jueves, 22 de noviembre de 2012

El Ídolo




“El Silencio camina por el lugar, deambula con sus pasos insonoros a través de sus sillas, pasillos y pantallas apagadas, solo el sabe que esta aquí, puesto que regularmente llega tarde y se va sin despedirse, aparece y desaparece, un eterno en el mundo, quizás en el universo. El Monstruo de miles de voces ha callado, sus gritos y alaridos se escucharan el año que se viene, pasaran horas, días, y semanas, donde permanecerá cerrado. Sus visitantes, sus colores y mantas quedaran esperando por un año mas, en el cual, quizás sea donde se reine de nuevo, su estructura yace vacía y sus luces apagadas asemejándose a una pirámide perdida, y en ese lugar vacía bañado por el silencio, quien lo rompe todo es trac-trac-trac que hacen los tacos de futbol en el cemento, esa música que siempre adoramos al saber que te acercas al campo verde rectangular, solo que esta vez, nadie esta para adorarte, no existen las porras, ni se escucha tu nombre o los aplausos al unisonó, incluso nadie profiere insultos a tu persona, el 10 camina rumbo al campo en paso semilento, bien parece que es arrastrado hacia el pasto verde como aquellos niños que no quieren regresar donde han sido maltratos o han sufrido de algún problema, con efímero sonreír, su rostro adusto le acompaña, ahí solo esta el, sin fama, sin comerciales, sin evidencia de sus pasos nada que alimente su ego tampoco sin tener que patear el balón realizando un cambio de juego menos aun que los defensores en la barrera le griten mientras se adelantan y el haga que el estadio contenga la respiración hasta que el disparo sale de su pie. Esta noche no existe nada de eso, todo esta al revés. Así es la vida, hermosa y cambiante. El 10 camina con el balón en sus manos, hoy no lo patea, lo mantiene abrazado así a la cintura, como se hace con el amor, igual que se hace con un hijo, como se abraza a la mamá o igual que cuando un amigo requiere tu apoyo. Hoy solo es acompañado por la Luna que viste de amarillo y no sonríe ni una pizca, dejo el celular en el vestidor y no dijo adonde iba, todos han abandonado el recinto pero el permanece, recorre el campo marcando sus huellas, si alguien estuviese viendo, pagaría por saber sus pensamientos, sus sensaciones, sus emociones, pero no siempre se debe preguntar lo que no estas dispuesto a escuchar, probablemente te des cuenta cuan humano es, de sus debilidades, temores, sonrisas, alegrías, el recuerdo de una comida o un juego en particular. Hoy hace 4 horas el último juego terminó, su camino sobre este campo de mil batallas parece haber visto su andar por ultima vez y su afición, ellos que siempre le acompañaron sus últimos pases lanzar, sus pases filtrados, sus festejos, los títulos, los entrenamientos arduos y las concentraciones de todo un fin de semana solo para durante 90 minutos ser lo que Dios le permitió, jugador. Lo dejo todo, se dice justificándose que hoy el dolor en sus piernas no lo soporte, dio todo por el equipo asumiendo la responsabilidad de ser el capitán, trajo su corazón y se lo entrego a este equipo, que algún día tendrá un nuevo ídolo, porque el sabe que las instituciones y su código siempre permanece a pesar de quien se va y quien llega. Pero también sabe que una vez que pones tu corazón y todo el empeño en tu equipo, funciona. Sus colores yerguen por tus venas y siempre velará porque la institución, sus valores y el orgullo prevalezca, eso hacen los ídolos. Con las calcetas abajo, el jersey desfajado y su número 10 atrás. Le rinde tributo a su escudo, mil batallas, cientos de adversarios, periodistas a favor y periodistas en contra, aficionados repartidos entre admiración y odio, décadas dedicadas y cientos de gritos cuando ese balón rebaso la línea de gol, convirtiendo el estadio en un monstruo de mil cabezas gritando GOL, ese término que con solo tres letras representa el éxtasis del deporte mas hermoso del mundo, el 10 recuerda tantas cosas que podría quedarse por horas, llenaría páginas si fuese escritor, pero el solo escribe ahí en todo ese rectángulo verde con sus pies pinto cual Picasso su obra, pero ya es tiempo, nada es para siempre y todo llega a su fin tarde o temprano. De los ídolos, siempre nos queda su recuerdo, su voluntad y su valentía, y sobre todo sus goles, porque en el mundo del Futbol como en la vida todo es cambiante, lo único que permanece es el alma. El 10 se hinca frente a la portería que vio tantos goles y tantos triunfos, que asumió las derrotas para después saborear las victorias, que también toco el balón con sus postes regresando paredes o evitando que el contrario anotará, hoy es testigo del beso del 10 al pasto verde y su reverencia ante aquello que le ha dado la vida misma…al día siguiente, de esa noche en silencio, solo quedo en la esquina de la portería su jersey colgado y entonces la historia del ídolo cambió de página y lugar.”

lunes, 5 de noviembre de 2012

La Juguetería


“Una estrella fugaz recorría el universo, tan cercano como solo nos toca verlo, sin tener que recorrer el espacio, eso es para los astronautas. Ahí mientras el Astro se desplazaba por el firmamento que a la Tierra toca, su estela dejaba recuerdos de su paso, bajo ella, el juguetero tendido boca arriba con la mirada hacia el cielo se ilusionaba y reemplaza la melancolía con ese instante donde el destino puede robarte una sonrisa, el techo de su juguetería se convertía en su espacio único y delimitado para apreciar el cielo, de vez en vez subía por el árbol que conectaba su casa con la siguiente, cada vez le costaba mas subir pero siempre parecía lo necesario en noches como la de hoy, donde en un arrebato de melancolía que le corrompía el cuerpo, su tristeza se asomaba cual lobo en días de cacería llevando su animo al limbo de los sentimientos o mejor dicho, de esas emociones que surgen del fondo de nuestro interior de vez en vez, para recordarnos cuan frágiles somos. ¿Cómo fue que la melancolía irrumpió en su vida? ¿De donde provino? ¿Por qué va y viene cual corriente de río, cual vaivén de autos en un puente?. Se pregunta con sus manos entrelazadas detrás de su cabeza. Ojos llorosos nublan la vista al Juguetero que cual Pagliacci se siente en el techo de su  juguetería mientras debajo de este, se llena de risas y sonrisas de cientos de niños que recorren sus pasillos en búsqueda del juguete ideal, aquel objeto de culto que habrá de sostener el animo del chiquillo o de la niña que le ha elegido, porque de acuerdo al pensamiento del juguetero hoy con sentir insaboro y desangelado, el juguete elige al niño o la niña, le llama, le retroalimenta su sonrisa tal como lo hace un amigo. Recordó ese cosquilleo en sus manos al abrir la juguetería unos años atrás, con la maleta cargada de sueños y un pasado atiborrado de ilusiones, adecuó de inmediato aquel lugar justo frente al parque, otorgaría luz en aquella ciudad oscura cuyas lluvias buena parte del otoño adornan, en esos edificios grises pintaría de color la vieja casa convertida en juguetería. El sueño de Dios, la realidad se vendería en sonrisas y carcajadas. Una noche se refugió de la lluvia en el árbol contiguo a la vieja casa, y empezó a treparlo sin querer hasta que descubrió como este con sus ramas se colindaba al techo y pudo subir sin dificultad alguna, encontró el lugar ideal para ocultarse de sus demonios y relajarse cuando la razón o el corazón se bloquearán alejándolo de su propi ser. El negocio prosperó de inmediato, sin mucha publicidad salvo sus creaciones, muñecos de teatro guiñol, trenes, muñecas sonrientes, modelos artesanales y sobre todo, esos martes convertidos en lecturas repletas de reyes y reinas, de dragones y caballeros, de astronautas y mundos espaciales, con gran oratoria sabía darle matiz a cualquier cuento que ahí se leía, una biblioteca de historias en un complejo de juguetes. Incluso grandes personajes citadinos se daban cita con sus hijos para elegir en medio de coloridos globos y esperanzados ojos en una tierra gris, incluso tenía un apartado para artes plásticas donde se enseñaba a los niños a realizar máscaras y manualidades Todo era un estado de perfección que perduro por años, y así, el negocio prospero. La lágrima continúa el camino del juguetero por sus mejillas oscurecidas por la noche y fría debido al clima, sus brazos entumecidos no le permiten sino continuar su admiración del cielo confundido entre la melancolía y la estrella fugaz que había de decirle en su alma entristecida que aún en la noche mas triste se puede sonreír, que aun en los días mas largos, un momento puede llevárselo todo en un segundo. ¿Por qué caía en esa melancolía con mayor frecuencia? ¿Estaba perdiendo el toque? Si bien es cierto, las ventas habían bajado y los cuentos de martes fueron pospuestos por falta de personal, y si, parecía que a la ciudad se le había olvidado que su mayor tesoro son sus niños y sus ojos agrandados por la felicidad que causa un juguete y su imaginación, o él olvido como expandirse a otros horizontes o ellos habían hallado una mejor manera de divertirse. Escucha la bocina del recreo anunciar que se cerrará en unos minutos, baja a cuenta gotas por el árbol, cada día batalla un poco mas, limpiándose los ojos y buscando en su ser la sonrisa para enfrentar a quien este en el lugar. Se adentra entre los pasillos hasta llegar a su taller-escritorio en la parte lateral de la misma, la recepcionista le dice que cerrará y el le da las gracias, en la soledad de su trabajo, busca el café oscuro como la noche, hace sonar la música que sale de las entrañas del lugar, solo cuando se encuentra el a solas se permite música diferente a su niñez, se recarga en su silla color café ya maltratada por los años cierra sus ojos intentando encontrar cierta creatividad para continuar su travesía que impulse un nuevo modelo, dentro de su mente un sonido lo martillea interrumpiendo el sonido de la música y su camino al subconsciente, ¿a esta hora? Se calza de nuevo los zapatos y camina rumbo a la puerta, sin preocuparse por la alarma, sino por el toque de la puerta que parece reconocer, y estupefacto se queda ahí suspendido en el tiempo antes de finalmente abrir abruptamente, ¿Eres tú? A lo que ella contesto, ¿no me invitas a pasar? Claro que si, discúlpame y así, en un instante, todo el pasado, todo el presente, todo el mañana se trastabillo por esa delicada sonrisa que brillaba aún en la tenue luz que los alumbraba. En sus brazos, una niña de 6 años dormía profundamente, a lo que ella le contesto a su mirada, es mi sobrina. El juguetero tomó a la niña hasta uno de los colchones inflables atiborrados de muñecas y figuras de acción, ahí la recostó y le tapo con una cobija que trajo de arriba. Sirvió dos cafés cargados en silencio, bajo el sonido a la música y llevo dos pequeñas sillas frente al colchón donde la niña dormitaba y se la ofreció. Sentados frente a frente en diminutas sillas y con una mesa que los separaba, con cientos de muñecas y monos de ojos grandes alrededor, ellos se contemplaban. Una sonrisa nerviosa les salía a ambos mientras escuchaban los ligeros ronquidos provenientes de la chiquilla y deseosos de iniciar conversación, trastabillaron a la hora de iniciar pero finalmente ella lo hizo:
-          Tantos años y aún sonríes como un niño extraviado, apuesto a que aún resuelves crucigramas y ves televisión solo los lunes.
-          Uno nunca deja aquello que lo hace feliz, porque si no, se convierte en sombra de lo que fue. ¿Qué hay de ti? Me preocupé al verte, me sorprendí, aún no se que decirte, pero mi imaginación vuela sobre las lunas del universo.
-          Mi vida no resultó como pensé. Me alejé de mis sueños y me encontré con mis pesadillas.
-          Ninguna vida es lo que deseamos porque influye nuestro entorno y nuestro corazón cambia de parecer. Lo que importa es lo que sentimos, lo que somos.
-          Si, verdad. Realmente siempre tuviste palabras de aliento para mí, volví hace dos años, solo que no quería enfrentarme a tus ojos, saber que cuando me fui, llevaba la maleta llena y hoy viene vacía.
-          Nos hacemos mas sabios con el tiempo, aprendemos de ciertos errores y todo es un marco de experiencia en nuestro existir. Lo que mas recuerdo de ti, no es tu partida o el que te hayas ido sin decir mucho, lo que recuerdo de ti es tu andar por la juguetería, el sonido de tu sonrisa que retumbaba en el lugar, y si el tiempo nos hace mas sabios, pero eso no me ha impedido sonreír aun en días tristes.
-          Suenas diferente, parece que en ti el tiempo y los años han pesado, aun no se que hago aquí, pero se que debo estar aquí, ¿aun subes al techo?
-          Jajá. Claro que sueno diferente, han pasado 5 años, ¿Qué esperabas? Que te sonriera, abrazará, comiera de tus labios y te dijera cuanto te he extrañado. Tienes razón el tiempo, me ha hecho más renuente, pero no más tonto. Ven, acompáñame
-          ¿Adonde? No puedo dejar a mi sobrina aquí.
-          No la dejaremos sola, tiene todo lo que los niños sueñan. Una cama para dormir, muñecas para jugar y sobre todo, donde correr sin que nadie le diga detente.
-          Tus ojos comienzan a brillar.
-          Es por que he recordado aquello que siempre me hizo sonreír. Y cobraré mis deudas.
El juguetero, la guió a través de una escalera de caracol oculta tras la puerta de un aparente armario, el silencio de sus pasos era lo único que se escuchaba al subir, llegaron a la azotea por una puerta que ella jamás había visto, el le explico que cuando le dolía mucho los huesos la utilizaba en lugar del árbol. La escalera los llevó al techo, y ahí, con el silencio de la noche en la ciudad arrebatada de colores por el gris insensible, el juguetero le dijo como había funcionado el mundo durante su ausencia, donde se habían ido los colores y el porque del silencio de esta ciudad, los niños habían olvidado como ser felices o mejor dicho, los juguetes habían cambiado, sin embargo, le contó, siempre existe una esperanza para aquellos cuyos corazones sonríen aun en la oscuridad y la sonrisa debe ser siempre moda al igual que la carcajada música para nuestro interior. ¿Me ayudas? Le dijo mientras arrastraba una caja hacia el medio del techo. La Luna amarilla como el queso con su conejo expectante era su auditorio, no había más melancolía, solo un par de ojos que se cruzaban con los otros. De pronto, se escucho unos pasos y la niña dijo: ¿también puedo ayudar? El juguetero le contesto: no podríamos empezar sin ti. Arrojo fuegos artificiales al cielo, mientras por el altavoz le hablaba a los niños de la ciudad, había fiesta en la juguetería, todos estaban invitados…a lo lejos el cielo iluminado por el destello que proferían los colores repercutía en esos corazones callados, los niños comenzaron a llegar con sus padres, con los ojos saltados por los fuegos artificiales, ella y su sobrina inflaban globos y arrojaban serpentinas, una vez que la multitud creció, se abrieron de nuevo las puertas del lugar, se repartieron botes de pintura y los invito a que hijos y padres pintaran juntos la casa como ellos quisieran, muchos niños subieron por el árbol al techo y desde ahí cantaban con el altavoz, en ese instante en que unidos sonrientes rompían con los paradigmas de la oscuridad, bañados por esa magia que irrumpió la juguetería, las muñecas abrieron los ojos, los monos de peluche comenzaron a cantar y los robots a prenderse, nadie lo creía si no fuera por sus ojos que lo veían, habían cobrado vida o siempre la tuvieron. Con los ojos brillosos, las sonrisas y carcajadas de los niños ilusionados, emocionados repercutían en el ánimo de sus padres que recordaron que aun al crecer podemos siempre sonreír y de vez en vez retomar los hábitos que nos hacen felices, aun cuando el trabajo, las presiones y el mundo nos agobie. El Juguetero aprendió de ella, de su sonrisa, de su visión de la vida, tomo su mano y le acompaño por los confines del mundo interior y exterior. Caminaron juntos alimentándose de carcajadas, de ilusiones, de realidades compartidas, el lugar creció y el negocio volvió a prosperar, solo que no era el dinero sino la felicidad de hacer aquello que te hace sonreír. Todas las noches de jueves se recuestan sobre el techo adornado de luces de colores y de murales en el suelo, degustando el amor cual si fueran chocolates mientras en el cielo, de vez en vez fugaces estrellas recorren el firmamento mientras la Luna les sonríe.”