“El gigante de metal se alzaba
en la parte norte de la ciudad, sobresalía entre todas las casas y pequeñas
edificaciones de la ciudad, sus grandes ventanas bañados por ese tono grisáceo
le conferían un aire dictatorial y vacío. De 40 pisos y repleto de oficinas y
también de consultorios médicos tenía poco de apertura, pero ya se hablaban de
historias extrañas durante su construcción mas cuando se veía a quienes
entraban ahí. Hoy llovía tan fuerte que relámpagos rompían ventanas y la lluvia
hacía mella en todas las calles, la tromba le decían había arribado al amanecer
y parecía asentarse a cada minuto. Tomó como presa, callejones, calles,
institutos y casas…Ella no quería sentarse, asombrada del cumulo de agua y de
esa nostalgia que invadía su cuerpo y todo el consultorio sentía temblor en sus
piernas y frío en su cuerpo. Vestía su eterno abrigo negro y debajo de este,
una blusa grisácea con sus zapatos de piso y un reloj dorado que databa de 10
años de antigüedad. Una niña perdida en cuerpo de mujer influenciada por ese
recuerdo arraigado en su ropa, sus zapatos aunado a esa mueca que acompañaba a
su rostro mas en este día, el psicólogo abrió la puerta pero ella no se percato
de su presencia, abrió su libreta de apuntes y espero a que ella advirtiera su
presencia lo cual no ocurrió, decidió acercarse y se plantó a su lado.
-
Bonita vista, dijo. sorprendiéndola
-
Es hermosa y triste, a pesar de la altura el
suelo esta muy cerca. Disculpe me sentaré en un segundo
-
Tomate el tiempo que gustes, estas en tu
derecho, es tu cita y aun así te cobraré le dijo el sonriendo.
-
Con lo que paga de renta de seguro que no me
deja ir sin pagar, adujó ella.
-
¿Odia la lluvia? ¿Qué le produce? ¿Le recuerda a
algo?
-
Si, no la
resisto, me produce una enorme nostalgia que no logró evadir ni con la canción
mas ruidosa que escuche y recuerdos, es por ello que estoy aquí para que usted
me quite los recuerdos
-
No podemos evitar añorar o recordar el pasado,
pero si podemos cerrar los ciclos que nos atan a el y no nos dejan ver lo que
esta al otro lado de la vida. Venga ayúdeme
El psicólogo se posicionó de
un lado del sillón de piel y tono oscuro, ese diván que tantas historias ha
escuchado, y levantó la cabeza mientras ella se preguntaba que hacer hasta que
entendió y con sarcasmo apuntó al otro lado del sillón y entonces ambos
caminaron con el sillón a cuestas hasta estar cerca del vidrio. El consultorio
era amplio y sus estantes llenos de libros y estatuas de animales congelados en
el tiempo además por curioso que pareciera había 6 ángeles alrededor. Ella
sarcástica e impresionada por el carácter de él, decidió seguirle el juego, al
final la nostalgia y las sensaciones que la lluvia le provocaba podría
permitirse todo incluso maltratar o denostar. El psicólogo tenía unos oscuros y
diminutos ojos que intimidaban pero se le veía mordaz. Ahora el sofá con ellos
dos sentados separados solo por la libreta de apuntes. Una imagen que lo decía
todo, un medico y su paciente, un parentesco tan familiar pero tan desconocido.
La tarde sería muy larga en medio de tal aguacero, ella optó por cruzar las
piernas y recargarse, el fue por dos cafés y regresó sentándose en el suelo
recargado sobre el sillón y las piernas estiradas tanto que pegaban en el
cristal. La música que venía del reproductor no se parecía nada a que cualquier
psicólogo tendría, de hecho su vestimenta tampoco, camisa rojo sangre con su
mezclilla y unas botas de motociclista aunado a ese anillo de plata con una
piedra azul diminuta pero brillante, ella se preguntó si no se habría
equivocado de puerta mas aún cuando el empezó a dibujar en su libreta sin
preocuparse por lo que ella tenía que decir o sentir, que acaso no le importaba
sus sentimientos o la paga que recibiría. Estaba por levantarse cuando pensó
que justamente era lo que siempre hacía. Huir, escapar, perderse e inventar una
excusa, pero hoy no, la lluvia lo evitaría y mejor decidió quedarse.
-
¿Por qué dibuja? Debería atenderme
-
Estoy atendiéndole, mi dibujo proveerá de una
herramienta. Y continúo.
-
¿Qué herramienta? Estoy cansada de hacer preguntas,
me gustaría irme a casa y olvidarme de médicos como usted, extraños a los que
nos remitimos a contarles nuestra historia para que ellos vivan a través de
nosotros y nos guíen o concluyan si estamos locos o no. ¿me pondrá atención?
-
Claro, tenga esto es para usted. Es un dibujo
cruel pero hay momentos que la verdad lo es y es por ello debe ser dicha
-
¿el rostro de un payaso? ¿pero que te crees?. Ella le había perdido el
respeto pero el siguió pasivo esperando algo mas.
-
¿Qué ves en su rostro, notas algo inusual?
Pregunto él
-
Mmm. Tristeza, su rostro se ve demacrado y sus
ojos como si hubiesen llorado hace poco, no hace reír a nadie… ¿Qué tiene que
ver conmigo?
-
Es un reflejo de tu alma embriagada de tristeza,
sarcasmo y de lágrimas contenidas…desde que te vi parada tu cuerpo incluye esa
loza cargada por ti desde hace algún tiempo…la pregunta es si te interesa
liberarte de ello, salir adelante y volver a empezar, recuerda, vale mas una
verdad cruel que una mentira deshonesta.
-
Acepto.
Él le ofreció su mano y la
encaminó a una puerta opuesta, curiosamente ella no se había percatado de ella.
Le invitó a pasar, dudó un segundo y atravesó la puerta lo que encontró ahí le
dejo boquiabierta, un halo de luz llenaba la habitación contigua, justo en el
medio donde ahora llovía...a su alrededor decenas de flores y plantas lo
adornaban, una pequeña y rustica barra con dos bancos y una cava se encontraba
en uno de los extremos…sirvió dos vasos y le ofreció un trago, ella lo bebió al
instante…él le dijo siempre el alcohol desinhibe a la gente, justo lo que
necesitas, una excusa para contarme lo que tu semblante dice a gritos y ahí en
una escena que asemeja a las cantinas de antaño él detrás de la barra, ella en
el banco, contó su historia. Donde nació, el nombre de sus padres, su carrera y
amistades, sus amores y sus desamores, páginas que todos tenemos y miedos que
todos arraigamos en nuestros corazones, poco a poco, pregunta a pregunta ella
fue sintiendo la comodidad de la platica y abría mas su caparazón, siendo menos
sarcástica y mas sincera. El Psicólogo dejo su libreta y le ofreció un abrazo
que ella tomó al instante, fue un abrazo honesto, sin nada más que decir, su
profesión no cambia por estar detrás de la barra, sigue analizando el entorno
de ella y sigue ayudando a su causa. Ella soltó el cuerpo que se venció al
recibir el abrazo y soltó las arras de su barco perdido en esas lágrimas que
cruzaban sus mejillas rosadas…el sudor de su frente, el frío que sentía en el
interior del alma y en el exterior de aquel aroma que solo las plantas
ofrecían. Ella habló sin tapujos, de frente y en un arrojo de furia, recordó lo
que la lluvia le ofrecía, lo que le había robado y lo que ella le había
regalado, evocaba tantos momentos perdidos en su mente que ahora le resulta
contradictorio con la vida que llevaba, al fin es lo que somos las personas,
tenemos nuestras etapas que debemos cumplir antes que el mundo se vaya delante
de nosotros. Y así le invito a ponerse un pañuelo que le tapaba sus ojos, es un
ejercicio, confía. Tomó sus hombros encaminándole al halo de luz, la lluvia
empapo su cuerpo al instante y ella tembló, pero el no la soltó y susurro en su
oído que confiase y dejara que la lluvia que tanto daño causaba le curase con
su mismo veneno. Tipos de lluvia le dijo, tu decide cual es mejor la que cura o
la que daña, la que te enamora o la que te entristece, la que vencerás o la que
me mantiene derrotada. El psicólogo removió el pañuelo mientras la caída del
agua comenzó a aminorar y ella quiso quitarse el agua de los ojos pero apenas
unas gotas caían frente al halo de luz ahora un arcoíris lo cubría y ella soltó
una carcajada, así era…al final de la tormenta siempre hay un arcoíris. El le
puso sobre unos hombros una toalla para secarse y le acercó una taza de café
con un toque de canela. Del fondo unas notas musicales llenaban el cuarto
contiguo…el psicólogo le invitó de nuevo a la sala mientras le ofrecía unas sandalias,
frente a los arcángeles le dejó libreta y lápiz en mano…escribe lo que gustes,
cuenta tu propia historia, vive tu propia vida enfrenta tus demonios y háblales
de frente…cambia tu postura, sonríe, demuestra que eres mas que la lluvia y el
sol, mas que la noche y el día…Ella preguntó: ¿me verás de nuevo? ¿Cuándo es mi
próxima cita? El psicólogo entregó su número personal…estaré ahí entre la
lluvia y el día soleado…le dio una llave… ¿de que puerta es?...el ofreció otra
pregunta ¿de donde mas? Ella entendió. Se dice que durante las lluvias de la
época, la paciente y el psicólogo se encontraban en ese jardín con su halo de
luz y sus bancos en esa barra, compartiendo la amistad que luego se convertiría
en una historia que habría de contarse siempre que llueve mientras se espera
por el final de la tormenta y el atardecer que baña el arcoíris en ese Mundo de
Morfeo con sus edificios de metal, sus iglesias de adobe y sus calles
empedradas.”