“Para que describir el paisaje si
esos dos que caminaban sobre las calles oscuras y solitarias habrían de
encontrarse una vez más entre los añosos edificios…aún sin buscarse, aun sin
pensarse o soñarse…para que hablarles de lo eterno del mundo, de lo efímero del
amor, de la catedral gótica adornando el centro o del café que se llevaba todos
los elogios de quienes lo visitaban…mejor hablarte de los dos que hacen que la
historia escrita y los lugares descritos tengan sentido, porque ocurre que
siempre la extensión de nuestros actos y los días que pasamos terminan unidos
con los lugares y es por ello que los hacemos parte de nosotros aunque sean de
todos. Decirles que el frío va y viene como lo hacen las personas, o contarles
de aquel lugar donde el eco te devuelve las palabras y aquel extraño
establecimiento donde puedes comprar sonrisas y besos. Nada se entendería y
todo se convertiría en una revista de viajes que lees en el avión para no
pensar en el miedo o en el placer del volar, no. Ellos se encontrarían así
temblará, cayera un aluvión, o se presentase el artista más famoso dividiendo
la ciudad en dos…su historia era ya un fracaso, destinada a romperse una y otra
vez, pero esos dos eran demasiados necios para rendirse…escribirían de nuevo el
principio a partir de la hoja rota y la hoja manchada de tinta roja como el
infierno. Y así fue, con el amanecer a punto de aparecer sobre el bar sin
nombre que yendo entre la gente se encontraron frente a frente…sus miradas se
cruzaron y los corazones palpitaron…un choque que irrumpió la vida y los actos
que de ella ocurren día a día…ella venía con alguien, el venía con
alguien...citas que no habrían de llevar a ningún lado salvo al cesto de las
citas rotas…se saludaron mediante un hola y un insonoro: ¿Cómo estás? Los dos
mintieron…para no verse inmiscuidos en lo que ya se habían inmiscuido…uno en el
corazón del otro…atormentados por el pasado, flechados por el presente. No
supieron responder con las palabras pero si con las miradas y más con ese roce
que tuvieron entre las manos ante el hola que quedó en el aire mientras los dos
volvían a sus vidas…la noche fue avanzando llevándose hora tras hora arrastrándolas
bajo el cobijo del firmamento…separados por el bar y las personas, por las
conversaciones que de pronto se convirtieron en indiferentes y unidos por las
canciones que ambos tarareaban…fugaces como estrellas se perdieron sin poderse
decir adiós y la noche se les fue en otros labios hablándole a otros
corazones…no siempre se puede ganar, no siempre se puede abrazar a quien más
nos importa…pero he aquí dos que separados se atraen aún más, como los polos
opuestos. Él durmió terrible aquella noche a pesar de pasar la noche en brazos
de la mujer que le acompañó, batalló para conciliar el sueño. Sus pensamientos
se perdían imaginando el camino hasta la casa para encontrársela, introducirse
en la casa como un ladrón de pasiones y robarle todos los besos de su ser,
complementarse con ella y abrazarle sin decir palabra alguna saboreando los
ritos de amantes perfectos. ¿Cómo sería si pudiera verle de nuevo? ¿Cómo el
ayer, como algo nuevo, como algo indiferente? Entre el hacer y el no hacer, se
dice que siempre es mejor el hacer…arriesgarse…se decía a si mismo mientras
escuchaba la respiración de quien le acompañaba. Sentía la traición cuando
decidió que no le buscaría más, pero aquí no buscaría, ella le había
encontrado, el destino había decidido por los dos…nadie se había buscado, pero
sus mundos habían chocado…y a veces es mejor no tener la culpa, buscó en su
memoria mientras se lavaba la cara…el espejo del lavabo imitaba sus
movimientos…buscó y supo que número debía marcar… ¿sería el mismo? Solo existía
una forma de saberlo…llamó desde el balcón, y entonces empezó todo. Ella no
tuvo tiempo para pensar, solo sentía…era una amante de lo positivo, de saber
que la oportunidad aparecerá y cuando lo hace regularmente debe aprovecharse…no
le dio vueltas al asunto, sentía en su ser esa furia contenida y esa pasión
desaparecida volverse a encender como el fuego que Prometeo le robó a los
Dioses, incendiando su corazón. Ella durmió sin problema, sedujo los ritos del
sueño y se involucró en cada sueño que tuvo durante la noche, al despertar se quedó
mucho tiempo recostada viendo televisión, escuchando su música mental con los
ojos cerrados navegando en la barca de los días vividos y los sentimientos
arraigados…tomó su largo baño para los días inhábiles, sobre aquella tina donde
tantas veces se encontró con quien le vio ayer… ¿Cómo terminaría su cita, se
preguntó? ¿Esperar la espera? ¿Dejarlo a la suerte? Hoy era uno de esos días
para pecar…para romper paradigmas y no hablar de supuestos, por eso no
respondió la otra llamada, ni la siguiente, pero si la última y es que si el
corazón se acelera, si el pulso cambia y tus ojos recuerdan inmediatamente el
número, sabes que hacer. Su historia era justa como la de la Noche y la Luna,
no podrían existir una sin la otra, siempre acaban encontrándose. Ambos rieron
por el teléfono, el ¿cómo estás? Pasó al
¿qué has hecho? y terminó en el ¿Cuándo te veo? Sin hablar mucho, y menos
jugando al cómo y porque todo se resume al deseo indescriptible de ambos por
tocarse…Ella llegó antes y se sentó al borde de la terraza para desde ahí verlo
entrar…el bar situado encima del edificio antiguo exclusivo solo para miembros
o acompañado de uno de ellos, su vestido blanco como la nieve adornado con esos
accesorios negros hicieron voltear a más de uno…más cuando su cabello negro y
esos ojos que hacían que cualquiera se perdiese en ellos…le sirvieron una copa
y el mesero le ofreció el menú, pero ella dijo que esperaría un poco. Al fin y
al cabo, aún era temprano más para quien adora la noche…y a ellos les
fascinaba, de hecho el lugar no estaba muy lleno. Él estaba en la barra, oculto
a la orilla donde se pone el jazzista y su banda, abstraído y perdido llegó
mucho antes que ella solo para verle entrar, seducirse por esas piernas que
atravesaban a su paso el lugar…cuanto la deseaba, cuanto le quería subir ese
vestido, pasárselo por su cabeza y arrojarlo al suelo mientras le besaba el
cuerpo…sonrió a las espaldas de ella y le vio sentarse, asomarse al borde y
degustar con esos labios rojizos la copa. Espero, y espero, hasta que se acercó
a ella rodeando la espalda con sus brazos para decirle…cuan bella te ves
adornando cual estrella la noche…Eran amigos de la noche, de la pasión y los
besos que aparecían siempre, aun cuando se juraban independientes y solitarios.
Brindaron por ellos y por la noche, por los días que se les fueron y los que
vendrían…las miradas se encontraron y ambos no sabían por dónde empezar…cual
magos o rivales esperando el primer movimiento…él habló primero… ¿Qué decir?
Hablar de donde estuviste, con quien estuviste y porque, no dejará nada…así que
optó por contarle historias, cuentos de días sin ella y días con ella, de la
analogía de desastres naturales y como estos fueron alejándolos pero siempre
encontrando manera de verse…le decía, un día pensé haberte visto de paseo en el
parque, pero no sé si eras tú, decidí que no podría acercarme…llevabas la mano
tomada de otra mano…cenaron, platicaron…ella contó sus sueños cuyos objetivos
habían cambiado desde la última vez, como sus noches mutaron en algo diferente
y los amaneceres los vio desde diferentes puntos cardinales…encontró a su
historia saliéndose de los renglones donde había sido escrita, derrochando
tinta de múltiples colores…también eres diferente le dijo a él, tus manos, tu mirada
y tu forma de hablar. Se mintieron y se dijeron verdades, la mentira era que
ambos no se deseaban con la misma intensidad, la verdad era que ese par si
había cambiado y por qué no, si todos sabemos que jamás seremos los mismos con
el pasar de los años…nos hacemos más ruines, menos ilusos, más perversos o
mejor informados. Él era de los soñadores enviciados por recorrer palacios de
la memoria, ella era un sueño que aparece una vez en la vida. Solo la efímera
mirada del amor, y la eterna sensación de la pasión bastó para que él antes de
proponerle huir por entre las calles de la ciudad y el infierno, le invitará a
bailar…ella dudo porque no era él de los que bailan pero aun así aceptó…aquella
canción les gustaba…respiró en su cuello, él le abrazó fuerte como si soltarla
le rompiera el corazón…le cuidaba y tomaba su mano con delicadeza mientras le
llevaba por la pista que recién habían inventado…las miradas de los asistentes
los juzgaban, pero cuando quieres a alguien eso ya importa poco…cuantas letras
derramadas sobre los capítulos de sus vidas se llevaron en las espaldas
mientras se perdían en aquella habitación sin luz…la noche era la que mejor se
adecuaba a sus temblores en la cama donde se comían el uno al otro como lobos,
como aves de rapiña y como enamorados de antología. Fueron una fuerza que se
unía por lo más delgado, el amor y la pasión…un par de extraños amantes
dispuestos a todo completando el libro de las fantasías absurdas y los besos más
cálidos, cuanto por decir, cuanto no querer decir…al fin y al cabo, nunca se
han quedado para siempre, hicieron el amor hasta quedar rendidos, el amanecer
los encontró desnudos bajo una fría mañana bañando esos cuerpos sudorosos…fueron
Reyes, Dioses y Humanos…Fueron ellos, sus sombras y sus alter egos, fueron todo:
amigos, amantes y enemigos…despertaron, desayunaron en la cama y hablaron por
horas…pero había que partir, los teléfonos habían empezado a sonar una y otra
vez…Ella pidió un abrazo, antes de irse, Él se lo dio tan fuerte como esos
abrazos que se dan los que se despiden cuando no quieren irse jamás…Ella se fue
primero, Él se fue después…había que volver al mundo…se despidieron y cada
quien volvió a su historia, a utilizar la tinta sin la hoja y la hoja sin la
tinta…sin embargo, un recado apareció en su puerta días después “ambos
perderemos aquí, porque jamás el amor ha sido para siempre…pero este amor aun
finito es solo nuestro” Ella sonrió y empezó a correr escaleras abajo…para que
hablarles de lo que pasó, pasará o no pasará…vaya, esta no es nuestra historia,
no nos pertenece, es del Mundo de Morfeo”.