jueves, 8 de mayo de 2014

La Puerta de Color

“Bajo el manto de las estrellas cayéndose del cielo, caminaba por las calles de la ciudad, era una noche para el recuerdo…los cafés, los bares y esos departamentos con balcones, se diluían bajo el manto estelar sopesando el mañana adornándose con la mejor música y ese vaivén de la conversación…siempre fue fanático de las personas, verles en su hábitat disfrutar junto con ellos como discutían sobre los temas del momento que singularmente eran un preludio de lo que venía a continuación, discusiones entretenidas de cómo enfrentar la vida, las relaciones, las amistades, las perdidas…y todo en medio de la fiesta más honesta, la de pocos en un ambiente reducido, donde los cuerpos se tocan hombro con hombro…saludó, brindó, se introdujo a la noche con el corazón hecho pedazos y el alma perdida, nadie estaba enterado, pero esa fecha para él, tenía una relación especial…y por ello, portaba su mejor sonrisa con su porte desafiante y pulcro…hoy era él, en su mejor disfraz, versión de un ser humano pleno sin el menor atisbo de sufrimiento o congoja, la oscuridad de la ciudad le quedaba a la perfección…como un lobo en el bosque, salía siempre en búsqueda de lo que satisficiera su ego, o su estima, la marca en su rostro no podía ocultarse, ofrecía un aire de diferencia en un mundo de comunes, descendiente de Caín, el Errante, de amantes de la culpa, y desangelados del cielo, entraba y salía de todos lados, fotografiaba sus experiencias para que al despertar y enfrentar las huellas del ayer, supiera de donde vino aunque no supiese como terminaba ahí, fumo y fumo, hasta que se cansaba y comenzaba por toser, estúpido vicio, nunca le sabia a mucho y jamás lo entendió, pero en la vida, hay cosas que se tienen que sentir no entender, el humo llegaba a los pulmones como el amor llega al corazón, a veces por necesidad, a veces porque se quiere…el viento susurraba entre los arboles meciéndoles como el arrullo de la mama a su hijo, fotos, tragos, gritos y el torrente sanguíneo que se alteraba al presagiar donde culminaría esa colina descendente de su ser, sin embargo, de caídas saben mejor los golpes y las palabras se escuchan mejor…se bebió la vida recorriendo las calles y los callejones, desafió a su cuerpo y a su mente, con conversaciones profundas, con placeres mundanos dejando huellas en pisos nuevos, lúgubres, insalubres, se cayó varias veces…su rostro cubierto por el sudor cubría lo rojo de sus ojos y lo gris de su alma, se habían perdido los colores en esa oscuridad a la que se acercaba velozmente como una furiosa tormenta, empujado por la sangre que hervía dentro de él se jactaba de ser fuerte y vengativo…audaz y extraordinario, metódico e irreverente…desafió a su yo mientras las nubes se cernían sobre aquella viejas casas grises…así comenzó a llover…el cielo no dejaba a nadie sentido, bañaba con su melancolía las casas, los cafés, las iglesias, los sombreros y los cabellos, inundaba con esas lagrimas derramadas las calles y sus banquetas…creando el caos y el refugio entre sus habitantes, una lluvia fuerte y persistente, como cuando se riega el césped…se empapo totalmente y en esa calle sin color salvo un gris trágico y común, alzo la vista para sentir la furia de las gotas que lloraba Dios, apenas lo distinguió pero no pudo evitar contemplarlo…un ave de alas rojas volaba sobre el jardín que había en el balcón, su mirada altiva le impedía rehuir de el ave, se le ocurrió que podía alcanzarlo, una alucinación de su ser le invito a seguir, entró al edificio, subió escaleras en un arranque de locura, cuando llego a la puerta del departamento que llevaba a ese balcón, se detuvo en seco. Con el corazón palpitando como un tren a toda marcha, se quedo estático, sintió mareo, dolor en el pecho, y parecía que era la lluvia pero eran lágrimas las que ensuciaban sus ojos…como no lo había adivinado, reconocido el lugar, la puerta rojiza que contrastaba con la pintura gris de todas las otras puertas… ¿tocar? ¿Gritar? ¿Huir? Las preguntas se alzaban en su mente como ofertas de mercado…no sabía si ella estuviera del otro lado, si se encontrase ahí, quizás había dejado el departamento, tal vez estaría trabajando o en casa de una amiga…o en los brazos de otro…el temor de cualquier respuesta se apodero de él y se sentó ahí recargado en la puerta, escuchando a la lluvia hablar por él cuando la puerta se abrió lentamente al sentir el peso de el,  en un arranque de valentía cruzó la puerta, buscándole como en esos atardeceres de nubes naranjas y cielos rojizos…entre recuerdos que abrazan su silueta cansina, busco sus labios…su cuerpo desnudo, quería acariciarlo como se acarician las flores del jardín…para resolver este indescriptible sentir que no se puede evitar más…cual ladrón de poca monta se adentró tras esa puerta para comprender, entender, amar o abrazar todo lo que habían sido, vio los libros empolvados, el que ella leía descansando en ese sillón amarillo tan familiar, en la cocina aun se encontraba ese cuadro representando a la Diosa de la Luna, y el aroma a su comida…era el peor de los ladrones, dejando sus huellas por todo el lugar, tocando aquí, leyendo allá, incluso se le ocurrió asomar al balcón, pero al ave de las alas rojas no encontró…le encantaba esa vista, aun con la lluvia pertinaz, se alcanzaba a apreciar la ciudad y su gris tan particular…un mundo opuesto al suyo estaba tras esa puerta de color rojizo…incluso el aroma dentro de ese lugar era diferente, como de un otoño en el mar…una fragancia colgaba en el aire como el aroma del amor y su más fiel creyente…la puerta es entrada y salida, agonía y felicidad, dolor y placer, amor y desamor, una puerta de madera que desafía las leyes del destino, ser para ella, lo que olvidó, estar para ella, como dejó de hacerlo, soñó encontrarla y fuesen de nuevo aquella fuerza furiosa que destruía todo a su paso…¿estas aquí? Susurraba evocándola…En la oscuridad de la habitación, le buscó, extendiendo los brazos para tocarle, abrazar su historia…unir los caminos, levantar de nuevo el hogar, eso que los unía como la tormenta al viento, cuanta negrura en este corazón, se extiende una ceguera sobre el que no le permite verte aun con los ojos abiertos…no hay luz, no hay sol, no está, es parte de ella, una ausencia en su cama…un ladrón, se dijo mientras se derrumbaba en ese sillón amarillo, secó sus manos y con plumón en mano, buscó anotar en aquella pared blanca atiborrada de escrituras que los visitantes dejaban, un gran álbum de recuerdos donde dejar huella…como cuando se firma quien eres y como te sientes..lo que eres  a través de los ojos de los demás…y escribió en esa pared blanca de tintas negras luego encaminó rumbo a la salida, cerró con cuidado, tras esa puerta, extrañó la timidez de sus labios al besar, el singular sonido de los zapatos verdes y aquellos ojos cuya sinceridad le decían te quiero, su música a los 4 vientos en la habitación, los gestos para evitar que sus besos fuesen huellas que marcasen los labios de ese ladrón…al sentimiento de dos no se le reprime, se le libera como a una lluvia torrencial…añoró lo vivido, lo sentido, lo extraviado…describió los motivos que hicieron que perdiera su cabeza aquella madrugada de aquel decimo mes donde le conoció, los días consecuentes, las vagas ideas que su cabeza desprendía y que ella escuchaba con gran cuidado siempre con el enunciado elocuente o la sonrisa sincera o el gesto de asombro…Se llevó consigo tan solo una flor para acordarse de lo que había vivido, si fuese un sueño, esta jamás existiría, si fuese realidad, estaría presente…algo de color en su vida serviría…y se perdió tras esa infinidad de paraguas que iban cerrándose para abrirle paso al firmamento…sintió una indescriptible sensación mezclada de sentimientos cual trago irreverente en un bar sabiendo que el liquido va directo al corazón…le dolía el cuerpo, el sonido de los autos le agudizaba el oído, ocupaba de nuevo adentrarse en su hábitat y dejar sus alas rotas recuperarse, la puerta rojiza continuaba en su mente, pero sobre todo, no podía olvidarse lo que había detrás de ese pedazo de madera, un museo de la vida, objetos de colección de alguien que amaba, extensiones de su ser en aquello tan material, aroma que impregno de nuevo en todo su ser…era un ladrón se dijo, un vil ratero que se robaba corazones, que dejo que al miedo ganar…y hoy se había introducido a un nuevo robo…el de los tontos, que no se llevan nada cuando lo quieren todo, que dejan huellas cuando debieron usar guantes…y así durmió…viendo hacia el techo evocando, describiendo, soñando, tocando, hablando en voz baja…como cuando se le habla al amor. Otro atardecer, otra historia por contar, otro mundo al que acudir…el Ladrón despertó en medio de un extraña calma, displicente pero sonriente, con los cabellos desaliñados y el hambre que le devoraba el estomago…se ducho, se quito los vellos del rostro, arreglo la casa y encontró su mejor sonrisa ante el espejo, listo, y con esos pensamientos desencadenados en sentimientos, salió  rumbo a ese departamento cuya puerta rojiza ocultaba todo, compro flores y llevo un disco bajo el brazo…el Sol duro hasta que no pudo mas, quería ver su llegada, esos golpes en la puerta, que se dejaran caer en ese balcón mientras se besaban…pero ahí no había mas nada…no había jardín, en su lugar…un enorme letrero de Se Renta…era lo único que el balcón ofrecía…un escalofrío atravesó su espalda, un golpe de realidad directo a la mandíbula, dejo la flor en aquella puerta rojiza y aventó el Disco compacto…no le servían mas, golpeó la puerta como se golpea al olvido y a la perdida…sin rumbo fijo con la mirada perdida y desesperada sintió la ausencia como un traje que le quedaba a la medida, el Sol tenía razón, vivía de fantasías…La Luna no, ella vivía de realidades, efímeras y honestas…Por un momento pensó que hubiese sido un sueño, un mal sueño nacido de sus pensamientos, de la lógica hecha ilógica, de la valentía de un miedo singular…el ladrón comenzó a temblar y sentado en la fuente cuyos chorros bañaban el aire comió sus uñas, las devoro como se devora las enfermedades al cuerpo…los colores se habían marchado de la ciudad, las iglesias, las plazas y la ropa de sus habitantes vestían de gris, de pronto, del otro lado de la acera…el ave de las alas rojas estaba posado sobre ese café…el ladrón de la intuición que solo se tiene cuando robas, busco con la mirada, ese aroma tan familiar, esa llamada de alma por encontrarse con quien te roba el aliento…reconoció sus pisadas aun en esa noche olvidada por los colores…en medio de tanto gris, sus zapatos rojos brillaban a través de la calle de esa ciudad congelada en el tiempo…los ojos de los transeúntes no lo podían creer, desafiaba al mundo, a sus reglas y esos mitos donde no es bueno ser diferente…pero ella había tomado una decisión…su maleta roja como el color del corazón, como el de la sangre, como el de los valientes…hermosa, inalcanzable, indescriptible…un color entre tanto gris, un brillo entre tanta negrura…el ladrón le saludó, pero ella no le veía, gritó fuerte, pero ella no escuchaba, fue tras ella, pero ella ya había dado la vuelta y se perdió en el callejón…había perdido el su color y ella no veía más su figura…tanto robo para quedarse sin lo que más quería sentir con sus manos…los zapatos rojos subieron la escalera, la portadora encontró la flor, abrió con cuidado pero impaciente, levantó el disco compacto con manos temblorosas…tomo lo poco que hacía falta y lo metió en la maleta, pero esta cayó al suelo derramando todo lo que había en ella como las lagrimas caen al suelo…la pared blanca manchada de esa tinta que solo un ladrón podría escribir…”eres mis lagrimas, mi historia incompleta, un cautivo de nuestro mundo, añoro con nostalgia tu recuerdo, tu sinceridad, esa sonrisa que me hiere el alma, la luz, la Luna…todo me sabe a ti, incluso el aire, las pisadas, las pesadillas del otro lado de la puerta, espero y desespero, añoro y no avanzo, me pierdo en la oscuridad de la ausencia, en la puerta del destino, en las llaves extraviadas de nuestra historia…cuantos capítulos inconclusos que la vida se encargara de llenar por ambos para entender que la realidad es una fuerza motriz tan fuerte que rompe cualquier fantasía..Te lo dejo todo…la sangre, la luz, las noches de insomnio, la tristeza de los martes, el vacio de  sus domingos, las tardes rojizas y las mañanas naranjas, la lluvia, los besos al dormir, los abrazos al despertar, el amor al desayunar…las fotos, las frases marcadas en amarillos en los releído libros. Te dejo mis pensamientos, lo que jamás aceptaste, lo que te enamoraste, cómelo, devóralo, o arrójalo a los perros…o al abismo del olvido como se arrojan las cenizas al mar. Te dejo todo, la ciudad, los colores, las poesías, los tragos amargos, las sonrisas, las alegrías, el cielo estrellado al que veíamos…las cartas, los cuadros…la parte que me llevé.” Del balcón ella se asomo a la calle, recorrió el rostro de todos, pero entre tanto gris no encontró al ladrón…solo hallo a un ave de alas rojas posando en aquella fuente del Mundo de Morfeo.”