“Lo claro del cielo revestía el día apurándolo
a salir, dejándose caer sobre todo el vecindario que abrumado por la entrada
del sol se levantaban poco a poco. Mucho por hacer en un mundo que aquí parece
no ser el mejor, pero los optimistas sabemos que opinan, siempre un nuevo día
es una oportunidad de levantar pilares, sentir el agua helada al caer sobre
nuestro cuerpo proveniente de la regadera, y así con el alba que bañaba la
recamara, la mujer del labio roto despertó, hacia tiempo que no sentía esas
ganas de descansar y dejarse llevar por el sueño que ahora parecía convertirse
en realidad. Valentía se decía, hace tiempo que no sentía esa llama proveniente
del interior al querer sentir por el corazón y no solo por la boca que emite
palabras y después se caen al pavimento en cuanto se dicen azotando para después
volver a empezar y ser parte de estos vicios inclementes. Volteando su mirada a
través de toda la recamara con sus ojos entrecerrados lo encontró para después
caer rendida de nuevo, el Cuentista se encontraba con su sabana roja en su
cuerpo cual vagabundo abandonado en una banca sus ojos se mantenían cerrados
pero el alba ya había roto su sueño en dos, con la mirada perdida como
cualquier despierto por la fuerza tallándose los ojos, ocultaba la mirada del
sol pero sin perder pista de su huésped que había despertado y ahora caía presa
de Morfeo que la llevo de nuevo a su palacio. El cuentista abandono la
habitación aprovechando la sabana y poniéndola de nuevo en la ventana evitando
despertarla, escabulléndose para tomar un baño y salir a trabajar. El trabajo
no espera a nadie, continúa y hay que ganarse la vida para mantener los vicios
o los hobbies como se escuche mejor. La mujer del labio roto sintió la ausencia
en la habitación al despertar, aun olía el café de la cocina y mejor aun,
frente a ella cual espejo ególatra un cuadernillo con su tripeé, “lo que
pediste, esta aquí. Hasta el jueves” como todo inicio de un cuento había un
dibujo. En el un cielo rojizo bañaba una vieja hacienda de adobe con un largo
pasto verde donde una pareja yacía acostaba haciendo con las manos apuntando al
cielo. Ella sonrió y salio de la habitación volviendo con el café sentándose al
borde de la cama para darle vuelta a la pagina, pareciese que el la conociera
de años y supiera entrelazar la frase que ella había dejado para llevarla de
nuevo por los canales de agua que solo la imaginación nos hace navegar. Se
sintió halagada mientras continuaba hacia las siguientes hojas las cuales
estaban dibujadas de la misma manera aunada a diminutos párrafos con dibujos
que llevaban el cuento otorgando siempre la duda de la imaginación y el
objetivo perfecto para pasar la mañana que ahora se estaba yendo por la puerta.
El Ultimo dibujo se describía la chimenea de la vieja hacienda de adobe
expulsando cenizas con el cielo envuelto en un manto de nubes rojas y
anaranjadas siendo amenazadas por el humo negro, la pareja le daba la espalda a
la casa caminando a un árbol en color
blanco y negro dejando unos puntos suspensivos al final del párrafo. Ella no
sabia si sonreír o sentirse triste por que se hubiese terminado el cuento,
luego volvió a sonreír, a su alrededor estaba cualquier cosa con que
entretenerse pero también debía irse al fin y al cabo, siempre podía volver no quería
que la frescura del momento se fuera y
solo quedase la monotonía, mejor volver de nuevo sentía emoción en su vida que
extraño y bonito sentir este que me esta recorriendo el cuerpo decía ella al
momento que las hojas iban perdiéndose junto con los colores que se habían
desgatado con los dibujos, debía irse. Antes, dejo sobre la ultima hoja una
frase que decía: “Siempre que la
Luna cambia de matiz, es jueves… ¿ocurrirá?” La mujer del
labio roto cerró la ventana, tomo un lp, dirigiendo una mirada hacia la cama a
fin de que se tendiese sola porque quería dejar todo igual para cuando pudiera
volver. Y así el jueves siguiente llegó, estuvo esperándole por un par de horas
durante la tarde, recostado sobre la cama viendo hacia el techo mientras el LP
que sustituyo al faltante lo llevaba tras las venas de un amor recién nacido y
una filosofía recién creada, melosa melodía que lo impulsaba a sonreír para después
dejar una sonora carcajada que refunfuñaba su cuerpo acostumbrado a la melancolía
o a las solas actuaciones frente a un publico cada vez mas escaso, es lo bonito
de ser humano en un instante puedes abandonar todo sentir por otro si este
comienza a gestarse en el corazón. Esperó pero ella no apareció, se asomo hacia
la ventana y bajo al callejón pero no se veía donde viniera en camino, se
comenzaba a teñir la noche de un nublado que pareciese predestinado a destruir
los cielos y no tenia manera de localizarla. Sin teléfono a donde marcarle, sin
lugar a donde buscarle, sin amigos en común que pudiesen decirle como
encontrarla recordó a sus padres que caminaban colonias enteras que no se
preocupaban por marcar a un celular o informar antes de ir a casa de alguien, debía
irse no podía esperar mas. Ya el Dr. había marcado dos veces y no dejaría que
sonara de nuevo el teléfono por 3era vez era demasiado tarde ya. así que tomo
una decisión, se atrevió a dejar la
puerta abierta incitando a los ladrones, a los cobradores, a los viejos amigos,
sin embargo, El Cuentista solo espera a la mujer del labio roto que no ha
llegado a su cita, pero no se preocupara mas. Para que, mejor pensar que cuando
regrese estará y así abandono el hogar para ir a su otro hogar, dejando la
puerta abierta. El Autobús avanzo por toda la avenida principal así como las
entrecalles del centro no había mucha gente en el mas aun con la posible
llegada de la lluvia y el anuncio que seria muy fuerte, a la naturaleza no se
le debe tomar a la ligera mas con el cambio climático, nubes grises y temibles
continuaban presagiando la llegada de gotas fuertes, persistentes y melancólicas
pero el no perdía la sonrisa ni el pensamiento que le llevaba entre el edificio
y su cita hasta su hogar viendo como subía la escalera y tocaba para luego
sentir que la puerta se movía un poco ante tal empujón, sintió súbitamente
ganas de regresar a su casa de estar ahí cuando ella llegase para que no se
fuera a otro lado y esperar de nuevo una semana, debía saber de su hogar, de su
teléfono, de su voz, de su palpitar al bailar, quería sentirle pero el destino
y el avanzar del autobús le devolvió a su decisión parándose en la bajada de
donde se veía su destino y ahí de nuevo se erguía el viejo edificio de adobe
con sus estatuas aun de pie mirándole de reojo mientras atraviesa las puertas,
¿Qué pensaran ahí abandonadas a su suerte? Fueron hechas por regocijo de sus
gobernantes, pretenciosos y orgullosos de nuestro pasado o de su propia
historia, esta que hacen los ganadores pero que un país adopta y desdeña las demás.
El cuentista siempre encontró en autobuses, en parques, en niños y en adultos
la historia de la ciudad, sus dos versiones, su lado b, su lado oscuro, su lado
bueno, su trago por las noches, su café por la mañana y ahora que siempre
viajaba en autobús aprendía cualquier cantidad de historias hablando con los pasajeros
o bien distinguiendo en sus miadas sus anécdotas de vida. Al bajar del autobús,
puso mochila al hombro y se encamino a saludar al portero pero este no estaba
ahí en su lugar de siempre. El Cuentista sentía algo esta noche, la noche le
daba a pensar que algo no encajaba en el edificio, del portero ni seña alguna y
el Dr. parecía no estar en su oficina, los hombres se sienten ansiosos cuando
la rutina parece perderse o mejor dicho se atraviesa algo en el transcurso de
las horas, definitivamente aunque lo intentemos no todos los días son iguales. Había
pasado con la mujer del labio roto y ahora aquí, no se pondría a imaginar cosas
que solo acrecentarían las broncas en su mente y estas se habían estado yendo
hacia el abismo liberándose de ella, al final el era un actor y los actores debían
personificar el papel que se les había entregado. Caminó entre las viejas
estatuas hechas ruinas aunque mas de una estaba en mejor estado, todos los ojos
se posaban sobre el al avanzar por el pasillo finalmente subió las escaleras en
absoluta vigilia de cualquier movimiento no había nadie en la oficina del Dr.,
arribó al cuarto y estaba a punto de entrar cuando se encontró con el niño a un
lado de la puerta.
-
¿Qué haces afuera?
-
El Dr. le dejo esta nota
-
Entra le dijo el cuentista. El final se acerca
-
¿habrá explosiones? ¿encontrara el camino? Dijo el niño animado
-
No se. Los finales son siempre impredecibles, anda ve iré en un momento
El Cuentista abrió la nota que decía: “Estoy
en un velorio el hermano de Juan falleció, empieza sin mi, volveré para el
final”. Recordó al hermano de Juan, un tipo honesto y agradable, jugador de
béisbol y rey de las noches en el domino. Aunque hay más de uno que dice que al
muerto se le mueren también el mal carácter y los malos actos. Que tragedia el
ciclo de la vida se dijo mientras arrojaba la nota al cesto de la basura, preparándose
para entrar al cuarto. Su publico fiel ahí se encontraba, la señora, el niño,
el señor, el joven y los demás un publico al que había que rendirle tributo por
su lucha en la continuación de la vida. Les dijo:
-
Cierren las ventanas y apaguen las luces
-
¿para que? Inquirió el niño.
-
Ya lo sabrás, no teman.
-
A mi la vida no me da miedo dijo la señora, la muerte si.
-
¿Cómo lo vamos a ver a Ud. cuando nos cuente la historia? Dijo el señor.
-
Traje un truco conmigo. Apóyenme, cierren las ventanas y hagamos el círculo.
Los pacientes ansiosos por descubrir el
contenido de la mochila terminaron cerrando las ventanas y sumándose al círculo.
A continuación se aparecieron 2 velas que expedían su aroma a flores marchitas,
se hizo un gorro como los monjes con su camisa y puso una foto sobre el
cuadernillo un gran parque con enormes árboles y juegos de carnaval, antiguo
parque de diversiones y en un esquina un hombre con un algodón de azúcar y les
dijo en una voz casi aterradora y melancólica cual sketch hichkoniano: “En los
cuentos y mas aun en esta historia hablamos de heridas que quedaron abiertas y
ciclos que siguen dando vueltas y aunque también se han cerrado algunos, estos
pueden aparecer cualquier noche de junio. El hombre del sombrero grisáceo y aun
portando gafas oscuras a pesar de la falta de sol comía un algodón de azúcar,
embelesado por su sabor y su textura evocaba tantos recuerdos que había
decidido sepultar. Los juegos estaban vaciándose pero el quería subirse a la
rueda de la fortuna y así con la oscuridad trepó a uno de los asientos para su
paseo, arrojo unas monedas al operador que se cansaba de decirle que estaban
por cerrar. Te pago la noche le dijo el, sabes que puedo pagarlo, informa por
el sonido a los que aun están aquí que el rico paga y no porque ellos no
tengan, sino porque les quiero invitar. Cuando el operador removiéndose la
gorra asintió, el supo que le había visto alguna vez pero no podía recordarlo,
pero sabia que era alguien importante mas cuando su mente daba vueltas y su
cuerpo se erizo. Quería preguntarle quien era pero se detuvo ante la vergüenza
de saberse un tonto o por no reconocer o por creer conocer, espero saludo o
señal alguna de quien pudiese ser o si estaba equivocado al pensarlo. Decenas
de personas se quedaron en el parque enviando mensajes por su celular o bien
subiendo de nuevo a los juegos para aprovechar el boleto gratis incluso el
payaso empezó a crear figuras con sus bombas” El cuentista aprovecho la luz de
las velas e hizo varias figuras cual titiritero en el cuarto de sus hijos para
que estos pudiesen dormir e hilar fantásticas historias. El niño y la señora se
encontraban fascinados por las figuras que el cuentista realizaba con ayuda del
señor que le acercaba la vela y la linterna que ahora mantenía sobre su rostro.
Era espectral la sensación pero al mismo tiempo generaba expectativas como en
el cine y continuó con el cuento: “La emoción del gozo por pasearse en los
juegos devolvía al Hombre del Sombrero Grisáceo su juventud, sus días antes de
dejarlo todo e irse, pensó en todos esos años perdiéndose de situaciones como
esta, oculto en su gran mansión con su copa de vino en mano, atiborrado entre
cuentas y mas cuentas que generasen dinero mas dinero, todo debía cambiar se
dijo debió haber hecho mas pero quizás todo había llegado hasta este punto con
su rostro quemado, su casa echada a perder por el fuego y las visitas que le habían
regresado color a su cielo gris. Es cierto había fama, lujos, dinero, poder
pero se esta preguntando si hace falta algo y parece que aquí lo puede tocar,
si es tangible. Se subió a los carritos chocones para degustar una pizca de niños
y diversión, los niños parecieran no temerle y los jóvenes estaban complacidos
con un paseo mas” El cuentista dibujaba ya ventanas abiertas y quitándose el
gorro que se había inventado colores y mas colores salvo pintando el parque de
diversiones y los pacientes estaban atentos a sus dibujos y mas a su narración.
“El hombre bajó del ultimo juego, y se encamino libro en mano y la nota de su
madre en su chaqueta sonriente a pesar de sus marcas, su sonrisa no parecía mas
perversa o arrogante, había encontrado algunas rutas alternas y entonces vio el
lugar y se quedo de una pieza.” Pregunto:
-
¿Qué fue lo que encontró?
-
Una casa. Dijo la señora
-
No, doña, dijo el señor, encontró al demonio.
-
¿he descrito y dibujado el infierno? Dijo el cuentista
-
un monstruo de esos que atacan por las noches.
-
¿a que le tememos más en la vida? pregunto.
-
A la muerte se escucho desde la puerta que se abría.
Era el portero acompañado del Dr., ambos
en vestimenta blanco y negro. El cuentista les sonrió con una mueca
-
La muerte, si. Es posible que eso sea, pero si nos quedamos un poco el
silencio, lo sabremos con certeza, adelante acompáñenos.
Se sentaron cerca de la ventana refrescándose
con el viento que ahora
-
Ya lo sabrás, no teman.
-
A mi la vida no me da miedo dijo la señora, la muerte si.
El cuentista tomo de nuevo su mochila y
pinto su rostro de blanco mientras se marcaba gotas en color negro bajando por
sus mejillas, pareciera un payaso triste o un mimo desangelado, en su
cuadernillo ante las velas y el sonido del cielo haciendo eco, se avecinaba una
gran tormenta y el dibujo no estaba alejado de ella, tenia las gotas de lluvia
cayendo sobre una gran laguna rodeada por docenas de árboles con un pequeña
isla en medio donde sentado arrojando comidilla a los gansos estaba un ser cuyo
rostro no se distinguía. Y les contó: “El hombre del Sombrero Grisáceo vio como
sus ojos palidecieron ante lo que veía en la isla que rodeaba a la laguna,
absorbido por el temor y el asombro, sintió que veía un fantasma y entrecerraba
los ojos para ver bien el personaje que se encontraba arrojando comidilla para
los gansos le hizo una señal con la mano invitándolo a acercársele, y el
dispuesto a saber quien era el y el porque estaba ahí lo incito a decir que si,
decidiéndose a obtener respuesta a sus dudas y pensamientos. Bebió gotas de
lluvia mientras se quitaba los zapatos y arrojaba sus gafas oscuras y su
sombrero al suelo, salto la verja y se zambullo a la laguna sintiendo al
instante lo frío del agua, el dulce y sucio sabor de esta impregnándose en su
traje oscuro sin importarle lo mojado y lo enfermo que pudiese ponerse, es una
situación donde las cosas parecen no ser importar un comino. Al llegar a la
isla, el personaje le extendió la mano para que subiera y entonces en los ojos
del extraño vio a la parte de su alma que por momentos repercutía en lágrimas
que ahora venían del cielo y de sus ojos, su gran amigo estaba ahí el mismo de
la rueda de la fortuna y le dijo:
-
Hace tiempo te estaba buscando.
-
Se que no deberías estar aquí, amigo Mio, sin embargo, puedo verte y
escuchaste ¿Por qué es así?
-
Porque los amigos se encuentran en un momento o en otro y suele ocurrir
que es cuando los soñamos o recordamos algo que vivieron juntos.
-
¿estoy soñando? Finalmente lo he logrado y veo incluso a los que ya no están
en este mundo.
-
Siempre fuiste bueno en el sarcasmo para ocultar tu sentir, amigo mío.
No estas soñando, mas aun ahora que empiezas a sentir el frío en tu cuerpo y
los ojos cuyos lagrimas caen mas fuerte que las gotas de lluvia que ahora bañan
esta isla y a nosotros dos.
-
Tienes razón, es la realidad, estoy mojado, tengo frío y súbitamente
siento una corriente de miedo en mis venas pero si te extraño amigo mío. Tantos
años y vivencias, tantas anécdotas y ahora estas aquí, en el lugar menos
esperado y con esa ropa que parece hacerte mas delgado. He encontrado de nuevo
mi lugar, aprendiendo de la peor forma.
-
Por eso estoy aquí, amigo mío. Quiero que sepas que estoy bien y también
que no debes sentir esa culpa que a veces te atrapa o ese ávido deseo de poder
que te absorbe y te ha generado llegar hasta aquí, estarás bien. y el día que
quieras regresar serás bienvenido
-
¿Cómo sabes eso? De seguro allá todo el mundo me odia o se pregunta como
me fui y porque me fui.
-
No, amigo mío. Allá todos te extrañamos, así ocurre con la gente que
hemos decidido querer, aceptamos lo que no toleramos, toleramos lo que podemos
lidiar y compartimos aquello que nos gusta. Es lo que somos los seres humanos.
Ven aquí, dame un abrazo.
-
Claro, amigo. Sabes que debo volver debo secarme y no solo la ropa. ¿estarás
bien?
-
Estoy bien. si de vez en cuando me recuerdas, podrías visitarme no me moveré
de mi hogar. Jajay. Fue un mal chiste pero siempre me hace reír. Nos
encontraremos.
-
Nos encontraremos de eso no me cabe duda alguna.
El portero lloraba pero no parecía estar
triste como al llegar, el Dr. le abrazó y el cuentista le miro diciendole que
lo sentia, el hizo una mueca que parecia una sonrisa, una sonrisa es una
sonrisa y le dijo a los pacientes: las velas siempre crean romanticismo y son
sinonimo ayuda en la falta de luz, esta noche me gustaria fuera por un buen
tipo, por que su camino sea en paz y su familia encuentre resignacion.
Brindemos y cerremos los ojos. Uds. también. El Dr. y el portero cerraron sus
ojos y agudizaron de nuevo los oidos:
“El Hombre del Sombrero Grisáceo, con la
ropa mojada regresó al parque de diversiones, sin embargo, ya no había nadie
ahí, se sonrió ante un algodón de azúcar que aun quedaba en el puesto y empezó
a comer de el mientras las gotas de su traje marcaban sus huellas en el suelo, llevándose
consigo la calma y la apacible paz que ahora parecía anidarse en su cuerpo, sentía
la claridad de su mente y mas aun de su corazón, absorto en su sonriente
caminar con la lluvia que se había ido y solo había dejado su vestigio en el
viento, y el ambiente nocturno justo para una huida o un giro a cualquier
historia, se sentía de nuevo joven con su algodón de azúcar y su ropa secándose
con el viento en una ciudad donde el cielo la había bañado. Habría pasado por
cualquier persona en la central de autobuses sino fuera por su sombrero y gafas
oscuras, llegó a taquilla extendiéndole su reloj al cobrador de peaje diciéndole:
“esto cubrirá mi boleto hasta donde quiero ir” El cobrador aprecio la marca y
le dio su boleto: “esto vale el boleto hasta el paraíso” el sonrió: “si, es ahí
donde voy, el hogar”…El Cuentista dejo una nota sobre el ultimo dibujo junto
con un libro mientras abandono la habitación y escapo carrera abajo quitándose
el maquillaje, debía hacer que la rutina regresase o no se, tirarlo todo por la
borda porque sentía que no podía un segundo mas estar alejado de ella, y de su
entorno que ahora habían creado, debía protegerlo a toda costa, mejor aun, debía
vivirlo, palparlo, sentirlo, comerlo y beberlo y si es posible manejaría el
autobús. Dentro del edificio de adobe, El Dr. les pidió a todos que abrieran
los ojos, justo en ese instante empezó a lloviznar, el portero tomo el libro y
al reconocer al autor supo porque lo había dejado el, era un regalo, las
lagrimas se habían secado y una mueca puede ser una sonrisa. El Dr. fue a
cerrar la ventana y diviso al Cuentista corriendo mochila en mano sin impórtale
la lluvia que le bañaba el cuerpo pero no el corazón. Le deseo suerte, El
Cuentista llegó y sentía el cuerpo empapado pero el corazón libre de ataduras.
La noche dibujaba esas extrañas sombras en contraparte con las lámparas que expedían
sus luces alumbrando la ciudad, la ventana permanecía cerrada y el no se
amilano, subiría y esperaría lo que el mundo le diera. Las escaleras parecían
eternas, sin embargo, apresurado llegó a la puerta y escucho de adentro una
tenue voz o mejor dicho una música muy suave, extraño ante tal situación, abrió
la puerta pero esta estaba cerrada, desde adentro alguien pregunto:
-
¿Quién es?
-
Es mi casa, ábreme.
-
Eso no responde a mi pregunto, si eres el dueño, pero ¿Quién eres?
-
Debo aceptar que los nombres no vienen al caso, ni tampoco una
explicación filosófica, pero ¿es necesario para entrar y poder besarte? Dijo el
cuentista
-
Si. Quiero escuchar lo que quieres decir.
-
Ja. Aceptare pero serás quien me lleve al medico si pesco un resfriado. Esta
vez no habrá cuento, debo confesar que estos jueves han sido luz en mis días de
oscuridad, que el solo sentir tu aroma al tocarte, de verte dormir y escucharte
platicar y estar aquí en mi casa revierte todos mis malos pensamientos sobre la
vida y el cariño. Estar contigo es lo que me importa ahora, vivir a tu lado y
sentirte en las noches al dormir y en las mañanas al despertar, eres reina de
mis cuentos y dueña de este sentimiento que ahora me embriaga, si, parece ser
lo que es. y no le pondré nombre porque quizás se esfume, ¿aceptas esta
propuesta que carece de condiciones y tiempos?
Pasaron dos minutos que parecieron eternos
y la puerta comenzó a abrirse, con una lagrima que no provenía de la lluvia ni
de la tristeza el cuentista y la mujer del labio roto destruyeron los muros y
dejaron los ayeres por los hoy. Se complementaron y cometieron pecado tras
pecado. Se dice que la lluvia se hizo más fuerte y después termino por irse a
bañar otras ciudades con su peculiar sonido y su embriagante frío aun en junio.
Que si el cuento tiene final… a veces lo mejor es solo imaginarlo. Solo les
comentare que la ventana permaneció abierta pero las cortinas cerradas, que el
cuadernillo ahí esta y aun tiene la ultima nota que ahí se escribió. Del dibujo
se dicen que aun esta en el cuarto en el viejo edificio de adobe y los
pacientes de vez en cuando lo ven de nuevo, El cuentista no ha regresado, tiene
más de un mes o dos perdido. El Dr. no ha marcado a su casa de seguro algún día
aparecerá por lo pronto el también tiene un cuento que vivir.”