“El auditorio a las afueras de la escuela se asemejaba a un
teatro griego antiguo con sus gotas de tecnología, ahí clases, conferencias,
obras se realizaban, hoy la clase había durado sus 3 horas y continuaba. Su
vida había transcurrido entre aulas de escuela y conferencias indescifrables,
desde niña caminaba entre sus pasillos y sillas, llenándose de gis, de borrador
y de lecturas interminables, fue alumna, maestra, coordinadora, ganaba bien y
su trabajo le gustaba, pero siempre en finales de meses o días de asueto,
divagaba y se enfrentaba con libros de fotografías de lugares únicos,
irrepetibles, en algún lugar del mundo occidental y oriental, cual niña soñaba
con estar ahí, vivir de mochilazo y caerse en las historias que se pensaban
ocurrían, hoy no era la excepción mientras los asistentes recogían sus
pertenencias para salir. Podría ver el mar desde otro País, recorrer Europa en
tren, degustar platillos orientales y sentirse libre de nuevo, porque así
nacemos, libres, como aves en el cielo, solo debemos soltar las alas. En ello
de nuevo un alumno preguntó y las dudas continuaron disipándose a cada
respuesta sobre cada pregunta. Al final del día se sentó en las afueras del
auditorio en el área verde, tratando de que no se arrugase su vestido, de no
estropearse la tela seguía las risas de los estudiantes y de los asistentes,
¿vivían sus sueños? ¿Estaban sus ilusiones intactas? ¿Esas ganas de escapar
también pasaban por su mente? Jugó con su celular y tomó fotos del cielo, de
esa mañana entre libros, salones y arboles tan grandes que abrazaban la
escuela. Como le gustaba la fotografía, en su casa tenía repleto de retratos, cámaras
de todos los estilos, le encantaba reflejar el alma y sus sentidos al tomar
fotos dejando que cada persona expresará su sentir en un flashazo que habría de
perdurar. Hacía tanto que no tomaba su
cámara para salir en la ciudad que no recordaba la ultima foto tomada, menos la
emoción captaba, se dijo que algún día volvería a clases, sin embargo, ello no
generaba dinero alguno, ni llevaba a ningún lado, jamás había expuesto o había
intentado profundizar para lograr algo salvo para sus propios estándares. Y hoy
con su celular suspiraba utilizando la tecnología del mismo manejando las
opciones. Su siguiente clase estaba próxima a empezar y se recordó que debía
volver a su rutina, de la cual no se quejaba pero ese cosquilleo en su piel
reaparecía, había cierta época del año donde el clima se combinaba para crear
una angelada atmosfera y retención de los paisajes que revitalizaban esa
sonrisa que bien podría irse con alguna mala acción. Una sombra que eclipsaba
el sol se acercó a ella. Ahí se topo con él, sus destinos se encontraron, o
mejor dicho, se complementaron. Ella no lo sabe, pero estaba escrito en los
anales del tiempo, como aquellos personajes del cine en blanco y negro que sus
historias paralelas en algún momento se cruzaban y esta no sería la excepción.
Si conocer es saludarse, hablar de vez en cuando y haber compartido la mesa en
alguna fiesta, entonces si, se conocen. Nadie se conoce realmente, siempre
ocultándonos detrás de mascaras cual encapuchados desafiando la ley, solemos
convertir cada encuentro en una lucha por sobresalir pero sin enseñar nuestras
debilidades, no cabe duda, se ha dejado de sentir en este mundo. El se
presentó, alumno y conferencista también, amante de la literatura y de las
cosas efímeras del mundo, su antagónico o su complemento. Le bloqueó la vista
pero le sonrió, jamás habían hablado desde la primera vez pero el se veía
confiado, le estiró su mano y le dijo: caminemos.
-
Odio
cuando alguien me interrumpe le dijo el con sarcasmo…que se lleve la vista, que
bloquee mi paisaje y mas aun que sea tan osado como para tomar de mi mano y con
autoridad decirme que hacer…esa clase de persona no es buena para ti.
Ella le continuó el juego, le pareció mas alto que la primera
vez, mas seguro, no estaba seguro de saber que se pretendía pero que mas da, no
todos los días se tiene tiempo para caminar por la escuela.
-
Esa
clase de persona no es buena para nadie dijo ella….si trajese mi cámara
probablemente se la rompería…pero caminar ayuda a la circulación y bueno, en 10
minutos empieza mi clase.
-
¿10
minutos? Suficiente para un aficionado a la literatura…las palabras nos sobran,
carecemos mucho de hechos, pero si caminamos tratando de no vernos a los ojos,
será una conversación agradable y sin tabúes. Porque en ello se nos va la vida,
en no saber ser nosotros, en cuidar el orgullo, en no perder el porte y no
parecer tontos.
Acepto dijo ella sonriendo caminando ante ese atardecer
extraño e irrepetible. Durante 10 minutos que se convirtieron en una cita,
después en un café para terminar en una llamada que duró horas, se entendían
instintivamente como cualquier historia ya escrita o como ninguna, las
historias son del mundo y ocurren en todos lados. Semanas duraron reuniéndose
ahí en ese paisaje en los días semanales para los fines convenir de diferentes
actividades, un suspiro del tiempo les había creado esa oportunidad. Se enamoró
de nuevo de la fotografía, recordó sus sueños arrojados a la hoguera del olvido
y sintió una nueva sonrisa que recorría su rostro justo cuando se escuchaba ese
clic o justo al notar como los paisajes aparecían en cualquier circunstancia o
el clima cambiante que la ciudad le otorgaba, sus siluetas se abrazaban
sintiendo esos besos que llegaron en una tarde lluviosa y en un frío inusual,
era la vida misma vivida a través de esto que se había creado y cuyo nombre
jamás se había dicho. El le contó en una noche de cine y vino en el jardín, de
aquella aventura en tierras lejanas…inmensos paisajes, lenguajes extraños,
cambios de horarios y cuentos de hadas, el Castillo donde Walt Disney se
inspiró, la Torre que desafió el Arte, Aquella Estructura Circense en la que se
disputaban encuentros a muerte…aquel mundo que ella desconocía. Una invitación
a la aventura, a lo desconocido, al camino no recorrido y de la mano cuya
relación no tenía nombre solo sentimientos y emociones jamás antes vividas. Todo
por la fotografía, por la literatura, por el renacimiento, por una aventura.
Ella lo rechazó, la agenda, sus planes no podría irse así nomas, la vida es mas
que eso le dijo, utilizar el dinero para bienes raíces, crecer académicamente,
mas trabajo…el no compartió su respuesta, pues ahí es donde se perdía la
fugacidad del vivir, nos creemos eternos y siempre pensamos en el mañana sin
degustar el presente. Que sería de la vida sin una aventura, dos semanas o tres
desafiando a la rutina y sus derivados, dejando de lado lo seguro y
enfrentarnos al desasosiego que significa dormir fuera de casa, comer
diferentes alimentos y experimentar otras culturas, se negó de nuevo y así la
tristeza llegó a la vida de ambos…y eternas conversaciones se hicieron
cortantes. Esa noche no cabía en casa, había trabajado durante el día pero su
mente divagaba de nuevo, perdida entre calles conocidas y melancólica admiraba
esas estrellas en el firmamento, deseosa de algo, de alguien, de tantas cosas…se
encontró en su cuarto y entonces la visión vino a su mente, y su corazón
palpitó de nuevo. Libros, paisajes, fotos, una mochila y unos días desaparecida
del mundo…y entonces empezó a correr. El Aeropuerto se encontraba atiborrado,
todos los lugares llenos y gente yendo y viniendo y sobre todo, gente varada
esperando su salida tratando de escapar de la rutina, no había trabajo durante
la semana y en época de vacaciones todo mundo se iba, en búsqueda del mar, de
sitios turísticos o bien visitando a los familiares que solo veías en estos
días. Anuncios de vuelos salían cada minuto, cada hora y entre medio de todo
ese bullicio del maldito aeropuerto, ella caminaba con su café y su mochila,
acomodando su cabello detrás de su oreja y pendiente solo de ese asiento al que
se dirigía evitando que alguien se lo quitase, sonreía impaciente pero
conservaba la calma en espera del vuelo, vestía de mezclilla y blusa negra
acompañado de esos lentes negros que lograban evadir sus ojos ante las personas
que seguían sus pasos. Ahí sentada con su mochila y ese café negro como los
pensamientos mas extraños de su mente, con su boleto entre sus manos y el
destino tan lejos de sus pasos pero tan cerca de sus sueños, todos vamos a
algún lado, solo que algunos aún van mas lejos. Alguien bloqueó su vista y le
dijo:
-
Odio
que alguien me interrumpa justo antes de abordar…mas aun en un viaje largo,
esperaría que en silencio solo me acompañará para saber que la compañía siempre
es mejor que la soledad.
-
En
10 minutos abordaré, dijo ella. y quitándose los lentes sus ojos enjugados en
emotivas lágrimas enseñando el boleto con su destino le sonrió.
-
¿10
minutos? Suficientes para decirte con hechos lo que el corazón dice con
palabras.
Le beso suavemente y le dio el abrazo mas fuerte, así el
vuelo salió y la aventura inició.”