martes, 22 de enero de 2013

La Fotografía


“Un escritorio maltratado por los años de color caoba perdido en los anales del tiempo, acompañado de una capa de polvo que se adhiere a el como las arañas a su tejido. Encima de este, yace una vieja maquina de escribir añeja que ni sus teclas se alcanzan a notar por la falta de uso puesto que las portátiles has llegado para quedarse y les han arrebatado el don de la escritura, una lámpara cuyo foco ahorrador rompe con la tradición de cualquier vela ahuyenta a la oscuridad todas esas noches alimentadas por el insomnio…botellas vacías y comida fría le adornan, parece la mesa de un vagabundo o de un perdido en los vicios del trabajo, sin embargo, este escritorio es una extensión de la vida de quien le utiliza…caótico, mal alimentado, sucio, vacío, pero iluminado porque con la oscuridad de la mente basta, aun no tiene titulo, pero es una historia que será escrita, porque hay historias que deben contarse. Afuera en ese frío incipiente yace el diciembre, mes adorado por grandes y pequeños en búsqueda de romper todo lo malo del año, sus caídas, sus días trabajando hasta tarde, las derrotas y el recuento de dulces victorias en todos los sentidos de nuestra vida, y el, el dueño de este escritorio polvoriento en el balcón rehusándose a tomar su lugar, mas bien, esta alejando su corazón de aquello que quiere contar, esta enfrascado en su botella y esa mirada que la Luna le regresa cada que bebe un trago, le sonríe el también, al final siempre le acompaña a todos lados, vale estar mejor con ella, que es parte de tu andar. El famoso escritor se refugia en aspirar ese puro maltrecho que con su fuego rojo como la sangre se yergue en la oscuridad, esta perdido de nuevo, no sale desde hace un mes y no pretende salir en otro mas, se abraza de su cansancio mental, de su rodilla adolorida, de la decena de libros famosos escritos y se debate con su yo interno para no sentarse en el escritorio, y su silla catapultándolo a la distorsión. No!, se grita, sin embargo, ese embriagante deseo de contar una historia le traiciona y lo encamina arrojando con coraje el puro y vaciándose la botella entre la boca y el cuello creando ese torrente que empapa su camisa color oscura. Solo una vez mas, se dice, toma sus anteojos encendiendo ese aparato que se proclama extensión de su pluma y su maquina de escribir, de su corazón ávido de nuevas visiones efímeras y eternas. Su mente ha empezado a viajar expandiéndose hasta el corazón cual música favorita y recordando la fecha Teclea:

“Una nevada inusual se ha suscitado, todo amaneció blanquecino y húmedo, los jardines marchitos por la nieve y los autos se ocultan bajo sus capas, es pletórico. Amantes del Platonismo dirían que sería un día ideal para disfrutar de lo que realmente importa en la vida, el amor. Claro por que no, navidad se acerca y del rencor, recordamos poco, del amor, mucho. De las tristezas, nada. De las posadas, todo. Hoy puede ocurrir cualquier cosa. La ciudad se subleva y sus edificios adornados con el tono blanco reciben a las personas con brazos abiertos, es el último día de las compras. Del closet han salido sombreros, gorros, bufandas y guantes, además más de uno ha incluido las botas para caminar sin hundirse. En el cuarto rojo, nada de eso importa, si hay clima inusual o no, el reflejo de una noche de insomnio mas se ha ceñido sobre su persona, y ahora viaja entre dormido y despierto por sus fotografías intentando terminar el rollo que ahí tiene, cual experto lleva el proceso sin miramientos, de hecho se sonríe de pronto al realizarse por captar momentos imprescindibles de la gente: sus sonrisas, sus bostezos, sus pasos presurosos en las calles, su comer en las plazas, sus poses, semblanza de la vida es lo que las fotos nos enseñan, método infalible para recordar, interpretar, recolectar nuevas anécdotas de momentos, es como vivir del tiempo y no que el tiempo viva de nosotros. Pronto su exposición estaría lista y así mismo su obra maestra, aquello que lo tildaría de psicópata o de genio, de idiota o melancólico, pero que importa. Una vez que has encontrado aquello que te gusta hacer, lo demás es lo de menos se dice, viene solo, es parte de ti, fotos van y vienen, rostros desconocidos, familiares enfrascados ahí en un cuarto rojo hasta mañana. La llamada en el celular lo despierta de su transe, hay trabajo, no muy contento contesta y espera la ubicación, de pronto una sonrisa melancólica aparece en su rostro y sale corriendo rumbo a su cuarto. Se presenta en la locación y empieza a realizar los arreglos, calza bien, viste bien y su cámara lista para hacerse presente, la mejor toma, y en espera de la presencia de esa chica que corta su respiración, actúa profesional se dice, justo cuando ella llega temblando de frío, prácticamente corriendo con sus ropas de invierno, diciéndose a si misma que solo tomará un momento, todo mundo empieza a correr, las tomas deben ser a la hora pactada y en la forma prevista, la nieve no estará para siempre. Ella con timidez se acerca a el, saludándole y diciéndole que lista esta, el Fotógrafo asintiendo en silencio espera, en un segundo sus miradas se cruzan pero ninguno dice nada. El Fotógrafo recorre su cuerpo con el sonido de su cámara, sus ojos, su rostro, la sonrisa encantadora, su silueta mientras la nieve baña su cuerpo, la dulzura de su mirar y la sensualidad que exuda su atuendo, tan lejos de mi y tan cerca de su cámara se dice el, porque nunca sabemos que piensa quien adoramos si no sabemos expresarle nuestro sentir. A veces es una expresión del cuerpo, una mirada, un toque de sus manos. Ella lo ve a través, se dice si el pensará en ella habiendo tantas mujeres en sus fotos, después de tantos años que se conocen, jamás han compartido un café, solo el trabajo de un par de horas y de vuelta a la realidad, son un par de extraños conocidos a través de esa cámara fotográficas, una ilusión sesgada por la realidad y así la sesión terminó y cada quien se fue por su lado. La explanada de la ciudad, ataviada con sus estatuas góticas amantes de la oscuridad y un cielo nublado, se montó la exposición bañada por esas luces amarillentas en forma de lámparas alargadas, acompañada de arboles frondosos y de amantes de la fotografía. El serio, en su traje de expositor, escuchaba hablar a los organizadores de su evento. Agradecido con la vida sonreía, su obra esta completa y esta noche habría de recoger dichos frutos, recorrió con algunos de ellos las fotos explicando el como, el porque, de donde provenía y que representaba cada foto, sin embargo, poco a poco los asistentes se percataron de cómo se repetía ese rostro irrepetible en la exposición…se aplaudió de tan artística exposición con tintes de humildad, rostros desconocidos convirtiéndose en estrellas solo por una noche, una violinista vagaba por conocidos compositores interpretando melodías que alojaban cierta nostalgia y pasión irrumpiendo por las venas de las decenas de personas. Hubo brindis, discursos, historias, el fotógrafo intentaba sentirse vivo, feliz, expresivo pero su rostro arrojaba emociones encontradas, apreciaba sus fotos como si se viese sus manos o sus apuntes de estudiante, conocía cada facción, cada sensación y siempre sus pensamientos llevaban hacia el rostro de ella, su musa motor de su vida que aparecía y desaparecía cual estrella fugaz. Afuera la nieve conseguía evocar todo tipo de sensaciones, el fotógrafo cerro los ojos por un instante, agradeció a todos y se enfilo a la puerta de salida en búsqueda de una bocanada de aire caminando y dejando que su agente se encargué. Se cubrió el rostro, las manos y sonrió a la noche, si no habría de conseguir aire al menos se jactaría de sonreír. Sentada en una banca de la explanada estaba ella, vestía de blanco como la Luna misma, y sonreía como cuando se es valiente, le señalo su asiento vacío en la banca diciendo:
-          Llegué a tu exposición me dijeron que habías salido a caminar, que no eras fanático de las multitudes y de los discursos.
-          No, no lo soy. Contesto él, desesperado por no saber que decir, sorprendido de que ella estuviese ahí.
-          Si, me enteré de tu evento y quise venir a entender ese silencio que no siempre se interpretar, no dices mucho y tampoco pregunto. Ella se preguntó si había sido muy abierta.
-          Mi trabajo lo es casi todo, me ha llevado a lugares que jamás soñé conocer, a fotografiar diversas sesiones y jamás pensé verte aquí, creo que ninguno de los dos nos conocemos realmente. Dubitativo el fotógrafo apreciaba el cielo sentado en esa banca helada y con el corazón rompiéndole la camisa al palpitar. ¿Qué te pareció la exposición?
-          Muy buena, todo mundo se me quedo viendo mientras recorría las fotos como si me reconocieran hasta que me encontré con ese cuadro que me dejo sin habla. ¿Qué significa? Con el alma en la boca y los labios partidos debido al frío, ella soñaba con escuchar una respuesta que pusiera fin a esta ironía que a través de un lente se había gestado.
-          Es solo mi mejor forma de decirte me gustas, es la mejor forma de hablar sin tener que explicarle a todo el mundo lo que de ti siento. Con sus manos entumidas del frío y el temor, el fotógrafo se debatía en su interior al expresar aquello que mas deseaba y que más temía. Pero Roma no se hizo en un día y el lo ha soltado ahí, mientras la nieve continúa su andar por la ciudad.

Esa noche se rompió el silencio, se cayeron las mascaras al suelo, y la cámara se quedo guardada para otro día. El Fotógrafo y su Musa, se conocieron realmente. Sin un lente de por medio, sin un miedo entre ellos, con la mirada frente a frente, aquí no habría quien juzgará o hiciera previas conclusiones, se inició de nuevo o se continuó. Se dice que el Fotógrafo jamás le fotografió de nuevo y que ella jamás volvió a ser fotografiada con la nieve cayendo sobre la noche.”
El escritor tosió y asomó un poco de sangre en su pañuelo, maldice por lo bajo pero sonríe, tenía mucho tiempo sin sentir esa agradable sensación de sentirse feliz, súbitamente su cansancio le dejo por instantes, dejó la historia en el correo de su editor, diciéndole que era breve pero real, que si por ahí aun tenía un espacio, la publicara. Había rechazado escribir desde hace un tiempo, tomó su puro de nuevo sin importarle el dolor y fumo frente a la ventana mientras villancicos cantaban. La noche siguiente su teléfono sonó y la voz del otro lado dijo: hoy visto de blanco, ¿te gustaría retratar a una señora que aun sonríe al leerte? El escritor dejo caer una lágrima, del viejo escritorio su estuche fotográfico, por primera vez en un mes y por primera vez en 10 años salió a reencontrarse con el amor de su vida mientras la Luna blanca les esperaba en la misma banca”

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