“Aquel centro comercial se cernía
sobre la parte sur de la ciudad…sus blancas paredes y sus fachadas adornadas
por esos tonos en color ladrillo y un sinfín de estacionamientos para sus
visitas…una ligera brisa de diciembre navegaba en las afueras pero adentro todo
era calor humano. Las personas se enfrascaban en una carretera de dos carriles
donde surcaban todo tipo de personalidades buscando, contemplando, midiendo,
solicitando, comprando o devolviendo…esos regalos navideños que su talla no fue
la adecuada, el gusto o sencillamente una compra extra…el materialismo era la
religión perfecta ahí adentro…compras, compras, compras y comida, relajación
absoluta…aunque a algunos no nos guste…la idea del capitalismo, llena las arcas
y nos incita a mejorar, improvisar, endeudarse para comprar cosas que nos
merecemos o creemos necesitar basado en nuestras jornadas de trabajo. Él
caminaba bolsas en mano, de barba crecida y cabello abundante…recorría los
pasillos y las tiendas más preocupado por salir que por entrar, mas indispuesto
por el tiempo que por la estancia…esos lugares le estresaban, quería siempre
salir rápido y pasar el menor tiempo posible ahí. Harto de las ofertas, las
medidas, la música…quería escapar…se detuvo frente a una fuente cuya caída de
agua le gustaba, parecía infinita…inacabable…se perdió en las aguas que caían…sus
ojos repercutían en aquellos cristales líquidos como un niño acariciando
burbujas de jabón…el teléfono sonó devolviéndole a la realidad y mientras
hablaba, indicaba, preguntaba y resolvía…comenzó el temblor, Ella pasó…junto
con el pasado, con el presente y el futuro…llevaba todos los colores del
corazón ahí en su bolsa…colgó al instante, preguntándose si era una ilusión de
la mente y sus neuronas, si la locura finalmente lo había llevado a su lado por
tantas noches de desvelo y tantas botellas que se perdieron por su garganta
tratando de llevarse al mundo por delante para escapar de aquello que le impide
realizarse…Ella pasó como las hojas de los libros cuando el aire las alcanza
perdiéndose entre tantos ayeres y supuestos…¿debería alcanzarle?, su estela
dejo un remanente que a él le causó un temblor en sus piernas…deliró, inhaló
ese aroma apenas perceptible cuando ella pasó a su lado sin percatarse de su
presencia, quizás los años, el cabello, los ojos perdidos, quizá el sí y el no
de todos esos días bloquearon sus miradas para que no chocarán sus planetas…al
fin y al cabo, eran de mundos opuestos, de ciudades diferentes y de matices que
no se unen. Él amaba sus pucheros, sus muecas, sus labios, su historia…pero en
el querer ella aún le llevaba ventaja, amaba menos que él...se mantuvo estático,
helado de su cuerpo y pies como raíces de árbol… ¿Qué decir? ¿Qué no decir?
Solo saludar, mantener la cordialidad, ser indiferente y continuar como lo
había hecho todos estos años…pero al destino no se le puede ignorar…toca fuerte
en la puerta de nuestros corazones y así pasó…justo al buscar la salida, ella
lo vio…y se dirigió hacia él, no había donde ocultarse, donde correr o como
decir que no era él, de nuevo permaneció congelado con el corazón a punta de
golpes como martillo….el destino tan inoportuno, inexacto, imperfecto…fue
sencillo, pocas palabras y un abrazo a medio sentir…un beso de mejilla y un
Hola tan común como diferente…anillo de boda, hijos, y una vida ajena a él…se
dijeron adiós en medio de aquel pasillo que nadie recordará haber cruzado tantas
veces…no entendía la sensación que anidaba en el corazón…vivimos tanto de las
historias amorosas, de tintes rojos y miradas perfectas…pero la realidad nos
lleva por otras vertientes, aquí no existen las poesías sino las prosas como
lectura en clase de historia…Durante la noche no podía dormir…navegaba entre
botellas y mares convulsionados, entre sueños inacabables e historias con
finales trágicos…escribió para él, para ella…escribió como lo hacen los
pequeños…con fuerza queriendo marcar los colores en los dibujos, y salió a la
noche en medio de aquel frío insoportable, bufanda, chamarra y sombrero…probó
el frío y la incertidumbre pero se dijo que había que decir algo…lo que sea
pero dejar un precedente y así fue…caminó por esa calle de añoranzas y casas comunes…pensó
en tocar, en gritar, en arrojar piedras o llamar…pero el romance no entiende de
razones y comenzó a subir, una ventana, una repisa y entonces introdujo la
carta por la ventana…bajó y se rio a carcajadas mientras caminaba por los cafés
y las cantinas para terminar en la misma…una, dos, tres cervezas mientras la
música la entendía a la perfección: destino, amor, desamor, besos, caricias y
sueños…trágicas melodías como historias…estaba absorto en el televisor cuando
la carta se arrastró por la barra hasta llegar a sus manos…y entonces él, solo
le vio a ella, a sus ojos, su eterna sonrisa y sus cabellos incomodando su
rostro…le abrazó tan fuerte que sintió su cuerpo tronar…una lágrima apareció en
su rostro, ella no sabía si por felicidad o tristeza, pero aquello se sintió
como un temblor en las llagas del corazón…tomaron cerveza en la expectativa y
en la plática trivial, el cómo y el porqué, el ayer y el hoy, el donde y el
quien…ella le pidió que la acompañase…en la noche fría caminaron…una Luna partida
por la mitad acompañaba el cielo estrellado…cuanto que decir…y ella señaló la
banca donde se sentaban a menudo…él besó su mejilla mientras ella sostenía la
carta agitándola como para hacerla volar…le dijo aquí estamos de nuevo…en medio
de una tormenta que comenzará pronto, no tengo mucho tiempo…y él soltó todo: había
querido entender, sentir de más…forzar los sentimientos para que estos se
liberasen y ella entendiese un poco de lo que él sentía cuando hablaba con
ella, cuando anhelaba encontrarle…en una calle, en un mundo de opuestos…por eso
había tomado distancia…quería escapar de sus mensajes y de querer llamarle
incesantemente, esperar que contestará y que fuese al baño o a otro cuarto y
recibir un hola o un buenas noches…de imaginarle en cualquier lugar de aquella
ciudad a la que ella decidió marcharse y contarle el ayer, el hoy y el posible
mañana…tener el tiempo para hablar, tomar café, departir una pizza o saltarse
la realidad para vivir de la fantasía…que bien vive el hombre abrazado de la
esperanza, esperar que fuésemos diferentes. Y el destino, ese hilo rojo que une
a las personas les encontrará…sabían ambos que hace años la oportunidad y los
deseos se perdieron en ese temor que provoca hacer un hoyo en la vida del otro
y romper todo lo acontecido anteriormente…Ella le contó cuanto había extrañado
sus mensajes, sus llamadas y como la cercanía con él…le causaba una sensación
irrazonable…sentimientos ambivalentes de felicidad, culpa, miedo…pero ahora
estaban aquí…por una causalidad...él le pasó el brazo por encima, y volvió a
ser el mismo…le describió historias de la Luna, del parque…pero aun así…dudaba
si era el momento…dudo de sí mismo, de la mirada en ella, de su cercanía…dudo
de los deseos, de los anhelos; dudo si besarle, porque querría besarle cada
mañana y cada noche, y temería ponerle fecha a su historia por un beso; dudo
porque besarle sería prenderle fuego a todo lo creado y empezar de cero, y así
destruir una vida por otra; dudo de continuar a su lado siendo un amor pasajero
o una amistad…pero el riesgo a veces vale la herida y ambos eran adictos a los
sueños postergados, la felicidad fraudulenta y las historias que no habían sido
escritas para ellos…ambos sufrían de palpitaciones y consecuencias en el
corazón…pero hoy, por solo esta noche fría romperían todo en mil pedazos…y
entonces sus almas sufrirían de una sacudida interna que habría de hacer
temblar el mundo externo…se besaron bajo la luna, bajo los árboles…acarició sus
labios como se acaricia la vida misma…dejándose llevar por los sentimientos y
emociones que solo quien besa sabe a qué sabe…ella acarició sus mejillas, paso
la mano por los labios de él y destruyó a medida que construía una noche para
ellos, una sola noche…una división en el tiempo para que ellos pudieran existir
tomados de la mano, para que su historia tuviera lo que ninguno decía pero que
ninguno negaba…él le abrazaba fuerte mientras besaba el cuello, bajando por su
escote hasta caer presas de este mal tan bien deseado…así es el amor, la
pasión, el cariño…algo inevitable, inviable, ambivalente, efímero, eterno,
adictivo…aquí se olvidó el amor práctico…el amor de compartir cada quien su
lado de la cama, de olvidar las fechas y dejar los besos en la puerta…lo que
aquí ocurrió es algo que no se entendería sin una poesía, una prosa o una nota
en un ramo de flores, sin una sonrisa al final de una historia…Al filo del
amanecer justo cuando el Cielo toma otro matiz…los dos se marcharon tomados de
la mano…y prometieron encontrarse pronto…sin embargo, hay promesas que jamás se
cumplen y no por decisión de quienes la hacen sino porque en las historias de
amor a menudo existen derrotados. Y así, los días aunado a los meses y
acompañado de los años pasaron…sin contacto, sin llamadas, sin escucharse el
uno al otro y menos encontrarse por ahí en los pasillos de la vida y el
destino…quizás uno esperaba al otro y viceversa, quizás esa división del tiempo
había desaparecido esa noche…la vida no debería ser de supuestos pero las
relaciones humanas están llenas de ellos. La carta apareció en su ventana, a
pesar de ser falto de memoria…la letra la reconoció al instante, abrió la
ventana, saltó a la calle, corrió por el vecindario, llamó por teléfono pero
nadie estaba ahí, solo las palabras impregnadas de su aroma en el papel de
color rojizo…lo que decía le trajo lágrimas, suspiros, corajes y risas…un adiós
como tantos ocurren en el mundo de los amantes, culminaba con: “Y un día
cualquiera como ningún otro…ya no tocaré más a tu puerta ni me preguntaré más
por ti…no recordaremos la última vez que nos vimos ni sabremos cómo somos
actualmente…solo sabremos que nos quisimos y que a veces donde el amor perdió
también nosotros ganamos algo…la vida nos dirá que es”; Guardó la carta…y subió
a la azotea, el cuerpo le tembló, más bien el alma sintió…desde ahí su grito se
escuchó en todo el firmamento…ese alarido sacudió el corazón de quien le
escuchó desde el otro lado del cielo en el Mundo de Morfeo”.