“Él no lo sabía con claridad,
venía todo a su mundo como una nube gris y melancólica en el cielo que pronto
se rompería y llenaría de lágrimas las calles rojizas de su cuerpo maltrecho,
inundando todo su ser con una furia que haría caer al más terco de los seres.
Todo se había hecho tan difuso que la vista no le alcanzaba para ver un poco más
allá de sus narices, tendría que ver a fondo, ver más adelante y con el
corazón, porque debemos de entender que hay maneras de ver las cosas, de
sentirlas y de hacerlas nuestras. Y entonces al caer la lluvia de las emociones
y el viento de las ilusiones se convertiría en lo que había odiado: un
navegante por los ríos de los amores. Extrañamente no se sentía abrumado ni
atiborrado de sentimientos, en cambio, se sentía en calma, incluso hasta
emocionado por caer bajo los designios de esta lluvia irreverente, insensata e
insegura, tal vez la vida es de retos, de trepar montañas y dejarse caer por el
abismo del enamorarse de una persona ajena a ti, desconocida y totalmente
opuesta a él desde cualquier sentido…pero de eso vivimos todos o tal vez solo
unos pocos…realmente no le interesa, solo quiere abalanzarse en las calles
lluviosas y perderlo todo para tenerlo todo en un segundo, un día, un año o una
vida…que importa, el tiempo y la vida se van muy rápido como para ponernos a
pensar sin el corazón…recordó cómo le conoció o más bien la visión que él
tenía…Ella era una Reina con el mundo bajo sus pies, hermosa como una puesta de
Sol, amena como una tarde en la playa, él la admirada desde adolescente…Al río
del amor se subió en una balsa verde, con sus remos rojos bajo el cielo azul.
Hoy no recuerda si ella le habló o él se acercó, tampoco si quien uso el primer
contacto para acercarse, de manera que enfoca sus recuerdos hacia esa nostalgia
hermosa que es contar las historias como nosotros las vimos sin importar si así
sucedieron. No entendía porque de esos labios se había enamorado, si los
desconocía, si jamás los había tocado más que en sus sueños…si vivía de
escucharle en los concursos de oratoria, de aplaudirle cual admirador perdido
en el público y de sentarse cerca de ella en las pocas veces que se encontraban
en algún lugar…pero no sabía cómo agradarle, hacerle sentir su presencia,
reflejar en el rostro una sonrisa contra la que ella se encontrará como uno se
encuentra un brillo en algún espejo. Pero como él lo diría, de repente hallaron
hablándose en aquella parque verde y frondoso como si fuese una larga playa
rodeada por los árboles cuando él, embobado en aquella lectura mientras
recuperaba el aroma que expedía la tarde nublándose caminando sin percatarse
percibió un perfume unido a una piel que le hizo ver burbujas cayendo del cielo
cuando una de ellas cayó sobre su rostro, sonriente, volvió para ver de donde
provenían, le encontró…enigmática, sentada en un columpio, ataviada en un
vestido verde…con unas largas piernas cubiertas por unas medias
oscuras…sosteniendo el envase de las burbujas…en su vientre dormía un libro de
tapas rojas…el suspiro que él soltó debió ser muy fuerte porque ella le volteó
a ver, como se miran las nubes…con expectativa e ilusión, de sonrisa y de
desconocimiento buscándole una forma conocida…y le sonrió diciéndole hola en el
tono más seductor que él hubiera escuchado antes…tanto que balbuceó diciendo el
hola de regreso más tonto que ella hubiera escuchado, pero a ella le causó risa
su trabalenguas de ese chico con el que compartía clases y el mundo, porque y
solo porque ambos habían nacido el mismo año bajo la misma Luna, y así fue como
él ingresó en esa parte del mundo donde ella estaba robando los corazones de
todos los hombres cuyos pensamientos se iban siempre sobre la silueta de su
persona. Describir lo que sintió cuando ella le invitó a sentarse en el
columpio contiguo, fue como entrar a un concierto y encontrarse con su ídolo de
la música o tal vez como hallarse ante el amor prohibido, ante unos ojos
hermosos como el cielo mismo. Dejó de balbucear cuando ella le dijo que le
prestase su libro…y la mano delicada rozó su mano burda y de tintes grotescos
comparado junto a ella, pero uno no siempre debe adorar tanto, porque la
adoración siempre es un arma de doble filo…evita que alcances a la persona en
su estado más puro, humano y honesto. Hablaron, como niños compartiendo un
helado, a veces la conversación se llenaba de interrogantes y otras veces se
vaciaba en historias inverosímiles, y de sueños perdidos en alguna marca en un
árbol. Se decantaron por las materias de la escuela, los amores de televisión y
los autores apenas encontrados, hablaron sobre la tarde y entonces él le dijo
que si podía leerle, ella tomó el libro señalando un pasaje y él tomó la
palabra…intentó ser prudente bajando la voz y no entorpecer aquello que había
comenzado para él, porque siendo ella una maestra de la oratoria podría reírse
de él, pero qué diablos se decía una y otra vez…todos somos únicos, diferentes
y tenemos derecho a arriesgarnos, arrojarnos por la borda para ahogarnos o
cruzar el mar…y así, fue como aquello inició. Él empezó a leerle, a relatar más
bien el libro de tapas rojas que ella portaba usando la voz como una comunión
entrelazando los personajes para que sonará tal como si ellos estuviesen frente
a frente en la vida real, su espontaneidad le hacía sonreír y pensó que no era
él como ella creía, lo mismo que él pensaba que ella, cuanto cambia nuestra
percepción de las personas una vez que nos acercamos a ellas. Leyó de tres a
cuatro capítulos del libro de tapas rojas cuando el Sol ya comenzó a ocultarse,
habrían de marcharse frente al peligro de la noche y evitar recorrer las calles
en una oscuridad cuya visibilidad era casi nula por la falta de focos, así
caminaron hasta dejar el parque atrás, perdiéndose en el atardecer…vivían muy
cerca en las inmediaciones de colonias hechas para el crecimiento del tejido
social donde en los tejados, cuando ella le dijo la dirección, él por alguna
razón conocía las calles, la casa de enseguida, el auto de sus padres, disimuló
hasta donde pudo cuanto quería que esa tarde no terminase y continuará por horas
enteras, por alguna razón al llegar a su casa, él se había quedado esperanzado
por pasar, pero ella desde el barandal le dijo: Gracias por la compañía, eres
un buen narrador, ¿mañana a la misma hora? Y le dijo el lugar. Ahí bajo ese
cielo gris, se vieron, a él le costó encontrar el lugar…era una casa azul en un
territorio alejado de la ciudad, y ella estaba justo frente a la puerta, esa
manera suya de sonreír le hacía querer robarle todos los besos de su corazón, a
menudo evitamos que la persona que nos gusta sepa que nos gusta, cuando lo que más
deseamos es gustarle a esa persona. Vestía como siempre, medias a la rodilla
esta vez en color café combinando con la vestimenta…usaba el cabello suelto y
la boca en tono carmesí…casi se cae él en los escalones cuando llegó a la
puerta…ella le dio un beso en la mejilla y abrió la puerta, dentro de la
casa…decenas de niños le miraron en silencio y después aplaudieron, él no sabía
nada y su reacción causo la risa de más de uno de ellos…lo rodearon y con la
mirada lo invitaron a sentarse, se dio cuenta de lo ridículo de su atuendo por
quedar bien con ella pero a como pudo se sentó…se esmeró por no indicar
sorpresa, pero ella le dijo al oído que ellos estarían encantados de
escucharle, así que tomó de nuevo ese libro de tapas rojas y comenzó a leerles,
sus miradas aunado a suspiros de expectación cuando la historia se metía en las
rendijas del terror y los ánimos porque el personaje saliera adelante entre los
dragones del destino y las brujas del infierno…al ver sus rostros y entender
las ideas que de ellos implícitamente salían, él cambió su perspectiva, de
ella, de sí mismo…encontró como quien dice una manera de expresarse y crear
emociones e ilusiones, porque no, en los demás y en él mismo…debajo de su
camisa, su piel se estremecía ante los aplausos de los niños y la mirada que
ellos expedían frente a él…leyó por más de dos horas y ninguno parecía
aburrirse de escucharle hacer el sonido de dragones y ponerle un poco de
emoción a las palabras, hasta que se escuchó un silbato donde ella anunció el
fin de la lectura. Los niños entonces le saludaron y unos cuantos hasta lo
abrazaron diciéndole hasta la próxima semana saliendo por la puerta trasera
rumbo al patio donde los esperaba una merienda así como pelotas y juego de
azar…al final de la tarde de tanto jugar y reír, se marcharon juntos y él
preguntó si cuanto tiempo tenía haciendo eso…ella le contó que por un tiempo
debido a una publicación que leyó en el
periódico sobre niños cuyas fiestas de cumpleaños y la asistencia a la escuela
no eran posibles debido a la pobreza y problemas médicos que no podían
sustentarse y que ahí, había tomado la decisión de ayudar…¿vendrás la próxima
semana? Como poder resistirse al sonido de su voz, a la sonrisa de sus labios o
a la mira de sus ojos tan inolvidables…Claro, dijo él y así sin saber de dónde
venían y hacía donde iban, se tomaron de la mano mientras la Luna aparecía en
aquella casa azul. Leían por horas y se acariciaban los labios durante las
noches cuando la lectura terminaba, aquel libro de tapas rojas siempre
acompañaba las copas, la cena, y las historias cuando el día terminaba….se
convirtieron en aves de cielos efímeros volando sobre tierras desconocidas…eran
amantes, amigos y enemigos, eran lo que son y lo que no eran…nadie sabía que
eran todo y nada, vivían de ellos y para ellos. Esta tarde mientras aguarda con
las nubes grises cual pintura oscura esperando a que la lluvia apareciese en
aquel faro al cual siempre le gustaba ir para tomar decisiones importantes,
pensar un poco y dejar a la mente acompañarse del corazón para encontrar el
camino, recordó como había llegado hasta aquí de la mano de ella, le gustaba
siempre contar el cómo y el porqué, para que se entendiese que la vida es
volátil, llena de baches y de oportunidades…que el amor aparece y no se
autonombra como tal, solo es un hacer diario y que hacer a cada día…debería
existir una pintura que capte el pensar de un hombre en el faro…registrar su
pensamiento…en eso estaba cuando ella comenzó a subir con el sobre que le
habían dejado en el escritorio…cuando alcanzó la cima, el faro se iluminó
mientras el cielo apenas sollozaba…y ella al verlo se quedó un instante cuando
él dijo: ahora te abriré yo la puerta…y le invitó a bailar tomando su mano,
besando su cuello, acariciando sus cabellos…y entonces él se arrojó cual mártir
religioso a los ríos, ritos y siempre efímeros derivados del amor…ella le
correspondió con un Sí, tan claro y contundente que aún el hilo de su voz
recorre su cuerpo como corriente eléctrica. Aparecieron como dos mundos que
chocaron entre ellos, trayendo el fuego y dejando las cenizas esparcidas en el
universo de los amantes, esos que se arrojan al océano para vivir un día, un
año, una vida o una historia para navegar juntos en el barco de los amantes. Aún
se escuchan las risas de los niños en la casa azul mientras una pareja se queda
al final escribiendo en un libro de tapas azules en el Mundo de Morfeo.”
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