martes, 16 de abril de 2013

El Vuelo


“El auditorio a las afueras de la escuela se asemejaba a un teatro griego antiguo con sus gotas de tecnología, ahí clases, conferencias, obras se realizaban, hoy la clase había durado sus 3 horas y continuaba. Su vida había transcurrido entre aulas de escuela y conferencias indescifrables, desde niña caminaba entre sus pasillos y sillas, llenándose de gis, de borrador y de lecturas interminables, fue alumna, maestra, coordinadora, ganaba bien y su trabajo le gustaba, pero siempre en finales de meses o días de asueto, divagaba y se enfrentaba con libros de fotografías de lugares únicos, irrepetibles, en algún lugar del mundo occidental y oriental, cual niña soñaba con estar ahí, vivir de mochilazo y caerse en las historias que se pensaban ocurrían, hoy no era la excepción mientras los asistentes recogían sus pertenencias para salir. Podría ver el mar desde otro País, recorrer Europa en tren, degustar platillos orientales y sentirse libre de nuevo, porque así nacemos, libres, como aves en el cielo, solo debemos soltar las alas. En ello de nuevo un alumno preguntó y las dudas continuaron disipándose a cada respuesta sobre cada pregunta. Al final del día se sentó en las afueras del auditorio en el área verde, tratando de que no se arrugase su vestido, de no estropearse la tela seguía las risas de los estudiantes y de los asistentes, ¿vivían sus sueños? ¿Estaban sus ilusiones intactas? ¿Esas ganas de escapar también pasaban por su mente? Jugó con su celular y tomó fotos del cielo, de esa mañana entre libros, salones y arboles tan grandes que abrazaban la escuela. Como le gustaba la fotografía, en su casa tenía repleto de retratos, cámaras de todos los estilos, le encantaba reflejar el alma y sus sentidos al tomar fotos dejando que cada persona expresará su sentir en un flashazo que habría de perdurar.  Hacía tanto que no tomaba su cámara para salir en la ciudad que no recordaba la ultima foto tomada, menos la emoción captaba, se dijo que algún día volvería a clases, sin embargo, ello no generaba dinero alguno, ni llevaba a ningún lado, jamás había expuesto o había intentado profundizar para lograr algo salvo para sus propios estándares. Y hoy con su celular suspiraba utilizando la tecnología del mismo manejando las opciones. Su siguiente clase estaba próxima a empezar y se recordó que debía volver a su rutina, de la cual no se quejaba pero ese cosquilleo en su piel reaparecía, había cierta época del año donde el clima se combinaba para crear una angelada atmosfera y retención de los paisajes que revitalizaban esa sonrisa que bien podría irse con alguna mala acción. Una sombra que eclipsaba el sol se acercó a ella. Ahí se topo con él, sus destinos se encontraron, o mejor dicho, se complementaron. Ella no lo sabe, pero estaba escrito en los anales del tiempo, como aquellos personajes del cine en blanco y negro que sus historias paralelas en algún momento se cruzaban y esta no sería la excepción. Si conocer es saludarse, hablar de vez en cuando y haber compartido la mesa en alguna fiesta, entonces si, se conocen. Nadie se conoce realmente, siempre ocultándonos detrás de mascaras cual encapuchados desafiando la ley, solemos convertir cada encuentro en una lucha por sobresalir pero sin enseñar nuestras debilidades, no cabe duda, se ha dejado de sentir en este mundo. El se presentó, alumno y conferencista también, amante de la literatura y de las cosas efímeras del mundo, su antagónico o su complemento. Le bloqueó la vista pero le sonrió, jamás habían hablado desde la primera vez pero el se veía confiado, le estiró su mano y le dijo: caminemos.

-          Odio cuando alguien me interrumpe le dijo el con sarcasmo…que se lleve la vista, que bloquee mi paisaje y mas aun que sea tan osado como para tomar de mi mano y con autoridad decirme que hacer…esa clase de persona no es buena para ti.

Ella le continuó el juego, le pareció mas alto que la primera vez, mas seguro, no estaba seguro de saber que se pretendía pero que mas da, no todos los días se tiene tiempo para caminar por la escuela.

-          Esa clase de persona no es buena para nadie dijo ella….si trajese mi cámara probablemente se la rompería…pero caminar ayuda a la circulación y bueno, en 10 minutos empieza mi clase.
-          ¿10 minutos? Suficiente para un aficionado a la literatura…las palabras nos sobran, carecemos mucho de hechos, pero si caminamos tratando de no vernos a los ojos, será una conversación agradable y sin tabúes. Porque en ello se nos va la vida, en no saber ser nosotros, en cuidar el orgullo, en no perder el porte y no parecer tontos.

Acepto dijo ella sonriendo caminando ante ese atardecer extraño e irrepetible. Durante 10 minutos que se convirtieron en una cita, después en un café para terminar en una llamada que duró horas, se entendían instintivamente como cualquier historia ya escrita o como ninguna, las historias son del mundo y ocurren en todos lados. Semanas duraron reuniéndose ahí en ese paisaje en los días semanales para los fines convenir de diferentes actividades, un suspiro del tiempo les había creado esa oportunidad. Se enamoró de nuevo de la fotografía, recordó sus sueños arrojados a la hoguera del olvido y sintió una nueva sonrisa que recorría su rostro justo cuando se escuchaba ese clic o justo al notar como los paisajes aparecían en cualquier circunstancia o el clima cambiante que la ciudad le otorgaba, sus siluetas se abrazaban sintiendo esos besos que llegaron en una tarde lluviosa y en un frío inusual, era la vida misma vivida a través de esto que se había creado y cuyo nombre jamás se había dicho. El le contó en una noche de cine y vino en el jardín, de aquella aventura en tierras lejanas…inmensos paisajes, lenguajes extraños, cambios de horarios y cuentos de hadas, el Castillo donde Walt Disney se inspiró, la Torre que desafió el Arte, Aquella Estructura Circense en la que se disputaban encuentros a muerte…aquel mundo que ella desconocía. Una invitación a la aventura, a lo desconocido, al camino no recorrido y de la mano cuya relación no tenía nombre solo sentimientos y emociones jamás antes vividas. Todo por la fotografía, por la literatura, por el renacimiento, por una aventura. Ella lo rechazó, la agenda, sus planes no podría irse así nomas, la vida es mas que eso le dijo, utilizar el dinero para bienes raíces, crecer académicamente, mas trabajo…el no compartió su respuesta, pues ahí es donde se perdía la fugacidad del vivir, nos creemos eternos y siempre pensamos en el mañana sin degustar el presente. Que sería de la vida sin una aventura, dos semanas o tres desafiando a la rutina y sus derivados, dejando de lado lo seguro y enfrentarnos al desasosiego que significa dormir fuera de casa, comer diferentes alimentos y experimentar otras culturas, se negó de nuevo y así la tristeza llegó a la vida de ambos…y eternas conversaciones se hicieron cortantes. Esa noche no cabía en casa, había trabajado durante el día pero su mente divagaba de nuevo, perdida entre calles conocidas y melancólica admiraba esas estrellas en el firmamento, deseosa de algo, de alguien, de tantas cosas…se encontró en su cuarto y entonces la visión vino a su mente, y su corazón palpitó de nuevo. Libros, paisajes, fotos, una mochila y unos días desaparecida del mundo…y entonces empezó a correr. El Aeropuerto se encontraba atiborrado, todos los lugares llenos y gente yendo y viniendo y sobre todo, gente varada esperando su salida tratando de escapar de la rutina, no había trabajo durante la semana y en época de vacaciones todo mundo se iba, en búsqueda del mar, de sitios turísticos o bien visitando a los familiares que solo veías en estos días. Anuncios de vuelos salían cada minuto, cada hora y entre medio de todo ese bullicio del maldito aeropuerto, ella caminaba con su café y su mochila, acomodando su cabello detrás de su oreja y pendiente solo de ese asiento al que se dirigía evitando que alguien se lo quitase, sonreía impaciente pero conservaba la calma en espera del vuelo, vestía de mezclilla y blusa negra acompañado de esos lentes negros que lograban evadir sus ojos ante las personas que seguían sus pasos. Ahí sentada con su mochila y ese café negro como los pensamientos mas extraños de su mente, con su boleto entre sus manos y el destino tan lejos de sus pasos pero tan cerca de sus sueños, todos vamos a algún lado, solo que algunos aún van mas lejos. Alguien bloqueó su vista y le dijo:

-          Odio que alguien me interrumpa justo antes de abordar…mas aun en un viaje largo, esperaría que en silencio solo me acompañará para saber que la compañía siempre es mejor que la soledad.
-          En 10 minutos abordaré, dijo ella. y quitándose los lentes sus ojos enjugados en emotivas lágrimas enseñando el boleto con su destino le sonrió.
-          ¿10 minutos? Suficientes para decirte con hechos lo que el corazón dice con palabras.

Le beso suavemente y le dio el abrazo mas fuerte, así el vuelo salió y la aventura inició.”

No hay comentarios:

Publicar un comentario