lunes, 11 de enero de 2016

La Herencia

“Callado, solitario, alborotado solo por el sonido de la música que se perdía en el anonimato de la tarde…leía bajo aquel gran árbol que se sostenía como pilar del mundo en el que el vivía…sus raíces eran ya parte del parque donde siempre jugó y por el que ahí siempre encontraba calma para sus pasos o más bien para sus no pasos que desde hace años no da. El libro podía reconocerse desde lo lejos, azul fuerte su color, doradas sus letras mientras afuera la nieve comenzaba a descender desde el cielo. Siempre fue un aficionado a la fotografía en blanco y negro tanto que cuando comenzó a caer la nieve pensó en comprarse una nueva cámara y captar así su paisaje espectacular para poderlo apreciar una y otra vez por el mundo. No podría leer más y el frío comenzó a arreciar, tenía que moverse pero aún tenía minutos para disfrutar, así que cerró el libro al igual que sus ojos y se enfocó en la sensación congelada que su cuerpo estaba sintiendo, percibió el aroma de ese perfume femenino que inundó su respiración….justo al abrir los ojos, un abrigo cayó sobre él protegiéndolo del frio. Su textura le pareció conocida, viejo pero bien cuidado, el abrigo caía perfecto para la nieve, y entonces lo reconoció…La estrella Fugaz cosida a la bolsa de afuera, el rostro de aquel hombre cuyo nombre jamás supo y jamás volvió a ver desde que un día se marchó de la banca donde le sonreía mientras tomaba su sorbo de whisky. Volvió en sí, cuando escuchó ese ruido anunciando que alguien estaba frente a él...ella era la autora del perfume, vestía un traje sastre oscuro y gafas negras…el cabello relamido bajo un sombrero rojizo y zapatillas no muy alta, sin embargo, le dio la sensación que alguna razón debería tener para tener ese saco en su poder.  Acompáñeme dijo Ella y Él se la pensó un segundo pero las personas somos curiosas por naturaleza y él le siguió el paso, hasta llegar al café frente al parque para resguardarse del frío, él aun portaba el saco y ella muy seria, removió sus gafas mientras solicitaba dos cafés, le dio uno y ella probó el suyo aprobándolo con su ceño…y entonces, con otra señal, pidió despejar un poco la mesa  y de su maletín extrajo una carpeta que puso en medio de ambos diciendo sin más preámbulos, esto es un testamento. Él se sobresaltó, ¿un testamento? Si, le dijo ella, efectivamente un testamento…soy abogada del Sr. Martins y usted, está en el testamento…es mi deber que entregue a cada una de las dos partes la herencia del Señor, quien falleció hace unos días… ¿Martins? Mire Licenciada, no sé de qué me habla, no conozco a ningún señor con ese apellido, tal vez este usted confundida. Sabía que eso pasaría, es por ello que le traído una foto. La foto le rompió los ojos llevándolo a las lágrimas inmediatas y su seriedad paso a ser un sollozo pausado y bajo que nadie escuchaba...nunca supe su nombre, murmuró, solo platicábamos mucho en el parque y escuchábamos sus silbidos tras ese whisky que siempre le acompañaba, y un día sin decir nada se marchó. Él decía que las personas de las que nos acordamos no son por su nombre sino por la huella que dejan en nosotros. La foto fue tomada durante una feria para llevar a los niños hacia el hábito de la lectura. ¿Sus hijos? Porque no dejo a ellos, la herencia de la usted habla. No se preocupe, dijo ella, ellos ya tienen lo que les toca…lo que le fue dejado a Usted no es dinero ni ninguna joya, así le entregó una Llave Azul. ¿Una Llave? contestó él, si, dijo ella…ahora debo marcharme, debo entregar otra llave, que tenga buen día. ¿Otra llave? si, a la persona que les acompaña a los dos en la foto. El saco puede quedárselo y se marchó. Durante el resto del día, sus ojos permanecieron un poco perdidos, acariciando la llave azul con sus manos llevándole por todos los rincones de sus recuerdos que creyó perdidos en el anonimato de la memoria, pero siempre existen algunos recuerdos que terminar por saltar las rejas y regresan a nosotros, a esos recuerdos hay que aferrarnos. Salió al clima frío y se ajustó el saco, aun permeaba el aroma de su viejo amigo, extrañando su presencia al instante justo al tener algo que a él le perteneció, eso hacen las cosas, se convierten en una extensión de las personas que las usaron. Habían pasado años, meses, días, momentos, cambios, situaciones, amores…y de repente estaba frente a esa incertidumbre que creyó haber superado. Pensó en desistir, en no ir, en no hacer caso de la dirección que la abogada que la había dado, pero su curiosidad lo atormentaba, empujándolo a seguir, mintiéndose porque sabía que lo que movía su visita a la dirección era Ella, ¿Cómo estaría? ¿Se habría casado? ¿Vivía fuera de la ciudad? De pronto, una frenética emoción recorría sus venas haciendo palpitar el corazón dejándole imágenes de aquellos días y sonrisas que los llevaron hasta las lágrimas…hay momentos que el destino te vuelve a poner frente a ti, no sabemos si para la misma decisión o para intentar algo diferente, eso ya depende de cada quien. La oscuridad de las calles le dio la bienvenida, dada la dirección del sobre, estaba cerca del rumbo de la colonia perdida en la negrura de la noche…ruidos, autos de colores sombríos y cuervos sobrevolando, apareció aquel edificio gótico con sus grandes piedras grises y sus hermosos ventanales, jamás había estado ahí, de hecho el barrio lo reconoció como uno de los más antiguos de la ciudad y olvidado por las nuevas generaciones…bañado por una luna fantasmal, era un poco tétrico pero más bien invita a entrar en él. No fue de inmediato, pero su olfato nunca lo traicionaba, justo al llegar a las escaleras, lo percibió, el aroma tan familiar como precioso como intrigante y escalofriante, estaba ahí, entonces ella encendió la lámpara caminando hacia él. Su silueta tan sensual y sus ojos tan hermosos permanecían ahí, de color verde tan atrapantes como las redes del corazón, de sus labios apenas una mueca sobresalía…él se quedó estoico mientras que por dentro fuegos artificiales le alteraban los latidos. Se acercó a él y le besó la mejilla, alcanzo a abrazarle un poco pero su mirada denotaba cierto escepticismo y no dijo palabra alguna salvo con la mirada que señalaba la puerta del edificio, sin saber si tocar o buscar un timbre, la puerta comenzó a abrirse…parecía que los estaban esperando. Un portero con guantes blancos les recibió y les dio la bienvenida mientras les invitaba a entrar…ambos ingresaron al inmueble, y automáticamente la puerta se cerró a sus espaldas mientras la música comenzó a surgir. Bienvenidos dijo el portero, ¿Llaves? Ellos sacaron las llaves del bolsillo…la de él azul, la de ella roja. Síganme…y comenzó a hablarles un poco del lugar, y los invitó a subir al elevador…todo se mantenía en armonía, el portero les sonreía y ellos le retribuían, aunque ninguno de los dos le dijo nada, él les dijo que el Sr. Martins había sido un gran hombre y lo había tratado siempre con respeto…que honrarán su memoria. Llegaron al último piso y se quedaron a solas. Ella apagó la lámpara, frente a ellos…una enigmática puerta de mármol los recibía…Frente a ellos a ambos lados, dos chapas, una roja, la otra azul…ambos se vieron un segundo e ingresaron las llaves al mismo tiempo y la puerta fue abriéndose…cuando ambos entraron, del techo se desprendieron pedazos de papel de todos colores…estaban frente a un gran salón que incluso tenía una puerta que daba lugar a una terraza…de pronto una voz se hizo escuchar: Mis hijos de la nieve, bienvenidos. Antes que nada, déjenme presentarme de nuevo, soy el Sr. Martins y si, jamás nos dijimos nuestros nombres, pero a veces es mejor conocer personas que nombres…He querido dejarles este piso a ustedes dos, su compañía en aquel parque siempre fue interesante, bienintencionada y de muchas alegrías…enseñarles literatura, deporte y cine, aunado a algunas reglas de vida que fui aprendiendo por los años de vida que me tocó vivir, me han dejado feliz, y no me arrepiento de nada…espero hayan cumplido sus sueños o bien, estén en el camino de hacerlo, no se separen nunca…ni se detengan, equivóquense, ríanse, abracen y digan te quiero con mucha frecuencia, a pesar de la seriedad que exista siempre existe oportunidad de una sonrisa. Ahora bien, deje espacio para ambos y para todos…quien quieran invitar, será bienvenido. Les dejo lo que fue mío, una extensión, porque el corazón lo deja uno en el corazón de las personas que nos quisieron. Espero les guste la decoración. Disfruten de la vida, Saludos. Entonces la luz se hizo más clara, dándoles una vista del lugar. De un lado estanterías de libros, retratos a lápiz…el techo era un decorado de una sala de cine, con un gran candelabro…del otro lado, una gran pintura  de grandes deportistas y la tribuna donde alguna vez vieron un partido de futbol…camisetas, autógrafos y fotografías…y en el fondo, sillas de cine con una gran pantalla y cientos de películas de todas las épocas…ambos tenían la mirada perdida asombrados y con los ojos saltados de emoción pero lo que más llamó su atención fue aquella misma foto de los tres enmarcada en la puerta de la terraza…y entonces los dos se vieron de nuevo, transportándose de nuevo a sus días en el parque, en las nevadas, en las conversaciones y paseos, así como a las tomadas de mano bajo aquel árbol que les servía de casa…¿realmente habían cambiado o solo habían crecido? ¿Realmente se habían extraviado o solo se marcharon para ser encontrados de nuevo? No lo sabían, pero a Él le pareció que en el rostro de Ella su tez era más clara y su sonrisa más pronunciada, ya no era una piedra hermosa, era un rubí…Se abrazaron fuerte, como si crujieran los huesos y se construyera de nuevo su relación cual árbol creciendo entre ambos. Sus labios fueron encontrándose como dos ciegos conociéndose sus rostros, hasta besarse en aquel refugio donde ambos podrían ser, complementarse, desafiarse y perdonarse. Al fin y al cabo, vivir con tanto miedo, te evita vivir. Y que mejor manera de honrar la memoria de él que disfrutar de aquello que compartieron tantos atardeceres y tantos días…Ellos abrieron la puerta de la terraza dejando entrar el aire frío que solo los invitaba a abrazarse un poco más y soltar como un animal salvaje todo aquel amor que les apretaba el pecho cortándoles la respiración. Las tardes se trasladaron al séptimo piso y los visitantes se multiplicaban una vez por semana…tanto por compartir, por enseñar, por respirar y vivir. Pasar de mano en mano, de voz en voz, de cuento en cuento, de película en película, la extensión de nosotros mismos, nuestros sueños, ideales, emociones, amistades. Un poco de amor lleva a un poco de más amor. Y así, como visitar a un viejo amigo…una estrella fugaz desde lo alto del edificio iluminaba la noche del Mundo de Morfeo.”