“Está era una vez un niño que vivía en un gran Reino, el Reino
en el que habitaba era muy especial, parecía perfecto con sus grandes lagos,
sus eternos bosques y sus ilimitados caminos, tal era su admiración que su
Castillo recibía infinidad de visitas diarias para apreciar su arquitectura,
ahí era donde vivía él, era gigantesco y deslumbrante, consistía de 80 habitaciones,
jardines espectaculares y grandes esculturas además de un sinfín de murales,
aquellos que vivían en él eran felices, o eso parecía al menos. El niño
disfrutaba de las fiestas, le gustaba conocer personas, platicar con ellas
siempre se involucraba en su organización y ellos los visitantes sonreían,
solían realizarse grandes banquetes y todo el Reino era invitado. Vivía de un pasatiempo, escribía historias y a
las personas que conocía las volvía personajes. En su recámara se encontraban
historias, en palabras, en imágenes, en muchas la fantasía prevalecía, su
habitación era un museo...se exhibían personajes extraordinarios. Sólo el sabía
quienes eran, muchas veces se desveló escribiendo, dibujando, creando historias
que el mundo no conocería. Nadie lo molestaba, pero tampoco se interesaban. Era
una manera de sobrellevar el tiempo en ese día a día mientras las fiestas
volvían a organizarse. Juegos físicos y mentales se llevaban a cabo…El caminaba
sobre seguro, sus historias fantásticas acarreaban la mayor parte de su
atención leyéndose libros extraños hasta lo contado por su ancestros en fogatas
interminables, ese era uno de sus sueños, convertirse en un cuentista, un
antecesor de las artes e iniciar un camino en el cual las aventuras
prevalecerían…pero los obstáculos prevalecerían y día a día el niño crecía y se
ocupaba de actividades relacionadas con su carrera, su misión, no había trabajo
para los charlatanes que cual bufones contaban de gigantes, monstruos y
dragones. Un día se olvidó de escribir, al igual que la semana siguiente
mientras el Reino fulgurante crecía enormidades levantando murallas de piedra y
dejando arboles caerse para protegerse de invasiones y calamidades. Se extravió
en el día a día, en las ideas de mejorar la vida mediante protección, economía,
cortes de justicia e impuestos por cobrar. Sus personajes crecieron, y las
fiestas fueron disminuyendo, al igual que sus banquetes resultaban cada vez mas
cortos…las personas estaban demasiado ocupabas haciendo dinero o aumentando sus
bienes como para divertirse. Y un día en el gran Castillo sentado en su
habitación con sus personajes en exhibición de poderes sobrenaturales, ciudades
desconocidas y orígenes caóticos, el niño hecho un adulto quizás por la edad,
quizás por la vida o tal vez por olvidar sus sueños decidió marcharse por una
temporada a tierras extrañas, a vivir en otro reino, y así encontrar otras
aficiones que le llenasen el vacío con el cual ahora cargaba en su estomago,
ese día que partió la noche estaba repleta de estrellas que se colgaban en el
firmamento viendo sus pasos salir a través de esas murallas.
Errante como nunca, anduvo de ciudad en ciudad viendo nuevas
formas de expresión, entraba a espectáculos, jamás dijo de donde venía ni
adonde iba, era un errante como Caín, se escudaba diciendo que solo iba de paso
hasta que un día con poco dinero y viendo su regreso mas pronto que su partida
a la siguiente ciudad…solicitó trabajo en el último circo que tenía poca gente
en sus funciones, por 3 días se ofreció…tu talento pregunto el
circense…contador de historias. Esa tarde frente a nomas de 10 personas, su historia
comenzó…disfrazado con ropa que encontró entre magos y domadores, inició su
relato creando sonidos de rayos, de tormenta, utilizó instrumentos para
realizar su interpretación mientras la historia tomaba forma frente a esos 10
espectadores que comenzaron a aplaudir y estar completamente metidos en ese
reino de dragones, caballeros de personajes irreverentes y disidentes. Esa
noche permaneció en vela, recordaba los aplausos, el relato contado pero sobre
todo ese vinculo de sus personajes con los espectadores, el día siguiente se
dobló la asistencia y el siguiente el lugar se lleno, invariablemente el
cirquero se quedo un día mas y al ver su virtud, su talento nato para contar
relatos, le invitó a acompañarlo por los reinos adyacentes. Aceptó en el acto,
que mejor transporte para un errante relator que un circo ambulante y así, el
otrora niño viajo por reinos pequeños, medianos y grandes como el suyo, conoció
lo bueno, lo malo y lo perverso del mismo y así con grandes aventuras a cuestas
y amores efímeros como los atardeceres y las noches sin luna, sus relatos se
hicieron mas largos y mas preparados convirtiéndose en un espectáculo de
percusiones, disfraces y música rimbombante, y así un día se hizo tan famoso
que en el Majestuoso Castillo alguien preguntó por ese relator de historias del
que tanto se hablaba, la expectativa que el circo llegase al Reino era
indescriptible y se preguntaban si sería capaz de arrancarle la tristeza a ese
pueblo que cada vez pensaba menos en diversión y mas en ambición. El circo
estaba abarrotado y el espectáculo no defraudó desde los domadores, los bufones
y aquellos amantes de lo hereje llamados magos salieron entre aplausos. El
Relator saltó al escenario, con todas las velas apagadas salvo un par en el
templete, el portando un antorcha y una mascara mitad fuego-mitad cielo comenzó
su relato: “Es una lucha a muerte…entre el cielo y el infierno…es eterna,
inacabable, son ángeles y arcángeles contra ángeles caídos…su lucha durante
siglos se ha llevado un sinfín de almas, muerte, orgullo, lealtad, pasión, fe…todas
esas palabras son fuente de razones por las que se lucha…pero estas parecen no
ser suficientes para tanta sangre derramada” detrás de el, estrellas caían
desde el cielo y en el suelo del templete
una alfombra roja como la sangre con plumas de alas manchadas se
convertía en río…El continuó “vivimos de expectativas y no de experiencias…esa
búsqueda inagotable de la felicidad a base de materialismo y no de
emotividad…dejando que la ambición los tomase de rehenes…el infierno combatía
ataviado de grandes armas, banderas rojizas y dragones de fuego…el cielo
apegado a su doctrina de fe, de ayuda al prójimo y de esa espiritualidad se
defendía y atacaba con espadas de justicia, con grandes ríos de agua bendita y
cruces en forma de flechas…pero se estará peleando con argumentos válidos o
solo es la victoria y el botín” Los Dragones de fuego eran pirámides formadas
por hombres como la China antigua con sus armas cual catapultas de fuego, del
otro lado del escenario las flechas hechas con tela acechaban y sus
combatientes vestían de un azul celeste con una paloma sobre el pecho símbolo
de paz, él prosiguió “se preguntan: ¿Cuál es el botín? ¿Qué victoria se ganará
aquí?” antorchas iluminaron a los espectadores que asustados gritaron, en medio
de las dos filas una niña caminaba, dos niños caminaron rumbo al escenario.
Ella con un vestido rojo como la sangre y el niño una armadura azul como el
cielo, ambos tomaron de la mano al relator y este dijo: “El Botín es y siempre
serán ustedes…el ser humano…capaz de hacer grandes castillos, murales, poesía,
amar y compartir la tierra pero así también lo es ruin, ambicioso, destructor,
creador del asesinato y amante del odio sobretodo cuando este es abandonado por
la fe o el cariño. Esta batalla es una lucha de todos los días, podremos contar
este relato durante días y seguramente los personajes de ambos bandos saldrían
a luchar por sus ideales pero que este no se confunda con la avaricia, la ira,
la envidia o la soberbia…abracen a sus hijos, adoren a sus padres, ríanse con
sus amigos…compartan al prójimo su conocimiento…y así un día la lucha será
nuestra y se convertirá en nuestro tesoro” Las palabras parecían dagas sobre
los corazones de los habitantes de el Reino, tal vez el cuento no era lo que esperaban
pero si era justo lo que necesitaban, la historia continuó y los aplausos se
escucharon en todos los alrededores finalmente El Relator culminó su historia y
dejo el escenario, la guardia del Rey le esperaba, él Rey se acercó al relator
quitándole su mascara, detrás de ella, las lagrimas y la sonrisa se hicieron
presentes en el Relator y el Rey se encontró con su hijo de nuevo entendiendo
desde ese día que también la riqueza se encuentra en el corazón de los hombres.
El Relator continúa adhiriendo historias, personajes y esculturas a su
repertorio, camina erguido y orgulloso por ese Majestuoso Castillo que dos
veces al año recibe a los habitantes del Reino para festejar las fiestas del
Rey”