“Bajo un Sol
abrazador que se colaba por la ventana y el aire acondicionado enchinando la
piel por su cuerpo descubierto, así despertó. Soltando un grito, mejor dicho,
un aullido cual lobo herido. Una pesadilla, otra mas, de las que no puede
despertarse aun cuando sabe que es un sueño…alguien lo termina aprisionando,
involucrándolo con los miedos y las ilusiones que se han perdido y así, con el
sueño perturbado termina despertando siempre en ese quejido temeroso cual nota
de música tétrica. ¿Por qué? ¿De dónde proviene este miedo? este demonio
llamado temor que le rompe el sueño y solo deja la estela del deseo a no morir,
sin embargo, muy en el fondo entiende que la vida va acompañada de la muerte y
viceversa. Su corazón palpita fuerte, su cuerpo tiembla incluso, pero pronto
encuentra la calma, un suspiro tras otro, un déjalo ir fluyendo por sus venas
buscando la calma, un “pasará” repitiéndose en su mente hasta creerlo, todo
hasta la siguiente noche. Las noches en el hospital suelen ser algo
repetitivas, rutinarias, desangeladas salvo por las horas de visita y si tienes
suerte si una televisión se encuentra cerca de ti, todo es un sufrimiento y una
escucha de todo lo que ocurre mientras las personas convalecen, pero lo que
menos le gusta es el aroma…ese olor que expiden los hospitales cual a farmacia,
a aparatos médicos, a sueros e inyecciones, a esterilización. También a
compartir el cuarto con quien sabe quién, viendo como los sanos buscan
armonizar con los enfermos. La enfermera entró justo para abrir totalmente la
ventana y dejar entrar un poco el aire, le caía bien, era una señora con la que
había entablado empatía desde el primer día…un poco ácida, y un poco extraña…lo
revisó, trajo el desayuno y le recorrió la cortina un poco dejándolo ver la
cama con la que colindaba la suya…lo que vio, le abrió los ojos y le alteró los
sentidos…el ronroneo de su respiración aunado a la belleza de su rostro, tan
hermoso como la navidad permanecía con los ojos cerrados, descubrió que ese
aroma proveniente de su improvisada recamara era el mejor aroma que había olido
en un mes. Parecía tan ajena a todo este ajetreo que cuando la enferma cerraba
la cortina, él la abrió de nuevo, pero la enferma insistió, debe descansar le
dijo y le hizo un guiño, pero siempre despierta alrededor de la 1:00 a.m., aún
no sabemos porque. La noche llegó y el sueño se apoderaba de él mientras
continuaba la lectura, la hora de visita se había terminado, y el medicamento
estaba haciendo su parte, sin embargo, él continuó despierto hasta que escuchó
el quejido proveniente de su cama, ella había despertado para su sorpresa justo
a la 1:00 de la mañana, dejo que pasarán unos minutos y cuando el apenas
perceptible sollozo se alcanzó a escuchar, él con el libro y la mano estirada
removió un poco la cortina para decir Hola, pero la cortina no se movía mucho,
Ella la recorrió, Dios pensó él, sus ojos eran hermosos color miel aun cuando
de ellos había un tono rojizo por la enfermedad. Hola dijo Ella en voz baja, en
un hospital regularmente existe un espacio para el silencio, dejar descansar a
nuestros enfermos, que vayan curando sus heridas y males poco a poco. La pregunta
tal como en cualquier historia de hospital: ¿Por qué estás aquí? Un “no se” fue
lo que él entendió al ver como ella subía los hombros…le preguntó por su
nombre, pero entonces Ella se sentó y también tomó un libro señalándole la
pasta color Rosa…así me puedes llamar, ahí fue cuando se entendieron, él tomó
el libro señalando así mismo la pasta…Azul, para ser ellos mismos en un mundo
atiborrado de hipocresías se olvidaron de los nombres y se nombraron como los
colores…las primeras noches sus conversaciones apenas se escuchaban en los
pasillos, honestos, desatinados, incipientes, salían a relucir sus gustos,
ilusiones, miedos y presagios de lo que podía pasar, se iban descubriendo como
quien descubre una flor o un nuevo mundo. Jamás creyó en el alma hasta que le
conoció a Ella, encontrando la belleza interna que provenía del corazón y no del
cuerpo, durante esos días de hospital mientras sufrían los embates de la
enfermedad que los aquejaba, iban cuidándose mutuamente. Un día, él se lo
propuso, quería acercarse a ella, abrazarle, dormir juntos en aquella cama
individual atiborrada de cables y de sonidos tristes. Ella dudó, pero él no
podía más, su corazón se volcaba hacia el abismo de los enamorados, sin tocarle
ni besarle, él ya sabía que los sentimientos muchas veces no saben del tacto
sino del sentir. De esa electricidad como los imanes que se van jalando poco a
poco, Ella lo pensaría…se intercambiaron los libros y fueron acercándose en los
miedos del pasado y los sueños del presente, ambos acordaron que esta
enfermedad no los mataría, por ellos, por su familia y sus amigos…Y así,
aquella noche, durmieron abrazados…decidieron destruirse para luego construirse
bajo la mirada consentida de la Luna, era como si estuviesen destinados a estar
juntos, sin importar de donde vinieras o quienes hayan sido, no eran ángeles,
era simples seres humanos en el umbral del renovarse o morir, y el morir no era
opción pero si el acompañarse, el compartirse bajo cualquier circunstancia. Más
humanos que nunca debido a esa vulnerabilidad se besaban poco a poco,
batiéndose contra la enfermedad, el remedio también podría acompañarse de esos
besos que subían de tono recorriendo los cuerpos bajo las sábanas blancas y el
silencio de la madrugada, aun cuando sabía que como las noches y los días, todo
terminaría acabándose, él decidió aventurarse una vez más. Amarse con locura no
estaba en su vocabulario hasta que se encontró con Ella, y esta vez, no estaba
dispuesto a perderla. Tal vez se escuche extraño pero el día que fueron dados
de altas, no querían salir, tenían ese miedo que las personas sufren al ser
separadas porque el mundo allá afuera suele ser muy cambiante. Leía entre la mirada
de sus ojos y el palpitar de su corazón, que Ella le mentía, pero a veces, las
mentiras son mejores que las verdades. Para cuando Él despertó solo encontró
una nota en su cama…en color rosa. Y así, se fueron alejando como dos nubes que
se pierden en el anonimato de una lluvia que viene a quitarles todo lo que
fueron, sin nombres salvo los colores, ambos coincidan en que se encontrarían
pero en una ciudad tan gótica como sus habitantes no ocurría, él navegó en los
ríos de su enfermedad, cayendo abismo tras abismo en esas reyertas de
alcoholizados y filósofos amantes de lo mundano, esto es lo real, se decía él,
lo demás fue espejismo, una lluvia de ilusiones rompiéndose al chocar en el
pavimento, Azul, así marcaba sus poesías, sus cartas y las dirigía a Rosa,
dejándolas en el hospital, por si ella volvía algún día, en alguna noche triste
y melancólica, maldito mensaje soltaba entre dientes, mientras se revolcaba por
las calles de la ciudad y los sueños que había empezado a construirse, tal vez
las mentiras eran ciertas y las verdades falsas, no lo sabía, pero que
importa…si estaba destinado a que se encontrase, tal vez si ocurriría en algún
momento. La idea era sencilla, dibujo su rostro una y otra vez para que se
pareciera lo más que él recordaba…imprimió una frase acompañada del dibujo y
empezó a pegar las 200 copias por todos lados…de los lugares que visitarían,
los que anhelaban, donde habían sufrido y donde pudiera estar…se asemeja ser
uno de esos locos en búsqueda de amor perfecto e inexistente, era lo más que
podía hacer, porque aunque de repente esa idea le atravesaba los sentidos,
olvidarla, superarla, no era una opción, y así se subió al tren de los amantes
extraviados, para ser él mismo en el lugar que fuere, si ella llegaría…le daría
el corazón, si no, su corazón viviría la experiencia del vivir a plenitud,
venciendo a la enfermedad o abrazado a ella misma. La luna roja apreció en el
firmamento aquella noche de noviembre…robándose la mirada de los escépticos, le
pareció hermosa, indescriptible, solo tenía algo diferente, el color, mientras
la veía…tomó de la billetera el mensaje que Ella le dejo cuando se largó del
hospital y entonces lo entendió…todo este tiempo había estado ahí…encontrarse
cuando la Luna Roja apareciera. Corrió por las calles, deambuló en el metro
hasta llegar ahí, donde todo parece terminarse, donde la terraza choca con el
abismo, donde solo los amantes extraviados saben llegar, ahí le vio de nuevo…ya
no tenía los ojos rojizos y su rostro distaba mucho de aquel que conoció…le costó
reconocerla por la creciente belleza, pero al acercarse a ella y sentir de
nuevo ese magnetismo como los imanes, supo que no alucinaba, más cuando le besó
la mano para después acariciar sus mejillas mientras le rodeaba con los brazos abrazándole
y diciéndole Hola al oído. Ella le correspondió con una sonrisa, besando sus
mejillas en silencio…porque a veces lo que hablas con la mirada no necesitas
decirlo con las palabras. Todos somos un poco tontos, incrédulos y porque no,
optimistas cuando se trata de amar con locura y sin candados…No sabían lo que
sería de ellos, de sus besos, del futuro, de la enfermedad que los aqueja, pero
lo que si sabían, era que se aventurarían a explorarlo, a llamarse por colores
y no por nombres, a desafiar las historias de amantes extraviados, caminando
por los laberintos del Mundo de Morfeo.”
lunes, 7 de diciembre de 2015
viernes, 6 de noviembre de 2015
La Reunión
“Imperaba el silencio en la
habitación. Apenas unos minutos antes había apagado la televisión…su fiel
amiga, quien no pone peros ni tampoco juzga, desde tiempos que aún no recuerda
el cómo ni por qué libra una batalla contra el sueño y este ha ido ganando
terreno, forzándolo a refugiarse en cualquier libro, platica, película o
métodos para llegar a él sin ese temor que se ha ido acrecentando del dormirse
y jamás despertarse…Su raíz ha tomado arraigo y ahora se adentra en la
habitación llevándose los sueños y dejando las pesadillas como semillas en la
tierra. ¿Dónde empezó esto? ¿Dónde se convirtió en un problema? Se dice que
existe un momento donde puedes vencerlo y no lo logras y terminas creando algo
que ya no puedes detener. La historia siempre le había gustado al igual que la
mitología y todos esos universos que se dice alguna vez existieron…leía y leía
evocando esos tiempos y preguntaba a sí mismo como sería vivir ahí, ¿cuándo nos
habíamos hecho tan tecnológicos? Sus pensamientos flotaban en el aire
acondicionado de la habitación y volaban por el techo como aviones de papel…se
sintió abrumado, sucio, temeroso y dependiente de todo su mundo…pero el cuerpo
no le importa menos al mundo, el cuerpo requiere de descanso como cualquier organismo,
puede seguir y seguir pero en algún momento de alguna noche tiene que parar,
tomar un respiro y no decirle nada a la mente…todo parecía cobrar vida donde
estaba, divagaba entre los libros, películas y discos…y así empezó a caminar
rumbo al Mundo de los Sueños…un estruendo le impidió llegar, se escuchó tan
fuerte como un trueno caído del cielo o una estrella perdiéndose en el
firmamento y estremeció su cuerpo inerte en la oscuridad, percibió en su piel
enchinada una presencia, un alter ego suyo, o un fantasma, un ave de mal
agüero…sus ojos permanecían cerrados pero bien abiertos…los segundos pasaban y
una gota de sudor atravesaba su espalda, y entonces abrió los ojos…uno por uno
y consiguió ponerse en pie…reinaba la oscuridad pero encendió la luz…temeroso,
pero no quedaba más por hacer…desparramados en el piso había una decena de
libros, todos leídos…se recargó en la pared y se derrumbó segundo a segundo
mientras se preguntaba si debía hojear los libros de nuevo…así fue haciéndolo,
cada que tomaba uno de ellos aparecía un autor por el que había sido intrigado,
motivado, interesado por lo que este habría de contar y entonces fue hallándose
entre viejos amigos y personajes extraños, conocidos y malogrados cuyos
perfiles habían encajado perfectamente en su amor por la lectura…desde
caballeros medievales hasta asesinos perfectos, desde amantes impredecibles
hasta muertos por desamor, desde amigos desinteresados hasta perfectos
desconocidos viciados por la doble moral del mundo…recordó la adoración de la
lectura sintiendo que los libros se habían caído del librero por alguna razón
desconocida, quizás la locura de no dormir signifique que existe una relación
entre dichos libros que debe conocerse y reconocerse a las 3 de la mañana. Y
así revisó cada uno de ellos sin importarle la hora, el miedo y el cuerpo
cansado…fue hallando una sonrisa detrás de otra y las historias que de ellos
emanaban, así es con los libros, sus hojas marchitadas con el tiempo son
arrugas de un amigo envejeciendo y/o madurando según como lo vea al igual que
el aroma que se convierte en perfume…cuantas emociones y de nuevo la
imaginación que siempre va más allá de cualquier cosa escrita en ellos, uno
siempre va más allá…crea el cuarto, la ciudad, la iglesia, los ojos de las
damiselas y las manos de los amantes, el sudor frío del asesino y la hermandad
entre quienes se convierten en inseparables…Murakami, Bukowski, Benedetti,
Cortázar, Orwell, ellos que nos visitan mediante hojas que provienen del bosque
de los sueños o del pantano de las pesadillas. Que nos describen de tal forma a
los personajes que los odiamos, queremos, idolatramos, comprendemos hasta
amarlos y derramos lágrimas cuando desaparecen, se van o se esparcen sus
cenizas en un mar imaginario al cual solo podemos volver a través de las hojas
descritas y leídas. Se enamoró de nuevo de la lectura, releyó y releyó hasta
que el sol comenzó a aparecerse mientras bebía una última botella guardada en
la nevera de la recaída de la noche anterior…no le aquejaba el trabajo del día
siguiente menos la agenda en su escritorio quería disfrutar el amanecer entre
todas esas hojas desparramadas por el piso de la habitación…el miedo lo había
abandonado, de pronto su cuerpo quedo en un estado de paz quedándose
profundamente dormido. Al despertar, derrumbado hecho un ovillo se encontró con
un libro que llamó su atención…fotos, y fotos se asomaban por las
orillas…sintió opresión en el pecho, un llamado del corazón que alargó su mano
sin permiso alguno rumbo al álbum…cuyas viejas fotos lo llevaban por el túnel
del tiempo y las decisiones… ¿el álbum causó todo este derrumbe? Quizás sí,
quizás no. Tomó el álbum pasando las
manos por su pasta, acariciándolo para reconocer su mirada de hojas atestadas
de recuerdos vivos, muertos y secretamente en silencio…abandonados por el
presente… ¿Cuánto había pasado? ¿Dónde andarían ellos? Se sonrió…cuan sincera,
honesta, cruel, hermosa es la vida…decidió bañarse, solicitar permiso en el
trabajo…reía bastante mientras el agua se llevaba sus anteriores noches
repletas de insomnio y tragicomedias que nunca se lograron…su cerebro armaba un
plan malévolo, honesto y extraño pero le gustaba lo pensado, la pregunta era
por dónde empezar, como hacerlo…tomemos en cuenta que juntar a personas no es
tan sencillo para quienes se separaron hace mucho tiempo, debe haber una razón
de peso para ello…tomó una de las fotos…todos juntos agregando una nota y su
mano en un saludo que solo se entendería con la foto y por ellos mismos…entonces
se abocó a encontrarlos, de seguro aparecerían en los alrededores de la ciudad,
sabía ciertos datos sobre cada uno de ellos, pero hecho a la vieja usanza…marcó
el teléfono de la casa de sus padres y así, fue encontrando hasta generar su
lista, reconocían su voz pero también sentían la necesidad de preguntarle si
todo estaba bien, a lo que él era breve y claro: Todo lo está, saludos. Le
visitaría uno a uno…primero, el Doctor. No hizo cita, se presentó y esperó,
esperó y esperó hasta que la secretaria se sorprendía de su sonrisa y su
vestimenta…Aquel hombre no parecía enfermo y sin embargo, había insistido en
ver al galeno. El Doctor estaba en el lavabo, y él le daba la espalda fijándose
en todos los diplomas, certificaciones, títulos y fotos…decorada con águilas de
madera o metal en varios tamaños, las águilas miraban con intensidad y frialdad…su
asistente entró y le dejo un paquete con un estampado que reconoció al
instante…abandonó la computadora y se quedó un instante inmovilizado hasta que
optó por abrirlo…soltó una ligera sonrisa y luego un suspiro…la asistente
también sonrió porque nunca le había sonreír salvo por cortesía, y accedió
cuando él pidió cancelar las últimas dos citas. El siguiente fue el
administrador. En un gran edificio de tintes arcaicos y modernismos que no se
entenderían jamás…hombres de traje, mujeres en vestido ceñido...relojes de oro,
bolsos irrepetibles, cabello arreglado…la opulencia, la riqueza…lo tenía
todo…el tablero decía que piso, el elevador tardó minutos en llegar al piso,
dentro del elevador con el paquete en sus manos, nadie le volteaba a ver,
estaban muy ocupados en sus celulares. Paquete para el administrador dijo él,
solo puede recibirlo él con su firma, es importante. La de recepción le vio
displicente, ¿seguro? Parecía preguntarle pero él no aceptó un no y recorrieron
palmo a palmo oficina tras oficina hasta llegar a una puerta doble suntuosa con
un búho adornándola, tocaron y tocaron, se le escuchaba hablar por teléfono y
gritar improperios y números…la puerta no se abría y ella se encogió de
hombros, pero él le dijo, me has ayudado…mira, deslizo el paquete por debajo de
la puerta y espero hasta que se la llamada se detuvo…el administrador regresó
la hoja de recibido…para cuando este abrió la puerta con una rapidez inusual…no
había nadie. Se asomó a la ventana, apenas podía distinguir a la gente…se
desajusto un poco la corbata y se arremangó la camisa mientras veía una y otra
vez lo que el paquete contenía…apagó el puro y justo al escuchar el auricular
que continuaba con sus gritos…sintió que necesitaba un respiro, una caminata
por la luna, un encuentro. La última entrega fue la más difícil, no había muchos
indicios menos aun la manera de decirlo pero hay momentos en los que hay que
ser audaces…así que se acercó a la facultad…y entre pregunta y pregunta
encontró su aula…la maestra desafiaba a sus alumnos con preguntas,
cuestionamientos, filosofías e historias del mundo…apenas se escuchaba un
susurro, nadie ahí se atrevía a interrumpirla solo su voz fuerte y clara
resonaba en el aula…esperó hasta que se fuera el último alumno…notaba el
respeto de ellos hacia la maestra…les gustaba su clase y su forma de hablar…la
maestra salió un segundo y vio su silueta desplazarse por la facultad volvería
pronto…cuan hermosa era, se dijo, debió abrazarla, pero el plan era el plan así
que se introdujo al aula…hizo su cometido y se marchó. La maestra regresó para
la siguiente clase…acomodó sus notas y encendió el proyector cuando la imagen
apareció frente a ella, le tomó un instante entender y tuvo que recargarse en
la mesa… ¿Cuántos años? ¿Cuántos recuerdos? Para que y porque había aparecido,
y recorrió el aula, salió a los alrededores pero no encontró a nadie y menos aún
a alguien que pudiese explicarle lo ocurrido. La noche fue cayendo y la Luna
cuarto menguante apareció en el cielo, al lado de esta decenas de estrellas
fueron a acompañarles. El área verde se extendía alrededor del lago y frente a
una banca…se disfrutaba de una gran vista…lámparas de colores, y una parrillada
por encenderse…y una bocina con música de su época pasada…El doctor y el
administrador llegaron a la hora pactada…ambos con vestimenta implacable, sin
saber mucho que decirse al verse, se saludaron y fueron directo al lugar…cuando
llegaron se encontraron con él…el autor de dicho encuentro. No dijeron mucho,
solo se abrazaron y ayudaron un poco con la parrillada…y ahí, fue cuando ella
apareció. En tenis converse y unos pantalones rotos…con su cabello suelto y
esos labios hermosos que de ella emanaban las eternas palabras…llevaba tres
cajas, les dio un gran abrazo a cada uno de ellos y les pidió que abrieran las
cajas…dentro de ellas había una esclava con una frase que decía lo que de ellos
pensaba, fue entonces que todos entendieron, que la vida se vive una vez y que
hay amistades que perduran aun cuando no permanezcan juntos…devoraron la
parrillada, brindaron, degustaron y volvieron a contarse esas historias que
siempre te hacen reír, finalmente el doctor y el administrador se reconocieron
como lo que eran personas, que se podía disfrutar con la simpleza de la vida y
que hay días donde será mejor ver el cielo que el escritorio y/o el dinero, que
será mejor abrazar que saludar, y de vez en cuando escapar del mundo real para
entrar en el de los recuerdos…el autor
les dijo: esta noche nos pertenece, no ha pasado nada extraño ni tampoco una
mala noticia, menos aún un parteaguas, esos ya los tuvimos, hoy quise
encontrarme con ustedes para desearnos vida plena, noches amorosas y felices
historias venideras…fuimos de etapas y quizás seremos un escaño en la vida de
los demás, pero no olvidemos donde fuimos felices…este lugar es nuestro y de
nadie, anoche al filo del amanecer que me encontré con el álbum y la foto que
les hice llegar…fue una revelación, sabía que solo el estampado con la banca y
la luna encima de ellas…todos entenderían. Ahora que vengan los fuegos
artificiales, y detrás del árbol tomó una caja…las carcajadas aparecieron y
entre todos los fueron prendiendo…las figuras y el cielo iluminado ofrecía un
espectáculo que siempre debe agradecerse…fue ahí que la maestra y el sonámbulo
se tomaron de la mano, un momento, un segundo, sus manos impulsivamente fueron
hallándose, reconociéndose hasta agarrarse una a la otra, aferrarse y luego
abrazarse…como dos corazones unidos por un hilo que se había roto, alargado,
extraviado y desafiado. La reunión fue un hecatombe en su historia de vida para
los cuatro, volver a sus orígenes, arreglar lo desajustado, ver hacia el
futuro, divertirse con el pasado…aunque sabían que era difícil volverse a ver
todos…disfrutaron de la noche, de la luna, del cielo estrellado, de los brindis
y de los pasajes de la memoria que se evocaban en aquella banca donde quizás
jamás volverían pero hay personas que dicen uno siempre debe volver a los
lugares donde amó la vida. Encendieron un globo con una frase y este se elevó
al viento llevándose los recuerdos y los mitos de su historia al cielo…Se
despidieron al filo del amanecer cuando el cielo cambió de tono. Se juraron
volver a verse, hablarse más menudo, juntarse una vez al año, viajar, pero lo
único que era real…era un abrazo y un que te vaya bien…el sonámbulo no sabía si
seguirla, invitarle un café o hablar de lo que sea que dejaron de hablar…ella
se despidió dándole un suave beso mientras acariciaba su mano, diciéndole adiós
como otras tantas veces. No te preocupes dijo él, las personas cuyos destino es
afín tienden siempre a encontrarse en la nieve, la lluvia, un beso, un
recuerdo, un sueño extraviado. Lo que no sabía él, era que ella tenía otros
planes y así, una madrugada cualquiera en un día cualquiera de una historia
cualquiera…la puerta de la casa del sonámbulo rompía en un llamado al cual tuvo
que acudir, temeroso, bat en mano y sin indicios de ver a alguien, abrió la
puerta en un rechinido terrorífico pero ahí había todo lo contrario al
terror…era el amanecer en unos ojos hermosos, era el atardecer en unos labios
rojos, era el sueño en una silueta cuyo corazón enamoraba…e irrumpió en su casa
como irrumpió en su corazón…uniéndolo todo, complementando a un alma
atormentaba…se dice que la banca del parque ahora está en su jardín y tiene un
estampado sobre ella, y contrario a muchas historias, los cuatro se juntan año
con año a brindar y arrojar fuegos artificiales al cielo estrellado del Mundo
de Morfeo.”
lunes, 5 de octubre de 2015
Los Enfermos
“El día cambió, las hojas del
otoño se pierden en el anonimato de la vida en los jardines que adornan los
edificios de la ciudad, llovió, se aclaró, salió el Sol y se perdieron quien
sabe cuántos besos en el camino mientras él estaba ahí, se perdía de todo lo
que ocurría afuera. Quizá fuese otro año ya, quizá fuese otra dimensión o
incluso, él ya fuese alguien más, un ser humano con más cicatrices en el
corazón. Se siente extraño caminar sin mover los pies y llorar sin soltar
lágrimas, reír sin que las carcajadas se escuchen fuera de su mente. En
cualquier caso, poco importa, los caminos de la vida son siempre sinuosos y las
personas solo estamos tratando de no caer al abismo y rompernos la espalda al
tomar las decisiones que nos llevaran por las consecuencias de las que no
muchos saben que hacer con ellas, y sin embargo, el mundo seguirá rodando aun
cuando el mundo de ellos haya colapsado y no exista más, un mundo destruido y
sus pedazos rotando sobre el otro mundo, ese en el que la palabra “ambos” se
haya diluido como la arena entre las manos…Quizás es tiempo de elevar las
anclas y partir sin rumbo fijo, dejando los mapas en casa y llevándose lo
indispensable para evitar el peso de los recuerdos…debería levantarse hoy,
animarse, rasurarse, comprarse una camisa nueva y estrenar los zapatos que
guardó para un día especial, porque la vida se va en un soplido y sus historias
se realizan o se pierden de acuerdo al clima, las decisiones y las personas. Y
entonces, dijo me iré…destruiré el infierno y saldré a la tierra de los amantes
partidos por la mitad para no comprender o entender, esas palabras son rebuscas
sino, para continuar. Se asomó a la ventana, apreciando la vista, estiró un
poco los pies y dejo que la vista fuese perdiéndose ante el atardecer para
después tomar el saco y escapar de esa oficina que huele a rayos, a ausencia, a
desánimo y tragicomedia. En casa preparó todo…auto, comida, lugar, refugio,
ruta y música para acompañarlo…justo cuando el amanecer le esperaba para
recorrer la carretera, alguien estaba dentro del convertible. Veo que vas de
viaje, le dijo… ¿puedo ir? Él no sabía cómo es que ella sabía que se iría, es
mas no sabía ni siquiera quien era, le pareció verla alguna vez en algún
momento de su vida por las calles de la ciudad. Noto que al igual que él, ella
también se veía cansada y le dijo, que como ella sabía que él se marchaba, ella
le contestó que buscaba con quien viajar, estaba dispuesta a poner la mitad…al
final, todos llega un momento en que ocupamos de alguien, además dijo ella
porto aquí señalando su bolso, la mejor colección de canciones para ese rostro
tuyo perdido entre el ayer y la perdida…sonrió, ella tiene razón pensó…que
diablos, ya había pagado todo, pero le aseguró solo hasta el siguiente puerto y
entonces nos separaremos…y así, mientras el Sol empezaba su jornada aquellos
dos desconocidos se fueron. El viento les acompañaba rompiendo las palabras que
apenas los dos se decían mientras la música les decía de donde, como, porque,
cuando y quien tenía la culpa o la razón de sus sentimientos…bendita música,
alimento del alma porque del alma misma viene, como una vieja amiga para
decirte que decirte sin que esto te haga acreedor de una historia, y así ambos
cantaban las estrofas del amor derritiéndose como paleta hasta volverse agua. Árboles,
cementerios, casas, largos plantíos de maíz cual paisaje melódico a través del
asfalto. Nadie tocaba el tema, al fin y al cabo, ya están en el auto, pero
todos sabemos que es de buena lid hacer platica a quien maneja más si vamos de
copiloto y sin ninguna historia que respalde el porque estaba en el auto. Y así
inició la conversación cuyos temas comenzaron donde todas comienzan, el nombre,
a que te dedicas, el porque vas a dónde vas, y donde naciste, que signo eres,
el clima y cómo fue que llegaste aquí…era una pregunta tras otra, a él al
principio le resultó un poco molesto pero después que ella abrió una botella y
le dio a probar mientras las gotas se detenían en el aire e iban a parar a las
comisuras de la boca, se percató de la belleza del día y por primera vez le vio
realmente…era hermosa como la mañana, le pareció gracioso que no se hubiese
percatado que entre su pelo rizado peleándose con el viento y que tras esos
lentes que le quedaban grandes había unos ojos hermosos y extraviados verdes
como el bosque, ella se debatía entre la botella y no dejar que los cabellos le
interrumpiesen la lectura que habría emprendido del libro de poesía que le
hacía repetir los versos una y otra vez, él bebía mesuradamente para no toparse
con el muro de los recuerdos, aunque se percató, este muro se apercibía a lo
lejos en un pequeña tienda sobre una subida que culminaba con un acantilado.
Descendieron, compraron algo de comer y se acercaron al acantilado, algunos
viajeros se detuvieron por una foto, pero ellos solo comían y se hablaban por
los ojos…decantándose por devorar el alimento para continuar su camino, la
botella continuaba quedándose vacía cuando iban de nuevo al auto, de pronto
ella se acercó al acantilado y le dijo acércate. Él se acercó y ella le abrazó
sin más, sin palabra o gesto alguno, entonces ambos se vieron, descubriendo lo
que de los dos se sabía…que eran enfermos emocionales, y debían reconstruirse
juntos. Cuando llegaron a la primer ciudad…ya iban por la segunda botella, bañados
por el atardecer y de esos nublados que parece que jamás lloverá…recorrieron la
ciudad, bebieron en la plaza central, hablaron de las iglesias, los monumentos
y sus porque, de cómo llegó todo a estar donde esta y como es que se conversan
en el tiempo…Ambos acordaron quedarse en la ciudad, ella le recordó que dinero
no portaba pero él le dijo…tú en la cama, yo en el suelo y así mientras la
lluvia por fin empezaba a devorarse la noche subieron al cuarto…un hotel
perdido en el anonimato de la noche los recibió…abrieron las ventanas, un
diminuto balcón y una cama individual, no había tele, no había mesita de
noche…pero para pasar la noche, con el viento y una botella acompañado de una
conversación efímera y eterna todo parece estar resuelto. Al final de la noche,
lo obvio salió a colación, si habrían de ser enfermos emocionales había que
tener un acuerdo, estaba prohibido prohibir…lo que ambos harían sería
enfermarse juntos, ser la cura y la enfermedad, el olvido y el
recuerdo…compartirían la noche y los labios, el cielo de las caricias y el
infierno de los corazones rotos…que importa, hay amores que es mejor no
recordar y así, él se acercó a ella al filo del diminuto balcón para arrancarle
la ropa besándole todo su cuello, para acariciar sus muslos y besar sus pechos,
para desnudarse y descubrirse apasionadamente en el piso del lúgubre hotel
donde los cuerpos se unirían como el mar y la arena, como la lluvia y el
pavimento. Frente a ese halo de luz que entraba por la ventana se dijeron sus
verdades, sus miedos y se revolcaron en sus caricias…Pelearon, se refugiaron en
las paredes de sus sentimientos defendiendo su historia el uno frente al otro
sin darse cuenta que eso los alejaba, él la calló a besos, ella lo calló a
caricias…un acuerdo mutuo sería, destruirse ambos para construirse de las
heridas, y así, sacar lo malo dejando lo bueno. Recorrieron tres o cuatro,
cinco ciudades, perdiéndose entre los tumultos, las expediciones y los
desangelados hoteles para romperse los labios en cada beso y arrancarse la piel
en cada caricia durante las noches…les gustaba hacerse pasar por extraños y en
cada ciudad volver a conocerse…decirse cualquier nombre y ser algún personaje
de película o libro, así no se perderían en la rutina o el sexo redundante…pero
este juego suele durar poco, porque siempre alguien gusta cambiar los rituales,
los papeles, añadirles rutas y formas a las cosas…vaya darle un recetario para
que el sabor siempre sepa rico…pero habían controlado todo, aunque a veces
ambos se veían como dos animales en celos que no podían dejar de tenerse
juntos, de tomarse la mano, robarse veces o perderse en la mirada del otro, por
eso cada noche era el fin y cada despertar el inició hasta que…Él despertó
feliz, en calma, como un mar a punto de desatar una tormenta…el sol lamía las
heridas de la noche…el libro de poesía seguía ahí abierto y las botellas
decoraban el ventanal del último hotel…le buscó pero no le halló hasta que
escuchó la regadera…la espalda desnuda de ella con ese tatuaje que horas antes
había besado apasionadamente le encantaba, buscó agua pero no halló, buscó sus
pantalones pero tampoco los halló…ella se vistió tan rápido como pudo mientras
él continuaba la búsqueda…duerme le dijo, volveré en un momento y le dio un
largo beso que duro una eternidad…entonces él supo que ese sería el último cuando
ella salió por la puerta llevándose todas las ilusiones al carajo haciendo
sangrar al corazón. Y así se fue…como se van las hojas de los árboles…en un
amanecer rojizo y melancólico junto a la brisa de la lluvia que apenas se
aparecía por la ventana del hotel. Le vio partir, pero sabía que no podía
detenerla, hay amores aun de una noche que es mejor no tener…no tomarlos de la
mano porque inminentemente se marcharán en cualquier amanecer, en cualquier
atardecer y ante cualquier oportunidad, son fugaces como los cometas e
indescifrables como el aroma de un perfume y entender es inútil como aplicar
las matemáticas…que extraño, su partida aun sin decir adiós le significó un
hueco en el estómago, supuso que era por ser un volveré y no un adiós. Se
fue…como se van las noches de fin de semana, en un traspié con unas copas de
vino parado frente al balcón de la vida…se juró no pensar más en ello, al final
y al cabo decidió viajar solo largándose por las carreteras...pero no podía,
cuando el atardecer llegó y luego se sobrevino la noche, el seguía con la duda
de si había hecho algo malo pero llegó a una conclusión…las personas se van
porque sus razones rebasan sus razones de quedarse, no es ni malo ni bueno, es
una decisión, un momento, un vaivén…entonces sonrió, larga ducha, largo
desayuno, larga lectura…para al filo del atardecer…recorrer el camino de
vuelta….se puso los lentes y se alegró que ella olvidase la música, subió el
volumen y escapó…sin percatarse que enfrente de él al fondo detrás de un árbol
protegida con un sombrero blanco y gafas oscuras ella seguía con la mirada su
partida. Ella borró su número sabiendo que la historia de esas noches se
perdería en el anonimato de los amores inconclusos, aunque aún debatía contra
su propio corazón si eso podría llamarse amor, si las llamas del fuego de una
pasión y unas caricias bañados con esas sonrisas se llamase como tal…quizás la
palabra sea mal utilizada o tenga otro significado…el acuerdo se había roto sin
firmas, solo con una partida. Ella volvió recorriendo el camino de nuevo a
cuenta gotas, se dio cuenta que aún conservaba un vino y un par de libros,
olvidó la música pero su mente podría siempre recordarla…él cantaba gritando al
viento de la carretera mientras se bebía el vino que ella le había ofrecido
había comprendido y ahora sentía una unión con ella que aun rota permanecía y
era la de ser quien uno es…y compartir sin perder lo que uno es. Y así volvió a
su lugar con otro rostro, limpió su lugar de trabajo, arrojó lo innecesario al
cesto de la basura y se alimentó de los atardeceres mientras sonreía a la
historia que estuviera por venir. El Poeta estaba leyendo su tercer poema de la
noche…cuando él se sentó en las últimas filas y garabateó unas palabras en una
hoja y la dobló solicitando que esta se pasase hacia el frente rumbo a la
tercer butaca de la tercer fila…el recado fue pasando de mano en mano como en
antaño hasta llegar a ella…la expectativa ya estaba en la mente de todos los
que acompañaron el trayecto, el Poeta se percató de ello y solicitó el recado
antes de que ella lo tomará, subió de nuevo al micrófono y lo leyó: “porque
todo sería más fácil si te quedases, y dejases que te cuide durante las noches
y te acompañe durante los días” Felicidades dijo el Poeta, una por usar mi
frase a lo que todos sonrieron y dos porque Ella ya dijo que sí con la lluvia
de sus ojos…un aplauso y así esos dos enfermos se curarían con sus propios
remedios tomados de la mano por las calles del Mundo de Morfeo.”
jueves, 3 de septiembre de 2015
Los Navegantes
“Él no lo sabía con claridad,
venía todo a su mundo como una nube gris y melancólica en el cielo que pronto
se rompería y llenaría de lágrimas las calles rojizas de su cuerpo maltrecho,
inundando todo su ser con una furia que haría caer al más terco de los seres.
Todo se había hecho tan difuso que la vista no le alcanzaba para ver un poco más
allá de sus narices, tendría que ver a fondo, ver más adelante y con el
corazón, porque debemos de entender que hay maneras de ver las cosas, de
sentirlas y de hacerlas nuestras. Y entonces al caer la lluvia de las emociones
y el viento de las ilusiones se convertiría en lo que había odiado: un
navegante por los ríos de los amores. Extrañamente no se sentía abrumado ni
atiborrado de sentimientos, en cambio, se sentía en calma, incluso hasta
emocionado por caer bajo los designios de esta lluvia irreverente, insensata e
insegura, tal vez la vida es de retos, de trepar montañas y dejarse caer por el
abismo del enamorarse de una persona ajena a ti, desconocida y totalmente
opuesta a él desde cualquier sentido…pero de eso vivimos todos o tal vez solo
unos pocos…realmente no le interesa, solo quiere abalanzarse en las calles
lluviosas y perderlo todo para tenerlo todo en un segundo, un día, un año o una
vida…que importa, el tiempo y la vida se van muy rápido como para ponernos a
pensar sin el corazón…recordó cómo le conoció o más bien la visión que él
tenía…Ella era una Reina con el mundo bajo sus pies, hermosa como una puesta de
Sol, amena como una tarde en la playa, él la admirada desde adolescente…Al río
del amor se subió en una balsa verde, con sus remos rojos bajo el cielo azul.
Hoy no recuerda si ella le habló o él se acercó, tampoco si quien uso el primer
contacto para acercarse, de manera que enfoca sus recuerdos hacia esa nostalgia
hermosa que es contar las historias como nosotros las vimos sin importar si así
sucedieron. No entendía porque de esos labios se había enamorado, si los
desconocía, si jamás los había tocado más que en sus sueños…si vivía de
escucharle en los concursos de oratoria, de aplaudirle cual admirador perdido
en el público y de sentarse cerca de ella en las pocas veces que se encontraban
en algún lugar…pero no sabía cómo agradarle, hacerle sentir su presencia,
reflejar en el rostro una sonrisa contra la que ella se encontrará como uno se
encuentra un brillo en algún espejo. Pero como él lo diría, de repente hallaron
hablándose en aquella parque verde y frondoso como si fuese una larga playa
rodeada por los árboles cuando él, embobado en aquella lectura mientras
recuperaba el aroma que expedía la tarde nublándose caminando sin percatarse
percibió un perfume unido a una piel que le hizo ver burbujas cayendo del cielo
cuando una de ellas cayó sobre su rostro, sonriente, volvió para ver de donde
provenían, le encontró…enigmática, sentada en un columpio, ataviada en un
vestido verde…con unas largas piernas cubiertas por unas medias
oscuras…sosteniendo el envase de las burbujas…en su vientre dormía un libro de
tapas rojas…el suspiro que él soltó debió ser muy fuerte porque ella le volteó
a ver, como se miran las nubes…con expectativa e ilusión, de sonrisa y de
desconocimiento buscándole una forma conocida…y le sonrió diciéndole hola en el
tono más seductor que él hubiera escuchado antes…tanto que balbuceó diciendo el
hola de regreso más tonto que ella hubiera escuchado, pero a ella le causó risa
su trabalenguas de ese chico con el que compartía clases y el mundo, porque y
solo porque ambos habían nacido el mismo año bajo la misma Luna, y así fue como
él ingresó en esa parte del mundo donde ella estaba robando los corazones de
todos los hombres cuyos pensamientos se iban siempre sobre la silueta de su
persona. Describir lo que sintió cuando ella le invitó a sentarse en el
columpio contiguo, fue como entrar a un concierto y encontrarse con su ídolo de
la música o tal vez como hallarse ante el amor prohibido, ante unos ojos
hermosos como el cielo mismo. Dejó de balbucear cuando ella le dijo que le
prestase su libro…y la mano delicada rozó su mano burda y de tintes grotescos
comparado junto a ella, pero uno no siempre debe adorar tanto, porque la
adoración siempre es un arma de doble filo…evita que alcances a la persona en
su estado más puro, humano y honesto. Hablaron, como niños compartiendo un
helado, a veces la conversación se llenaba de interrogantes y otras veces se
vaciaba en historias inverosímiles, y de sueños perdidos en alguna marca en un
árbol. Se decantaron por las materias de la escuela, los amores de televisión y
los autores apenas encontrados, hablaron sobre la tarde y entonces él le dijo
que si podía leerle, ella tomó el libro señalando un pasaje y él tomó la
palabra…intentó ser prudente bajando la voz y no entorpecer aquello que había
comenzado para él, porque siendo ella una maestra de la oratoria podría reírse
de él, pero qué diablos se decía una y otra vez…todos somos únicos, diferentes
y tenemos derecho a arriesgarnos, arrojarnos por la borda para ahogarnos o
cruzar el mar…y así, fue como aquello inició. Él empezó a leerle, a relatar más
bien el libro de tapas rojas que ella portaba usando la voz como una comunión
entrelazando los personajes para que sonará tal como si ellos estuviesen frente
a frente en la vida real, su espontaneidad le hacía sonreír y pensó que no era
él como ella creía, lo mismo que él pensaba que ella, cuanto cambia nuestra
percepción de las personas una vez que nos acercamos a ellas. Leyó de tres a
cuatro capítulos del libro de tapas rojas cuando el Sol ya comenzó a ocultarse,
habrían de marcharse frente al peligro de la noche y evitar recorrer las calles
en una oscuridad cuya visibilidad era casi nula por la falta de focos, así
caminaron hasta dejar el parque atrás, perdiéndose en el atardecer…vivían muy
cerca en las inmediaciones de colonias hechas para el crecimiento del tejido
social donde en los tejados, cuando ella le dijo la dirección, él por alguna
razón conocía las calles, la casa de enseguida, el auto de sus padres, disimuló
hasta donde pudo cuanto quería que esa tarde no terminase y continuará por horas
enteras, por alguna razón al llegar a su casa, él se había quedado esperanzado
por pasar, pero ella desde el barandal le dijo: Gracias por la compañía, eres
un buen narrador, ¿mañana a la misma hora? Y le dijo el lugar. Ahí bajo ese
cielo gris, se vieron, a él le costó encontrar el lugar…era una casa azul en un
territorio alejado de la ciudad, y ella estaba justo frente a la puerta, esa
manera suya de sonreír le hacía querer robarle todos los besos de su corazón, a
menudo evitamos que la persona que nos gusta sepa que nos gusta, cuando lo que más
deseamos es gustarle a esa persona. Vestía como siempre, medias a la rodilla
esta vez en color café combinando con la vestimenta…usaba el cabello suelto y
la boca en tono carmesí…casi se cae él en los escalones cuando llegó a la
puerta…ella le dio un beso en la mejilla y abrió la puerta, dentro de la
casa…decenas de niños le miraron en silencio y después aplaudieron, él no sabía
nada y su reacción causo la risa de más de uno de ellos…lo rodearon y con la
mirada lo invitaron a sentarse, se dio cuenta de lo ridículo de su atuendo por
quedar bien con ella pero a como pudo se sentó…se esmeró por no indicar
sorpresa, pero ella le dijo al oído que ellos estarían encantados de
escucharle, así que tomó de nuevo ese libro de tapas rojas y comenzó a leerles,
sus miradas aunado a suspiros de expectación cuando la historia se metía en las
rendijas del terror y los ánimos porque el personaje saliera adelante entre los
dragones del destino y las brujas del infierno…al ver sus rostros y entender
las ideas que de ellos implícitamente salían, él cambió su perspectiva, de
ella, de sí mismo…encontró como quien dice una manera de expresarse y crear
emociones e ilusiones, porque no, en los demás y en él mismo…debajo de su
camisa, su piel se estremecía ante los aplausos de los niños y la mirada que
ellos expedían frente a él…leyó por más de dos horas y ninguno parecía
aburrirse de escucharle hacer el sonido de dragones y ponerle un poco de
emoción a las palabras, hasta que se escuchó un silbato donde ella anunció el
fin de la lectura. Los niños entonces le saludaron y unos cuantos hasta lo
abrazaron diciéndole hasta la próxima semana saliendo por la puerta trasera
rumbo al patio donde los esperaba una merienda así como pelotas y juego de
azar…al final de la tarde de tanto jugar y reír, se marcharon juntos y él
preguntó si cuanto tiempo tenía haciendo eso…ella le contó que por un tiempo
debido a una publicación que leyó en el
periódico sobre niños cuyas fiestas de cumpleaños y la asistencia a la escuela
no eran posibles debido a la pobreza y problemas médicos que no podían
sustentarse y que ahí, había tomado la decisión de ayudar…¿vendrás la próxima
semana? Como poder resistirse al sonido de su voz, a la sonrisa de sus labios o
a la mira de sus ojos tan inolvidables…Claro, dijo él y así sin saber de dónde
venían y hacía donde iban, se tomaron de la mano mientras la Luna aparecía en
aquella casa azul. Leían por horas y se acariciaban los labios durante las
noches cuando la lectura terminaba, aquel libro de tapas rojas siempre
acompañaba las copas, la cena, y las historias cuando el día terminaba….se
convirtieron en aves de cielos efímeros volando sobre tierras desconocidas…eran
amantes, amigos y enemigos, eran lo que son y lo que no eran…nadie sabía que
eran todo y nada, vivían de ellos y para ellos. Esta tarde mientras aguarda con
las nubes grises cual pintura oscura esperando a que la lluvia apareciese en
aquel faro al cual siempre le gustaba ir para tomar decisiones importantes,
pensar un poco y dejar a la mente acompañarse del corazón para encontrar el
camino, recordó como había llegado hasta aquí de la mano de ella, le gustaba
siempre contar el cómo y el porqué, para que se entendiese que la vida es
volátil, llena de baches y de oportunidades…que el amor aparece y no se
autonombra como tal, solo es un hacer diario y que hacer a cada día…debería
existir una pintura que capte el pensar de un hombre en el faro…registrar su
pensamiento…en eso estaba cuando ella comenzó a subir con el sobre que le
habían dejado en el escritorio…cuando alcanzó la cima, el faro se iluminó
mientras el cielo apenas sollozaba…y ella al verlo se quedó un instante cuando
él dijo: ahora te abriré yo la puerta…y le invitó a bailar tomando su mano,
besando su cuello, acariciando sus cabellos…y entonces él se arrojó cual mártir
religioso a los ríos, ritos y siempre efímeros derivados del amor…ella le
correspondió con un Sí, tan claro y contundente que aún el hilo de su voz
recorre su cuerpo como corriente eléctrica. Aparecieron como dos mundos que
chocaron entre ellos, trayendo el fuego y dejando las cenizas esparcidas en el
universo de los amantes, esos que se arrojan al océano para vivir un día, un
año, una vida o una historia para navegar juntos en el barco de los amantes. Aún
se escuchan las risas de los niños en la casa azul mientras una pareja se queda
al final escribiendo en un libro de tapas azules en el Mundo de Morfeo.”
martes, 4 de agosto de 2015
La Tormenta
“Estaba anunciado. Estaba
dicho y escrito sobre el mural del cielo y en el viento que recorría libremente
entre las calles de la ciudad…era un presagio, una calamidad, una furia que la
naturaleza desataría sobre ellos…solo faltaban unas horas y poco a poco, la
gente empezó a prepararse para recibir la tormenta, huracán, ciclón, cualquier
nombre que se le pusiera indicaba preocupación e informes para poder estar
listo ante la contingencia…había que comprar provisiones, velas, linternas,
etc. La fila del supermercado se alargaba por los pasillos mientras los
carritos iban llenándose de víveres. Los meteorólogos indicaban las rutas y las
posibles consecuencias además de señalar el momento exacto donde habría de
comenzar todo. Todo habría de colapsar, siempre enfrentarse a la naturaleza era
perder para el ser humano…jamás ella preguntaba, o pedía permiso, era ella y
nada mas, al final nosotros llegamos después a intervenir, a olvidarnos de ella
y dejamos de convivir para pisotearla pero ella es una asesina implacable…las
ventanas fueron decoradas bajo las cruces de cintas y las luces se apagarían
pronto para darle paso a las velas…pronto, habría unos cuantos solo en las
calles…policías, bomberos, protección civil…ayudantes silenciosos que se
presentan en este tipo de eventos. Justo al atardecer, aparecieron cayendo del
cielo suaves lágrimas por el Dios del cielo que impactaban el pavimento, las casas
y los autos, paraguas comenzaron a hacer su parte protegiendo a los caminantes
de las gotas cuya fuerza comenzó a acelerarse a medida que el viento soplaba
con ahínco, pronto comenzaría a inundarse las calles y por ende los autos
comenzarían a quedarse varados…la música compuesta para la tormenta entre la
lluvia y el viento era hermosa y trágica versión clásica del desastre…dentro de
ese escenario, y sobre las escaleras de una casa de colores rojizos como el
atardecer descansa aquel hombre con sus manos sucias y calludas degustando ese
puro que había guardado para días como estos…su humo se perdía en la lluvia
pero se sostenía en su boca, rompió la promesa de dejar de fumar, pero un puro
en una tarde como esta, no podía desperdiciarse…de la puerta de su hogar se
escuchaba un rock suave que levitaba en el ambiente, recorriendo la sala,
cocina y de vez en vez escapándose a través de la puerta mediante ese sonido de
guitarra tan lirico como el instrumento de Orfeo. Con la mente en blanco
aspiraba y soltaba el humo mientras recorría con la mirada tantas casas y tanta
lluvia caer, que espectáculo, se dijo, ¿Cuándo se bañó en la lluvia la ultima
vez? Se preguntó, ¿Cuándo dejo que sus ropas se humedecieran y disfrutar de
correr por las calles? Hace mucho, se contestó, más aún con el dolor que sus
piernas ofrecían alguna noche cuando el frío se sentía bajo las cobijas. Lo
recordó, sabía exactamente el lugar donde había sido bañado por la lluvia y
quien acompañó su pequeño placer…de rosas marchitas y espinas crecidas está
lleno el jardín de los corazones rotos, de cielos nublados y noches tormentosas
está alimentada la mesa de las almas extraviadas, sin saber cómo descubrió a su
subconsciente olvidándose de dejar el pizarrón en blanco de la mente y cuando
menos pensó ya dibujaba en su cuadernillo atiborrado de anotaciones extrañas y
números ilegibles una imagen evocada pensó equivocadamente que de su mente,
pero el corazón también sabe de recuerdos y más de historias…dibujó, tachó,
rompió, volvió a dibujar y mientras arreciaba la fuerza del viento el arreciaba
con su lápiz el cuadernillo, como un herrero con su marro golpeando el hierro,
la tormenta ya no estaba solo afuera, sino dentro de él, describió sus ojos,
sus mejillas, los labios carnosos color carmesí, el lunar, los cabellos que se
salían por sus hombros, alargó sus dedos sobre el papel tocando el rostro de
quien le había partido el corazón, pero que va, no estaba roto sino partido y
eso es mucha diferencia, agregó el puente e hizo que vestido volase por el viento,
no tenía idea de su ultimo dibujo menos aún de su último encuentro, de seguro
había ocurrido en un parque, en una sala de cine, en un semáforo o en una noche
donde en camas separadas ambos pensaron en el otro, pero la mente es engañosa y
mete esos recuerdos que aún platónicos son dolorosos…alcanzó de nuevo el puro
cuando vio su trabajo terminado, un suspiro estremeció su cuerpo llevándolo al
abismo de los momentos hechos recuerdos y de las partidas hechas ausencia, la
grosería se la llevó el viento y supo que ocupaba más que un puro sino un trago
y de preferencia amargo…fue a la cava, abrió la botella y se sirvió mientras el
pizarrón de su mente era llenado de momentos y de frases…la tormenta continuaba
su marcha a ritmo coordinado como una orquesta, fluía con exactitud y rompía
ventanas y sacudía los autos cuyas alarmas de vez en cuando sonaban, él había
dejado de tener auto, un día empezó a caminar, tomar autobuses y viajar de
copiloto descubriendo lo sencillo que es dejarse llevar sin el control, lo sencillo
que es ponerte en manos de alguien más y evadir cualquier responsabilidad y así
saber echarle la culpa a alguien más que no seas tú…algunas sirenas se
encendieron y una ventana se rompió en el acto…bajo la tormenta las autoridades
y ciudadanos comenzaron a informar de la ayuda en las colonias de bajos
recursos, la voz se escuchó claro por el altavoz del auto que informaba de los
lugares a los que se iba a ir. El corazón comenzó a anunciarle mediante la
furia de los latidos que la voz no era una desconocida, prestó atención. La
forma de decir las palabras y la fuerza de estas mismas en pro de ayudar le
otorgaron un rostro a la voz que le hizo a él estremecerse, de repente se vio
en la calle siguiendo al auto, que le informó todos los pormenores, preguntó si
podía subirse a él, el chofer no sabía muy bien que contestar cuando él ya
había subido. Le encontró ahí en las calles inundadas bajo un impermeable y
botas que parecían quedarle grandes, coordinando por dónde ir, ayudar, limpiar,
el viento no hacía decaer su ánimo y escuchaba cualquier grito de
desesperación, a pesar de tan fuerte lluvia, el pudo distinguir su rostro, ya
no parecía aquella chica que corría junto a él en el parque, tampoco la que se
recostaba en su regazo en el desvencijado sillón menos aun la que se desnudaba
en esa alcoba tan renuente a ser olvidada…ahora sus ojos portaban el valor de
la voluntad, la estabilidad del trabajo, la ayuda hacia los demás y esa fuerza
contenida…le gustó, toda ella, empezó a ayudar a los demás dejándose guiar por
ella que no lo veía entre tanta gente…poco le importaba, en su interior había
sido tocado por esos ojos y ayudó a limpiar, sacar agua y entregar despensas
para los afectados. Se empapó del agua y de las voluntades de las personas,
ahora tenía dos razones para estar ahí, y sintió paz interior durante la
jornada como no antes le había parecido haber sentido, al final a punto de
volver a casa y viendo como ella se perdía entre docenas de personas, le dejo
una hoja al chofer y regresó caminando hasta encontrar quien le llevase de
nuevo a casa, todo estaba cerrado y la luna apareció tras esas nubes mientras
las gotas aminoraron aunque aún sus vestigios continuaban por la ciudad…horas
después un auto se detenía cerca de su calle, el chofer abrió la puerta y
señaló la casa, ella agradeció el gesto y con la hoja en manos caminó hasta la
casa rojiza…estaba por tocar cuando se percató que la puerta estaba abierta,
levantó el puro y la botella del suelo y cerró la puerta…le pareció ver
suciedad en esa casa acompañada de abandono y displicencia, cuadros empolvados
y poca comida, el mismo sillón, la otra historia…la misma casa, pero no el
mismo dueño…ella se sirvió un trago mientras limpiaba un poco, trajo una toalla
para secar su rostro y una cobija para taparle…él seguía dormido aún cuando la
escoba, el trapeador y el trapo hacían de las suyas…pasó sus manos por la
cocina, la sala y subió a los cuartos, ahí fue donde se detuvo…frente a ella en
la cómoda, su figura de hace años le veía como cuando uno se encuentra con el
ayer y el ayer con el hoy…eran aves que volaban siempre en direcciones
opuestas…pero ambos deseaban encontrarse entre el blanco y el negro…se acordó
de esa foto, un par de adultos con corazón de niños, adorarse era su vida,
enamorarse su dulce cada mañana…bajó por él y lo cargó un poco para llevarlo a
su cama, él notó que alguien lo llevaba pero no sabía quién pero sí que se
sentía bien al acostarse abrazando la oscuridad aunque no podía evitar sentir
calma, sensación incapaz de describir al percibir el aroma de su apoyo, escuchó
los pasos bajar y subir, mientras habitaba el mundo de los sueños y el solo de
guitarra alimentó su descanso con esa música que le hacía levitar…unos brazos
le rodearon y el retroalimentó el abrazo sin soltar un solo momento…el aroma de
su acompañante era fuerte y memorizado, ahí el corazón comenzó a llenar el
pizarrón de su memoria de besos extraviados y de momentos retomados, del pasado
y del presente…de un hilo que nunca se rompió y hoy se unía de nuevo…ahí
despertó para besarle con tanto sentimiento que los labios se partieron, que
tembló en ese cuarto oscuro iluminado por la luna y cegado por el cielo
nublado…le besaría hasta que el corazón dejará de doler o doliera un poco más,
como si el mundo supiese, el cielo se había nublado y sus lágrimas continuaban
cayendo para darle la bienvenida a los amantes unidos por el hilo rojo del
atardecer, o por las gotas de la tormenta…Él era el aire, Ella la lluvia y sus
besos hacían temblar el cielo y sacudir las estrellas…hicieron el amor durante
toda la noche, rompieron las sábanas, ensuciaron el piso, tiraron los libros de
la cómoda, y se refugiaron en la habitación de los amantes donde todo está
permitido y donde el olvido es un cajón de recuerdos que saltan cada vez que
ellos se encuentran…la tormenta les había unido cual hijo rojizo que recorre
las distancias entre los amantes extraviados..Al amanecer ellos seguían
abrazados…al mediodía servían comida en el albergue…como dos personas que jamás
se perdieron en el Mundo de Morfeo”.
lunes, 6 de julio de 2015
Presos
“Ocurrió como ocurren las
historias de amantes, un encuentro casual en un día común, un milagro en una
ciudad donde los milagros escaseaban…colores en un par de corazones de tonos
grises como presagio de un mañana que se haría pedazos pero que existiría para
ellos…3 años, 4 años la cuenta se había perdido, buscar fechas sería
doloroso…casualidad del destino los trajo aquí para verse de nuevo…solo por un
día como una lluvia negra que inunda las calles o un trébol de 4 hojas que trae
suerte…la pizca de colores para iluminar la oscuridad. El Sol se había ocultado
sobre las montañas, y nubes se atravesaron en el camino…de seguro llovería a
cantaros como ha sucedido en tardes calurosas donde el viento apenas silba…De
entre cientos de personas la encontró…su vestido floreado brillaba entre los
vestidos lisos…irrepetible, hermosa como la nieve cayendo del cielo, sinónimo
de belleza convertida en poesía de esta tierra… ¿Qué hacer? Esperó por varios
minutos, quería verle en su actuar que no se fuera a esfumar y buscando no ser
ansioso y saber qué hacer en un momento como este…definitivamente era ella,
pero diferente como una flor que se marchita cual rosa hermosa a punto de
perderse en el jardín…plantó su figura frente a ella, sin palabras, menos aun
abrazos solo una sonrisa hecha mueca para fingirse interesante y
desinteresado…no indigno si ese término existiese…la odió, no, mas bien, le
tenía coraje como se tiene contra aquello que atenta contra el corazón para
partirlo en dos..Ella sintió como aquellos ojos le miraban atravesando la
distancia repercutiendo en ella que se lo pensó dos veces para asegurarse
también que era él, si, era él…el cabello crecido, ojos oscuros y tristes el
significado de su vestimenta y el rostro bañado en nostalgia detrás de esa sonrisa…Dos
fantasmas en un mundo de vivos, renaciendo en la calle de los locos viviendo
aprisa ¿Por qué? Se preguntó pero la pregunta era ¿para qué? Ambos se saludaron
al mismo tiempo mientras todo a su alrededor parecía detenerse…era la tormenta
que se avecinaba él fue hacia ella sin saber que hablar o como empezar…así que
dijo lo que siempre sirve en la vida: Hola…Y así empezó todo…la realidad
alejada de la fantasía… ¿Hijos? No, ¿Matrimonio? Tal vez; ¿Alguien? No debería
importar...importa decían él con la mirada…Al final entendió ella que eran los
únicos en esta historia, fantasmas de una historia que nunca se escribió al
menos no como hubiesen querido…así iniciaron la caminata que rompería su trato
no escrito…a los fantasmas ya no les importa el futuro, viven de alegorías, de
interpretaciones desbocadas de su mente…caminaron entre la gente perdiéndose en
aquellas calles que tenían sus huellas marcadas hasta que súbitamente la lluvia
los encontró, acto de crueldad porque ninguno portaba paraguas…sin auto, sin
refugio, comenzaron a correr para ocultarse del agua…ella corrió a subirse a un
taxi gritando al taxista la dirección, él dudo…¿había escuchado bien? …en 15
minutos los dos subían las escaleras del edificio rojizo que brillaba
enigmático bañado por el agua…empapados, ella fue por toallas…él ya no
escuchaba, solo perseguía esa figura escondiéndose tras esas puertas…hermosa le
pareció más aún cuando andando por el departamento vio caer su blusa y apreciar
su espalda desnuda…parecía una rosa en un jardín de espinas…tantas veces deseo
volver a este lugar y palpar las fantasías de lo que sería besar sus labios
curarse del mal llamado recuerdo, aderezado con la moral y la protección de los
corazones…romper las reglas como decía ella alguna vez…abrazarle, que durmiese
en sus brazos que él le ofrecía y el calor bajo las sabanas rojas como entre el
fuego que entre ellos surgía aun cuando lo negasen…fue a secarse en el baño
mientras ella servía dos copas…ambos lo sabían y ambos reprimían el mismo
sentimiento que llenaba sus almas expresado bajo el respeto que los dos
fantasmas querían romper…pero de reglas rotas están hechos los amantes que no
pueden estar separados al cabo son fantasmas en una noche de vivos. No
recordaba hora, día, mes, desde que había estado cerca de ella, aún así, se
mostró cortés, divertido y modesto…debía ser él, el de siempre, él que ella
conoció…para que ella supiera que su vida seguía ahí, igual como una película
que siempre adoraste…sin reglas, prohibiciones o cuentos chinos…la realidad se haría
fantasía y la fantasía realidad, una comunión entre él y su forma de ver la
vida para hacerse entender que él era él, él que ella besó, él, al que encontró
por obra del destino y le cambió la vida…apenas se mantenía alejado de ella
mientras el corazón luchaba por no salirse del cuerpo y de los colores que
aparecían en esa cocina tan grande como la distancia de lo que fueron y tan
pequeña como sus labios acercándose los unos a los otros…que extraño, sentirse
pleno, expectante con ganas de perderse en esos ojos verdes como el bosque que
le miran llorosos de un sentimiento apenas descriptible, representan la perdida
de los sentidos, la idea de destruir todo lo que no es ellos…tanto por decir,
tanto por explicar, tan pocas ganas de hacerlo saber…aquí ambos solo querían
sentir…decidieron olvidar los días anteriores por un segundo…las conversaciones
interminables frente a la líneas del teléfono, tantas versos escritos a través
de correos, notas, palabras, enunciados, un poeta hecho a través de la
ausencia, prosa que se creó para desfogar tanta pasión…sintió tal ganas de
besarle que sus expectativas volaban sobre esta tierra, no más, estas matan y
se vive mejor sin ellas…vivimos mejor haciendo que soñando, vivimos mejor en
presente que en mañana…que importa, mañana ambos se marcharan para vivir vidas
separadas en mundos opuestos como el miedo y el valor, como el arrojo y la
timidez, se irán cual amantes de diferentes épocas, porque esto, solo es de una
noche, ambos lo saben y por ello se detienen tanto porque lo saben, pondrán
todo en jaque…lo creado a través de las palabras, los abrazos pospuestos y las fantasías soñadas…basta ya,
basta..detengamos la palabrería y las expectativas se han dicho con esos que se
ven incendiados por la pasión…que importa si es un segundo, una noche, si es
una hora, un beso prolongado o una desnudez compartida…si es una caricia
interminable, una poesía o una prosa extraviada…que sea lo que sea pero que sea
solo de ellos…entregados a la vida y a la noche, al amor perdido, al permiso que
el mundo otorgó para adorarse y hartarse de los labios, del sexo, de la furia,
del fuego abrazador entre sus cuerpos, una ruptura en la rutina, parte aguas en
la existencia del libro de los amantes, jactarse de ser débiles y caer en la
jaula de los pecadores…ella lo sabía, él lo aceptaba, vivirían hoy y solo hoy
sin que los alcanzase él para siempre, subirían al cielo y terminarían en el
infierno por un ápice de amor en una historia que jamás aparecería escrita. De
amor cayeron presos, descendieron sobre el abismo que se llevó su vida
devolviendo la pasión, destruyendo la rutina se toparon frente al pozo de las
ilusiones para alimentar los corazones, en una noche se habían hecho presos,
encerrados por el crimen de quererse, besarse tan fuerte que dolía…pensaron en
cenar en la intimidad comiéndose el uno al otro, compartir el detalle, el
amanecer, la lluvia y su arcoíris ¿Por qué no? Incluso contarse la historia que
no se han contado…presos, amantes de la desnudez de siluetas caminando en
cuclillas por la sala, tras estas rejas que hoy y solo hoy serán de ellos,
delincuentes que habrían sido culpables bajo el delito de adorarse aun cuando
las reglas no lo permitiesen…se sintieron locos y cuerdos, presos y libres,
impresionados por sentir lo que jamás habían sentido, ese sentimiento
desconocido donde no se comprenden las emociones sino solo se expresan, se
viven, se palpan…pero abandonaron todo juicio sobre su crimen enamorarse es
difícil pero facilita la vida y las decisiones precipitadas, un calor que evoca
felicidad que alrededor se es culpable y todos son parte de tu delito, y ahí,
es donde son presos, de ella, por él, y se quedaron tras las rejas a amarse, a
tocarse, abrazarse y cuidarse…a ser pintores del mundo en el que puedan
compartir la vida juntos, culpables de los placeres y las fantasías que
cumplirían este hoy tan efímero y tan eterno, contaron su historia bajo la
luna, caminando por ese pasado que no debe explicarse pero si describirse como
huellas en la vida, heridas de guerra, sonrisas que quedan en la memoria y
vivencias que se hacen experiencias…vale más un abrazo que un cuento, vale más
un beso que un porque, vale más hacer que el amor que arrepentirse…así llegaron
al amanecer, en vela. La despedida fue difícil pero el solo dijo hasta luego, porque
el adiós siempre le pareció definitivo y en definitiva no sería esta la última
vez más cuando ambos se lo prometieron…un mes, 30 días y podrían estar aquí de
nuevo en su cárcel presos. Esperó parado frente a ese edificio rojo cada mes durante
meses, escribió, envió mensajes, llamó y persiguió su estela por el mundo, pero
no aparecía, dejó flores, chocolates, cartas…escribiéndole durante noches sin
Luna y días sin Sol…dejo todo escrito para que ella pudiera encontrarle…ya no
sabía cómo decírselo, explicarle lo que sentía, así que, se hizo poeta dejando
en letras el corazón en su puerta…terminó por irse de nuevo, antes de eso, dejó
una última nota bajo la puerta ofreciéndole aquello que no se obtiene con
dinero, aquello que dura y enamora…y se largo de ahí, llevándose su condena
para seguir preso…y así, una tarde lluviosa caminando por las calles empedradas
se encontró con aquel edificio rojizo…hay lugares a los que jamás se debe
regresar mas si el amor ahí perdió…lo maldijo, recogió una piedra lanzándola a
la ventana donde impregno la furia de un corazón enrejado, maltrecho y
desorientado, y se dio la vuelta para marcharse cuando escuchó el crujir de la
puerta al abrirse, de pie en la puerta estaba ella tan hermosa como siempre,
sus ojos desprendía el valor de quien había llorado y de quien había
adorado…como alguien que cargase un delito sobre sus hombros…Presos…fantasmas,
vale más mejor haber hecho que haber soñado, abandonando todo subió las
escaleras, le tomó de la mano y entraron en ese edificio rojizo donde quizás el
amor tendría una oportunidad…total vale más destruir el Mundo de Morfeo antes
que éste te destruya.”
viernes, 12 de junio de 2015
Los Inseparables
“Para que describir el paisaje si
esos dos que caminaban sobre las calles oscuras y solitarias habrían de
encontrarse una vez más entre los añosos edificios…aún sin buscarse, aun sin
pensarse o soñarse…para que hablarles de lo eterno del mundo, de lo efímero del
amor, de la catedral gótica adornando el centro o del café que se llevaba todos
los elogios de quienes lo visitaban…mejor hablarte de los dos que hacen que la
historia escrita y los lugares descritos tengan sentido, porque ocurre que
siempre la extensión de nuestros actos y los días que pasamos terminan unidos
con los lugares y es por ello que los hacemos parte de nosotros aunque sean de
todos. Decirles que el frío va y viene como lo hacen las personas, o contarles
de aquel lugar donde el eco te devuelve las palabras y aquel extraño
establecimiento donde puedes comprar sonrisas y besos. Nada se entendería y
todo se convertiría en una revista de viajes que lees en el avión para no
pensar en el miedo o en el placer del volar, no. Ellos se encontrarían así
temblará, cayera un aluvión, o se presentase el artista más famoso dividiendo
la ciudad en dos…su historia era ya un fracaso, destinada a romperse una y otra
vez, pero esos dos eran demasiados necios para rendirse…escribirían de nuevo el
principio a partir de la hoja rota y la hoja manchada de tinta roja como el
infierno. Y así fue, con el amanecer a punto de aparecer sobre el bar sin
nombre que yendo entre la gente se encontraron frente a frente…sus miradas se
cruzaron y los corazones palpitaron…un choque que irrumpió la vida y los actos
que de ella ocurren día a día…ella venía con alguien, el venía con
alguien...citas que no habrían de llevar a ningún lado salvo al cesto de las
citas rotas…se saludaron mediante un hola y un insonoro: ¿Cómo estás? Los dos
mintieron…para no verse inmiscuidos en lo que ya se habían inmiscuido…uno en el
corazón del otro…atormentados por el pasado, flechados por el presente. No
supieron responder con las palabras pero si con las miradas y más con ese roce
que tuvieron entre las manos ante el hola que quedó en el aire mientras los dos
volvían a sus vidas…la noche fue avanzando llevándose hora tras hora arrastrándolas
bajo el cobijo del firmamento…separados por el bar y las personas, por las
conversaciones que de pronto se convirtieron en indiferentes y unidos por las
canciones que ambos tarareaban…fugaces como estrellas se perdieron sin poderse
decir adiós y la noche se les fue en otros labios hablándole a otros
corazones…no siempre se puede ganar, no siempre se puede abrazar a quien más
nos importa…pero he aquí dos que separados se atraen aún más, como los polos
opuestos. Él durmió terrible aquella noche a pesar de pasar la noche en brazos
de la mujer que le acompañó, batalló para conciliar el sueño. Sus pensamientos
se perdían imaginando el camino hasta la casa para encontrársela, introducirse
en la casa como un ladrón de pasiones y robarle todos los besos de su ser,
complementarse con ella y abrazarle sin decir palabra alguna saboreando los
ritos de amantes perfectos. ¿Cómo sería si pudiera verle de nuevo? ¿Cómo el
ayer, como algo nuevo, como algo indiferente? Entre el hacer y el no hacer, se
dice que siempre es mejor el hacer…arriesgarse…se decía a si mismo mientras
escuchaba la respiración de quien le acompañaba. Sentía la traición cuando
decidió que no le buscaría más, pero aquí no buscaría, ella le había
encontrado, el destino había decidido por los dos…nadie se había buscado, pero
sus mundos habían chocado…y a veces es mejor no tener la culpa, buscó en su
memoria mientras se lavaba la cara…el espejo del lavabo imitaba sus
movimientos…buscó y supo que número debía marcar… ¿sería el mismo? Solo existía
una forma de saberlo…llamó desde el balcón, y entonces empezó todo. Ella no
tuvo tiempo para pensar, solo sentía…era una amante de lo positivo, de saber
que la oportunidad aparecerá y cuando lo hace regularmente debe aprovecharse…no
le dio vueltas al asunto, sentía en su ser esa furia contenida y esa pasión
desaparecida volverse a encender como el fuego que Prometeo le robó a los
Dioses, incendiando su corazón. Ella durmió sin problema, sedujo los ritos del
sueño y se involucró en cada sueño que tuvo durante la noche, al despertar se quedó
mucho tiempo recostada viendo televisión, escuchando su música mental con los
ojos cerrados navegando en la barca de los días vividos y los sentimientos
arraigados…tomó su largo baño para los días inhábiles, sobre aquella tina donde
tantas veces se encontró con quien le vio ayer… ¿Cómo terminaría su cita, se
preguntó? ¿Esperar la espera? ¿Dejarlo a la suerte? Hoy era uno de esos días
para pecar…para romper paradigmas y no hablar de supuestos, por eso no
respondió la otra llamada, ni la siguiente, pero si la última y es que si el
corazón se acelera, si el pulso cambia y tus ojos recuerdan inmediatamente el
número, sabes que hacer. Su historia era justa como la de la Noche y la Luna,
no podrían existir una sin la otra, siempre acaban encontrándose. Ambos rieron
por el teléfono, el ¿cómo estás? Pasó al
¿qué has hecho? y terminó en el ¿Cuándo te veo? Sin hablar mucho, y menos
jugando al cómo y porque todo se resume al deseo indescriptible de ambos por
tocarse…Ella llegó antes y se sentó al borde de la terraza para desde ahí verlo
entrar…el bar situado encima del edificio antiguo exclusivo solo para miembros
o acompañado de uno de ellos, su vestido blanco como la nieve adornado con esos
accesorios negros hicieron voltear a más de uno…más cuando su cabello negro y
esos ojos que hacían que cualquiera se perdiese en ellos…le sirvieron una copa
y el mesero le ofreció el menú, pero ella dijo que esperaría un poco. Al fin y
al cabo, aún era temprano más para quien adora la noche…y a ellos les
fascinaba, de hecho el lugar no estaba muy lleno. Él estaba en la barra, oculto
a la orilla donde se pone el jazzista y su banda, abstraído y perdido llegó
mucho antes que ella solo para verle entrar, seducirse por esas piernas que
atravesaban a su paso el lugar…cuanto la deseaba, cuanto le quería subir ese
vestido, pasárselo por su cabeza y arrojarlo al suelo mientras le besaba el
cuerpo…sonrió a las espaldas de ella y le vio sentarse, asomarse al borde y
degustar con esos labios rojizos la copa. Espero, y espero, hasta que se acercó
a ella rodeando la espalda con sus brazos para decirle…cuan bella te ves
adornando cual estrella la noche…Eran amigos de la noche, de la pasión y los
besos que aparecían siempre, aun cuando se juraban independientes y solitarios.
Brindaron por ellos y por la noche, por los días que se les fueron y los que
vendrían…las miradas se encontraron y ambos no sabían por dónde empezar…cual
magos o rivales esperando el primer movimiento…él habló primero… ¿Qué decir?
Hablar de donde estuviste, con quien estuviste y porque, no dejará nada…así que
optó por contarle historias, cuentos de días sin ella y días con ella, de la
analogía de desastres naturales y como estos fueron alejándolos pero siempre
encontrando manera de verse…le decía, un día pensé haberte visto de paseo en el
parque, pero no sé si eras tú, decidí que no podría acercarme…llevabas la mano
tomada de otra mano…cenaron, platicaron…ella contó sus sueños cuyos objetivos
habían cambiado desde la última vez, como sus noches mutaron en algo diferente
y los amaneceres los vio desde diferentes puntos cardinales…encontró a su
historia saliéndose de los renglones donde había sido escrita, derrochando
tinta de múltiples colores…también eres diferente le dijo a él, tus manos, tu mirada
y tu forma de hablar. Se mintieron y se dijeron verdades, la mentira era que
ambos no se deseaban con la misma intensidad, la verdad era que ese par si
había cambiado y por qué no, si todos sabemos que jamás seremos los mismos con
el pasar de los años…nos hacemos más ruines, menos ilusos, más perversos o
mejor informados. Él era de los soñadores enviciados por recorrer palacios de
la memoria, ella era un sueño que aparece una vez en la vida. Solo la efímera
mirada del amor, y la eterna sensación de la pasión bastó para que él antes de
proponerle huir por entre las calles de la ciudad y el infierno, le invitará a
bailar…ella dudo porque no era él de los que bailan pero aun así aceptó…aquella
canción les gustaba…respiró en su cuello, él le abrazó fuerte como si soltarla
le rompiera el corazón…le cuidaba y tomaba su mano con delicadeza mientras le
llevaba por la pista que recién habían inventado…las miradas de los asistentes
los juzgaban, pero cuando quieres a alguien eso ya importa poco…cuantas letras
derramadas sobre los capítulos de sus vidas se llevaron en las espaldas
mientras se perdían en aquella habitación sin luz…la noche era la que mejor se
adecuaba a sus temblores en la cama donde se comían el uno al otro como lobos,
como aves de rapiña y como enamorados de antología. Fueron una fuerza que se
unía por lo más delgado, el amor y la pasión…un par de extraños amantes
dispuestos a todo completando el libro de las fantasías absurdas y los besos más
cálidos, cuanto por decir, cuanto no querer decir…al fin y al cabo, nunca se
han quedado para siempre, hicieron el amor hasta quedar rendidos, el amanecer
los encontró desnudos bajo una fría mañana bañando esos cuerpos sudorosos…fueron
Reyes, Dioses y Humanos…Fueron ellos, sus sombras y sus alter egos, fueron todo:
amigos, amantes y enemigos…despertaron, desayunaron en la cama y hablaron por
horas…pero había que partir, los teléfonos habían empezado a sonar una y otra
vez…Ella pidió un abrazo, antes de irse, Él se lo dio tan fuerte como esos
abrazos que se dan los que se despiden cuando no quieren irse jamás…Ella se fue
primero, Él se fue después…había que volver al mundo…se despidieron y cada
quien volvió a su historia, a utilizar la tinta sin la hoja y la hoja sin la
tinta…sin embargo, un recado apareció en su puerta días después “ambos
perderemos aquí, porque jamás el amor ha sido para siempre…pero este amor aun
finito es solo nuestro” Ella sonrió y empezó a correr escaleras abajo…para que
hablarles de lo que pasó, pasará o no pasará…vaya, esta no es nuestra historia,
no nos pertenece, es del Mundo de Morfeo”.
jueves, 28 de mayo de 2015
El Aficionado
“La ciudad estaba en silencio, apenas se escuchaba el bullicio alrededor
de las calles, de las casas solo se mantenían iluminadas las recamarás…una
expectación bañaba los corazones de las personas que estaban unidas en un
susurro que irrumpía en un grito que liberaba el alma…el estadio de las 35 mil
almas con el color del equipo de sus amores…apoyaba con pancartas, gritos,
porras y aplausos…sus cánticos habían cesado debido a la expectativa,
paralizabas por el vaivén del balón que bailaba sobre las piernas de los
22…pero acá en una colonia privada en las afueras de la ciudad, no llegaban los
ruidos, todo provenía del radio al cual el velador se aferraba tanto como al
oro más preciado. Sabía que su vista se iba perdiendo al paso del tiempo, pero,
el radio era su compañía en la solitaria caseta…Cual centurión romano protegía
la entrada a las casas y quien iba y venía, veía poco pero sus otros sentidos
se habían desarrollado de tal manera que ninguno sabía a ciencia cierta hasta
donde veía…no veía la televisión porque atontaba el cerebro decía. La narración
lo llevaba por todos los rincones del campo verde rectangular, las jugadas eran
descritas con tal perfección que imaginaba incluso los cordones y los tacos
chocar contra el balón...años había durado sin ir al estadio, pero lo que hoy
le fascinaba, era aquel 10 que la rompía…su gran ídolo, desde que subió al
equipo, él supo de sus cualidades, lo veía cuando los grandes jugaban, le vio
debutar…hacer goles, sumar minutos y realizar gambetas…después el trabajo, la
vida y sus consecuencias le evitaron volver más al estadio pero siempre siguió
los pasos del 10 que le alegraba el día, los fines de semana escuchaba por el
radio el juego…atento, hablaba a través del aparato con la grada, con
él…apoyándole en todo momento incluso cuando a veces caía, porque en la vida
siempre hay caídas aún en la cima o en el suelo y uno se debe levantar para
seguir el juego…porque habrá otros 90 minutos que esperan…hoy daba órdenes
desde la caseta: tírala larga, muévete entre líneas, manda centro a segundo
poste y por favor, toca, toca, toca…acaricia esa pelota que es tu esposa, tu
mamá, tu hija…vamos, defiendan…vayan por la banda y remata de cabeza…esos colores
que se tatúan y que no dejarás porque son parte de tu vida…son especiales,
corren por tus venas y los defiendes en cualquier guerra deportiva. El 10
desafiaba al juego mismo con sus actuaciones…todos seguían sus pasos, la
esperanza de un pueblo en sus pies…cuanta presión en sus hombros, cuantos ojos
en sus pies…cuanto poder en sus goles. El velador se soñaba hablar con él,
conversar con una taza de café y un balón…hablar de fútbol, de filosofía, de
historias de vida unidas con el rectángulo verde. En su caseta, había un poster
con 3 ídolos del club y el día del juego bajo ese uniforme su casaca…hoy no era
la excepción. De pronto, la jugada tomó importancia, un toque privilegiado
rompió el fuera de lugar y el 10 se enfiló rumbo al marco…el corazón palpitó y
la grada contuvo el aliento, el velador imagino al 10 y le pidió que definiera
por arriba…todo se detuvo por un segundo y entonces oyó las tres letras en una
palabra que dan la felicidad…y gritó en la solitaria caseta, mientras con miles
de fanáticos coreaban el nombre del ídolo…la semifinal se había definido y el
equipo ahora iría a la final…besó el escudo del equipo, subiéndole al radio y
agradeciendo a Dios por el partido…escuchó los comentarios finales, los
chiflidos y pitidos de los autos regresando a sus casas…cuanta felicidad da del
deporte, cuantas emociones provee…el ser humano inventó el deporte para seguir
evolucionando, descendientes de cazadores furtivos, de supervivencia que ahora
se baten y así, continuar el crecimiento como ser vivo. El último de los autos
ha llegado y él se dispone a cenar, aunque es tarde, la comida siempre
ayuda…del fondo oye unos pasos y una voz pregunta por él, no la reconoce, ha de
ser el nuevo inquilino: Le da las buenas noches y se pone a sus órdenes como
buen trabajador, él sonríe y le agradece, permítame que le deje este café que
recién compré hace frío aquí…él velador se sorprende pero lo toma…gracias
señor; no se preocupe pero no me diga señor…el inquilino le da su nombre y el
velador dice: es el mismo nombre que mi ídolo. ¿Quién es su ídolo? El 10… ¿a
poco no lo conoce? ; Si claro, tiene una silla extra? Sí, claro… ¿Por qué lo
idolatra? Es un jugador de cepa…su forma de jugar, toque, como maneja los hilos
de la ofensiva…yo solo a dos jugadores conocí que tuviera las cualidades que en
él veo o bueno veía, hace mucho tiempo que no veo un juego…solo por este amigo
que me acompaña y le mostró el radio…también el poster que tengo aquí atrás…el
inquilino le comentó que esos dos eran sus ídolos pero del tercero aún faltaban
cosas por lograr…el velador le contó sobre los anteriores 10 del
equipo…técnica, liderazgo, goles, campeonatos…unos tocados por Dios, amantes de
la pelota y enamorados del juego…que fútbol el de esos días…comentó el lugar en
el que se sentaba y desde donde ondeaba esa bandera cuando era joven y cuando
llevó a sus hijos…el inquilino le contó cuando él empezó a jugar…desde niño
recorrió las inferiores, los barrios bajos y el sufrir por comer y el gozar por
jugar…ahora disfrutaba del juego como nunca…la conversación se fue alargando y
recorrieron épocas del juego, anécdotas, hablaron de formaciones, formas de
ataque y defensa…pero sobre todo de las emociones y la búsqueda de que ese
juego permease en la vida…el fútbol era la vida misma, pero no lo mas importante…el
velador se sorprendió de lo que su acompañante sabía y de lo bien que conocía
las entrañas…hablaron de los grandes: Pelé, Maradona, Di Stefano, Zidane, Hugo,
Cruyff, Ronaldo, Messi, Baggio, Batistuta, Maldini, ¿Cómo sabía tanto? Por lectura, por platicas
interminables con amigos y clientes debido a su trabajo…la noche se iba
alargando y él prometió regresar…por último le preguntó que si aún podía ver en
su totalidad, el velador sintió confianza en él y aceptó que tenía problemas en
el ojo y por ello, no iba a aglomeraciones por el temor de caerse o tener algún
detalle…el dinero no era mucho como para someterse a tratamientos, no
alcanzaba. Los siguientes dos días…continuaron conversando y luego le informó
que viajaría un par de días y volvería…el velador fue llevado a chequeo médico,
se le informó que todos debían hacérselo…de pronto se dio cuenta que todo era
sobre sus ojos, limpieza, vista, análisis…no era tan grave le dijo el Doctor…y
efectivamente veía mucho mejor que antes…le pusieron unos lentes que le
servirían, pero Doctor le dijo: no puedo pagarlo; el doctor le dijo que había
sido ya pagado. El velador regresó más que ilusionado…seguiría el juego por
radio, de nuevo…su misma rutina, sus supersticiones…la oración, el beso al
escudo, la plática al poster y encender el radio…de pronto…un auto se detuvo en
la entrada…de él bajo la esposa del inquilino, diciéndole que se acercará a
ella y le entregó el celular…amigo mi esposa lleva dos boletos para la final,
vengase que aquí lo veo…no se preocupe, le pedimos permiso a su jefe para que
hoy pueda asistir…los ojos del velador se pusieron rojos y agradeció más veces
de las que pudo contar...¿Y Ud. puede llevarme? Si, a eso vengo…venga súbase,
ahorita llegará quien se encargue…Dejo su uniforme y con su casaca subió al
auto…disfrutó cada instante del camino y llegar al estadio…cuantos colores,
cuanta pasión, banderas cual ejercito medieval, caras pintadas y cánticos que
incluso él sabía…se estacionaron en un lugar especial y caminaron…él no sabía
de Da Vinci o Miguel Ángel pero si sabía que ese mosaico en la grada era una
pintura que jamás olvidaría…subieron a un palco de la tribuna donde se veía con
todo con claridad, nunca había visto mejor…su respiración agitaba emocionado
hasta la médula, pero ella le dijo que su asiento estaba más abajo cerca de la
gente…lo llevaron ahí y vio a los jugadores salir al campo a calentar…ahí
estaba su ídolo, lo reconoció al instante por el número 10…emocionado los vio
dirigirse al vestidor y luego saltar al campo de nuevo…cantó el himno, las
porras y disfrutó del juego mientras aun en el fondo escuchaba la voz del radio
que provenía de su interior. Los toques, el campo verde que tantas alegrías y
emociones le había otorgado, como no querer este juego, como no adorar sus
historias de vida y sus anécdotas dentro de esta cancha…cada pase del 10 lo
vitoreaba, soltaba indicaciones y se abrazaba con los aficionados cuando los
defensas salían avante ante el equipo contrario…el juego se convirtió en una
ida y vuelta, contragolpes, postes, faltas, túneles, cabezazos y jugadas que
terminaban en un grito de Ahhh, cuando no caía el gol…y un aplauso cuando este
no caía en su propia portería…acercándose al final, una falta fue marcada cerca
del área rival…todos sabían en ese estadio y en millones de televisores, radios
y computadores quien cobraría el tiro…un silencio expectante se apoderó de cada
uno de los espectadores…el 10 colocó la pelota, miro la portería, la barrera y
donde estaba el arquero…aquello barrera era el muro de Berlín, cerró un poco
los ojos, secó el sudor de su rostro y enfiló para pegarle suave como el beso
que le das a tu esposa de buenas noches, la pelota se elevó entre los rostros
desesperados por alcanzarla con los ojos, la estirada del arquero no alcanzó y
el sonido rompió las nubes del cielo…que comenzó a llover mientras el grito
ensordecedor de GOL replicaba cual temblor…el velador rompió en llanto y los
últimos minutos le parecieron eternos y difusos como una película de ciencia
ficción hasta que el árbitro pitó el final…se desbordaron los ánimos y la gente
coreaba el cántico de campeón, campeón, campeón. El 10 se fue acercando…el velador se dio
cuenta que venía hacia donde estaba él y se estiró para saludarlo y felicitarle
entre la gente que se aglutinaba…pero él le dijo por su nombre…esa voz,
bienvenido le dijo el inquilino, entonces él lo entendió todo…quien lo visitaba
era el 10 de su equipo…su ídolo a quien conoció no por lo que jugaba sino por
su humanidad le agradecía haber venido, que orgullo, gracias a ti, le dijo el
velador…Ahora merezco estar en su poster le dijo el 10. Usted está en mi poster
de amigos que es más importante aún le dijo el velador mientras le abrazaba de
nuevo…aún ellos se reúnen por las noches para tomar un café y platicar del
fútbol y la vida…se cuenta que en el rectángulo verde del Mundo de Morfeo todos
podemos ser el número 10”
miércoles, 6 de mayo de 2015
El Camino de las Palabras
“En total hermetismo caía la noche,
impregnada de ese aroma a humedad que solo la amenaza de lluvia ofrece…una
sensación de desasosiego irrumpe a las almas de los habitantes de la ciudad tan
mal acostumbrados a lo nublado del cielo…pronto correrán a resguardarse de las
gotas, del frío y del temor a tanta soledad avasallados por los pensamientos de
quienes han descrito a la lluvia y la noche como una combinación perfecta para
el desamor, la tristeza y las tragedias…se preparará café y se harán
galletas…desempolvando los libros y retomando aquel álbum fotográfico. La
lluvia apareció justo el día que enfermó, no porque fuera él especial,
sencillamente porque así estaba dicho…comenzó suave e incipiente y fue
haciéndose fuerte hasta convertirse en una lluvia torrencial…el frío
aprisionaba su cuerpo y deliró un poco…vagando por los canales de su memoria,
sus historias y recuerdos avivados por ese sonido tan peculiar que solo el caer
de las gotas logra. Bebió un té tras otro para menguar un poco la enfermedad,
arrastrar sus males por la recamara hasta dejarlos en la sala…le dolía hasta la
risa y la tristeza, incluso las muecas parecían repercutir en su mal…buena
noche para estar enfermo se dijo mientras se ponía un trapo húmedo en la
frente…colmado de sus pensamientos y de las viejas películas que repasaba para
comprender y volver a experimentar el séptimo arte…marcando los momentos en los
que sabía el diálogo y encontraba una frase o un hecho que le gustaba…decidió
que había que agradecerle a la lluvia, hablarse de tú con ella y porque no,
hacer amistad al menos por hoy en que su cuerpo cortado le hacía delirar…le
dijo: “Que le contara que hay en el cielo, platicar de los demonios que tocan
su puerta y de los sueños que le arrebatan la verdad...sonreír x los besos que
robó por sus gotas...y de los caminos recorridos bajo su estela…de los días en
que se mojó hasta enfermarse y de las noches en que bajo su presencia optó por
enamorarse…agradecer por los poemas leídos y por las prosas vividas…y porque
no, por los días que vendrán” y tomó la botella…un trago, que veneno mate
veneno y que desamor lleve al amor o viceversa…bajo la lluviosa ciudad…veía
como los autos iluminaban esta oscuridad que le ensuciaba el alma. Siempre le
gustó vivir en esta casa…en una colina, para ver su ciudad, sus entrañas, sus
historias…desde ahí podía verlo todo, como el ojo del gran hermano…interceder o
crear lo que otros vivían a través de su lente…con cámara o binoculares o
también con algún telescopio…era el paisaje más hermoso del mundo, y él lo
tenía todo para él y solo lo compartía con sus muy allegados…carecía de fama y
de virtuosismo, era uno más, uno más en la jungla que se apodera de nosotros, en
la jungla de árboles y pantanos de fierro y cemento…creaciones del ser humano
que se arraigó con el sedentarismo…le gustaba ver siempre, se consideraba tan
visual que fue aficionado al cine, a la fotografía, a las personas recorriendo
la ciudad y a esas luces que ofrecían las noches al pasar los autos y al
abrirse los bares…pero lo que más le gustaba era degustar una copa de vino o
una cerveza helada frente a ese paisaje, llevar a cabo la filosofía y sus ideas
dentro de un pequeño grupo de personas…esas personas que se llaman amigos y que
solo con los dedos de tus manos cuenta…una vez por semana se reunían para
degustar los temas actuales y los básicos para siempre acabar con esas pequeñas
historias de donde la humanidad aparece con sus pros y sus contras…bajando por
el abismo de los yo, tu, nosotros y ellos y porque no, de los amores
insufribles y platónicos cuyos nombres no se mencionan o se dicen solo en voz
baja. La copa de vino le supo a gloria, indescifrable como la noche lluviosa,
indescriptible como el sentimiento que el embargaba y cuyas raíces se anidaban
justo en el lugar donde va el corazón…quizás mañana la enfermedad le tumbaría,
le devolvería su frágil existencia a la cama donde pasaría días rezando a Dios
que le devuelva sus fuerzas para continuar por esos ríos de pragmatismo e
historia incitada para saberse todopoderoso…quizás, quizás, estaba cansado de
vivir en el supuesto…quería volver a sentir, a trascender y transpirar ese
arrojo pasional correr por sus venas…entre el hacer y el no hacer, siempre será
mejor el hacer…un par de días fueron suficientes para evadir la enfermedad,
sacarse el mal sabor de boca y abandonarlo todo…decidió escapar…tendría que
hacer algo así, para sentirse mejor, para que la nieve de la vida le supiera
mejor y su corazón dejará ese vacío que le abrigaba de vez en cuando como el
frío de esa noche lluviosa que le abrió los ojos nuevamente dándole algo con lo
que él no contaba…ilusión. Empacó poco y no reservó en ningún lado, recorrería
las tierras y las ciudades…para ver que encontraba, para sentir el aire de la
carretera…comenzó por dejar en el cajón, las hojas escritas para el amor y por
el amor, los extraños ruidos al besar aquellos labios y los tanto te quiero
dichos en tantas noches…adquirió una grabadora de bolsillo, y pidió a uno de sus amigos su auto descapotable, un
viejo modelo cuya marca siempre anheló manejar pero que para la ciudad era un
poco inoperante…partió con la puesta del sol…en aquella mochila, poco que
describir pero lo importante estaba ahí…botellas, copas, emparedados y libros,
y porque no, música de viento…ataviado en sus lentes de sol…y el viento
golpeándole en su rostro…dejaba que el motor hiciera su parte subiendo y
bajando velocidades rebasando pero sobre todo disfrutando de la
carretera…árboles frondosos y vegetación indescriptible que aparecía por ambos
lados llamaban su atención…hablaba y hablaba, cual si tuviera amigo imaginario,
pero hablar con uno mismo siempre es bueno…más en esos días en que la vida está
por estallar en un cumulo de supuestos y de hechos que nos llevarán por caminos
insospechados…pasó por varias ciudades, recorriendo a paso lento pero sin
bajarse del auto mientras continuaba su plática ante él…dormía dentro del auto
o encima del toldo, ahí leía con una linterna y grababa su voz para continuar
su viaje…insectos y el ruido sinuoso de la carretera le parecían toda una
aventura…así continuó hasta bajarse en uno de los pueblos…necesitaba comer…la
comida escaseaba y unos pocos pesos servirían…busco el lugar más pequeño…una
cantina con oferta gratis en comida…entró con su sombrero y los lentes
oscuros…la barba ya había aparecido y la música repelía su ser…una camarera con
vestido rojo le tomó la orden…aceptó una, y otra, y otra mientras escuchaba
esas canciones que le recordaban a su padre…vayas historias que se asemejaban
solo en diferentes épocas…le gustó la chica de la barra…de labios gruesos y
mirada enfurecida limpiando los vasos una y otra vez mientras su sonrisa
permanecía oculta tras su historia de vida…no supo como pero justo estaba ya en
la barra intentando hablarse con ella…le contó de su partida, de sus encuentros
y las posibles poesías que quería escribir para ella…poco a poco, la seriedad
perdía esa batalla mientras el: aja, claro, si, como no; aparecía siempre que
él recorría con los ojos aquellas piernas que se negaban a mostrarse tras la
barra…quería besarle, cerrarle los labios para evitar escuchar esa crueldad en
las palabras…por fin, ella le dijo que esperase…la noche se perdía en el
anonimato del universo y aquellos dos en los sueños fraudulentos de quienes se
encuentran en el camino…fiestas, amistades, caídas en las calles y besos en las
bancas…así fue la noche para los dos, y si él le hizo poesías a sus muslos y a
sus labios, miro sus ojos como se mira el paraíso…y se marchó al alba, prometió
llegar de regreso…regresarle todos los besos y las caricias, y porque no, las
nuevas poesías. Se cambió de ropa y desayuno el último de los emparedados
mientras iniciaba de nuevo, no había tiempo, no había un antes y un después
solo la carretera…al cambiar de estado la vegetación cambió y también la
fachada de las casas así como esos sencillos hombres caminando sobre el
asfalto…varios le hicieron la parada pero él no quería involucrarse hasta que
vio a aquel hombre añoso pero con un rostro joven que prácticamente corrió detrás
de él mientras su mochila casi le rebasaba sus hombros, el sombrero de paja y
los zapatos sucios contrastaban con esa sonrisa…se detuvo y se orilló…y el
hombre subió…voy a mi ciudad le dijo apenas adelante…conversaron y conversaron
durante el trayecto…le causó risa cuando el hombre tarareó una canción y más
cuando su voz se escuchó mucho mejor al cantar que al hablar…le dijo que había
sido cantante de adolescente, estaba acostumbrado a las largas caminatas
cargando su guitarra hasta que esta le fue robada y entonces volvió al trabajo
diario…pero jamás olvidaba sus gratos momentos de pequeña fama llevando
serenatas por los callejones…él le brindó una de las botellas de la mochila y
cantaron rancheras sobre aquel cielo oscuro lleno de pepitas blancas como la plata…la
ciudad era nueva para él y vieja para su acompañante…le invito a quedarse…solo
una noche, dormir en el auto jamás podría igualarse a una cama…así fueron a su
casa…una humilde vivienda de un piso y una calle infestada de hombres
sonrientes y zapatos tristes…hablaron y hablaron mientras todos se acercaban a
ver el auto en el que habían llegado…todas las preguntas que se hicieron siempre
fueron con tono de Ud., pero él sonrió, aquí todos somos iguales, hechos del
mismo barro y por el mismo Dios…y les ofreció una nueva botella para perder el
control que tan bien se le daba…se sentaron alrededor de él e hicieron un asado
en el patio…los pesos se juntaron y las historias se hablaron…le encantaba
estar ahí, en el bullicio, en la combinación de los rostros y las
palabras…apareció una guitarra, un acordeón y ahí fue todo…cantaron frente al
fuego que engullía la noche…habló del porque viajaba y del porque grababa todo
con sus palabras y ahora las de ellos, preguntó por sus historias, sus vidas y
las razones de su levantarse por la mañana pero sobre todo perdieron los
sentidos frente a las botellas que sin saber aparecían y aparecían como plantas
en el suelo…duro toda la noche y todos se fueron al salir el Sol, había que
continuar…seguir, volver a recorrer el país y sus entrañas…despertó al mediodía
en la silla de aquel patio, el sombrero cubría su rostro y una sábana su
cuerpo…unos ojos le miraban absortos…la esposa de aquel hombre que llevo estaba
frente a él, le dio una cesta y sin palabra alguna, el entendió…había que irse,
agradeció con el sombrero una y otra vez pero ella solo le sonreía en una
mueca…el hombre yacía dormido y él se despidió no sin antes dejarle un libro…un
obsequio, ahí le anotó su nombre y una frase…la jaqueca apareció justo al
atardecer…el dinero se le estaba acabando…había recorrido una enormidad de
kilómetros y un sinfín de historias en cada ciudad que se le ocurría bajar o cuando
el hambre o la sed lo hacían detenerse, se leyó todos los libros e intercambio
algunos…conoció el amor, el desamor, la pasión, los cigarros prestados y las
botellas calientes, apestó a rayos y olía a perfume todo bajos esos cientos y
miles de kilómetros por el país de su corazón…que hermoso el ayer y el mañana,
el presente y el futuro…los recuerdos vividos y los contados…abriéndose paso
entre la sangre de su ser para amar, ser amado y ver paisajes que jamás pensó
en ver, a dormir en hoteles de paso y en el auto, a comer nada y comer mucho…relacionarse
con la tierra y el agua, ser el pájaro que vuela, la serpiente que se arrastra,
el sueño que se traiciona…quería ser todo y comérselo para que se quedará en él…así
llego al último lugar de su trayecto, supo que sería su regreso porque no había
nada más hermoso que aquella playa cuyo aroma lo percibió desde la
carretera…aspiró la piel de la arena y el sonido de las olas y se desvió para
llegar a ella…una copa y una botella, un libro y la grabadora y si, a decirlo
todo lo que quedaba frente al mar…lentes, y el sombrero que intercambió en el
pueblo anterior…se quitó los zapatos y recorrió descalzo la arena…se quitó la
camisa introduciéndose al mar y nado por una hora o más…libre…fascinado por ser
otro, huir, manejando hasta el fin del mundo y escribir a través de la
grabadora con sangre los sueños todos en una larga prosa que sería cantada y
contada hasta volver…con el sol en su punto y el viento deambulando…dejo la
camisa cual toalla y los libros abiertos para dedicarse a ver más allá de lo
que su vista pudiese…a ver con el corazón y con la botella en la mano…atrás de
él, al fondo una casa de tonos verdes limón salió una muchacha…no podía verla
pero alcanzo a sentir su presencia, ese aroma que solo las rosas llevan…cual
reina del mar permanecía con la mano sobre su frente para evitar el Sol, sintió
su llegada con la pisadas y justo al voltear, tuvo que alzar la vista para
encontrarse con ella…parecía la Julieta de Shakespeare , la Francesca de Dante,
la Musa de Fellini, su ropa vintage y los ojos verdosos como los bosques
frondosos…le robaron el corazón y la respiración…preguntó que hacía él aquí, en
un lugar tan viejo y sin importancia…todos pasan pero nadie se queda, todos ven
pero nadie toca, a menudo es una playa de paso…aquella que no sale en fotos o
se habla en los libros…él permaneció en silencio, las palabras se le ocultaban
como el Sol lo hacía tras las montañas, perdido en los labios maltratados por
la sal del mar y esas largas piernas que parecían no terminarse…vine a hacerme
de mi propia historia le dijo, escribir tan claro como el cristal y tan libre
como el agua grabando lo que veo y siento, para luego escribir para mi…escribir
y escribir, diciendo todo aunque el corazón doliera y la menta carcajeará
escribirlo todo en una larga prosa…ella permaneció viéndolo en silencio,
asimilando lo que decía, y se limitó a tomar la copa y pedir por la botella él
le sirvió mientras ella hojeaba el libro, le pidió que escribiera sobre ella,
no llevaba lápiz pero tomó su grabadora mientras ella saboreaba el vino en su
boca…era un atardecer en la playa, el callejón de los besos, el bosque de las
luciérnagas, el cielo estrellado, la canción favorita, el helado en un día
caluroso, el amor en noches de borrachera…le dijo todo eso y más…y ella le besó
comiéndole los labios para que él no se fuera jamás, abonarle ese recuerdo a su
viaje y dejarle la vida en ese beso, que se prolongó con otro y otro, mientras
el Sol se iba…aún no recuerda mucho…solo que la noche los vio tumbarse desnudos
en la arena y las olas les mecían bajo un cielo enigmático, se quedó un par de
noches más…a escuchar su vida y contarle la suya, a reírse de nada y hablarse
de todo…a soñar bajo esa Luna libre de smog y ruidos…a comer en la orilla del
mar y bailar frente a la fogata…quería quedarse para siempre, o llevársela con
él, pero nada de ello se podía, ella no quería irse y él no sabía quedarse…se
hirieron y marcaron el cuerpo para que nada pudiera quitarles esos tres días en
el mundo de los nómadas y los sedentarios…extraviados y pasajeros…partió al
amanecer, no dejo rastro de su partida, besó sus labios dejando otro libro,
otra frase, otro pedazo del corazón…aún en el viaje de regreso, los labios
evocaban el nombre de ella, exhalaban el pedazo del corazón dejado y el que se
trajo de ella a cambio…dejo en la carretera...los viajes juntos y los
paisajes perdidos...dejo el ayer y sonrió ante el hoy y entonces...fue libre…al
volver, escribió y escribió hasta que manos adolecieron, hasta que las botellas
se terminaron y las noches se hicieron días, y los días se hicieron meses…al
año siguiente, cuando el libro fue publicado y la portada estaba frente a él,
en una de esas noches con sus amigos con la mirada perdida en el paisaje…y la
marca en su cuerpo…sintió ese pedazo de corazón faltante retumbar en él, cual
si estuviera apenas cortado y escuchó como tocaron la puerta…todos se quedaron
en silencio y la música fue participe cual escena del cine…los pasos se
escucharon y el sonido que se hace al abrirla…el rostro cubierto por el frío, y
un sombrero rojizo, la reina del mar…la Julieta, la Francesca, La Musa…solo
dijo: me hace falta un pedazo de corazón…vine por él…le tembló el cuerpo y le
besó tan fuerte como en aquel pueblo perdido…mostró el libro y él entendió
todo…recogió la única maleta que tenía, sirvió una copa y la llevo donde los
paisajes siempre aparecen y le presentó lo que tenía en su vida…los amigos, el
paisaje, los relatos, la historia y el Mundo de Morfeo donde siempre se puede
encontrar los pedazos del corazón que nos hacen falta en el camino de las
palabras”.
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