martes, 7 de mayo de 2013

El Relator


“Está era una vez un niño que vivía en un gran Reino, el Reino en el que habitaba era muy especial, parecía perfecto con sus grandes lagos, sus eternos bosques y sus ilimitados caminos, tal era su admiración que su Castillo recibía infinidad de visitas diarias para apreciar su arquitectura, ahí era donde vivía él, era gigantesco y deslumbrante, consistía de 80 habitaciones, jardines espectaculares y grandes esculturas además de un sinfín de murales, aquellos que vivían en él eran felices, o eso parecía al menos. El niño disfrutaba de las fiestas, le gustaba conocer personas, platicar con ellas siempre se involucraba en su organización y ellos los visitantes sonreían, solían realizarse grandes banquetes y todo el Reino era invitado.  Vivía de un pasatiempo, escribía historias y a las personas que conocía las volvía personajes. En su recámara se encontraban historias, en palabras, en imágenes, en muchas la fantasía prevalecía, su habitación era un museo...se exhibían personajes extraordinarios. Sólo el sabía quienes eran, muchas veces se desveló escribiendo, dibujando, creando historias que el mundo no conocería. Nadie lo molestaba, pero tampoco se interesaban. Era una manera de sobrellevar el tiempo en ese día a día mientras las fiestas volvían a organizarse. Juegos físicos y mentales se llevaban a cabo…El caminaba sobre seguro, sus historias fantásticas acarreaban la mayor parte de su atención leyéndose libros extraños hasta lo contado por su ancestros en fogatas interminables, ese era uno de sus sueños, convertirse en un cuentista, un antecesor de las artes e iniciar un camino en el cual las aventuras prevalecerían…pero los obstáculos prevalecerían y día a día el niño crecía y se ocupaba de actividades relacionadas con su carrera, su misión, no había trabajo para los charlatanes que cual bufones contaban de gigantes, monstruos y dragones. Un día se olvidó de escribir, al igual que la semana siguiente mientras el Reino fulgurante crecía enormidades levantando murallas de piedra y dejando arboles caerse para protegerse de invasiones y calamidades. Se extravió en el día a día, en las ideas de mejorar la vida mediante protección, economía, cortes de justicia e impuestos por cobrar. Sus personajes crecieron, y las fiestas fueron disminuyendo, al igual que sus banquetes resultaban cada vez mas cortos…las personas estaban demasiado ocupabas haciendo dinero o aumentando sus bienes como para divertirse. Y un día en el gran Castillo sentado en su habitación con sus personajes en exhibición de poderes sobrenaturales, ciudades desconocidas y orígenes caóticos, el niño hecho un adulto quizás por la edad, quizás por la vida o tal vez por olvidar sus sueños decidió marcharse por una temporada a tierras extrañas, a vivir en otro reino, y así encontrar otras aficiones que le llenasen el vacío con el cual ahora cargaba en su estomago, ese día que partió la noche estaba repleta de estrellas que se colgaban en el firmamento viendo sus pasos salir a través de esas murallas.

Errante como nunca, anduvo de ciudad en ciudad viendo nuevas formas de expresión, entraba a espectáculos, jamás dijo de donde venía ni adonde iba, era un errante como Caín, se escudaba diciendo que solo iba de paso hasta que un día con poco dinero y viendo su regreso mas pronto que su partida a la siguiente ciudad…solicitó trabajo en el último circo que tenía poca gente en sus funciones, por 3 días se ofreció…tu talento pregunto el circense…contador de historias. Esa tarde frente a nomas de 10 personas, su historia comenzó…disfrazado con ropa que encontró entre magos y domadores, inició su relato creando sonidos de rayos, de tormenta, utilizó instrumentos para realizar su interpretación mientras la historia tomaba forma frente a esos 10 espectadores que comenzaron a aplaudir y estar completamente metidos en ese reino de dragones, caballeros de personajes irreverentes y disidentes. Esa noche permaneció en vela, recordaba los aplausos, el relato contado pero sobre todo ese vinculo de sus personajes con los espectadores, el día siguiente se dobló la asistencia y el siguiente el lugar se lleno, invariablemente el cirquero se quedo un día mas y al ver su virtud, su talento nato para contar relatos, le invitó a acompañarlo por los reinos adyacentes. Aceptó en el acto, que mejor transporte para un errante relator que un circo ambulante y así, el otrora niño viajo por reinos pequeños, medianos y grandes como el suyo, conoció lo bueno, lo malo y lo perverso del mismo y así con grandes aventuras a cuestas y amores efímeros como los atardeceres y las noches sin luna, sus relatos se hicieron mas largos y mas preparados convirtiéndose en un espectáculo de percusiones, disfraces y música rimbombante, y así un día se hizo tan famoso que en el Majestuoso Castillo alguien preguntó por ese relator de historias del que tanto se hablaba, la expectativa que el circo llegase al Reino era indescriptible y se preguntaban si sería capaz de arrancarle la tristeza a ese pueblo que cada vez pensaba menos en diversión y mas en ambición. El circo estaba abarrotado y el espectáculo no defraudó desde los domadores, los bufones y aquellos amantes de lo hereje llamados magos salieron entre aplausos. El Relator saltó al escenario, con todas las velas apagadas salvo un par en el templete, el portando un antorcha y una mascara mitad fuego-mitad cielo comenzó su relato: “Es una lucha a muerte…entre el cielo y el infierno…es eterna, inacabable, son ángeles y arcángeles contra ángeles caídos…su lucha durante siglos se ha llevado un sinfín de almas, muerte, orgullo, lealtad, pasión, fe…todas esas palabras son fuente de razones por las que se lucha…pero estas parecen no ser suficientes para tanta sangre derramada” detrás de el, estrellas caían desde el cielo y en el suelo del templete  una alfombra roja como la sangre con plumas de alas manchadas se convertía en río…El continuó “vivimos de expectativas y no de experiencias…esa búsqueda inagotable de la felicidad a base de materialismo y no de emotividad…dejando que la ambición los tomase de rehenes…el infierno combatía ataviado de grandes armas, banderas rojizas y dragones de fuego…el cielo apegado a su doctrina de fe, de ayuda al prójimo y de esa espiritualidad se defendía y atacaba con espadas de justicia, con grandes ríos de agua bendita y cruces en forma de flechas…pero se estará peleando con argumentos válidos o solo es la victoria y el botín” Los Dragones de fuego eran pirámides formadas por hombres como la China antigua con sus armas cual catapultas de fuego, del otro lado del escenario las flechas hechas con tela acechaban y sus combatientes vestían de un azul celeste con una paloma sobre el pecho símbolo de paz, él prosiguió “se preguntan: ¿Cuál es el botín? ¿Qué victoria se ganará aquí?” antorchas iluminaron a los espectadores que asustados gritaron, en medio de las dos filas una niña caminaba, dos niños caminaron rumbo al escenario. Ella con un vestido rojo como la sangre y el niño una armadura azul como el cielo, ambos tomaron de la mano al relator y este dijo: “El Botín es y siempre serán ustedes…el ser humano…capaz de hacer grandes castillos, murales, poesía, amar y compartir la tierra pero así también lo es ruin, ambicioso, destructor, creador del asesinato y amante del odio sobretodo cuando este es abandonado por la fe o el cariño. Esta batalla es una lucha de todos los días, podremos contar este relato durante días y seguramente los personajes de ambos bandos saldrían a luchar por sus ideales pero que este no se confunda con la avaricia, la ira, la envidia o la soberbia…abracen a sus hijos, adoren a sus padres, ríanse con sus amigos…compartan al prójimo su conocimiento…y así un día la lucha será nuestra y se convertirá en nuestro tesoro” Las palabras parecían dagas sobre los corazones de los habitantes de el Reino, tal vez el cuento no era lo que esperaban pero si era justo lo que necesitaban, la historia continuó y los aplausos se escucharon en todos los alrededores finalmente El Relator culminó su historia y dejo el escenario, la guardia del Rey le esperaba, él Rey se acercó al relator quitándole su mascara, detrás de ella, las lagrimas y la sonrisa se hicieron presentes en el Relator y el Rey se encontró con su hijo de nuevo entendiendo desde ese día que también la riqueza se encuentra en el corazón de los hombres. El Relator continúa adhiriendo historias, personajes y esculturas a su repertorio, camina erguido y orgulloso por ese Majestuoso Castillo que dos veces al año recibe a los habitantes del Reino para festejar las fiestas del Rey”