“A paso lento caminaba sobre
las calles empedradas y oscuras, perseguido por el insomnio y la expectación,
era solo un tonto en búsqueda de algo intangible en un ciudad de materialismo y
capitalismo, pero él siempre había creído que había un acto, una idea, un
camino donde era más que lo normal, fuera de realidad e impregnado de cuentos y
libros leídos sobre noches interminables, hoy durante su andar contempló la
ciudad que le caía encima como el mar sobre la arena, evocaba tristeza,
nostalgia, melancolía y sus derivados todos términos aceptados por doctores. La
vestimenta le ocultaba de quienes le habían juzgado, ahora era un relámpago en
la noche. Aparecía de vez en vez, en días como estos con falta de optimismo y
una vela de realidad, siendo inoportuno como una lluvia en un evento al aire
libre, carecía de formalismo y las palabras que de él salían causaban
ebullición durante las conversaciones en reuniones de intelectuales frustrados
y soñadores extraviados. Era duro, mundano y visceral, jamás tenía motivo para sonreír
salvo que dicha sonrisa llevará una bala de crueldad, así había subido en el
área en la cual se desempeñaba, iniciado por decisión propia carente de lo que
se enfrentaría pero seguro de sus pasos para dejar sus huellas marcadas sobre
el piso transitado. Un enmascarado cuya identidad se hablaba a sus espaldas, el
inicio de su andar no era conocido, solo irrumpió e hizo temblar las siluetas
que se alzaban en la noche, era fugaz como un cometa, ojos oscuros, y un
tatuaje en el cuello enigmático. Al llegar a su destino, volteó a ambos lados,
introdujo la llave y descendió un par de pisos bajo esa casucha que nunca se
vendió desde esa madrugada de la cual todos en la ciudad hablaban…una mansión
invendible, un secreto por todos conocidos, pero nadie sabía que bajo esos
ladrillos incoloros, se hallaba una puerta con un código, introdujo la llave
plateada e ingresó mientras encendía la lámpara con un cerillo…cientos de
libros apilados se extendían a través del lugar, todos portaban máscaras, de
diferentes tipos y colores, ninguno igual a otro, ninguno se conocía, salvo por
las voces o la expresión de sus ojos…una idea no necesita un rostro, solo una máscara,
como el amor o la pasión, la escritura o un enunciad, solo ocupa de unos ojos
que se vean frente al otro…música clásica combinada con gritos ahogados del
rock que evocaban épocas pasadas…cuanta oscuridad, pero cuanta luz en las
paredes…las letras eran su furia inagotable para decirle al mundo lo que ellos
olvidaron…un revolucionario en aras de conquistarse a sí mismo, y a un pueblo
desvariado…bebió del vino espumoso, se sentó sobre la mesa que albergaba más de
30 sillas, encima de ellos un candelabro enorme, del techo pintado de viejos
poemas e historias perdidas…aquí la calma era su aire, las letras una buena
compañía…entraban y salían aquellos portadores de llaves plateadas, las cuales
eran entregadas de diferente manera en ritos suburbanos…corría el vino, la
música, las conversaciones, era una fiesta sin etiqueta de serlo, era unas
discusiones evocadas en la antigua Grecia.
Ella caminaba fuerte pero a
paso tranquilo, sin correr, sin arrastrarse, como si conociese cada piedra en
cada calle, de mirada era fuerte e intimidante como el Sol que eclipsa a su
paso provocando un insoportable e inestable caminar de los que le rodean cuyos
cuerpos se separaban para dejarla tal como el agua del mar rojo…te rompería en
dos hablándote con desdén y miraría a otro lado cuando le intentas mirar sus
ojos…ella es la que te mira y no al revés. Hermosa como una Luna llena, como el
vuelo de la mariposa o el vino cayendo sobre la copa. Vestía tacones altos más
negros que la noche con un moño plateado, de labios rojos y ojos verdes como
luciérnagas, caminaba en ese vestido oscuro que no dejaba lugar a la
imaginación realzando su figura, sobra decir que la belleza se había asentado
en ella y describirla sería darle de nuevo, esa adoración que solo las Diosas
merecen. Alrededor de su cuello una mascada plata con aves negras…escondiendo
el tatuaje por el cual cualquier persona emitiría juicio, sin embargo, ella ya
no tenía más que ocultar, ahora la usaba con orgullo pues cualquier que le
conociese siempre notaba ese detalle…artística, expresiva y metódica, así era
ella, sin medias tintas o todo era de un color o era de otro, no había gris en
su vida y como iba a tener gris esa sonrisa que podría enamorarte…como
Afrodita. Su estela dejaba perplejo a más de uno, sin embargo, ella veía más
allá, su búsqueda era una manera de escapar y encontrarse, de ser ella antes de
volver a ser ella, esa que fue, esa que fue herida, esa que fue despreciada y
evitada, pero quien no ama, no es amado, y quien ama siempre se expone a
cualquier resultado…bienaventurados quienes aman de nuevo…para ella las letras
lo eran todo o casi todo, una extensión de su ser que se expandía en
periódicos, publicaciones, revistas y sopa de letras, incluso en su cuerpo las
letras permanecían ofreciendo el mensaje al mundo para que este fuese un poco
diferente, tuviese un poco de color, sonriera un poco mas y pensará mas allá de
cualquier circunstancia…valentía u osadía era una de sus palabras favoritas. Un
día se fue de la ciudad porque la historia necesitaba reinventarse y desde hace
tiempo había vuelto con otra perspectiva, otra sensación, incluso el aire le
supo mejor ahora que tenía menos miedo por no decir que lo había vencido.
Ignoró todas las miradas así como los chiflidos y las sonrisas fingidas de
quien se cruzaba en el camino hasta que se encontró con la mansión, y así con una
llave plateada y su antifaz se perdió tras esa puerta. En una noche donde la
Luna esta más cerca que nunca brillante y hermosa…La Noche de las Máscaras se
llevó a cabo, parte de un ritual secreto entre los invitados en la gran mesa,
brindaron por la vida, el amor, la poesía y la prosa…por el mañana, y por el
ayer, de sus misiones y sueños…objetivos trazados para alimentar al mundo y sus
habitantes mediante la música que cruzaba con sus notas el sótano, del techo
las pinturas parecían cantar y en la mesa, departían y compartían en partes
iguales, ahí no había jerarquías, no había un yo ni un nosotros, pero si era
una noche para recordar, ya que hoy las mascaras se perdían y se quemaban
frente a la gran fogata, dejando en ella todo lo viejo y renovarse de nuevo,
mostrarse tal cual y luego cambiarse de máscara…reflejar en ese fuego su
historia y los caminos entretejidos para seguir adelante y así…hacerse de relaciones
empresariales, eróticas, amistosas, etc. El Gong fue golpeado y su sonido
recorrió el sótano mientras la gran fogata se encendía en un fuego azul, La
Noche de las Máscaras entraba en el punto álgido, muchos eran renuentes a
quitársela pero así eran las reglas y aquí todo se echaba a perder si se
rompía…el segundo golpe al Gong fue suficiente, todos se removieron sus
máscaras y las arrojaron al fuego…la llama se alzó rumbo al pasado, reclamando
los recuerdos y las experiencias para darle paso a la nueva piel…frente a
frente, los osados se vieron sus rostros por vez primera…lo que a esos dos les
ocurrió fue un relámpago que partió la fogata en dos, una luz de un matiz que
solo los enamorados entienden…una gota de sangre que hacía arder el cuerpo…lo
que todos percibieron era una pintura hecha del infierno para el cielo, él lo
supo al instante y por ello lo advirtió cuando dio vuelta a la hoguera para
encontrársela de frente…tomó su rostro, empapándose de su aroma y sus labios…se
acercó tanto que ella le mordió el labio…un segundo, una mirada, y esos dos
habrían de hacerse pedazos la vida en aras de amarse sin objeciones ni
ilusiones, y entonces se escuchó aquel sonido del Gong que daba por terminada
La Noche de las Máscaras. Escaparon del mundo y de ellos mismos en la
habitación sin número, en un hotel sin nombre…bailaron desnudos sobre la cama y
sobre las llamas del fuego azul, fuertes, altivos, osados, amantes sin
prejuicio…ambos desaparecieron al amanecer sin palabra alguna…pero los dos
reconocieron ese sentir que embriaga sus venas, el amor y el miedo a ser quien
lo dijera…todo es control y poder, aunque el deseo ya fuese otro, ninguno dijo
nada y así, se marcharon. Días después la osada de la mascada se encontró con
un sobre en su oficina…Sin remitente solo un dibujo que reconoció al instante,
que cosa más extraña, pero sintió temor y ansiedad, ilusión y ganas de abrirla
de inmediato, ya no usaba máscara se dijo y rompió el sobre…la nota decía: “Decir
en una hoja cuesta tanto que parece muy poco expresarlo de tal manera que el
corazón descanse al liberarse y sentirse pleno para poder palpitar
regularmente…¿Qué ha ocurrido con la vida? Aún se practica el miedo, aun se
abusa del placer, y después extravían los deseos bajo la oscuridad de la
rutina…cuanto miedo a los cambios, cuanto dicho sin sentir, y a veces aparecen
esas lágrimas que solo encuentran el silencio al otro lado de la línea…creo que
el karma nos está alcanzando haciéndonos pagar con libertad y soledad los
domingos sin compañía alguna, el sexo sin amor, la pasión olvidada, el
padecimiento ha vuelto, una fugacidad, un expresionismo pinta el cielo de
estrellas robando corazones antes que el nuestro sea robado ¿es miedo? ¿Es
dolor? ¿Es falta de humor? Empiezo a entender que vivimos diciendo tanto que
falta sentir, los ciclos deben cerrarse aunque con ello conlleve perderse de
unos ojos que roben el sueño y unas curvas que te quiten el aliento, de generar
sonrisas y recibir abrazos falsos, solo La Máscara nos protege, ya nadie
entiende el romanticismo menos los detalles…la prisa, el desdén, la hipocresía
y la pérdida de los sentidos nos han llevado aquí…maldita realidad amorosa,
malditas peticiones para uno sentirse querido…cuanto amor desperdiciado en
juegos de seducción interminables…cuantos sueños guardados en cajones de
realidades fugaces…lo he disfrutado, lo disfruto aunque si lo llegará a
olvidar, tal vez un día miraría el sol con otros ojos y alcanzaría la noche en
otra postura…decir en una hoja es tan poco para describir la vida de los años
pasados y tanto para reescribirlo y borrar, o tacharlo y así, remarcar lo bueno
sobre lo malo…lo grandioso debe ser la vida diaria y la máscara ayuda…las
llamadas perdidas, los mensajes olvidados pasando por esas conversaciones en
monosílabos donde jugamos a acompañarnos sin ser vistos…a entendernos sin
darnos un abrazo, a decirnos te extraño sin un beso, o a aconsejar sin dar el
ejemplo…cuanta obviedad en detalles sin sentido, como cuando el cielo se nubla
y se piensa si lloverá…una hoja en blanco siempre es una invitación a decir lo
que se calla aun con la boca cerrada y la mano sosteniendo una pluma. Una
máscara sirve aunque hoy ya no quiera usarla más…Aquí te dejo esta hoja en
blanco, para que escribamos sobre ella. Ve a la ventana”. Parado sobre el
puente, estaba él, sin máscara, así tal cual, como un loco más. Esperó durante
una hora cuando la puerta del edificio se abrió, así con los tacones en la mano
y la mascada plateada de aves negras…los osados se besaron y escribieron en la
hoja en blanco en el Mundo de Morfeo”.
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