lunes, 5 de octubre de 2015

Los Enfermos

“El día cambió, las hojas del otoño se pierden en el anonimato de la vida en los jardines que adornan los edificios de la ciudad, llovió, se aclaró, salió el Sol y se perdieron quien sabe cuántos besos en el camino mientras él estaba ahí, se perdía de todo lo que ocurría afuera. Quizá fuese otro año ya, quizá fuese otra dimensión o incluso, él ya fuese alguien más, un ser humano con más cicatrices en el corazón. Se siente extraño caminar sin mover los pies y llorar sin soltar lágrimas, reír sin que las carcajadas se escuchen fuera de su mente. En cualquier caso, poco importa, los caminos de la vida son siempre sinuosos y las personas solo estamos tratando de no caer al abismo y rompernos la espalda al tomar las decisiones que nos llevaran por las consecuencias de las que no muchos saben que hacer con ellas, y sin embargo, el mundo seguirá rodando aun cuando el mundo de ellos haya colapsado y no exista más, un mundo destruido y sus pedazos rotando sobre el otro mundo, ese en el que la palabra “ambos” se haya diluido como la arena entre las manos…Quizás es tiempo de elevar las anclas y partir sin rumbo fijo, dejando los mapas en casa y llevándose lo indispensable para evitar el peso de los recuerdos…debería levantarse hoy, animarse, rasurarse, comprarse una camisa nueva y estrenar los zapatos que guardó para un día especial, porque la vida se va en un soplido y sus historias se realizan o se pierden de acuerdo al clima, las decisiones y las personas. Y entonces, dijo me iré…destruiré el infierno y saldré a la tierra de los amantes partidos por la mitad para no comprender o entender, esas palabras son rebuscas sino, para continuar. Se asomó a la ventana, apreciando la vista, estiró un poco los pies y dejo que la vista fuese perdiéndose ante el atardecer para después tomar el saco y escapar de esa oficina que huele a rayos, a ausencia, a desánimo y tragicomedia. En casa preparó todo…auto, comida, lugar, refugio, ruta y música para acompañarlo…justo cuando el amanecer le esperaba para recorrer la carretera, alguien estaba dentro del convertible. Veo que vas de viaje, le dijo… ¿puedo ir? Él no sabía cómo es que ella sabía que se iría, es mas no sabía ni siquiera quien era, le pareció verla alguna vez en algún momento de su vida por las calles de la ciudad. Noto que al igual que él, ella también se veía cansada y le dijo, que como ella sabía que él se marchaba, ella le contestó que buscaba con quien viajar, estaba dispuesta a poner la mitad…al final, todos llega un momento en que ocupamos de alguien, además dijo ella porto aquí señalando su bolso, la mejor colección de canciones para ese rostro tuyo perdido entre el ayer y la perdida…sonrió, ella tiene razón pensó…que diablos, ya había pagado todo, pero le aseguró solo hasta el siguiente puerto y entonces nos separaremos…y así, mientras el Sol empezaba su jornada aquellos dos desconocidos se fueron. El viento les acompañaba rompiendo las palabras que apenas los dos se decían mientras la música les decía de donde, como, porque, cuando y quien tenía la culpa o la razón de sus sentimientos…bendita música, alimento del alma porque del alma misma viene, como una vieja amiga para decirte que decirte sin que esto te haga acreedor de una historia, y así ambos cantaban las estrofas del amor derritiéndose como paleta hasta volverse agua. Árboles, cementerios, casas, largos plantíos de maíz cual paisaje melódico a través del asfalto. Nadie tocaba el tema, al fin y al cabo, ya están en el auto, pero todos sabemos que es de buena lid hacer platica a quien maneja más si vamos de copiloto y sin ninguna historia que respalde el porque estaba en el auto. Y así inició la conversación cuyos temas comenzaron donde todas comienzan, el nombre, a que te dedicas, el porque vas a dónde vas, y donde naciste, que signo eres, el clima y cómo fue que llegaste aquí…era una pregunta tras otra, a él al principio le resultó un poco molesto pero después que ella abrió una botella y le dio a probar mientras las gotas se detenían en el aire e iban a parar a las comisuras de la boca, se percató de la belleza del día y por primera vez le vio realmente…era hermosa como la mañana, le pareció gracioso que no se hubiese percatado que entre su pelo rizado peleándose con el viento y que tras esos lentes que le quedaban grandes había unos ojos hermosos y extraviados verdes como el bosque, ella se debatía entre la botella y no dejar que los cabellos le interrumpiesen la lectura que habría emprendido del libro de poesía que le hacía repetir los versos una y otra vez, él bebía mesuradamente para no toparse con el muro de los recuerdos, aunque se percató, este muro se apercibía a lo lejos en un pequeña tienda sobre una subida que culminaba con un acantilado. Descendieron, compraron algo de comer y se acercaron al acantilado, algunos viajeros se detuvieron por una foto, pero ellos solo comían y se hablaban por los ojos…decantándose por devorar el alimento para continuar su camino, la botella continuaba quedándose vacía cuando iban de nuevo al auto, de pronto ella se acercó al acantilado y le dijo acércate. Él se acercó y ella le abrazó sin más, sin palabra o gesto alguno, entonces ambos se vieron, descubriendo lo que de los dos se sabía…que eran enfermos emocionales, y debían reconstruirse juntos. Cuando llegaron a la primer ciudad…ya iban por la segunda botella, bañados por el atardecer y de esos nublados que parece que jamás lloverá…recorrieron la ciudad, bebieron en la plaza central, hablaron de las iglesias, los monumentos y sus porque, de cómo llegó todo a estar donde esta y como es que se conversan en el tiempo…Ambos acordaron quedarse en la ciudad, ella le recordó que dinero no portaba pero él le dijo…tú en la cama, yo en el suelo y así mientras la lluvia por fin empezaba a devorarse la noche subieron al cuarto…un hotel perdido en el anonimato de la noche los recibió…abrieron las ventanas, un diminuto balcón y una cama individual, no había tele, no había mesita de noche…pero para pasar la noche, con el viento y una botella acompañado de una conversación efímera y eterna todo parece estar resuelto. Al final de la noche, lo obvio salió a colación, si habrían de ser enfermos emocionales había que tener un acuerdo, estaba prohibido prohibir…lo que ambos harían sería enfermarse juntos, ser la cura y la enfermedad, el olvido y el recuerdo…compartirían la noche y los labios, el cielo de las caricias y el infierno de los corazones rotos…que importa, hay amores que es mejor no recordar y así, él se acercó a ella al filo del diminuto balcón para arrancarle la ropa besándole todo su cuello, para acariciar sus muslos y besar sus pechos, para desnudarse y descubrirse apasionadamente en el piso del lúgubre hotel donde los cuerpos se unirían como el mar y la arena, como la lluvia y el pavimento. Frente a ese halo de luz que entraba por la ventana se dijeron sus verdades, sus miedos y se revolcaron en sus caricias…Pelearon, se refugiaron en las paredes de sus sentimientos defendiendo su historia el uno frente al otro sin darse cuenta que eso los alejaba, él la calló a besos, ella lo calló a caricias…un acuerdo mutuo sería, destruirse ambos para construirse de las heridas, y así, sacar lo malo dejando lo bueno. Recorrieron tres o cuatro, cinco ciudades, perdiéndose entre los tumultos, las expediciones y los desangelados hoteles para romperse los labios en cada beso y arrancarse la piel en cada caricia durante las noches…les gustaba hacerse pasar por extraños y en cada ciudad volver a conocerse…decirse cualquier nombre y ser algún personaje de película o libro, así no se perderían en la rutina o el sexo redundante…pero este juego suele durar poco, porque siempre alguien gusta cambiar los rituales, los papeles, añadirles rutas y formas a las cosas…vaya darle un recetario para que el sabor siempre sepa rico…pero habían controlado todo, aunque a veces ambos se veían como dos animales en celos que no podían dejar de tenerse juntos, de tomarse la mano, robarse veces o perderse en la mirada del otro, por eso cada noche era el fin y cada despertar el inició hasta que…Él despertó feliz, en calma, como un mar a punto de desatar una tormenta…el sol lamía las heridas de la noche…el libro de poesía seguía ahí abierto y las botellas decoraban el ventanal del último hotel…le buscó pero no le halló hasta que escuchó la regadera…la espalda desnuda de ella con ese tatuaje que horas antes había besado apasionadamente le encantaba, buscó agua pero no halló, buscó sus pantalones pero tampoco los halló…ella se vistió tan rápido como pudo mientras él continuaba la búsqueda…duerme le dijo, volveré en un momento y le dio un largo beso que duro una eternidad…entonces él supo que ese sería el último cuando ella salió por la puerta llevándose todas las ilusiones al carajo haciendo sangrar al corazón. Y así se fue…como se van las hojas de los árboles…en un amanecer rojizo y melancólico junto a la brisa de la lluvia que apenas se aparecía por la ventana del hotel. Le vio partir, pero sabía que no podía detenerla, hay amores aun de una noche que es mejor no tener…no tomarlos de la mano porque inminentemente se marcharán en cualquier amanecer, en cualquier atardecer y ante cualquier oportunidad, son fugaces como los cometas e indescifrables como el aroma de un perfume y entender es inútil como aplicar las matemáticas…que extraño, su partida aun sin decir adiós le significó un hueco en el estómago, supuso que era por ser un volveré y no un adiós. Se fue…como se van las noches de fin de semana, en un traspié con unas copas de vino parado frente al balcón de la vida…se juró no pensar más en ello, al final y al cabo decidió viajar solo largándose por las carreteras...pero no podía, cuando el atardecer llegó y luego se sobrevino la noche, el seguía con la duda de si había hecho algo malo pero llegó a una conclusión…las personas se van porque sus razones rebasan sus razones de quedarse, no es ni malo ni bueno, es una decisión, un momento, un vaivén…entonces sonrió, larga ducha, largo desayuno, larga lectura…para al filo del atardecer…recorrer el camino de vuelta….se puso los lentes y se alegró que ella olvidase la música, subió el volumen y escapó…sin percatarse que enfrente de él al fondo detrás de un árbol protegida con un sombrero blanco y gafas oscuras ella seguía con la mirada su partida. Ella borró su número sabiendo que la historia de esas noches se perdería en el anonimato de los amores inconclusos, aunque aún debatía contra su propio corazón si eso podría llamarse amor, si las llamas del fuego de una pasión y unas caricias bañados con esas sonrisas se llamase como tal…quizás la palabra sea mal utilizada o tenga otro significado…el acuerdo se había roto sin firmas, solo con una partida. Ella volvió recorriendo el camino de nuevo a cuenta gotas, se dio cuenta que aún conservaba un vino y un par de libros, olvidó la música pero su mente podría siempre recordarla…él cantaba gritando al viento de la carretera mientras se bebía el vino que ella le había ofrecido había comprendido y ahora sentía una unión con ella que aun rota permanecía y era la de ser quien uno es…y compartir sin perder lo que uno es. Y así volvió a su lugar con otro rostro, limpió su lugar de trabajo, arrojó lo innecesario al cesto de la basura y se alimentó de los atardeceres mientras sonreía a la historia que estuviera por venir. El Poeta estaba leyendo su tercer poema de la noche…cuando él se sentó en las últimas filas y garabateó unas palabras en una hoja y la dobló solicitando que esta se pasase hacia el frente rumbo a la tercer butaca de la tercer fila…el recado fue pasando de mano en mano como en antaño hasta llegar a ella…la expectativa ya estaba en la mente de todos los que acompañaron el trayecto, el Poeta se percató de ello y solicitó el recado antes de que ella lo tomará, subió de nuevo al micrófono y lo leyó: “porque todo sería más fácil si te quedases, y dejases que te cuide durante las noches y te acompañe durante los días” Felicidades dijo el Poeta, una por usar mi frase a lo que todos sonrieron y dos porque Ella ya dijo que sí con la lluvia de sus ojos…un aplauso y así esos dos enfermos se curarían con sus propios remedios tomados de la mano por las calles del Mundo de Morfeo.”