miércoles, 16 de mayo de 2012

Mundo de Morfeo (10ma. Parte)


“La estela del tiempo deja siempre experiencias nuevas que guardar en el closet de los sentimientos vividos, el derrame de lágrimas, la sonrisa absurda, esa nube rota convertida en lluvia, ese poético atardecer, la armadura rota por quien has decidido amar. Mundo de Morfeo”

“Lo único que recuerda es que la noche anterior durmió acompañado. Sintió dolor en su pecho de sufrible felicidad, sus pierdas adoloridas y la cabeza convertida en 3 como el mismo guardián del Inframundo Cerberos, sin embargo, se reía a carcajadas de su estado, físico y emocional, de su propio yo. Estaba padeciendo de valentía en el caos de este vendaval por el que su cuerpo atravesaba. Sufriendo de dolores físicos, vomitando en ese cuarto ataviado de muebles blancos y toallas azules, se masajeaba el cuello con sus manos bañadas por el agua cristalina esperando que sea bendita para que ayude mas de la cuenta, lamentándose en lágrimas acaecidas por ese esfuerzo que es la liberación de la bilis, de estos días en los cuales siempre se obtienen conclusiones, más bien verdades, un arrebato de declaraciones tan cristalinas como el agua de manantial, aclaraciones tan reales como este dolor de cabeza que hoy lo aqueja. Una realidad que no es efímera sino constante, merecida y capaz de romperle la espalda si no sabe cómo enfrentarla. Todo se lo ha llevado el viento del pasado, lo perdonado, lo vivido, lo trágico. Los días que no parecían acabar y los días que extrañas aquello que te hace sonreír. Todo se lo ha llevado la lluvia del tiempo, lo mundano, lo vicioso, quedando remanentes a veces buenos, a veces terribles, sin embargo, siempre existe otro día frente al Sol para empezar de nuevo. Pero, te pregunto quieres saber del día anterior aquello que ocurrió y se convirtió en la jocosidad de lo que hoy lo tiene aquí en este valle de bilis arrojadas por su estómago hacia el mueble de baño y además sonreír como un loco temido de Dios, les contaré: Esa mañana el Sol soltaba su látigo cual director de internado, su furia en rayos ultravioleta golpeaba a la ciudad segundo a segundo, reptando entre sus edificios y calles logrando que las señoras usarán paraguas y los hombres lentes oscuros acompañándose de sombreros. Ofuscado por el trabajo, sus formas y esa inoperante forma de trascender en el último año lo ha llevado hasta aquí, atendiendo llamadas desde un teléfono fijo, escuchando quejas y peticiones cual genio de la lámpara, cual sacerdote. Lo que sienten aquellos que siempre con una sonrisa deben responder a los que les digan a veces ni por culpa de ellos pero, ja, la vida es así en el mundo empresarial. Debes subir peldaño por peldaño a veces aceptando algún cambio, modificación, situación y percepción a tu forma de trabajar y de ser. Aunque siendo honestos, ya no le importa mucho, para jugar en la sociedad en la que habitamos a veces hay que servir para después mandar y acumular experiencias y requisitos, deja unos minutos su lugar y se abandona a la banalidad del balcón para los ingratos, horas ha pasado sentado frente a ese monitor, siempre es bueno deambular un poco sirve para la circulación, da sentido a las ideas que se gestan en tu mente, y puedes gritar si el mundo se está derrumbando a tus pies, y este momento es ahora, retomando el aire de la ciudad que se yergue complaciente, inmaculada, presencial dejando que los habitantes se sientan parte de ella al avanzar por sus calles dejándose abrazar por este calor que se ira para traer el viento que repercute en los arboles de la ciudad todas las tardes. Esta por encender un cigarrillo, y lucha por evitarlo de nuevo o por ahogarse en el humo que este despliega y crear esa idea que el fumar relaja más cuando se realiza en el trabajo, ve hacia la plaza que su vista le otorga desde el balcón, dicha plaza representa mucho de lo que es la ciudad, historia, tradición, batallas en tiempos de guerra y alegrías en tiempos de paz. Suspiraba y pensaba en tantas huellas dejadas por las personas durante los años que él no había existido y los que si había existido. El celular vibro en su bolsillo y le partió las ideas en dos al ver el número, regularmente no le llamaban de ese número y menos a la hora que ahora sucedía, sintió una inestable curiosidad por saber que sería la razón de dicha llamada:
-          Hola, dijo el titubeante.
-          Imagino que te preguntas cual es la razón de mi llamada, ¿puedes adivinar?
-          No, aunque me gustaría decirte que espero estés ahí afuera con un auto en marcha y una infinidad de música melancólica y oscura listo para rescatarme de vivir en el mundo real donde todo parece tan cínico como indiferente.
-          Podría ser un día de suerte, pero aun dudo de que lo quieras, si fuese así hace tiempo hubieras tomado una decisión y no tuvieras que esperar a mi llamada. Me pregunto si aun usas ese dije esotérico procurando encontrar la paz interna.
-          Aun busco la paz en tiempos de guerra; mencionó el mientras daba cuenta que otra llamada irrumpía el momento más interesante del día. ¿a qué debo tal honor de sentirme elegido entre el sinfín de números que conservas en tu agenda?
-          ¿Importaría mucho mi explicación? Si me justifico solo generaría más pretextos para que tú dijeras que no, u obviaras la llamada regresando a tu puesto para con un rostro de sonrisa fingida escuchar aquello que ha dejado de interesarte.
-          ¿Qué puedo hacer por ti? Mientras temblaba su mano escuchando como sonaba el teléfono informando de que la otra llamada aún seguía esperando.
-          Mi llamada se está alargando, y no es que quieras hacer algo por mí, quizás esta es una invitación a la vida, al hoy y no al mañana, al me importa un comino lo que dejo sino a donde voy. Esperaré 10 minutos, ya veo tu cara sonrojada desde aquí abajo; y entonces colgó.


Entendido el mensaje, busco desde arriba donde estaba sentada ella, recorrió la histórica plaza con sus ojos bien abiertos, los entrecerraba e intentaba ver entre los arbustos y el cumulo de gente deseando encontrarle, admirar su silueta postrada sobre una silla o en la fuente de los poetas tuertos, ¿sería una burla? ¿sería una invitación real? No podía saberlo, solamente lo sabría bajando ahí y marcar de nuevo para no sé, saber que quiere realmente y que está buscando de él. Su teléfono fijo continuaba sonando pero él no podía escucharlo, estaba completamente metido en esa llamada y en esa plaza que estaba frente a su lugar de trabajo desde ese infumable balcón ataviado de sueños en el aire y desgano emocional desgatando su propio entorno y ser. ¿Escapar? Desobedecer al mundo y tomarse un día de descanso en un martes tan insoluble como triste, podría ser justo la medicina para ingresar al mundo de los inconformes y que han tomado una decisión de caos y normal en el mundo del hoy, pierde uno o dos minutos, el tiempo corre y el teléfono fijo continua su chillante música que retumba de nuevo en su mente, y en un arranque de locura empieza a buscar sus llaves, guarda sus apuntes, busca sus lentes de sol y sale hacia la puerta justo cuando su jefe inmediato grita su nombre, voltea mirándolo por un segundo donde las miradas se cruzan entre el adónde vas y sabrás que ocurrirá si lo haces, pero la decisión ha sido tomada y ya corre por las escaleras bajando a velocidad moderada pero animosa y abandona el edificio mientras el teléfono móvil vuelve a sonar. En la plaza todos caminan de un sentido al otro, cientos de personas entran a tiendas, degustan platillos o están sentados en la fuente de los poetas tuertos, no sabe a dónde ir, pero la lógica le dice que camine por la parte derecha donde los restaurantes están unidos en cadena con los otros. Quiere identificarle entre tantos rostros ocultos tras las cartas con sus platillos, tras decenas de rostros con la cabeza gacha comiendo, pero no tiene suerte, avanza entre la gente mientras el sonido de cubiertos y cuchicheos aumenta, ¿habrá cometido un error en creer? Sin ese Sol en el cielo dejando solo ese trasfondo iluminando la melancolía por este cielo nublado olvidándose del brillo de los rayos ultravioleta pero no del húmedo calor que se cierne sobre los callejones y se pega en las personas que aun trabajando a tope en las calles sienten sus gotas de sudor en sus ropas o corriendo por sus mejillas y se pregunta, si alcanzará a llover antes de que la encuentre y, de repente sobre sus ojos se posan unas manos dejándolo ciego por un segundo, conoce ese aroma emitido por su piel y la sensación que provoca en él, quita las manos y voltea,  dejándole verle el rostro a cuentagotas pero la sonrisa de ella le desnuda el alma, sin pensarlo le abraza y le dice: ¿listo? El sin decir sí o no, sonríe tímidamente. Subieron al auto cruzando por las calles atestadas de puestos de venta mientras la ciudad los iba dejando atrás, atravesaron por panteones, iglesias, casas de cartón y majestuosos edificaciones dejándose aventurar entre canciones oscuras, poesías lúgubres y conversaciones filosóficas con esoterismo, almas perdidas unidas por el lazo de escapar de un mundo repleto de reglas, horarios y metodismo haciéndonos sentir incomprendidos y lejanos de nuestros propios placeres, gozos o representaciones de libertad e ilusión. De la parte trasera del auto descapotado, una botella se destapo y luego vino una más y otra, llevándose las risas el viento y quedándose tras kilómetros recorridos conversaciones mundanas, ilógicas y nada políticas, dejándolos a la orilla de ese puente que cruza rumbo a la otrora ciudad que alguna vez vislumbro decenas de estrellas, el auto detuvo su marcha justo en el lugar donde las dos ciudades se unían, la vieja y la nueva, por cuestiones de logística, estructura y cambios en la economía todo fue cambiado como en el mundo ocurre siempre cada tanto tiempo. El puente unía a ambas ciudades cual Jerusalén, lo viejo y lo nuevo, dicho puente estaba sobre el otrora caudaloso río que desembocaba y era lugar de esparcimiento de generaciones anteriores, ella caminaba descalza con sus tacones en una mano y su copa en la otra mientras era sostenida por el telefonista que le sonreía sin tapujos y sin juzgarle. Lo más importante siempre en la vida de los seres humanos es el respeto a nuestros prójimos, le tomó de la mano en silencio y le ayudo a subir el puente mientras este se tambaleaba por el presagio de una lluvia que aún no terminaba por llegar, inminente era el atisbo de lluvia que el sugirió regresar al auto pero la carcajada que ella lo soltó le termino por llegar al corazón, ella tenía razón pensó, he escapado y soy libre de ir adonde el corazón me diga, así que se quitó también los zapatos y llegaron hasta el otro lado en medio de diminutas gotas y una brizna que se jactaba de romperlo todo a su alrededor, sin auto caminaron por edificios abandonados, cantinas perdidas y casas desoladas con pintura echada a perder, solo se percibía el olor a pasado, el aroma a suciedad, pero siempre una sensación inolvidable de recuerdo y pasión de sus habitantes, la vieja ciudad, lo que el tiempo no había podido borrar con su día tras día, la botella se llenaba en esas copas de esos que caminaban descalzo sintiendo esas gotas que a cada segundo engrandecían y su sonido era cada vez más fuerte. El sonido de las campanadas de la iglesia llego hasta sus oídos aun con la música pertinaz que hacían las gotas de lluvia, había que regresar puesto que hombres faltos de fe y abandonados del capitalismo brotaban y rastreaban el olor del dinero aunque este fuese mínimo, así que a paso apresurado resolvieron llegar de nuevo al auto, bañados por el Dios Tláloc ambos empapados se recargaron en el auto y antes de subirse, justo a 10 cm quedaron sus cuerpos y sus ojos cruzaron ese segundo donde el mundo se cae a pedazos a su alrededor sin importar quienes fueron y quienes vayan a ser, beso sus labios sin mediar palabra o sonrisa, sin solicitar permiso alguno, le robo un pedazo de su alma, una provocación de su ser, un día sin mañana. Era una noche lluviosa en el abismo de un día sin horario alguno, dos amantes compartiendo el corazón dejando que el tiempo se convirtiera en un tonto sin razón, volvieron al auto y reemplazaron la botella mientras recorrían el trayecto de regreso a gran velocidad a la ciudad gótica protegidas por esas grandes montañas y esa Iglesia con su arcángel vigilando todos los pasos de sus habitantes y más de esos dos que irrumpían cual jovenzuelos de un futuro incierto en el que no se sabía si el tiempo existiría para un día más puesto que el oscuro firmamento tapado por nubes grises y lluvia no dejaba más que solo los focos del auto convertidos en ojos transitando por la ciudad hasta llegar a ese bar hecho cantina hecho antro, repleto de vampiros ávidos de alcohol, baile, caricias y buena dosis de amor hecho sangre, almas confabulándose amándose en la efímera noche que se iría dentro de poco. Abrazados por la cintura bailando al compás de su propia música mientras todos brincaban, gritaban y se escondían tras esas luces fosforescentes y trágicas que recorrían el lugar, los músicos encendían las guitarras y tragos iban y venían con esos dos encontrándose cada que su mirada desvariaba y su corazón fuerte de latido volvía a ponerlos el uno con el otro. Los había unido algo creado en esa lluvia, una comunión, un llamado que las almas se realizan cada tanto tiempo en el mundo, de regreso a esa predominante emoción y dilatación de los placeres que se había perdido entre tanto horario y tanta regla, tomados de la mano brincando charcos, ensuciándose las ropas por tragos derramados y ajenos a todos los que los perseguían con la mirada, oliendo a cielo mojado, la ciudad estaba partida en dos entre los vampiros y los humanos, los metodistas y los roto paradigmas, todo se estaba yendo al carajo y ellos deambulaban felices junto con esa mancha de personas caminando a sus autos la noche se la estaba llevando el tiempo, la vuelta de la Tierra, el Dios Apolo con el Sol de por medio acabaría con este Día que quien sabe cómo llegó aquí, encendió el auto viéndole a sus ojos diciendo:

-          ¿Aún vives donde mismo?
-          ¿aun recuerdas donde es? Le dijo el displicente.
-          Como si fuera ayer, tan claro como el cristal.
-          Puedo manejar si gustas. Te ves cansada.
-          Ponte el cinturón, hoy no será el día en que choquemos, disfruta el paisaje.
-          Es lo que hago, dijo el besando su mano. Sigo tus huellas en silencio, me busco en tus ojos y me involucro en tu sonrisa perdida

Cautivos en una noche bañada por las estrellas en el cielo y por el alcohol que caminaba cual turista por sus venas lograron llegar al departamento y subieron a carcajadas por las escaleras, el final del recorrido, una meta no buscada pero alcanzada, el amanecer les tomó comiendo el recalentado y la última copa con sus gotas cayendo sobre sus ropas. Un rojizo amanecer pintado por el Sol se percató que la vida muta a diario y las etapas de nuestro existir se relevan en la caminata de la existencia misma, ahí sobre el piso helado y los mullidos cojines que caían al suelo desde los sillones de la sala desnudaron sus almas, sus vidas y sus pasiones, locura en un día que habría de repetirse jamás o todos los días, del mañana o del ya hoy, Dios se encargaría. una revolución en su sueño lo despertó catapultándolo hacía el baño en búsqueda de un lugar donde desahogar todo lo comido y bebido por la boca, sin embargo, aun en ese dolor abdominal y la garganta reseca y asqueada, sonrió, porque sobre el piso de la sala abrazada con la cabeza sostenida por un cojín el cuerpo semidesnudo de ella respirando pausadamente, repercutiendo en su estado de ánimo otorgándole el poder de protegerla, de quererla y de besarle deseando que la felicidad no sea efímera y se repita cada despertar aun cuando las banalidades y filosóficas noches de alcohol rompan otro pedazo de su alma, pide esquina para recuperarse. Es una mañana no poética pero si real, un cariño que mejora el ánimo y traslada el mundo de los sueños y los poemas hechos a la mirada de esos ojos y el cariño de sus besos. Se dice que el día empezó justo al atardecer para ambos, recostados bajo las sabanas mojados por el agua de la bañera apreciando una película clásica que aun a estas fechas llega al corazón, interpreta sentimientos y refleja emociones. La estela del tiempo deja siempre experiencias nuevas que guardar en el closet de los sentimientos vividos, el derrame de lágrimas, la sonrisa absurda, esa nube rota convertida en lluvia, ese poético atardecer, la armadura rota por quien has decidido amar. Mundo de Morfeo”

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