martes, 3 de mayo de 2016

Anuncios en el Periódico

“Es una noche lluviosa extraviada en el anonimato de una gran ciudad infestada de corazones rotos, besos lujuriosos y temores infundados que se funden en uno solo…y que pronto nos llevará o bien al infierno o quizás al cielo de rodillas llorando o temiendo por un mundo donde el amor aparezca en cada esquina, en una sonrisa al final de la noche…en un abrazo con tu hijo, en un soleado atardecer, en un encierro con una cobija encima mientras de la pantalla aparece tu escena favorita…sin embargo, él, se encuentra ahí frente a esa estatua de mármol, enorme, estoica, con su mirada altiva y sus brazos gruesos tomando con fuerza el arma con el que se llevó la vida de muchos, la historia de otros tanto y la felicidad de miles…si te acercas a la estatua, escuchas su voz. Se siente como la estatua te habla, te incita a verla y no perder de vista los detalles que de ella emanan. Se inauguró una tarde de abril, con el cielo vestido de rojo naranja, un color solo aparecido en los atardeceres de la ciudad, ¿no te ha pasado que el cielo se viste de una tonalidad que solo tu corazón entiende? ¿Qué sus nubes se acomodan para hacerte llegar un mensaje a ti y solo a ti? Lo sintió ese día cuando miraba hacia arriba como quien busca una respuesta…el dolor y la tristeza le invadían como las hojas invaden las raíces de los árboles al caer al césped. Nunca un personaje público había generado ese aire de tristeza y melancolía en la historia reciente de la ciudad y pensar que solo apenas unos meses todo mundo se abrazó de él, como la plebe se abrazaba a sus gladiadores en la antigua Roma. Era nuestro Espartaco, nuestro Rey Arturo, nuestro Emperador Cuauhtémoc, sin embargo, a veces Dios tiene otros planes para los héroes…para sus gestas heroicas y sus caídas desde el pedestal de la gloria. Él era uno de sus seguidores, de los fieles que lo vieron debutar, jugar, crecer, ser reconocido y después ser famoso…fue su historia parecida a la suya, su origen, la humildad con la que se conducía la que lo llevó a ser adorado por las masas, por el pueblo y aquella tarde, la ciudad le rendía tributo debido a esa muerte repentina que se los había arrebatado a todos, porque ese duelo abarcaba más allá de su familia. Muchos lloraron pero él no, se contuvo, solo sintió su corazón inundarse de tristeza. Quería subirse al siguiente tren e irse unos días…entonces Ella apareció. En su vestido oscuro y unos grandes y bellos ojos cafés, de sus ojos tristes corría la ilusión de quien también quiere escaparse, dejo una flor en la estatua y se marchó. Esa combinación del héroe fallecido y el nudo en la garganta de quien quiere huir de sí misma, se dijo que debía escapar…irse  de la ciudad, donde los sueños se cumpliesen y le hicieran vencer los miedos y las historias tristes, amar y ser amada, donde no le alcanzasen las canciones aburridas y las noches inconclusas.  Sin querer ambos compartieron el andén, la ciudad y el mismo vagón…hay encuentros que se dan por el destino, por el placer, por el mundo, por el cielo, por el infierno o porque dos personas sencillamente van al mismo lugar desde el mismo lugar de salida. Así fue como se conocieron…una estatua, un hombre y su muerte, un héroe del deporte que tanto amaban ambos…y cómo fue que ambos llegaron a introducirse en el camino de este deporte…lo recordaba como si fuese ayer, como se dijeron Hola, enfrascados en la conversación deportiva que hacía que muchos pasajeros se inmiscuyeran entre susurros y con los oídos bien atentos pero sobre todo cuando todo fue enfocándose rumbo a las sensaciones, emociones y sentimientos que los caminos de los ojos se van encontrando como dos líneas paralelas que se han roto y van a encontrarse si o si en este tren que va a toda velocidad llevándose a la gente a otro destino. Si ambos se hubiesen percatado que el vagón iba vaciándose a medida que las ciudades iban apareciendo, hubieran descendido…pero a poco no te ha pasado, que conoces a alguien que te rompe los paradigmas de inmediato, que te cae bien, que sabe escuchar y sabe hacerte sentir cómodo…que sus ojos coinciden en los tuyos y aparece esa risa maliciosa que ambos entienden…así les ocurrió, un sinfín de temas que aparecían cual nubes en el cielo para seguir conversando cual amigos que tienen una vida conociéndose, se decidieron por una ciudad, donde sus luces les recibieron…el clima era frío sin llegar a calar los huesos, sabía a esa agua fresca que sale de la regadera justo cuando vienes de hacer ejercicio. Sin rumbo fijo recorrieron sus restaurantes, sus monumentos y sus bares…sin fotos, sin redes sociales…solo el infinito placer de echarle recuerdos a la memoria y al palacio de los recuerdos. Fueron en búsqueda de aventuras…dejando que la noche y la ciudad fueran dictando su agenda, jugando al turista, al vagabundo, al viajero…del karaoke al espectáculo de madrugada, de la cena urbana al concierto de rock, del telescopio al teleférico…ya no lo podían seguir ocultando, era una comunión entre los dos que los llevaría adonde fuere sin saber cómo hacerle…no sabían que el amor ya les acompañaba como cuando sabes que lloverá o sabes que aquella sonrisa significa más de lo que tu mente entiende…se recostaron en el césped mientras las estrellas iluminaban el cielo ahí esperaron por el amanecer mientras sus manos encontraban el cariño desaparecido por tantos años, tantas noches inconclusas…así con el sol subiendo despertaron tomados de la mano y cubriéndose el frío con los cuerpos entrelazados…para tomar el siguiente tren y seguir viajando…a veces amarse no significa acariciarse sino abrazarse. Compraron libros, cafés y lentes de sol para enfrentar el viaje, de la comida poco, de la limpieza otro poco…así bajaron en la siguiente ciudad…a su lugar favorito, por increíble que parezca…era justo en el monstruo de las mil cabezas…el estadio de beisbol del rival, de esa afición que tanto les caía mal en lo deportivo, pero desde donde alguna vez sonrieron, donde fueron esos juegos que hoy rayan en la eternidad del campeonato…por televisión, por radio o visitando, estuvieron. Disfrutaron del juego y sus placeres…cerveza, nachos, hotdogs, platica, aplausos, abucheos y sobre todo, algunas anécdotas personales y de juego…había redescubierto ella el placer de la conservación, de la compañía, de esa sensación en el aire que significa empezar a sentir rápidamente un sentimiento por alguien y él, se dice poco cuando la mirada traspasa las gafas y se hunde en el alma de quien le acompaña…al final del juego, recorrieron la nueva ciudad…su folklor, su gente, su permisivo uso de las plazuelas…cada minuto, se acercaban más y al llegar al hostal, ya no pudieron más…hay instantes donde tu cuerpo ya no sabe de razones y cae presa de las emociones y los sentimientos y fue ahí donde los dos se perdieron en el abismo de la pasión, del placer, de los labios al juntarse, del olor a dos cuerpos entrelazados. Sus caricias, sus placeres…perdidos en el anonimato de una noche que se ha ido para siempre, ambos lo sabían, que esto acabaría en un infierno de amantes sangrientos, empapados del vino que el amor dejo en ellos. Un amanecer, un final. Ambos regresaron a donde pertenecían…y se fueron perdiendo…todo ese amor que comenzó como el fuego quemando todo a su alrededor, también los quemó a ellos terminando por arrojar sus cenizas al cesto de los amores desperdiciados y hoy, de nuevo, frente a esa estatua donde le vio por primera vez…sus lágrimas se convierten en surcos y su corazón llora la pérdida. Y ¿Qué si los hombres lloran? Y piensa en ese cariño de la eternidad que ya no será tomados de la mano, sino de lejos, como los polos opuestos en quien sabe dónde y con quien, a su mente, viene ese deseo, esa fantasía…de ellos en la habitación, en el auto, comiendo de sus pasiones, de los besos, de reírse y complicarse la existencia con esos bailes que tenían en la sala, en la cama, en la cocina…pero ya no hay nada más allá, el amor jamás llegó aquí, jamás vendrá, porque querer jamás será amar…sin embargo, muy en el fondo quería seguir luchando, intentarlo una vez más…total joven y enamorado solo se es una vez en la vida y frente a la estatua recordó los días de lucha y esfuerzo de su héroe, fue entonces que tomó una decisión. En el periódico de mayor circulación apareció una imagen con una frase que decía: “Tú por allá, Yo por ahí…no te aflijas, el mundo es redondo y alguna vez nos pondrá frente a frente para conocernos de nuevo”. Una vez a la semana, la misma imagen con otra frase aparecía: “A ti que me lees, te quiero…te deseo la mejor de las noches y un hermoso amanecer”…la imagen llevaba un signo al final, una especie de antefirma. Pronto llamó la atención de los lectores y no se hicieron esperar las llamadas buscando a quien iban dirigidas tales frases, si eran de romance, de cariño o de un anuncio de moda. Pero jamás había una respuesta concreta. Así pasaron las semanas y las publicaciones continuaron,  la siguiente decía: “Te quiero a ti que me lees, que sonríes ante mis aventuras y tragicomedias, a ti, que me abrazas desde la lejanía con todas tus fuerzas”, no terminaba él de rendirse, en algún lugar de alguna forma…las palabras y los sentimientos que ellas arrastraban llegarían a Ella y entonces podrían continuar lo que se quedó inconcluso. “A ti que me lees…aventúrate, ama, construye y yo seré feliz de verte sonreír”  los anuncios fueron escaseando a pesar de la respuesta de los lectores, lo que a él le interesaba no era la fama sino que Ella le encontrase. En el camino a casa la última luna llena del mes lo escuchó mientras caminaba…otra frase había sido publicada, pero con otro signo; sobra decir que corrió al puesto de periódicos, para encontrar el anuncio con la frase “A veces los caminos y vivencias deben ser siempre contadas, escritas y pintadas, a veces los besos deben robarse, a veces las personas quieren solo encontrarse donde siempre se hallaron”  Siguió corriendo, como olvidarlo, hoy era el aniversario del héroe favorito de la ciudad…el del bate de madera, su estatua que sirvió de cupido y al llegar al lugar…le vio de nuevo, vestida como solo Ella sabía…benditos ojos que jamás olvidaría…se acercó a Ella y le besó sin mediar palabra, estrujando sus labios contra los suyos y abrazándole para no soltarle más…hay besos, miradas que uno debe arrebatar, robarse, atrapar y beberse como al vino mismo…todavía recordar lo que vivieron y lo que  faltó por vivir, a veces les confundía deseando, extrañando y buscando en el café de la mañana, en el caer de la tarde, en el cerrar de los ojos por la noche…había decidido hallarle y robarse de esos labios, los besos, los últimos que habría de besar. Así, cada año aparecía en el periódico…una imagen con una frase…para los amantes del Mundo de Morfeo mientras ellos iban a rendirle tributo a su héroe”