“Siempre era el mismo final,
llegar con la botella vacía, los labios rotos y el amor extraviado. Quitarse la
ropa, poner una película ya vista para encontrarse con personas cuyos diálogos
y expresiones ya conocía. Una rutina compuesta de pequeños detalles llevados a
cabo el mismo día por los pasillos de la memoria. En una ciudad infestada de la
violencia y las buenas costumbres, afamada debido a sus muertes y a sus notas
musicales, él se sentía en su tierra. Como muchos, la historia suya, comenzó
entre los juegos de antaño en una escuela pública de un barrio social…entre
matrimonios jóvenes y calles hechas jirones en un antiguo pavimento. Ahora
escribía de manera atroz atorando las “S” y destruyendo las “M” con tantas
palabras e ideas que le ayudarán a dormirse ahora que el Sol empieza a asomarse
atravesando las nuevas persianas. Escribía para él, de manera que si su libreta
fuese encontrada nadie podría descifrarla, pero como su corazón, estaba mal
escrito, mal descrito y muy insensato…adornado de palabras rimbombantes como
amor, pasión, caricias, besos, sueños, etc. Llenaría esta hoja y la siguiente y
tal vez la siguiente antes que la mente y el cuerpo le tumben el conocimiento y
lo empujen hacia el mundo de los sueños para que finalmente ahí pudiese
encontrarse esa calma o mal llamada paz que le deje descansar la mente,
olvidándose del mundo real, un segundo o un minuto o quizás una mañana. Dejaría
las letras y sus oraciones para otro día, obviando los sentimientos que le
arrastran como una carga, un costal de palabras en la espalda, una vena gruesa
disfrazada de besos extraviados recorriendo el cuerpo hasta llegar al corazón.
¿Por qué nos gusta expresarnos con letras, palabras, enunciados? ¿Dónde dejamos
los abrazos, las tomadas de mano, las caricias en las mejillas y los labios en
el cuello acompañado de un te extraño? Se lo pregunta tanto mientras el frío
que no se lleva con el calor del sol, irrumpe su sueño, más bien su siesta…un
dolor aquí, un dolor allá…presa de sus vicios pero también de los caminos
cruzados…igual volvió a salir al mismo destino de todas esas noches donde el
barco del corazón vagaba para sentir el frío, el amanecer, el despertar del Sol
mientras llegaba ahí…Siempre era el mismo destino, arrojarle piedras a su
ventana, dejarle rosas en la puerta…y esperar a que Ella despertase, y al
encontrarse con las rosas sonriera, le encantaba verla mientras Ella volteaba
buscando quien fue, de dónde provenía, etc. Y se marchó, dormir, era su rutina
durante los fines de semana…Jamás sabría ella quien le dejaba esas rosas, quien
trataba de conquistarle el corazón aun con el silencio del amanecer…con el
aroma de rosas rojas, con el miedo de saberse rechazado. Para él, el día
comenzaba al mediodía, de lentes oscuros y abstractos pensamientos con los
cuales desafiaba a sí mismo y a quienes le rodeaban, salió a buscar comida a su
lugar favorito…clavado sobre un acantilado y siempre con una mesa disponible,
se apareció ahí nuevamente…aún conservaba la resaca y las palabras
arrastradas…pidió café fuerte, un postre y dejo escapar el aliento mientras
apreciaba por la ventana la ciudad…tantas personas ahí afuera y yo aun pensando
en ella, se dijo para sus adentros…tanta búsqueda entre citas frías,
calculadoras, metódicas, insignificante y él al pendiente de los pasos que Ella
daba siempre fuertes, dejando huella en cualquier sala que se parase…¿la
quería? ¿Quería intentar de nuevo? O más bien solo dejar el circulo
abierto….todos tenemos miedo de cambiar, de ver nuestra rutina alterada,
nuestro corazón rebasado por el desamor y la soledad, nuestro volver a
empezar…volvió a su libreta, a su postre que comía por etapas…como un
universitario dividiendo las materias en un calendario. Ahí en las hojas
blancas decoradas con líneas solía desahogarse…vaciar el corazón como cuando
arrojas las últimas gotas de una botella por el fregadero y así volver a
empezar con la copa y con la historia…total, todo es una versión de otra
cosa…avanzada la tarde y después de navegar por los ritos urbanos y las calles
oscuras, de probar labios ajenos y arrojar botellas vacías…de perderse en la
negrura de la noche sin saber si iba a despertar al día siguiente o si
terminaría continuando viendo la vieja película…El ruido de los albañiles le
despertó…se puso la almohada en la cabeza, pensó en ella para dormir, se
ilusionó con una cascada de besos en el sueño, pero el incesante ruido de los
albañiles trabajando seguía crispándole el sueño…se vistió y salió a
recordarles el porqué de su existencia cuando se topó con una caja de color
verde en la puerta…pensó que era una broma, entonces entró en cuenta, de verdad
ella habría encontrado quien fue la persona que se había pasado de lista…sopesó
la caja y decidió tomarla…la vio durante un buen tiempo, le dio risa, que la
caja le acompañase en el desayuno y la esperará cuando se bañara…entonces por
fin decidió abrirla…entonces la caja comenzó a tocar una canción…se asustó no
por la música en sí, sino por la canción que tocaba, la cual era una de sus
favoritas…bajo la caja musical venía un pequeño libro…por el lado de una hoja,
un poema, por el otro lado…una hoja en blanco. Volteó a todos lados esperando
encontrarse con Ella pero ahí no había persona alguna, sintió extraño como de
quien recibe aquello que siempre da…corrió a cambiarse, escribió lo que pudo en
esas hojas blancas y recitó los poemas mientras se alistaba, primero para ir al
restaurante y segundo para quizás hoy si tocar esa puerta cuyo sonido sabía de
memoria… sentado bebiendo su café armó como los estrategas, su entrada, la plática
y la salida y así cumplir su expectativa…no podía la resaca pero podía más la
ilusión…pero el temor le detuvo, así que solo se paró ahí como un árbol cuyas
hojas se van cayendo solo para ser barridas y sustituidas nuevamente al llegar
a la casa…temió lo peor, el rechazo, la indignación, el cambio…pero aun así,
volvió a dejar las rosas y agregó un libro que a él siempre le pareció
interesante aunado a una nota. En ella vertía la poesía emanada de la sangre
derramada durante tantas noches de alcoholes y labios rotos, y esperó a que
Ella saliese pero Ella no apareció…pareciese como si se hubiese marchado o la
tierra se la hubiese tragado…Él bebió una, dos, o tres botellas y la Luna llegó
y se marchó nuevamente mientras él esperaba…pero de esa puerta jamás salió
alguien más que el olvido y el recuerdo…días de rosas y espinas pasaron, días
de tragicomedias y poesías escritas y releídas, pero de aquella puerta nada
salía…y aunque de vez en cuando en la casa de él al despertar aparecía otro
libro y otras hojas en blanco comenzó a pensar que o estaba loco o alguien le
estaba jugando una broma atroz y maliciosa. Pero las letras en la libreta
continuaban apareciendo para él, quizás las escribía en la madrugada mientras
su otro Yo se reía de él o bien le abrazaba para decirle que el mundo era el
loco y no él. Entonces un día entendió, que vivía en el presente pensando en el
pasado y del pasado aminorando los hechos al futuro…ese día tocaría la puerta,
sin rosas, sin poesías, sin regalos, sin fugacidad…se plantaría ahí y dejaría
el corazón abierto. El timbre sonó y mientras el sonido invadía la casa…la
ansiedad invadía su piel, y entonces apareció desde la terraza cual visión para
un desvalido…pero en su rostro él lo adivinó, el fin era lo que ya era, el fin,
pero él quería saber por la mirada de sus ojos, que Ella le dijese lo que todos
aquí en la ciudad ya sabían…que no eran nada ni lo serían, que fueron y no
regresarían, que vivir en el pasado de nada sirve…le había pedido que dejará de
ser él, y él jamás le hizo caso…Ella le dijo que no trajera más flores, ni
poesías…que eran recuerdos y noches que solo aparecían en los días donde todo
parecía hacerse pedazos y le invito a marcharse, no vengas más por aquí…las
historias siempre tienen un fin como el amor mismo, y Yo ya no soy de ti ni tú
de mí, somos arena en el desierto…él preguntó por los regalos recibidos, y Ella
lo negó, ningún regalo ha sido entregado, llevado o comprado por mí. Y se
despidió de él con ese Hola tan gélido pero necesario, un abrazado extraviado
en el aire de los desalmados, de los tontos, y de los enamorados, a veces el
amor viene de un lado pero se pierde en el camino y no llega jamás a su
destino…y él se marchó con las poesías cayendo como lágrimas ¿Cómo se deja de
ser uno mismo? ¿Se quita la piel como las serpientes y se sigue adelante?, ¿se
da muerte al Yo anterior? Como se puede dejar de ser uno mismo, se va a dormir
y despierta siendo un Yo diferente, así se le pide al cielo…No entendió, no
comprendida como Ella le había tal estupidez, y comprendió, que aquello de lo
que se enamoran es por lo que terminan odiándote…botellas más, botellas menos
los días se fueron consumiendo como hojas de papel en la libreta, como sueños
esfumados al despertar en la resaca del día siguiente…y así fue hasta que las
estaciones cambiaron y la navidad se aparecía en cada esquina y en cada
canción…de labios rotos a noches perdidas, de poesías inverosímiles a bares
desolados…hasta que aquella noche, sentado en un bar…del cantante apareció la
canción que él tanto gustaba…el sonido de la guitarra le revolvió el estómago y
atrajo las lágrimas, entonces le vio…sintió ese frío candente que enchina la
piel cuando Ella cruzó la sala hacía Él, diciéndole Hola con esos labios
eternos…y sentándose a su lado…de lo que no se percató él es que las manos de
Ella tomaban las de él y que a un lado de la botella en la barra, un libro de
poesías había aparecido…no le reconoció al principio, porque sus labios eran
rojos y carnosos, sus ojos destellaban el firmamento, y su sonrisa evocaba la
alegría que él había olvidado en el cajón de los sueños perdidos…fue un
chispazo en la oscuridad, sus ojos se encontraron como se encuentran las
estrellas con sus admiradores. Si era Ella, pensó o dijo, o gritó o aulló…no lo
sabía, tal vez la locura ya habitaba en su mente. Quien le atendía todos los
días en el restaurante donde sacaba las resacas y las poesías, donde se
reconstruía a sí mismo una y otra vez, donde lamentaba el pasado cuando el
presente le pisaba los talones con unos ojos que le querían sin que él los
hubiese visto con detenimiento nunca. ¿Tú eras? Dijo él, mientras sentía que
esas manos le curaban las heridas…Sí, dijo Ella, muchas noches te encontré
vagando por ahí, de bar en bar, jamás me reconociste, pero te encontré
siempre…y te acompañaré, así nos hallemos en el infierno o en el cielo…más vale
un amor fugaz, indeleble, llevadero, significativo…que esperar aquello que
sabes que jamás llegará…Aquel cantante sonrió mientras los pillaba dándose un
beso tras ese libro donde las poesías se habían trasladado a sus labios y a sus
manos…donde la sangre de las almas se compartía. Los bares y los músicos lo
notaron…aquel errante ya no andaba solo, no era un vago más atolondrado por la
vida sino un loco acompañado de un amor fugaz, hermoso, insensato, mundano,
cuyas manos se enlazaban mientras se sentaban en la barra a escribirle al mundo
y a describirle las mil poesías que sus corazones unidos vivirían, comerían,
morderían o arrojarían a las fauces del infierno y el cielo de los desalmados
ávidos de amar hasta la médula. Hoy de vez en cuando se encuentran frases en
las barras de los bares, en los árboles o poesías perdidas acompañadas de
regalos en las puertas de la casas en el Mundo de Morfeo.”