“La estela del tiempo deja siempre experiencias nuevas
que guardar en el closet de los sentimientos vividos, el derrame de lágrimas,
la sonrisa absurda, esa nube rota convertida en lluvia, ese poético atardecer,
la armadura rota por quien has decidido amar. Mundo de Morfeo”
“Lo único que recuerda es que la
noche anterior durmió acompañado. Sintió dolor en su pecho de sufrible
felicidad, sus pierdas adoloridas y la cabeza convertida en 3 como el mismo
guardián del Inframundo Cerberos, sin embargo, se reía a carcajadas de su
estado, físico y emocional, de su propio yo. Estaba padeciendo de valentía en
el caos de este vendaval por el que su cuerpo atravesaba. Sufriendo de dolores
físicos, vomitando en ese cuarto ataviado de muebles blancos y toallas azules,
se masajeaba el cuello con sus manos bañadas por el agua cristalina esperando
que sea bendita para que ayude mas de la cuenta, lamentándose en lágrimas
acaecidas por ese esfuerzo que es la liberación de la bilis, de estos días en
los cuales siempre se obtienen conclusiones, más bien verdades, un arrebato de
declaraciones tan cristalinas como el agua de manantial, aclaraciones tan
reales como este dolor de cabeza que hoy lo aqueja. Una realidad que no es
efímera sino constante, merecida y capaz de romperle la espalda si no sabe cómo
enfrentarla. Todo se lo ha llevado el viento del pasado, lo perdonado, lo
vivido, lo trágico. Los días que no parecían acabar y los días que extrañas
aquello que te hace sonreír. Todo se lo ha llevado la lluvia del tiempo, lo
mundano, lo vicioso, quedando remanentes a veces buenos, a veces terribles, sin
embargo, siempre existe otro día frente al Sol para empezar de nuevo. Pero, te
pregunto quieres saber del día anterior aquello que ocurrió y se convirtió en
la jocosidad de lo que hoy lo tiene aquí en este valle de bilis arrojadas por
su estómago hacia el mueble de baño y además sonreír como un loco temido de
Dios, les contaré: Esa mañana el Sol soltaba su látigo cual director de
internado, su furia en rayos ultravioleta golpeaba a la ciudad segundo a
segundo, reptando entre sus edificios y calles logrando que las señoras usarán
paraguas y los hombres lentes oscuros acompañándose de sombreros. Ofuscado por
el trabajo, sus formas y esa inoperante forma de trascender en el último año lo
ha llevado hasta aquí, atendiendo llamadas desde un teléfono fijo, escuchando
quejas y peticiones cual genio de la lámpara, cual sacerdote. Lo que sienten
aquellos que siempre con una sonrisa deben responder a los que les digan a
veces ni por culpa de ellos pero, ja, la vida es así en el mundo empresarial.
Debes subir peldaño por peldaño a veces aceptando algún cambio, modificación,
situación y percepción a tu forma de trabajar y de ser. Aunque siendo honestos,
ya no le importa mucho, para jugar en la sociedad en la que habitamos a veces
hay que servir para después mandar y acumular experiencias y requisitos, deja
unos minutos su lugar y se abandona a la banalidad del balcón para los
ingratos, horas ha pasado sentado frente a ese monitor, siempre es bueno
deambular un poco sirve para la circulación, da sentido a las ideas que se
gestan en tu mente, y puedes gritar si el mundo se está derrumbando a tus pies,
y este momento es ahora, retomando el aire de la ciudad que se yergue
complaciente, inmaculada, presencial dejando que los habitantes se sientan
parte de ella al avanzar por sus calles dejándose abrazar por este calor que se
ira para traer el viento que repercute en los arboles de la ciudad todas las
tardes. Esta por encender un cigarrillo, y lucha por evitarlo de nuevo o por
ahogarse en el humo que este despliega y crear esa idea que el fumar relaja más
cuando se realiza en el trabajo, ve hacia la plaza que su vista le otorga desde
el balcón, dicha plaza representa mucho de lo que es la ciudad, historia,
tradición, batallas en tiempos de guerra y alegrías en tiempos de paz.
Suspiraba y pensaba en tantas huellas dejadas por las personas durante los años
que él no había existido y los que si había existido. El celular vibro en su
bolsillo y le partió las ideas en dos al ver el número, regularmente no le
llamaban de ese número y menos a la hora que ahora sucedía, sintió una
inestable curiosidad por saber que sería la razón de dicha llamada:
-
Hola, dijo el titubeante.
-
Imagino que te preguntas cual es la razón de mi
llamada, ¿puedes adivinar?
-
No, aunque me gustaría decirte que espero estés
ahí afuera con un auto en marcha y una infinidad de música melancólica y oscura
listo para rescatarme de vivir en el mundo real donde todo parece tan cínico
como indiferente.
-
Podría ser un día de suerte, pero aun dudo de
que lo quieras, si fuese así hace tiempo hubieras tomado una decisión y no
tuvieras que esperar a mi llamada. Me pregunto si aun usas ese dije esotérico
procurando encontrar la paz interna.
-
Aun busco la paz en tiempos de guerra; mencionó
el mientras daba cuenta que otra llamada irrumpía el momento más interesante
del día. ¿a qué debo tal honor de sentirme elegido entre el sinfín de números
que conservas en tu agenda?
-
¿Importaría mucho mi explicación? Si me
justifico solo generaría más pretextos para que tú dijeras que no, u obviaras
la llamada regresando a tu puesto para con un rostro de sonrisa fingida
escuchar aquello que ha dejado de interesarte.
-
¿Qué puedo hacer por ti? Mientras temblaba su
mano escuchando como sonaba el teléfono informando de que la otra llamada aún
seguía esperando.
-
Mi llamada se está alargando, y no es que quieras
hacer algo por mí, quizás esta es una invitación a la vida, al hoy y no al
mañana, al me importa un comino lo que dejo sino a donde voy. Esperaré 10
minutos, ya veo tu cara sonrojada desde aquí abajo; y entonces colgó.
Entendido el mensaje, busco desde arriba donde
estaba sentada ella, recorrió la histórica plaza con sus ojos bien abiertos,
los entrecerraba e intentaba ver entre los arbustos y el cumulo de gente deseando
encontrarle, admirar su silueta postrada sobre una silla o en la fuente de los
poetas tuertos, ¿sería una burla? ¿sería una invitación real? No podía saberlo,
solamente lo sabría bajando ahí y marcar de nuevo para no sé, saber que quiere
realmente y que está buscando de él. Su teléfono fijo continuaba sonando pero él
no podía escucharlo, estaba completamente metido en esa llamada y en esa plaza
que estaba frente a su lugar de trabajo desde ese infumable balcón ataviado de
sueños en el aire y desgano emocional desgatando su propio entorno y ser. ¿Escapar?
Desobedecer al mundo y tomarse un día de descanso en un martes tan insoluble
como triste, podría ser justo la medicina para ingresar al mundo de los
inconformes y que han tomado una decisión de caos y normal en el mundo del hoy,
pierde uno o dos minutos, el tiempo corre y el teléfono fijo continua su
chillante música que retumba de nuevo en su mente, y en un arranque de locura
empieza a buscar sus llaves, guarda sus apuntes, busca sus lentes de sol y sale
hacia la puerta justo cuando su jefe inmediato grita su nombre, voltea
mirándolo por un segundo donde las miradas se cruzan entre el adónde vas y
sabrás que ocurrirá si lo haces, pero la decisión ha sido tomada y ya corre por
las escaleras bajando a velocidad moderada pero animosa y abandona el edificio
mientras el teléfono móvil vuelve a sonar. En la plaza todos caminan de un
sentido al otro, cientos de personas entran a tiendas, degustan platillos o
están sentados en la fuente de los poetas tuertos, no sabe a dónde ir, pero la
lógica le dice que camine por la parte derecha donde los restaurantes están unidos
en cadena con los otros. Quiere identificarle entre tantos rostros ocultos tras
las cartas con sus platillos, tras decenas de rostros con la cabeza gacha
comiendo, pero no tiene suerte, avanza entre la gente mientras el sonido de
cubiertos y cuchicheos aumenta, ¿habrá cometido un error en creer? Sin ese Sol
en el cielo dejando solo ese trasfondo iluminando la melancolía por este cielo
nublado olvidándose del brillo de los rayos ultravioleta pero no del húmedo
calor que se cierne sobre los callejones y se pega en las personas que aun
trabajando a tope en las calles sienten sus gotas de sudor en sus ropas o
corriendo por sus mejillas y se pregunta, si alcanzará a llover antes de que la
encuentre y, de repente sobre sus ojos se posan unas manos dejándolo ciego por
un segundo, conoce ese aroma emitido por su piel y la sensación que provoca en él,
quita las manos y voltea, dejándole
verle el rostro a cuentagotas pero la sonrisa de ella le desnuda el alma, sin
pensarlo le abraza y le dice: ¿listo? El sin decir sí o no, sonríe tímidamente.
Subieron al auto cruzando por las calles atestadas de puestos de venta mientras
la ciudad los iba dejando atrás, atravesaron por panteones, iglesias, casas de
cartón y majestuosos edificaciones dejándose aventurar entre canciones oscuras,
poesías lúgubres y conversaciones filosóficas con esoterismo, almas perdidas
unidas por el lazo de escapar de un mundo repleto de reglas, horarios y
metodismo haciéndonos sentir incomprendidos y lejanos de nuestros propios
placeres, gozos o representaciones de libertad e ilusión. De la parte trasera
del auto descapotado, una botella se destapo y luego vino una más y otra, llevándose
las risas el viento y quedándose tras kilómetros recorridos conversaciones
mundanas, ilógicas y nada políticas, dejándolos a la orilla de ese puente que
cruza rumbo a la otrora ciudad que alguna vez vislumbro decenas de estrellas, el
auto detuvo su marcha justo en el lugar donde las dos ciudades se unían, la
vieja y la nueva, por cuestiones de logística, estructura y cambios en la
economía todo fue cambiado como en el mundo ocurre siempre cada tanto tiempo.
El puente unía a ambas ciudades cual Jerusalén, lo viejo y lo nuevo, dicho
puente estaba sobre el otrora caudaloso río que desembocaba y era lugar de
esparcimiento de generaciones anteriores, ella caminaba descalza con sus
tacones en una mano y su copa en la otra mientras era sostenida por el
telefonista que le sonreía sin tapujos y sin juzgarle. Lo más importante
siempre en la vida de los seres humanos es el respeto a nuestros prójimos, le
tomó de la mano en silencio y le ayudo a subir el puente mientras este se
tambaleaba por el presagio de una lluvia que aún no terminaba por llegar,
inminente era el atisbo de lluvia que el sugirió regresar al auto pero la
carcajada que ella lo soltó le termino por llegar al corazón, ella tenía razón
pensó, he escapado y soy libre de ir adonde el corazón me diga, así que se
quitó también los zapatos y llegaron hasta el otro lado en medio de diminutas
gotas y una brizna que se jactaba de romperlo todo a su alrededor, sin auto
caminaron por edificios abandonados, cantinas perdidas y casas desoladas con
pintura echada a perder, solo se percibía el olor a pasado, el aroma a
suciedad, pero siempre una sensación inolvidable de recuerdo y pasión de sus
habitantes, la vieja ciudad, lo que el tiempo no había podido borrar con su día
tras día, la botella se llenaba en esas copas de esos que caminaban descalzo
sintiendo esas gotas que a cada segundo engrandecían y su sonido era cada vez más
fuerte. El sonido de las campanadas de la iglesia llego hasta sus oídos aun con
la música pertinaz que hacían las gotas de lluvia, había que regresar puesto
que hombres faltos de fe y abandonados del capitalismo brotaban y rastreaban el
olor del dinero aunque este fuese mínimo, así que a paso apresurado resolvieron
llegar de nuevo al auto, bañados por el Dios Tláloc ambos empapados se
recargaron en el auto y antes de subirse, justo a 10 cm quedaron sus cuerpos y
sus ojos cruzaron ese segundo donde el mundo se cae a pedazos a su alrededor
sin importar quienes fueron y quienes vayan a ser, beso sus labios sin mediar palabra
o sonrisa, sin solicitar permiso alguno, le robo un pedazo de su alma, una
provocación de su ser, un día sin mañana. Era una noche lluviosa en el abismo
de un día sin horario alguno, dos amantes compartiendo el corazón dejando que
el tiempo se convirtiera en un tonto sin razón, volvieron al auto y
reemplazaron la botella mientras recorrían el trayecto de regreso a gran
velocidad a la ciudad gótica protegidas por esas grandes montañas y esa Iglesia
con su arcángel vigilando todos los pasos de sus habitantes y más de esos dos
que irrumpían cual jovenzuelos de un futuro incierto en el que no se sabía si
el tiempo existiría para un día más puesto que el oscuro firmamento tapado por
nubes grises y lluvia no dejaba más que solo los focos del auto convertidos en
ojos transitando por la ciudad hasta llegar a ese bar hecho cantina hecho
antro, repleto de vampiros ávidos de alcohol, baile, caricias y buena dosis de
amor hecho sangre, almas confabulándose amándose en la efímera noche que se
iría dentro de poco. Abrazados por la cintura bailando al compás de su propia
música mientras todos brincaban, gritaban y se escondían tras esas luces
fosforescentes y trágicas que recorrían el lugar, los músicos encendían las
guitarras y tragos iban y venían con esos dos encontrándose cada que su mirada
desvariaba y su corazón fuerte de latido volvía a ponerlos el uno con el otro. Los
había unido algo creado en esa lluvia, una comunión, un llamado que las almas
se realizan cada tanto tiempo en el mundo, de regreso a esa predominante
emoción y dilatación de los placeres que se había perdido entre tanto horario y
tanta regla, tomados de la mano brincando charcos, ensuciándose las ropas por
tragos derramados y ajenos a todos los que los perseguían con la mirada,
oliendo a cielo mojado, la ciudad estaba partida en dos entre los vampiros y
los humanos, los metodistas y los roto paradigmas, todo se estaba yendo al
carajo y ellos deambulaban felices junto con esa mancha de personas caminando a
sus autos la noche se la estaba llevando el tiempo, la vuelta de la Tierra, el
Dios Apolo con el Sol de por medio acabaría con este Día que quien sabe cómo
llegó aquí, encendió el auto viéndole a sus ojos diciendo:
-
¿Aún vives donde mismo?
-
¿aun recuerdas donde es? Le dijo el displicente.
-
Como si fuera ayer, tan claro como el cristal.
-
Puedo manejar si gustas. Te ves cansada.
-
Ponte el cinturón, hoy no será el día en que
choquemos, disfruta el paisaje.
-
Es lo que hago, dijo el besando su mano. Sigo
tus huellas en silencio, me busco en tus ojos y me involucro en tu sonrisa
perdida
Cautivos en una noche bañada por las estrellas en
el cielo y por el alcohol que caminaba cual turista por sus venas lograron
llegar al departamento y subieron a carcajadas por las escaleras, el final del
recorrido, una meta no buscada pero alcanzada, el amanecer les tomó comiendo el
recalentado y la última copa con sus gotas cayendo sobre sus ropas. Un rojizo
amanecer pintado por el Sol se percató que la vida muta a diario y las etapas
de nuestro existir se relevan en la caminata de la existencia misma, ahí sobre
el piso helado y los mullidos cojines que caían al suelo desde los sillones de
la sala desnudaron sus almas, sus vidas y sus pasiones, locura en un día que
habría de repetirse jamás o todos los días, del mañana o del ya hoy, Dios se
encargaría. una revolución en su sueño lo despertó catapultándolo hacía el baño
en búsqueda de un lugar donde desahogar todo lo comido y bebido por la boca,
sin embargo, aun en ese dolor abdominal y la garganta reseca y asqueada,
sonrió, porque sobre el piso de la sala abrazada con la cabeza sostenida por un
cojín el cuerpo semidesnudo de ella respirando pausadamente, repercutiendo en
su estado de ánimo otorgándole el poder de protegerla, de quererla y de besarle
deseando que la felicidad no sea efímera y se repita cada despertar aun cuando
las banalidades y filosóficas noches de alcohol rompan otro pedazo de su alma,
pide esquina para recuperarse. Es una mañana no poética pero si real, un cariño
que mejora el ánimo y traslada el mundo de los sueños y los poemas hechos a la
mirada de esos ojos y el cariño de sus besos. Se dice que el día empezó justo
al atardecer para ambos, recostados bajo las sabanas mojados por el agua de la
bañera apreciando una película clásica que aun a estas fechas llega al corazón,
interpreta sentimientos y refleja emociones. La estela del tiempo deja siempre
experiencias nuevas que guardar en el closet de los sentimientos vividos, el
derrame de lágrimas, la sonrisa absurda, esa nube rota convertida en lluvia,
ese poético atardecer, la armadura rota por quien has decidido amar. Mundo de
Morfeo”