“En las azoteas del edificio
se escuchan pasos…un ruido que apenas se percibe entre tanto ruido, pero que
suele ser común siempre a esta hora…no en días consecutivos pero si de forma
recurrente…Hace viento y este silba haciendo más disfrutable la tarde…como le
encantan estos meses, donde el calor finalmente se ha marchado y los vientos y
el clima han mutado para darle paso al invierno…viste bufanda roja y lentes
cuadrados…su figura apenas perceptible difiere con las estructuras de metal,
botas de trabajo y barba perdida entre sus labios…porta su arma más fuerte y su
amiga más leal, esa que con un clic le hace el día…ve la hora mientras
encuentra un lugar adecuado, está preparado, escucha al viento y a la ciudad…El
Sol se ocultaba tras esos edificios góticos de tonos grises bañándolos con un
tono rojizo que se diluía a medida que el atardecer se convertía en cosa del
pasado y una anecdotario mas en él, el que siempre luchaba por aferrarse a ese
rito urbano y personal…cierra los ojos y entonces…los abre…frente a él, se
cierne un atardecer espectacular…el ladrón de atardeceres fotografía cada
instante de esos cinco minutos que dura…el cielo que se tiñe de rojo con
amarillo dejando al azul un poco al fondo…majestuoso espectáculo que siempre
adoró desde adolescente…le gustaba como el Sol bajaba para dejarle paso a la
Luna, como destruía los colores para crear otros y las nubes que eran parte de
su paisaje…luchaba por abrazar su esencia, su particularidad ¿Por qué lo
atardeceres? Aún no lo sabía pero desde unos años hacia acá comenzó esa
inquietud por verlos, admirarlos y porque no, también retratarlos. Siempre que
podía los retrataba, ya sea en ese edificio o en otro…robar atardeceres era un
delito entre los hombres de corazones rotos…pero quería alimentarse de la
energía que estos proyectaban…así descendió por las escaleras para terminar su
jornada laboral e irse a casa…apenas llegó, dejó su maletín y se encaminó al
cuarto de revelado improvisado que tenía en el sótano…fichajes de películas,
libros olvidados y cientos de fotos por todos lados…le gustaba revelar las
fotos, el proceso que se llevaba lo tomaba con mucha calma y un poco de
ansiedad como los niños esperando por los dulces…espero el tiempo necesario
mientras veía las estrellas por la ventana…y entonces apareció…en los
atardeceres de la semana…una de las fotos incluía un invitado especial…un ave
de alas rojizas como el fuego justo frente al lente…como si supiera donde volar
y hacia donde voltear…le pareció conocerla de algún lado, su psique le estaba
jugando una broma de mal gusto pero no, si era, tal vez no la misma, pero si
una de su especie o tal vez si aquella que acompañaba las tardes de aquel mundo
que fue destruido hace años…tuvo que salir de ahí, ver de nuevo la foto y luego
sentarse…apenas durmió y lo poco que alcanzo a cerrar los ojos…la escena
aparecía una y otra vez…de pronto un vacío se apareció en su corazón atravesó
su pecho anidándose ahí cual raíces de árbol. No distinguía si era nostalgia,
cariño desprendido o enfermedad, pero dolía, una daga que entra en segundos que
duran horas…entonces comprendió, sin tomar aire o pensarlo, sus manos estaban
en el teléfono, pero adonde llamar, donde encontrar…solo sabía que debía
encontrarse con ella, abrazarle, decirle lo dicho y lo que quedo por decir…pero
temía, porque adentrarse en el ayer implica muchos factores y encontrarse con
esos caminos truncados o terminados dejados atrás, recoger de nuevo las pistas
que no supiste descifrar y los momentos que quisieras repetir pero los años han
pasado ya. Sin embargo, este repentino vacío anidando en él, lo llevó a
implementar aquella búsqueda apareció ante él, la silueta de ella caminando
hacia él enfundada en su vestido negro y tacones verdes adornada con un delgado
collar…y esas torneadas piernas…pero sobre todo los ojos que el tanto
admiraba…cuanto amor había en esos ojos, cuanta pasión en sus labios rojos…y
que decir de sus manos que tanto le gustaba tomar con las suyas para besárselas
cada vez que podía…maldita ave se dijo a si mismo hurgando entre el
refrigerador por una copa de vino,
parecía que el proyector de su vida había encendido por si solo y ahora
proyectaba en las paredes de la casa, en la copa de vino, en el frío piso y en
su pecho…recordó la frase: “busca quien te quiera más que tú a ella, así
sufrirás menos” pero desde que se conocieron él borró la frase del corazón y se
perdió como se pierden los niños en el bosque…cayó como caen los árboles al ser
talados…voló sobre cielos azules, lluvias pertinaces y fríos inviernos…así era
la manera en que había decidido amar…a todo o a nada…y ahora años después en
que su espíritu adolescente había sido exorcizado y solo había quedado el
joven, el adulto…el de los hechos, de los planes trazados, de la moralidad y la
tolerancia, aquel de horarios de trabajo y de horarios de amor…¿Dónde estaría
ella? Su silueta rompiendo corazones, de seguro volando sobre cielos opuestos a
él, tendría hijos, esposo, trabajo demandante e historias demasiado bien
vividas si es que ese término existiese…pero los días siguientes en que el ave
aparecía cuando cerraba los ojos y los sueños terminaban por repetirse…se
ausentaba del mundo para entrar en el de los supuestos…le gustó evocarse en
aquellos días lejanos ya en su memoria pero no en la historia…tantos colores
por conocer que hoy ni siquiera imagina…ha crecido y la forma de querer dentro
de él ha mutado como un árbol cuyas raíces se han extendido a lo largo de un
parque olvidado…no podía solo olvidarse de ello, aquella ave había contribuido
a su ser y le decía que tendría que darse una vuelta por los lugares donde amó
la vida…se le iba el apetito y las canciones se le olvidaban, lo único que
permanecía eran los atardeceres que robaba, pero incluso ellos le empujaban por
la resbaladilla de la nostalgia...enfundado en gabardina oscura y sombrero gris
anduvo de tren en tren hasta bajar en la estación pactada…una calle desolada,
vieja y polvorosa le recibió con las casas abandonadas y perdidas en el tiempo,
estancada en la década anterior o quizás aun más…ataviadas en flores marchitas,
jardines muertos y ventanas cerradas…¿Dónde había quedado la vida? ¿Los hijos
de los padres y sus hijos? Parecía que la colonia había muerto y todo mundo
había huido…ahí se encontró con la casa donde fue tantas veces a verle, el gran
porche y desde donde sentados apreciaban las estrellas y tomaban sus manos para
jugar con ellas…recorriendo el camino hacia la tienda y viceversa…repleto de
colores en los barandales y las fachadas, hoy todo parecía pintado de color
gris quemado por el presente y el futuro…quizás ella también se fue junto con
los colores, nada le detenía y siempre fue arrojada al vacío de la
incertidumbre y la aventura. Abrió el barandal y dejo sus huellas en el
polvoriento porche, dejando una tarjeta en el marco de la ventana y se marchó
de ahí sin pista alguna para ir al siguiente lugar. Llegó y pidió la mesa de
siempre mientras preguntaba por el dueño, pero nadie ahí conocía el nombre…el
lugar cambió de nombre hace unos años y los dueños se retiraron…la modernidad
había arrasado con todo a su paso cual huracán, no había más afiches de las
películas de acción, de personajes icónicos ni de grandes escritores, …ahora
estaba atiborrado de posters de deportistas, artistas pop y sugerentes
imágenes…incluso hasta las lámparas eran modernas…el paso del tiempo había
arrasado las raíces del café llevándose al infierno del olvido todo lo sentido,
experimentado, y sufrido, las largas charlas y los debates sobre los libros
leídos…tantas poesías oradas y tantas canciones tarareadas que se perdieron en
los cajones del pasado…nada dura para siempre, dejo unos pesos marchándose
dejando una estela de melancolía a su paso…decidió que no había nada que perder
y continuó las últimas pistas hasta llegar a ese edificio de tonos grises con
sus cincuenta pisos que terminaban con aquel jardín en lo alto, tomó el
elevador mientras imaginaba si también ese lugar habría cambiado después lo
entendió, nada permanece igual menos aún si uno ya ha cambiado…el jardín había
crecido y nuevas plantas decoraban el lugar, su vitral enigmático continuaba
ahí uniéndose con la luna como lo hacía con el sol, el aroma lo impregnó y
abrazó su cuerpo como un niño abraza a su mamá…lágrimas aparecieron deambulando
sus ojos hasta caerle un poco al sentarse en la banca roja donde una fuente
pequeña le sonreía con su agua…dejo el sombrero por un lado y se acomodó el
cabello…sintió pesadez en su cuerpo y en la mente, pero más que nada, sintió el
corazón vacío…de pronto una mano tocó su hombro, la señora le saludo y entregó
una tarjeta…un domicilio se lo dijo todo y entonces empezó a correr. El blanco
edificio con la letra hospital recibió su figura…preguntó aquí y allá hasta
subir al séptimo piso…un familiar abrió la puerta y tardó un segundo en
ubicarlo pero le invitó a pasar. Era una habitación como todas…sin cuadros,
flores, colores, solo el sonido de las maquinas conectadas…cuan vio su rostro
se desmoronó como la arena en los dedos…fue directo hacia ella y le besó sus
mejillas acarició su barbilla y abrazó como pudo su cuerpo…buscó una silla, y
permaneció sentado ahí por muchas horas hasta que despertó al siguiente día…pidió
días en el trabajo e hizo una lista de cosas que habría de hacer para que ella
se sintiese mejor aun cuando decían no le escuchaba, él hizo caso omiso…y
entonces empezó por llevarle el libro que ella adorada y empezó a recorrer la
portada como recorría los muslos de ella, tanto dicho, tanto vivido y el único
lazo entre ambos siempre fue el libro que hoy tenía entre sus manos…y así
comenzó de nuevo, la historia…leía para ella acotando las voces, imitando los
sonidos e intentando explicar a detalle y con un lenguaje para que ella
identificase a los personajes…aunque luego entendió que ella de seguro lo
recordaría en algún lugar de su mente, podría sentir como él le leía y
recuperar de nuevo el conocimiento…le leyó durante las noches…aquel libro del
que hablaron tanto en el café...nunca se preguntó las consecuencias de su
presencia, los dimes y diretes…los recuerdos que despertaría porque todos
sabemos que en una historia siempre existen dos versiones pero no quería estar
lejos de ella, sentía una atracción como los imanes, como dos aves encontradas
bajo un cielo perdido…el cariño y el amor volvieron a aparecer en su vida,
sintió la fragilidad del existir y de los planes que siempre cambiaban para
hacernos más fuertes le mataba verla ahí postrada, los familiares que le
visitaban, denostaron su presencia primero y después comprendieron que es
probable que ella así lo quisiese…cualquier ayuda era válida, le llevo una
planta que él regalaba todos los días…en esa habitación blanca sin adornos con
solo el sonido de los aparatos y el respirados hipnotizaban, bajaban las
defensas y el ánimo, pero él poco a poco fue haciendo esa habitación para ella,
que llevara su toque personal…introdujo posters, colores sencillos pero sobre
todo trajo un mundo que ella había dejado, no sabía porque, pero aquella nota y
ese dolor en el pecho aquella vez que divisó al ave le hizo un pellizco en el
cuerpo como un llamado a entrar en el mundo…de vez en vez le platico un poco de
su trabajo, puso un pequeño aparato de sonido para ponerle música…así su
cerebro se mantendría más activo y escucharía en algún lugar de la mente…las
canciones que tanto le emocionaban. Recorrió durante semanas las páginas del
libro y de su historia propia mientras su sombrero gris permanecía en la
habitación a veces tapando sus ojos para dormir un poco…había momentos en que
se quedaba viendo el rostro de ella que tantas veces besó, que tantas veces
describió y anheló…de su sonrisa que tanto extrañó…y de repente se acercaba a
la pequeña ventana para divisar los edificios grises góticos presagio de noches
lúgubres para que los locos salieran a divertirse y los monstruos a asustar…le
platicaba la risa de los niños, los abrazos de los novios y las señoras del
supermercado y esos gritos que proferían los adolescentes…contarle la vida
diaria quizás ayudaría…pero no había cambios, del trabajo hablaban para
preguntar por él…demacrado, ausente e insensible, el hospital drenaba sus
fuerzas y aunque a veces descansaba, esa habitación fue haciéndose de dos…como
compartir un atardecer…Algunos días sentía frustración y perdía la esperanza
pero siempre regresaba a él la fe que
ella despertaría…y desafiaría a cualquiera que le dijera lo contrario…los
familiares le imploraron que descansará un par de días, volviera a casa y
durmiera bien, porque de seguro se ocuparía…y así a regañadientes fue a casa…no
recuerda el momento pero sí que se derrumbó en la cama tendida y permaneció
dormido por mas sueños que horas, no sabía cuantos días…finalmente el teléfono
sonó cuando él se encontraba en el trabajo, había despertado y ahora preguntó
por él…agradeció y dijo que iría pero dudo, que le diría, como lo tomaría, ¿Qué
ocurriría? Escribió una carta para ella…un día que llovía a cantaros y que sus
suspiros se encontraron con el vacío del corazón, un día que ella no lo
esperaba, dejo la carta y le besó suavemente los labios y se fue de ahí
mientras ella dormía…volvería a su rutina, a su vida nueva y a sus atardeceres.
Ella abrió los ojos al anochecer, se estaba recuperando milagrosamente y cuando
su mirada apreció la habitación, entendió pronto…entonces miró el techo, un
cielo estrellado, una de sus canciones favoritas sonaba, entendió que la voz que
algunas veces su subconsciente escuchaba era la de él, la carta le fue
entregada y frente a ese cuadro que ahora adornaba su cuarto supo de donde
venía…reconoció el atardecer al instante y pidió a la enfermera le leyese la
carta en voz alta. La voz de él aparecía a través de la enfermera que leía
pausado y con esmero haciendo énfasis en las palabras necesarias así como la
idea que se gestaba pero sobre todo el sentimiento que en la carta permeaba, un
cuento rápido, una poesía inventada y un sentir que impregnaba la hoja como un
perfume al cuerpo…sus ojos le lloraron y su corazón palpitaba pero sobre todo,
su mente divagaba entre recuerdos que se aparecían cual nubes en el cielo…meses
después un sobre llegó al trabajo, él ladrón de atardeceres lo recibió, la
estampilla lo decía todo: un ave volando sobre un atardecer…Las letras decían
¡Gracias!, agregaba hora, lugar, fecha. Vestido con su sombrero gris, cámara en
mano recorrió la ciudad hasta ver el edificio justo en medio de la urbe, de 25
pisos, se le hizo eterno el tiempo en el elevador…una soledad invadía el piso,
pero en la pared un letrero le indicó adonde ir y así llegó a la puerta…suspiró
y la abrió…frente a él se extendía un tripie y una cámara, también una botella
de champagne en una mesita junto a dos copas, de un pilar se asomó ella…como no
adorarle si sus ojos eran el fuego rojo de la vida, y su sonrisa le sonrojaba
el alma más aún en aquellos tacones plateados donde empezaban sus hermosas
piernas apenas tapadas por ese vestido azul acompañada de sus guantes…sin
mediar palabra, dejo su cámara, se acercó a la otra, la dejo en automático,
besó la mejilla de ella mientras destapaba la champagne y sirvió las dos
copas…se besaron cuando la cámara captó el atardecer mientras un ave de alas
rojas volaba sobre el cielo. Se cuenta que los ladrones de atardeceres se les
encuentra de vez en vez recorriendo las alturas sobre esos edificios góticos
para acabar en el jardín del cielo mientras un ave de alas rojas vuela sobre el
cielo y una mano toma la suya para ver la partida del Sol en el Mundo de
Morfeo”.
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