miércoles, 10 de diciembre de 2014

El Ladrón de Atardeceres

“En las azoteas del edificio se escuchan pasos…un ruido que apenas se percibe entre tanto ruido, pero que suele ser común siempre a esta hora…no en días consecutivos pero si de forma recurrente…Hace viento y este silba haciendo más disfrutable la tarde…como le encantan estos meses, donde el calor finalmente se ha marchado y los vientos y el clima han mutado para darle paso al invierno…viste bufanda roja y lentes cuadrados…su figura apenas perceptible difiere con las estructuras de metal, botas de trabajo y barba perdida entre sus labios…porta su arma más fuerte y su amiga más leal, esa que con un clic le hace el día…ve la hora mientras encuentra un lugar adecuado, está preparado, escucha al viento y a la ciudad…El Sol se ocultaba tras esos edificios góticos de tonos grises bañándolos con un tono rojizo que se diluía a medida que el atardecer se convertía en cosa del pasado y una anecdotario mas en él, el que siempre luchaba por aferrarse a ese rito urbano y personal…cierra los ojos y entonces…los abre…frente a él, se cierne un atardecer espectacular…el ladrón de atardeceres fotografía cada instante de esos cinco minutos que dura…el cielo que se tiñe de rojo con amarillo dejando al azul un poco al fondo…majestuoso espectáculo que siempre adoró desde adolescente…le gustaba como el Sol bajaba para dejarle paso a la Luna, como destruía los colores para crear otros y las nubes que eran parte de su paisaje…luchaba por abrazar su esencia, su particularidad ¿Por qué lo atardeceres? Aún no lo sabía pero desde unos años hacia acá comenzó esa inquietud por verlos, admirarlos y porque no, también retratarlos. Siempre que podía los retrataba, ya sea en ese edificio o en otro…robar atardeceres era un delito entre los hombres de corazones rotos…pero quería alimentarse de la energía que estos proyectaban…así descendió por las escaleras para terminar su jornada laboral e irse a casa…apenas llegó, dejó su maletín y se encaminó al cuarto de revelado improvisado que tenía en el sótano…fichajes de películas, libros olvidados y cientos de fotos por todos lados…le gustaba revelar las fotos, el proceso que se llevaba lo tomaba con mucha calma y un poco de ansiedad como los niños esperando por los dulces…espero el tiempo necesario mientras veía las estrellas por la ventana…y entonces apareció…en los atardeceres de la semana…una de las fotos incluía un invitado especial…un ave de alas rojizas como el fuego justo frente al lente…como si supiera donde volar y hacia donde voltear…le pareció conocerla de algún lado, su psique le estaba jugando una broma de mal gusto pero no, si era, tal vez no la misma, pero si una de su especie o tal vez si aquella que acompañaba las tardes de aquel mundo que fue destruido hace años…tuvo que salir de ahí, ver de nuevo la foto y luego sentarse…apenas durmió y lo poco que alcanzo a cerrar los ojos…la escena aparecía una y otra vez…de pronto un vacío se apareció en su corazón atravesó su pecho anidándose ahí cual raíces de árbol. No distinguía si era nostalgia, cariño desprendido o enfermedad, pero dolía, una daga que entra en segundos que duran horas…entonces comprendió, sin tomar aire o pensarlo, sus manos estaban en el teléfono, pero adonde llamar, donde encontrar…solo sabía que debía encontrarse con ella, abrazarle, decirle lo dicho y lo que quedo por decir…pero temía, porque adentrarse en el ayer implica muchos factores y encontrarse con esos caminos truncados o terminados dejados atrás, recoger de nuevo las pistas que no supiste descifrar y los momentos que quisieras repetir pero los años han pasado ya. Sin embargo, este repentino vacío anidando en él, lo llevó a implementar aquella búsqueda apareció ante él, la silueta de ella caminando hacia él enfundada en su vestido negro y tacones verdes adornada con un delgado collar…y esas torneadas piernas…pero sobre todo los ojos que el tanto admiraba…cuanto amor había en esos ojos, cuanta pasión en sus labios rojos…y que decir de sus manos que tanto le gustaba tomar con las suyas para besárselas cada vez que podía…maldita ave se dijo a si mismo hurgando entre el refrigerador por una copa de vino,  parecía que el proyector de su vida había encendido por si solo y ahora proyectaba en las paredes de la casa, en la copa de vino, en el frío piso y en su pecho…recordó la frase: “busca quien te quiera más que tú a ella, así sufrirás menos” pero desde que se conocieron él borró la frase del corazón y se perdió como se pierden los niños en el bosque…cayó como caen los árboles al ser talados…voló sobre cielos azules, lluvias pertinaces y fríos inviernos…así era la manera en que había decidido amar…a todo o a nada…y ahora años después en que su espíritu adolescente había sido exorcizado y solo había quedado el joven, el adulto…el de los hechos, de los planes trazados, de la moralidad y la tolerancia, aquel de horarios de trabajo y de horarios de amor…¿Dónde estaría ella? Su silueta rompiendo corazones, de seguro volando sobre cielos opuestos a él, tendría hijos, esposo, trabajo demandante e historias demasiado bien vividas si es que ese término existiese…pero los días siguientes en que el ave aparecía cuando cerraba los ojos y los sueños terminaban por repetirse…se ausentaba del mundo para entrar en el de los supuestos…le gustó evocarse en aquellos días lejanos ya en su memoria pero no en la historia…tantos colores por conocer que hoy ni siquiera imagina…ha crecido y la forma de querer dentro de él ha mutado como un árbol cuyas raíces se han extendido a lo largo de un parque olvidado…no podía solo olvidarse de ello, aquella ave había contribuido a su ser y le decía que tendría que darse una vuelta por los lugares donde amó la vida…se le iba el apetito y las canciones se le olvidaban, lo único que permanecía eran los atardeceres que robaba, pero incluso ellos le empujaban por la resbaladilla de la nostalgia...enfundado en gabardina oscura y sombrero gris anduvo de tren en tren hasta bajar en la estación pactada…una calle desolada, vieja y polvorosa le recibió con las casas abandonadas y perdidas en el tiempo, estancada en la década anterior o quizás aun más…ataviadas en flores marchitas, jardines muertos y ventanas cerradas…¿Dónde había quedado la vida? ¿Los hijos de los padres y sus hijos? Parecía que la colonia había muerto y todo mundo había huido…ahí se encontró con la casa donde fue tantas veces a verle, el gran porche y desde donde sentados apreciaban las estrellas y tomaban sus manos para jugar con ellas…recorriendo el camino hacia la tienda y viceversa…repleto de colores en los barandales y las fachadas, hoy todo parecía pintado de color gris quemado por el presente y el futuro…quizás ella también se fue junto con los colores, nada le detenía y siempre fue arrojada al vacío de la incertidumbre y la aventura. Abrió el barandal y dejo sus huellas en el polvoriento porche, dejando una tarjeta en el marco de la ventana y se marchó de ahí sin pista alguna para ir al siguiente lugar. Llegó y pidió la mesa de siempre mientras preguntaba por el dueño, pero nadie ahí conocía el nombre…el lugar cambió de nombre hace unos años y los dueños se retiraron…la modernidad había arrasado con todo a su paso cual huracán, no había más afiches de las películas de acción, de personajes icónicos ni de grandes escritores, …ahora estaba atiborrado de posters de deportistas, artistas pop y sugerentes imágenes…incluso hasta las lámparas eran modernas…el paso del tiempo había arrasado las raíces del café llevándose al infierno del olvido todo lo sentido, experimentado, y sufrido, las largas charlas y los debates sobre los libros leídos…tantas poesías oradas y tantas canciones tarareadas que se perdieron en los cajones del pasado…nada dura para siempre, dejo unos pesos marchándose dejando una estela de melancolía a su paso…decidió que no había nada que perder y continuó las últimas pistas hasta llegar a ese edificio de tonos grises con sus cincuenta pisos que terminaban con aquel jardín en lo alto, tomó el elevador mientras imaginaba si también ese lugar habría cambiado después lo entendió, nada permanece igual menos aún si uno ya ha cambiado…el jardín había crecido y nuevas plantas decoraban el lugar, su vitral enigmático continuaba ahí uniéndose con la luna como lo hacía con el sol, el aroma lo impregnó y abrazó su cuerpo como un niño abraza a su mamá…lágrimas aparecieron deambulando sus ojos hasta caerle un poco al sentarse en la banca roja donde una fuente pequeña le sonreía con su agua…dejo el sombrero por un lado y se acomodó el cabello…sintió pesadez en su cuerpo y en la mente, pero más que nada, sintió el corazón vacío…de pronto una mano tocó su hombro, la señora le saludo y entregó una tarjeta…un domicilio se lo dijo todo y entonces empezó a correr. El blanco edificio con la letra hospital recibió su figura…preguntó aquí y allá hasta subir al séptimo piso…un familiar abrió la puerta y tardó un segundo en ubicarlo pero le invitó a pasar. Era una habitación como todas…sin cuadros, flores, colores, solo el sonido de las maquinas conectadas…cuan vio su rostro se desmoronó como la arena en los dedos…fue directo hacia ella y le besó sus mejillas acarició su barbilla y abrazó como pudo su cuerpo…buscó una silla, y permaneció sentado ahí por muchas horas hasta que despertó al siguiente día…pidió días en el trabajo e hizo una lista de cosas que habría de hacer para que ella se sintiese mejor aun cuando decían no le escuchaba, él hizo caso omiso…y entonces empezó por llevarle el libro que ella adorada y empezó a recorrer la portada como recorría los muslos de ella, tanto dicho, tanto vivido y el único lazo entre ambos siempre fue el libro que hoy tenía entre sus manos…y así comenzó de nuevo, la historia…leía para ella acotando las voces, imitando los sonidos e intentando explicar a detalle y con un lenguaje para que ella identificase a los personajes…aunque luego entendió que ella de seguro lo recordaría en algún lugar de su mente, podría sentir como él le leía y recuperar de nuevo el conocimiento…le leyó durante las noches…aquel libro del que hablaron tanto en el café...nunca se preguntó las consecuencias de su presencia, los dimes y diretes…los recuerdos que despertaría porque todos sabemos que en una historia siempre existen dos versiones pero no quería estar lejos de ella, sentía una atracción como los imanes, como dos aves encontradas bajo un cielo perdido…el cariño y el amor volvieron a aparecer en su vida, sintió la fragilidad del existir y de los planes que siempre cambiaban para hacernos más fuertes le mataba verla ahí postrada, los familiares que le visitaban, denostaron su presencia primero y después comprendieron que es probable que ella así lo quisiese…cualquier ayuda era válida, le llevo una planta que él regalaba todos los días…en esa habitación blanca sin adornos con solo el sonido de los aparatos y el respirados hipnotizaban, bajaban las defensas y el ánimo, pero él poco a poco fue haciendo esa habitación para ella, que llevara su toque personal…introdujo posters, colores sencillos pero sobre todo trajo un mundo que ella había dejado, no sabía porque, pero aquella nota y ese dolor en el pecho aquella vez que divisó al ave le hizo un pellizco en el cuerpo como un llamado a entrar en el mundo…de vez en vez le platico un poco de su trabajo, puso un pequeño aparato de sonido para ponerle música…así su cerebro se mantendría más activo y escucharía en algún lugar de la mente…las canciones que tanto le emocionaban. Recorrió durante semanas las páginas del libro y de su historia propia mientras su sombrero gris permanecía en la habitación a veces tapando sus ojos para dormir un poco…había momentos en que se quedaba viendo el rostro de ella que tantas veces besó, que tantas veces describió y anheló…de su sonrisa que tanto extrañó…y de repente se acercaba a la pequeña ventana para divisar los edificios grises góticos presagio de noches lúgubres para que los locos salieran a divertirse y los monstruos a asustar…le platicaba la risa de los niños, los abrazos de los novios y las señoras del supermercado y esos gritos que proferían los adolescentes…contarle la vida diaria quizás ayudaría…pero no había cambios, del trabajo hablaban para preguntar por él…demacrado, ausente e insensible, el hospital drenaba sus fuerzas y aunque a veces descansaba, esa habitación fue haciéndose de dos…como compartir un atardecer…Algunos días sentía frustración y perdía la esperanza pero siempre regresaba  a él la fe que ella despertaría…y desafiaría a cualquiera que le dijera lo contrario…los familiares le imploraron que descansará un par de días, volviera a casa y durmiera bien, porque de seguro se ocuparía…y así a regañadientes fue a casa…no recuerda el momento pero sí que se derrumbó en la cama tendida y permaneció dormido por mas sueños que horas, no sabía cuantos días…finalmente el teléfono sonó cuando él se encontraba en el trabajo, había despertado y ahora preguntó por él…agradeció y dijo que iría pero dudo, que le diría, como lo tomaría, ¿Qué ocurriría? Escribió una carta para ella…un día que llovía a cantaros y que sus suspiros se encontraron con el vacío del corazón, un día que ella no lo esperaba, dejo la carta y le besó suavemente los labios y se fue de ahí mientras ella dormía…volvería a su rutina, a su vida nueva y a sus atardeceres. Ella abrió los ojos al anochecer, se estaba recuperando milagrosamente y cuando su mirada apreció la habitación, entendió pronto…entonces miró el techo, un cielo estrellado, una de sus canciones favoritas sonaba, entendió que la voz que algunas veces su subconsciente escuchaba era la de él, la carta le fue entregada y frente a ese cuadro que ahora adornaba su cuarto supo de donde venía…reconoció el atardecer al instante y pidió a la enfermera le leyese la carta en voz alta. La voz de él aparecía a través de la enfermera que leía pausado y con esmero haciendo énfasis en las palabras necesarias así como la idea que se gestaba pero sobre todo el sentimiento que en la carta permeaba, un cuento rápido, una poesía inventada y un sentir que impregnaba la hoja como un perfume al cuerpo…sus ojos le lloraron y su corazón palpitaba pero sobre todo, su mente divagaba entre recuerdos que se aparecían cual nubes en el cielo…meses después un sobre llegó al trabajo, él ladrón de atardeceres lo recibió, la estampilla lo decía todo: un ave volando sobre un atardecer…Las letras decían ¡Gracias!, agregaba hora, lugar, fecha. Vestido con su sombrero gris, cámara en mano recorrió la ciudad hasta ver el edificio justo en medio de la urbe, de 25 pisos, se le hizo eterno el tiempo en el elevador…una soledad invadía el piso, pero en la pared un letrero le indicó adonde ir y así llegó a la puerta…suspiró y la abrió…frente a él se extendía un tripie y una cámara, también una botella de champagne en una mesita junto a dos copas, de un pilar se asomó ella…como no adorarle si sus ojos eran el fuego rojo de la vida, y su sonrisa le sonrojaba el alma más aún en aquellos tacones plateados donde empezaban sus hermosas piernas apenas tapadas por ese vestido azul acompañada de sus guantes…sin mediar palabra, dejo su cámara, se acercó a la otra, la dejo en automático, besó la mejilla de ella mientras destapaba la champagne y sirvió las dos copas…se besaron cuando la cámara captó el atardecer mientras un ave de alas rojas volaba sobre el cielo. Se cuenta que los ladrones de atardeceres se les encuentra de vez en vez recorriendo las alturas sobre esos edificios góticos para acabar en el jardín del cielo mientras un ave de alas rojas vuela sobre el cielo y una mano toma la suya para ver la partida del Sol en el Mundo de Morfeo”. 



miércoles, 5 de noviembre de 2014

La Noche de las Máscaras

“A paso lento caminaba sobre las calles empedradas y oscuras, perseguido por el insomnio y la expectación, era solo un tonto en búsqueda de algo intangible en un ciudad de materialismo y capitalismo, pero él siempre había creído que había un acto, una idea, un camino donde era más que lo normal, fuera de realidad e impregnado de cuentos y libros leídos sobre noches interminables, hoy durante su andar contempló la ciudad que le caía encima como el mar sobre la arena, evocaba tristeza, nostalgia, melancolía y sus derivados todos términos aceptados por doctores. La vestimenta le ocultaba de quienes le habían juzgado, ahora era un relámpago en la noche. Aparecía de vez en vez, en días como estos con falta de optimismo y una vela de realidad, siendo inoportuno como una lluvia en un evento al aire libre, carecía de formalismo y las palabras que de él salían causaban ebullición durante las conversaciones en reuniones de intelectuales frustrados y soñadores extraviados. Era duro, mundano y visceral, jamás tenía motivo para sonreír salvo que dicha sonrisa llevará una bala de crueldad, así había subido en el área en la cual se desempeñaba, iniciado por decisión propia carente de lo que se enfrentaría pero seguro de sus pasos para dejar sus huellas marcadas sobre el piso transitado. Un enmascarado cuya identidad se hablaba a sus espaldas, el inicio de su andar no era conocido, solo irrumpió e hizo temblar las siluetas que se alzaban en la noche, era fugaz como un cometa, ojos oscuros, y un tatuaje en el cuello enigmático. Al llegar a su destino, volteó a ambos lados, introdujo la llave y descendió un par de pisos bajo esa casucha que nunca se vendió desde esa madrugada de la cual todos en la ciudad hablaban…una mansión invendible, un secreto por todos conocidos, pero nadie sabía que bajo esos ladrillos incoloros, se hallaba una puerta con un código, introdujo la llave plateada e ingresó mientras encendía la lámpara con un cerillo…cientos de libros apilados se extendían a través del lugar, todos portaban máscaras, de diferentes tipos y colores, ninguno igual a otro, ninguno se conocía, salvo por las voces o la expresión de sus ojos…una idea no necesita un rostro, solo una máscara, como el amor o la pasión, la escritura o un enunciad, solo ocupa de unos ojos que se vean frente al otro…música clásica combinada con gritos ahogados del rock que evocaban épocas pasadas…cuanta oscuridad, pero cuanta luz en las paredes…las letras eran su furia inagotable para decirle al mundo lo que ellos olvidaron…un revolucionario en aras de conquistarse a sí mismo, y a un pueblo desvariado…bebió del vino espumoso, se sentó sobre la mesa que albergaba más de 30 sillas, encima de ellos un candelabro enorme, del techo pintado de viejos poemas e historias perdidas…aquí la calma era su aire, las letras una buena compañía…entraban y salían aquellos portadores de llaves plateadas, las cuales eran entregadas de diferente manera en ritos suburbanos…corría el vino, la música, las conversaciones, era una fiesta sin etiqueta de serlo, era unas discusiones evocadas en la antigua Grecia.
Ella caminaba fuerte pero a paso tranquilo, sin correr, sin arrastrarse, como si conociese cada piedra en cada calle, de mirada era fuerte e intimidante como el Sol que eclipsa a su paso provocando un insoportable e inestable caminar de los que le rodean cuyos cuerpos se separaban para dejarla tal como el agua del mar rojo…te rompería en dos hablándote con desdén y miraría a otro lado cuando le intentas mirar sus ojos…ella es la que te mira y no al revés. Hermosa como una Luna llena, como el vuelo de la mariposa o el vino cayendo sobre la copa. Vestía tacones altos más negros que la noche con un moño plateado, de labios rojos y ojos verdes como luciérnagas, caminaba en ese vestido oscuro que no dejaba lugar a la imaginación realzando su figura, sobra decir que la belleza se había asentado en ella y describirla sería darle de nuevo, esa adoración que solo las Diosas merecen. Alrededor de su cuello una mascada plata con aves negras…escondiendo el tatuaje por el cual cualquier persona emitiría juicio, sin embargo, ella ya no tenía más que ocultar, ahora la usaba con orgullo pues cualquier que le conociese siempre notaba ese detalle…artística, expresiva y metódica, así era ella, sin medias tintas o todo era de un color o era de otro, no había gris en su vida y como iba a tener gris esa sonrisa que podría enamorarte…como Afrodita. Su estela dejaba perplejo a más de uno, sin embargo, ella veía más allá, su búsqueda era una manera de escapar y encontrarse, de ser ella antes de volver a ser ella, esa que fue, esa que fue herida, esa que fue despreciada y evitada, pero quien no ama, no es amado, y quien ama siempre se expone a cualquier resultado…bienaventurados quienes aman de nuevo…para ella las letras lo eran todo o casi todo, una extensión de su ser que se expandía en periódicos, publicaciones, revistas y sopa de letras, incluso en su cuerpo las letras permanecían ofreciendo el mensaje al mundo para que este fuese un poco diferente, tuviese un poco de color, sonriera un poco mas y pensará mas allá de cualquier circunstancia…valentía u osadía era una de sus palabras favoritas. Un día se fue de la ciudad porque la historia necesitaba reinventarse y desde hace tiempo había vuelto con otra perspectiva, otra sensación, incluso el aire le supo mejor ahora que tenía menos miedo por no decir que lo había vencido. Ignoró todas las miradas así como los chiflidos y las sonrisas fingidas de quien se cruzaba en el camino hasta que se encontró con la mansión, y así con una llave plateada y su antifaz se perdió tras esa puerta. En una noche donde la Luna esta más cerca que nunca brillante y hermosa…La Noche de las Máscaras se llevó a cabo, parte de un ritual secreto entre los invitados en la gran mesa, brindaron por la vida, el amor, la poesía y la prosa…por el mañana, y por el ayer, de sus misiones y sueños…objetivos trazados para alimentar al mundo y sus habitantes mediante la música que cruzaba con sus notas el sótano, del techo las pinturas parecían cantar y en la mesa, departían y compartían en partes iguales, ahí no había jerarquías, no había un yo ni un nosotros, pero si era una noche para recordar, ya que hoy las mascaras se perdían y se quemaban frente a la gran fogata, dejando en ella todo lo viejo y renovarse de nuevo, mostrarse tal cual y luego cambiarse de máscara…reflejar en ese fuego su historia y los caminos entretejidos para seguir adelante y así…hacerse de relaciones empresariales, eróticas, amistosas, etc. El Gong fue golpeado y su sonido recorrió el sótano mientras la gran fogata se encendía en un fuego azul, La Noche de las Máscaras entraba en el punto álgido, muchos eran renuentes a quitársela pero así eran las reglas y aquí todo se echaba a perder si se rompía…el segundo golpe al Gong fue suficiente, todos se removieron sus máscaras y las arrojaron al fuego…la llama se alzó rumbo al pasado, reclamando los recuerdos y las experiencias para darle paso a la nueva piel…frente a frente, los osados se vieron sus rostros por vez primera…lo que a esos dos les ocurrió fue un relámpago que partió la fogata en dos, una luz de un matiz que solo los enamorados entienden…una gota de sangre que hacía arder el cuerpo…lo que todos percibieron era una pintura hecha del infierno para el cielo, él lo supo al instante y por ello lo advirtió cuando dio vuelta a la hoguera para encontrársela de frente…tomó su rostro, empapándose de su aroma y sus labios…se acercó tanto que ella le mordió el labio…un segundo, una mirada, y esos dos habrían de hacerse pedazos la vida en aras de amarse sin objeciones ni ilusiones, y entonces se escuchó aquel sonido del Gong que daba por terminada La Noche de las Máscaras. Escaparon del mundo y de ellos mismos en la habitación sin número, en un hotel sin nombre…bailaron desnudos sobre la cama y sobre las llamas del fuego azul, fuertes, altivos, osados, amantes sin prejuicio…ambos desaparecieron al amanecer sin palabra alguna…pero los dos reconocieron ese sentir que embriaga sus venas, el amor y el miedo a ser quien lo dijera…todo es control y poder, aunque el deseo ya fuese otro, ninguno dijo nada y así, se marcharon. Días después la osada de la mascada se encontró con un sobre en su oficina…Sin remitente solo un dibujo que reconoció al instante, que cosa más extraña, pero sintió temor y ansiedad, ilusión y ganas de abrirla de inmediato, ya no usaba máscara se dijo y rompió el sobre…la nota decía: “Decir en una hoja cuesta tanto que parece muy poco expresarlo de tal manera que el corazón descanse al liberarse y sentirse pleno para poder palpitar regularmente…¿Qué ha ocurrido con la vida? Aún se practica el miedo, aun se abusa del placer, y después extravían los deseos bajo la oscuridad de la rutina…cuanto miedo a los cambios, cuanto dicho sin sentir, y a veces aparecen esas lágrimas que solo encuentran el silencio al otro lado de la línea…creo que el karma nos está alcanzando haciéndonos pagar con libertad y soledad los domingos sin compañía alguna, el sexo sin amor, la pasión olvidada, el padecimiento ha vuelto, una fugacidad, un expresionismo pinta el cielo de estrellas robando corazones antes que el nuestro sea robado ¿es miedo? ¿Es dolor? ¿Es falta de humor? Empiezo a entender que vivimos diciendo tanto que falta sentir, los ciclos deben cerrarse aunque con ello conlleve perderse de unos ojos que roben el sueño y unas curvas que te quiten el aliento, de generar sonrisas y recibir abrazos falsos, solo La Máscara nos protege, ya nadie entiende el romanticismo menos los detalles…la prisa, el desdén, la hipocresía y la pérdida de los sentidos nos han llevado aquí…maldita realidad amorosa, malditas peticiones para uno sentirse querido…cuanto amor desperdiciado en juegos de seducción interminables…cuantos sueños guardados en cajones de realidades fugaces…lo he disfrutado, lo disfruto aunque si lo llegará a olvidar, tal vez un día miraría el sol con otros ojos y alcanzaría la noche en otra postura…decir en una hoja es tan poco para describir la vida de los años pasados y tanto para reescribirlo y borrar, o tacharlo y así, remarcar lo bueno sobre lo malo…lo grandioso debe ser la vida diaria y la máscara ayuda…las llamadas perdidas, los mensajes olvidados pasando por esas conversaciones en monosílabos donde jugamos a acompañarnos sin ser vistos…a entendernos sin darnos un abrazo, a decirnos te extraño sin un beso, o a aconsejar sin dar el ejemplo…cuanta obviedad en detalles sin sentido, como cuando el cielo se nubla y se piensa si lloverá…una hoja en blanco siempre es una invitación a decir lo que se calla aun con la boca cerrada y la mano sosteniendo una pluma. Una máscara sirve aunque hoy ya no quiera usarla más…Aquí te dejo esta hoja en blanco, para que escribamos sobre ella. Ve a la ventana”. Parado sobre el puente, estaba él, sin máscara, así tal cual, como un loco más. Esperó durante una hora cuando la puerta del edificio se abrió, así con los tacones en la mano y la mascada plateada de aves negras…los osados se besaron y escribieron en la hoja en blanco en el Mundo de Morfeo”.


martes, 9 de septiembre de 2014

El Pintor

“La fugacidad con la que las estrellas aparecían sobre esos cielos regularmente nublados, siempre le impactaba, hoy la excepción era que ni siquiera ellas escuchaban sus palabras, menos aun sus pinceles…lo noto, la pizarra continuaba en blanco después de muchas horas…sin camisa, descalzo y en el fondo, la bocina emitía una triste canción tan repetida en la vida de los hombres, un clásico que englobaba los sentimientos de quienes la escuchaban. Decenas de cuadros en su estudio, pequeño y no muy vistoso, cuando lo eligió, no fue al azar si no en búsqueda de libertad, sin bullicio al trabajar y sobre todo, la vista de la ciudad, un panorama eterno de matices de los que jamás se enfadaría, ahí, se dijo, podría hablar de su vida en simples y llanas pinturas, explicarse ante sí mismo los vaivenes de sus sentimientos y emociones, caminante de un mundo que se estaba quedando atrás ante las novedades arribadas cada día con más prisa. Eso pensaba, vivimos muy a prisa, corremos, queremos volar, acumular todas las experiencias en una sola noche, en una semana confundimos el momento de paz con la nada y ya estamos en el siguiente paso…acumular cosas, experimentar, sentir, tener, llenarnos la mente de objetivos y correr por ellos, así el camino deja de disfrutarse. Quedaban 4 hojas, solo cuatro, se fijó en el estudio, colores, colores, botellas y botellas, y huellas de tantas pinturas y noches desafiando al insomnio y de repente, ocurría…aquel enunciado era tan hablado como que el Sol apareciese cada mañana…un patrón repetido, una historia ya conocida, una versión actualizada, pero siempre había algo mas…un hecho, un pensamiento y ahí el comenzaba a partirse en dos…repasando, recordando, tomando decisiones y metiéndose en su conciencia que había hecho todo lo que había podido, era su culpa, pero no las consecuencias, ellas eran parte de…y lo sabía, a la vida no se le piden explicaciones, no las da, a la vida se le enfrenta, se le desafía incitándole aunque te aplaste, sigue adelante…cuanto hemos cambiado se repetía, mientras su tabla se llenaba de pinturas abstractas e irreconocibles que quería decir…el insomnio lo activaba y destruía, él aterrorizado, se perdía en los colores y sus matices, soñó con formas de expresión, de tontos destruyendo, del mundo destruyendo a los tontos, buscó la botella más cercana y bebió un largo sorbo para destruir su pasado, la idea se le atravesó como el liquido en la garganta, darle una sepultura adecuada mientras aun la estrellas permanecían en el cielo, se le cruzó la imagen cual auto en la carretera, a punto de ser atropellado por el corazón que manejaba desbocado al encuentro con quien mejor latía. El Pintor, recorrió el estudio temeroso pero con arrojo, fuerte con ojos débiles, desafiándose a sí mismo, porque siempre lo entendió, si buscaba podría encontrar palabras, pinturas, material, ese tipo de cosas en las que quedan la huellas de lo que fuese lo sentido en su momento, como una vieja película, un libro encantado, una experiencia inolvidable…Removió aquí y allá, quitó fotos, pinturas, colores, botellas, botes, ropa manchada, libros, y por ahí entre tanto polvo, le vio…brillaba con una tonalidad de baja intensidad, como un sueño en una noche de pesadillas, un color que solo su corazón conocía, de pronto, sintió un escalofrío, una corriente de aire cálido recorrer el estudio, en el cielo las estrellas comenzaron a irse, como si su naturaleza les hubiese advertido de la oscuridad que se apoderaba del corazón del Pintor…la foto no era muy grande pero si muy clara, se alzaba sobre sí misma, flotando en el rincón de los malqueridos, que llegaron ahí después que el corazón sangró pero no lo suficiente…¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Cuántas exposiciones había realizado durante la ausencia? No lo sabía ya, después de tantos cuadros, tantos momentos abrazado a los colores, ya no era tan importante, lo que importaba era lo que se hiciese hoy, esta noche…notó la mirada yéndose al fondo de la foto, a tomar nota de los detalles, percibir lo que decían los ojos color miel que le miraban como el hombre a su sombra…quería entender su postura, las mejillas, las pestañas, las cejas, la expresión del rostro que le intimidaba, adorador del mismo como se adora a las reinas…y se percató de ello…él era esclavo de ella, amante de los besos y caricias que ella le regalaba, enamorado de su color que invadía todo su ser…El Pintor recolectó la foto, fue por la pizarra y comenzó a pintar en las 4 hojas restantes, etapas se dijo a sí mismo, mientras abría la nueva botella y las estrellas se iban para darle paso a las nubes grises, esas que destruían los colores…dedicó la noche…la madrugada, pincelazos que hilaban una historia, una reflexión, un sentido, una perdida…no le importaba hacerse entender, quería hacerse sentir, reflejar aunque fuese un poco lo que todo le decía, por primera vez no ocultó nada…ni lo malo, ni lo que dolía, porque todos sabemos que uno siempre teme enfrentar aquello que nos hace daño, sumergirnos en las fauces del dolor aunque emocional cuesta trabajo, fuerza y decisión decir no mas, suficiente…así, describió, reescribió, argumentó, expresó…al terminar se asomó afuera, con aquella vista que tanto le gustaba, recibió al amanecer, se recargó en la pared removiendo los colores pintados sobre el torso y cual ovillo se desencantó al mundo de los sueños, fatigado y con ojos rojizos cayó dormido…el calor y la sed lo levantaron, busco una camisa, se llevó las hojas aventurándose por la ciudad hasta llegar a la galería, el encargado le ofreció café invitándole a sentarse para escucharlo percatándose de su pinta sabía que debía escuchar antes que hablar y entonces el Pintor empezó por contarle el resumen de su noche y solicitó que las pinturas fuesen expuestas solo en cierta fecha…su petición llevaba la fuerza de quien quiere decir algo, el encargado accedió. Vestido de camisa a cuadros y saco cual profesor universitario salvo por esas marcas en su rostro, el Pintor deambuló por la galería en silencio, expectante, con un rostro adusto saludo a las personas que se encontró, las manos siempre en el bolsillo, recorrió la galería hasta llegar donde estaba su obra. En medio de todas las pinturas, se encontró con esas 4 que engalanaban la exposición, una tras otra como él lo había pedido el titulo aparecía con letras negras en un fondo blanco acompañado de una breve biografía del autor, cuanto odiaba eso murmuró, decir quien se es, para saber quién es. Obtuvo su recompensa, pero esa era la primera parte. La segunda había empezado cuando una hermosa mujer con su pelo largo y sus ojos color miel fugaces como la vida misma entraron por la puerta, dejó el paraguas en la entrada, se acomodó sus cabellos y de su chaqueta tomó una nota y se la ofreció al encargado quien le señaló el pasillo…dejo el abrigo mientras su figura resaltaba en ese vestido azul cual mar caudaloso, robaba miradas y creaba fantasías, solo una persona en toda la galería entendía su mirada…la debilidad de cualquier corazón roto. El tiempo se detuvo mientras ella recorría el lugar mordiendo sus labios rojos que llevaban el cielo en su sabor, bella, frágil, efímera, eterna. El Pintor le seguía en silencio aun con las manos en los bolsillos que le sudaban terriblemente, le vio llegar y detenerse ante su obra, la obra por ella, la obra de ella, las manos hechas pinceles, el corazón hecho pintura, el alma hecha despedida. Todos miraban con la expectativa de verle sonreír, enojarse, reír, llorar, gritar…pero en esos labios había silencio, y de sus ojos color miel había ausencia y orgullo, se acercó a las pinturas suspirando profundamente al estar cerca de ella como se está del corazón mismo, cerró los ojos brotando y rodando por esas hermosas mejillas una lagrima cuyo origen llevaba el del amor perdido, malquerido, bienaventurado…de tonos colorados se llenó su rostro a punto de perder el piso cuando una mano tomó la suya. El Pintor acarició su mano besándosela mientras le decía el hola más frágil y fuerte que tenía, ella le abrazó con todo su ser dejando que el mundo desapareciese y solo quedasen ellos dos, el corazón le brincaba del pecho y las lagrimas arruinaban el maquillaje, comenzó a besarle las mejillas y el Pintor nunca le soltó la mano, le acompaño afuera, recolectó su abrigo y pidió un taxi. Le abrió las puertas del estudio…sin mediar palabra, le besó una y otra vez, llevándose de esos labios rojos algo más que el color, arrojándose al suelo alimentándose de uno y del otro se llenaron de los colores, pintándose los cuerpos desnudos como se pintan los labios de los besos y las caricias, bajo ese calor presas del atardecer y de una pasión desmedida, unieron sus figuras como los colores se mezclan en el cielo o en el infierno, como el mar choca con la arena y la luna con el sol, bajo la mirada de todos los cuadros cuyos ojos les miraban…cayeron en un profundo sueño. Ella despertó al sentir la brisa del viento recorrer el estudio, le buscó pero no le hallo, tomó la sabana con la que él le había tapado, a un lado un café listo para probarse, tomó un sorbo mientras recorría descalza por el estudio, apreciando los cuadros y las botellas en el suelo, le gustó el lugar y sintió como si lo conociese desde hacía tiempo, ¿Dónde estaría? Y se asomó al balcón para admirar la vista…que hermosa dijo, jamás se cansaría de ella, vio la tabla de pintar tapada, pero su curiosidad podía mas, y sin pensarle mucho, removió el papel que la cubría…y su corazón se detuvo. La Pintura era de ella desnuda dormida en el suelo del estudio bajo una noche repleta de estrellas, su figura enigmática se alzaba sobre la pintura, sin palabras tomó la rosa que él había dejado en la pizarra sintiendo el aroma de la flor y su significado, espero por mucho tiempo y decidió llevarse el cuadro a casa al ver que la noche pronto se haría madrugada…la mañana siguiente busco donde colgar el cuadro, un lugar que le gustase y que el pudiese ver…¿sería igual que antes? Se preguntó… ¿sabrá algo de mi vida? ¿Dónde quedo el pasado, el futuro, y más aun el presente? Ella sonrió amaba la incertidumbre hasta que se dio cuenta, detrás de la pintura vio letras, palabras, enunciados: “Rodar, mantenerse en movimiento y ser eso que ya eres tú, otra persona, renaciendo en esa nueva piel para callar bocas y demostrar que trascendiste mas allá del dolor y el amor, que la vida no se detiene y hoy eres mejor que antes…tal vez has encontrado tu lugar en el mundo, apartados nos vemos mejor, más si todo fue quemado y barrido del recuerdo…el amor no es olvidable como tampoco lo es lo vivido, lo siento pero así es…y de pronto nos encontraremos en aceras diferentes, en una misma calle, en la ciudad de colores y lunas rojas, no te preocupes, la historia hará su parte como ya lo hace a cada día con la ciudad y las personas…se mecen los arboles, el Sol ha traído su nostalgia, su gusto, la ilusión…la poesía rota, de seguro te preguntaras a qué va esto…pero no es importante…Jamás lo sabrás, jamás lo leerás…vive lo que desees, aplasta a tus demonios y adora a tus ángeles que del pasado me encargo yo…adora el cielo, la lluvia, las estaciones del tiempo, los abrazos y los besos…sueña, continua escalando en tu carrera, sonríe, recuerda donde amaste la vida y donde la vida cambió para siempre, ve hacia adelante que del pasado me encargo yo, te libero de mi y de todo lo que soy para ti, recuerda quien eres y hacia dónde vas que ni el cielo será un límite, me llevo tus besos y los que te di, me llevo todo para que tu sigas recorriendo el mundo” El Incendio quemó el estudio y el humo se elevó al cielo mientras una mujer quería entrar a la fuerza, solo quedo esta foto dijo el bombero, ¿es usted? Pero ella no contestó, la tomó y se marchó…Del otro lado de la acera el Pintor le dijo adiós mientras el Mundo de Morfeo se llenaba de colores bajo ese atardecer rojizo.”

martes, 12 de agosto de 2014

La Perdida de los Colores

“Fue una noche igual a la primera que recuerda y a la segunda que quiere olvidar…igual a la de hoy, tan repetitiva y singular…con nubes bailando en el cielo vestidas de traje gris oscuro, y, una humedad tan tangible como el abrazo del olvido…Ese pensamiento convertido en sensación ya había pasado por su corazón, por sus manos hasta llegar a su cabeza…no podía decir, cuando ocurrió…en que instante su mente divagó, y como el corazón aceleró el puso cual carro de carreras confundiendo hasta el día y la hora y fue ahí…que perdió todo…incluso hasta la sonrisa,  sintió el desgarre en la garganta perdiendo el sentido de la respiración, como se cierran las puertas del desamor y de la vida que quieres dejar atrás…aun había cosas por decir, caminos que cerrar, para liberar la opresión en el pecho…pero el orgullo podía mas, prefería ahogarse, sufrir de esos espasmos o aquellos momentos donde las lagrimas se asomaban producto de aquellos ojos rojos...Es otra noche en la jungla, en un mundo o en el otro…disfruta, ama, abraza, quiere…por que no hay otra vida, se lo repetía una y otra vez mientras se derrumbaba desde adentro como cualquier antiguo edificio mal hecho o presa del tiempo…Objeto, presa, por mano propia…había sido contagiado por ese mal llamado depresión, síntomas le sobraban, situaciones que aparecían extrañamente…o comúnmente, cuando el sueño se repetía y el alcohol llegaba a sus venas como el rio a la tierra. Añoro la sobriedad temeroso, como cuando esperas la lluvia escuchando los truenos en el cielo… ¿Quién inventó la lluvia? ¿Quién alimento sus gotas de depresión y nostalgia? Añoro la sobriedad mientras volvía de nuevo a posar los labios en la botella como se posaban sobre ella cuando se amaban…cuan cambiante es la vida, cuan común son sus ideas y sus pasajes, cuan diferente sabían las mañanas desde hace tiempo…sufre dolor en las manos con los dedos que se arrugan de tanto lavarse las manos y morderse las uñas…fue noble y enamorado por muchos años, era quien describía el amor con tanta pasión que muchos terminaron al igual que el temerosos de el cómo abrazarse del Sol…su color era fuerte, permeaba en la gente, llenaba los espacios y los jardines…sonreía mucho y reía otro tanto como los niños que empiezan a descubrir lo divertido que suele ser la vida y el mundo al que llegamos. Amistoso, comprensivo, de buen humor…eran credenciales que llegaban a ser mencionadas al momento de describirlo…creía en los ideales que fomentaban la igualdad y luchaba porque la justicia fue emitida…poseía el don del carisma o de gente que a menudo aparece en las personas buenas y su color llenaba las salas…hoy nadie que le conoce podría decir lo mismo de su persona menos de sus actos, se jactarían de desconocerlo y seria arrojado a las fauces de las carcajadas…porque nadie entendería la vida de él y menos si estaba llevaba color…los amigos que hoy conocen sus formas son amantes como el…fugaces, adictos, honestos…incoloro, así era su vida, había quemado todos los colores durante ese año fatal, de mal augurio había dicho, sus ojos solo veían un mundo carente de ello, ni los colores primarios menos los secundarios habían en sus noches o en sus días, la vista le daba igual, comenzó a preguntarse si siempre fue así, a medida que los meses y luego los años no sabía con exactitud si los colores existieron o fue uno de esos sueños cercanos a la realidad…entonces decidió salir a buscarlos…la historia decía que sus ojos perdieron su brillo, aquella noche de lluvia y nubes grises…el color se fue y quedo la oscuridad centelleante en sus ojos, borracho, melancólico acompañado de esa libreta y su pluma…se dejo llevar, poesía, prosa, versos, reclamos, mentadas y besos que jamás ocurrieron…ahí le soltó todo al universo, quería jugar del lado de los rudos, de los desalmados, de los trágicos y fue donde la oscuridad se adueño de los días…cada mañana salía de casa, portando esa mascara que mando a hacerse para compaginar con el mundo, pasar inadvertido ser como los demás y mezclarse entre ellos, ser común siendo un numero mas, un rostro similar pero se olvidaba de algo, si algo nos distingue es que somos únicos e irrepetibles…tal vez fue siempre así…un ave de dos alas, un doble cara, un loco y tonto, o tonto y loco…la caída podría ser fatal, pero ya nada mas importaba…en un mundo incoloro, lo único que importa es caer tan profundo como se pueda…días enteros aquí, en el mismo lugar…lúgubre casa infestada de botellas vacías, llenas, música alta y repetitiva y esas paredes repletas de frases, pinturas, ojos perdidos…inmundo, apestada a corazón roto y a energía desperdiciada…quien entraba de fuera, correría el riesgo de perderse no entre los cuartos sino entre las botellas…a veces aquí venían muchos, a veces ninguno…la casa de él, era refugio de los incoloros, un reflejo de su ser…cuanta verdad, cuanto desperdicio, cuanta vanidad…no había juez porque no había leyes, estaba prohibido prohibir…eran ellos contra el mundo pero aquí no había pleitos, había miedo, cautelosos de ser expuestos…los incoloros, se perdían…soñaban bajo los influjos del alcohol, de la música, de la sangre de los corazones rotos…su alimento era robar energía a través de los besos, las caricias y los bailes sobre la cama…se dormía en cualquier lugar, pertenecían a ciudades diferentes, acentos similares, al igual que las edades iban y venían entre la línea del tiempo…hermanos no eran, solo compañía, amigos tampoco…en un mundo sin color, el nombre importaba poco…de platica trivial y a veces solo el sonido de la música…y esos estallidos de cólera al recordar o cerrar sus ojos…cuanta furia, cuanta empatía…honesta y brutal así era la vida…dos mundos en uno solo, estaba perdido, insufrible…el dinero se estaba yendo al carajo…pero que importaba si carecía de un propósito…había días que salía por ahí, mascara puesta, común; lo que tanto anhelaba caminaba entre la gente, trabajaba, hablaba con la gente…intentaba compaginar y por un día o dos se la creía…sentía el Sol, el viento, apreciaba la relación interpersonal y luego aparecían de nuevo los síntomas de quien sabe qué enfermedad y terminaba melancólicamente triste…un algo con lo que no quería encontrarse allá afuera, no recordaba que era…buscaba, buscaba pero carecía de pistas, de explicación como cuando uno pierde el sentido de la ubicación o un alud que cae en su mente…bloqueando todo. El porqué, el recuerdo o la explicación y es así, cuando volvía al refugio a embriagarse de todo lo que había regado por la casa, cuartos interminables, libros quemados y cartas arrugadas de papel…abandono los pensamientos perdiéndose en el anonimato de un mundo incoloro, era el mundo de el…que nadie le molestase, que nadie fuese capaz de interrumpir su caída diaria…desconoció los rostros, escribió en los muros…fumó, gritó, bebió, se quitó la camisa para enfrentarse a su yo…dejo el tiempo, del habla, del oído cayendo sobre la alfombra…roto, destruido de adentro hacia afuera. Alguien lo volteó para que no se ahogara en su propio vomito, borracho y carente de los sentidos recordó uno ojos que jamás había visto grises pero tiernos, incoloros pero enigmáticos y fue ahí, que perdió todo conocimiento cayendo en un sueño profundo. Despertó sin dolor, no sabía la hora, o el día o el clima, menos lo ocurrido después, pero sí de los ojos grises se acordó que le miraban de nuevo desde arriba…de pie en un vestido largo y un cabello justo a los hombros…botella en mano, bailaba sobre el…inescrutable le dijo que abriera la boca, el accedió y el liquido cayo justo sobre los labios secos…era indescriptible, reconoció la música de fondo y una lagrima repentina apareció mientras corría al estéreo, cámbienla gritó como quien es aventado al infierno…ella le detuvo con una mano en su hombro, es mi canción favorita…recuerdas y apunto hacia el muro donde decía: Está prohibido, prohibir…se contuvo, soportó la canción y las palabras fáciles mencionadas, busco la botella y veía esos ojos grises que le miraban desafiantes…aun en la derrota y en la orilla del abismo, debes ser tu…tomo la botella y bebió de ella…y de ella…le sonrió como se sonríe al enemigo que te ha dado una lección de humildad y arrojo…la música volvió a el así como la sensación de la plática…mientras ella se robaba todo ahí, el aire, las miradas, la música, la vida…pero por alguna extraña razón no estaba molesto, en cambio la pareció simpática, arbitraria, atractiva y lo mejor de todo, anárquica…compartieron el vino, la perdición, y se reflejaron ambos en aquel refugio de gente sin color…Bienvenida le dijo él, ella le dijo me contaron de este lugar hace unos días y dije porque no…me canse de vagar por las calles y de jugar como marioneta en un mundo de insensibles y de gente común…¿Común? Me gustaría ser común dijo él, disfrutar de lo que ellos hacen y ser desconocido para todos…pero ella no entendía, y el tampoco le explicó, ambos prefirieron dejar de lado lo que los hacia diferentes y se enfilaron por el barranco del refugio donde se destruyeron a sí mismos jugando con el fuego abrazador del no hay mañana y del hoy no importa, eran adictos atrapados en la jaula que era el refugio donde los colores se habían olvidado y la oscuridad había anidado…este era el camino, divertido, fantasioso, caos y lunas incoloras saboreando la música y la noche…las tardes y las pasiones…incluso un día todos percibieron esa conexión entre ellos…eran el fuego que destruía y el agua que lo limpiaba…un tornado que rompía todo a su paso, el mañana, el ayer o el hoy…cuanta libertad, cuanta impureza, ¿Cuánto cariño?...un amanecer uno de ellos lo escribió en la pared…una verdad, un deseo, un hecho, una frase a la que cualquiera en el refugio se había negado, nadie se lo creía…ni aun por las alucinaciones sufridas en la pérdida del control ocurría…lo que impactó mas fue que lo escrito tenia color…color rojo, como la sangre, como el vino, como el corazón, si, color. Muchos no recordaban el matiz, la fuerza o su forma…una llama a la que aferrarse y de la cual puedes renacer…un jubilo estalló en sonrisas y baile…muchos se abrazaron y brindaron…pero ninguno como ellos dos…ambos con las manos llenas de color rojo…eran de mundos diferentes, como el negro y el blanco, la Luna y el Sol…pero como los opuestos, ellos no podían vivir el uno sin el otro. Dejo la máscara en el refugio y salieron de ahí, fueron a buscar los otros colores y cada día encontraron uno…les dejo el refugio a ellos, los incoloros y envió ayuda para que también recuperaran sus colores…en aquel mundo de Morfeo imperfecto y gris siempre se podía empezar a pintar de colores las paredes y por qué no, también el cielo y el corazón, les dejo el refugio a ellos, para que recuperaran sus colores” 

viernes, 18 de julio de 2014

El Libro Azul

“En aquella ciudad de tintes grises y paisajes góticos, de colores olvidados y de grandes edificaciones e iglesias…los trenes subterráneos y ligeros reinaban en la ciudad, ya poco se andaba en auto menos en bicicleta, en aras de hacer todo un poco mas rápido y de crear grandes beneficios económicos y reprimir un poco la muchedumbre por las calles…todos bajaban rumbo a los trenes…niños, mujeres, hombres…ir a la estación era parte del día, para él no era la excepción, todos los días a la misma hora, en la misma estación, sentado sobre aquella banca que ya reconocía su cuerpo…esperaba mientras leía libro tras libro…era su momento ideal, antes de subirse al tren y ser llevado rumbo al trabajo, donde seria de nuevo esa eterna jornada en el trabajo que había llegado a odiar…odiar, es una palabra demasiado fuerte pero hacia mucho no le había encontrado tan buen significado…Recolecto como un detective todas las pistas en aquel anden de la estación…regados sobre la banca…una mochila, dentro de ella…aquel libro de tapas azules con una Luna sobre la pasta…sintió la pesadez y la ligereza…tan pesado como cargar al desamor, tan ligero como levantar el amor…brillaba como la Luna Blanca, era como sentir las estrellas y la sonrisa de un niño…besos, caricias, cariño, lagrimas, amistad, miedos, y ríos de historias en las páginas de tal electrizante objeto…llevaba toda una vida ahí…en una sencilla mochila de viajero. Sin saber qué hacer, busco dentro de la mochila y por la parte de afuera un nombre o indicio de a quién pertenecía tan preciado objeto…pregunto a los pasajeros…durante toda la tarde pero nadie sabía… ¿Qué hacer? Existen dos razones por la cual uno abandona un objeto así…porque se ha dicho todo y no hay mas hojas por llenar o porque aquello que fue escrito duele tanto que es mejor abandonarlo…de cualquier forma invitaba a leerse…cual detective metiche, curioso, preguntón, interesado en resolver misterios…no soporto mucho…sentado en aquel porche donde leía desde Sherlock Holmes, El Fantasma, Batman, Murakami y Neruda…incluso alguna vez le gustaba hacer crucigramas…incitado por la tapa azul del libro, tomo una decisión, y lo abrió…polvo de estrellas se esparció en el aire…y comenzó a leer la historia que habría de modificar su propia historia. Iniciaba con una frase  “La vida no es para entenderse…sino para disfrutarse”…las primeras hojas venia una muy divertida manera de explicar el cómo y porque nacemos y esa confianza depositada en los adultos para empezar el camino…comer, gatear, andar, abrir los ojos…términos que no entendemos pero realizamos…se le llama crecer, aprender, comenzar…esos primeros pasos que no recordamos por nuestra memoria apenas echada a andar…se describía desde aquel primer recuerdo y saber que fue lo primero que se hizo para dejar huella en el mundo al que llegamos…a través de fotos e historias que sus padres y tíos contaron ella fue anotando del cómo y el porqué…el leía sonriente sus descripciones…así paso la noche en aquel porche ayudado por la tenue luz que la lámpara ofrecía, había entrado al mundo de alguien que no conocía pero cuyos relatos parecían darle una idea de su pensamiento…leyó como se describía a si misma desde niña, sus cabellos, sus ojos, la descripción incipiente y clara de su cuerpo en esa pequeñez que significa la niñez…es difícil hacer mención de cosas que apenas conoces…sin blancos, sin negros…todo representa el color…no hay tanto entendimiento ni pensamientos abstractos…es un camino sin ideas profundas o temores, son sueños cayendo del cielo en forma de nube…a medida que hablaba de la edad donde ya tenia noción de todo, las descripciones cambiaban…describiendo con excelsitud el paisaje así como los juguetes, hablaba de sus padres cual estrellas de cine, gigantes del Olimpo que le enseñaban el sí y el no…las reglas a seguir, sentir aquel abrazo de su madre…era lo máximo, descubrió la felicidad antes que el dinero como todos lo hicimos alguna vez…hasta que se nos olvido en el camino…pasó la infancia en aquella calle empedrada donde existió pavimento vistiendo esos colores pasteles con medias del mismo color aunado a listones que apretaban los cabellos, pero que le vestían de elegancia…cuanta felicidad existe en la niñez…no ves el humo, las lagrimas y el dolor son pasajeros y los sueños carecen de horario o alarma sin ese tic-tac diciéndote que algo está pendiente…contaba cuando caía en los charcos de agua, caminando tomada de la mano de su padre, dormir en medio de ellos y aventurarse en esos juegos de imaginación donde hasta voces imitaba, cuanta dulzura…El no podía dejar de leerle, sentía curiosidad de verle crecer…así mientras la madrugaba avanzaba…la historia tomaba tintes de adolescencia…de rebeldía, de cambios extraordinarios en su cuerpo, y de ideas pragmáticas, ideales retomados de libros, historias, vivencias…el pelo cambio de color y los ojos se hicieron más profundos al igual que la mirada se volvió impositiva y fuerte…creció en un segundo, en una página a otra, ya no era la misma, descubrió entre líneas cuando amó la primer vez, la segunda y cuando su corazón se rompió en pedazos y la sangre corrió en lagrimas que se lloraron durante días…cuanta fragilidad, cuanta sensibilidad, quería abrazarle, contarle que todo iba bien, que renacería y eso le ayudaría a ser mas fuerte…en contra de sus padres, de sus reglas, bañaba por esos motivos y noches en vela arraigada por la música que llenaba sus venas de emociones jamás admitidas menos pensadas…decidió tomar una decisión drástica…y en un amanecer ocurrió…se fue a buscar el otro lado del Sol, la otra cara de la Luna, un nuevo mundo…lo que no sabía es que del corazón no se puede huir. El a través de sus páginas, le siguió, tomado invisiblemente de su mano, tocando su hombro o a veces siendo aquel frente a ella, navegó junto a ella, le admiro desde lejos mientras corría descalza por bosques y leía en los parques, mientras picaba piedra en los trabajos…apenas una jovencita, hermosa, sincera, deseosa de cumplir metas, quería estar con ella, y sentía más que empatía cuando ella describía donde ahora vivía y su rutina sencilla pero solitaria…el lector, notaba su preocupación en el, de ponerse en su lugar, de entender su camino, de aplaudir sus triunfos, de ver como ella luchaba sus batallas a veces contra ella misma, a veces contra el mundo…no podía más que quererla…admirarle…sobre todo aquella noche que se enfrento a la disyuntiva de irse de nuevo, dejando todo, pero a veces uno debe dejar todo para dar un paso más, avanzar en el mundo, en su propia historia, porque los caminos son los que uno va haciendo mientras su vida hace otros…con lagrimas en sus ojos y un deseo irrepetible de escapar, de renacer, de combinar su yo con su otro yo…se fue en aquella noche en que el Dios había pintado la Luna de rojo para recordarle a las personas que aun en el pantano siempre se pueden ver las estrellas…y así, se fue…en un autobús sin retorno…se marcho y arrojo todo a aquel mar de cuerdos…para que al volver con las olas pudiese enfrentar y quedarse con su propia locura…cuanta valencia, decía él, cuantos anhelos en aquel viaje…le vio fortalecerse…en las paginas consecuentes, caminando sobre esa línea indeleble entre el amor, la locura y la furia…convertirse en una exitosa y bella mujer…capaz de dejar en silencio una sala e irrumpir en cualquier reunión con esa inteligencia que roba miradas y enamora corazones, a menudo encontraba en aquellos renglones una doble historia como ocurre en todas nuestras vidas…la ternura de sus acciones, la nobleza en su descripción de los amigos, los enemigos, la familia y las experiencias por donde pasaba…escuchaba a través de los renglones…Conoció todo de ella, y sin embargo no sabía nada, salvo su historia, aquella que ella contaba con tal fuerza que la tinta azul a veces solía estar remarcada…todos sabemos una parte de la historia la que vivimos, pero no sabemos de aquella que se vive del otro lado, las vidas que tocamos con nuestros no, con nuestros si, al hacer sonreír, cuando nos hacer reír, lo que lloramos, lo que se nos llora, lo que rompimos y lo que nos rompieron…siempre he creído que la vida tiene significado por aquellas vidas que tocamos siendo quien seamos, no se requiere de fama, dinero, o éxito, sino de amistad, empatía, cariño, amor…A medida que las páginas del Libro Azul se acercaban a su final…El, no quería que acabase, sentía como su historia se iría de sus manos, como si ella se hubiera terminado el café y se iría para siempre…lo que le dejaría seria la nostalgia y los hechos en el ayer…pero lo comprendía, nada es para siempre, todo cambia, todo pasa…y así, siguió esos últimos enunciados, versos, palabras, letra a letra su despedida, su bien iniciada frase que ahora aparecía al final…con esos puntos suspensivos…El perdido en el Libro Azul acuso de cansancio, de un largo suspiro, de una sonrisa cuando alguien parte a algún destino, de cuando uno se marcha o llega…pero también sintió la imperiosa necesidad de buscarle, debía encontrarle, regresarle tan preciado objeto y conocerle cara a cara, sin expectativas, sin medias tintas…tan solo quería darle de nuevo aquello que debió haber perdido o que había dejado en aquel anden…como un libro que se deja en el tocador justo en la pagina correcta…así le dejaría aquella nota que quizás ella pudiese leer: “Todo se lleva el viento de la vida, lo material, el pasado, las ideologías, los caminos y las lagrimas…al final quedan esos recuerdos y aquellos momentos donde aprendiste a sonreír”…días duro en aquella estación sentado en el mismo lugar, durante la misma hora que fue encontrado el libro…siempre listo, incluso al subir al tren, volteaba a todos lados para encontrarse con alguien que solo conocía en descripción, en imaginación, en sueños con los ojos abiertos…¿Cómo hallarle? ¿aun le interesara recuperar el Libro? Espero en calma pero nervioso, pensativo y expectante ante el posible encuentro si este sucediera…nadie ni nada le aseguraba que ella apareciera…se obligo a no crearse expectativas y comenzó a molestarse más aun por el trabajo por que este le alejaba de la estación, salía del trabajo justo a tiempo para regresar y esperaba…así transcurrieron los días, con el libro en su mochila, pasaba el día…lo mostraba en la estación y se iba al anochecer…leyó otros libros durante las noches en el porche o en cama pero ninguno le intereso demasiado…cuan ruin era el destino…perdió peso, perdió su sonrisa…aunque la esperanza es lo último que se pierde estaba dándose ya por vencido…el final de otra semana se acercaba y llovía copiosamente…con el uniforme empapado y el rostro extraviado se sentó…no se percato que a su lado, una joven de ojos grandes, hermosa como la puesta de Sol, como la Luna blanca, o el cielo azul le sonrió, aquella chica llevaba el color en ella, en esa estación gris..sonrió mientras le extendía un pañuelo para que el secara su rostro…le agradeció en silencio pero ella comenzó a sacarle platica desinteresadamente…la conversación le sentó bien, además de sus compañeros de trabajo, no platicaba con muchas personas, pensó que era la primera vez que hablaba con alguien en la estación, hablaron amablemente sin ahondar en detalles y se sintieron cómodos…el se percato de tal excepcional belleza, de su bien torneado cuerpo…pero sobre todo de su mirada honesta…la lluvia iba y venía al igual que las personas…ella había perdido el tren y ahora con el horario trastocado esperaba por el siguiente…subieron ambos al mismo tren, ella se mostró sociable sin importarle el aspecto de el…el anuncio de la siguiente parada les interrumpió…el debía bajarse, pero no quería…indeciso, temeroso, inoperante…terminó por resignarse, aquella aventura apenas había durado un suspiro, preguntó su nombre pero la gente empujaba llevándolo a la salida, le escucho y bajo con un saludo mas similar a un adiós que a un hasta luego, trastabillo y recupero el paso para después perderse entre la gente…dos paradas mas fue su turno, alistó su bolso mientras se quitaba el cabello de la cara y se encontró en el suelo un Libro Azul que brillaba en el tren incoloro…lo hojeó y leyó la nota que contrastaba con la letra escrita en los renglones…le faltó el aire perdiendo la compostura mientras sentía un golpe en el corazón…con su vestido floreado y sus uñas bien pintadas se sentó en el mismo lugar aquella mañana nublada…el con ese uniforme tan gris y común, caminaba con paso cansino rumbo a su asiento, aquel donde espero tantos días…el le vio ahí, sin saber si hablarle o sentarse a su lado, le saludo…y buscó en su mochila el libro, busco de nuevo, pero no lo halló…sintió una opresión en el pecho como cuando se pierde el amor o algo que lo represente…desesperado vació la mochila y sus pertenencias pero no había nada ahí…entonces le vio a ella con el Libro Azul entre sus manos…sonreía como cuando se encuentra a un viejo amigo, a lo que significa algo…un tesoro…entonces comprendió…era ella, la de la letra en esas páginas…el color en su vida, la sonrisa en la ciudad, la mirada en el corazón…dejaron la estación y caminaron por la ciudad de tintes grises y edificios góticos, el Libro Azul brillaba entre tanto gris…escribirían juntos, el pondría el libro…ella los colores…y su historia se contaría en la estación del Mundo de Morfeo.”

martes, 10 de junio de 2014

La Musa

“Ella era un Sol en domingo…como encontrarse al amanecer a la vuelta de la esquina, le sonríes, haces una mueca y no puedes evitar decir un hola…así se presentaba ella…cada final de mes…aparecía ante su puerta…se anunciaba y entraba con ese sonido tan peculiar que hacen los tacones al caminar…y le cimbraba su mundo tanto que le temblaban las piernas cual huracán al llegar a la ciudad…siempre de madrugada ya sea en vestido floreado, oscuros o de colores primarios siempre acompañada de esos bolsos de colores y aquellos labios gruesos y hermosos que le aceleraban el corazón…el moría cuando se iba y nacía cuando llegada…aun en sus horas más lucidas no recordaba como ella llego aquí…recordaba sus ojos, sus besos, sus no juguetones y sus si envueltos en misterio…una dualidad, una línea paralela…pero jamás como llegó ella aquí, quizás fue una dualidad del tiempo, tal vez lo hubiese confundido con alguien puesto que ni nombres se mencionaron…con sus poesías tontas y baratas, sus gritos cuando ella se marchaba al salir el sol, le denostaban ese aire nostálgico de ver al amor irse por tu ventana cada 30 días…el trato era una obviedad…sin anillos de compromiso de por medio, Ella no hacía preguntas ni hablaba sin que la conversación se lo exigiera…era callada y calculadora, hermosa y brutalmente honesta…de sus ojos desprendía un destello de luz comparable al fuego de la vida…a veces fumaba, a veces reía mas de lo normal, pero nunca, en todas esas visitas, le vio perder la elegancia de su silueta al hacer cualquier cosa, parecía que todos sus movimientos estaban precedidos matemáticamente y bien pensados, aun así, se notaba ligera al realizarlos…sobre todo cuando le besaba tomando con ambas manos las mejillas de el…La Musa como él le había nombrado para de alguna manera mencionarla cuando hablaba consigo mismo era una alteración total en su rutina, poseía el don de dejar huella por donde pasase incluso en la copa donde él le servía el vino, los labios rojos marcados en ella, el aroma que impregnaba la sala, el cuarto, la cocina, el corazón y porque no, el aire de la ciudad…único e irrepetible…lo que sentía al hacerle el amor, aun no tenia nombre…como definir aquello tan hermoso, efímero, sustancial…que casualidad mas enigmática y placentera, el que ella haya aparecido por arte de magia, por obra del destino, por simple acto de causa y efecto…de seguro Dios la había enviado se decía mientras agradecía al cielo estrellado cuando escuchaba esos tacones caminar hacia la puerta…cuan ofrecido era él, cuan intensamente desesperado se notaba tratando de ser su cómplice y ser complaciente e inmensamente caballeroso….como lo aprendió, de donde le nació su idea del ser todo para ella, aun lo desconoce pero le alegra haberlo aprendido por ella. Al final de eso se trata muchas veces nuestra evolución como personas, saberse necesitados o bien, queridos como individuos…lograr una empatía que rara vez llega a un siguiente nivel como cuando dos personas se adoran…al menos el pensaba que lograba la adoración de ella, por algo, volvía cada 30 días…cual estrella fugaz…esta noche el Dios lloraba a raudales y furioso se vengaba de los hombres…sus lagrimas caían sobre la ciudad en aquella lluvia consistente…si sus cuentas no le fallaban…ella vendría…El Tuerto con aquel ojo cubierto por ese parche tinto, y su caballerosidad aprendida en un curso práctico, estaban listos para recibirla…maldita lluvia se decía, maldita ilusión, bendito destino…las velas se le apagaban por el viento y los truenos interceptaban el sonido de la música…había escrito para ella, por ella y de ella…La Musa nunca preguntó por su mal, por aquel ojo de vidrio y menos aun de esa barba y esos labios sangrantes…era lo que le encantaba de ella, la aceptación y el había aceptado también. Un relámpago iluminó el cielo, justo pasado la media noche…una silueta con paso cansino se abría paso rumbo a su puerta…aun entre tanto ruido, el se percato de sus pasos, y también de aquella mirada altiva y hermosa como la rosa nacida en invierno…venia empapaba y su vestido verde menta se moría de mojado…El Tuerto corrió hacia ella, y le hizo entrar…le faltó su otro ojo para darse cuenta mientras corría por una toalla que no toda esa agua provenía de la lluvia…volvió con la toalla y la puso en sus hombros mientras ella se secaba, El Tuerto sintió una opresión en el pecho al percatarse de los ojos hechos jirones de la Musa, su maquillaje corrido y ese golpe que le había roto el labio, sintió una furia correr por su cuerpo y una alteración en la respiración…quería saber quien había hecho semejante arrebato de violencia pero ella le detuvo, tomando su mano para besarla…no, no, le repitió…el corazón se rompe cada tanto tiempo, cada que el amor se va de nuestras vidas…cada que el cielo rompe con sus truenos las casas y las almas de los hombres…hoy solo fue una de esas veces le dijo ella…pero él no entendía, quien era ese que amparado en el amor que la Musa sentía había maltratado su rostro…quería saber, comprender, asimilar, sobre todo quería saber quién era aquel que le robaba a su Musa…pero recordó de nuevo esas palabras que de vez en vez aparecían en las paredes de aquella casa…”en el amor nada ni nadie nos pertenece”…No quiso vino, no quiso música, de sus labios las palabras se habían desaparecido, a veces las palabras se van y cuando vuelven es demasiado tarde…aun en ese instante donde el desamor baño su cuerpo y se arraigo en las venas de su hermosa figura, sonreía, no quería que su vulnerabilidad se apoderara del corazón…ganar, ganar…ese fue siempre su lema, aun en la derrota…el tuerto dejo caer una lagrima e intentó confortarle pero ella le rechazo,  y de nuevo le sonrió…al amor no se le llora le dijo, al amor se le enfrenta, se le desafía, se le besa y abraza, menos lagrimas, y con la toalla volvió a limpiarse el rostro…la vida como el amor son regalos que Dios nos dio y no debemos permitirnos quejarnos o lamentarnos de él, pero si todos lo deseamos y anhelamos invariablemente alguien se queda sin el por un día, un mes, un año o una vida…el le escuchaba con asombro, cuanta valentía, cuanta voluntad, cuanta furia contenida…sin mediar palabra, la llevo a la habitación…dejaron la puerta entreabierta, el Tuerto le abrazo en aquella habitación donde solo las velas eran testigos, besó su cuello mientras bajaba el cierre del vestido lentamente como al echar volar una mariposa o cuando se abre una rosa, curo sus heridas con besos mientras curaba las propias, con cuidado acaricio su espalda quitándole el sostén y acaricio sus hermosos pechos…la tomo por la cintura y le dio vuelta, para besarle esos labios rotos de manera suave como una brisa de mar…su encaje negro, todo fue dejado en el suelo…los papeles habían cambiado sin darse cuenta…se besaron justo cuando él le invito a bailar y así, bailaron desnudos acostados sobre la cama de colores grises, acompañados por el sonido que las lagrimas del Dios que lloraba, adoro su alma, suspiró en su corazón, olfateo su aroma y se sumergió en los cabellos de ella, cuanta adoración, cuanto calor, desnudos bailaron el tango de la pasión, de lo prohibido, de lo no escrito, quería que se quedase todos los días y no solo una vez cada tantas noches…tocar a diario esos labios que se le antojaban como el elixir de la juventud y del amor, gruesos y rojos, manjar de dioses y ángeles caídos…la musa en silencio apretaba su cuerpo contra el de el, él sentía esas delicadas manos uniendo a dos insensatos, creyentes que se puede desafiar al destino y sus ironías, esa noche las mascaras se arrojaron al suelo, y así, en un baile sobre la cama, sus almas perdieron la coraza, sobre las paredes al estallar el relámpago en el cielo, la frase llenaba toda la habitación al igual que las velas, esos testigos mudos de los amantes atados por el hilo delgado de la pasión.  El Tuerto curo sus heridas, escucho los vaivenes del amor y el desamor, de la tristeza a la alegría, provenientes del monologo que la Musa inició con la mirada al techo de la habitación…sin mascaras, sin ropa, sin luna, sin tabúes…ella interpreto los dos papeles de su vida, sus caminos distorsionados y la afrenta de la que fue parte, también del cariño que sentía, y de ideales evocados y metas fijas para poder subsistir en el mundo…buscando hacerse entender…pero le recordó a el que la vida no es para entenderse, es para disfrutarse…disfrutar del camino trazado, del vivido, del anhelado…se abrazó de él para no caerse en el abismo de su corazón roto durmiéndose al instante…cuanta fragilidad, cuanta confianza…no hay que saberse los nombres para confiar en alguien, no hay que saber el pasado para enamorarse…la vida es corta para pasar dando explicaciones…la luz del Sol acaricio su rostro, despertándolo de ese sueño tan corto y tan claro…se puso su parche y descubrió que la Musa se había marchado…rápidamente fue a la sala, tal vez estaría ahí, o salió por el desayuno aunque jamás lo hubiese hecho…recordó el trato, la obviedad, el asumir las cosas sin hablarlas…era la caricia del Sol en su rostro la que lo hizo entrar en razón…mas cuando encima de la mesa, una servilleta con esos labios rojos marcados y aquella elegante letra con tinta negra le resolvieron la mañana…¿esperar otro mes? ¿Esperar otra vida? ¿Quedarse con el aroma de su cuerpo solo por alguna noche? ¿Vivir de extrañarle? Ese día no hizo mucho, dio vueltas por la casa, por los alrededores, y regresó temprano del trabajo…fue un fantasma en la oficina, el tiempo pasó rápido mientras el evocaba su recuerdo, la noche con ella, los besos, los abrazos, la conversación, el vino perdido, la curación de las heridas…el no poder evitar sentirse arrastrado hacia esa fuerza que era ella y todo lo que representaba la Musa en su vida…moría cuando ella desaparecía, y se convertía en un fantasma sin un ojo en la ciudad, en el trabajo, en la casa…Una infumable soledad sintió en ese atardecer al volver a casa, apenas dura un instante, un suspiro del padre tiempo…El se ha quedado prendido de la ventana apreciando lo efímero del momento, se percato de los postes de luz despertando al encender sus luces y de los autos tomando rumbo a cualquier lugar, movimiento se dijo, se mantienen en movimiento…las luces avanzaban y se perdían en el horizonte como se pierde el sol tras las casas…se le hizo un nudo en la garganta, un hueco que se formaba entre el pecho y el estomago…el le llama ausencia pero el viento le dice perdida…Hoy no podría preguntarse más cosas, la noche seria eterna…fue a dormir y se perdió en ese sueño que siempre aparecía en noches como estas, repetitivo y con el mismo final…despertó de manera abrupta, sentía el sudor recorrer su cuerpo aun en con el frio de la habitación…una copa de vino sería bueno, un poema barato y honesto…una lectura, un reclamo al viento por la ausencia…entonces lo escucho…aquel sonido tan peculiar…los tacones al caminar…pensó que se había vuelto loco…aun con los ruidos de la ciudad, lo escuchaba…en medio de la calle…estaba ella…La Musa…el, salió tan rápido como se hizo la luz en el mundo…la brisa del viento peinaba sus cabellos…de nuevo era ella altiva, enigmática, fugaz, hermosa como una mariposa, honesta como la luna…El Tuerto de su único ojo derramo una lagrima mientras que su cuerpo permanecía tan estático como una piedra…entonces ella corrió a sus brazos…dejando marcado ese beso de color rojo en su corazón…el había nacido de nuevo…ella había creído de nuevo…del cielo cayeron lagrimas del Dios que lloraba…por primera en mucho tiempo estas fueron de alegría por aquellos dos amantes del Mundo de Morfeo”

La Musa

“Ella era un Sol en domingo…como encontrarse al amanecer a la vuelta de la esquina, le sonríes, haces una mueca y no puedes evitar decir un hola…así se presentaba ella…cada final de mes…aparecía ante su puerta…se anunciaba y entraba con ese sonido tan peculiar que hacen los tacones al caminar…y le cimbraba su mundo tanto que le temblaban las piernas cual huracán al llegar a la ciudad…siempre de madrugada ya sea en vestido floreado, oscuros o de colores primarios siempre acompañada de esos bolsos de colores y aquellos labios gruesos y hermosos que le aceleraban el corazón…el moría cuando se iba y nacía cuando llegada…aun en sus horas más lucidas no recordaba como ella llego aquí…recordaba sus ojos, sus besos, sus no juguetones y sus si envueltos en misterio…una dualidad, una línea paralela…pero jamás como llegó ella aquí, quizás fue una dualidad del tiempo, tal vez lo hubiese confundido con alguien puesto que ni nombres se mencionaron…con sus poesías tontas y baratas, sus gritos cuando ella se marchaba al salir el sol, le denostaban ese aire nostálgico de ver al amor irse por tu ventana cada 30 días…el trato era una obviedad…sin anillos de compromiso de por medio, Ella no hacía preguntas ni hablaba sin que la conversación se lo exigiera…era callada y calculadora, hermosa y brutalmente honesta…de sus ojos desprendía un destello de luz comparable al fuego de la vida…a veces fumaba, a veces reía mas de lo normal, pero nunca, en todas esas visitas, le vio perder la elegancia de su silueta al hacer cualquier cosa, parecía que todos sus movimientos estaban precedidos matemáticamente y bien pensados, aun así, se notaba ligera al realizarlos…sobre todo cuando le besaba tomando con ambas manos las mejillas de el…La Musa como él le había nombrado para de alguna manera mencionarla cuando hablaba consigo mismo era una alteración total en su rutina, poseía el don de dejar huella por donde pasase incluso en la copa donde él le servía el vino, los labios rojos marcados en ella, el aroma que impregnaba la sala, el cuarto, la cocina, el corazón y porque no, el aire de la ciudad…único e irrepetible…lo que sentía al hacerle el amor, aun no tenia nombre…como definir aquello tan hermoso, efímero, sustancial…que casualidad mas enigmática y placentera, el que ella haya aparecido por arte de magia, por obra del destino, por simple acto de causa y efecto…de seguro Dios la había enviado se decía mientras agradecía al cielo estrellado cuando escuchaba esos tacones caminar hacia la puerta…cuan ofrecido era él, cuan intensamente desesperado se notaba tratando de ser su cómplice y ser complaciente e inmensamente caballeroso….como lo aprendió, de donde le nació su idea del ser todo para ella, aun lo desconoce pero le alegra haberlo aprendido por ella. Al final de eso se trata muchas veces nuestra evolución como personas, saberse necesitados o bien, queridos como individuos…lograr una empatía que rara vez llega a un siguiente nivel como cuando dos personas se adoran…al menos el pensaba que lograba la adoración de ella, por algo, volvía cada 30 días…cual estrella fugaz…esta noche el Dios lloraba a raudales y furioso se vengaba de los hombres…sus lagrimas caían sobre la ciudad en aquella lluvia consistente…si sus cuentas no le fallaban…ella vendría…El Tuerto con aquel ojo cubierto por ese parche tinto, y su caballerosidad aprendida en un curso práctico, estaban listos para recibirla…maldita lluvia se decía, maldita ilusión, bendito destino…las velas se le apagaban por el viento y los truenos interceptaban el sonido de la música…había escrito para ella, por ella y de ella…La Musa nunca preguntó por su mal, por aquel ojo de vidrio y menos aun de esa barba y esos labios sangrantes…era lo que le encantaba de ella, la aceptación y el había aceptado también. Un relámpago iluminó el cielo, justo pasado la media noche…una silueta con paso cansino se abría paso rumbo a su puerta…aun entre tanto ruido, el se percato de sus pasos, y también de aquella mirada altiva y hermosa como la rosa nacida en invierno…venia empapaba y su vestido verde menta se moría de mojado…El Tuerto corrió hacia ella, y le hizo entrar…le faltó su otro ojo para darse cuenta mientras corría por una toalla que no toda esa agua provenía de la lluvia…volvió con la toalla y la puso en sus hombros mientras ella se secaba, El Tuerto sintió una opresión en el pecho al percatarse de los ojos hechos jirones de la Musa, su maquillaje corrido y ese golpe que le había roto el labio, sintió una furia correr por su cuerpo y una alteración en la respiración…quería saber quien había hecho semejante arrebato de violencia pero ella le detuvo, tomando su mano para besarla…no, no, le repitió…el corazón se rompe cada tanto tiempo, cada que el amor se va de nuestras vidas…cada que el cielo rompe con sus truenos las casas y las almas de los hombres…hoy solo fue una de esas veces le dijo ella…pero él no entendía, quien era ese que amparado en el amor que la Musa sentía había maltratado su rostro…quería saber, comprender, asimilar, sobre todo quería saber quién era aquel que le robaba a su Musa…pero recordó de nuevo esas palabras que de vez en vez aparecían en las paredes de aquella casa…”en el amor nada ni nadie nos pertenece”…No quiso vino, no quiso música, de sus labios las palabras se habían desaparecido, a veces las palabras se van y cuando vuelven es demasiado tarde…aun en ese instante donde el desamor baño su cuerpo y se arraigo en las venas de su hermosa figura, sonreía, no quería que su vulnerabilidad se apoderara del corazón…ganar, ganar…ese fue siempre su lema, aun en la derrota…el tuerto dejo caer una lagrima e intentó confortarle pero ella le rechazo,  y de nuevo le sonrió…al amor no se le llora le dijo, al amor se le enfrenta, se le desafía, se le besa y abraza, menos lagrimas, y con la toalla volvió a limpiarse el rostro…la vida como el amor son regalos que Dios nos dio y no debemos permitirnos quejarnos o lamentarnos de él, pero si todos lo deseamos y anhelamos invariablemente alguien se queda sin el por un día, un mes, un año o una vida…el le escuchaba con asombro, cuanta valentía, cuanta voluntad, cuanta furia contenida…sin mediar palabra, la llevo a la habitación…dejaron la puerta entreabierta, el Tuerto le abrazo en aquella habitación donde solo las velas eran testigos, besó su cuello mientras bajaba el cierre del vestido lentamente como al echar volar una mariposa o cuando se abre una rosa, curo sus heridas con besos mientras curaba las propias, con cuidado acaricio su espalda quitándole el sostén y acaricio sus hermosos pechos…la tomo por la cintura y le dio vuelta, para besarle esos labios rotos de manera suave como una brisa de mar…su encaje negro, todo fue dejado en el suelo…los papeles habían cambiado sin darse cuenta…se besaron justo cuando él le invito a bailar y así, bailaron desnudos acostados sobre la cama de colores grises, acompañados por el sonido que las lagrimas del Dios que lloraba, adoro su alma, suspiró en su corazón, olfateo su aroma y se sumergió en los cabellos de ella, cuanta adoración, cuanto calor, desnudos bailaron el tango de la pasión, de lo prohibido, de lo no escrito, quería que se quedase todos los días y no solo una vez cada tantas noches…tocar a diario esos labios que se le antojaban como el elixir de la juventud y del amor, gruesos y rojos, manjar de dioses y ángeles caídos…la musa en silencio apretaba su cuerpo contra el de el, él sentía esas delicadas manos uniendo a dos insensatos, creyentes que se puede desafiar al destino y sus ironías, esa noche las mascaras se arrojaron al suelo, y así, en un baile sobre la cama, sus almas perdieron la coraza, sobre las paredes al estallar el relámpago en el cielo, la frase llenaba toda la habitación al igual que las velas, esos testigos mudos de los amantes atados por el hilo delgado de la pasión.  El Tuerto curo sus heridas, escucho los vaivenes del amor y el desamor, de la tristeza a la alegría, provenientes del monologo que la Musa inició con la mirada al techo de la habitación…sin mascaras, sin ropa, sin luna, sin tabúes…ella interpreto los dos papeles de su vida, sus caminos distorsionados y la afrenta de la que fue parte, también del cariño que sentía, y de ideales evocados y metas fijas para poder subsistir en el mundo…buscando hacerse entender…pero le recordó a el que la vida no es para entenderse, es para disfrutarse…disfrutar del camino trazado, del vivido, del anhelado…se abrazó de él para no caerse en el abismo de su corazón roto durmiéndose al instante…cuanta fragilidad, cuanta confianza…no hay que saberse los nombres para confiar en alguien, no hay que saber el pasado para enamorarse…la vida es corta para pasar dando explicaciones…la luz del Sol acaricio su rostro, despertándolo de ese sueño tan corto y tan claro…se puso su parche y descubrió que la Musa se había marchado…rápidamente fue a la sala, tal vez estaría ahí, o salió por el desayuno aunque jamás lo hubiese hecho…recordó el trato, la obviedad, el asumir las cosas sin hablarlas…era la caricia del Sol en su rostro la que lo hizo entrar en razón…mas cuando encima de la mesa, una servilleta con esos labios rojos marcados y aquella elegante letra con tinta negra le resolvieron la mañana…¿esperar otro mes? ¿Esperar otra vida? ¿Quedarse con el aroma de su cuerpo solo por alguna noche? ¿Vivir de extrañarle? Ese día no hizo mucho, dio vueltas por la casa, por los alrededores, y regresó temprano del trabajo…fue un fantasma en la oficina, el tiempo pasó rápido mientras el evocaba su recuerdo, la noche con ella, los besos, los abrazos, la conversación, el vino perdido, la curación de las heridas…el no poder evitar sentirse arrastrado hacia esa fuerza que era ella y todo lo que representaba la Musa en su vida…moría cuando ella desaparecía, y se convertía en un fantasma sin un ojo en la ciudad, en el trabajo, en la casa…Una infumable soledad sintió en ese atardecer al volver a casa, apenas dura un instante, un suspiro del padre tiempo…El se ha quedado prendido de la ventana apreciando lo efímero del momento, se percato de los postes de luz despertando al encender sus luces y de los autos tomando rumbo a cualquier lugar, movimiento se dijo, se mantienen en movimiento…las luces avanzaban y se perdían en el horizonte como se pierde el sol tras las casas…se le hizo un nudo en la garganta, un hueco que se formaba entre el pecho y el estomago…el le llama ausencia pero el viento le dice perdida…Hoy no podría preguntarse más cosas, la noche seria eterna…fue a dormir y se perdió en ese sueño que siempre aparecía en noches como estas, repetitivo y con el mismo final…despertó de manera abrupta, sentía el sudor recorrer su cuerpo aun en con el frio de la habitación…una copa de vino sería bueno, un poema barato y honesto…una lectura, un reclamo al viento por la ausencia…entonces lo escucho…aquel sonido tan peculiar…los tacones al caminar…pensó que se había vuelto loco…aun con los ruidos de la ciudad, lo escuchaba…en medio de la calle…estaba ella…La Musa…el, salió tan rápido como se hizo la luz en el mundo…la brisa del viento peinaba sus cabellos…de nuevo era ella altiva, enigmática, fugaz, hermosa como una mariposa, honesta como la luna…El Tuerto de su único ojo derramo una lagrima mientras que su cuerpo permanecía tan estático como una piedra…entonces ella corrió a sus brazos…dejando marcado ese beso de color rojo en su corazón…el había nacido de nuevo…ella había creído de nuevo…del cielo cayeron lagrimas del Dios que lloraba…por primera en mucho tiempo estas fueron de alegría por aquellos dos amantes del Mundo de Morfeo”

jueves, 8 de mayo de 2014

La Puerta de Color

“Bajo el manto de las estrellas cayéndose del cielo, caminaba por las calles de la ciudad, era una noche para el recuerdo…los cafés, los bares y esos departamentos con balcones, se diluían bajo el manto estelar sopesando el mañana adornándose con la mejor música y ese vaivén de la conversación…siempre fue fanático de las personas, verles en su hábitat disfrutar junto con ellos como discutían sobre los temas del momento que singularmente eran un preludio de lo que venía a continuación, discusiones entretenidas de cómo enfrentar la vida, las relaciones, las amistades, las perdidas…y todo en medio de la fiesta más honesta, la de pocos en un ambiente reducido, donde los cuerpos se tocan hombro con hombro…saludó, brindó, se introdujo a la noche con el corazón hecho pedazos y el alma perdida, nadie estaba enterado, pero esa fecha para él, tenía una relación especial…y por ello, portaba su mejor sonrisa con su porte desafiante y pulcro…hoy era él, en su mejor disfraz, versión de un ser humano pleno sin el menor atisbo de sufrimiento o congoja, la oscuridad de la ciudad le quedaba a la perfección…como un lobo en el bosque, salía siempre en búsqueda de lo que satisficiera su ego, o su estima, la marca en su rostro no podía ocultarse, ofrecía un aire de diferencia en un mundo de comunes, descendiente de Caín, el Errante, de amantes de la culpa, y desangelados del cielo, entraba y salía de todos lados, fotografiaba sus experiencias para que al despertar y enfrentar las huellas del ayer, supiera de donde vino aunque no supiese como terminaba ahí, fumo y fumo, hasta que se cansaba y comenzaba por toser, estúpido vicio, nunca le sabia a mucho y jamás lo entendió, pero en la vida, hay cosas que se tienen que sentir no entender, el humo llegaba a los pulmones como el amor llega al corazón, a veces por necesidad, a veces porque se quiere…el viento susurraba entre los arboles meciéndoles como el arrullo de la mama a su hijo, fotos, tragos, gritos y el torrente sanguíneo que se alteraba al presagiar donde culminaría esa colina descendente de su ser, sin embargo, de caídas saben mejor los golpes y las palabras se escuchan mejor…se bebió la vida recorriendo las calles y los callejones, desafió a su cuerpo y a su mente, con conversaciones profundas, con placeres mundanos dejando huellas en pisos nuevos, lúgubres, insalubres, se cayó varias veces…su rostro cubierto por el sudor cubría lo rojo de sus ojos y lo gris de su alma, se habían perdido los colores en esa oscuridad a la que se acercaba velozmente como una furiosa tormenta, empujado por la sangre que hervía dentro de él se jactaba de ser fuerte y vengativo…audaz y extraordinario, metódico e irreverente…desafió a su yo mientras las nubes se cernían sobre aquella viejas casas grises…así comenzó a llover…el cielo no dejaba a nadie sentido, bañaba con su melancolía las casas, los cafés, las iglesias, los sombreros y los cabellos, inundaba con esas lagrimas derramadas las calles y sus banquetas…creando el caos y el refugio entre sus habitantes, una lluvia fuerte y persistente, como cuando se riega el césped…se empapo totalmente y en esa calle sin color salvo un gris trágico y común, alzo la vista para sentir la furia de las gotas que lloraba Dios, apenas lo distinguió pero no pudo evitar contemplarlo…un ave de alas rojas volaba sobre el jardín que había en el balcón, su mirada altiva le impedía rehuir de el ave, se le ocurrió que podía alcanzarlo, una alucinación de su ser le invito a seguir, entró al edificio, subió escaleras en un arranque de locura, cuando llego a la puerta del departamento que llevaba a ese balcón, se detuvo en seco. Con el corazón palpitando como un tren a toda marcha, se quedo estático, sintió mareo, dolor en el pecho, y parecía que era la lluvia pero eran lágrimas las que ensuciaban sus ojos…como no lo había adivinado, reconocido el lugar, la puerta rojiza que contrastaba con la pintura gris de todas las otras puertas… ¿tocar? ¿Gritar? ¿Huir? Las preguntas se alzaban en su mente como ofertas de mercado…no sabía si ella estuviera del otro lado, si se encontrase ahí, quizás había dejado el departamento, tal vez estaría trabajando o en casa de una amiga…o en los brazos de otro…el temor de cualquier respuesta se apodero de él y se sentó ahí recargado en la puerta, escuchando a la lluvia hablar por él cuando la puerta se abrió lentamente al sentir el peso de el,  en un arranque de valentía cruzó la puerta, buscándole como en esos atardeceres de nubes naranjas y cielos rojizos…entre recuerdos que abrazan su silueta cansina, busco sus labios…su cuerpo desnudo, quería acariciarlo como se acarician las flores del jardín…para resolver este indescriptible sentir que no se puede evitar más…cual ladrón de poca monta se adentró tras esa puerta para comprender, entender, amar o abrazar todo lo que habían sido, vio los libros empolvados, el que ella leía descansando en ese sillón amarillo tan familiar, en la cocina aun se encontraba ese cuadro representando a la Diosa de la Luna, y el aroma a su comida…era el peor de los ladrones, dejando sus huellas por todo el lugar, tocando aquí, leyendo allá, incluso se le ocurrió asomar al balcón, pero al ave de las alas rojas no encontró…le encantaba esa vista, aun con la lluvia pertinaz, se alcanzaba a apreciar la ciudad y su gris tan particular…un mundo opuesto al suyo estaba tras esa puerta de color rojizo…incluso el aroma dentro de ese lugar era diferente, como de un otoño en el mar…una fragancia colgaba en el aire como el aroma del amor y su más fiel creyente…la puerta es entrada y salida, agonía y felicidad, dolor y placer, amor y desamor, una puerta de madera que desafía las leyes del destino, ser para ella, lo que olvidó, estar para ella, como dejó de hacerlo, soñó encontrarla y fuesen de nuevo aquella fuerza furiosa que destruía todo a su paso…¿estas aquí? Susurraba evocándola…En la oscuridad de la habitación, le buscó, extendiendo los brazos para tocarle, abrazar su historia…unir los caminos, levantar de nuevo el hogar, eso que los unía como la tormenta al viento, cuanta negrura en este corazón, se extiende una ceguera sobre el que no le permite verte aun con los ojos abiertos…no hay luz, no hay sol, no está, es parte de ella, una ausencia en su cama…un ladrón, se dijo mientras se derrumbaba en ese sillón amarillo, secó sus manos y con plumón en mano, buscó anotar en aquella pared blanca atiborrada de escrituras que los visitantes dejaban, un gran álbum de recuerdos donde dejar huella…como cuando se firma quien eres y como te sientes..lo que eres  a través de los ojos de los demás…y escribió en esa pared blanca de tintas negras luego encaminó rumbo a la salida, cerró con cuidado, tras esa puerta, extrañó la timidez de sus labios al besar, el singular sonido de los zapatos verdes y aquellos ojos cuya sinceridad le decían te quiero, su música a los 4 vientos en la habitación, los gestos para evitar que sus besos fuesen huellas que marcasen los labios de ese ladrón…al sentimiento de dos no se le reprime, se le libera como a una lluvia torrencial…añoró lo vivido, lo sentido, lo extraviado…describió los motivos que hicieron que perdiera su cabeza aquella madrugada de aquel decimo mes donde le conoció, los días consecuentes, las vagas ideas que su cabeza desprendía y que ella escuchaba con gran cuidado siempre con el enunciado elocuente o la sonrisa sincera o el gesto de asombro…Se llevó consigo tan solo una flor para acordarse de lo que había vivido, si fuese un sueño, esta jamás existiría, si fuese realidad, estaría presente…algo de color en su vida serviría…y se perdió tras esa infinidad de paraguas que iban cerrándose para abrirle paso al firmamento…sintió una indescriptible sensación mezclada de sentimientos cual trago irreverente en un bar sabiendo que el liquido va directo al corazón…le dolía el cuerpo, el sonido de los autos le agudizaba el oído, ocupaba de nuevo adentrarse en su hábitat y dejar sus alas rotas recuperarse, la puerta rojiza continuaba en su mente, pero sobre todo, no podía olvidarse lo que había detrás de ese pedazo de madera, un museo de la vida, objetos de colección de alguien que amaba, extensiones de su ser en aquello tan material, aroma que impregno de nuevo en todo su ser…era un ladrón se dijo, un vil ratero que se robaba corazones, que dejo que al miedo ganar…y hoy se había introducido a un nuevo robo…el de los tontos, que no se llevan nada cuando lo quieren todo, que dejan huellas cuando debieron usar guantes…y así durmió…viendo hacia el techo evocando, describiendo, soñando, tocando, hablando en voz baja…como cuando se le habla al amor. Otro atardecer, otra historia por contar, otro mundo al que acudir…el Ladrón despertó en medio de un extraña calma, displicente pero sonriente, con los cabellos desaliñados y el hambre que le devoraba el estomago…se ducho, se quito los vellos del rostro, arreglo la casa y encontró su mejor sonrisa ante el espejo, listo, y con esos pensamientos desencadenados en sentimientos, salió  rumbo a ese departamento cuya puerta rojiza ocultaba todo, compro flores y llevo un disco bajo el brazo…el Sol duro hasta que no pudo mas, quería ver su llegada, esos golpes en la puerta, que se dejaran caer en ese balcón mientras se besaban…pero ahí no había mas nada…no había jardín, en su lugar…un enorme letrero de Se Renta…era lo único que el balcón ofrecía…un escalofrío atravesó su espalda, un golpe de realidad directo a la mandíbula, dejo la flor en aquella puerta rojiza y aventó el Disco compacto…no le servían mas, golpeó la puerta como se golpea al olvido y a la perdida…sin rumbo fijo con la mirada perdida y desesperada sintió la ausencia como un traje que le quedaba a la medida, el Sol tenía razón, vivía de fantasías…La Luna no, ella vivía de realidades, efímeras y honestas…Por un momento pensó que hubiese sido un sueño, un mal sueño nacido de sus pensamientos, de la lógica hecha ilógica, de la valentía de un miedo singular…el ladrón comenzó a temblar y sentado en la fuente cuyos chorros bañaban el aire comió sus uñas, las devoro como se devora las enfermedades al cuerpo…los colores se habían marchado de la ciudad, las iglesias, las plazas y la ropa de sus habitantes vestían de gris, de pronto, del otro lado de la acera…el ave de las alas rojas estaba posado sobre ese café…el ladrón de la intuición que solo se tiene cuando robas, busco con la mirada, ese aroma tan familiar, esa llamada de alma por encontrarse con quien te roba el aliento…reconoció sus pisadas aun en esa noche olvidada por los colores…en medio de tanto gris, sus zapatos rojos brillaban a través de la calle de esa ciudad congelada en el tiempo…los ojos de los transeúntes no lo podían creer, desafiaba al mundo, a sus reglas y esos mitos donde no es bueno ser diferente…pero ella había tomado una decisión…su maleta roja como el color del corazón, como el de la sangre, como el de los valientes…hermosa, inalcanzable, indescriptible…un color entre tanto gris, un brillo entre tanta negrura…el ladrón le saludó, pero ella no le veía, gritó fuerte, pero ella no escuchaba, fue tras ella, pero ella ya había dado la vuelta y se perdió en el callejón…había perdido el su color y ella no veía más su figura…tanto robo para quedarse sin lo que más quería sentir con sus manos…los zapatos rojos subieron la escalera, la portadora encontró la flor, abrió con cuidado pero impaciente, levantó el disco compacto con manos temblorosas…tomo lo poco que hacía falta y lo metió en la maleta, pero esta cayó al suelo derramando todo lo que había en ella como las lagrimas caen al suelo…la pared blanca manchada de esa tinta que solo un ladrón podría escribir…”eres mis lagrimas, mi historia incompleta, un cautivo de nuestro mundo, añoro con nostalgia tu recuerdo, tu sinceridad, esa sonrisa que me hiere el alma, la luz, la Luna…todo me sabe a ti, incluso el aire, las pisadas, las pesadillas del otro lado de la puerta, espero y desespero, añoro y no avanzo, me pierdo en la oscuridad de la ausencia, en la puerta del destino, en las llaves extraviadas de nuestra historia…cuantos capítulos inconclusos que la vida se encargara de llenar por ambos para entender que la realidad es una fuerza motriz tan fuerte que rompe cualquier fantasía..Te lo dejo todo…la sangre, la luz, las noches de insomnio, la tristeza de los martes, el vacio de  sus domingos, las tardes rojizas y las mañanas naranjas, la lluvia, los besos al dormir, los abrazos al despertar, el amor al desayunar…las fotos, las frases marcadas en amarillos en los releído libros. Te dejo mis pensamientos, lo que jamás aceptaste, lo que te enamoraste, cómelo, devóralo, o arrójalo a los perros…o al abismo del olvido como se arrojan las cenizas al mar. Te dejo todo, la ciudad, los colores, las poesías, los tragos amargos, las sonrisas, las alegrías, el cielo estrellado al que veíamos…las cartas, los cuadros…la parte que me llevé.” Del balcón ella se asomo a la calle, recorrió el rostro de todos, pero entre tanto gris no encontró al ladrón…solo hallo a un ave de alas rojas posando en aquella fuente del Mundo de Morfeo.”