“Cual torbellino a punto de
llegar a la ciudad, apareció con el arribo del tren…descendió y su figura se
perdía entre el humo y las maletas, entre el viento y el sol de la tarde…como
una visión o un sueño…se sentía su presencia aun cuando su rostro no se
vislumbraba ante aquel sombrero rojo con listón negro o sus largas piernas
cruzar a paso firme la estación para solicitar un taxi…las mangas de los
guantes que cubrían las manos y parte del brazo no ocultaban su gran anillo
blanco y brillante como una estrella…dejaba una estela a su paso como una mujer
que siempre permanece en tu mente, en tu corazón…de las que te hieren el
alma…de las que anhelas siquiera se acerquen a ti y pregunten por alguna
dirección, algún dato o incluso la hora y así ver mover esos labios rojos que
jamás tocarás con los tuyos. Un aventurado le cargó de inmediato la maleta
mientras aprovechaba ver esas curvas marcadas tras ese vestido color negro…pero
ella no emitió palabra alguna, sabía que la sola mirada haría que ese le
cargase la maleta hasta el taxi…era una tarde fría y honesta en aquel anden de
la estación mientras ella flotaba cual ángel del demonio caído del cielo de los
corazones alborotados y las rosas que sustituían a las nubes…en definitiva,
aquel detective se enamoró perdidamente en un segundo, en el momento que su
cigarrillo se encendió e identificó más bien, enamorase de su rostro para
confirmar quien era y porque había tomado el caso…¿a que vendría? ¿El porqué de
su visita? Y ¿sus ojos de color eran? Esas eran las preguntas extrañas que hoy
se hacía…no perdió tiempo, su auto estaba en posición y no tuvo problema en
encontrarse detrás del taxi persiguiéndole, cigarrillo tras cigarrillo mientras
las canciones iniciaban y terminaban una tras otra, se prometió dejarlo
pronto…desde atrás no perdía pista de ella aunque solo alcance a ver su
sombrero y su cuello…la ciudad oscura y penetrante…con sus luces que se iban
prendiendo a medida que la luz del día se iba con el sol, tenía mucho que no
visitaba el lugar…ahora había puentes, caminos nuevos y calles incendiadas de
bares, restaurantes lujosos y estantes de joyas…pero su mirada puesta sobre el
auto y ser cauto no le permitían fijarse mucho en todo aunque un buen detective
sabe ver entre líneas…el taxi finalmente se detuvo a las afueras de una gran
mansión encumbrada sobre un césped echado a perder y en la oscuridad de un
vacío…pintada de un blanco perdido entre tantos grises…su barandal era una
verja que se alzaba cual prisión…en sus pilares, dos dragones te daban la
bienvenida…ella entró cargando su pequeña maleta…las puertas se abrieron
haciendo un crujido tan conocido…como cuando se rompe algo en dos…esperó unos
minutos para bajarse cuando vio las luces de la mansión encenderse…el detective
recordó sus lecturas de Roma y Grecia, de vastos imperios e infinitos
templos…como humanos y dioses peleaban y se adoraban…hoy ella sería la diosa y
él, un humano persiguiéndole para siempre…decidió ingresar a través de un árbol
que se erguía cerca a la verja, con mucho cuidado y con cuerda fue subiendo
hasta llegar, de ahí brincó…intentó en vano que el ruido de su caída no se
escuchase en la mansión y su sombrero no se arruinará…a hurtadillas fue
caminando hacia las ventanas, y se dirigió a la que por obra del destino estaba
abierta, suerte de investigador se dijo a sí mismo reluciendo su sonrisa detrás
de esa barba perdida…La Luna difuminada entre las nubes le veía…majestuosa
noche que fue regalada…alzó un poco más la ventana e ingresó…sin seguridad
alguna había entrado a una larga sala…un candelabro de velas colgaba y el
comedor de 30 sillas le miraba…antiguo como la ciudad misma y de un color
impecable relucía…en las paredes los grandes músicos con aire de grandeza
seguían sus pasos…ahí estaban…Beethoven, Bach, Mozart, Schubert y Wagner…amante
de la buena música…el sonido empezó a tocar la favorita de ella…que dejando su
sombrero, soltó sus cabellos y preparó dos tragos…el anillo resplandecía…salió
al vestíbulo y desde ahí caminó displicente rumbo a la sala…el detective cual
ladrón gatuno buscaba su silueta cuando sus miradas se encontraron frente a
frente…”Pensé que le gustaría beber un trago” dijo ella…como el frío que afuera
empujaba, así quedo él…helado…señora yo…no importa, ya me contará que hace
aquí…ahora brinde conmigo le dijo mientras le señalaba un ala de la mansión, a
través de ella había unos escalones que daban a otro cuarto. Ella le esperaba
sentada en un largo sillón blanco de piel…había encendido uno de esos cigarros
antiguos…el detective entró cauteloso y reviso hasta el último rincón con la
vista…libros cayéndose a pedazos de entre los estantes…una barra para los
tragos y grandes búhos que miraban con sus grandes ojos…estaban por todos
lados, el techo parecía que jamás había sido alcanzado por alguien…eran dos
sillones y una mesa de mármol…la vista, una bajada hacia la calle…Aquí puedo
verlo todo dijo ella: me preguntó qué hace usted en mi casa, o bien siguiéndome
no parece un ladrón…salvo por esa barba diría que usted alguien bastante
normal…deje el sombrero y siéntese aquí…como verá no hay quien cuide esta casa
así que no está en peligro…lo que ella no sabía era que se le había escapado el
habla, el detective era un manojo de nervios y un hombre silenciado por la
belleza, su instinto carnal había desnudado su alma de investigador y ahora no
sabía cómo siquiera sentarse…ella fue hacia la barra y él fue detrás de ella,
se encontraron frente a frente como el mar y la arena…él explicó el porqué de
su visita…se sentía interrogado ahí pero por ella le hubiera contado su vida
hasta desde el día en que nació…había sido contratado para saber a qué venía a
la ciudad, con quien se reuniría y si planeaba no regresar a casa…pero la
pregunta más importante, era si el amor se había extraviado…¿ve usted al amor
por algún lado? Dijo ella…¿a poco no percibe la soledad en estas 10
habitaciones?...el amor está perdido, pero no le pertenece a nadie…es algo que
se transmite, nace, crece y se evapora…como el agua o el rayo del sol, como una
lluvia de estrellas, es de todos y de nadie…a las otras preguntas, solo se
puede contestar yendo conmigo, puesto que usted ya está aquí y yo sabía me
seguía…no soy una pretenciosa pero conozco los pasos de los que buscan
encontrar lo que no existe…¿le sirvo otro trago? El detective se lo había terminado
sin darse cuenta…le encendió otro cigarrillo y uno más para él, prometió
dejarlo…está bien dijo él, le acompañaré…y así brindaron mientras Bach sonaba
en todo su esplendor…venga y le tomó de la mano…le gustó como esa sensación
recorrió su cuerpo…echó dos botellas de vino, las copas y un libro…se subieron
al auto del detective y le dio una dirección…supo donde era pero no objetó
nada…ella le veía y no le veía…como ausente y expectante…presagiando lo que
habría de pasar, nunca perdió la belleza…el mundo no podía existir sin alguien
como ella se decía él a medida que avanzaban…la oscuridad apareció en aquella
calle donde las casas iban desapareciendo poco a poco…atrás quedaba la luz y
los autos…ahí frente a ellos, cientos de tumbas y solo una linterna para
buscar…ella descendió con aire displicente y comenzó a andar tomada del brazo
del detective cuya linterna iluminaba el camino…pasaron varios minutos hasta
que ella se detuvo señalando con su anillo a la derecha…frente a ellos un
pequeño busto sobre algunos libros…tomó una de las botellas poniéndola frente
al busto…buenas noches Papá y se sentó ensuciando su vestido…el detective se
quitó el sombrero y vio como ella le servía una copa a él y otra a ella…a
continuación le pidió el libro…lo abrió y comenzó a leerle…poesía tras poesía,
prosa tras prosa…sus lágrimas chocaron contra las páginas del libro mientras el
detective le iluminaba párrafo sobre párrafo…acarició su busto y besó las
mejillas…de regreso, batalló un poco para caminar, el detective le tomó por
encima del brazo y la acercó a él para que no cayese a la tierra…al llegar al
auto le abrió la puerta y le encendió otro cigarrillo y uno más para él…la
noche era fría, pero los ojos de ella eran tan cálidos como indescifrable…de
nuevo otra dirección…mientras el auto avanzaba ella iba contando su historia…su
padre había creado una empresa textil durante muchos años y todas sus fuerzas
estaban en ella…creció y creció como una gran historia económica y de
éxito…pero lo que identificó a mi padre antes de nuestra pelea cuando no supe
entender lo que era su vida y su forma de verla…cosas de la juventud…sus
abrazos los perdí mientras recorría el mundo, destruyendo corazones, conociendo
cultura y viviendo mi historia ya que no quería saber nada de su empresa…un día
supe que ya no estaba más…en su testamento además de cualquier situación
económica, solo dijo que le gustaría que le leyese cada que sintiera un
escalofrío en mi ser…y me dejo este libro…el cual me leía de niña…a la hora que
llegará, a veces cansado, manchado, de viaje o borracho, pero siempre me leía
al menos un poema…decía que así se dormía mejor…¿podemos ir a la dirección
siguiente?...el detective continuó manejando rumbo a la ciudad…al llegar al
centro, ella pidió que detuviera el auto…frente a ellos un edificio de dos
plantas…descendieron y el la siguió, ese caminar subiendo las escaleras le hizo
suspirar…quería no sé, tocarle, bailar con ella, hablarle de él y lo que sentía
en el corazón…alimentarla y alimentarse…el primer piso era una bodega con cajas
que tenían de seguro años ahí, polvo y olor a viejo, paredes cayéndose y
escritorios abandonados…le costó un poco acostumbrarse a ella al olor a diferencia de él que se había metido en
muchos lugares lúgubres…en un rincón al fondo, una pequeña caja color rojo
sobresalía entre las demás…ella la tomó y le pidió a él la acompañase al
segundo piso…encendió el candelabro y el salón se iluminó…en el recibidor donde
se guardaban los abrigos puso la caja y de ella tomó otra caja le dio vuelta a
la cuerda y una canción comenzó a tocar…el detective reconoció una vieja
melodía…en la caja roja también se encontraban algunas cosas personales, como
collares, cartas, y fotos…ella soló tomo el collar y él le ayudó a
ponérselo…entonces él le invitó a bailar…le tomó de la cintura y su mano
guiándole por todo el salón mientras la noche se les iba por entre los dedos
como el humo por la ventana…se acercaron mientras bailaban, giraron,
intercambiaron miradas y sus cuerpos eran enlazados por la canción…aquí bailé
infinidad de veces dijo ella, conocí el amor, el desamor…los desatinos pero a
veces es mejor retornar al pasado solo para entender nuestro presente y ver
rumbo al futuro…volví por la caja musical por las razones más incoherentes pero
menos indiferentes…es parte de mi vida, de la que deje como de la que soy…él
comenzó a tener un sentimiento indefinible e irrepetible a medida que sentía
como ella dejaba ir todo y su mirada cambiaba convirtiéndose en frágil y humana
como él…la Diosa perdía su furia y transformaba la belleza de su rostro…él le
besó su mano y la acercó más a él mientras bailaban y ella no objetó…y la
canción anunciaba su terminó y ella le dijo…aún falta un lugar más, detective y
es el mejor…retomando su mirada altiva y desafiante…una última mirada antes de
irme…dieron un par de calles atrás y rumbo a la izquierda, pasando por los
grandes restaurantes y los bares repletos de personalidades y dirigentes de la
ciudad cuya luna continuaba ahí arriba mientras el frío arreciaba…una pequeña
fonda con mesas afuera y un olor que le impactó al detective…la señora le dio
un gran beso a ella, y le dijo: ha vuelto…mi niña…tantos años, tantas veces
esperando por ti por noches enteras…lo sé…ha pasado una vida, la señora les
invitó a entrar y abrió una puerta contigua a la fonda con un elevador
industrial…el detective permaneció en silencio mientras ella hacia las
presentaciones respectivas…el elevador detuvo su marcha en el tercer piso…el
aroma a comida, a vino recién destapado…de nuevo esa canción tan familiar…y las
máscaras y sombreros que adornaban…también ahí el telescopio con él que ella
veía las estrellas…para la sorpresa del detective ella se subió a la mesa y
acercó el telescopio para ver la luna de cerca y las estrellas que recién
aparecieron…él llenó las copas mientras la señora atiborraba la mesa con
ensalada, pizza, lasaña y espagueti…se enamoró de ella viéndole arrojar los
tacones al suelo y sus cabellos sueltos sobre aquel cuello que anhelaba
besar…comieron y degustaron los platillos, la vida, la conversación y sus
miradas…el detective perdió el porte, los estribos y le recitó poesías y
miradas de locura pero no sabía cómo decirle con sus manos lo que
sentía…entonces ella le besó…con esos labios manchados de espagueti y ese
sabor vino dulce…la diosa había bajado
del olimpo y el hombre le había alcanzado en esa pequeña fonda con vista al
cielo…y el caso fue cerrado en las calles del Mundo de Morfeo”.
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