“La ciudad estaba en silencio, apenas se escuchaba el bullicio alrededor
de las calles, de las casas solo se mantenían iluminadas las recamarás…una
expectación bañaba los corazones de las personas que estaban unidas en un
susurro que irrumpía en un grito que liberaba el alma…el estadio de las 35 mil
almas con el color del equipo de sus amores…apoyaba con pancartas, gritos,
porras y aplausos…sus cánticos habían cesado debido a la expectativa,
paralizabas por el vaivén del balón que bailaba sobre las piernas de los
22…pero acá en una colonia privada en las afueras de la ciudad, no llegaban los
ruidos, todo provenía del radio al cual el velador se aferraba tanto como al
oro más preciado. Sabía que su vista se iba perdiendo al paso del tiempo, pero,
el radio era su compañía en la solitaria caseta…Cual centurión romano protegía
la entrada a las casas y quien iba y venía, veía poco pero sus otros sentidos
se habían desarrollado de tal manera que ninguno sabía a ciencia cierta hasta
donde veía…no veía la televisión porque atontaba el cerebro decía. La narración
lo llevaba por todos los rincones del campo verde rectangular, las jugadas eran
descritas con tal perfección que imaginaba incluso los cordones y los tacos
chocar contra el balón...años había durado sin ir al estadio, pero lo que hoy
le fascinaba, era aquel 10 que la rompía…su gran ídolo, desde que subió al
equipo, él supo de sus cualidades, lo veía cuando los grandes jugaban, le vio
debutar…hacer goles, sumar minutos y realizar gambetas…después el trabajo, la
vida y sus consecuencias le evitaron volver más al estadio pero siempre siguió
los pasos del 10 que le alegraba el día, los fines de semana escuchaba por el
radio el juego…atento, hablaba a través del aparato con la grada, con
él…apoyándole en todo momento incluso cuando a veces caía, porque en la vida
siempre hay caídas aún en la cima o en el suelo y uno se debe levantar para
seguir el juego…porque habrá otros 90 minutos que esperan…hoy daba órdenes
desde la caseta: tírala larga, muévete entre líneas, manda centro a segundo
poste y por favor, toca, toca, toca…acaricia esa pelota que es tu esposa, tu
mamá, tu hija…vamos, defiendan…vayan por la banda y remata de cabeza…esos colores
que se tatúan y que no dejarás porque son parte de tu vida…son especiales,
corren por tus venas y los defiendes en cualquier guerra deportiva. El 10
desafiaba al juego mismo con sus actuaciones…todos seguían sus pasos, la
esperanza de un pueblo en sus pies…cuanta presión en sus hombros, cuantos ojos
en sus pies…cuanto poder en sus goles. El velador se soñaba hablar con él,
conversar con una taza de café y un balón…hablar de fútbol, de filosofía, de
historias de vida unidas con el rectángulo verde. En su caseta, había un poster
con 3 ídolos del club y el día del juego bajo ese uniforme su casaca…hoy no era
la excepción. De pronto, la jugada tomó importancia, un toque privilegiado
rompió el fuera de lugar y el 10 se enfiló rumbo al marco…el corazón palpitó y
la grada contuvo el aliento, el velador imagino al 10 y le pidió que definiera
por arriba…todo se detuvo por un segundo y entonces oyó las tres letras en una
palabra que dan la felicidad…y gritó en la solitaria caseta, mientras con miles
de fanáticos coreaban el nombre del ídolo…la semifinal se había definido y el
equipo ahora iría a la final…besó el escudo del equipo, subiéndole al radio y
agradeciendo a Dios por el partido…escuchó los comentarios finales, los
chiflidos y pitidos de los autos regresando a sus casas…cuanta felicidad da del
deporte, cuantas emociones provee…el ser humano inventó el deporte para seguir
evolucionando, descendientes de cazadores furtivos, de supervivencia que ahora
se baten y así, continuar el crecimiento como ser vivo. El último de los autos
ha llegado y él se dispone a cenar, aunque es tarde, la comida siempre
ayuda…del fondo oye unos pasos y una voz pregunta por él, no la reconoce, ha de
ser el nuevo inquilino: Le da las buenas noches y se pone a sus órdenes como
buen trabajador, él sonríe y le agradece, permítame que le deje este café que
recién compré hace frío aquí…él velador se sorprende pero lo toma…gracias
señor; no se preocupe pero no me diga señor…el inquilino le da su nombre y el
velador dice: es el mismo nombre que mi ídolo. ¿Quién es su ídolo? El 10… ¿a
poco no lo conoce? ; Si claro, tiene una silla extra? Sí, claro… ¿Por qué lo
idolatra? Es un jugador de cepa…su forma de jugar, toque, como maneja los hilos
de la ofensiva…yo solo a dos jugadores conocí que tuviera las cualidades que en
él veo o bueno veía, hace mucho tiempo que no veo un juego…solo por este amigo
que me acompaña y le mostró el radio…también el poster que tengo aquí atrás…el
inquilino le comentó que esos dos eran sus ídolos pero del tercero aún faltaban
cosas por lograr…el velador le contó sobre los anteriores 10 del
equipo…técnica, liderazgo, goles, campeonatos…unos tocados por Dios, amantes de
la pelota y enamorados del juego…que fútbol el de esos días…comentó el lugar en
el que se sentaba y desde donde ondeaba esa bandera cuando era joven y cuando
llevó a sus hijos…el inquilino le contó cuando él empezó a jugar…desde niño
recorrió las inferiores, los barrios bajos y el sufrir por comer y el gozar por
jugar…ahora disfrutaba del juego como nunca…la conversación se fue alargando y
recorrieron épocas del juego, anécdotas, hablaron de formaciones, formas de
ataque y defensa…pero sobre todo de las emociones y la búsqueda de que ese
juego permease en la vida…el fútbol era la vida misma, pero no lo mas importante…el
velador se sorprendió de lo que su acompañante sabía y de lo bien que conocía
las entrañas…hablaron de los grandes: Pelé, Maradona, Di Stefano, Zidane, Hugo,
Cruyff, Ronaldo, Messi, Baggio, Batistuta, Maldini, ¿Cómo sabía tanto? Por lectura, por platicas
interminables con amigos y clientes debido a su trabajo…la noche se iba
alargando y él prometió regresar…por último le preguntó que si aún podía ver en
su totalidad, el velador sintió confianza en él y aceptó que tenía problemas en
el ojo y por ello, no iba a aglomeraciones por el temor de caerse o tener algún
detalle…el dinero no era mucho como para someterse a tratamientos, no
alcanzaba. Los siguientes dos días…continuaron conversando y luego le informó
que viajaría un par de días y volvería…el velador fue llevado a chequeo médico,
se le informó que todos debían hacérselo…de pronto se dio cuenta que todo era
sobre sus ojos, limpieza, vista, análisis…no era tan grave le dijo el Doctor…y
efectivamente veía mucho mejor que antes…le pusieron unos lentes que le
servirían, pero Doctor le dijo: no puedo pagarlo; el doctor le dijo que había
sido ya pagado. El velador regresó más que ilusionado…seguiría el juego por
radio, de nuevo…su misma rutina, sus supersticiones…la oración, el beso al
escudo, la plática al poster y encender el radio…de pronto…un auto se detuvo en
la entrada…de él bajo la esposa del inquilino, diciéndole que se acercará a
ella y le entregó el celular…amigo mi esposa lleva dos boletos para la final,
vengase que aquí lo veo…no se preocupe, le pedimos permiso a su jefe para que
hoy pueda asistir…los ojos del velador se pusieron rojos y agradeció más veces
de las que pudo contar...¿Y Ud. puede llevarme? Si, a eso vengo…venga súbase,
ahorita llegará quien se encargue…Dejo su uniforme y con su casaca subió al
auto…disfrutó cada instante del camino y llegar al estadio…cuantos colores,
cuanta pasión, banderas cual ejercito medieval, caras pintadas y cánticos que
incluso él sabía…se estacionaron en un lugar especial y caminaron…él no sabía
de Da Vinci o Miguel Ángel pero si sabía que ese mosaico en la grada era una
pintura que jamás olvidaría…subieron a un palco de la tribuna donde se veía con
todo con claridad, nunca había visto mejor…su respiración agitaba emocionado
hasta la médula, pero ella le dijo que su asiento estaba más abajo cerca de la
gente…lo llevaron ahí y vio a los jugadores salir al campo a calentar…ahí
estaba su ídolo, lo reconoció al instante por el número 10…emocionado los vio
dirigirse al vestidor y luego saltar al campo de nuevo…cantó el himno, las
porras y disfrutó del juego mientras aun en el fondo escuchaba la voz del radio
que provenía de su interior. Los toques, el campo verde que tantas alegrías y
emociones le había otorgado, como no querer este juego, como no adorar sus
historias de vida y sus anécdotas dentro de esta cancha…cada pase del 10 lo
vitoreaba, soltaba indicaciones y se abrazaba con los aficionados cuando los
defensas salían avante ante el equipo contrario…el juego se convirtió en una
ida y vuelta, contragolpes, postes, faltas, túneles, cabezazos y jugadas que
terminaban en un grito de Ahhh, cuando no caía el gol…y un aplauso cuando este
no caía en su propia portería…acercándose al final, una falta fue marcada cerca
del área rival…todos sabían en ese estadio y en millones de televisores, radios
y computadores quien cobraría el tiro…un silencio expectante se apoderó de cada
uno de los espectadores…el 10 colocó la pelota, miro la portería, la barrera y
donde estaba el arquero…aquello barrera era el muro de Berlín, cerró un poco
los ojos, secó el sudor de su rostro y enfiló para pegarle suave como el beso
que le das a tu esposa de buenas noches, la pelota se elevó entre los rostros
desesperados por alcanzarla con los ojos, la estirada del arquero no alcanzó y
el sonido rompió las nubes del cielo…que comenzó a llover mientras el grito
ensordecedor de GOL replicaba cual temblor…el velador rompió en llanto y los
últimos minutos le parecieron eternos y difusos como una película de ciencia
ficción hasta que el árbitro pitó el final…se desbordaron los ánimos y la gente
coreaba el cántico de campeón, campeón, campeón. El 10 se fue acercando…el velador se dio
cuenta que venía hacia donde estaba él y se estiró para saludarlo y felicitarle
entre la gente que se aglutinaba…pero él le dijo por su nombre…esa voz,
bienvenido le dijo el inquilino, entonces él lo entendió todo…quien lo visitaba
era el 10 de su equipo…su ídolo a quien conoció no por lo que jugaba sino por
su humanidad le agradecía haber venido, que orgullo, gracias a ti, le dijo el
velador…Ahora merezco estar en su poster le dijo el 10. Usted está en mi poster
de amigos que es más importante aún le dijo el velador mientras le abrazaba de
nuevo…aún ellos se reúnen por las noches para tomar un café y platicar del
fútbol y la vida…se cuenta que en el rectángulo verde del Mundo de Morfeo todos
podemos ser el número 10”
jueves, 28 de mayo de 2015
miércoles, 6 de mayo de 2015
El Camino de las Palabras
“En total hermetismo caía la noche,
impregnada de ese aroma a humedad que solo la amenaza de lluvia ofrece…una
sensación de desasosiego irrumpe a las almas de los habitantes de la ciudad tan
mal acostumbrados a lo nublado del cielo…pronto correrán a resguardarse de las
gotas, del frío y del temor a tanta soledad avasallados por los pensamientos de
quienes han descrito a la lluvia y la noche como una combinación perfecta para
el desamor, la tristeza y las tragedias…se preparará café y se harán
galletas…desempolvando los libros y retomando aquel álbum fotográfico. La
lluvia apareció justo el día que enfermó, no porque fuera él especial,
sencillamente porque así estaba dicho…comenzó suave e incipiente y fue
haciéndose fuerte hasta convertirse en una lluvia torrencial…el frío
aprisionaba su cuerpo y deliró un poco…vagando por los canales de su memoria,
sus historias y recuerdos avivados por ese sonido tan peculiar que solo el caer
de las gotas logra. Bebió un té tras otro para menguar un poco la enfermedad,
arrastrar sus males por la recamara hasta dejarlos en la sala…le dolía hasta la
risa y la tristeza, incluso las muecas parecían repercutir en su mal…buena
noche para estar enfermo se dijo mientras se ponía un trapo húmedo en la
frente…colmado de sus pensamientos y de las viejas películas que repasaba para
comprender y volver a experimentar el séptimo arte…marcando los momentos en los
que sabía el diálogo y encontraba una frase o un hecho que le gustaba…decidió
que había que agradecerle a la lluvia, hablarse de tú con ella y porque no,
hacer amistad al menos por hoy en que su cuerpo cortado le hacía delirar…le
dijo: “Que le contara que hay en el cielo, platicar de los demonios que tocan
su puerta y de los sueños que le arrebatan la verdad...sonreír x los besos que
robó por sus gotas...y de los caminos recorridos bajo su estela…de los días en
que se mojó hasta enfermarse y de las noches en que bajo su presencia optó por
enamorarse…agradecer por los poemas leídos y por las prosas vividas…y porque
no, por los días que vendrán” y tomó la botella…un trago, que veneno mate
veneno y que desamor lleve al amor o viceversa…bajo la lluviosa ciudad…veía
como los autos iluminaban esta oscuridad que le ensuciaba el alma. Siempre le
gustó vivir en esta casa…en una colina, para ver su ciudad, sus entrañas, sus
historias…desde ahí podía verlo todo, como el ojo del gran hermano…interceder o
crear lo que otros vivían a través de su lente…con cámara o binoculares o
también con algún telescopio…era el paisaje más hermoso del mundo, y él lo
tenía todo para él y solo lo compartía con sus muy allegados…carecía de fama y
de virtuosismo, era uno más, uno más en la jungla que se apodera de nosotros, en
la jungla de árboles y pantanos de fierro y cemento…creaciones del ser humano
que se arraigó con el sedentarismo…le gustaba ver siempre, se consideraba tan
visual que fue aficionado al cine, a la fotografía, a las personas recorriendo
la ciudad y a esas luces que ofrecían las noches al pasar los autos y al
abrirse los bares…pero lo que más le gustaba era degustar una copa de vino o
una cerveza helada frente a ese paisaje, llevar a cabo la filosofía y sus ideas
dentro de un pequeño grupo de personas…esas personas que se llaman amigos y que
solo con los dedos de tus manos cuenta…una vez por semana se reunían para
degustar los temas actuales y los básicos para siempre acabar con esas pequeñas
historias de donde la humanidad aparece con sus pros y sus contras…bajando por
el abismo de los yo, tu, nosotros y ellos y porque no, de los amores
insufribles y platónicos cuyos nombres no se mencionan o se dicen solo en voz
baja. La copa de vino le supo a gloria, indescifrable como la noche lluviosa,
indescriptible como el sentimiento que el embargaba y cuyas raíces se anidaban
justo en el lugar donde va el corazón…quizás mañana la enfermedad le tumbaría,
le devolvería su frágil existencia a la cama donde pasaría días rezando a Dios
que le devuelva sus fuerzas para continuar por esos ríos de pragmatismo e
historia incitada para saberse todopoderoso…quizás, quizás, estaba cansado de
vivir en el supuesto…quería volver a sentir, a trascender y transpirar ese
arrojo pasional correr por sus venas…entre el hacer y el no hacer, siempre será
mejor el hacer…un par de días fueron suficientes para evadir la enfermedad,
sacarse el mal sabor de boca y abandonarlo todo…decidió escapar…tendría que
hacer algo así, para sentirse mejor, para que la nieve de la vida le supiera
mejor y su corazón dejará ese vacío que le abrigaba de vez en cuando como el
frío de esa noche lluviosa que le abrió los ojos nuevamente dándole algo con lo
que él no contaba…ilusión. Empacó poco y no reservó en ningún lado, recorrería
las tierras y las ciudades…para ver que encontraba, para sentir el aire de la
carretera…comenzó por dejar en el cajón, las hojas escritas para el amor y por
el amor, los extraños ruidos al besar aquellos labios y los tanto te quiero
dichos en tantas noches…adquirió una grabadora de bolsillo, y pidió a uno de sus amigos su auto descapotable, un
viejo modelo cuya marca siempre anheló manejar pero que para la ciudad era un
poco inoperante…partió con la puesta del sol…en aquella mochila, poco que
describir pero lo importante estaba ahí…botellas, copas, emparedados y libros,
y porque no, música de viento…ataviado en sus lentes de sol…y el viento
golpeándole en su rostro…dejaba que el motor hiciera su parte subiendo y
bajando velocidades rebasando pero sobre todo disfrutando de la
carretera…árboles frondosos y vegetación indescriptible que aparecía por ambos
lados llamaban su atención…hablaba y hablaba, cual si tuviera amigo imaginario,
pero hablar con uno mismo siempre es bueno…más en esos días en que la vida está
por estallar en un cumulo de supuestos y de hechos que nos llevarán por caminos
insospechados…pasó por varias ciudades, recorriendo a paso lento pero sin
bajarse del auto mientras continuaba su plática ante él…dormía dentro del auto
o encima del toldo, ahí leía con una linterna y grababa su voz para continuar
su viaje…insectos y el ruido sinuoso de la carretera le parecían toda una
aventura…así continuó hasta bajarse en uno de los pueblos…necesitaba comer…la
comida escaseaba y unos pocos pesos servirían…busco el lugar más pequeño…una
cantina con oferta gratis en comida…entró con su sombrero y los lentes
oscuros…la barba ya había aparecido y la música repelía su ser…una camarera con
vestido rojo le tomó la orden…aceptó una, y otra, y otra mientras escuchaba
esas canciones que le recordaban a su padre…vayas historias que se asemejaban
solo en diferentes épocas…le gustó la chica de la barra…de labios gruesos y
mirada enfurecida limpiando los vasos una y otra vez mientras su sonrisa
permanecía oculta tras su historia de vida…no supo como pero justo estaba ya en
la barra intentando hablarse con ella…le contó de su partida, de sus encuentros
y las posibles poesías que quería escribir para ella…poco a poco, la seriedad
perdía esa batalla mientras el: aja, claro, si, como no; aparecía siempre que
él recorría con los ojos aquellas piernas que se negaban a mostrarse tras la
barra…quería besarle, cerrarle los labios para evitar escuchar esa crueldad en
las palabras…por fin, ella le dijo que esperase…la noche se perdía en el
anonimato del universo y aquellos dos en los sueños fraudulentos de quienes se
encuentran en el camino…fiestas, amistades, caídas en las calles y besos en las
bancas…así fue la noche para los dos, y si él le hizo poesías a sus muslos y a
sus labios, miro sus ojos como se mira el paraíso…y se marchó al alba, prometió
llegar de regreso…regresarle todos los besos y las caricias, y porque no, las
nuevas poesías. Se cambió de ropa y desayuno el último de los emparedados
mientras iniciaba de nuevo, no había tiempo, no había un antes y un después
solo la carretera…al cambiar de estado la vegetación cambió y también la
fachada de las casas así como esos sencillos hombres caminando sobre el
asfalto…varios le hicieron la parada pero él no quería involucrarse hasta que
vio a aquel hombre añoso pero con un rostro joven que prácticamente corrió detrás
de él mientras su mochila casi le rebasaba sus hombros, el sombrero de paja y
los zapatos sucios contrastaban con esa sonrisa…se detuvo y se orilló…y el
hombre subió…voy a mi ciudad le dijo apenas adelante…conversaron y conversaron
durante el trayecto…le causó risa cuando el hombre tarareó una canción y más
cuando su voz se escuchó mucho mejor al cantar que al hablar…le dijo que había
sido cantante de adolescente, estaba acostumbrado a las largas caminatas
cargando su guitarra hasta que esta le fue robada y entonces volvió al trabajo
diario…pero jamás olvidaba sus gratos momentos de pequeña fama llevando
serenatas por los callejones…él le brindó una de las botellas de la mochila y
cantaron rancheras sobre aquel cielo oscuro lleno de pepitas blancas como la plata…la
ciudad era nueva para él y vieja para su acompañante…le invito a quedarse…solo
una noche, dormir en el auto jamás podría igualarse a una cama…así fueron a su
casa…una humilde vivienda de un piso y una calle infestada de hombres
sonrientes y zapatos tristes…hablaron y hablaron mientras todos se acercaban a
ver el auto en el que habían llegado…todas las preguntas que se hicieron siempre
fueron con tono de Ud., pero él sonrió, aquí todos somos iguales, hechos del
mismo barro y por el mismo Dios…y les ofreció una nueva botella para perder el
control que tan bien se le daba…se sentaron alrededor de él e hicieron un asado
en el patio…los pesos se juntaron y las historias se hablaron…le encantaba
estar ahí, en el bullicio, en la combinación de los rostros y las
palabras…apareció una guitarra, un acordeón y ahí fue todo…cantaron frente al
fuego que engullía la noche…habló del porque viajaba y del porque grababa todo
con sus palabras y ahora las de ellos, preguntó por sus historias, sus vidas y
las razones de su levantarse por la mañana pero sobre todo perdieron los
sentidos frente a las botellas que sin saber aparecían y aparecían como plantas
en el suelo…duro toda la noche y todos se fueron al salir el Sol, había que
continuar…seguir, volver a recorrer el país y sus entrañas…despertó al mediodía
en la silla de aquel patio, el sombrero cubría su rostro y una sábana su
cuerpo…unos ojos le miraban absortos…la esposa de aquel hombre que llevo estaba
frente a él, le dio una cesta y sin palabra alguna, el entendió…había que irse,
agradeció con el sombrero una y otra vez pero ella solo le sonreía en una
mueca…el hombre yacía dormido y él se despidió no sin antes dejarle un libro…un
obsequio, ahí le anotó su nombre y una frase…la jaqueca apareció justo al
atardecer…el dinero se le estaba acabando…había recorrido una enormidad de
kilómetros y un sinfín de historias en cada ciudad que se le ocurría bajar o cuando
el hambre o la sed lo hacían detenerse, se leyó todos los libros e intercambio
algunos…conoció el amor, el desamor, la pasión, los cigarros prestados y las
botellas calientes, apestó a rayos y olía a perfume todo bajos esos cientos y
miles de kilómetros por el país de su corazón…que hermoso el ayer y el mañana,
el presente y el futuro…los recuerdos vividos y los contados…abriéndose paso
entre la sangre de su ser para amar, ser amado y ver paisajes que jamás pensó
en ver, a dormir en hoteles de paso y en el auto, a comer nada y comer mucho…relacionarse
con la tierra y el agua, ser el pájaro que vuela, la serpiente que se arrastra,
el sueño que se traiciona…quería ser todo y comérselo para que se quedará en él…así
llego al último lugar de su trayecto, supo que sería su regreso porque no había
nada más hermoso que aquella playa cuyo aroma lo percibió desde la
carretera…aspiró la piel de la arena y el sonido de las olas y se desvió para
llegar a ella…una copa y una botella, un libro y la grabadora y si, a decirlo
todo lo que quedaba frente al mar…lentes, y el sombrero que intercambió en el
pueblo anterior…se quitó los zapatos y recorrió descalzo la arena…se quitó la
camisa introduciéndose al mar y nado por una hora o más…libre…fascinado por ser
otro, huir, manejando hasta el fin del mundo y escribir a través de la
grabadora con sangre los sueños todos en una larga prosa que sería cantada y
contada hasta volver…con el sol en su punto y el viento deambulando…dejo la
camisa cual toalla y los libros abiertos para dedicarse a ver más allá de lo
que su vista pudiese…a ver con el corazón y con la botella en la mano…atrás de
él, al fondo una casa de tonos verdes limón salió una muchacha…no podía verla
pero alcanzo a sentir su presencia, ese aroma que solo las rosas llevan…cual
reina del mar permanecía con la mano sobre su frente para evitar el Sol, sintió
su llegada con la pisadas y justo al voltear, tuvo que alzar la vista para
encontrarse con ella…parecía la Julieta de Shakespeare , la Francesca de Dante,
la Musa de Fellini, su ropa vintage y los ojos verdosos como los bosques
frondosos…le robaron el corazón y la respiración…preguntó que hacía él aquí, en
un lugar tan viejo y sin importancia…todos pasan pero nadie se queda, todos ven
pero nadie toca, a menudo es una playa de paso…aquella que no sale en fotos o
se habla en los libros…él permaneció en silencio, las palabras se le ocultaban
como el Sol lo hacía tras las montañas, perdido en los labios maltratados por
la sal del mar y esas largas piernas que parecían no terminarse…vine a hacerme
de mi propia historia le dijo, escribir tan claro como el cristal y tan libre
como el agua grabando lo que veo y siento, para luego escribir para mi…escribir
y escribir, diciendo todo aunque el corazón doliera y la menta carcajeará
escribirlo todo en una larga prosa…ella permaneció viéndolo en silencio,
asimilando lo que decía, y se limitó a tomar la copa y pedir por la botella él
le sirvió mientras ella hojeaba el libro, le pidió que escribiera sobre ella,
no llevaba lápiz pero tomó su grabadora mientras ella saboreaba el vino en su
boca…era un atardecer en la playa, el callejón de los besos, el bosque de las
luciérnagas, el cielo estrellado, la canción favorita, el helado en un día
caluroso, el amor en noches de borrachera…le dijo todo eso y más…y ella le besó
comiéndole los labios para que él no se fuera jamás, abonarle ese recuerdo a su
viaje y dejarle la vida en ese beso, que se prolongó con otro y otro, mientras
el Sol se iba…aún no recuerda mucho…solo que la noche los vio tumbarse desnudos
en la arena y las olas les mecían bajo un cielo enigmático, se quedó un par de
noches más…a escuchar su vida y contarle la suya, a reírse de nada y hablarse
de todo…a soñar bajo esa Luna libre de smog y ruidos…a comer en la orilla del
mar y bailar frente a la fogata…quería quedarse para siempre, o llevársela con
él, pero nada de ello se podía, ella no quería irse y él no sabía quedarse…se
hirieron y marcaron el cuerpo para que nada pudiera quitarles esos tres días en
el mundo de los nómadas y los sedentarios…extraviados y pasajeros…partió al
amanecer, no dejo rastro de su partida, besó sus labios dejando otro libro,
otra frase, otro pedazo del corazón…aún en el viaje de regreso, los labios
evocaban el nombre de ella, exhalaban el pedazo del corazón dejado y el que se
trajo de ella a cambio…dejo en la carretera...los viajes juntos y los
paisajes perdidos...dejo el ayer y sonrió ante el hoy y entonces...fue libre…al
volver, escribió y escribió hasta que manos adolecieron, hasta que las botellas
se terminaron y las noches se hicieron días, y los días se hicieron meses…al
año siguiente, cuando el libro fue publicado y la portada estaba frente a él,
en una de esas noches con sus amigos con la mirada perdida en el paisaje…y la
marca en su cuerpo…sintió ese pedazo de corazón faltante retumbar en él, cual
si estuviera apenas cortado y escuchó como tocaron la puerta…todos se quedaron
en silencio y la música fue participe cual escena del cine…los pasos se
escucharon y el sonido que se hace al abrirla…el rostro cubierto por el frío, y
un sombrero rojizo, la reina del mar…la Julieta, la Francesca, La Musa…solo
dijo: me hace falta un pedazo de corazón…vine por él…le tembló el cuerpo y le
besó tan fuerte como en aquel pueblo perdido…mostró el libro y él entendió
todo…recogió la única maleta que tenía, sirvió una copa y la llevo donde los
paisajes siempre aparecen y le presentó lo que tenía en su vida…los amigos, el
paisaje, los relatos, la historia y el Mundo de Morfeo donde siempre se puede
encontrar los pedazos del corazón que nos hacen falta en el camino de las
palabras”.
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