“En aquella hacienda ubicada después del cementerio y
alejados de la ciudad casi en una ciudad aledaña a la gran capital, esta se alzaba
cual castillo medieval con sus grandes jardines y sus establos además de una
gran piscina que bien parecía lago. Oscura, melancolía, casi tétrica adornadas
con ángeles caídos y bustos romanos, sus dueños realizaban una fiesta mensual
solo a los iniciados, amigos eclesiásticos, filósofos, artistas, y de cualquier
ámbito siempre y cuando ellos decidieran hacerles llegar dicha invitación. Todo
lo que ocurría quedaba ahí, los acuerdos, las risas, las traiciones y más aun
las miradas que cautivaban. Rodeados de buenos vinos, un festín de comida y cánticos melodiosos otorgados, su invitación le había llegado justo al salir de
su departamento, era un reto o una medalla a su éxito. El novato bebía con
nerviosismo a pesar de sus credenciales y su buena vestimenta, siempre es algo
nuevo ser recibido en la hacienda, comía pausado y se resistía a desbocarse en
las conversaciones o sobre la fortuna de uno o de otro, estaba ahí para
resucitarse a sí mismo, pendiente de quien le cambiase la mirada, le acompañará
por el camino. Sentía adrenalina mientras se presentaba o era presentado ante
los demás, había llegado hasta aquí gracias a su talento y el futuro se veía
promisorio. Bebía del champan en una conversación que se empezaba a tornar
aburrida cuando de uno de los pasillos ella apareció, le vio recorrer el salón
con el mundo bajo sus pies, era una reina cuya dulce piel brillaba y su sonrisa
eclipsaba nuestra vida en un lugar donde el amor se había olvidado y el cinismo
era bienvenido. Rodeó la mesa y se sentó en la mesa contigua en el bar. El
estaba ahí, como un niño viendo una estrella, sin habla, ni la poesía ni la
prosa se adherían a su mente, un silencio sepulcral de sus labios que solo
asentía a lo que todo el mundo le decía mientras la banda tocaba una vieja melodía
que recordaba de donde venimos. Era ella la luz más brillante en el día más
oscuro. La noche caía entre gotas armoniosas de lluvia allá afuera, incrustándose
en ese pavimento que se dejaba arrullar por el río que había empezado a
generarse por las gotas rotas. No le habían dicho muchos términos ni se animaba
a preguntar de quien se trataba por evitar malos entendidos, se sintió
solitario pero también animoso, se dice que la vida es de momentos, de detalles
implica el destino que se yergue sobre nosotros. Ella en su vestido verde
oscuro acompañada de esos guantes y esos labios tan seductores rompía corazones
aun sin conocerlos, con una adicción que empezaba a preocuparle el novato se
dijo que no había nada que perder, el mundo le perdonaría romper los protocolos
siempre que se tratase del gusto por una mujer. Y así se adentro entre la gente
irrumpiendo conversaciones justo cuando llegó a su mesa, ella le dijo que no
con la mirada, dejándolo en medio del camino portando un trago que apuro y
desconsolado camino sin rumbo fijo por los alrededores de la sala, todos les
veían en silencio, conscientes de esa danza de seducción que genera una mirada
que se cruza con otra, el novato se apuró por aire fresco pero la lluvia seguía
ahí, se dejó caer en una de esas bancas de madera mientras la alberca
chapoteaba al recibir las gotas de lluvia, se desanudo la corbata y estiro los
pies, allá adentro el famoso violinista tocaba a la par del grupo que retomaba
los clásicos, brindó en silencio, y al levantar su copa se encontró con otra
que brindó junto a el, la Invitada de honor en su sencillo e inmaculado vestido
verde le miraba con esos ojos que los ángeles habían tocado y los demonios
habían soñado, sin darle tiempo de preguntar se sentó a su lado y se quito sus
zapatos. Le dijo:
o - Bonita
vista. ¿Te ha gustado la fiesta?...bienvenido, es la sociedad en su máxima
expresión.
o
El
Novato viendo directo a sus ojos le replicó: -¿Sociedad? No, esto no es
sociedad, es la alta sociedad. ¿Hace cuanto vienes aquí?
o - Lo
suficiente para entender que las relaciones son necesarias y dejar en casa
aquello que odio de estos eventos, mi sueño no esta en pertenecer aquí sino
darme cuenta de aquello en lo que no deseo convertirme. - ¿Por qué estas aquí?
o - Porque
no podía rechazarlo, rodearme de personajes inalcanzables, historias de
superación y extraños comportamientos, sin embargo, su humanidad lo rebasa y
entiendo que el hombre aun siendo el más culto, es salvaje.
o - Sabía
que tu mirada no era habitual, te veías mas perdido de cualquiera de los
invitados, novato. Se lo que es una sonrisa fingida.
o - Contigo
no fingí. Eres un ápice de luz entre tanta oscuridad, una anomalía en este
circulo cínico de los seres humanos. Jugando cual marionetas para pertenecer
mas que para ser, no volveré a venir aquí, ve esta lluvia tan efímera y hermosa
sus raíces provienen del ciclo de la naturaleza llega a todos, no escamita ni
condiciona es parecida al amor.
o
La
invitada apreció la lluvia, suspiró estiró sus pies nuevamente y le dijo:
- ¿quieres jamás volver a ser invitado? Mientras le acercó la mano sin el guante
que ahora yacía en la banca en medio de ambos
o - Por
supuesto, te seguiría incluso al infierno de las almas olvidadas.
La invitada lo levantó sonriente y a empujones tomándolo por
la cintura llevó al novato justo al borde de la piscina, ¿listo? Fueron sus
últimas palabras cuando ambos cayeron a carcajadas sobre el agua helada de la
piscina mientras el cielo continuaba llorando. El grito y el sonido del agua al
caer levantó a mas de uno en el salón, los invitados se acercaron a los
ventanales apreciando insólitos como el novato y la invitada rompían los
protocolos y actuaban cual adolescentes alcoholizados…de pronto uno de ellos se
quedó impaciente y comenzó a quitarse sus pertenencias corriendo rumbo a la
piscina, y así uno tras otro fueron cayendo en esas aguas sucias pero libres,
un acto de rebeldía ante las reglas del lugar. Para que esta la piscina sino es
para bañarse en ella dijo la señora de la casa mientras recorría el borde hasta
echarse ese chapuzón que le supo a gloria, a una invención del mundo, a una alegoría
de su vida. La fiesta concluyó en esa puesta de sol inmaculada que llevaba a
los vampiros y a los lobos a sus hogares…hubo chocolate caliente, malvaviscos y
un desayuno que no estaba contemplado. El novato se sentía vivo, extrañamente
divertido y nostálgico de que esa fiesta terminase, acompañaba a la invitada,
con una manta que protegía del frío amanecer. El había preguntado por su
nombre, su número, su vida, su todo pero ella no le dijo nada solo le cerraba
los labios con su dedo mientras le sonreía. Se despidieron de los dueños y el
novato la llevó a su auto, en un acto de arrojo el intentó besarla pero ella le
rechazo de nuevo con la mirada. Besándole la mejilla le dijo a veces es bueno
dilatar el placer. Se dice que el novato aquel caminaba sonriente como payaso y
con la mirada perdida como zombi…sus días eran alegres y melancólicos errante
en el Mundo de Morfeo soñando con besarle, acariciarle y partir el mundo en dos
acompañado de ella hasta ese día que a su estudio llegó una invitación, la
dueña de la hacienda de nuevo le había otorgado la invitación estaba por
desecharla cuando encontró una frase que solo el novato y la invitada
entendían, entonces se sonrió diciendo a veces es bueno dilatar el placer.”
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