miércoles, 5 de noviembre de 2014

La Noche de las Máscaras

“A paso lento caminaba sobre las calles empedradas y oscuras, perseguido por el insomnio y la expectación, era solo un tonto en búsqueda de algo intangible en un ciudad de materialismo y capitalismo, pero él siempre había creído que había un acto, una idea, un camino donde era más que lo normal, fuera de realidad e impregnado de cuentos y libros leídos sobre noches interminables, hoy durante su andar contempló la ciudad que le caía encima como el mar sobre la arena, evocaba tristeza, nostalgia, melancolía y sus derivados todos términos aceptados por doctores. La vestimenta le ocultaba de quienes le habían juzgado, ahora era un relámpago en la noche. Aparecía de vez en vez, en días como estos con falta de optimismo y una vela de realidad, siendo inoportuno como una lluvia en un evento al aire libre, carecía de formalismo y las palabras que de él salían causaban ebullición durante las conversaciones en reuniones de intelectuales frustrados y soñadores extraviados. Era duro, mundano y visceral, jamás tenía motivo para sonreír salvo que dicha sonrisa llevará una bala de crueldad, así había subido en el área en la cual se desempeñaba, iniciado por decisión propia carente de lo que se enfrentaría pero seguro de sus pasos para dejar sus huellas marcadas sobre el piso transitado. Un enmascarado cuya identidad se hablaba a sus espaldas, el inicio de su andar no era conocido, solo irrumpió e hizo temblar las siluetas que se alzaban en la noche, era fugaz como un cometa, ojos oscuros, y un tatuaje en el cuello enigmático. Al llegar a su destino, volteó a ambos lados, introdujo la llave y descendió un par de pisos bajo esa casucha que nunca se vendió desde esa madrugada de la cual todos en la ciudad hablaban…una mansión invendible, un secreto por todos conocidos, pero nadie sabía que bajo esos ladrillos incoloros, se hallaba una puerta con un código, introdujo la llave plateada e ingresó mientras encendía la lámpara con un cerillo…cientos de libros apilados se extendían a través del lugar, todos portaban máscaras, de diferentes tipos y colores, ninguno igual a otro, ninguno se conocía, salvo por las voces o la expresión de sus ojos…una idea no necesita un rostro, solo una máscara, como el amor o la pasión, la escritura o un enunciad, solo ocupa de unos ojos que se vean frente al otro…música clásica combinada con gritos ahogados del rock que evocaban épocas pasadas…cuanta oscuridad, pero cuanta luz en las paredes…las letras eran su furia inagotable para decirle al mundo lo que ellos olvidaron…un revolucionario en aras de conquistarse a sí mismo, y a un pueblo desvariado…bebió del vino espumoso, se sentó sobre la mesa que albergaba más de 30 sillas, encima de ellos un candelabro enorme, del techo pintado de viejos poemas e historias perdidas…aquí la calma era su aire, las letras una buena compañía…entraban y salían aquellos portadores de llaves plateadas, las cuales eran entregadas de diferente manera en ritos suburbanos…corría el vino, la música, las conversaciones, era una fiesta sin etiqueta de serlo, era unas discusiones evocadas en la antigua Grecia.
Ella caminaba fuerte pero a paso tranquilo, sin correr, sin arrastrarse, como si conociese cada piedra en cada calle, de mirada era fuerte e intimidante como el Sol que eclipsa a su paso provocando un insoportable e inestable caminar de los que le rodean cuyos cuerpos se separaban para dejarla tal como el agua del mar rojo…te rompería en dos hablándote con desdén y miraría a otro lado cuando le intentas mirar sus ojos…ella es la que te mira y no al revés. Hermosa como una Luna llena, como el vuelo de la mariposa o el vino cayendo sobre la copa. Vestía tacones altos más negros que la noche con un moño plateado, de labios rojos y ojos verdes como luciérnagas, caminaba en ese vestido oscuro que no dejaba lugar a la imaginación realzando su figura, sobra decir que la belleza se había asentado en ella y describirla sería darle de nuevo, esa adoración que solo las Diosas merecen. Alrededor de su cuello una mascada plata con aves negras…escondiendo el tatuaje por el cual cualquier persona emitiría juicio, sin embargo, ella ya no tenía más que ocultar, ahora la usaba con orgullo pues cualquier que le conociese siempre notaba ese detalle…artística, expresiva y metódica, así era ella, sin medias tintas o todo era de un color o era de otro, no había gris en su vida y como iba a tener gris esa sonrisa que podría enamorarte…como Afrodita. Su estela dejaba perplejo a más de uno, sin embargo, ella veía más allá, su búsqueda era una manera de escapar y encontrarse, de ser ella antes de volver a ser ella, esa que fue, esa que fue herida, esa que fue despreciada y evitada, pero quien no ama, no es amado, y quien ama siempre se expone a cualquier resultado…bienaventurados quienes aman de nuevo…para ella las letras lo eran todo o casi todo, una extensión de su ser que se expandía en periódicos, publicaciones, revistas y sopa de letras, incluso en su cuerpo las letras permanecían ofreciendo el mensaje al mundo para que este fuese un poco diferente, tuviese un poco de color, sonriera un poco mas y pensará mas allá de cualquier circunstancia…valentía u osadía era una de sus palabras favoritas. Un día se fue de la ciudad porque la historia necesitaba reinventarse y desde hace tiempo había vuelto con otra perspectiva, otra sensación, incluso el aire le supo mejor ahora que tenía menos miedo por no decir que lo había vencido. Ignoró todas las miradas así como los chiflidos y las sonrisas fingidas de quien se cruzaba en el camino hasta que se encontró con la mansión, y así con una llave plateada y su antifaz se perdió tras esa puerta. En una noche donde la Luna esta más cerca que nunca brillante y hermosa…La Noche de las Máscaras se llevó a cabo, parte de un ritual secreto entre los invitados en la gran mesa, brindaron por la vida, el amor, la poesía y la prosa…por el mañana, y por el ayer, de sus misiones y sueños…objetivos trazados para alimentar al mundo y sus habitantes mediante la música que cruzaba con sus notas el sótano, del techo las pinturas parecían cantar y en la mesa, departían y compartían en partes iguales, ahí no había jerarquías, no había un yo ni un nosotros, pero si era una noche para recordar, ya que hoy las mascaras se perdían y se quemaban frente a la gran fogata, dejando en ella todo lo viejo y renovarse de nuevo, mostrarse tal cual y luego cambiarse de máscara…reflejar en ese fuego su historia y los caminos entretejidos para seguir adelante y así…hacerse de relaciones empresariales, eróticas, amistosas, etc. El Gong fue golpeado y su sonido recorrió el sótano mientras la gran fogata se encendía en un fuego azul, La Noche de las Máscaras entraba en el punto álgido, muchos eran renuentes a quitársela pero así eran las reglas y aquí todo se echaba a perder si se rompía…el segundo golpe al Gong fue suficiente, todos se removieron sus máscaras y las arrojaron al fuego…la llama se alzó rumbo al pasado, reclamando los recuerdos y las experiencias para darle paso a la nueva piel…frente a frente, los osados se vieron sus rostros por vez primera…lo que a esos dos les ocurrió fue un relámpago que partió la fogata en dos, una luz de un matiz que solo los enamorados entienden…una gota de sangre que hacía arder el cuerpo…lo que todos percibieron era una pintura hecha del infierno para el cielo, él lo supo al instante y por ello lo advirtió cuando dio vuelta a la hoguera para encontrársela de frente…tomó su rostro, empapándose de su aroma y sus labios…se acercó tanto que ella le mordió el labio…un segundo, una mirada, y esos dos habrían de hacerse pedazos la vida en aras de amarse sin objeciones ni ilusiones, y entonces se escuchó aquel sonido del Gong que daba por terminada La Noche de las Máscaras. Escaparon del mundo y de ellos mismos en la habitación sin número, en un hotel sin nombre…bailaron desnudos sobre la cama y sobre las llamas del fuego azul, fuertes, altivos, osados, amantes sin prejuicio…ambos desaparecieron al amanecer sin palabra alguna…pero los dos reconocieron ese sentir que embriaga sus venas, el amor y el miedo a ser quien lo dijera…todo es control y poder, aunque el deseo ya fuese otro, ninguno dijo nada y así, se marcharon. Días después la osada de la mascada se encontró con un sobre en su oficina…Sin remitente solo un dibujo que reconoció al instante, que cosa más extraña, pero sintió temor y ansiedad, ilusión y ganas de abrirla de inmediato, ya no usaba máscara se dijo y rompió el sobre…la nota decía: “Decir en una hoja cuesta tanto que parece muy poco expresarlo de tal manera que el corazón descanse al liberarse y sentirse pleno para poder palpitar regularmente…¿Qué ha ocurrido con la vida? Aún se practica el miedo, aun se abusa del placer, y después extravían los deseos bajo la oscuridad de la rutina…cuanto miedo a los cambios, cuanto dicho sin sentir, y a veces aparecen esas lágrimas que solo encuentran el silencio al otro lado de la línea…creo que el karma nos está alcanzando haciéndonos pagar con libertad y soledad los domingos sin compañía alguna, el sexo sin amor, la pasión olvidada, el padecimiento ha vuelto, una fugacidad, un expresionismo pinta el cielo de estrellas robando corazones antes que el nuestro sea robado ¿es miedo? ¿Es dolor? ¿Es falta de humor? Empiezo a entender que vivimos diciendo tanto que falta sentir, los ciclos deben cerrarse aunque con ello conlleve perderse de unos ojos que roben el sueño y unas curvas que te quiten el aliento, de generar sonrisas y recibir abrazos falsos, solo La Máscara nos protege, ya nadie entiende el romanticismo menos los detalles…la prisa, el desdén, la hipocresía y la pérdida de los sentidos nos han llevado aquí…maldita realidad amorosa, malditas peticiones para uno sentirse querido…cuanto amor desperdiciado en juegos de seducción interminables…cuantos sueños guardados en cajones de realidades fugaces…lo he disfrutado, lo disfruto aunque si lo llegará a olvidar, tal vez un día miraría el sol con otros ojos y alcanzaría la noche en otra postura…decir en una hoja es tan poco para describir la vida de los años pasados y tanto para reescribirlo y borrar, o tacharlo y así, remarcar lo bueno sobre lo malo…lo grandioso debe ser la vida diaria y la máscara ayuda…las llamadas perdidas, los mensajes olvidados pasando por esas conversaciones en monosílabos donde jugamos a acompañarnos sin ser vistos…a entendernos sin darnos un abrazo, a decirnos te extraño sin un beso, o a aconsejar sin dar el ejemplo…cuanta obviedad en detalles sin sentido, como cuando el cielo se nubla y se piensa si lloverá…una hoja en blanco siempre es una invitación a decir lo que se calla aun con la boca cerrada y la mano sosteniendo una pluma. Una máscara sirve aunque hoy ya no quiera usarla más…Aquí te dejo esta hoja en blanco, para que escribamos sobre ella. Ve a la ventana”. Parado sobre el puente, estaba él, sin máscara, así tal cual, como un loco más. Esperó durante una hora cuando la puerta del edificio se abrió, así con los tacones en la mano y la mascada plateada de aves negras…los osados se besaron y escribieron en la hoja en blanco en el Mundo de Morfeo”.