguera sobre el que no le permite verte aun con
los ojos abiertos…no hay luz, no hay sol, no está, es parte de ella, una
ausencia en su cama…un ladrón, se dijo mientras se derrumbaba en ese sillón
amarillo, secó sus manos y con plumón en mano, buscó anotar en aquella pared
blanca atiborrada de escrituras que los visitantes dejaban, un gran álbum de
recuerdos donde dejar huella…como cuando se firma quien eres y como te
sientes..lo que eres a través de los
ojos de los demás…y escribió en esa pared blanca de tintas negras luego encaminó
rumbo a la salida, cerró con cuidado, tras esa puerta, extrañó la timidez de
sus labios al besar, el singular sonido de los zapatos verdes y aquellos ojos
cuya sinceridad le decían te quiero, su música a los 4 vientos en la
habitación, los gestos para evitar que sus besos fuesen huellas que marcasen
los labios de ese ladrón…al sentimiento de dos no se le reprime, se le libera
como a una lluvia torrencial…añoró lo vivido, lo sentido, lo extraviado…describió
los motivos que hicieron que perdiera su cabeza aquella madrugada de aquel
decimo mes donde le conoció, los días consecuentes, las vagas ideas que su
cabeza desprendía y que ella escuchaba con gran cuidado siempre con el
enunciado elocuente o la sonrisa sincera o el gesto de asombro…Se llevó consigo
tan solo una flor para acordarse de lo que había vivido, si fuese un sueño,
esta jamás existiría, si fuese realidad, estaría presente…algo de color en su
vida serviría…y se perdió tras esa infinidad de paraguas que iban cerrándose
para abrirle paso al firmamento…sintió una indescriptible sensación mezclada de
sentimientos cual trago irreverente en un bar sabiendo que el liquido va
directo al corazón…le dolía el cuerpo, el sonido de los autos le agudizaba el
oído, ocupaba de nuevo adentrarse en su hábitat y dejar sus alas rotas
recuperarse, la puerta rojiza continuaba en su mente, pero sobre todo, no podía
olvidarse lo que había detrás de ese pedazo de madera, un museo de la vida,
objetos de colección de alguien que amaba, extensiones de su ser en aquello tan
material, aroma que impregno de nuevo en todo su ser…era un ladrón se dijo, un
vil ratero que se robaba corazones, que dejo que al miedo ganar…y hoy se había
introducido a un nuevo robo…el de los tontos, que no se llevan nada cuando lo
quieren todo, que dejan huellas cuando debieron usar guantes…y así
durmió…viendo hacia el techo evocando, describiendo, soñando, tocando, hablando
en voz baja…como cuando se le habla al amor. Otro atardecer, otra historia por
contar, otro mundo al que acudir…el Ladrón despertó en medio de un extraña
calma, displicente pero sonriente, con los cabellos desaliñados y el hambre que
le devoraba el estomago…se ducho, se quito los vellos del rostro, arreglo la
casa y encontró su mejor sonrisa ante el espejo, listo, y con esos pensamientos
desencadenados en sentimientos, salió
rumbo a ese departamento cuya puerta rojiza ocultaba todo, compro flores
y llevo un disco bajo el brazo…el Sol duro hasta que no pudo mas, quería ver su
llegada, esos golpes en la puerta, que se dejaran caer en ese balcón mientras
se besaban…pero ahí no había mas nada…no había jardín, en su lugar…un enorme
letrero de Se Renta…era lo único que el balcón ofrecía…un escalofrío atravesó
su espalda, un golpe de realidad directo a la mandíbula, dejo la flor en
aquella puerta rojiza y aventó el Disco compacto…no le servían mas, golpeó la
puerta como se golpea al olvido y a la perdida…sin rumbo fijo con la mirada
perdida y desesperada sintió la ausencia como un traje que le quedaba a la
medida, el Sol tenía razón, vivía de fantasías…La Luna no, ella vivía de
realidades, efímeras y honestas…Por un momento pensó que hubiese sido un sueño,
un mal sueño nacido de sus pensamientos, de la lógica hecha ilógica, de la
valentía de un miedo singular…el ladrón comenzó a temblar y sentado en la
fuente cuyos chorros bañaban el aire comió sus uñas, las devoro como se devora
las enfermedades al cuerpo…los colores se habían marchado de la ciudad, las iglesias,
las plazas y la ropa de sus habitantes vestían de gris, de pronto, del otro
lado de la acera…el ave de las alas rojas estaba posado sobre ese café…el ladrón
de la intuición que solo se tiene cuando robas, busco con la mirada, ese aroma
tan familiar, esa llamada de alma por encontrarse con quien te roba el
aliento…reconoció sus pisadas aun en esa noche olvidada por los colores…en
medio de tanto gris, sus zapatos rojos brillaban a través de la calle de esa
ciudad congelada en el tiempo…los ojos de los transeúntes no lo podían creer,
desafiaba al mundo, a sus reglas y esos mitos donde no es bueno ser
diferente…pero ella había tomado una decisión…su maleta roja como el color del
corazón, como el de la sangre, como el de los valientes…hermosa, inalcanzable,
indescriptible…un color entre tanto gris, un brillo entre tanta negrura…el ladrón
le saludó, pero ella no le veía, gritó fuerte, pero ella no escuchaba, fue tras
ella, pero ella ya había dado la vuelta y se perdió en el callejón…había
perdido el su color y ella no veía más su figura…tanto robo para quedarse sin
lo que más quería sentir con sus manos…los zapatos rojos subieron la escalera,
la portadora encontró la flor, abrió con cuidado pero impaciente, levantó el
disco compacto con manos temblorosas…tomo lo poco que hacía falta y lo metió en
la maleta, pero esta cayó al suelo derramando todo lo que había en ella como
las lagrimas caen al suelo…la pared blanca manchada de esa tinta que solo un ladrón
podría escribir…”eres mis lagrimas, mi historia incompleta, un cautivo de
nuestro mundo, añoro con nostalgia tu recuerdo, tu sinceridad, esa sonrisa que
me hiere el alma, la luz, la Luna…todo me sabe a ti, incluso el aire, las
pisadas, las pesadillas del otro lado de la puerta, espero y desespero, añoro y
no avanzo, me pierdo en la oscuridad de la ausencia, en la puerta del destino,
en las llaves extraviadas de nuestra historia…cuantos capítulos inconclusos que
la vida se encargara de llenar por ambos para entender que la realidad es una
fuerza motriz tan fuerte que rompe cualquier fantasía..Te lo dejo todo…la
sangre, la luz, las noches de insomnio, la tristeza de los martes, el vacio
de sus domingos, las tardes rojizas y
las mañanas naranjas, la lluvia, los besos al dormir, los abrazos al despertar,
el amor al desayunar…las fotos, las frases marcadas en amarillos en los releído
libros. Te dejo mis pensamientos, lo que jamás aceptaste, lo que te enamoraste,
cómelo, devóralo, o arrójalo a los perros…o al abismo del olvido como se
arrojan las cenizas al mar. Te dejo todo, la ciudad, los colores, las poesías,
los tragos amargos, las sonrisas, las alegrías, el cielo estrellado al que
veíamos…las cartas, los cuadros…la parte que me llevé.” Del balcón ella se
asomo a la calle, recorrió el rostro de todos, pero entre tanto gris no
encontró al ladrón…solo hallo a un ave de alas rojas posando en aquella fuente
del Mundo de Morfeo.”
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