martes, 10 de junio de 2014

La Musa

“Ella era un Sol en domingo…como encontrarse al amanecer a la vuelta de la esquina, le sonríes, haces una mueca y no puedes evitar decir un hola…así se presentaba ella…cada final de mes…aparecía ante su puerta…se anunciaba y entraba con ese sonido tan peculiar que hacen los tacones al caminar…y le cimbraba su mundo tanto que le temblaban las piernas cual huracán al llegar a la ciudad…siempre de madrugada ya sea en vestido floreado, oscuros o de colores primarios siempre acompañada de esos bolsos de colores y aquellos labios gruesos y hermosos que le aceleraban el corazón…el moría cuando se iba y nacía cuando llegada…aun en sus horas más lucidas no recordaba como ella llego aquí…recordaba sus ojos, sus besos, sus no juguetones y sus si envueltos en misterio…una dualidad, una línea paralela…pero jamás como llegó ella aquí, quizás fue una dualidad del tiempo, tal vez lo hubiese confundido con alguien puesto que ni nombres se mencionaron…con sus poesías tontas y baratas, sus gritos cuando ella se marchaba al salir el sol, le denostaban ese aire nostálgico de ver al amor irse por tu ventana cada 30 días…el trato era una obviedad…sin anillos de compromiso de por medio, Ella no hacía preguntas ni hablaba sin que la conversación se lo exigiera…era callada y calculadora, hermosa y brutalmente honesta…de sus ojos desprendía un destello de luz comparable al fuego de la vida…a veces fumaba, a veces reía mas de lo normal, pero nunca, en todas esas visitas, le vio perder la elegancia de su silueta al hacer cualquier cosa, parecía que todos sus movimientos estaban precedidos matemáticamente y bien pensados, aun así, se notaba ligera al realizarlos…sobre todo cuando le besaba tomando con ambas manos las mejillas de el…La Musa como él le había nombrado para de alguna manera mencionarla cuando hablaba consigo mismo era una alteración total en su rutina, poseía el don de dejar huella por donde pasase incluso en la copa donde él le servía el vino, los labios rojos marcados en ella, el aroma que impregnaba la sala, el cuarto, la cocina, el corazón y porque no, el aire de la ciudad…único e irrepetible…lo que sentía al hacerle el amor, aun no tenia nombre…como definir aquello tan hermoso, efímero, sustancial…que casualidad mas enigmática y placentera, el que ella haya aparecido por arte de magia, por obra del destino, por simple acto de causa y efecto…de seguro Dios la había enviado se decía mientras agradecía al cielo estrellado cuando escuchaba esos tacones caminar hacia la puerta…cuan ofrecido era él, cuan intensamente desesperado se notaba tratando de ser su cómplice y ser complaciente e inmensamente caballeroso….como lo aprendió, de donde le nació su idea del ser todo para ella, aun lo desconoce pero le alegra haberlo aprendido por ella. Al final de eso se trata muchas veces nuestra evolución como personas, saberse necesitados o bien, queridos como individuos…lograr una empatía que rara vez llega a un siguiente nivel como cuando dos personas se adoran…al menos el pensaba que lograba la adoración de ella, por algo, volvía cada 30 días…cual estrella fugaz…esta noche el Dios lloraba a raudales y furioso se vengaba de los hombres…sus lagrimas caían sobre la ciudad en aquella lluvia consistente…si sus cuentas no le fallaban…ella vendría…El Tuerto con aquel ojo cubierto por ese parche tinto, y su caballerosidad aprendida en un curso práctico, estaban listos para recibirla…maldita lluvia se decía, maldita ilusión, bendito destino…las velas se le apagaban por el viento y los truenos interceptaban el sonido de la música…había escrito para ella, por ella y de ella…La Musa nunca preguntó por su mal, por aquel ojo de vidrio y menos aun de esa barba y esos labios sangrantes…era lo que le encantaba de ella, la aceptación y el había aceptado también. Un relámpago iluminó el cielo, justo pasado la media noche…una silueta con paso cansino se abría paso rumbo a su puerta…aun entre tanto ruido, el se percato de sus pasos, y también de aquella mirada altiva y hermosa como la rosa nacida en invierno…venia empapaba y su vestido verde menta se moría de mojado…El Tuerto corrió hacia ella, y le hizo entrar…le faltó su otro ojo para darse cuenta mientras corría por una toalla que no toda esa agua provenía de la lluvia…volvió con la toalla y la puso en sus hombros mientras ella se secaba, El Tuerto sintió una opresión en el pecho al percatarse de los ojos hechos jirones de la Musa, su maquillaje corrido y ese golpe que le había roto el labio, sintió una furia correr por su cuerpo y una alteración en la respiración…quería saber quien había hecho semejante arrebato de violencia pero ella le detuvo, tomando su mano para besarla…no, no, le repitió…el corazón se rompe cada tanto tiempo, cada que el amor se va de nuestras vidas…cada que el cielo rompe con sus truenos las casas y las almas de los hombres…hoy solo fue una de esas veces le dijo ella…pero él no entendía, quien era ese que amparado en el amor que la Musa sentía había maltratado su rostro…quería saber, comprender, asimilar, sobre todo quería saber quién era aquel que le robaba a su Musa…pero recordó de nuevo esas palabras que de vez en vez aparecían en las paredes de aquella casa…”en el amor nada ni nadie nos pertenece”…No quiso vino, no quiso música, de sus labios las palabras se habían desaparecido, a veces las palabras se van y cuando vuelven es demasiado tarde…aun en ese instante donde el desamor baño su cuerpo y se arraigo en las venas de su hermosa figura, sonreía, no quería que su vulnerabilidad se apoderara del corazón…ganar, ganar…ese fue siempre su lema, aun en la derrota…el tuerto dejo caer una lagrima e intentó confortarle pero ella le rechazo,  y de nuevo le sonrió…al amor no se le llora le dijo, al amor se le enfrenta, se le desafía, se le besa y abraza, menos lagrimas, y con la toalla volvió a limpiarse el rostro…la vida como el amor son regalos que Dios nos dio y no debemos permitirnos quejarnos o lamentarnos de él, pero si todos lo deseamos y anhelamos invariablemente alguien se queda sin el por un día, un mes, un año o una vida…el le escuchaba con asombro, cuanta valentía, cuanta voluntad, cuanta furia contenida…sin mediar palabra, la llevo a la habitación…dejaron la puerta entreabierta, el Tuerto le abrazo en aquella habitación donde solo las velas eran testigos, besó su cuello mientras bajaba el cierre del vestido lentamente como al echar volar una mariposa o cuando se abre una rosa, curo sus heridas con besos mientras curaba las propias, con cuidado acaricio su espalda quitándole el sostén y acaricio sus hermosos pechos…la tomo por la cintura y le dio vuelta, para besarle esos labios rotos de manera suave como una brisa de mar…su encaje negro, todo fue dejado en el suelo…los papeles habían cambiado sin darse cuenta…se besaron justo cuando él le invito a bailar y así, bailaron desnudos acostados sobre la cama de colores grises, acompañados por el sonido que las lagrimas del Dios que lloraba, adoro su alma, suspiró en su corazón, olfateo su aroma y se sumergió en los cabellos de ella, cuanta adoración, cuanto calor, desnudos bailaron el tango de la pasión, de lo prohibido, de lo no escrito, quería que se quedase todos los días y no solo una vez cada tantas noches…tocar a diario esos labios que se le antojaban como el elixir de la juventud y del amor, gruesos y rojos, manjar de dioses y ángeles caídos…la musa en silencio apretaba su cuerpo contra el de el, él sentía esas delicadas manos uniendo a dos insensatos, creyentes que se puede desafiar al destino y sus ironías, esa noche las mascaras se arrojaron al suelo, y así, en un baile sobre la cama, sus almas perdieron la coraza, sobre las paredes al estallar el relámpago en el cielo, la frase llenaba toda la habitación al igual que las velas, esos testigos mudos de los amantes atados por el hilo delgado de la pasión.  El Tuerto curo sus heridas, escucho los vaivenes del amor y el desamor, de la tristeza a la alegría, provenientes del monologo que la Musa inició con la mirada al techo de la habitación…sin mascaras, sin ropa, sin luna, sin tabúes…ella interpreto los dos papeles de su vida, sus caminos distorsionados y la afrenta de la que fue parte, también del cariño que sentía, y de ideales evocados y metas fijas para poder subsistir en el mundo…buscando hacerse entender…pero le recordó a el que la vida no es para entenderse, es para disfrutarse…disfrutar del camino trazado, del vivido, del anhelado…se abrazó de él para no caerse en el abismo de su corazón roto durmiéndose al instante…cuanta fragilidad, cuanta confianza…no hay que saberse los nombres para confiar en alguien, no hay que saber el pasado para enamorarse…la vida es corta para pasar dando explicaciones…la luz del Sol acaricio su rostro, despertándolo de ese sueño tan corto y tan claro…se puso su parche y descubrió que la Musa se había marchado…rápidamente fue a la sala, tal vez estaría ahí, o salió por el desayuno aunque jamás lo hubiese hecho…recordó el trato, la obviedad, el asumir las cosas sin hablarlas…era la caricia del Sol en su rostro la que lo hizo entrar en razón…mas cuando encima de la mesa, una servilleta con esos labios rojos marcados y aquella elegante letra con tinta negra le resolvieron la mañana…¿esperar otro mes? ¿Esperar otra vida? ¿Quedarse con el aroma de su cuerpo solo por alguna noche? ¿Vivir de extrañarle? Ese día no hizo mucho, dio vueltas por la casa, por los alrededores, y regresó temprano del trabajo…fue un fantasma en la oficina, el tiempo pasó rápido mientras el evocaba su recuerdo, la noche con ella, los besos, los abrazos, la conversación, el vino perdido, la curación de las heridas…el no poder evitar sentirse arrastrado hacia esa fuerza que era ella y todo lo que representaba la Musa en su vida…moría cuando ella desaparecía, y se convertía en un fantasma sin un ojo en la ciudad, en el trabajo, en la casa…Una infumable soledad sintió en ese atardecer al volver a casa, apenas dura un instante, un suspiro del padre tiempo…El se ha quedado prendido de la ventana apreciando lo efímero del momento, se percato de los postes de luz despertando al encender sus luces y de los autos tomando rumbo a cualquier lugar, movimiento se dijo, se mantienen en movimiento…las luces avanzaban y se perdían en el horizonte como se pierde el sol tras las casas…se le hizo un nudo en la garganta, un hueco que se formaba entre el pecho y el estomago…el le llama ausencia pero el viento le dice perdida…Hoy no podría preguntarse más cosas, la noche seria eterna…fue a dormir y se perdió en ese sueño que siempre aparecía en noches como estas, repetitivo y con el mismo final…despertó de manera abrupta, sentía el sudor recorrer su cuerpo aun en con el frio de la habitación…una copa de vino sería bueno, un poema barato y honesto…una lectura, un reclamo al viento por la ausencia…entonces lo escucho…aquel sonido tan peculiar…los tacones al caminar…pensó que se había vuelto loco…aun con los ruidos de la ciudad, lo escuchaba…en medio de la calle…estaba ella…La Musa…el, salió tan rápido como se hizo la luz en el mundo…la brisa del viento peinaba sus cabellos…de nuevo era ella altiva, enigmática, fugaz, hermosa como una mariposa, honesta como la luna…El Tuerto de su único ojo derramo una lagrima mientras que su cuerpo permanecía tan estático como una piedra…entonces ella corrió a sus brazos…dejando marcado ese beso de color rojo en su corazón…el había nacido de nuevo…ella había creído de nuevo…del cielo cayeron lagrimas del Dios que lloraba…por primera en mucho tiempo estas fueron de alegría por aquellos dos amantes del Mundo de Morfeo”

La Musa

“Ella era un Sol en domingo…como encontrarse al amanecer a la vuelta de la esquina, le sonríes, haces una mueca y no puedes evitar decir un hola…así se presentaba ella…cada final de mes…aparecía ante su puerta…se anunciaba y entraba con ese sonido tan peculiar que hacen los tacones al caminar…y le cimbraba su mundo tanto que le temblaban las piernas cual huracán al llegar a la ciudad…siempre de madrugada ya sea en vestido floreado, oscuros o de colores primarios siempre acompañada de esos bolsos de colores y aquellos labios gruesos y hermosos que le aceleraban el corazón…el moría cuando se iba y nacía cuando llegada…aun en sus horas más lucidas no recordaba como ella llego aquí…recordaba sus ojos, sus besos, sus no juguetones y sus si envueltos en misterio…una dualidad, una línea paralela…pero jamás como llegó ella aquí, quizás fue una dualidad del tiempo, tal vez lo hubiese confundido con alguien puesto que ni nombres se mencionaron…con sus poesías tontas y baratas, sus gritos cuando ella se marchaba al salir el sol, le denostaban ese aire nostálgico de ver al amor irse por tu ventana cada 30 días…el trato era una obviedad…sin anillos de compromiso de por medio, Ella no hacía preguntas ni hablaba sin que la conversación se lo exigiera…era callada y calculadora, hermosa y brutalmente honesta…de sus ojos desprendía un destello de luz comparable al fuego de la vida…a veces fumaba, a veces reía mas de lo normal, pero nunca, en todas esas visitas, le vio perder la elegancia de su silueta al hacer cualquier cosa, parecía que todos sus movimientos estaban precedidos matemáticamente y bien pensados, aun así, se notaba ligera al realizarlos…sobre todo cuando le besaba tomando con ambas manos las mejillas de el…La Musa como él le había nombrado para de alguna manera mencionarla cuando hablaba consigo mismo era una alteración total en su rutina, poseía el don de dejar huella por donde pasase incluso en la copa donde él le servía el vino, los labios rojos marcados en ella, el aroma que impregnaba la sala, el cuarto, la cocina, el corazón y porque no, el aire de la ciudad…único e irrepetible…lo que sentía al hacerle el amor, aun no tenia nombre…como definir aquello tan hermoso, efímero, sustancial…que casualidad mas enigmática y placentera, el que ella haya aparecido por arte de magia, por obra del destino, por simple acto de causa y efecto…de seguro Dios la había enviado se decía mientras agradecía al cielo estrellado cuando escuchaba esos tacones caminar hacia la puerta…cuan ofrecido era él, cuan intensamente desesperado se notaba tratando de ser su cómplice y ser complaciente e inmensamente caballeroso….como lo aprendió, de donde le nació su idea del ser todo para ella, aun lo desconoce pero le alegra haberlo aprendido por ella. Al final de eso se trata muchas veces nuestra evolución como personas, saberse necesitados o bien, queridos como individuos…lograr una empatía que rara vez llega a un siguiente nivel como cuando dos personas se adoran…al menos el pensaba que lograba la adoración de ella, por algo, volvía cada 30 días…cual estrella fugaz…esta noche el Dios lloraba a raudales y furioso se vengaba de los hombres…sus lagrimas caían sobre la ciudad en aquella lluvia consistente…si sus cuentas no le fallaban…ella vendría…El Tuerto con aquel ojo cubierto por ese parche tinto, y su caballerosidad aprendida en un curso práctico, estaban listos para recibirla…maldita lluvia se decía, maldita ilusión, bendito destino…las velas se le apagaban por el viento y los truenos interceptaban el sonido de la música…había escrito para ella, por ella y de ella…La Musa nunca preguntó por su mal, por aquel ojo de vidrio y menos aun de esa barba y esos labios sangrantes…era lo que le encantaba de ella, la aceptación y el había aceptado también. Un relámpago iluminó el cielo, justo pasado la media noche…una silueta con paso cansino se abría paso rumbo a su puerta…aun entre tanto ruido, el se percato de sus pasos, y también de aquella mirada altiva y hermosa como la rosa nacida en invierno…venia empapaba y su vestido verde menta se moría de mojado…El Tuerto corrió hacia ella, y le hizo entrar…le faltó su otro ojo para darse cuenta mientras corría por una toalla que no toda esa agua provenía de la lluvia…volvió con la toalla y la puso en sus hombros mientras ella se secaba, El Tuerto sintió una opresión en el pecho al percatarse de los ojos hechos jirones de la Musa, su maquillaje corrido y ese golpe que le había roto el labio, sintió una furia correr por su cuerpo y una alteración en la respiración…quería saber quien había hecho semejante arrebato de violencia pero ella le detuvo, tomando su mano para besarla…no, no, le repitió…el corazón se rompe cada tanto tiempo, cada que el amor se va de nuestras vidas…cada que el cielo rompe con sus truenos las casas y las almas de los hombres…hoy solo fue una de esas veces le dijo ella…pero él no entendía, quien era ese que amparado en el amor que la Musa sentía había maltratado su rostro…quería saber, comprender, asimilar, sobre todo quería saber quién era aquel que le robaba a su Musa…pero recordó de nuevo esas palabras que de vez en vez aparecían en las paredes de aquella casa…”en el amor nada ni nadie nos pertenece”…No quiso vino, no quiso música, de sus labios las palabras se habían desaparecido, a veces las palabras se van y cuando vuelven es demasiado tarde…aun en ese instante donde el desamor baño su cuerpo y se arraigo en las venas de su hermosa figura, sonreía, no quería que su vulnerabilidad se apoderara del corazón…ganar, ganar…ese fue siempre su lema, aun en la derrota…el tuerto dejo caer una lagrima e intentó confortarle pero ella le rechazo,  y de nuevo le sonrió…al amor no se le llora le dijo, al amor se le enfrenta, se le desafía, se le besa y abraza, menos lagrimas, y con la toalla volvió a limpiarse el rostro…la vida como el amor son regalos que Dios nos dio y no debemos permitirnos quejarnos o lamentarnos de él, pero si todos lo deseamos y anhelamos invariablemente alguien se queda sin el por un día, un mes, un año o una vida…el le escuchaba con asombro, cuanta valentía, cuanta voluntad, cuanta furia contenida…sin mediar palabra, la llevo a la habitación…dejaron la puerta entreabierta, el Tuerto le abrazo en aquella habitación donde solo las velas eran testigos, besó su cuello mientras bajaba el cierre del vestido lentamente como al echar volar una mariposa o cuando se abre una rosa, curo sus heridas con besos mientras curaba las propias, con cuidado acaricio su espalda quitándole el sostén y acaricio sus hermosos pechos…la tomo por la cintura y le dio vuelta, para besarle esos labios rotos de manera suave como una brisa de mar…su encaje negro, todo fue dejado en el suelo…los papeles habían cambiado sin darse cuenta…se besaron justo cuando él le invito a bailar y así, bailaron desnudos acostados sobre la cama de colores grises, acompañados por el sonido que las lagrimas del Dios que lloraba, adoro su alma, suspiró en su corazón, olfateo su aroma y se sumergió en los cabellos de ella, cuanta adoración, cuanto calor, desnudos bailaron el tango de la pasión, de lo prohibido, de lo no escrito, quería que se quedase todos los días y no solo una vez cada tantas noches…tocar a diario esos labios que se le antojaban como el elixir de la juventud y del amor, gruesos y rojos, manjar de dioses y ángeles caídos…la musa en silencio apretaba su cuerpo contra el de el, él sentía esas delicadas manos uniendo a dos insensatos, creyentes que se puede desafiar al destino y sus ironías, esa noche las mascaras se arrojaron al suelo, y así, en un baile sobre la cama, sus almas perdieron la coraza, sobre las paredes al estallar el relámpago en el cielo, la frase llenaba toda la habitación al igual que las velas, esos testigos mudos de los amantes atados por el hilo delgado de la pasión.  El Tuerto curo sus heridas, escucho los vaivenes del amor y el desamor, de la tristeza a la alegría, provenientes del monologo que la Musa inició con la mirada al techo de la habitación…sin mascaras, sin ropa, sin luna, sin tabúes…ella interpreto los dos papeles de su vida, sus caminos distorsionados y la afrenta de la que fue parte, también del cariño que sentía, y de ideales evocados y metas fijas para poder subsistir en el mundo…buscando hacerse entender…pero le recordó a el que la vida no es para entenderse, es para disfrutarse…disfrutar del camino trazado, del vivido, del anhelado…se abrazó de él para no caerse en el abismo de su corazón roto durmiéndose al instante…cuanta fragilidad, cuanta confianza…no hay que saberse los nombres para confiar en alguien, no hay que saber el pasado para enamorarse…la vida es corta para pasar dando explicaciones…la luz del Sol acaricio su rostro, despertándolo de ese sueño tan corto y tan claro…se puso su parche y descubrió que la Musa se había marchado…rápidamente fue a la sala, tal vez estaría ahí, o salió por el desayuno aunque jamás lo hubiese hecho…recordó el trato, la obviedad, el asumir las cosas sin hablarlas…era la caricia del Sol en su rostro la que lo hizo entrar en razón…mas cuando encima de la mesa, una servilleta con esos labios rojos marcados y aquella elegante letra con tinta negra le resolvieron la mañana…¿esperar otro mes? ¿Esperar otra vida? ¿Quedarse con el aroma de su cuerpo solo por alguna noche? ¿Vivir de extrañarle? Ese día no hizo mucho, dio vueltas por la casa, por los alrededores, y regresó temprano del trabajo…fue un fantasma en la oficina, el tiempo pasó rápido mientras el evocaba su recuerdo, la noche con ella, los besos, los abrazos, la conversación, el vino perdido, la curación de las heridas…el no poder evitar sentirse arrastrado hacia esa fuerza que era ella y todo lo que representaba la Musa en su vida…moría cuando ella desaparecía, y se convertía en un fantasma sin un ojo en la ciudad, en el trabajo, en la casa…Una infumable soledad sintió en ese atardecer al volver a casa, apenas dura un instante, un suspiro del padre tiempo…El se ha quedado prendido de la ventana apreciando lo efímero del momento, se percato de los postes de luz despertando al encender sus luces y de los autos tomando rumbo a cualquier lugar, movimiento se dijo, se mantienen en movimiento…las luces avanzaban y se perdían en el horizonte como se pierde el sol tras las casas…se le hizo un nudo en la garganta, un hueco que se formaba entre el pecho y el estomago…el le llama ausencia pero el viento le dice perdida…Hoy no podría preguntarse más cosas, la noche seria eterna…fue a dormir y se perdió en ese sueño que siempre aparecía en noches como estas, repetitivo y con el mismo final…despertó de manera abrupta, sentía el sudor recorrer su cuerpo aun en con el frio de la habitación…una copa de vino sería bueno, un poema barato y honesto…una lectura, un reclamo al viento por la ausencia…entonces lo escucho…aquel sonido tan peculiar…los tacones al caminar…pensó que se había vuelto loco…aun con los ruidos de la ciudad, lo escuchaba…en medio de la calle…estaba ella…La Musa…el, salió tan rápido como se hizo la luz en el mundo…la brisa del viento peinaba sus cabellos…de nuevo era ella altiva, enigmática, fugaz, hermosa como una mariposa, honesta como la luna…El Tuerto de su único ojo derramo una lagrima mientras que su cuerpo permanecía tan estático como una piedra…entonces ella corrió a sus brazos…dejando marcado ese beso de color rojo en su corazón…el había nacido de nuevo…ella había creído de nuevo…del cielo cayeron lagrimas del Dios que lloraba…por primera en mucho tiempo estas fueron de alegría por aquellos dos amantes del Mundo de Morfeo”