“Estaba anunciado. Estaba
dicho y escrito sobre el mural del cielo y en el viento que recorría libremente
entre las calles de la ciudad…era un presagio, una calamidad, una furia que la
naturaleza desataría sobre ellos…solo faltaban unas horas y poco a poco, la
gente empezó a prepararse para recibir la tormenta, huracán, ciclón, cualquier
nombre que se le pusiera indicaba preocupación e informes para poder estar
listo ante la contingencia…había que comprar provisiones, velas, linternas,
etc. La fila del supermercado se alargaba por los pasillos mientras los
carritos iban llenándose de víveres. Los meteorólogos indicaban las rutas y las
posibles consecuencias además de señalar el momento exacto donde habría de
comenzar todo. Todo habría de colapsar, siempre enfrentarse a la naturaleza era
perder para el ser humano…jamás ella preguntaba, o pedía permiso, era ella y
nada mas, al final nosotros llegamos después a intervenir, a olvidarnos de ella
y dejamos de convivir para pisotearla pero ella es una asesina implacable…las
ventanas fueron decoradas bajo las cruces de cintas y las luces se apagarían
pronto para darle paso a las velas…pronto, habría unos cuantos solo en las
calles…policías, bomberos, protección civil…ayudantes silenciosos que se
presentan en este tipo de eventos. Justo al atardecer, aparecieron cayendo del
cielo suaves lágrimas por el Dios del cielo que impactaban el pavimento, las casas
y los autos, paraguas comenzaron a hacer su parte protegiendo a los caminantes
de las gotas cuya fuerza comenzó a acelerarse a medida que el viento soplaba
con ahínco, pronto comenzaría a inundarse las calles y por ende los autos
comenzarían a quedarse varados…la música compuesta para la tormenta entre la
lluvia y el viento era hermosa y trágica versión clásica del desastre…dentro de
ese escenario, y sobre las escaleras de una casa de colores rojizos como el
atardecer descansa aquel hombre con sus manos sucias y calludas degustando ese
puro que había guardado para días como estos…su humo se perdía en la lluvia
pero se sostenía en su boca, rompió la promesa de dejar de fumar, pero un puro
en una tarde como esta, no podía desperdiciarse…de la puerta de su hogar se
escuchaba un rock suave que levitaba en el ambiente, recorriendo la sala,
cocina y de vez en vez escapándose a través de la puerta mediante ese sonido de
guitarra tan lirico como el instrumento de Orfeo. Con la mente en blanco
aspiraba y soltaba el humo mientras recorría con la mirada tantas casas y tanta
lluvia caer, que espectáculo, se dijo, ¿Cuándo se bañó en la lluvia la ultima
vez? Se preguntó, ¿Cuándo dejo que sus ropas se humedecieran y disfrutar de
correr por las calles? Hace mucho, se contestó, más aún con el dolor que sus
piernas ofrecían alguna noche cuando el frío se sentía bajo las cobijas. Lo
recordó, sabía exactamente el lugar donde había sido bañado por la lluvia y
quien acompañó su pequeño placer…de rosas marchitas y espinas crecidas está
lleno el jardín de los corazones rotos, de cielos nublados y noches tormentosas
está alimentada la mesa de las almas extraviadas, sin saber cómo descubrió a su
subconsciente olvidándose de dejar el pizarrón en blanco de la mente y cuando
menos pensó ya dibujaba en su cuadernillo atiborrado de anotaciones extrañas y
números ilegibles una imagen evocada pensó equivocadamente que de su mente,
pero el corazón también sabe de recuerdos y más de historias…dibujó, tachó,
rompió, volvió a dibujar y mientras arreciaba la fuerza del viento el arreciaba
con su lápiz el cuadernillo, como un herrero con su marro golpeando el hierro,
la tormenta ya no estaba solo afuera, sino dentro de él, describió sus ojos,
sus mejillas, los labios carnosos color carmesí, el lunar, los cabellos que se
salían por sus hombros, alargó sus dedos sobre el papel tocando el rostro de
quien le había partido el corazón, pero que va, no estaba roto sino partido y
eso es mucha diferencia, agregó el puente e hizo que vestido volase por el viento,
no tenía idea de su ultimo dibujo menos aún de su último encuentro, de seguro
había ocurrido en un parque, en una sala de cine, en un semáforo o en una noche
donde en camas separadas ambos pensaron en el otro, pero la mente es engañosa y
mete esos recuerdos que aún platónicos son dolorosos…alcanzó de nuevo el puro
cuando vio su trabajo terminado, un suspiro estremeció su cuerpo llevándolo al
abismo de los momentos hechos recuerdos y de las partidas hechas ausencia, la
grosería se la llevó el viento y supo que ocupaba más que un puro sino un trago
y de preferencia amargo…fue a la cava, abrió la botella y se sirvió mientras el
pizarrón de su mente era llenado de momentos y de frases…la tormenta continuaba
su marcha a ritmo coordinado como una orquesta, fluía con exactitud y rompía
ventanas y sacudía los autos cuyas alarmas de vez en cuando sonaban, él había
dejado de tener auto, un día empezó a caminar, tomar autobuses y viajar de
copiloto descubriendo lo sencillo que es dejarse llevar sin el control, lo sencillo
que es ponerte en manos de alguien más y evadir cualquier responsabilidad y así
saber echarle la culpa a alguien más que no seas tú…algunas sirenas se
encendieron y una ventana se rompió en el acto…bajo la tormenta las autoridades
y ciudadanos comenzaron a informar de la ayuda en las colonias de bajos
recursos, la voz se escuchó claro por el altavoz del auto que informaba de los
lugares a los que se iba a ir. El corazón comenzó a anunciarle mediante la
furia de los latidos que la voz no era una desconocida, prestó atención. La
forma de decir las palabras y la fuerza de estas mismas en pro de ayudar le
otorgaron un rostro a la voz que le hizo a él estremecerse, de repente se vio
en la calle siguiendo al auto, que le informó todos los pormenores, preguntó si
podía subirse a él, el chofer no sabía muy bien que contestar cuando él ya
había subido. Le encontró ahí en las calles inundadas bajo un impermeable y
botas que parecían quedarle grandes, coordinando por dónde ir, ayudar, limpiar,
el viento no hacía decaer su ánimo y escuchaba cualquier grito de
desesperación, a pesar de tan fuerte lluvia, el pudo distinguir su rostro, ya
no parecía aquella chica que corría junto a él en el parque, tampoco la que se
recostaba en su regazo en el desvencijado sillón menos aun la que se desnudaba
en esa alcoba tan renuente a ser olvidada…ahora sus ojos portaban el valor de
la voluntad, la estabilidad del trabajo, la ayuda hacia los demás y esa fuerza
contenida…le gustó, toda ella, empezó a ayudar a los demás dejándose guiar por
ella que no lo veía entre tanta gente…poco le importaba, en su interior había
sido tocado por esos ojos y ayudó a limpiar, sacar agua y entregar despensas
para los afectados. Se empapó del agua y de las voluntades de las personas,
ahora tenía dos razones para estar ahí, y sintió paz interior durante la
jornada como no antes le había parecido haber sentido, al final a punto de
volver a casa y viendo como ella se perdía entre docenas de personas, le dejo
una hoja al chofer y regresó caminando hasta encontrar quien le llevase de
nuevo a casa, todo estaba cerrado y la luna apareció tras esas nubes mientras
las gotas aminoraron aunque aún sus vestigios continuaban por la ciudad…horas
después un auto se detenía cerca de su calle, el chofer abrió la puerta y
señaló la casa, ella agradeció el gesto y con la hoja en manos caminó hasta la
casa rojiza…estaba por tocar cuando se percató que la puerta estaba abierta,
levantó el puro y la botella del suelo y cerró la puerta…le pareció ver
suciedad en esa casa acompañada de abandono y displicencia, cuadros empolvados
y poca comida, el mismo sillón, la otra historia…la misma casa, pero no el
mismo dueño…ella se sirvió un trago mientras limpiaba un poco, trajo una toalla
para secar su rostro y una cobija para taparle…él seguía dormido aún cuando la
escoba, el trapeador y el trapo hacían de las suyas…pasó sus manos por la
cocina, la sala y subió a los cuartos, ahí fue donde se detuvo…frente a ella en
la cómoda, su figura de hace años le veía como cuando uno se encuentra con el
ayer y el ayer con el hoy…eran aves que volaban siempre en direcciones
opuestas…pero ambos deseaban encontrarse entre el blanco y el negro…se acordó
de esa foto, un par de adultos con corazón de niños, adorarse era su vida,
enamorarse su dulce cada mañana…bajó por él y lo cargó un poco para llevarlo a
su cama, él notó que alguien lo llevaba pero no sabía quién pero sí que se
sentía bien al acostarse abrazando la oscuridad aunque no podía evitar sentir
calma, sensación incapaz de describir al percibir el aroma de su apoyo, escuchó
los pasos bajar y subir, mientras habitaba el mundo de los sueños y el solo de
guitarra alimentó su descanso con esa música que le hacía levitar…unos brazos
le rodearon y el retroalimentó el abrazo sin soltar un solo momento…el aroma de
su acompañante era fuerte y memorizado, ahí el corazón comenzó a llenar el
pizarrón de su memoria de besos extraviados y de momentos retomados, del pasado
y del presente…de un hilo que nunca se rompió y hoy se unía de nuevo…ahí
despertó para besarle con tanto sentimiento que los labios se partieron, que
tembló en ese cuarto oscuro iluminado por la luna y cegado por el cielo
nublado…le besaría hasta que el corazón dejará de doler o doliera un poco más,
como si el mundo supiese, el cielo se había nublado y sus lágrimas continuaban
cayendo para darle la bienvenida a los amantes unidos por el hilo rojo del
atardecer, o por las gotas de la tormenta…Él era el aire, Ella la lluvia y sus
besos hacían temblar el cielo y sacudir las estrellas…hicieron el amor durante
toda la noche, rompieron las sábanas, ensuciaron el piso, tiraron los libros de
la cómoda, y se refugiaron en la habitación de los amantes donde todo está
permitido y donde el olvido es un cajón de recuerdos que saltan cada vez que
ellos se encuentran…la tormenta les había unido cual hijo rojizo que recorre
las distancias entre los amantes extraviados..Al amanecer ellos seguían
abrazados…al mediodía servían comida en el albergue…como dos personas que jamás
se perdieron en el Mundo de Morfeo”.
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