“Ella era un Sol en domingo…como
encontrarse al amanecer a la vuelta de la esquina, le sonríes, haces una mueca
y no puedes evitar decir un hola…así se presentaba ella…cada final de mes…aparecía
ante su puerta…se anunciaba y entraba con ese sonido tan peculiar que hacen los
tacones al caminar…y le cimbraba su mundo tanto que le temblaban las piernas
cual huracán al llegar a la ciudad…siempre de madrugada ya sea en vestido
floreado, oscuros o de colores primarios siempre acompañada de esos bolsos de
colores y aquellos labios gruesos y hermosos que le aceleraban el corazón…el moría
cuando se iba y nacía cuando llegada…aun en sus horas más lucidas no recordaba
como ella llego aquí…recordaba sus ojos, sus besos, sus no juguetones y sus si
envueltos en misterio…una dualidad, una línea paralela…pero jamás como llegó
ella aquí, quizás fue una dualidad del tiempo, tal vez lo hubiese confundido
con alguien puesto que ni nombres se mencionaron…con sus poesías tontas y
baratas, sus gritos cuando ella se marchaba al salir el sol, le denostaban ese
aire nostálgico de ver al amor irse por tu ventana cada 30 días…el trato era
una obviedad…sin anillos de compromiso de por medio, Ella no hacía preguntas ni
hablaba sin que la conversación se lo exigiera…era callada y calculadora,
hermosa y brutalmente honesta…de sus ojos desprendía un destello de luz
comparable al fuego de la vida…a veces fumaba, a veces reía mas de lo normal,
pero nunca, en todas esas visitas, le vio perder la elegancia de su silueta al
hacer cualquier cosa, parecía que todos sus movimientos estaban precedidos
matemáticamente y bien pensados, aun así, se notaba ligera al realizarlos…sobre
todo cuando le besaba tomando con ambas manos las mejillas de el…La Musa como él
le había nombrado para de alguna manera mencionarla cuando hablaba consigo
mismo era una alteración total en su rutina, poseía el don de dejar huella por
donde pasase incluso en la copa donde él le servía el vino, los labios rojos
marcados en ella, el aroma que impregnaba la sala, el cuarto, la cocina, el
corazón y porque no, el aire de la ciudad…único e irrepetible…lo que sentía al
hacerle el amor, aun no tenia nombre…como definir aquello tan hermoso, efímero,
sustancial…que casualidad mas enigmática y placentera, el que ella haya
aparecido por arte de magia, por obra del destino, por simple acto de causa y
efecto…de seguro Dios la había enviado se decía mientras agradecía al cielo
estrellado cuando escuchaba esos tacones caminar hacia la puerta…cuan ofrecido
era él, cuan intensamente desesperado se notaba tratando de ser su cómplice y
ser complaciente e inmensamente caballeroso….como lo aprendió, de donde le
nació su idea del ser todo para ella, aun lo desconoce pero le alegra haberlo
aprendido por ella. Al final de eso se trata muchas veces nuestra evolución
como personas, saberse necesitados o bien, queridos como individuos…lograr una
empatía que rara vez llega a un siguiente nivel como cuando dos personas se
adoran…al menos el pensaba que lograba la adoración de ella, por algo, volvía
cada 30 días…cual estrella fugaz…esta noche el Dios lloraba a raudales y
furioso se vengaba de los hombres…sus lagrimas caían sobre la ciudad en aquella
lluvia consistente…si sus cuentas no le fallaban…ella vendría…El Tuerto con
aquel ojo cubierto por ese parche tinto, y su caballerosidad aprendida en un
curso práctico, estaban listos para recibirla…maldita lluvia se decía, maldita
ilusión, bendito destino…las velas se le apagaban por el viento y los truenos interceptaban
el sonido de la música…había escrito para ella, por ella y de ella…La Musa
nunca preguntó por su mal, por aquel ojo de vidrio y menos aun de esa barba y
esos labios sangrantes…era lo que le encantaba de ella, la aceptación y el había
aceptado también. Un relámpago iluminó el cielo, justo pasado la media
noche…una silueta con paso cansino se abría paso rumbo a su puerta…aun entre
tanto ruido, el se percato de sus pasos, y también de aquella mirada altiva y
hermosa como la rosa nacida en invierno…venia empapaba y su vestido verde menta
se moría de mojado…El Tuerto corrió hacia ella, y le hizo entrar…le faltó su
otro ojo para darse cuenta mientras corría por una toalla que no toda esa agua
provenía de la lluvia…volvió con la toalla y la puso en sus hombros mientras
ella se secaba, El Tuerto sintió una opresión en el pecho al percatarse de los
ojos hechos jirones de la Musa, su maquillaje corrido y ese golpe que le había
roto el labio, sintió una furia correr por su cuerpo y una alteración en la respiración…quería
saber quien había hecho semejante arrebato de violencia pero ella le detuvo,
tomando su mano para besarla…no, no, le repitió…el corazón se rompe cada tanto
tiempo, cada que el amor se va de nuestras vidas…cada que el cielo rompe con
sus truenos las casas y las almas de los hombres…hoy solo fue una de esas veces
le dijo ella…pero él no entendía, quien era ese que amparado en el amor que la
Musa sentía había maltratado su rostro…quería saber, comprender, asimilar,
sobre todo quería saber quién era aquel que le robaba a su Musa…pero recordó de
nuevo esas palabras que de vez en vez aparecían en las paredes de aquella casa…”en
el amor nada ni nadie nos pertenece”…No quiso vino, no quiso música, de sus
labios las palabras se habían desaparecido, a veces las palabras se van y
cuando vuelven es demasiado tarde…aun en ese instante donde el desamor baño su
cuerpo y se arraigo en las venas de su hermosa figura, sonreía, no quería que
su vulnerabilidad se apoderara del corazón…ganar, ganar…ese fue siempre su
lema, aun en la derrota…el tuerto dejo caer una lagrima e intentó confortarle
pero ella le rechazo, y de nuevo le sonrió…al
amor no se le llora le dijo, al amor se le enfrenta, se le desafía, se le besa
y abraza, menos lagrimas, y con la toalla volvió a limpiarse el rostro…la vida
como el amor son regalos que Dios nos dio y no debemos permitirnos quejarnos o
lamentarnos de él, pero si todos lo deseamos y anhelamos invariablemente
alguien se queda sin el por un día, un mes, un año o una vida…el le escuchaba
con asombro, cuanta valentía, cuanta voluntad, cuanta furia contenida…sin
mediar palabra, la llevo a la habitación…dejaron la puerta entreabierta, el
Tuerto le abrazo en aquella habitación donde solo las velas eran testigos, besó
su cuello mientras bajaba el cierre del vestido lentamente como al echar volar
una mariposa o cuando se abre una rosa, curo sus heridas con besos mientras
curaba las propias, con cuidado acaricio su espalda quitándole el sostén y
acaricio sus hermosos pechos…la tomo por la cintura y le dio vuelta, para
besarle esos labios rotos de manera suave como una brisa de mar…su encaje
negro, todo fue dejado en el suelo…los papeles habían cambiado sin darse
cuenta…se besaron justo cuando él le invito a bailar y así, bailaron desnudos
acostados sobre la cama de colores grises, acompañados por el sonido que las
lagrimas del Dios que lloraba, adoro su alma, suspiró en su corazón, olfateo su
aroma y se sumergió en los cabellos de ella, cuanta adoración, cuanto calor,
desnudos bailaron el tango de la pasión, de lo prohibido, de lo no escrito,
quería que se quedase todos los días y no solo una vez cada tantas noches…tocar
a diario esos labios que se le antojaban como el elixir de la juventud y del
amor, gruesos y rojos, manjar de dioses y ángeles caídos…la musa en silencio
apretaba su cuerpo contra el de el, él sentía esas delicadas manos uniendo a
dos insensatos, creyentes que se puede desafiar al destino y sus ironías, esa
noche las mascaras se arrojaron al suelo, y así, en un baile sobre la cama, sus
almas perdieron la coraza, sobre las paredes al estallar el relámpago en el
cielo, la frase llenaba toda la habitación al igual que las velas, esos
testigos mudos de los amantes atados por el hilo delgado de la pasión. El Tuerto curo sus heridas, escucho los
vaivenes del amor y el desamor, de la tristeza a la alegría, provenientes del
monologo que la Musa inició con la mirada al techo de la habitación…sin
mascaras, sin ropa, sin luna, sin tabúes…ella interpreto los dos papeles de su
vida, sus caminos distorsionados y la afrenta de la que fue parte, también del
cariño que sentía, y de ideales evocados y metas fijas para poder subsistir en
el mundo…buscando hacerse entender…pero le recordó a el que la vida no es para
entenderse, es para disfrutarse…disfrutar del camino trazado, del vivido, del
anhelado…se abrazó de él para no caerse en el abismo de su corazón roto
durmiéndose al instante…cuanta fragilidad, cuanta confianza…no hay que saberse
los nombres para confiar en alguien, no hay que saber el pasado para
enamorarse…la vida es corta para pasar dando explicaciones…la luz del Sol
acaricio su rostro, despertándolo de ese sueño tan corto y tan claro…se puso su
parche y descubrió que la Musa se había marchado…rápidamente fue a la sala, tal
vez estaría ahí, o salió por el desayuno aunque jamás lo hubiese hecho…recordó
el trato, la obviedad, el asumir las cosas sin hablarlas…era la caricia del Sol
en su rostro la que lo hizo entrar en razón…mas cuando encima de la mesa, una
servilleta con esos labios rojos marcados y aquella elegante letra con tinta
negra le resolvieron la mañana…¿esperar otro mes? ¿Esperar otra vida? ¿Quedarse
con el aroma de su cuerpo solo por alguna noche? ¿Vivir de extrañarle? Ese día
no hizo mucho, dio vueltas por la casa, por los alrededores, y regresó temprano
del trabajo…fue un fantasma en la oficina, el tiempo pasó rápido mientras el
evocaba su recuerdo, la noche con ella, los besos, los abrazos, la
conversación, el vino perdido, la curación de las heridas…el no poder evitar
sentirse arrastrado hacia esa fuerza que era ella y todo lo que representaba la
Musa en su vida…moría cuando ella desaparecía, y se convertía en un fantasma
sin un ojo en la ciudad, en el trabajo, en la casa…Una infumable soledad sintió
en ese atardecer al volver a casa, apenas dura un instante, un suspiro del
padre tiempo…El se ha quedado prendido de la ventana apreciando lo efímero del
momento, se percato de los postes de luz despertando al encender sus luces y de
los autos tomando rumbo a cualquier lugar, movimiento se dijo, se mantienen en
movimiento…las luces avanzaban y se perdían en el horizonte como se pierde el
sol tras las casas…se le hizo un nudo en la garganta, un hueco que se formaba
entre el pecho y el estomago…el le llama ausencia pero el viento le dice
perdida…Hoy no podría preguntarse más cosas, la noche seria eterna…fue a dormir
y se perdió en ese sueño que siempre aparecía en noches como estas, repetitivo
y con el mismo final…despertó de manera abrupta, sentía el sudor recorrer su
cuerpo aun en con el frio de la habitación…una copa de vino sería bueno, un
poema barato y honesto…una lectura, un reclamo al viento por la
ausencia…entonces lo escucho…aquel sonido tan peculiar…los tacones al
caminar…pensó que se había vuelto loco…aun con los ruidos de la ciudad, lo
escuchaba…en medio de la calle…estaba ella…La Musa…el, salió tan rápido como se
hizo la luz en el mundo…la brisa del viento peinaba sus cabellos…de nuevo era
ella altiva, enigmática, fugaz, hermosa como una mariposa, honesta como la
luna…El Tuerto de su único ojo derramo una lagrima mientras que su cuerpo permanecía
tan estático como una piedra…entonces ella corrió a sus brazos…dejando marcado
ese beso de color rojo en su corazón…el había nacido de nuevo…ella había creído
de nuevo…del cielo cayeron lagrimas del Dios que lloraba…por primera en mucho
tiempo estas fueron de alegría por aquellos dos amantes del Mundo de Morfeo”
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