viernes, 12 de junio de 2015

Los Inseparables

“Para que describir el paisaje si esos dos que caminaban sobre las calles oscuras y solitarias habrían de encontrarse una vez más entre los añosos edificios…aún sin buscarse, aun sin pensarse o soñarse…para que hablarles de lo eterno del mundo, de lo efímero del amor, de la catedral gótica adornando el centro o del café que se llevaba todos los elogios de quienes lo visitaban…mejor hablarte de los dos que hacen que la historia escrita y los lugares descritos tengan sentido, porque ocurre que siempre la extensión de nuestros actos y los días que pasamos terminan unidos con los lugares y es por ello que los hacemos parte de nosotros aunque sean de todos. Decirles que el frío va y viene como lo hacen las personas, o contarles de aquel lugar donde el eco te devuelve las palabras y aquel extraño establecimiento donde puedes comprar sonrisas y besos. Nada se entendería y todo se convertiría en una revista de viajes que lees en el avión para no pensar en el miedo o en el placer del volar, no. Ellos se encontrarían así temblará, cayera un aluvión, o se presentase el artista más famoso dividiendo la ciudad en dos…su historia era ya un fracaso, destinada a romperse una y otra vez, pero esos dos eran demasiados necios para rendirse…escribirían de nuevo el principio a partir de la hoja rota y la hoja manchada de tinta roja como el infierno. Y así fue, con el amanecer a punto de aparecer sobre el bar sin nombre que yendo entre la gente se encontraron frente a frente…sus miradas se cruzaron y los corazones palpitaron…un choque que irrumpió la vida y los actos que de ella ocurren día a día…ella venía con alguien, el venía con alguien...citas que no habrían de llevar a ningún lado salvo al cesto de las citas rotas…se saludaron mediante un hola y un insonoro: ¿Cómo estás? Los dos mintieron…para no verse inmiscuidos en lo que ya se habían inmiscuido…uno en el corazón del otro…atormentados por el pasado, flechados por el presente. No supieron responder con las palabras pero si con las miradas y más con ese roce que tuvieron entre las manos ante el hola que quedó en el aire mientras los dos volvían a sus vidas…la noche fue avanzando llevándose hora tras hora arrastrándolas bajo el cobijo del firmamento…separados por el bar y las personas, por las conversaciones que de pronto se convirtieron en indiferentes y unidos por las canciones que ambos tarareaban…fugaces como estrellas se perdieron sin poderse decir adiós y la noche se les fue en otros labios hablándole a otros corazones…no siempre se puede ganar, no siempre se puede abrazar a quien más nos importa…pero he aquí dos que separados se atraen aún más, como los polos opuestos. Él durmió terrible aquella noche a pesar de pasar la noche en brazos de la mujer que le acompañó, batalló para conciliar el sueño. Sus pensamientos se perdían imaginando el camino hasta la casa para encontrársela, introducirse en la casa como un ladrón de pasiones y robarle todos los besos de su ser, complementarse con ella y abrazarle sin decir palabra alguna saboreando los ritos de amantes perfectos. ¿Cómo sería si pudiera verle de nuevo? ¿Cómo el ayer, como algo nuevo, como algo indiferente? Entre el hacer y el no hacer, se dice que siempre es mejor el hacer…arriesgarse…se decía a si mismo mientras escuchaba la respiración de quien le acompañaba. Sentía la traición cuando decidió que no le buscaría más, pero aquí no buscaría, ella le había encontrado, el destino había decidido por los dos…nadie se había buscado, pero sus mundos habían chocado…y a veces es mejor no tener la culpa, buscó en su memoria mientras se lavaba la cara…el espejo del lavabo imitaba sus movimientos…buscó y supo que número debía marcar… ¿sería el mismo? Solo existía una forma de saberlo…llamó desde el balcón, y entonces empezó todo. Ella no tuvo tiempo para pensar, solo sentía…era una amante de lo positivo, de saber que la oportunidad aparecerá y cuando lo hace regularmente debe aprovecharse…no le dio vueltas al asunto, sentía en su ser esa furia contenida y esa pasión desaparecida volverse a encender como el fuego que Prometeo le robó a los Dioses, incendiando su corazón. Ella durmió sin problema, sedujo los ritos del sueño y se involucró en cada sueño que tuvo durante la noche, al despertar se quedó mucho tiempo recostada viendo televisión, escuchando su música mental con los ojos cerrados navegando en la barca de los días vividos y los sentimientos arraigados…tomó su largo baño para los días inhábiles, sobre aquella tina donde tantas veces se encontró con quien le vio ayer… ¿Cómo terminaría su cita, se preguntó? ¿Esperar la espera? ¿Dejarlo a la suerte? Hoy era uno de esos días para pecar…para romper paradigmas y no hablar de supuestos, por eso no respondió la otra llamada, ni la siguiente, pero si la última y es que si el corazón se acelera, si el pulso cambia y tus ojos recuerdan inmediatamente el número, sabes que hacer. Su historia era justa como la de la Noche y la Luna, no podrían existir una sin la otra, siempre acaban encontrándose. Ambos rieron por el teléfono, el ¿cómo estás?  Pasó al ¿qué has hecho? y terminó en el ¿Cuándo te veo? Sin hablar mucho, y menos jugando al cómo y porque todo se resume al deseo indescriptible de ambos por tocarse…Ella llegó antes y se sentó al borde de la terraza para desde ahí verlo entrar…el bar situado encima del edificio antiguo exclusivo solo para miembros o acompañado de uno de ellos, su vestido blanco como la nieve adornado con esos accesorios negros hicieron voltear a más de uno…más cuando su cabello negro y esos ojos que hacían que cualquiera se perdiese en ellos…le sirvieron una copa y el mesero le ofreció el menú, pero ella dijo que esperaría un poco. Al fin y al cabo, aún era temprano más para quien adora la noche…y a ellos les fascinaba, de hecho el lugar no estaba muy lleno. Él estaba en la barra, oculto a la orilla donde se pone el jazzista y su banda, abstraído y perdido llegó mucho antes que ella solo para verle entrar, seducirse por esas piernas que atravesaban a su paso el lugar…cuanto la deseaba, cuanto le quería subir ese vestido, pasárselo por su cabeza y arrojarlo al suelo mientras le besaba el cuerpo…sonrió a las espaldas de ella y le vio sentarse, asomarse al borde y degustar con esos labios rojizos la copa. Espero, y espero, hasta que se acercó a ella rodeando la espalda con sus brazos para decirle…cuan bella te ves adornando cual estrella la noche…Eran amigos de la noche, de la pasión y los besos que aparecían siempre, aun cuando se juraban independientes y solitarios. Brindaron por ellos y por la noche, por los días que se les fueron y los que vendrían…las miradas se encontraron y ambos no sabían por dónde empezar…cual magos o rivales esperando el primer movimiento…él habló primero… ¿Qué decir? Hablar de donde estuviste, con quien estuviste y porque, no dejará nada…así que optó por contarle historias, cuentos de días sin ella y días con ella, de la analogía de desastres naturales y como estos fueron alejándolos pero siempre encontrando manera de verse…le decía, un día pensé haberte visto de paseo en el parque, pero no sé si eras tú, decidí que no podría acercarme…llevabas la mano tomada de otra mano…cenaron, platicaron…ella contó sus sueños cuyos objetivos habían cambiado desde la última vez, como sus noches mutaron en algo diferente y los amaneceres los vio desde diferentes puntos cardinales…encontró a su historia saliéndose de los renglones donde había sido escrita, derrochando tinta de múltiples colores…también eres diferente le dijo a él, tus manos, tu mirada y tu forma de hablar. Se mintieron y se dijeron verdades, la mentira era que ambos no se deseaban con la misma intensidad, la verdad era que ese par si había cambiado y por qué no, si todos sabemos que jamás seremos los mismos con el pasar de los años…nos hacemos más ruines, menos ilusos, más perversos o mejor informados. Él era de los soñadores enviciados por recorrer palacios de la memoria, ella era un sueño que aparece una vez en la vida. Solo la efímera mirada del amor, y la eterna sensación de la pasión bastó para que él antes de proponerle huir por entre las calles de la ciudad y el infierno, le invitará a bailar…ella dudo porque no era él de los que bailan pero aun así aceptó…aquella canción les gustaba…respiró en su cuello, él le abrazó fuerte como si soltarla le rompiera el corazón…le cuidaba y tomaba su mano con delicadeza mientras le llevaba por la pista que recién habían inventado…las miradas de los asistentes los juzgaban, pero cuando quieres a alguien eso ya importa poco…cuantas letras derramadas sobre los capítulos de sus vidas se llevaron en las espaldas mientras se perdían en aquella habitación sin luz…la noche era la que mejor se adecuaba a sus temblores en la cama donde se comían el uno al otro como lobos, como aves de rapiña y como enamorados de antología. Fueron una fuerza que se unía por lo más delgado, el amor y la pasión…un par de extraños amantes dispuestos a todo completando el libro de las fantasías absurdas y los besos más cálidos, cuanto por decir, cuanto no querer decir…al fin y al cabo, nunca se han quedado para siempre, hicieron el amor hasta quedar rendidos, el amanecer los encontró desnudos bajo una fría mañana bañando esos cuerpos sudorosos…fueron Reyes, Dioses y Humanos…Fueron ellos, sus sombras y sus alter egos, fueron todo: amigos, amantes y enemigos…despertaron, desayunaron en la cama y hablaron por horas…pero había que partir, los teléfonos habían empezado a sonar una y otra vez…Ella pidió un abrazo, antes de irse, Él se lo dio tan fuerte como esos abrazos que se dan los que se despiden cuando no quieren irse jamás…Ella se fue primero, Él se fue después…había que volver al mundo…se despidieron y cada quien volvió a su historia, a utilizar la tinta sin la hoja y la hoja sin la tinta…sin embargo, un recado apareció en su puerta días después “ambos perderemos aquí, porque jamás el amor ha sido para siempre…pero este amor aun finito es solo nuestro” Ella sonrió y empezó a correr escaleras abajo…para que hablarles de lo que pasó, pasará o no pasará…vaya, esta no es nuestra historia, no nos pertenece, es del Mundo de Morfeo”.  


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