viernes, 6 de enero de 2017

El Cuentista (Parte Final)

“Lo claro del cielo revestía el día apurándolo a salir, dejándose caer sobre todo el vecindario que abrumado por la entrada del sol se levantaban poco a poco. Mucho por hacer en un mundo que aquí parece no ser el mejor, pero los optimistas sabemos que opinan, siempre un nuevo día es una oportunidad de levantar pilares, sentir el agua helada al caer sobre nuestro cuerpo proveniente de la regadera, y así con el alba que bañaba la recamara, la mujer del labio roto despertó, hacia tiempo que no sentía esas ganas de descansar y dejarse llevar por el sueño que ahora parecía convertirse en realidad. Valentía se decía, hace tiempo que no sentía esa llama proveniente del interior al querer sentir por el corazón y no solo por la boca que emite palabras y después se caen al pavimento en cuanto se dicen azotando para después volver a empezar y ser parte de estos vicios inclementes. Volteando su mirada a través de toda la recamara con sus ojos entrecerrados lo encontró para después caer rendida de nuevo, el Cuentista se encontraba con su sabana roja en su cuerpo cual vagabundo abandonado en una banca sus ojos se mantenían cerrados pero el alba ya había roto su sueño en dos, con la mirada perdida como cualquier despierto por la fuerza tallándose los ojos, ocultaba la mirada del sol pero sin perder pista de su huésped que había despertado y ahora caía presa de Morfeo que la llevo de nuevo a su palacio. El cuentista abandono la habitación aprovechando la sabana y poniéndola de nuevo en la ventana evitando despertarla, escabulléndose para tomar un baño y salir a trabajar. El trabajo no espera a nadie, continúa y hay que ganarse la vida para mantener los vicios o los hobbies como se escuche mejor. La mujer del labio roto sintió la ausencia en la habitación al despertar, aun olía el café de la cocina y mejor aun, frente a ella cual espejo ególatra un cuadernillo con su tripeé, “lo que pediste, esta aquí. Hasta el jueves” como todo inicio de un cuento había un dibujo. En el un cielo rojizo bañaba una vieja hacienda de adobe con un largo pasto verde donde una pareja yacía acostaba haciendo con las manos apuntando al cielo. Ella sonrió y salio de la habitación volviendo con el café sentándose al borde de la cama para darle vuelta a la pagina, pareciese que el la conociera de años y supiera entrelazar la frase que ella había dejado para llevarla de nuevo por los canales de agua que solo la imaginación nos hace navegar. Se sintió halagada mientras continuaba hacia las siguientes hojas las cuales estaban dibujadas de la misma manera aunada a diminutos párrafos con dibujos que llevaban el cuento otorgando siempre la duda de la imaginación y el objetivo perfecto para pasar la mañana que ahora se estaba yendo por la puerta. El Ultimo dibujo se describía la chimenea de la vieja hacienda de adobe expulsando cenizas con el cielo envuelto en un manto de nubes rojas y anaranjadas siendo amenazadas por el humo negro, la pareja le daba la espalda a la casa caminando  a un árbol en color blanco y negro dejando unos puntos suspensivos al final del párrafo. Ella no sabia si sonreír o sentirse triste por que se hubiese terminado el cuento, luego volvió a sonreír, a su alrededor estaba cualquier cosa con que entretenerse pero también debía irse al fin y al cabo, siempre podía volver no quería que la frescura del momento  se fuera y solo quedase la monotonía, mejor volver de nuevo sentía emoción en su vida que extraño y bonito sentir este que me esta recorriendo el cuerpo decía ella al momento que las hojas iban perdiéndose junto con los colores que se habían desgatado con los dibujos, debía irse. Antes, dejo sobre la ultima hoja una frase que decía: “Siempre que la Luna cambia de matiz, es jueves… ¿ocurrirá?” La mujer del labio roto cerró la ventana, tomo un lp, dirigiendo una mirada hacia la cama a fin de que se tendiese sola porque quería dejar todo igual para cuando pudiera volver. Y así el jueves siguiente llegó, estuvo esperándole por un par de horas durante la tarde, recostado sobre la cama viendo hacia el techo mientras el LP que sustituyo al faltante lo llevaba tras las venas de un amor recién nacido y una filosofía recién creada, melosa melodía que lo impulsaba a sonreír para después dejar una sonora carcajada que refunfuñaba su cuerpo acostumbrado a la melancolía o a las solas actuaciones frente a un publico cada vez mas escaso, es lo bonito de ser humano en un instante puedes abandonar todo sentir por otro si este comienza a gestarse en el corazón. Esperó pero ella no apareció, se asomo hacia la ventana y bajo al callejón pero no se veía donde viniera en camino, se comenzaba a teñir la noche de un nublado que pareciese predestinado a destruir los cielos y no tenia manera de localizarla. Sin teléfono a donde marcarle, sin lugar a donde buscarle, sin amigos en común que pudiesen decirle como encontrarla recordó a sus padres que caminaban colonias enteras que no se preocupaban por marcar a un celular o informar antes de ir a casa de alguien, debía irse no podía esperar mas. Ya el Dr. había marcado dos veces y no dejaría que sonara de nuevo el teléfono por 3era vez era demasiado tarde ya. así que tomo una decisión,  se atrevió a dejar la puerta abierta incitando a los ladrones, a los cobradores, a los viejos amigos, sin embargo, El Cuentista solo espera a la mujer del labio roto que no ha llegado a su cita, pero no se preocupara mas. Para que, mejor pensar que cuando regrese estará y así abandono el hogar para ir a su otro hogar, dejando la puerta abierta. El Autobús avanzo por toda la avenida principal así como las entrecalles del centro no había mucha gente en el mas aun con la posible llegada de la lluvia y el anuncio que seria muy fuerte, a la naturaleza no se le debe tomar a la ligera mas con el cambio climático, nubes grises y temibles continuaban presagiando la llegada de gotas fuertes, persistentes y melancólicas pero el no perdía la sonrisa ni el pensamiento que le llevaba entre el edificio y su cita hasta su hogar viendo como subía la escalera y tocaba para luego sentir que la puerta se movía un poco ante tal empujón, sintió súbitamente ganas de regresar a su casa de estar ahí cuando ella llegase para que no se fuera a otro lado y esperar de nuevo una semana, debía saber de su hogar, de su teléfono, de su voz, de su palpitar al bailar, quería sentirle pero el destino y el avanzar del autobús le devolvió a su decisión parándose en la bajada de donde se veía su destino y ahí de nuevo se erguía el viejo edificio de adobe con sus estatuas aun de pie mirándole de reojo mientras atraviesa las puertas, ¿Qué pensaran ahí abandonadas a su suerte? Fueron hechas por regocijo de sus gobernantes, pretenciosos y orgullosos de nuestro pasado o de su propia historia, esta que hacen los ganadores pero que un país adopta y desdeña las demás. El cuentista siempre encontró en autobuses, en parques, en niños y en adultos la historia de la ciudad, sus dos versiones, su lado b, su lado oscuro, su lado bueno, su trago por las noches, su café por la mañana y ahora que siempre viajaba en autobús aprendía cualquier cantidad de historias hablando con los pasajeros o bien distinguiendo en sus miadas sus anécdotas de vida. Al bajar del autobús, puso mochila al hombro y se encamino a saludar al portero pero este no estaba ahí en su lugar de siempre. El Cuentista sentía algo esta noche, la noche le daba a pensar que algo no encajaba en el edificio, del portero ni seña alguna y el Dr. parecía no estar en su oficina, los hombres se sienten ansiosos cuando la rutina parece perderse o mejor dicho se atraviesa algo en el transcurso de las horas, definitivamente aunque lo intentemos no todos los días son iguales. Había pasado con la mujer del labio roto y ahora aquí, no se pondría a imaginar cosas que solo acrecentarían las broncas en su mente y estas se habían estado yendo hacia el abismo liberándose de ella, al final el era un actor y los actores debían personificar el papel que se les había entregado. Caminó entre las viejas estatuas hechas ruinas aunque mas de una estaba en mejor estado, todos los ojos se posaban sobre el al avanzar por el pasillo finalmente subió las escaleras en absoluta vigilia de cualquier movimiento no había nadie en la oficina del Dr., arribó al cuarto y estaba a punto de entrar cuando se encontró con el niño a un lado de la puerta.


-          ¿Qué haces afuera?
-          El Dr. le dejo esta nota
-          Entra le dijo el cuentista. El final se acerca
-          ¿habrá explosiones? ¿encontrara el camino? Dijo el niño animado
-          No se. Los finales son siempre impredecibles, anda ve iré en un momento

El Cuentista abrió la nota que decía: “Estoy en un velorio el hermano de Juan falleció, empieza sin mi, volveré para el final”. Recordó al hermano de Juan, un tipo honesto y agradable, jugador de béisbol y rey de las noches en el domino. Aunque hay más de uno que dice que al muerto se le mueren también el mal carácter y los malos actos. Que tragedia el ciclo de la vida se dijo mientras arrojaba la nota al cesto de la basura, preparándose para entrar al cuarto. Su publico fiel ahí se encontraba, la señora, el niño, el señor, el joven y los demás un publico al que había que rendirle tributo por su lucha en la continuación de la vida. Les dijo:

-          Cierren las ventanas y apaguen las luces
-          ¿para que? Inquirió el niño.
-          Ya lo sabrás, no teman.
-          A mi la vida no me da miedo dijo la señora, la muerte si.
-          ¿Cómo lo vamos a ver a Ud. cuando nos cuente la historia? Dijo el señor.
-          Traje un truco conmigo. Apóyenme, cierren las ventanas y hagamos el círculo.

Los pacientes ansiosos por descubrir el contenido de la mochila terminaron cerrando las ventanas y sumándose al círculo. A continuación se aparecieron 2 velas que expedían su aroma a flores marchitas, se hizo un gorro como los monjes con su camisa y puso una foto sobre el cuadernillo un gran parque con enormes árboles y juegos de carnaval, antiguo parque de diversiones y en un esquina un hombre con un algodón de azúcar y les dijo en una voz casi aterradora y melancólica cual sketch hichkoniano: “En los cuentos y mas aun en esta historia hablamos de heridas que quedaron abiertas y ciclos que siguen dando vueltas y aunque también se han cerrado algunos, estos pueden aparecer cualquier noche de junio. El hombre del sombrero grisáceo y aun portando gafas oscuras a pesar de la falta de sol comía un algodón de azúcar, embelesado por su sabor y su textura evocaba tantos recuerdos que había decidido sepultar. Los juegos estaban vaciándose pero el quería subirse a la rueda de la fortuna y así con la oscuridad trepó a uno de los asientos para su paseo, arrojo unas monedas al operador que se cansaba de decirle que estaban por cerrar. Te pago la noche le dijo el, sabes que puedo pagarlo, informa por el sonido a los que aun están aquí que el rico paga y no porque ellos no tengan, sino porque les quiero invitar. Cuando el operador removiéndose la gorra asintió, el supo que le había visto alguna vez pero no podía recordarlo, pero sabia que era alguien importante mas cuando su mente daba vueltas y su cuerpo se erizo. Quería preguntarle quien era pero se detuvo ante la vergüenza de saberse un tonto o por no reconocer o por creer conocer, espero saludo o señal alguna de quien pudiese ser o si estaba equivocado al pensarlo. Decenas de personas se quedaron en el parque enviando mensajes por su celular o bien subiendo de nuevo a los juegos para aprovechar el boleto gratis incluso el payaso empezó a crear figuras con sus bombas” El cuentista aprovecho la luz de las velas e hizo varias figuras cual titiritero en el cuarto de sus hijos para que estos pudiesen dormir e hilar fantásticas historias. El niño y la señora se encontraban fascinados por las figuras que el cuentista realizaba con ayuda del señor que le acercaba la vela y la linterna que ahora mantenía sobre su rostro. Era espectral la sensación pero al mismo tiempo generaba expectativas como en el cine y continuó con el cuento: “La emoción del gozo por pasearse en los juegos devolvía al Hombre del Sombrero Grisáceo su juventud, sus días antes de dejarlo todo e irse, pensó en todos esos años perdiéndose de situaciones como esta, oculto en su gran mansión con su copa de vino en mano, atiborrado entre cuentas y mas cuentas que generasen dinero mas dinero, todo debía cambiar se dijo debió haber hecho mas pero quizás todo había llegado hasta este punto con su rostro quemado, su casa echada a perder por el fuego y las visitas que le habían regresado color a su cielo gris. Es cierto había fama, lujos, dinero, poder pero se esta preguntando si hace falta algo y parece que aquí lo puede tocar, si es tangible. Se subió a los carritos chocones para degustar una pizca de niños y diversión, los niños parecieran no temerle y los jóvenes estaban complacidos con un paseo mas” El cuentista dibujaba ya ventanas abiertas y quitándose el gorro que se había inventado colores y mas colores salvo pintando el parque de diversiones y los pacientes estaban atentos a sus dibujos y mas a su narración. “El hombre bajó del ultimo juego, y se encamino libro en mano y la nota de su madre en su chaqueta sonriente a pesar de sus marcas, su sonrisa no parecía mas perversa o arrogante, había encontrado algunas rutas alternas y entonces vio el lugar y se quedo de una pieza.”  Pregunto:

-          ¿Qué fue lo que encontró?
-          Una casa. Dijo la señora
-          No, doña, dijo el señor, encontró al demonio.
-          ¿he descrito y dibujado el infierno? Dijo el cuentista
-          un monstruo de esos que atacan por las noches.
-          ¿a que le tememos más en la vida? pregunto.
-          A la muerte se escucho desde la puerta que se abría.

Era el portero acompañado del Dr., ambos en vestimenta blanco y negro. El cuentista les sonrió con una mueca

-          La muerte, si. Es posible que eso sea, pero si nos quedamos un poco el silencio, lo sabremos con certeza, adelante acompáñenos.

Se sentaron cerca de la ventana refrescándose con el viento que ahora

-          Ya lo sabrás, no teman.
-          A mi la vida no me da miedo dijo la señora, la muerte si.

El cuentista tomo de nuevo su mochila y pinto su rostro de blanco mientras se marcaba gotas en color negro bajando por sus mejillas, pareciera un payaso triste o un mimo desangelado, en su cuadernillo ante las velas y el sonido del cielo haciendo eco, se avecinaba una gran tormenta y el dibujo no estaba alejado de ella, tenia las gotas de lluvia cayendo sobre una gran laguna rodeada por docenas de árboles con un pequeña isla en medio donde sentado arrojando comidilla a los gansos estaba un ser cuyo rostro no se distinguía. Y les contó: “El hombre del Sombrero Grisáceo vio como sus ojos palidecieron ante lo que veía en la isla que rodeaba a la laguna, absorbido por el temor y el asombro, sintió que veía un fantasma y entrecerraba los ojos para ver bien el personaje que se encontraba arrojando comidilla para los gansos le hizo una señal con la mano invitándolo a acercársele, y el dispuesto a saber quien era el y el porque estaba ahí lo incito a decir que si, decidiéndose a obtener respuesta a sus dudas y pensamientos. Bebió gotas de lluvia mientras se quitaba los zapatos y arrojaba sus gafas oscuras y su sombrero al suelo, salto la verja y se zambullo a la laguna sintiendo al instante lo frío del agua, el dulce y sucio sabor de esta impregnándose en su traje oscuro sin importarle lo mojado y lo enfermo que pudiese ponerse, es una situación donde las cosas parecen no ser importar un comino. Al llegar a la isla, el personaje le extendió la mano para que subiera y entonces en los ojos del extraño vio a la parte de su alma que por momentos repercutía en lágrimas que ahora venían del cielo y de sus ojos, su gran amigo estaba ahí el mismo de la rueda de la fortuna y le dijo:

-          Hace tiempo te estaba buscando.
-          Se que no deberías estar aquí, amigo Mio, sin embargo, puedo verte y escuchaste ¿Por qué es así?
-          Porque los amigos se encuentran en un momento o en otro y suele ocurrir que es cuando los soñamos o recordamos algo que vivieron juntos.
-          ¿estoy soñando? Finalmente lo he logrado y veo incluso a los que ya no están en este mundo.
-          Siempre fuiste bueno en el sarcasmo para ocultar tu sentir, amigo mío. No estas soñando, mas aun ahora que empiezas a sentir el frío en tu cuerpo y los ojos cuyos lagrimas caen mas fuerte que las gotas de lluvia que ahora bañan esta isla y a nosotros dos.
-          Tienes razón, es la realidad, estoy mojado, tengo frío y súbitamente siento una corriente de miedo en mis venas pero si te extraño amigo mío. Tantos años y vivencias, tantas anécdotas y ahora estas aquí, en el lugar menos esperado y con esa ropa que parece hacerte mas delgado. He encontrado de nuevo mi lugar, aprendiendo de la peor forma.
-          Por eso estoy aquí, amigo mío. Quiero que sepas que estoy bien y también que no debes sentir esa culpa que a veces te atrapa o ese ávido deseo de poder que te absorbe y te ha generado llegar hasta aquí, estarás bien. y el día que quieras regresar serás bienvenido
-          ¿Cómo sabes eso? De seguro allá todo el mundo me odia o se pregunta como me fui y porque me fui.
-          No, amigo mío. Allá todos te extrañamos, así ocurre con la gente que hemos decidido querer, aceptamos lo que no toleramos, toleramos lo que podemos lidiar y compartimos aquello que nos gusta. Es lo que somos los seres humanos. Ven aquí, dame un abrazo.
-          Claro, amigo. Sabes que debo volver debo secarme y no solo la ropa. ¿estarás bien?
-          Estoy bien. si de vez en cuando me recuerdas, podrías visitarme no me moveré de mi hogar. Jajay. Fue un mal chiste pero siempre me hace reír. Nos encontraremos.
-          Nos encontraremos de eso no me cabe duda alguna.

El portero lloraba pero no parecía estar triste como al llegar, el Dr. le abrazó y el cuentista le miro diciendole que lo sentia, el hizo una mueca que parecia una sonrisa, una sonrisa es una sonrisa y le dijo a los pacientes: las velas siempre crean romanticismo y son sinonimo ayuda en la falta de luz, esta noche me gustaria fuera por un buen tipo, por que su camino sea en paz y su familia encuentre resignacion. Brindemos y cerremos los ojos. Uds. también. El Dr. y el portero cerraron sus ojos y agudizaron de nuevo los oidos:

“El Hombre del Sombrero Grisáceo, con la ropa mojada regresó al parque de diversiones, sin embargo, ya no había nadie ahí, se sonrió ante un algodón de azúcar que aun quedaba en el puesto y empezó a comer de el mientras las gotas de su traje marcaban sus huellas en el suelo, llevándose consigo la calma y la apacible paz que ahora parecía anidarse en su cuerpo, sentía la claridad de su mente y mas aun de su corazón, absorto en su sonriente caminar con la lluvia que se había ido y solo había dejado su vestigio en el viento, y el ambiente nocturno justo para una huida o un giro a cualquier historia, se sentía de nuevo joven con su algodón de azúcar y su ropa secándose con el viento en una ciudad donde el cielo la había bañado. Habría pasado por cualquier persona en la central de autobuses sino fuera por su sombrero y gafas oscuras, llegó a taquilla extendiéndole su reloj al cobrador de peaje diciéndole: “esto cubrirá mi boleto hasta donde quiero ir” El cobrador aprecio la marca y le dio su boleto: “esto vale el boleto hasta el paraíso” el sonrió: “si, es ahí donde voy, el hogar”…El Cuentista dejo una nota sobre el ultimo dibujo junto con un libro mientras abandono la habitación y escapo carrera abajo quitándose el maquillaje, debía hacer que la rutina regresase o no se, tirarlo todo por la borda porque sentía que no podía un segundo mas estar alejado de ella, y de su entorno que ahora habían creado, debía protegerlo a toda costa, mejor aun, debía vivirlo, palparlo, sentirlo, comerlo y beberlo y si es posible manejaría el autobús. Dentro del edificio de adobe, El Dr. les pidió a todos que abrieran los ojos, justo en ese instante empezó a lloviznar, el portero tomo el libro y al reconocer al autor supo porque lo había dejado el, era un regalo, las lagrimas se habían secado y una mueca puede ser una sonrisa. El Dr. fue a cerrar la ventana y diviso al Cuentista corriendo mochila en mano sin impórtale la lluvia que le bañaba el cuerpo pero no el corazón. Le deseo suerte, El Cuentista llegó y sentía el cuerpo empapado pero el corazón libre de ataduras. La noche dibujaba esas extrañas sombras en contraparte con las lámparas que expedían sus luces alumbrando la ciudad, la ventana permanecía cerrada y el no se amilano, subiría y esperaría lo que el mundo le diera. Las escaleras parecían eternas, sin embargo, apresurado llegó a la puerta y escucho de adentro una tenue voz o mejor dicho una música muy suave, extraño ante tal situación, abrió la puerta pero esta estaba cerrada, desde adentro alguien pregunto:

-          ¿Quién es?
-          Es mi casa, ábreme.
-          Eso no responde a mi pregunto, si eres el dueño, pero ¿Quién eres?
-          Debo aceptar que los nombres no vienen al caso, ni tampoco una explicación filosófica, pero ¿es necesario para entrar y poder besarte? Dijo el cuentista
-          Si. Quiero escuchar lo que quieres decir.
-          Ja. Aceptare pero serás quien me lleve al medico si pesco un resfriado. Esta vez no habrá cuento, debo confesar que estos jueves han sido luz en mis días de oscuridad, que el solo sentir tu aroma al tocarte, de verte dormir y escucharte platicar y estar aquí en mi casa revierte todos mis malos pensamientos sobre la vida y el cariño. Estar contigo es lo que me importa ahora, vivir a tu lado y sentirte en las noches al dormir y en las mañanas al despertar, eres reina de mis cuentos y dueña de este sentimiento que ahora me embriaga, si, parece ser lo que es. y no le pondré nombre porque quizás se esfume, ¿aceptas esta propuesta que carece de condiciones y tiempos?


Pasaron dos minutos que parecieron eternos y la puerta comenzó a abrirse, con una lagrima que no provenía de la lluvia ni de la tristeza el cuentista y la mujer del labio roto destruyeron los muros y dejaron los ayeres por los hoy. Se complementaron y cometieron pecado tras pecado. Se dice que la lluvia se hizo más fuerte y después termino por irse a bañar otras ciudades con su peculiar sonido y su embriagante frío aun en junio. Que si el cuento tiene final… a veces lo mejor es solo imaginarlo. Solo les comentare que la ventana permaneció abierta pero las cortinas cerradas, que el cuadernillo ahí esta y aun tiene la ultima nota que ahí se escribió. Del dibujo se dicen que aun esta en el cuarto en el viejo edificio de adobe y los pacientes de vez en cuando lo ven de nuevo, El cuentista no ha regresado, tiene más de un mes o dos perdido. El Dr. no ha marcado a su casa de seguro algún día aparecerá por lo pronto el también tiene un cuento que vivir.”