“Cada quien pelea con sus
demonios como puede…a veces a su lado,
otras veces en su contra. Cada quien juega a su manera, cada quien les pone
nombre, valor y costo. Cada quien hurga en su ser muy dentro de él, para
encontrarle una opción de respuesta y poder así salir de ello. Así fue como
despertó hoy, en la lucha crucial contra sus demonios…con miedo, con ansiedad,
bañándose en la nostalgia y en la depresión, desasosiego que aparecía como una
sombra fantasmal sobre la casa que habitaba…temía por él. No le apetecía más
que refugiarse en la habitación, hurgar y hurgar para hacer un boquete en la
tierra y escaparse por él. Porque ya no sabe si quiere y no puede, o si puede
pero no quiere…pero allá afuera, el hombre no importa…sus escalofríos a media
noche…los golpes en las piernas, las pocas opciones para salir a disfrutar del
viento…de esta mañana efímera y que su soleado paisaje se queda en la memoria
de los hombres. ¿Cómo pensar en algo más? Allá afuera, no existe nuestro Yo
interno, existe quien eres, en quien te has convertido y como has logrado
hacerte de un lugar en el mundo. Acá afuera, nuestro camino es dictado por
nuestras acciones y no por nuestro interno yo que teme, es ansioso, es metódico
e indescifrable. Se acerca al balcón de su casa para después bajar al jardín,
sale en huaraches, con camisa de mangas largas y short…desde siempre sus
piernas mantienen el calor pero su pecho cada día es más frío. Juega con un
carrito a control remoto, siempre afín a la velocidad lo hace correr por todo
el jardín, llevándolo al piso, al césped y por los árboles…los juguetes que
eran de niños, ahora son armas para quitar el estrés de los adultos. Suspiraba y se enfocaba en el control
intentando controlar sus emociones, hacinadas en el fondo del corazón. Hoy
quería platicar consigo mismo a través del sonido del motor, del gélido aire de
la ciudad, de la nostálgica mañana que pronto se hará tarde y del día que le
sigue…un día que quedará marcado en las estadísticas pero sobre todo en el
corazón suyo y de los suyos que lo han acompañado desde un principio y es que
se dice que cualquier cambio sustancial en tu vida acarrea cierto escepticismo,
fibras sensibles y pensamientos que se atiborran en la mente y no siempre dejan
respirar. La vida de un ser humano al que el 95% de las personas conoce te
puede volver un poco loco, insensible y porque no, huraño…te conviertes en un
ser que nadie entiende, que nadie le interesa más allá de lo que hace para ser
famoso, de su profesión, del talento y habilidades, de la sonrisa siempre ahí
puesta para los flashes de los fotógrafos y de los fanáticos que se juntan
afuera de tu casa. Y siempre se tiene es ligero hueco en el estómago cuando el
fin se acerca, cuando todo se está yendo
al carajo, porque nada dura para siempre en este mundo. Aun nadie lo sabe, la
decisión la tomó apenas despertó…el de mañana sería su última vuelta, su último
ruedo, su último partido. Y no fue una decisión tomada a la ligera, no, pero
hoy que la tomó ha pasado por una serie de fases, de sentimientos, de
pensamientos y recuerdos. Tantos años, toda una vida dedicada a practicar este
arte que ha permeado en el mundo y se ha arraigado hasta convertirse en la
única religión que no tiene ateos, dijera Galeano. El mejor futbolista se está
despidiendo primero de su otro yo, y luego de su equipo. Comió en el jardín, se
hizo un aperitivo…y recorrió el mundo desde su celular, dejando el carrito a
control remoto descansar. Las portadas y los sitios en línea, se enfocaban en
el gran partido de mañana…una final para cerrar el campeonato. Habló a su
esposa y le pidió juntase a la familia y trajese comida para armar una pequeña
reunión, después de ello, habló con los amigos más cercanos y también mientras
la tarde arribaba, hizo una llamada para dejar todo listo. Jamás había sido un
hombre de reuniones, si se divertía, pero era tranquilo, sonriente, amable,
pero jamás fue fiestero, desastroso o vago. Los amigos fueron haciéndose pocos
y casi nadie sabía lo que pensaba salvo por ellos o algunos temas que de plano a
través de esta carrera te meten en la encrucijada de contestar y tomar partido.
La familia se fue reuniendo y los amigos llegaron un poco sorprendidos pero
encantados de verlo antes del partido. En teoría esto no todo el tiempo es
factible, pero avisó al club y ellos entendieron. Para el periodista, quien
llegó alrededor de una hora después fue muy difícil descifrar de que se
trataba…grabadora, celular en mano y una libreta de notas que siempre acarreaba
en su mochila aunada a la serie de estadísticas que todo buen analista porta,
al ingresar al inmueble y dirigiéndose al jardín…fue recibido por el ídolo.
Creo que nunca se habían conocido pensó el periodista. Rápido se percató de lo
intima que era la reunión, no había otro periodista y menos algún celebre invitado…era
el círculo cercano del ídolo, ese que no se ve muy a menudo. Venga acá,
estimado…le dijo él…le presentaré a la familia. Y así fue presentándole a todos
en el jardín, lo sentó a la mesa…diciéndole: antes que nada, coma, disfrute, relájese,
que su jefe hoy no le molestará por nada. Lo vio convivir, contar historias,
que lo tundieran a carrillas sus amigos, ver los abrazos que los hijos ofrecían
y como disfrutaba el hacer los tragos y servirlos…pero su ojo clínico de
periodista lo notó de inmediato…a los 36 años, el mejor futbolista de los
últimos 20 años estaba por irse. Mañana sería el último partido…oficial,
jugando de local e intentando despedirse por la puerta grande. Le vio jugar
penales con su hijo y cascarear con los amigos…hablando de los juegos de
barrio, de los goles en las porterías sin postes y de cómo el fútbol había
cambiado la vida para siempre. El periodista entendió, era un privilegiado por
haber sido invitado, por estar ahí, viendo lo que muchos no ven…viendo al ser
humano detrás del traje de futbolista. El ídolo le pidió que lo acompañase…y lo
llevó a un amplio cuarto en la parte trasera de la casa…le dijo antes de ser
futbolista, fui un aficionado…me retiraré mañana…he decidido dejar el juego
antes que el juego me deje a mí…lo he dado todo y me lo ha dado todo…jugar ha
sido un privilegio, una diversión y también una responsabilidad. El periodista
pidió grabar un poco y él le dijo: solo si lo publicas…después del juego. Te
invité, porque respetas el juego, dejas el amarillismo y te enfocas en lo
hermoso de este deporte. Se saludaron de mano y la puerta se abrió…lo que
encontró ahí le maravilló. Recortes, posters, jerseys, zapatos de fútbol, fotos
de ayer y de hoy…ídolos de antaño, balones…todo el cuarto tenía un aroma a
fútbol, a historia cautiva, a una cronología del tiempo…ambos se sentaron en
unas butacas que de acuerdo al ídolo: fue un regalo del equipo durante la
remodelación. Aquí es mi refugio, sigo siendo un aficionado, no un fan, pero un
fiel seguidor del fútbol y su fenómeno de emociones, historias, fotografías,
sonrisas y lágrimas, mientras el periodista le preguntaba como si estuviesen en
un café, como dos viejos amigos. Y así fue hablándole de sus ídolos de niño, de
esos días de adolescencia, levantado desde temprano para ver el fútbol del otro
lado del mundo…para emular su técnica, sus goles, la definición ante la
portería y los regates frente a los rivales…le habló de cuando su viejo le
llevaba a la cancha, de sentarse frente al televisor apoyando al equipo sin
pensar que algún día jugaría ahí…no todos tenemos ese privilegio le dijo…el
periodista fue ingresando a ese límite que significa ser una persona y no un
periodista, aunque tomó fotos, grabó e hizo preguntas, sentía que era el
silencio y el dejar que el ídolo soltará su alma y dejase todo dicho con el
corazón…porque uno cuando se cumplen los sueños, más se habla con facilidad…le
regaló uno de sus jerseys, preferidos, aquel con el que jugó su primer
partido…es una parte de mi vida, pero no lo material, sino lo que representa…el
compañerismo, el sueño, los sacrificios de mis padres para que yo entrenase,
las noches sin adolescencia, sin nadie más que uno ahí en la habitación. El
tomar el autobús, el entrar a la cancha con el estadio lleno, esperando que
alguno reconozca tu nombre…hoy Gracias a Dios he dejado mi huella, mi granito
para este deporte que amo, pero ya no puedo estar más…las piernas me duelen, la
ansiedad me come, la familia me espera…vacacionar, arrullarme en este cuarto y
transportarme a donde quiera…dejar las concentraciones y convertirme en un
viejo recuerdo, en un libro que se abre de vez en cuando para las generaciones
futuras. ¿Volveré a la cancha? Sí, pero no pronto…debo dejar el fútbol y que el
fútbol siga sin mí. A los aficionados los abrazaré mañana. Se quedaron a
compartir por más de tres horas; degustando el diario, el camino, los
callejones y las historias de un libro llamado fútbol. El periodista lo vio todo desde el campo,
micrófono en mano…lo seguía con la mirada viendo sus pases, la plática con los
compañeros, acomodar al equipo, buscar los espacios y festejar aquel gol. Aun
hoy un día después del juego le dio escalofrío de la emoción. Ir desde la
banda, tirar un caño mientras alargaba el mano en el contragolpe…que sus
compañeros hicieran la pasada, ver al arquero…y tirársela por arriba para que
esta colgase en el poste y se introdujera en la red mientras el estadio se caía
a pedazos y los brazos del aficionado lo elevarán hasta el cielo de los ídolos.
Correr la vuelta olímpica, abrazarse con la familia y recalcar el amor al
escudo a los aficionados…pasó la estafeta al estrechar la mano de aquel niño
que pegado al córner le extendía la mano con todo su ser esperando su saludo y
él le saludó diciéndole gracias. El campeonato terminó, la gente festejaba y
él, salió a la cancha de nuevo…vestido de civil, boletos en mano…los ojos
llorosos le nublaban la vista…acariciaba la pelota que se había quedado de los
baloneros, cortó un trozo de la red, se llevó un poco del pasto… ¿Por qué si
volvería? Porque aun la misma tierra sabe diferente si uno se ha ido. Se sentó
en las butacas y en las pocas luces…dijo adiós, adiós como se le dice a algo
que amas hacer pero que el tiempo no te deja hacer más…siempre es bueno cambiar
de etapa para no quedarte estancado…firmó la butaca y se largó de ahí. El
periodista cumplió su palabra…y en un par de días, el reportaje salió a la luz.
La ciudad se cimbraba ante tal anuncio…pero en el fondo todos lo entendieron,
no todos tienen la oportunidad de despedirse y a ninguno nos gustan las
despedidas…pero el fútbol debe seguir, el show, las historias, el mundo y la
pelota siguen y los ídolos permean y así…años después aquel chico al que el
ídolo le dio la mano y le dijo Gracias empieza su historia…pateando al ángulo
de la portería en la cancha del Mundo de Morfeo.”