“Bajo el manto de las estrellas cayéndose
del cielo, caminaba por las calles de la ciudad, era una noche para el
recuerdo…los cafés, los bares y esos departamentos con balcones, se diluían
bajo el manto estelar sopesando el mañana adornándose con la mejor música y ese
vaivén de la conversación…siempre fue fanático de las personas, verles en su
hábitat disfrutar junto con ellos como discutían sobre los temas del momento
que singularmente eran un preludio de lo que venía a continuación, discusiones
entretenidas de cómo enfrentar la vida, las relaciones, las amistades, las
perdidas…y todo en medio de la fiesta más honesta, la de pocos en un ambiente
reducido, donde los cuerpos se tocan hombro con hombro…saludó, brindó, se
introdujo a la noche con el corazón hecho pedazos y el alma perdida, nadie
estaba enterado, pero esa fecha para él, tenía una relación especial…y por
ello, portaba su mejor sonrisa con su porte desafiante y pulcro…hoy era él, en
su mejor disfraz, versión de un ser humano pleno sin el menor atisbo de
sufrimiento o congoja, la oscuridad de la ciudad le quedaba a la perfección…como
un lobo en el bosque, salía siempre en búsqueda de lo que satisficiera su ego,
o su estima, la marca en su rostro no podía ocultarse, ofrecía un aire de
diferencia en un mundo de comunes, descendiente de Caín, el Errante, de amantes
de la culpa, y desangelados del cielo, entraba y salía de todos lados,
fotografiaba sus experiencias para que al despertar y enfrentar las huellas del
ayer, supiera de donde vino aunque no supiese como terminaba ahí, fumo y fumo,
hasta que se cansaba y comenzaba por toser, estúpido vicio, nunca le sabia a
mucho y jamás lo entendió, pero en la vida, hay cosas que se tienen que sentir
no entender, el humo llegaba a los pulmones como el amor llega al corazón, a
veces por necesidad, a veces porque se quiere…el viento susurraba entre los
arboles meciéndoles como el arrullo de la mama a su hijo, fotos, tragos, gritos
y el torrente sanguíneo que se alteraba al presagiar donde culminaría esa
colina descendente de su ser, sin embargo, de caídas saben mejor los golpes y
las palabras se escuchan mejor…se bebió la vida recorriendo las calles y los
callejones, desafió a su cuerpo y a su mente, con conversaciones profundas, con
placeres mundanos dejando huellas en pisos nuevos, lúgubres, insalubres, se cayó
varias veces…su rostro cubierto por el sudor cubría lo rojo de sus ojos y lo
gris de su alma, se habían perdido los colores en esa oscuridad a la que se
acercaba velozmente como una furiosa tormenta, empujado por la sangre que
hervía dentro de él se jactaba de ser fuerte y vengativo…audaz y
extraordinario, metódico e irreverente…desafió a su yo mientras las nubes se cernían
sobre aquella viejas casas grises…así comenzó a llover…el cielo no dejaba a
nadie sentido, bañaba con su melancolía las casas, los cafés, las iglesias, los
sombreros y los cabellos, inundaba con esas lagrimas derramadas las calles y
sus banquetas…creando el caos y el refugio entre sus habitantes, una lluvia
fuerte y persistente, como cuando se riega el césped…se empapo totalmente y en
esa calle sin color salvo un gris trágico y común, alzo la vista para sentir la
furia de las gotas que lloraba Dios, apenas lo distinguió pero no pudo evitar
contemplarlo…un ave de alas rojas volaba sobre el jardín que había en el
balcón, su mirada altiva le impedía rehuir de el ave, se le ocurrió que podía
alcanzarlo, una alucinación de su ser le invito a seguir, entró al edificio,
subió escaleras en un arranque de locura, cuando llego a la puerta del
departamento que llevaba a ese balcón, se detuvo en seco. Con el corazón
palpitando como un tren a toda marcha, se quedo estático, sintió mareo, dolor
en el pecho, y parecía que era la lluvia pero eran lágrimas las que ensuciaban
sus ojos…como no lo había adivinado, reconocido el lugar, la puerta rojiza que
contrastaba con la pintura gris de todas las otras puertas… ¿tocar? ¿Gritar? ¿Huir?
Las preguntas se alzaban en su mente como ofertas de mercado…no sabía si ella
estuviera del otro lado, si se encontrase ahí, quizás había dejado el
departamento, tal vez estaría trabajando o en casa de una amiga…o en los brazos
de otro…el temor de cualquier respuesta se apodero de él y se sentó ahí
recargado en la puerta, escuchando a la lluvia hablar por él cuando la puerta
se abrió lentamente al sentir el peso de el,
en un arranque de valentía cruzó la puerta, buscándole como en esos
atardeceres de nubes naranjas y cielos rojizos…entre recuerdos que abrazan su
silueta cansina, busco sus labios…su cuerpo desnudo, quería acariciarlo como se
acarician las flores del jardín…para resolver este indescriptible sentir que no
se puede evitar más…cual ladrón de poca monta se adentró tras esa puerta para
comprender, entender, amar o abrazar todo lo que habían sido, vio los libros
empolvados, el que ella leía descansando en ese sillón amarillo tan familiar,
en la cocina aun se encontraba ese cuadro representando a la Diosa de la Luna,
y el aroma a su comida…era el peor de los ladrones, dejando sus huellas por
todo el lugar, tocando aquí, leyendo allá, incluso se le ocurrió asomar al
balcón, pero al ave de las alas rojas no encontró…le encantaba esa vista, aun
con la lluvia pertinaz, se alcanzaba a apreciar la ciudad y su gris tan
particular…un mundo opuesto al suyo estaba tras esa puerta de color
rojizo…incluso el aroma dentro de ese lugar era diferente, como de un otoño en
el mar…una fragancia colgaba en el aire como el aroma del amor y su más fiel
creyente…la puerta es entrada y salida, agonía y felicidad, dolor y placer,
amor y desamor, una puerta de madera que desafía las leyes del destino, ser
para ella, lo que olvidó, estar para ella, como dejó de hacerlo, soñó encontrarla
y fuesen de nuevo aquella fuerza furiosa que destruía todo a su paso…¿estas
aquí? Susurraba evocándola…En la oscuridad de la habitación, le buscó, extendiendo
los brazos para tocarle, abrazar su historia…unir los caminos, levantar de
nuevo el hogar, eso que los unía como la tormenta al viento, cuanta negrura en
este corazón, se extiende una ceguera sobre el que no le permite verte aun con
los ojos abiertos…no hay luz, no hay sol, no está, es parte de ella, una
ausencia en su cama…un ladrón, se dijo mientras se derrumbaba en ese sillón
amarillo, secó sus manos y con plumón en mano, buscó anotar en aquella pared
blanca atiborrada de escrituras que los visitantes dejaban, un gran álbum de
recuerdos donde dejar huella…como cuando se firma quien eres y como te
sientes..lo que eres a través de los
ojos de los demás…y escribió en esa pared blanca de tintas negras luego encaminó
rumbo a la salida, cerró con cuidado, tras esa puerta, extrañó la timidez de
sus labios al besar, el singular sonido de los zapatos verdes y aquellos ojos
cuya sinceridad le decían te quiero, su música a los 4 vientos en la
habitación, los gestos para evitar que sus besos fuesen huellas que marcasen
los labios de ese ladrón…al sentimiento de dos no se le reprime, se le libera
como a una lluvia torrencial…añoró lo vivido, lo sentido, lo extraviado…describió
los motivos que hicieron que perdiera su cabeza aquella madrugada de aquel
decimo mes donde le conoció, los días consecuentes, las vagas ideas que su
cabeza desprendía y que ella escuchaba con gran cuidado siempre con el
enunciado elocuente o la sonrisa sincera o el gesto de asombro…Se llevó consigo
tan solo una flor para acordarse de lo que había vivido, si fuese un sueño,
esta jamás existiría, si fuese realidad, estaría presente…algo de color en su
vida serviría…y se perdió tras esa infinidad de paraguas que iban cerrándose
para abrirle paso al firmamento…sintió una indescriptible sensación mezclada de
sentimientos cual trago irreverente en un bar sabiendo que el liquido va
directo al corazón…le dolía el cuerpo, el sonido de los autos le agudizaba el
oído, ocupaba de nuevo adentrarse en su hábitat y dejar sus alas rotas
recuperarse, la puerta rojiza continuaba en su mente, pero sobre todo, no podía
olvidarse lo que había detrás de ese pedazo de madera, un museo de la vida,
objetos de colección de alguien que amaba, extensiones de su ser en aquello tan
material, aroma que impregno de nuevo en todo su ser…era un ladrón se dijo, un
vil ratero que se robaba corazones, que dejo que al miedo ganar…y hoy se había
introducido a un nuevo robo…el de los tontos, que no se llevan nada cuando lo
quieren todo, que dejan huellas cuando debieron usar guantes…y así
durmió…viendo hacia el techo evocando, describiendo, soñando, tocando, hablando
en voz baja…como cuando se le habla al amor. Otro atardecer, otra historia por
contar, otro mundo al que acudir…el Ladrón despertó en medio de un extraña
calma, displicente pero sonriente, con los cabellos desaliñados y el hambre que
le devoraba el estomago…se ducho, se quito los vellos del rostro, arreglo la
casa y encontró su mejor sonrisa ante el espejo, listo, y con esos pensamientos
desencadenados en sentimientos, salió
rumbo a ese departamento cuya puerta rojiza ocultaba todo, compro flores
y llevo un disco bajo el brazo…el Sol duro hasta que no pudo mas, quería ver su
llegada, esos golpes en la puerta, que se dejaran caer en ese balcón mientras
se besaban…pero ahí no había mas nada…no había jardín, en su lugar…un enorme
letrero de Se Renta…era lo único que el balcón ofrecía…un escalofrío atravesó
su espalda, un golpe de realidad directo a la mandíbula, dejo la flor en
aquella puerta rojiza y aventó el Disco compacto…no le servían mas, golpeó la
puerta como se golpea al olvido y a la perdida…sin rumbo fijo con la mirada
perdida y desesperada sintió la ausencia como un traje que le quedaba a la
medida, el Sol tenía razón, vivía de fantasías…La Luna no, ella vivía de
realidades, efímeras y honestas…Por un momento pensó que hubiese sido un sueño,
un mal sueño nacido de sus pensamientos, de la lógica hecha ilógica, de la
valentía de un miedo singular…el ladrón comenzó a temblar y sentado en la
fuente cuyos chorros bañaban el aire comió sus uñas, las devoro como se devora
las enfermedades al cuerpo…los colores se habían marchado de la ciudad, las iglesias,
las plazas y la ropa de sus habitantes vestían de gris, de pronto, del otro
lado de la acera…el ave de las alas rojas estaba posado sobre ese café…el ladrón
de la intuición que solo se tiene cuando robas, busco con la mirada, ese aroma
tan familiar, esa llamada de alma por encontrarse con quien te roba el
aliento…reconoció sus pisadas aun en esa noche olvidada por los colores…en
medio de tanto gris, sus zapatos rojos brillaban a través de la calle de esa
ciudad congelada en el tiempo…los ojos de los transeúntes no lo podían creer,
desafiaba al mundo, a sus reglas y esos mitos donde no es bueno ser
diferente…pero ella había tomado una decisión…su maleta roja como el color del
corazón, como el de la sangre, como el de los valientes…hermosa, inalcanzable,
indescriptible…un color entre tanto gris, un brillo entre tanta negrura…el ladrón
le saludó, pero ella no le veía, gritó fuerte, pero ella no escuchaba, fue tras
ella, pero ella ya había dado la vuelta y se perdió en el callejón…había
perdido el su color y ella no veía más su figura…tanto robo para quedarse sin
lo que más quería sentir con sus manos…los zapatos rojos subieron la escalera,
la portadora encontró la flor, abrió con cuidado pero impaciente, levantó el
disco compacto con manos temblorosas…tomo lo poco que hacía falta y lo metió en
la maleta, pero esta cayó al suelo derramando todo lo que había en ella como
las lagrimas caen al suelo…la pared blanca manchada de esa tinta que solo un ladrón
podría escribir…”eres mis lagrimas, mi historia incompleta, un cautivo de
nuestro mundo, añoro con nostalgia tu recuerdo, tu sinceridad, esa sonrisa que
me hiere el alma, la luz, la Luna…todo me sabe a ti, incluso el aire, las
pisadas, las pesadillas del otro lado de la puerta, espero y desespero, añoro y
no avanzo, me pierdo en la oscuridad de la ausencia, en la puerta del destino,
en las llaves extraviadas de nuestra historia…cuantos capítulos inconclusos que
la vida se encargara de llenar por ambos para entender que la realidad es una
fuerza motriz tan fuerte que rompe cualquier fantasía..Te lo dejo todo…la
sangre, la luz, las noches de insomnio, la tristeza de los martes, el vacio
de sus domingos, las tardes rojizas y
las mañanas naranjas, la lluvia, los besos al dormir, los abrazos al despertar,
el amor al desayunar…las fotos, las frases marcadas en amarillos en los releído
libros. Te dejo mis pensamientos, lo que jamás aceptaste, lo que te enamoraste,
cómelo, devóralo, o arrójalo a los perros…o al abismo del olvido como se
arrojan las cenizas al mar. Te dejo todo, la ciudad, los colores, las poesías,
los tragos amargos, las sonrisas, las alegrías, el cielo estrellado al que
veíamos…las cartas, los cuadros…la parte que me llevé.” Del balcón ella se
asomo a la calle, recorrió el rostro de todos, pero entre tanto gris no
encontró al ladrón…solo hallo a un ave de alas rojas posando en aquella fuente
del Mundo de Morfeo.”