“El Sol y La Luna al igual que el Día y la Noche son opuestos y afines compañeros de esta vida acompañándonos desde el cielo, como las almas que se encuentran cada tanto tiempo en el mundo por el destino, importando solo si se complementan. Mundo de Morfeo”
“Por amaneceres tan lúcidos como
estos que otorga solo la ciudad gótica postrada en las orillas del mar, en la
parte oeste del País, su dulzura amarga es que se hace tan eterno la falta de
hambre, de actitud solo por la ausencia de pasión. Se genera en su persona, en
su ser, profanando su ideología, una lúgubre visión que se ve anecdótica sin su
razón de ser, todo es efímero se dice él, nada es para siempre. Donde se fue la
sonrisa que generaba este placer de ver salir el sol, de divertirse viendo a
los astros relevarse la batuta de acompañar nuestros pasos desde el cielo.
Renaciendo como todos los días, en cualquier lugar, en cualquier departamento u
hotel de paso, aun sabe que nada sabe igual salvo cuando eres un pasajero o
vagabundo, loco y mundano, metodista pero insatisfecho. Abrumado por las
corrientes del viento, por este frío repentino en el último vestigio de la
primavera y un sueño perdido durante la noche, despertó con el aroma de la
ausencia una vez más con el alma desnuda por la falta de esa persona sobre la
cama, melancólico y en estado crítico por su falta de arrojo en situaciones
fuera de control, abandonó todo por un desamor o mejor dicho un amor perdido en
su vida, quizás su único amor o donde sintió por última vez esa unión que solo
las almas destinadas pueden dar, la persona adecuada en el momento oportuno. El
sol postrándose sobre la casona en un acto que solo rige Dios desde su trono y
en cada una de las ciudades del mundo dándonos el banderazo de salida para
intentar de nuevo acercarnos un pasito más, una huella en la arena, una llamada
por la mañana, remover otra piedra en el camino, apenas ha cumplido un año en
el trabajo y cada que vuelve de la mar se queda en otro lugar de la misma
ciudad, este es el segundo mes aquí pero debe marcharse pronto, hace tiempo que
descubrió el no poder estar tanto tiempo en un lugar porque comienza a faltarle
la respiración, ahogarse en su propia saliva sintiendo esa falta de ese algo
tan difícil de explicar que lo ha llevado a convertirse en esto, un fugitivo
por mano propia desde aquel sábado en el que el mundo comenzó a caerse sobre
sus hombros y el suelo a trastabillarse bajo sus pies habiendo perdido el deseo
de interpretar este rol que propiamente se había asignado para participar en el
mundo, pero no cabía mas en ese lugar así que decidió cambiar sus pasos en otra
dirección, huyendo, escapando, mutando, quien sabe que adjetivo sea mejor lo importante
es la decisión tomada. Había que irse por algún tiempo, navegar en los mares de
otros puertos y arribar a otros muelles para ser una versión diferente de sí
mismo, un apodo de su persona y así, se convirtió en navegante. De sus viajes
tuvo que atracar en otros muelles, viajar por el pacífico conociendo paisajes
ajenos a los que ella le había acostumbrado alejándose de su recuerdo, de su
presencia y olvidarse de que pudiera encontrársela en el camino. Iba y venía
por el mar, en harapos en el barco y en vestir en los malecones, era dos
personas, sin embargo, su barba y sus cabellos crecían en demasía ocultando la
mirada de sus ojos tristes y melancólicos, bañados por la ausencia de ella y
sus ojos negros. Sentía su corazón siempre constante perdiendo esa subida de
palpitaciones que su pasión le daba, que las caricias que ella cuando le
rompían los paradigmas en su vida, uno puede muchas veces engañar a la mente
pero rara vez al corazón y él lo estaba logrando pero la guerra esta hecha de
muchas batallas y no había terminado aún, lo sabía porque cada regreso a la
tierra durante esta nueva aventura y en un hostal diferente como en el que
despertó hoy, se acercaba cual gato oscuro, cual monstruo en búsqueda de su
presa se aventuraba a acercarse aunque sea un poco a ella, al punto de las 5 de
la tarde estaría en el mismo lugar esperando verle pasar, desde el 3er piso del
karaoke bar parado sobre la barandilla apreciando su belleza, su silueta lo que
no había podido evitar y debía estar listo, ¿podría hablarle esta vez? Decirle
frente a frente el frenesí de palabras, emociones y tragicomedias que pasan por
su cuerpo y mente al verla, a ver sus ojos que emulaban al mar más cauteloso y
a la vez intempestivo. Es posible que la oportunidad se presentase de nuevo si
las estrellas y la rutina de las personas permanece y entonces habrá de decidir
si romper lo que ocurre siempre todas esas veces sentado en la segunda mesa con
dos copas de vino llenas solo que una se quedaba vacía al irse la tarde que
incluso el mesero sabía cuál. Su boca reseca y el hueco en el estómago lo
retornaron a la realidad y a la hora en la que estaba el día ensombrecido por
ese mareo repentino que da el hambre, agarró el arcaico teléfono y marco a
recepción para escuchar ese sonido desesperante cuando nadie termina por contestar
interrumpiendo la llamada al final, suspiro y descendió en su pijama inventada
hasta las afueras del hostal pasando por las solitarias habitaciones sintiendo
el sol a sus espaldas aun cuando entrase solo por algunas partes del lugar
llegando hasta la calle con la posibilidad de ser confundido con cualquier
limosnero recién levantado, compró un sándwich de pollo, unas papas y subió en
silencio. Abrió la única ventana que tenía y dejo que el viento frío silbase
por la habitación emitiendo su canción sigilosamente en sus oídos cerró sus
ojos abandonase sobre esa mente que divagaba sobre tantas cosas que a menudo se
olvidaba del lugar donde estaba o de la hora que era, confabulándose con esa
botella de vino que le acompañaba durante las mañanas al igual que su desayuno
que hoy compensaba esa cena que olvido realizar, sabia a gloria y a tan común
situación que casi olvido interpretar en su estómago lo que la comida hacia mientras
se llenaba de migajas su ropa. Se rascaba su barba y leía en voz alta poesías
de Sabines, de Neruda, a Benedetti, siempre cargando esos libros en su única
maleta. En el mar, el navegante conseguía escaparse de sí mismo, preocupado por
la tareas diarias del barco y la tripulación, ahí no había horarios, citas que
cumplir, miradas que interpretar, no había para donde huir puesto que solo sería
arrojándose al mar y el apenas sabía nadar, nada comparado con la ciudad a la
cual cuando llegaba, toda clase de sonidos y gente a prisa le ponían
intratable, aunque desde la primera vez que embarcó esa calma habría de traerla
durante esos días a la ciudad y ahora podría ser el día que la enfrentará a
ella, porque toda la ciudad olía a ella su aroma penetraba edificios, calles y
casas, el viento susurraba el tono de su durante las noches o quizás ya estaba
loco y ese corazón infestado de recuerdos y anhelos le traicionaba. Era un
hombre confundido pero seguro de cuál era la razón de dicha confusión. Una
buena ducha con agua helada haciéndolo gritar y respirar profundamente saliendo
titiritando de ahí, y arreglándose adecuadamente para la ocasión con su fiel
saco de tweed y su pulsera del feng shui. Hoy es el día, se dijo mientras
recorría el hostal y la ciudad esperando por la hora. Paso buen tiempo en la
biblioteca improvisada en el parque realizada por gente que vendía libros
usados o intercambiaba unos leídos por otros por leer, trueque como se hacía en
el pasado, con lentes oscuros desafiaba al sol y las estructuras góticas como
la iglesia, los antiguos edificios pilares arquitectónicos y sus calles
empedradas, incluso llego a pasar por su casa que continuaba ahí esperando por
la aventura de su dueño, le sonrió al barandal y a la entrada de su casa llena
de hojas caídas del árbol que servía de celador de la misma, estaba justo por
darse vuelta cuando vio debajo de las hojas casi a la orilla del barandal un
sobre rojo no muy grande, sus iniciales las reconoció de inmediato, la fecha le
causó sorpresa y suspiro haciéndolo ir marcha atrás y comenzar a caminar con
paso rápido por primera vez en dos años sintió el redoble de campanas en su
corazón, una sensación que era un vuelco en su fuerte construido por dentro
para no dejar entrar a nadie que pudiese perturbar su paz, sin embargo, estaba
de nuevo yendo hacia ella cual imán de refrigerador o la lucha mitológica del
bien y el mal una coexistencia, codependencia, se debatía entre el ying y el
yang para darse cuenta que ella para él era su complemento. Y así avanzo por
las calles decidido a encontrársela frente a frente, recorrió casi corriendo el
centro de la ciudad trazando su ruta hasta llegar al malecón. Saluda al mesero
de siempre que le acompaña hasta su mesa en el 3er piso, ahí están los amantes
del karaoke y la buena música, escuchándose bajo la tarde soleada los unos a
los otros desde Roberto Carlos hasta Vicente Fernández, personajes románticos, anti
románticos, amantes, extraños, vengativos. Recién le sirve el mesero un
bocadillo y pone sobre la mesa las dos copas llenándolas de ese vino tan rico
que saborea a más de uno ahí en la terraza, brinda en silencio con el mar
absorto en el paisaje cuando el reflejo de la luz le advierte de aquello que
vino a buscar, y da un repentino brinco tomando con la mano el barandal, es
Ella. Si es ella, se dijo, la reconoció por su mirada perdida y triste,
alargando la mano en un intento por sentir su alma nuevamente, sus manos sobre
su rostro, ve el fuego de sus ojos y su resignación ante tanta distancia entre
ambos, no existe sobre la tierra ser que le llene tanto el corazón como un mar
de esos ojos agraciados por la divinidad de Dios, otorgándole un lugar frágil y
una fuerza vigorosa que lo impulsa a seguir, aun a cuestas de tanta melancolía
y ausentismo de esta vida que hoy lleva. Usa vestido negro mate y zapatos rojos
deslumbrando al caminar por el malecón, caminando entre atónitos por su belleza
e humildad con la que avanza en esos tacones cuya pisada retumba sobre el
pavimento logrando que se escape el aliento de quienes la admiran y de quienes
la odian, siempre cual reloj de arena aparece desde la calle céntrica hacia el
malecón, en solitario, no habla con nadie y siempre la vista puesta sobre el
mar, sobre esas casas que se yerguen montañosas tan altas cual guardianes del
imperio romano. Su musa, su venus de milo, su helena de Troya y ese corazón que
le traiciona o mejor dicho le recuerda de donde proviene todo este revuelco en
su estómago, en su espalda, ese sentimiento indescriptible, no sabe en qué
momento decidió ir a su encuentro pero es demasiado tarde para arrepentirse, esta
justo atrás de ella cuando ha volteado al escuchar los pasos, no sabe bien que
decir, solo se queda ahí a medio metro de ella mientras el oleaje y la tarde
soleada bañan la ciudad gótica, y en ese instante alcanza a enseñar el sobre
rojo:
-
¿la has leído? Dijo ella, ocultando tras ese
tono serio su sorpresa
-
Hola. La he leído, aunque no la he contestado.
-
Fue hace mucho tiempo, como te darás cuenta la
vida ha cambiado, yo he cambiado.
-
Ambos hemos cambiado, es la vida que elegimos y
nuestras decisiones las que nos llevan por caminos que desconocemos. No estoy
aquí para volver al pasado.
-
¿Qué haces aquí, entonces? Todo lo que vivimos
ambos es parte de nuestro pasado, y el tiempo empieza a dejar solo recuerdos de
algo que fue y que ya no es.
-
Es lo que pensé cada
que escapaba de aquí, cada vez que volvía y me sentaba en esa mesa esperando
verte para decirle a mi alma que todo se lo había llevado el viento de la
ausencia.
-
Cállate ya, calla,
todo este tiempo pensé que había hecho mal, que había hecho bien, repasando
dentro de cada evento los detalles de lo que fue y de lo que sería, porque él
hubiera no me gusta usarlo, tu bien lo sabes. ¿Por qué has vuelto? ¿Qué harás
con la carta?
-
Lo que entonces debí
hacer y lo que haré hoy, aquí frente a ti. Puedo decirte que te amo, que tu
aliento en mi rostro cada que hicimos el amor es algo que enaltece lo que en la
vida queremos e importa. La vida es un viaje, no un destino. Al corazón no se
le puede mentir y he intentado traicionarlo, engañarlo y comerme cual caníbal
tu recuerdo para deshacerlo en el mar y sus noches fuera de aquí pero me ha
sido imposible, no se trata de las palabras sino de los sentimientos, no se
trata de las historias y sus detalles se trata de ti y esto que siento por ti,
no tengo un plan, es una vida que va de mi mano a la tuya. Tu silueta y esos
ojos tuyos que me rompen el alma me han devuelto esta comunión entre el amor y
sus aditamentos, presagio de sus sufrimientos y sus emociones para valorarlo,
quitarle ese estigma de inalcanzable y estado de éxtasis. Eres mi musa, la que
desnuda mi alma con su sola mirada.
Ella le beso sin decirle nada y la carta se cayó al
suelo, diciéndole que no la juntara ni tampoco intentará contestarla lo dicho
estaba dicho y la vida de los recuerdos traída al presente es cumulo de que lo
importa siempre se presenta de nuevo, caminaron por horas mientras el navegante
admiraba su silueta como la Luna amarillezca cuando la noche les tomó llegando
a su casa con el verde guardián y sus hojas sueltas cual soldados en el suelo, la
Noche se sostenía entre el frío y su calor autentico, todo parecía estar en el
lugar necesario, sin medias tintas ambos con el alma puesta en el otro para
sentirse vivos y unidos. Se dice que la puerta se quedó abierta, y la carta en
un sobre rojo en el malecón fue pisoteada decenas de veces hasta que el viento
se la llevó al igual que el mesero sonrió desde el 3er piso cuando levantó las
copas ambas llenas deseándole suerte al navegante que solo regresó al mar para
despedirse y regresar donde siempre había pertenecido, una vez cada tanto
tiempo, el navegante y la musa de sus días y noches suben al 3er piso del
karaoke bar, comparten una botella de vino despidiendo al sol cada tarde y
dándole bienvenida a la Luna que al igual que el Día y la Noche son opuestos y
afines compañeros de esta vida acompañándonos desde el cielo, como las almas
que se encuentran cada tanto tiempo en el mundo por el destino o el viaje,
importando solo si se complementan . Mundo de Morfeo”