“Callado, solitario, alborotado
solo por el sonido de la música que se perdía en el anonimato de la tarde…leía
bajo aquel gran árbol que se sostenía como pilar del mundo en el que el
vivía…sus raíces eran ya parte del parque donde siempre jugó y por el que ahí
siempre encontraba calma para sus pasos o más bien para sus no pasos que desde
hace años no da. El libro podía reconocerse desde lo lejos, azul fuerte su
color, doradas sus letras mientras afuera la nieve comenzaba a descender desde
el cielo. Siempre fue un aficionado a la fotografía en blanco y negro tanto que
cuando comenzó a caer la nieve pensó en comprarse una nueva cámara y captar así
su paisaje espectacular para poderlo apreciar una y otra vez por el mundo. No
podría leer más y el frío comenzó a arreciar, tenía que moverse pero aún tenía
minutos para disfrutar, así que cerró el libro al igual que sus ojos y se
enfocó en la sensación congelada que su cuerpo estaba sintiendo, percibió el
aroma de ese perfume femenino que inundó su respiración….justo al abrir los
ojos, un abrigo cayó sobre él protegiéndolo del frio. Su textura le pareció
conocida, viejo pero bien cuidado, el abrigo caía perfecto para la nieve, y
entonces lo reconoció…La estrella Fugaz cosida a la bolsa de afuera, el rostro
de aquel hombre cuyo nombre jamás supo y jamás volvió a ver desde que un día se
marchó de la banca donde le sonreía mientras tomaba su sorbo de whisky. Volvió
en sí, cuando escuchó ese ruido anunciando que alguien estaba frente a
él...ella era la autora del perfume, vestía un traje sastre oscuro y gafas
negras…el cabello relamido bajo un sombrero rojizo y zapatillas no muy alta,
sin embargo, le dio la sensación que alguna razón debería tener para tener ese
saco en su poder. Acompáñeme dijo Ella y
Él se la pensó un segundo pero las personas somos curiosas por naturaleza y él
le siguió el paso, hasta llegar al café frente al parque para resguardarse del
frío, él aun portaba el saco y ella muy seria, removió sus gafas mientras
solicitaba dos cafés, le dio uno y ella probó el suyo aprobándolo con su ceño…y
entonces, con otra señal, pidió despejar un poco la mesa y de su maletín extrajo una carpeta que puso
en medio de ambos diciendo sin más preámbulos, esto es un testamento. Él se
sobresaltó, ¿un testamento? Si, le dijo ella, efectivamente un testamento…soy
abogada del Sr. Martins y usted, está en el testamento…es mi deber que entregue
a cada una de las dos partes la herencia del Señor, quien falleció hace unos
días… ¿Martins? Mire Licenciada, no sé de qué me habla, no conozco a ningún
señor con ese apellido, tal vez este usted confundida. Sabía que eso pasaría,
es por ello que le traído una foto. La foto le rompió los ojos llevándolo a las
lágrimas inmediatas y su seriedad paso a ser un sollozo pausado y bajo que
nadie escuchaba...nunca supe su nombre, murmuró, solo platicábamos mucho en el
parque y escuchábamos sus silbidos tras ese whisky que siempre le acompañaba, y
un día sin decir nada se marchó. Él decía que las personas de las que nos
acordamos no son por su nombre sino por la huella que dejan en nosotros. La
foto fue tomada durante una feria para llevar a los niños hacia el hábito de la
lectura. ¿Sus hijos? Porque no dejo a ellos, la herencia de la usted habla. No
se preocupe, dijo ella, ellos ya tienen lo que les toca…lo que le fue dejado a
Usted no es dinero ni ninguna joya, así le entregó una Llave Azul. ¿Una Llave?
contestó él, si, dijo ella…ahora debo marcharme, debo entregar otra llave, que
tenga buen día. ¿Otra llave? si, a la persona que les acompaña a los dos en la
foto. El saco puede quedárselo y se marchó. Durante el resto del día, sus ojos
permanecieron un poco perdidos, acariciando la llave azul con sus manos
llevándole por todos los rincones de sus recuerdos que creyó perdidos en el
anonimato de la memoria, pero siempre existen algunos recuerdos que terminar
por saltar las rejas y regresan a nosotros, a esos recuerdos hay que
aferrarnos. Salió al clima frío y se ajustó el saco, aun permeaba el aroma de
su viejo amigo, extrañando su presencia al instante justo al tener algo que a
él le perteneció, eso hacen las cosas, se convierten en una extensión de las
personas que las usaron. Habían pasado años, meses, días, momentos, cambios,
situaciones, amores…y de repente estaba frente a esa incertidumbre que creyó
haber superado. Pensó en desistir, en no ir, en no hacer caso de la dirección
que la abogada que la había dado, pero su curiosidad lo atormentaba, empujándolo
a seguir, mintiéndose porque sabía que lo que movía su visita a la dirección
era Ella, ¿Cómo estaría? ¿Se habría casado? ¿Vivía fuera de la ciudad? De
pronto, una frenética emoción recorría sus venas haciendo palpitar el corazón
dejándole imágenes de aquellos días y sonrisas que los llevaron hasta las
lágrimas…hay momentos que el destino te vuelve a poner frente a ti, no sabemos
si para la misma decisión o para intentar algo diferente, eso ya depende de
cada quien. La oscuridad de las calles le dio la bienvenida, dada la dirección
del sobre, estaba cerca del rumbo de la colonia perdida en la negrura de la
noche…ruidos, autos de colores sombríos y cuervos sobrevolando, apareció aquel
edificio gótico con sus grandes piedras grises y sus hermosos ventanales, jamás
había estado ahí, de hecho el barrio lo reconoció como uno de los más antiguos
de la ciudad y olvidado por las nuevas generaciones…bañado por una luna
fantasmal, era un poco tétrico pero más bien invita a entrar en él. No fue de
inmediato, pero su olfato nunca lo traicionaba, justo al llegar a las
escaleras, lo percibió, el aroma tan familiar como precioso como intrigante y
escalofriante, estaba ahí, entonces ella encendió la lámpara caminando hacia
él. Su silueta tan sensual y sus ojos tan hermosos permanecían ahí, de color
verde tan atrapantes como las redes del corazón, de sus labios apenas una mueca
sobresalía…él se quedó estoico mientras que por dentro fuegos artificiales le
alteraban los latidos. Se acercó a él y le besó la mejilla, alcanzo a abrazarle
un poco pero su mirada denotaba cierto escepticismo y no dijo palabra alguna
salvo con la mirada que señalaba la puerta del edificio, sin saber si tocar o
buscar un timbre, la puerta comenzó a abrirse…parecía que los estaban
esperando. Un portero con guantes blancos les recibió y les dio la bienvenida
mientras les invitaba a entrar…ambos ingresaron al inmueble, y automáticamente
la puerta se cerró a sus espaldas mientras la música comenzó a surgir.
Bienvenidos dijo el portero, ¿Llaves? Ellos sacaron las llaves del bolsillo…la
de él azul, la de ella roja. Síganme…y comenzó a hablarles un poco del lugar, y
los invitó a subir al elevador…todo se mantenía en armonía, el portero les
sonreía y ellos le retribuían, aunque ninguno de los dos le dijo nada, él les
dijo que el Sr. Martins había sido un gran hombre y lo había tratado siempre con
respeto…que honrarán su memoria. Llegaron al último piso y se quedaron a solas.
Ella apagó la lámpara, frente a ellos…una enigmática puerta de mármol los
recibía…Frente a ellos a ambos lados, dos chapas, una roja, la otra azul…ambos
se vieron un segundo e ingresaron las llaves al mismo tiempo y la puerta fue
abriéndose…cuando ambos entraron, del techo se desprendieron pedazos de papel
de todos colores…estaban frente a un gran salón que incluso tenía una puerta
que daba lugar a una terraza…de pronto una voz se hizo escuchar: Mis hijos de
la nieve, bienvenidos. Antes que nada, déjenme presentarme de nuevo, soy el Sr.
Martins y si, jamás nos dijimos nuestros nombres, pero a veces es mejor conocer
personas que nombres…He querido dejarles este piso a ustedes dos, su compañía
en aquel parque siempre fue interesante, bienintencionada y de muchas
alegrías…enseñarles literatura, deporte y cine, aunado a algunas reglas de vida
que fui aprendiendo por los años de vida que me tocó vivir, me han dejado
feliz, y no me arrepiento de nada…espero hayan cumplido sus sueños o bien,
estén en el camino de hacerlo, no se separen nunca…ni se detengan,
equivóquense, ríanse, abracen y digan te quiero con mucha frecuencia, a pesar
de la seriedad que exista siempre existe oportunidad de una sonrisa. Ahora
bien, deje espacio para ambos y para todos…quien quieran invitar, será
bienvenido. Les dejo lo que fue mío, una extensión, porque el corazón lo deja uno
en el corazón de las personas que nos quisieron. Espero les guste la
decoración. Disfruten de la vida, Saludos. Entonces la luz se hizo más clara, dándoles
una vista del lugar. De un lado estanterías de libros, retratos a lápiz…el
techo era un decorado de una sala de cine, con un gran candelabro…del otro
lado, una gran pintura de grandes
deportistas y la tribuna donde alguna vez vieron un partido de
futbol…camisetas, autógrafos y fotografías…y en el fondo, sillas de cine con
una gran pantalla y cientos de películas de todas las épocas…ambos tenían la
mirada perdida asombrados y con los ojos saltados de emoción pero lo que más
llamó su atención fue aquella misma foto de los tres enmarcada en la puerta de
la terraza…y entonces los dos se vieron de nuevo, transportándose de nuevo a
sus días en el parque, en las nevadas, en las conversaciones y paseos, así como
a las tomadas de mano bajo aquel árbol que les servía de casa…¿realmente habían
cambiado o solo habían crecido? ¿Realmente se habían extraviado o solo se
marcharon para ser encontrados de nuevo? No lo sabían, pero a Él le pareció que
en el rostro de Ella su tez era más clara y su sonrisa más pronunciada, ya no
era una piedra hermosa, era un rubí…Se abrazaron fuerte, como si crujieran los
huesos y se construyera de nuevo su relación cual árbol creciendo entre ambos. Sus
labios fueron encontrándose como dos ciegos conociéndose sus rostros, hasta
besarse en aquel refugio donde ambos podrían ser, complementarse, desafiarse y
perdonarse. Al fin y al cabo, vivir con tanto miedo, te evita vivir. Y que
mejor manera de honrar la memoria de él que disfrutar de aquello que
compartieron tantos atardeceres y tantos días…Ellos abrieron la puerta de la
terraza dejando entrar el aire frío que solo los invitaba a abrazarse un poco más
y soltar como un animal salvaje todo aquel amor que les apretaba el pecho
cortándoles la respiración. Las tardes se trasladaron al séptimo piso y los
visitantes se multiplicaban una vez por semana…tanto por compartir, por
enseñar, por respirar y vivir. Pasar de mano en mano, de voz en voz, de cuento
en cuento, de película en película, la extensión de nosotros mismos, nuestros
sueños, ideales, emociones, amistades. Un poco de amor lleva a un poco de más
amor. Y así, como visitar a un viejo amigo…una estrella fugaz desde lo alto del
edificio iluminaba la noche del Mundo de Morfeo.”