“La luna blanca se asoma con su
sonrisa pretenciosa, Los sueños son parte de nuestro dormitar, paisajes de
nuestro subconsciente que solo entiende de recuerdos, de mezcla de lo que no
paso, de lo que paso, alterando el orden de las ideas y revolcando nuestra
creencia en lo que hacemos en el diario de nuestro existir. Se considera una
amante de los sueños, ahí, ataviada en su pijama morada se escucha su
respiración en la solitaria habitación acompañada por el sonido del aire
acondicionado que logran una parsimonia que se antoja acurrucársele por un lado
para entender como en un mundo en el que reina el fuego se puede alcanzar el
sueño de manera tan tranquila. Pero aceptémoslo, los factores que rodean al
sueño son bastantes: cansancio, depresión, oscuridad, gusto, fatiga crónica,
unos brazos que enamoren, enfermedades, etc. No entendemos su postura, pero si
somos estudiosos del dormir y sus formas de acostarse en su cama, notaremos que
su posición cual feto en el vientre es definida como aquella que protege el
corazón evitando enamorarse o perder el control cayéndose presa de sentimientos
que hoy no deberían existir. Y hoy en medio de la noche el resplandecer en su
ventana le borra en un instante aquello que soñaba, otra vez presa de una
alucinación se dice a sí misma e intenta volver a su cama cerrando sus ojos y
así, recuperar ese sueño que le hacía sonreír, sin embargo, se estrella contra
la pared en blanco una y otra vez su mente ha divagado por las calles y
pasillos de una memoria que guarda todo y nada, percatándose de que ella se
apodera el insomnio termina por recargarse en la cabecera de su cama y comienza
con ejercicios de relajación para conciliar el sueño sin encontrar cura a su
mal. Con sus pantuflas desciende por las escaleras hacia la cocina y en eso, la
luz se les escapa con el siguiente resplandecer del cielo, con la grosería
saliendo de sus labios tantea las paredes buscando guiarse y encontrar esa vela
regalada por su madre esperando que aun funcione y que esos cerillos olvidados hayan
vencido la humedad. La vela apenas ilumina dos pasos adelante pero servirá,
obligada por las circunstancias abre la ventana y aprecia el cielo, desde
arriba se ciernen nubes grises y relámpagos estruendosos que rompen con la
monotonía de todos, ¿expectativas de lluvia? Ninguna, apenas en la tarde era
totalmente soleado pero la noche siempre nos tiene sorpresas, y al parecer hoy
se nos vendría una más. Con su pijama y sus pantuflas bien calzadas alimentaba
su mente lo que de niña realizaba al fragor de una lluvia como esta que se
asomaba desafiante cual si querubines del cielo estuviesen siendo regañados por
Dios, ahora que había crecido y se dedicaba a tantas actividades quizás había
olvidado lo más sencillo, experimentar, alimentar el alma no de sueños sino de
actividades que los sueños envidiarían y así, en medio de ese presagio de
lluvia se sonrío consigo misma, justo cuando la lluvia comenzó a caer sin
piedad en la tierra, bañando las casas, caminando por las calles y llevándose
hasta la luz, pensó en que se echarían a perder cosas en el refrigerador, a
remover las conexiones de los aparatos electrónicos, en eso divisó en la acera
de enfrente un caminante andando a su antojo con vestimenta desgarbada y sus
cabellos cruzándose por su rostro humedecido de tanta agua, ¿Quién era? Arriesgado
a divertirse bajo el agua, se deslizo sobre la calle sobre un cartoncillo, un
surfista aficionado, cubriéndose con la mano el rostro y viendo a lo lejos como
ella le perseguía con su mirada, le invitó a salir, ella aun dudando apunto a
su pecho preguntando si era a ella a quien se dirigía y el asintió, dudo un
instante, dos, tres, y se decidió cuando él le describió el sentir de la
lluvia. La vela se apagó y en el umbral de su hogar con tanta lluvia que apenas
se percibía le extendió su mano y ella la tomó con un profundo suspiro
sintiendo el agua fría calarle los huesos, alimentarle el cuerpo, sentirse por
un momento viva en una actitud infantil que solo recuerda que no se debe perder
la emoción de hacer cosas por deseo y no por decreto. Juntos recorriendo el
vecindario, desafiaron a la lluvia haciéndose parte de ella, se deslizaban por
las aguas que recorrían calles, parques y edificios, el centro de la ciudad
estaba totalmente inundado y decenas de autos con sus motores detenidos…parecía
el caos, sin embargo, las madrugadas siempre son más solitarias que las mañanas
porque aun a miles de años de la llegada del hombre, sombría es la noche y se
debe respetar a la oscuridad, de ello ellos no temen. Gozan, se ríen, revitalizan
su cuerpo bañado por esta agua que el Cielo ha enviado rompiendo con todo a su
alrededor…el parque se yergue con sus grandes áreas verdes, sus juegos
mecánicos, su fuente de soda ahora abandonada, el pasto húmedo permite que se
deslicen en una carrera hacia abajo. Aquí no se hablan, parecen más dos mimos
entendiéndose solo con señas y la mirada en sus ojos, con la sonrisa y la
naturaleza de fondo, la vida sucede en los detalles, no en lo material. La vida
ocurre con el alimento del alma, no con el dinero ahorrado. La vida es en el hoy, no mañana o pasado. Con
los pies sintiendo el camino del rio hecho por la lluvia sin atisbo de luna,
sin hora alguna, los dos se ensucian los pies y se sientan en los columpios del
parque, desaparecidos en un mundo donde cualquiera te encuentra, ahí se mecían
mientras sus pies chocaban en el charco dejando que todo se fuera por la borda,
se carcajeaban de su actitud, de la vida, del agua, de los relámpagos
iluminando el cielo. Ahí absortos al final se contaron su historia, sin
nombres, sin lugares de origen, sin llamadas a la razón, percibiendo que
importa más el que se siente que por qué se siente, que importa más la
conversación espontanea que lo programado. Podría ser que Ahí en ese parque
donde habían terminado después de recorrer la ciudad cual niños perdidos y
desobligados, totalmente mojados y a punto del resfriado, se contaron anécdotas
de lluvia. Recuerdos que hacían palpitar el corazón, enseñanzas que lagrimas
similares a este diluvio nos habían dejado y solo habrían de irse con el paso
adelante, con cicatrices pero no con sangre guardada. La vida bajo la lluvia es
más nostálgica, trágica, y absorbe nuestras energías al menos en esta tierra húmeda
y calurosa, sin embargo, fuera de todos los paraguas, los impermeables, los
ocultos en los restaurantes o bajo los cafés, siempre existen personas que
sonríen por ahí, deambulando alimentándose del agua, de convertirse en niños en
un mundo de adultos, bajo esos columpios y con la vida en sus manos o en las
del mundo, ha empezado a salir el sol acompañado de ese arcoíris que la
naturaleza nos manda para decirnos que nuestros problemas y dudas se
empequeñecen cuando se le escucha al corazón, caminaron con ese paisaje tras de
ellos hasta la cafetería y ahí con el amanecer de fondo, pintaron sus almas
confusas y melancólicas en un paisaje que se asemeja pletórico y nada común,
dibujando cual novatos admiradores de Picasso”
jueves, 16 de agosto de 2012
jueves, 2 de agosto de 2012
Mundo de Morfeo (10ma. Parte LadoB)
“Todos soñamos. Nos alimentamos de ese mundo donde
nuestro cuerpo no tiene reglas algunas ni sujeto a leyes de la naturaleza, ahí
nuestros demonios nos alientan a destruirnos desde adentro pero también
nuestros arcángeles nos acompañan para rescatarnos día a día. Mundo de Morfeo”
“Desperté sobre largas y
retorcidas espinas en medio de un jardín que se extendía por toda la calle;
pantanoso, oscuro, melancólico. Atiborrado de ramas marchitas y de ojos ocultos
que se reían trágicamente de mí y mi figura descalza que avanzaba llenándome
las plantas paso a paso de sangre y heridas. Con los ojos fijos en mi silueta,
esos ojos se jactaban de su cordura en un tiempo donde los locos y los tontos
parecen vivir más. No sabía como hacer un contra peso o enfrentarme a ellos,
decidí que si seguía avanzando entre las espinas y las ramas marchitas
conseguiría que los ojos dejasen de perseguirme y la risa de sus bocas fueran
calladas por mis huellas en la tierra en la búsqueda de mi razón y la fuerza de
su porque. No sería destruido por mis propios demonios adheridos a mi persona
como sanguijuelas robándome la vida, la sangre, marcando mi cuerpo y mi alma de
amarguras y desilusiones hechas en el fragor de una tragicomedia por la que he
vivido tantos años. El jardín parecía crecer a cada paso que daba, se erguía
cual mancha voraz y emergía por todos los lugares que se veían a su alrededor,
una digna creación de esos cuentos mitológicos de la época griega. Titanes con
grandes armaduras manchadas de sangre y con las espinas como parte de sus brazos,
hacían un fuerte por el cual difícilmente se podría pasar, sus sonoras
carcajadas y su furia desatada atemorizaban a cualquiera más a la razón y al
corazón. ¿Cómo destruirlos? ¿Cómo pasar a través de ellos y llegar a la tierra
prometida? Empecé a correr desesperado en mi pijama negra como la noche
intentando que dicho color me diera un camuflaje en el pantanoso y oscuro
jardín valiéndome cual soldado de una táctica de guerra en una idea estúpida de
pasar por encima del territorio del enemigo. Era una locura enfrentarme a esta
tarea de escapar de aquí, de ver un ápice de luz en mi mente y en la lejanía de
mi vista, de encontrar el sol en una oscuridad sepulcral. No todo puede ser
justo ni siempre se logra encontrarnos los factores a nuestro favor. Es un camino
sinuoso este de la vida, del amar, del sentir y de idealizar. Una cuestión de
dejar libre aunque el corazón ha decidido amar, el corazón se hace frágil e
inestable cuando involucras los sentimientos, sin embargo, está hecho para eso
lo mismo vibra de alegría que retiene y llora la tristeza, una paradoja en la
poesía de la que todos anhelamos vivir y palidecer. Enarbolaba oraciones e
imaginaba como continuar avanzando, opte por ampliar mis sentidos y confiar en
mis huellas, que importaba si adolecía de algún mal o si pisaba alguna espina
hiriendo mi cuerpo, malditos demonios sonrientes y malolientes, pesadilla o
sueño mal encauzado. Los males de mi propio mundo me atacaban esperando verme
caer, pero continuaba ahí un paso a la vez, una voluntad de escapar y de
retomar el paso hacia fuera y lejos de esta fortaleza. Con los ojos bien
cerrados para ver mejor, luchaba contra los titanes que asestaban sus golpes
furiosos sobre mi persona, orillándome a la rendición y a la conversión cual
vampiro en la Europa del siglo XVIII, súbitamente en medio de todo este
panorama desolador y oscuro recordé: en el mundo de los soñadores o mejor
dicho, en el Mundo de Morfeo siempre es posible volar y encontrar luz donde
menos lo esperas aun siendo este resguardado por murallas cubiertas por
pantanosas y espinosas plantas. Una risa estruendosa se escuchó a mi espalda y
un hombre flaco y de largos brazos me rodeaba en su mirada despectiva y con un
aire de superioridad, estudiándome de arriba abajo, sonreía cual gato de caricatura
intimidando a su ratón. Y entonces dijo mientras escupía sangre:
-
Ni tus ojos bien abiertos, ni tus planes te
servirán. ¿Por qué corres?
-
No me
malinterpretes, pero este lugar parece un jardín del infierno.
-
Lo es, pero no lo
hice yo ni nadie más que tú, estamos en tu propio mundo. Me río de ti y tu
falta de sapiencia. Eres un iluso si crees que algo o alguien puso este jardín
aquí.
-
Si este fuera un lugar
creado por mi imaginación. ¿Por qué me haría daño? lo destruiría en un instante
y continuaría mi camino.
-
¿quiero ver como lo
haces? Quiero saber
-
No sé cómo hacerlo,
¿lo hago con la mente? Arranco con mis manos el jardín o donde encuentro el
interruptor mental para destruirlo todo.
-
¿Quién eres?
-
Pensé que no
preguntarías pero al igual que todo aquí, soy un nacido de tu mente, me
alimentaste y hoy estoy frente a ti, me río porque sabes quién soy, pero quizás
mi existencia te parezca inverosímil, puedes salir de aquí pero no tengo la
respuesta del cómo, solo me presento como uno de tus demonios personales. Soy
el jardinero de este infierno. Bienvenido. Me alimento de tu tragedia en este
Mundo de Morfeo donde los sueños y las pesadillas van de la mano. Explícame que
hago aquí y sabrás como salir.
-
Entonces comprendí, ese miedo disfrazado de
ansiedad, tan apegado a mí y a mis huellas en el transitar de la vida, esa
ansiedad que revuelve mi estómago, adolece mi mente y engarrota las piernas,
esa vertiente que se arraiga cual ramas en un jardín espinoso que hoy me hace
sangrar las plantas de los pies revirtiendo todo aquello ganado y repeliendo
cualquier invocación a la vida misma con sus cambios, presionado en pecho
terminé por entender que la vida es un camino hecho con sueños, voluntad y
apasionados relatos de nuestro sentir, y será eco en aquellos que nos acompañan
y aun a pesar de esta ansiedad continuare el paso combatiendo al demonio que
escupe sangre y se jacta de ser fuerte. Un paso a la vez. Sonriente me escuchó
mientras nuestros rostros se transformaban, el juego había cambiado, el Jardín
fue cediendo y las espinas a doblarse al igual que las ramas a perderse titanes
fueron esfumándose como la tierra de sus raíces y crucé la puerta. No debemos
temer salvo que ese temor sea una fuerza voluntariosa que nos deje perseverar y
continuar aquello que hemos decidido emprender.
Al cruzar la puerta, una tormenta lluviosa me
recibió cual golpe a la mandíbula por un boxeador furioso, llovía que parecía
el cielo un oscuro pasillo hacia la muerte que hacia la vida eterna, no era esa
vista emocionalmente viva que crea lágrimas, poesía y absoluta certeza de un
mundo mejor. Este cielo era insensible, inestable, una representación del Caos,
la cara más perversa de la naturaleza que furiosa lloraba insaciable con un
viento que gritaba su irrepetible melodía y mi alma en medio de todo, buscando
donde ocultarme, como refugiarme de esta lluvia de niveles irreconocibles,
pensé que todo terminaría cuando cruzará la puerta pero solo caí en otro lugar
de diferentes latitudes pero igualdad de condiciones, un infierno más
representado como esa Divida Comedia de Dante, mi oscuro ropaje no me
protegería de la naturaleza que ni siquiera me permitía ver más allá aunque mi
intuición decía que estaba cerca de una villa donde sembradíos y un granero
podían darme refugio, corrí como pude, sintiendo la fuerza de la lluvia,
desafiando ese cielo gris y nada sonriente en un rincón de mi memoria que
parecía más bien el libro de las pesadillas. Conseguí avanzar sintiendo mis
ropas mojadas pesando sobre mi cuerpo sintiendo apretadas y cansadas las
extremidades de mi cuerpo y alcance a sentir la textura de la madera al llegar
a la villa su aroma inigualable toque tan fuerte como pude y empecé a
desfallecer ante tanta agua bajo mis pies que se había convertido en lodo, caí
súbitamente y perdí el conocimiento. Al despertar, estaba recostado sobre una
cobija con pajas alrededor por todo el granero, frente a mí, sobre una mesa
redonda de pino, con sus años de uso, estaba sentado displicente un hombre que
parecía más bien un estoico querubín engrandecido en un mundo que quizás no era
el suyo. De su espalda una túnica blanca similar a una capa caía cual Semidiós
del Olimpo, cual soldado romano en tiempos de Jesús. Me dijo:
-
¿Ya te sientes mejor? Dijo, sonriendo de oreja a
oreja
-
Supongo que también
eres una criatura de mi mente. Dije, mientras recuperaba el aliento.
-
Jajá. ¿así se nos
llama ahora? Hemos tenido muchos nombres a lo largo de la vida, pero si
supongamos que soy una criatura de tu mente. ¿te sientes mejor?
-
Sí, claro. Salí de
un jardín espinoso y con tintes de pantano para llegar a un cielo hecho trizas
mientras llovía a cantaros sin olvidar que me desfallecí justo aquí. ¿Cómo
debería llamarte?
-
¿importa? De seguro
tienes muchas personas a las cuales llamas por su nombre y no sabes nada de sus
vidas, lo importante aquí es como saldrás de aquí con tanta lluvia, creo que
deberías esperar, aunque la duda es: ¿A dónde irás? Y con eso se levantó
acomodándose la capa.
-
Serás muy parecido a
un arcángel, una creación de mi imaginación, un personaje en mi sueño o
pesadilla, la virtud de ser quien me habla al igual que lo hizo quien se dijo
mi demonio, incitando a que resuelva acertijos, pero ¿Cómo hacer dejar de
llover? Lo mejor sería esperar o refugiarme bajo tu capa que bien podrías
prestarme.
-
Todo es posible en
un sueño o una pesadilla, se puede incluso volar, destruir el mundo, caer hacia
un abismo inconcluso, degustar el placer y el cariño. Pero debes ser decidido o
mejor dicho, no esperar quizás. ¿no crees que te estas deteniendo?
-
Pareces de los
buenos no como el otro, ¿me acompañaras o te quedarás ahí viendo como lucho
contra la lluvia?
-
¿Estás listo? Me
dijo mientras se ajustaba las botas. No existe vuelta atrás, la vida está
cambiando y esta lluvia tú bien sabes de donde proviene, es tu mente y solo tú
sabes cómo atacarla o defenderla.
Abrió la puerta y nos vimos a los ojos, allá afuera
el cielo bañado de la combinación exacta de negro y blanco, Tláloc lloraba cual
padre abnegado pero entendí lo que me faltaba y lucho por ello. Pensé en cuán
rápido la vida cambia, los que viven o sueñan en la levedad del ser entienden
que la vida es ligera, sin ataduras y su significado efímero y están por el
otro lado los ilustrados o no sé si los enterados, amantes profundos que aman
trágicamente queriendo permanecer, ser parte de las reglas que se rigen allá
afuera. Me visualizo en medio de ambos en una tragicomedia en que mi levedad y
el peso de los años me llevan a querer y a desquerer si es que dicho término
existe, a no entender aquello que no va con mi idea de la vida y a comprender
que nadie es igual y las relaciones humanas se hacen difíciles cuando estas no
son clara, en la amistad como en la familia, como en el amor. El misterio ha
dejado de ser esa luz interesante y el término ceder ha cobrado una inusual
importancia al momento de no buscar diferencia sino diplomacia, sobra decir que
un buen beso y un te quiero lo arreglan al chocar las ideas en el ámbito de las
relaciones humanas cuando los gritos y las ofensas se convierten en heridas
punzantes hechas por flechas que solo traen palabras pero su veneno viene desde
el mismo corazón y eso las hace tan poderosas. Cuanto ha cambiado esta vida
¿Dónde quedo la sonrisa en un rojizo atardecer? ¿Dónde está el arcoíris cuando
la lluvia se va? Todo se supo justo cuando salimos a luchar bajo la lluvia, a
reírnos y jactarnos de ser libres, a decidir y no esperar, a vivir fraguando
ante la caída infinita de gotas. Cuando desafié mi entender y mi comprensión de
lo que me parece correcto solo a mí por ser quien soy. Comprender que no tengo
todas las respuestas, pero defender mis creencias y estar bien conmigo mismo
debe ser suficiente. Del cielo, ante la sonrisa desquiciada y mis ropas mojadas
sin importarme el que o el porqué, dejó de llover, entre la lluvia y el camino
que había tejido con las huellas y el ir y venir de la espada se hizo más
grande abierto y pletórico ante ese rojizo atardecer que empezó a pintarse por
el mismo Tláloc, el llamado arcángel por mí, ya no estaba ahí, quizás se había
esfumado con la lluvia, tal vez se encargó de los pinceles allá arriba. Pero ya
no temía decir lo pensado ni sentir lo sentido, continuaría admirando este
rojizo atardecer tomando el camino recién creado…me había vuelto loco o jamás
había estado tan cuerdo.
Mis pasos en la tierra mojada secándose segundo a
segundo mientras el rojizo atardecer sonreía frente a mi dejando que caminase
sin obstáculos quien sabe a dónde y con qué razones, mi sentir era que por algo
se había hecho y no perdía nada con recorrerlo más aún que ya no estaba
luchando sino más bien conociendo o reconociendo mi persona en ese sentido en
el que la mente y el corazón han hecho una tregua ante la persona y su vida. Si
esta era una tregua o un trato entendí porque paredes empezaron a nacer desde
el suelo, cual murales adornando el palacio de la memoria, una intención de
representar momentos o analogías de la historia propia. El mural crecía de
manera rápida y sus dibujos tomaban forma a cada paso que me llevaba quien sabe
dónde, me figure en un museo o en una exposición de pinturas donde los eruditos
del arte se apasionaban descifrando el sentir del artista y su estilo, pero ni
soy un erudito y el arte no es algo que me interese, sin embargo, reconocí en
las paredes abstractos de mi alma y sus partes difuminadas en matices que
deslumbrarían a los ojos de los niños. Rostros, lugares, fechas, frases aunados
al correr de las risas y las lágrimas…o era un melancólico sueño o la pesadilla
convertida en una realidad clara como el cristal. Avasallado por los murales
que cambiaban de forma cuyos colores se transformaban y regresaban a su lugar
que cual plastilina utilizada en la infancia tomaba forma de todo y se quedaba
en nada, quería tomar un pincel y escribir ahí lo que sentía en el corazón,
enfocar mis impresiones en esas paredes convertidas en murales y aparecidas en
un instante, al fondo se avecinaba una salida pero cuanto más rápido avanzaba, cuán
rápido se alejaba, siendo una típica historia de terror absurda, en ello de una
de las paredes un andamio volando cruzo entre ambas paredes por el cual me
arroje al suelo para que este no me pegase, ataviado con un overol y un
sombrero de paja acompañado de unos lentes grandes y rojizos con pincel en los
labios cual fumador de moda, me grito jovialmente:
-
¿Qué tal los murales? Recién pintados aunque no
soy un experto.
-
Asumiendo que tendría que presentarme ante él y
de la mejor forma posible. Le dije nada mal, viejo amigo. ¿Dónde aprendiste?
-
Es un sueño, en los sueños todo podemos hacer,
lo aprendemos de una foto, de un amigo nuestro, de nuestros familiares, de lo
que nos hizo sentir, hoy empecé y sé que te han gustado por tus ojos al
recorrer este camino. ¿te reconoces?
-
¿reconocerme? no estoy en ninguna imagen,
reconozco a quien sonríe ahí, al lugar donde jugamos cuando niños, esa frase
anotada en un viejo libro, al igual que esas risas que provienen de aquella
casa en las calles cerca de donde viví. Bien parece una semblanza pero soy malo
con el arte. ¿es arte? ¿quién eres? Perdón, ¿Por qué me dibujas?
-
Siempre que se pregunta, la respuesta es abierta
y puede gustarte o no, así que con tu permiso: 1. Claro, es arte no porque sean
cosas que ver contigo, sencillamente porque es una expresión de nuestra alma,
2. Soy un arquetipo construido por ti de diferentes personajes, un pintor
encargado de tu memoria y 3. Creo que se respondió en lo que ya dije, pintó
para que recuerdes, entiendas y asimiles, este pincel sirve para alimentar el
alma o construirte el refugio donde puedas ir siempre que hayas olvidado o quieras
evocar algo que sentiste.
-
No sabía que existía tal trabajo…tanto
medicamento y búsqueda de respuestas me ha dejado un poco mal de la mente ahora
veo. ¿estas para ayudarme?
-
¿necesitas ayuda? ¿no te gusta mi pintura?
-
No es eso, es extraordinaria desde mi ojo de
novato, si eres quien se encarga de ilustrar mi memoria o ayudarme con los
recuerdos, asumo que trabajamos juntos. Realmente me volví loco. ¿verdad?
-
Las personas que conocemos en nuestra vida, al
igual que las circunstancias o bien deletreado, el destino nos abre puertas que
podemos cruzar no tienen llave ni se cierran por dentro, se puede entrar y
salir, pero muchos no las toman, por miedo, quedar debiendo, no aceptar ayuda o
sentirse menos pero estas siguen ahí y no porque se hagan las cosas por ti sino
es un empujón que te lleva hacia tu destino. No, no estás loco, sencillamente
es una interesante visión hacia tu interior. ¿quieres despertar?
-
Si, esto es una locura y ve mis ropas, mis
heridas en los pies, estoy resfriándome perdiendo el piso y ahora me encuentro
entre dos murales frente a ti, el pintor que jamás he visto en mi vida real. No
ocupo empujón alguno, ni puertas abiertas, solo despertar.
-
En espera de esa respuesta, palidezco ante tu
orgullo desafiando tu corazón mismo y el entender que lo vivido aquí es una
experiencia valiosa en tu vida reflejando lo que en la realidad vives. Ve al
umbral y lo que te lleves en el alma es lo que tendrás al despertar. Seguiré
pintando para ti, es interesante e único.
Corriendo queriendo dejar atrás la conversación con
el pintor escuchaba su melodiosa tonada mientras la lluvia de colores y la
pulcritud de sus murales hechos con ese pincel en los labios me dejaba una
sensación de vacío, que no percibía lo que él me decía, sentí un rayo
cruzándome el alma misma descubriendo que sus palabras calaban hondo en mí y
bajo mis pies agua dulce corría, quizás eran sus lágrimas o las mías, pero era
cristalina y brillaba cual estrellas en el cielo, entonces entendí su figura
deslizándose en su andamio cual surfista por las paredes de mi memoria, siempre
que mi corazón dudara que me traicionara a mí mismo, cuando me equivocase, o se
cayera en pedazos el mundo, mi mundo. Una vez que comenzará de nuevo, las
fechas, los lugares, esos rostros sonrientes y de apoyo estarían ahí recordaría
sus nombres y sus casas, recordaría sus lazos de amistad, el amor sentido en
unos labios y podría levantarme para continuar arrastrándome, caminando,
corriendo o volando. Le grite: gracias! Y frente a mí el umbral apareció un
arco con un ave mitológica radiante y generosa y crucé. El mundo de nuevo había
cambiado.
El Sol nublo mi vista, ya no vestía mi ropaje ni me
percate cuando el mural y el pintor se fueron, pareciera que se los había
comido el Sol, o la tierra misma, mis ojos tardaron alrededor de un minuto en
adaptarse a la luz del día que no di cuenta de mis pasos hasta que sentí la
madera mojada y ese aroma que solo la cercanía con el mar otorga. Aroma que
suele ser eterno y creativo de poesías y romances significativos, pero para mi,
no era mi gran visión pero este sueño, pesadilla, tragicomedia o locura mental
se esperaba cualquier cosa, así que continúe en espera de todo y de nada no
podría detenerme ni quería hacerlo más, puesto que el mundo real seguía
avanzando mientras yo perdía la cordura. No negare que sentía en mis pies una
calma y un gozo extraño en el recorrido del muelle. Avasallado por el sol, la
arena, el olor a madera mojada y el inmenso mar frente a mí, me detuve en seco
a la orilla del muelle, recordé que no sabía nadar y si bien era un sueño, no
caería en el truco de arrojarme al agua cual pez o cual niño aventurado. La
panorámica era pletórica y no llevaba a ningún lado podría sentarme aquí y
cerrar mis ojos imaginando, creando lo que fuera. O podría lanzarme al mar? No,
eso jamás. Sentado con los pies volando apenas sentía el agua pero no su toque,
un clima increíble y acogedor denostaba que el mar no era tan malo para mí pero
si la idea propia del caer en él y ahogarme en el fondo de este, esa ansiedad,
ese temor me movía pero no lo suficiente para regresar mi marcha, me tomaría
mis minutos aquí. El cosquilleo en las plantas de mis pies me abrió los ojos y
el miedo, de nuevo sentí ansiedad, paradójicamente sonreí pero no estaba riendo,
sin embargo, baje lo más que pude mi vista para ver qué era lo que me generaba
ese cosquilleo y me encontré con el rostro hermoso de una mujer de cabellos
negros hasta el hombro, ¿de dónde había salido? ¿Qué hacía debajo de aquel
muelle? Un apenas perceptible bote se asomó cual ratón de su cueva con ella
sobre él. Sonriente, displicente, bella, en su vestido blanco como las palomas
me extendió su mano para que le acompañara, ante mi rostro expectante y
negativo dijo:
-
Si este es tu sueño y si somos parte de ti como tú
de nosotros, ¿sería excelente que terminase con un paseo en bote, no crees?
-
Mi sueño sería que
este no fuera un bote sino un gran barco capaz de sostener el temor a caer al
agua y no poder nadar cayendo al fondo del mar esperando que alguien me
rescatase, no crees?
-
Ja. Te encomiendo a
que subas, no tienes que perder además el regresar no te llevara a ningún
lado…que el bote sea pequeño no significa que sea frágil, nos llevara a donde
mismo, es tu camino, tú haces tu propia historia. Es el siguiente paso…lo único
que queda atrás son tu experiencia y las enseñanzas
-
¿adónde me llevaras?
-
Solo subiendo lo
sabrás. Jajá. Suena a película pero no lo es, ven. Te prometo que lo que
encontraremos será divertido. ¿recuerdas cuando tu carcajada alcanzaba a hacer sonreír
a los demás? ¿Cuándo cual payaso resolvías aquello que podía tumbar tu ánimo?
Voltee mi vista atrás pero ya no había nada ni
indicios por aquellos lugares donde había pasado, solo me quedaba continuar
hacia adelante, resolver mi camino en un bote sin esperar nada a cambio,
durante el trayecto aprendí que el no esperar hacia más disfrutable la travesía
o al menos había aprendido algo más. Tomé su mano descendiendo al bote. Con la
espectacular vista de frente a nosotros, la mujer de cabellos negros vestida de
blanco disfrutaba el paseo descalza y de vez en cuando bajaba su mano al agua
para sentirla, me sonreía angelicalmente y me invito a quitarme los zapatos y sonreír
aunque fuera temerosa mi mueca, el bote se tambaleaba pero se sostenía firme.
Un cofre sencillo dividía el barco, al notar que lo veía con inquietud, me
dijo: no es un tesoro ni es oro. Es un regalo para ti. En un segundo rechazo la
idea que fuese abierto, aun no era tiempo y comenzó a empujar con un cayado el
bote. Decenas de peces nadaban a ambos lados del bote, recorriendo el mar con
nosotros, escuchaba a lo lejos una música suave que me pareció reconocer, venía
de todos lados o solo mis oídos podían escucharla. Sin embargo, entendí que
ella podía ser la autora por el movimiento de sus cabellos y su sonrisa
displicente, debajo de nosotros el brillo del agua comenzó a teñirse de un
nacarado azulado que expedía un aroma que se plegaba a mí, una mezcla
intrigante de arrojo y paz se empezó a fraguar en mi persona, dejando de lado
esa preocupación por el mar y justo ahí al ella sonreírme de nuevo tome el agua
con mis manos apreciando su sinceridad, su eterno paseo a través de la tierra, el
cofre se mantuvo firme y no veía más su figura solo la de ella, capitana del
bote más firme en el cual había estado y cantante de voz fina que repercute en
la piel chinita que en este momento tengo, mi rostro sonriente y a veces hasta
jocoso se percató de la tierra que se veía a lo lejos. Hemos llegado dijo ella,
es tiempo de abrir el cofre. Sentados unidos solamente por ese cofre, y con un
ojo en la tierra que se empezaba a ver y el cofre, me fui por lo más corto, el
paso a paso, el cofre no tenía candado, respire hondo y lo abrí. Una oscuridad
total dentro de este y la nada me quitó la sonrisa al instante pero en un
segundo la recuperé, era una aventura, un sueño, una visión, no esperar nada,
solo vivir y disfrutar de nuevo, volteé hacía abajo el cofre y una larga llave
en color cobrizo cayó sobre el bote, la tome entre mis manos asumiendo que una
puerta se abría con ella…mi capitana dijo: hemos llegado, suerte.
Su sonrisa animosa, su corazón abierto y su alma
desahogada disfrutando de su vida, me invadió… no me encontraba en el bote,
frente a mí, una casa con techos de árboles frondosos, grandes ventanales, más
bien un castillo gótico en un futuro donde todo es de cristal y transparente.
Combinación extraña pero acogedora, lo que encontraría ahí resolvería mucho de
lo que este trayecto ha consumado. Será mi casa, mi alma diseminada entre
ventanas, mi corazón sonriente entre muros de recuerdos pintados con la mejor
pintura esa que cambia día con día. Degustaría cual niño frente a una pizza, la
lluvia y sus grises cielos, me bañaría en el mar aunque este me llegase solo al
ombligo para sentir su curativa agua, escucharía lo que fuese siempre que
quisiera y lo que melodiosamente fuera. Elegiría, no me forzaría a nada. Sin
muchas explicaciones, optaría por vivir mi historia más que contarla.
Aprendiendo que de las caídas se aprende, que de los riesgos se encuentra, que
de las experiencias nos alimentamos. Este mundo de Morfeo se vive entre la
realidad y los sueños como diría Carl Jung “quien mira hacia afuera,
sueña…quien mira hacia adentro, despierta”. Entre arcángeles y demonios,
ataviados de sueños y realidades en una ciudad de luciérnagas, húmedas ventanas
para los pintores, calles adoquinadas con lobos, cuervos, vampiros y bellas
doncellas además de humanos recordando su humanidad, el Mundo de Morfeo existe
bajo la Luna Blanca como la nieve”
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