“En la noche más triste del año,
había solo el caos. La fuerza que te lleva a perder todo en un solo instante,
que degrada tu ser hasta llevarlo al punto donde no puedes más y te revientas
de la manera que a ti más te guste, en el infierno de los vicios, en la
tragedia de tus actos, en el placer de ser tú mismo, el Yo salvaje y así, es
como te conviertes en esa persona que hasta el amor de tu vida odia o más bien,
deja de amarte día a día. Y así, te quedas sin nada, con solo tu ser quemándose
por dentro por el odio, el coraje, el desasosiego, la amargura. Esa era la
historia de él, el Periodista cuya revista se está perdiendo en el anonimato
gracias al abandono que él como Director había hecho. La desorganización se notaba
en él, barba desahuciada, grandes ojeras y esos ojos extraviados detrás de esos
lentes sucios y maltrechos. Lo ha perdido todo, el amor, las amistades, el
cielo. Solo se dedicaba a subrayar frases en libros, a caminar por horas sin
sentido y a ensuciarse las ropas en los bares más bajos de la ciudad, salía
buscando encontrarse peleas donde involucrarse y como todos aquellos que buscan
de alguna manera la muerte, se acercan un poco a ella a diario. Estaba
totalmente extraviado y hoy en esta noche, se cumplía apenas dos años de la
revista y ya estaba haciéndola pedazos como su vida misma. ¿Cómo llegó aquí? De
hecho la pregunta debe ser: ¿Cuándo saldrá de aquí? ¿De dónde proviene ese
sentimiento de autodestrucción? Pero no todo el tiempo existen respuestas a
esas preguntas. Hace días le entró la idea de que nunca estuvo hecho para esto
de las relaciones largas o tediosas. Siempre había preferido hacer el amor, la
adrenalina del momento y luego seguir adelante. De siempre huir, de mantener
por ahí la idea de degustar el mundo, vivir de él y experimentar en cada y no
estar atado pero supongo que siempre es bueno el cambio y la compañía. Vivir
esas relaciones fugaces, caóticas, divertidas, con un sentido fuerte y una
emoción que rompa el cielo en dos. Pero vamos, aquí la edad, la historia, la
forma de vivir se ha vuelto algo lento, es decir, todo parece ir en velocidad
menor a la que se iba antes y se va perdiendo el sentido de la emoción. Ayer
quería escribir sobre algo pero la revista y el trabajo que conlleva no le han dejado,
tal vez sea parte de ese limbo en el que algunas personas, personajes podría
decirse viven siempre mientras otros continúan cambiando de etapa. En algún
punto de la vida, más bien, de su propia vida perdió la capacidad de asombro,
de empatía con las personas y con las que amaba a pesar de todo. Aún no
recuerda ni cómo ni cuándo pero así ha sido y lo abruma de manera inusual el
que su sentimiento no lleve agregado esa emoción como los demás que sienten que
eso que les pasa en sus vidas debe presumirse una y otra vez. Ese era su
problema, tal vez, su idea…su no sé qué, porque hoy que está queriendo escribir
para la revista las palabras no le vienen fácil a la mente. Hoy es aquel
solitario que camina libre por el mundo solo comiéndose las manzanas y
dejándolas a la mitad regadas cerca de los árboles de donde las cortó. Tal vez
la televisión, los libros y esos deportes de emociones que son tan entretenidos
y de aprendizaje para él le han quitado la capacidad de volverse loco ante
ciertos actos o situaciones de la vida. Enfundado en su oscuridad iluminada por
el halo de luz que llega a su alma, se ha hecho más de las palabras que de las
acciones, más de respirar cerca de otros labios que de los suyos propios, de
alimentarse el ego mediante las redes y no mediante los corazones. Es libre y
solitario, entiéndase la diferencia como alguien que decide qué hacer todos los
días y a quien ya le tienen un sinfín de actividades. Es un viajero de aquí a
su muerte, pocos muebles, muchos boletos de viaje…pocas cosas con su nombre,
muchas cosas prestadas….y sobre todo, vino para resarcirse esas resacas diarias
y la parte del mundo que le disgusta. Era el Rey de su propio infierno y el
cielo parecía que se le alejaba cada día, cada botella vacía, cada corazón,
cada relación carnal, cada beso robado y regalado…cada caricia invertida en un
cuerpo fugaz que nunca volvería a ver más que solo en sus recuerdos. No se
quedaba con nada más que con el aroma de ella, de su suspiro y los besos que se
guardó en el bolsillo para comerse uno cada tantos días como se comen los
chocolates. Pero hoy no había chocolates en el bolsillo, no había ni siquiera
la admirable Luna que siempre está dispuesta a escucharle a uno cuando uno se
sienta frente a ella en cualquier momento de la noche. Arrugó las hojas
nuevamente con sus uñas largas y se dedicó a ver la ciudad, a explorar en los
edificios alguna luz encendida, a escuchar el juego de futbol repetirse en la
televisión, subió al techo…curiosamente siempre le gusto desde que tuvo manera
de rentar el último piso del edificio, esto para siempre ver desde arriba todo,
el barrio y más allá la ciudad…ahí yacía como siempre un sillón doble, un
cobertor y un típico refrigerador…y el pequeño telescopio que su padre le había
heredado…”siempre que haya nubarrones, lluvia, y mal presagio en tu vida, el
telescopio te servirá para que veas que más allá de todo, aun brillan las
estrellas”. No podría tener mayor razón, ahí están las brillantes estrellas y
la oscuridad de la ciudad…con sus calles grises y sus luces tenues…no sabe si
alguna vez las calles brillaron o si el matiz de la ciudad era otro…desde que
él recuerda, es esto…oscuridad y un poco de luz, o un poco más de luz pero
nunca soleado. Abrió la cerveza, la apreció pegándole un largo trago y se dividió
entre si era hermosa la noche o trágica. El teléfono sonaba allá abajo, de
seguro esperaban el editorial de aniversario…la historia con su final feliz, el
sueño de alguien hecho realidad, la fugacidad de la vida, lo que habría de
resucitar a la revista y porque no, a más de algunos de sus seguidores…pero no
tenía nada, estaba vacío, era el caos. Y entonces le vio, una chica de vestido morado
caminaba por la acera con los zapatos en la mano, creo que tuvo que verla un
par de veces más para recordar cómo era ese color. Le miraba con el telescopio
y ya sin él, la cerveza se le cayó cuando ella volteó sus ojos hacia arriba y
le sonrió de la manera que solo una mujer tiene y con ella te conquista….sintió
los pequeños cristales golpearle la pierna y aun así, se le quedaba viendo. Era
preciosa, eran sus dientes la blancura en la noche…la sonrisa de la que haces
poemas y construyes historias…le movió la cabeza invitándole a bajar…el tonto
aun tuvo que apuntarse hacia sí mismo para asegurarse que era a él a quien le
decía. Y entonces en un arrebato de claridad, bajo intempestivamente tomando
solo su billetera y su sombrero para encontrarse con ella. Le busco y le busco
pero no le hallaba hasta que la vio, guitarra en mano, afuera de un bar y le
tomo de la mano para llevarlo adentro. Lo sentó mientras ella rodeaba el
escenario hasta subirse a él. Se sentía emocionado, de manera que su corazón le
aventaba ráfagas de palpitaciones, un poco de vivencia, la novedad de la noche,
algo que contar mañana. Le gustó el lugar con sus claros oscuros y la
melancolía arrebatándole a las almas que ahí estaban los corazones, pero ella
le gustaba aún más…parecía que había sido arrancada de algún libro de Murakami
o Zafón, de alguna novela oscura e irrepetible, era una combinación que aun a
sus años no había visto…y ahora ahí encima del escenario, con los pies
descalzos y la melena suelta flotaba en el aire como las nubes o las hojas de
los árboles…mientras nadie se movía ni los meseros…enigmática finalmente
descendió al filo del escenario y comenzó a cantar…suave, tenue, a baja voz y
mejor entonación…a enamorarlo, a tomar el corazón de todos los presentes y
golpearles como un niño toca una puerta, fuerte y de manera que no se puede
evitar ponerle atención. Le gustaba su voz, las letras que iban y venían a
través de la música que envolvía el lugar, todo creado por ella, para él, al
menos eso creía como todos los hombres presentes…pero no, esta vez no estaba
equivocado, Ella le veía directo a los ojos, las palabras calaban hondo en su
ser y el aroma de su cuerpo al estremecerse por la música eran para él. Fue ahí
que se conocieron, ocurre pocas en la vida, pero cuando ocurre, no hay nadie
que detenga a dos personas que se ven a los ojos y encuentran ese fuego
abrazador que solo ellos dos pertenece y les hace replantearse todo lo que son
y serán. Sin que parecer un tonto, esperó a que ella terminase de cantar y le
acompaño a una pequeña mesa al fondo, y ahí tomó él su mano preguntándole su
nombre, pero Ella se negó a decírselo, no te preocupes, no importa cómo nos
llamemos sino quienes somos. A veces las personas están destinadas a
encontrarse aun así la tierra se parta el dos y el corazón este hecho pedazos,
llegamos por alguna razón a conocernos. Hoy fue ese día, y “Entonces” le dijo
ella mientras se alborotaba el cabello…entonces nada dijo él o más bien todo.
El resto de la noche se dedicaron a vaguear, a sonreírse, a tratarse de usted y
a desafiarse mientras los labios y las manos se acercaban cada vez más…Se
contaron los cómo y los porque, se dijeron lo que más odiaban de ellos mismos,
y donde terminarían en cinco años, coincidentemente prevalecía la plática sobre
libros, músicas y gustos culpables…hasta que se terminaba el mundo, la ciudad,
el cielo, y el infierno…porque como se dice, uno no sabe del mañana, solo del
presente y así…al filo del encuentro entre la luna y el sol, se besaron
fuertemente arrancándose los sentimientos y lamiéndose las heridas del pasado,
uniendo los pedazos rotos del corazón con besos y caricias, con sueños
compartidos y caricias perversas…le mostró lo que quedaba de su revista, los
años gloriosos, la azotea, los discos quedados en el olvido, las cartas tiradas
al olvido, le mostró su ser entero…con el caos y las fallas, con el miedo y la
tragedia, con el desamor y la nostalgia. Con los chocolates que se comía a
diario…pero Ella le abrazo, le vio a los ojos diciéndole que eso fue el ayer y
que a menudo enfocamos nuestras energías plagados de errores del ayer, pero
todo es una experiencia…una versión nuestra que mejora a cada día o más bien se
vuelve más sabia…le besó suave y de manera tierna mientras lo sentaba frente a
la computadora, diciéndole anda, suéltalo todo, desahógate, ama, agradece,
llora, laméntate, ríe, grita, solloza y quédate aquí con lo que tú eres y
vuelve a salir. Fue así que empezó a escribir y a escribir y a soltarlo
todo…reacomodo todo, hablo con la gente de la revista y empezó de nuevo…en un
amanecer como ningún otro con una chica como ninguna en el mundo…quemó todo su
ser y volvió a nacer…el Periodista, el Ser Humano, El filósofo y porque no, uno
de tantos que se enamoran al instante y se arrojan al vacío para sentir el
viento golpearles la cara sin importar si porta paracaídas o no. A veces lo que
necesitas es ver tu mundo arder para volver a ser tú mismo, para reinventarte y
continuar hacia adelante. Ellos tomados de la mano, solían andar de madrugada
de azotea en azotea, de bar en bar, de historia en historia, siempre, siempre
juntos y así la revista recuperó a su editor y el Mundo de Morfeo a su
escritor.”