“La ciudad estaba en silencio, apenas se escuchaba el bullicio alrededor
de las calles, de las casas solo se mantenían iluminadas las recamarás…una
expectación bañaba los corazones de las personas que estaban unidas en un
susurro que irrumpía en un grito que liberaba el alma…el estadio de las 35 mil
almas con el color del equipo de sus amores…apoyaba con pancartas, gritos,
porras y aplausos…sus cánticos habían cesado debido a la expectativa,
paralizabas por el vaivén del balón que bailaba sobre las piernas de los
22…pero acá en una colonia privada en las afueras de la ciudad, no llegaban los
ruidos, todo provenía del radio al cual el velador se aferraba tanto como al
oro más preciado. Sabía que su vista se iba perdiendo al paso del tiempo, pero,
el radio era su compañía en la solitaria caseta…Cual centurión romano protegía
la entrada a las casas y quien iba y venía, veía poco pero sus otros sentidos
se habían desarrollado de tal manera que ninguno sabía a ciencia cierta hasta
donde veía…no veía la televisión porque atontaba el cerebro decía. La narración
lo llevaba por todos los rincones del campo verde rectangular, las jugadas eran
descritas con tal perfección que imaginaba incluso los cordones y los tacos
chocar contra el balón...años había durado sin ir al estadio, pero lo que hoy
le fascinaba, era aquel 10 que la rompía…su gran ídolo, desde que subió al
equipo, él supo de sus cualidades, lo veía cuando los grandes jugaban, le vio
debutar…hacer goles, sumar minutos y realizar gambetas…después el trabajo, la
vida y sus consecuencias le evitaron volver más al estadio pero siempre siguió
los pasos del 10 que le alegraba el día, los fines de semana escuchaba por el
radio el juego…atento, hablaba a través del aparato con la grada, con
él…apoyándole en todo momento incluso cuando a veces caía, porque en la vida
siempre hay caídas aún en la cima o en el suelo y uno se debe levantar para
seguir el juego…porque habrá otros 90 minutos que esperan…hoy daba órdenes
desde la caseta: tírala larga, muévete entre líneas, manda centro a segundo
poste y por favor, toca, toca, toca…acaricia esa pelota que es tu esposa, tu
mamá, tu hija…vamos, defiendan…vayan por la banda y remata de cabeza…esos colores
que se tatúan y que no dejarás porque son parte de tu vida…son especiales,
corren por tus venas y los defiendes en cualquier guerra deportiva. El 10
desafiaba al juego mismo con sus actuaciones…todos seguían sus pasos, la
esperanza de un pueblo en sus pies…cuanta presión en sus hombros, cuantos ojos
en sus pies…cuanto poder en sus goles. El velador se soñaba hablar con él,
conversar con una taza de café y un balón…hablar de fútbol, de filosofía, de
historias de vida unidas con el rectángulo verde. En su caseta, había un poster
con 3 ídolos del club y el día del juego bajo ese uniforme su casaca…hoy no era
la excepción. De pronto, la jugada tomó importancia, un toque privilegiado
rompió el fuera de lugar y el 10 se enfiló rumbo al marco…el corazón palpitó y
la grada contuvo el aliento, el velador imagino al 10 y le pidió que definiera
por arriba…todo se detuvo por un segundo y entonces oyó las tres letras en una
palabra que dan la felicidad…y gritó en la solitaria caseta, mientras con miles
de fanáticos coreaban el nombre del ídolo…la semifinal se había definido y el
equipo ahora iría a la final…besó el escudo del equipo, subiéndole al radio y
agradeciendo a Dios por el partido…escuchó los comentarios finales, los
chiflidos y pitidos de los autos regresando a sus casas…cuanta felicidad da del
deporte, cuantas emociones provee…el ser humano inventó el deporte para seguir
evolucionando, descendientes de cazadores furtivos, de supervivencia que ahora
se baten y así, continuar el crecimiento como ser vivo. El último de los autos
ha llegado y él se dispone a cenar, aunque es tarde, la comida siempre
ayuda…del fondo oye unos pasos y una voz pregunta por él, no la reconoce, ha de
ser el nuevo inquilino: Le da las buenas noches y se pone a sus órdenes como
buen trabajador, él sonríe y le agradece, permítame que le deje este café que
recién compré hace frío aquí…él velador se sorprende pero lo toma…gracias
señor; no se preocupe pero no me diga señor…el inquilino le da su nombre y el
velador dice: es el mismo nombre que mi ídolo. ¿Quién es su ídolo? El 10… ¿a
poco no lo conoce? ; Si claro, tiene una silla extra? Sí, claro… ¿Por qué lo
idolatra? Es un jugador de cepa…su forma de jugar, toque, como maneja los hilos
de la ofensiva…yo solo a dos jugadores conocí que tuviera las cualidades que en
él veo o bueno veía, hace mucho tiempo que no veo un juego…solo por este amigo
que me acompaña y le mostró el radio…también el poster que tengo aquí atrás…el
inquilino le comentó que esos dos eran sus ídolos pero del tercero aún faltaban
cosas por lograr…el velador le contó sobre los anteriores 10 del
equipo…técnica, liderazgo, goles, campeonatos…unos tocados por Dios, amantes de
la pelota y enamorados del juego…que fútbol el de esos días…comentó el lugar en
el que se sentaba y desde donde ondeaba esa bandera cuando era joven y cuando
llevó a sus hijos…el inquilino le contó cuando él empezó a jugar…desde niño
recorrió las inferiores, los barrios bajos y el sufrir por comer y el gozar por
jugar…ahora disfrutaba del juego como nunca…la conversación se fue alargando y
recorrieron épocas del juego, anécdotas, hablaron de formaciones, formas de
ataque y defensa…pero sobre todo de las emociones y la búsqueda de que ese
juego permease en la vida…el fútbol era la vida misma, pero no lo mas importante…el
velador se sorprendió de lo que su acompañante sabía y de lo bien que conocía
las entrañas…hablaron de los grandes: Pelé, Maradona, Di Stefano, Zidane, Hugo,
Cruyff, Ronaldo, Messi, Baggio, Batistuta, Maldini, ¿Cómo sabía tanto? Por lectura, por platicas
interminables con amigos y clientes debido a su trabajo…la noche se iba
alargando y él prometió regresar…por último le preguntó que si aún podía ver en
su totalidad, el velador sintió confianza en él y aceptó que tenía problemas en
el ojo y por ello, no iba a aglomeraciones por el temor de caerse o tener algún
detalle…el dinero no era mucho como para someterse a tratamientos, no
alcanzaba. Los siguientes dos días…continuaron conversando y luego le informó
que viajaría un par de días y volvería…el velador fue llevado a chequeo médico,
se le informó que todos debían hacérselo…de pronto se dio cuenta que todo era
sobre sus ojos, limpieza, vista, análisis…no era tan grave le dijo el Doctor…y
efectivamente veía mucho mejor que antes…le pusieron unos lentes que le
servirían, pero Doctor le dijo: no puedo pagarlo; el doctor le dijo que había
sido ya pagado. El velador regresó más que ilusionado…seguiría el juego por
radio, de nuevo…su misma rutina, sus supersticiones…la oración, el beso al
escudo, la plática al poster y encender el radio…de pronto…un auto se detuvo en
la entrada…de él bajo la esposa del inquilino, diciéndole que se acercará a
ella y le entregó el celular…amigo mi esposa lleva dos boletos para la final,
vengase que aquí lo veo…no se preocupe, le pedimos permiso a su jefe para que
hoy pueda asistir…los ojos del velador se pusieron rojos y agradeció más veces
de las que pudo contar...¿Y Ud. puede llevarme? Si, a eso vengo…venga súbase,
ahorita llegará quien se encargue…Dejo su uniforme y con su casaca subió al
auto…disfrutó cada instante del camino y llegar al estadio…cuantos colores,
cuanta pasión, banderas cual ejercito medieval, caras pintadas y cánticos que
incluso él sabía…se estacionaron en un lugar especial y caminaron…él no sabía
de Da Vinci o Miguel Ángel pero si sabía que ese mosaico en la grada era una
pintura que jamás olvidaría…subieron a un palco de la tribuna donde se veía con
todo con claridad, nunca había visto mejor…su respiración agitaba emocionado
hasta la médula, pero ella le dijo que su asiento estaba más abajo cerca de la
gente…lo llevaron ahí y vio a los jugadores salir al campo a calentar…ahí
estaba su ídolo, lo reconoció al instante por el número 10…emocionado los vio
dirigirse al vestidor y luego saltar al campo de nuevo…cantó el himno, las
porras y disfrutó del juego mientras aun en el fondo escuchaba la voz del radio
que provenía de su interior. Los toques, el campo verde que tantas alegrías y
emociones le había otorgado, como no querer este juego, como no adorar sus
historias de vida y sus anécdotas dentro de esta cancha…cada pase del 10 lo
vitoreaba, soltaba indicaciones y se abrazaba con los aficionados cuando los
defensas salían avante ante el equipo contrario…el juego se convirtió en una
ida y vuelta, contragolpes, postes, faltas, túneles, cabezazos y jugadas que
terminaban en un grito de Ahhh, cuando no caía el gol…y un aplauso cuando este
no caía en su propia portería…acercándose al final, una falta fue marcada cerca
del área rival…todos sabían en ese estadio y en millones de televisores, radios
y computadores quien cobraría el tiro…un silencio expectante se apoderó de cada
uno de los espectadores…el 10 colocó la pelota, miro la portería, la barrera y
donde estaba el arquero…aquello barrera era el muro de Berlín, cerró un poco
los ojos, secó el sudor de su rostro y enfiló para pegarle suave como el beso
que le das a tu esposa de buenas noches, la pelota se elevó entre los rostros
desesperados por alcanzarla con los ojos, la estirada del arquero no alcanzó y
el sonido rompió las nubes del cielo…que comenzó a llover mientras el grito
ensordecedor de GOL replicaba cual temblor…el velador rompió en llanto y los
últimos minutos le parecieron eternos y difusos como una película de ciencia
ficción hasta que el árbitro pitó el final…se desbordaron los ánimos y la gente
coreaba el cántico de campeón, campeón, campeón. El 10 se fue acercando…el velador se dio
cuenta que venía hacia donde estaba él y se estiró para saludarlo y felicitarle
entre la gente que se aglutinaba…pero él le dijo por su nombre…esa voz,
bienvenido le dijo el inquilino, entonces él lo entendió todo…quien lo visitaba
era el 10 de su equipo…su ídolo a quien conoció no por lo que jugaba sino por
su humanidad le agradecía haber venido, que orgullo, gracias a ti, le dijo el
velador…Ahora merezco estar en su poster le dijo el 10. Usted está en mi poster
de amigos que es más importante aún le dijo el velador mientras le abrazaba de
nuevo…aún ellos se reúnen por las noches para tomar un café y platicar del
fútbol y la vida…se cuenta que en el rectángulo verde del Mundo de Morfeo todos
podemos ser el número 10”
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