“El Silencio camina por el lugar, deambula con sus pasos
insonoros a través de sus sillas, pasillos y pantallas apagadas, solo el sabe
que esta aquí, puesto que regularmente llega tarde y se va sin despedirse,
aparece y desaparece, un eterno en el mundo, quizás en el universo. El Monstruo
de miles de voces ha callado, sus gritos y alaridos se
escucharan el año que se viene, pasaran horas, días, y semanas, donde
permanecerá cerrado. Sus visitantes, sus colores y mantas quedaran esperando
por un año mas, en el cual, quizás sea donde se reine de nuevo, su estructura
yace vacía y sus luces apagadas asemejándose a una pirámide perdida, y en ese
lugar vacía bañado por el silencio, quien lo rompe todo es trac-trac-trac que
hacen los tacos de futbol en el cemento, esa música que siempre adoramos al
saber que te acercas al campo verde rectangular, solo que esta vez, nadie esta
para adorarte, no existen las porras, ni se escucha tu nombre o los aplausos al
unisonó, incluso nadie profiere insultos a tu persona, el 10 camina rumbo al
campo en paso semilento, bien parece que es arrastrado hacia el pasto verde
como aquellos niños que no quieren regresar donde han sido maltratos o han
sufrido de algún problema, con efímero sonreír, su rostro adusto le acompaña,
ahí solo esta el, sin fama, sin comerciales, sin evidencia de sus pasos nada
que alimente su ego tampoco sin tener que patear el balón realizando un cambio
de juego menos aun que los defensores en la barrera le griten mientras se
adelantan y el haga que el estadio contenga la respiración hasta que el disparo
sale de su pie. Esta noche no existe nada de eso, todo esta al revés. Así es la
vida, hermosa y cambiante. El 10 camina con el balón en sus manos, hoy no lo
patea, lo mantiene abrazado así a la cintura, como se hace con el amor, igual
que se hace con un hijo, como se abraza a la mamá o igual que cuando un amigo
requiere tu apoyo. Hoy solo es acompañado por la Luna que viste de amarillo y
no sonríe ni una pizca, dejo el celular en el vestidor y no dijo adonde iba,
todos han abandonado el recinto pero el permanece, recorre el campo marcando
sus huellas, si alguien estuviese viendo, pagaría por saber sus pensamientos,
sus sensaciones, sus emociones, pero no siempre se debe preguntar lo que no
estas dispuesto a escuchar, probablemente te des cuenta cuan humano es, de sus
debilidades, temores, sonrisas, alegrías, el recuerdo de una comida o un juego
en particular. Hoy hace 4 horas el último juego terminó, su camino sobre este
campo de mil batallas parece haber visto su andar por ultima vez y su afición,
ellos que siempre le acompañaron sus últimos pases lanzar, sus pases filtrados,
sus festejos, los títulos, los entrenamientos arduos y las concentraciones de
todo un fin de semana solo para durante 90 minutos ser lo que Dios le permitió,
jugador. Lo dejo todo, se dice justificándose que hoy el dolor en sus piernas
no lo soporte, dio todo por el equipo asumiendo la responsabilidad de ser el
capitán, trajo su corazón y se lo entrego a este equipo, que algún día tendrá
un nuevo ídolo, porque el sabe que las instituciones y su código siempre
permanece a pesar de quien se va y quien llega. Pero también sabe que una vez
que pones tu corazón y todo el empeño en tu equipo, funciona. Sus colores
yerguen por tus venas y siempre velará porque la institución, sus valores y el
orgullo prevalezca, eso hacen los ídolos. Con las calcetas abajo, el jersey
desfajado y su número 10 atrás. Le rinde tributo a su escudo, mil batallas,
cientos de adversarios, periodistas a favor y periodistas en contra, aficionados
repartidos entre admiración y odio, décadas dedicadas y cientos de gritos
cuando ese balón rebaso la línea de gol, convirtiendo el estadio en un monstruo
de mil cabezas gritando GOL, ese término que con solo tres letras representa el
éxtasis del deporte mas hermoso del mundo, el 10 recuerda tantas cosas que
podría quedarse por horas, llenaría páginas si fuese escritor, pero el solo
escribe ahí en todo ese rectángulo verde con sus pies pinto cual Picasso su
obra, pero ya es tiempo, nada es para siempre y todo llega a su fin tarde o
temprano. De los ídolos, siempre nos queda su recuerdo, su voluntad y su
valentía, y sobre todo sus goles, porque en el mundo del Futbol como en la vida
todo es cambiante, lo único que permanece es el alma. El 10 se hinca frente a
la portería que vio tantos goles y tantos triunfos, que asumió las derrotas
para después saborear las victorias, que también toco el balón con sus postes
regresando paredes o evitando que el contrario anotará, hoy es testigo del beso
del 10 al pasto verde y su reverencia ante aquello que le ha dado la vida
misma…al día siguiente, de esa noche en silencio, solo quedo en la esquina de
la portería su jersey colgado y entonces la historia del ídolo cambió de página
y lugar.”
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