“Se amparó frente a la computadora que tenía enfrente, se
dejó caer cual costal de papas sobre ese asiento adaptado a su cuerpo, y sin
mas que un suspiro, un grito ahogado y su fieles papitas se atrevería a
contarle su historia en un correo, en una carta, en una de esas redes sociales
tan de moda en el mundo. Le había dado tantas vueltas a ello, que el solo hecho
de pensarlo le ponía nervioso, sin embargo, de que esta hecho el mundo sino de
valientes aunque estos sean a través de un aparato tecnológico. La conversación
cara a cara no había resultado tan bien, más bien fue un enfrentamiento, una
insufrible plática sin tema que había adquirido tintes de tristeza, no siempre
se puede conversar con el corazón por delante. Se dijo, que si se tenía que
decir algo mas durante esta relación si es que pudiera ser llamada tal, el
tendría que empezar y así dándole un fuerte sorbo. Había despertado con esa
sensación de ahogo, de vacío, de personaje efímero y así, inicio:
Días han
pasado desde nuestro ultimo encuentro, eternas las horas e inútiles los minutos
que solo han acentuado mas esta inclemente ausencia de tu persona ante mi,
intentaré que mis letras no sean extrañas a ti, ni tampoco atormentarte con la
idea que tengo o este sentimiento que esta destruyéndome desde adentro. Fui
tonto, banal e ingrato. Aposte por conversar en ámbitos donde no soy ni
remotamente el mas interesado y hoy que no se de ti me reparto entre la culpa y
la inocencia. Jajá. Me río solo de escribirte, eres quien roba mi sonrisa, que
repercute en el animo de mi persona y en los extraños caminos por los que rondo
a diario. Debería decirte por aquí lo que siento para no entorpecer mas cuando
te veo, dejamos de impresionarnos cuando no buscamos citas ni eventos donde
explayar nuestras virtudes y jactarnos de ser buenos, por ello, haré de la
próxima vez algo común si eso se puede cuando me encuentro contigo, será solo
un encuentro y no una cita, tal como tontos en búsqueda del mismo paisaje o
caminando y terminando frente a frente en algún lugar donde todos se presentan.
Una casualidad, una impertinencia de la vida tu y yo en calles extrañas y
asientos comunes, ahí retomaremos donde empezamos, mas bien continuaremos o
diremos hola de nuevo, toda conversación nueva es un inicio cada tanto tiempo. No
se si eso resulte pero prometo actuar y ser quien soy, porque de algo estoy
seguro, lo que somos es lo que nos mantiene vivos y libres. Creo que esta carta
suena más a una declaración que otra cosa. Terminaré por decirte que lo que
siento por ti es fuerte e inobjetable y solo busco verte de nuevo como lo
comenté, en un sueño guajiro de un encuentro de dos desconocidos o conocidos
que se ven por casualidad.
Después de lo escrito, dejó todo, lo leyó, lo volvió a leer
cambiando palabras y enunciados y entonces le dio clic. Ya no se enviaban por
correo a casa, ahora era algo más simple, más tecnológico sin esperar días, sin
saber si el sobre había llegado. Ahora con toda certeza llegaría. Pero los días
pasaron y su correo no recibía respuesta alguna, parecía como si a esa carta se
la hubiera tragado la tierra, perdida entre tecnología y líneas de red, se
debatía entre reenviarla de nuevo o acercarse o mejor olvidarse del tema, pero
que tragedia sería jamás volverse a topar con ella. Pasaron días, semanas y
nada, la rutina y el trabajo se llevaron las ilusiones y poco a poco como
ocurre en la vida el tiempo se llevó todo. La invitación llegó a su trabajo,
una vez que arribó a su oficina pegado frente al monitor, hora, lugar, y una
mueca. Estupefacto sin excusas para su jefe, solo se enfiló hacia la puerta y
empezó a caminar para después apresurar el paso yendo contracorriente de todos
los empleados que recién llegaban. El barco esperaba, turistas limpiando sus
lentes de fotografías subían en grupo para tomar los mejores asientos, el de la
taquilla le dijo aquí esta su boleto cuando estaba por pagar solo lo esperamos
a Ud. Decenas de veces había recorrido ese trayecto con sus amigos y familiares
que llegaban a la ciudad, era una parada inobjetable y ahora sabía como se
habían sentido ellos, un poco extraviados y expectantes. El barco recorrió el
mar mientras que el guía explicaba la historia de la ciudad pasando por la
fundación, los pueblos que llegaron, sus tragedias y alegrías. El paseo
terminaba en la Isla que se alzaba presa de vegetación, paisajes y laberintos
caóticos que poco a poco caían por la civilización en búsqueda de comodidades,
el continuaba escéptico porque había dejado el trabajo y no se veía por donde,
justo cuando el guía le recibió con otra nota volvió a sentir esa adrenalina
que solo da la aventura. Bajó al igual que cualquier turista hasta que se
pierdo en ese bosque de arboles y edificios hasta que se deslizo por un atajo
que alguna vez de joven cruzó, al llegar frente a el, con una sonrisa de oreja
a oreja iluminando su mundo y dejando que el sol trasparentase su vestido
rosado ella le saludó. A punto de caer presa no de un infarto pero si de su
silueta subió para encontrarse con ella en esa roca que se alzaba por delante
de esa cueva que pocos conocían. Con el mar de paisaje y el picnic sobre la
roca, ella besó su mejilla y le invito a sentarse…debajo de las copas del vino
estaba una hoja impresa, ella la ignoró y solo le dijo: Bienvenido, este es mi
lugar favorito…donde vengo a recordar quien soy y lo que amo de la vida. Hola y
se presento de nuevo. El se disculpó por enviar la carta pero ella le dijo que
los mensajes personales le gustaban y se sintió igual que el, tratando de ser
algo que no es, es por ello que te invito hoy aquí, donde nada nos interrumpe,
ni tenemos que escudarnos tras la tecnología. Brindó con el, le dio un beso en
la mejilla y esperó sonriente a que la isla les otorgará ese paisaje que
matizaba el mundo en un sonrisa. Ambos se quedaron estáticos frente a la obra
de Dios, se contaron historias del pasado, reconocieron momentos del presente y
deambularon por los sueños del futuro. Era un encuentro de conocidos volviendo
a conocerse, de empezar a ser ellos porque de nada sirve cambiar todo para
luego encontrarse con que uno empieza a dejar de ser quien es. Comieron,
degustaron el vino, pero sobre todo compartieron el día, el paisaje y la vida.
Ya no había ese terror por quedar bien, esas ganas de impresionar, mas bien,
era una liberación de cualquier estrés que representa una cita en un mundo de
cínicos y faltos de amor. No hubo fotos, ni paseos, solo se acercaron al filo
de la arena blanca y esa agua azul como el cielo para suspirar por la belleza
de este mundo que siempre nos puede sorprender, a los sentimientos como a las
emociones no se les puede interpretar sino solo describir. Al barco le sobraron
dos lugares esa tarde, pero a ellos les quedo toda una isla. Se dice que la
cita jamás ocurrió, se guardo en esos cajones olvidados de algún closet, en un
archivo perdido en los anales del tiempo, en la Isla del Mundo de Morfeo solo
quedan huellas en la arena que se las llevarán las olas pero en ellos perdurará
como una cita de dos conocidos que se encontraron por casualidades en este
eterno juego de amores perdidos.”
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