“La humedad aprisionada, aprieta,
repercute en el animo de las personas robándose las emociones de la tarde que
yace sin atisbo de Sol en este sábado cualquiera. Ni parece que lloverá ni
parece que el calor se ira, es una trampa, un juego de la naturaleza y sin
embargo, con una displicencia y un sentido abstracto, Él anda por ahí. Hacía
muchas Lunas que no bebía solo, que no se embarcaba en una desilusión o una
buena manera de pasar la tarde más que esa, de beber frente a la tarde nublada.
En términos de psicología, podría ser un intento de no caer en la depresión,
quizás hoy nadie sea buena compañía, pero ha de ser acompañante de las nubes
grises en la ciudad a la que ha vuelto desde ayer. Se había caído su mundo
personal, aunque el mundo afuera apenas se sostiene en su presente. Deberá
mutar y continuar, refrescarse en la lluvia si esta llega, hacer una llamada
para que alguien escuche y no hablarle a la mente, pero antes deberá destruirse
a sí mismo, antes de empezar de nuevo, antes de caminar deberá arrastrarse en
el fango de los recuerdos, de los sueños rotos o de las partidas anticipadas. Caer,
llorar, patalear y lamentarse, todo es permitido. Una caminata que a muchos
pareciera solitaria y a otros se asemeja a esa comunión entre la persona y su
yo interno, ¿Qué importa caminar solamente? Aunque en este caso, viene
acompañado de botellas pero y eso que. ¿Quién dice que no se puede recorrer la
propia ciudad cual turista perdido? Todo se ha perdido se dice, el ayer, el
presente se lo ha llevado el tiempo y aunque el día va a la mitad parece que
durará una eternidad pero se dice, si ha de ser así, que me tome engulléndome
la vida misma en un trago repartiendo sonrisas entre desconocidos y conmigo
mismo. El calor repliega, recrudeciendo los sinsabores del alma. El amor se
fue, las amistades se han desaparecido y el trabajo es solo una tragicomedia
que nos lleva a las lides del dinero y el uso de las horas. El, ataviado en su
uniforme de trabajo retoma las calles que después de muchos años se encuentran,
efectivamente se percata de negocios que han cerrado, negocios permanecen,
incluso aquel lugar donde trabajó hace quien sabe cuánto tiempo atrás sigue
ahí. De pronto en medio de un callejón que llevaba hasta una calle iluminada
solo por esa trágica luz que permanece solo para los extraños, incitándolos a
adentrarse en ella, el caminó, destapo una nueva botella y dijo que diablos. La
tarde es del infierno este día. Embravecido por ese trágico andar hacia las
fauces de su alma y el deseo de destruirse en los adentros de su interior, bajó
los peldaños donde el río caudaloso esperaba, quería apaciguar o dejarse
llevar, recargado en los arboles mientras los autos se peleaban por un lugar
para seguir avanzando. Ahí frente al río que cantaba con su ir y venir, gritó
con furia, ahí donde nadie le escuchaba se percató que la botella lloraba al
igual que él, y se sintió abrumado, perdido, errante en la ciudad. Divagó con
la mirada y justo del otro lado del mismo, se encontró con una enorme casa
oculta bajo inmensos árboles, jamás la había visto, una ilusión se dijo,
alucinación más bien aseguró murmurando, pero aquella casa seguía ahí después
de cerrar y abrir los ojos un par de veces, se sonrió y con un semblante malicioso
se dijo porque no y anduvo paso a paso rumbo al puente que se alzaba sobre el
río. El puente de madera se mecía y el cielo comenzó a nublarse, era una
invitación a la perdición o a la claridad quien sabe, la casa rompía los
paradigmas y las reglas de la construcción y sin embargo, se sostenía. Sin nada
que perder, se apostó en la puerta y tocó…una, dos, tres, cuatro veces y nada.
Decepcionado entendió que la vida es así y dio media vuelta y entonces el
crujir de la puerta de madera se escuchó mundano como un cuento de terror, el
infierno del caos le enseño la entrada. Un par de escalones hacia arriba se
jacto de ser fuerte y entró. La puerta se cerró al instante y una gran sala
iluminada solo por velas alrededor le dio la bienvenida, en cada vela una
imagen de Jesús de las estaciones en la caminata más conocida del mundo entero.
El techo rustico estaba pintado de frases en alfabeto griego las que reconoció
de inmediato, famosos filósofos jactándose de encontrar la república perfecta
se comunicaban en ese techo. No había sillones, ni sillas, solo un gran tapete
rojizo con libros abiertos a la mitad, pero lo mejor estaba frente a él, una
gran pecera con la Europa antigua, París, Roma, Viena, Grecia mientras peces
nadaban cruzando todo el continente, de fondo comenzó una canción que recordó
al instante, y sintió una sensación que le volvió la piel de gallina, en el
momento en que se preguntó si cantar o buscar una botella para irse de esa
alucinación o realidad etérea, sintió unas manos cubriendo sus ojos y dijo:
bienvenido, es noche de luna blanca, si no sabes que decir, estas en el lugar
correcto. Él solo alcanzo a decir: ¿Dónde estoy? Y en la respiración, el aroma
de sus manos, el tacto de su piel, supo que no importaba y se rió casi al
instante que ella misma soltó una risa suave diciéndole anda siéntate mientras
te traigo algo de tomar. Desesperado por apreciar su belleza que de seguro era
angelical dio media vuelta encontrándose con esos ojos negros profundos como la
noche, engalanando o cubriendo su rostro un antifaz blanco como la nieve cual estrella
postrada en el cielo lo tomó por sorpresa. ¿Quién era ella? ¿Cómo había pasado
por alto esta casa? Tal vez estaba dormido en ese frondoso árbol y soñaba sin
percatarse de lo real, una vez más se dijo, déjate llevar y deja de hacer
preguntas. La mujer del antifaz cruzo de nuevo por donde salió, regreso con el
trago y le invito a quitarse los zapatos y sentarse sobre el tapete rojizo, iba
descalza y su piel morena embriaga a cualquiera más a él, que ahora le
contemplaba embobado mientras degustaba el trago apresurado. Se sentó cual
maestro de Yoga, vestía un largo vestido color blanco adornado con profundas
rosas rosadas y parecía una bailarina de ballet ahí sentada, capaz de darse 10
vueltas y no perder su control. Y ahí mientras se perdía en esos ojos negros
brillantes como la noche y su sonrisa iluminando esta tarde que se escapó en un
instante, pregunto porque él estaba triste, y ahí fue donde le conoció mientras
él contaba la historia de su vida, ella atenta seguía cada paso, cada caída en
la que el ahondaba, su suplicio, su felicidad antes de que todo pasase, con
esas velas sobre las cuales Jesús caminaba por las estaciones dirimiendo con el
mundo mientras se sacrificaba en aras de su Padre, el comenzó a sentirse libre,
desahogado y comprendió que a cada palabra o hecho que se refiriera, ella le
encontraba una razón, un porque y sobre todo un para qué. De fondo, los peces
navegaban en las aguas de Europa, paseando por el Coliseo, subiendo a la Torre
Eiffel, retratando el Partenón cuando ella lo invito a cerrar los ojos y
escucharle. Le dijo has sentido la vida pasar por tus manos, has visto quizás
el infierno y es posible que odies tu existencia como tal y te sientas errante.
Ven, toma de mi mano. Lo guió por la gran sala y poniendo su mano cerca de la
vela le dijo: Lo espiritual de la imagen que adorna esta vela lo dice todo, un
camino cuyo final no sabe con certeza pero cuyo trayecto debe abrazar, sentir y
palidecer porque se guía por el corazón. A continuación le dirigió a la parte
central de la sala y con su mano le alzo su rostro al cielo mientras le decía:
tu camino ha sido hecho en base a tus principios y las decisiones que has
tomado cuyas consecuencias hoy vives, quizás alguna de ella sea solo el destino
o la mano de Dios, pero tu filosofía al igual que ellos que escribieron grandes
libros, interpretaron su propio ser humano, su entorno y se guiaron por su
pensamiento, tu camino continuará y trascenderás lo que hoy te adolece. Por
último, te invito a que tu olfato sienta el agua de esta pecera cuyos peces
recorren grandes ciudades mitológicas, eternas y siempre parte de la historia
del mundo te regresen los sueños, que las distancias son cortas si estas las
caminamos de la mano del cariño de la gente y de nuestras pasiones. El tomado
de su mano, recorriendo esa sala y con ese sentir de su piel rompiendo todos
sus paradigmas se sintió aliviado, relevado de esa carga con la que cruzó ese
puente, sabía que tenía mucho por hacer, y que tendría que quizás construir de
nuevo, pero ahora entendía que un sueño y una filosofía que solo él sabe vivir
le llevarán al camino de la vida. La Chica del antifaz le abrazó fuerte
otorgándole el beso más sincero del que el haya tenido razón en años, no era un
beso de enamorada, ni de admiradora, era un beso de comunión, de comprensión,
de cariño profundo. ¿Un fantasma? ¿Una reina? ¿Una visión de su mente?
Retribuyo su beso con un beso en su mejilla y en su mano. Pasado la medianoche
abandono esa casa donde dejó su tristeza y su errante porvenir, se dice que
recorrió de nuevo las calles sonriente, extrañamente tranquilo con su vida y
displicente con el futuro. La noche brillaba con su Luna blanca mientras que el
cielo se había nublado, frente a él justo en la esquina de una calle solamente
iluminada por un farol caminaba una mujer descalza de cabellos lacios negro
brillante un vestido rosado cubría su cuerpo hasta las rodillas, se vieron por
un instante y sonriendo se dijeron hola. Ese rostro, se parecía tanto a…y contuvo
la respiración solo alcanzando a decir Hola, y ella le dijo hola con esos
labios que habrían de robarse el alma. Y el camino inició con dos locos
sonriendo con ojos cerrados...Esencia de esa Luna Blanca en una noche efímera y
eterna que va y viene con el viento, encontró su sonrisa maliciosa en su
silueta rompiendo los moldes de la razón al ver esos ojos negros desafiando al
corazón.”