“Es una noche lluviosa extraviada
en el anonimato de una gran ciudad infestada de corazones rotos, besos
lujuriosos y temores infundados que se funden en uno solo…y que pronto nos
llevará o bien al infierno o quizás al cielo de rodillas llorando o temiendo
por un mundo donde el amor aparezca en cada esquina, en una sonrisa al final de
la noche…en un abrazo con tu hijo, en un soleado atardecer, en un encierro con
una cobija encima mientras de la pantalla aparece tu escena favorita…sin
embargo, él, se encuentra ahí frente a esa estatua de mármol, enorme, estoica,
con su mirada altiva y sus brazos gruesos tomando con fuerza el arma con el que
se llevó la vida de muchos, la historia de otros tanto y la felicidad de
miles…si te acercas a la estatua, escuchas su voz. Se siente como la estatua te
habla, te incita a verla y no perder de vista los detalles que de ella emanan.
Se inauguró una tarde de abril, con el cielo vestido de rojo naranja, un color
solo aparecido en los atardeceres de la ciudad, ¿no te ha pasado que el cielo
se viste de una tonalidad que solo tu corazón entiende? ¿Qué sus nubes se
acomodan para hacerte llegar un mensaje a ti y solo a ti? Lo sintió ese día
cuando miraba hacia arriba como quien busca una respuesta…el dolor y la
tristeza le invadían como las hojas invaden las raíces de los árboles al caer
al césped. Nunca un personaje público había generado ese aire de tristeza y
melancolía en la historia reciente de la ciudad y pensar que solo apenas unos
meses todo mundo se abrazó de él, como la plebe se abrazaba a sus gladiadores
en la antigua Roma. Era nuestro Espartaco, nuestro Rey Arturo, nuestro
Emperador Cuauhtémoc, sin embargo, a veces Dios tiene otros planes para los
héroes…para sus gestas heroicas y sus caídas desde el pedestal de la gloria. Él
era uno de sus seguidores, de los fieles que lo vieron debutar, jugar, crecer,
ser reconocido y después ser famoso…fue su historia parecida a la suya, su
origen, la humildad con la que se conducía la que lo llevó a ser adorado por
las masas, por el pueblo y aquella tarde, la ciudad le rendía tributo debido a
esa muerte repentina que se los había arrebatado a todos, porque ese duelo
abarcaba más allá de su familia. Muchos lloraron pero él no, se contuvo, solo
sintió su corazón inundarse de tristeza. Quería subirse al siguiente tren e
irse unos días…entonces Ella apareció. En su vestido oscuro y unos grandes y
bellos ojos cafés, de sus ojos tristes corría la ilusión de quien también
quiere escaparse, dejo una flor en la estatua y se marchó. Esa combinación del
héroe fallecido y el nudo en la garganta de quien quiere huir de sí misma, se
dijo que debía escapar…irse de la
ciudad, donde los sueños se cumpliesen y le hicieran vencer los miedos y las
historias tristes, amar y ser amada, donde no le alcanzasen las canciones
aburridas y las noches inconclusas. Sin
querer ambos compartieron el andén, la ciudad y el mismo vagón…hay encuentros
que se dan por el destino, por el placer, por el mundo, por el cielo, por el
infierno o porque dos personas sencillamente van al mismo lugar desde el mismo
lugar de salida. Así fue como se conocieron…una estatua, un hombre y su muerte,
un héroe del deporte que tanto amaban ambos…y cómo fue que ambos llegaron a
introducirse en el camino de este deporte…lo recordaba como si fuese ayer, como
se dijeron Hola, enfrascados en la conversación deportiva que hacía que muchos
pasajeros se inmiscuyeran entre susurros y con los oídos bien atentos pero
sobre todo cuando todo fue enfocándose rumbo a las sensaciones, emociones y
sentimientos que los caminos de los ojos se van encontrando como dos líneas
paralelas que se han roto y van a encontrarse si o si en este tren que va a
toda velocidad llevándose a la gente a otro destino. Si ambos se hubiesen
percatado que el vagón iba vaciándose a medida que las ciudades iban
apareciendo, hubieran descendido…pero a poco no te ha pasado, que conoces a
alguien que te rompe los paradigmas de inmediato, que te cae bien, que sabe
escuchar y sabe hacerte sentir cómodo…que sus ojos coinciden en los tuyos y
aparece esa risa maliciosa que ambos entienden…así les ocurrió, un sinfín de
temas que aparecían cual nubes en el cielo para seguir conversando cual amigos
que tienen una vida conociéndose, se decidieron por una ciudad, donde sus luces
les recibieron…el clima era frío sin llegar a calar los huesos, sabía a esa
agua fresca que sale de la regadera justo cuando vienes de hacer ejercicio. Sin
rumbo fijo recorrieron sus restaurantes, sus monumentos y sus bares…sin fotos,
sin redes sociales…solo el infinito placer de echarle recuerdos a la memoria y
al palacio de los recuerdos. Fueron en búsqueda de aventuras…dejando que la
noche y la ciudad fueran dictando su agenda, jugando al turista, al vagabundo,
al viajero…del karaoke al espectáculo de madrugada, de la cena urbana al
concierto de rock, del telescopio al teleférico…ya no lo podían seguir
ocultando, era una comunión entre los dos que los llevaría adonde fuere sin
saber cómo hacerle…no sabían que el amor ya les acompañaba como cuando sabes
que lloverá o sabes que aquella sonrisa significa más de lo que tu mente
entiende…se recostaron en el césped mientras las estrellas iluminaban el cielo
ahí esperaron por el amanecer mientras sus manos encontraban el cariño
desaparecido por tantos años, tantas noches inconclusas…así con el sol subiendo
despertaron tomados de la mano y cubriéndose el frío con los cuerpos entrelazados…para
tomar el siguiente tren y seguir viajando…a veces amarse no significa
acariciarse sino abrazarse. Compraron libros, cafés y lentes de sol para
enfrentar el viaje, de la comida poco, de la limpieza otro poco…así bajaron en
la siguiente ciudad…a su lugar favorito, por increíble que parezca…era justo en
el monstruo de las mil cabezas…el estadio de beisbol del rival, de esa afición
que tanto les caía mal en lo deportivo, pero desde donde alguna vez sonrieron,
donde fueron esos juegos que hoy rayan en la eternidad del campeonato…por
televisión, por radio o visitando, estuvieron. Disfrutaron del juego y sus
placeres…cerveza, nachos, hotdogs, platica, aplausos, abucheos y sobre todo,
algunas anécdotas personales y de juego…había redescubierto ella el placer de
la conservación, de la compañía, de esa sensación en el aire que significa
empezar a sentir rápidamente un sentimiento por alguien y él, se dice poco
cuando la mirada traspasa las gafas y se hunde en el alma de quien le
acompaña…al final del juego, recorrieron la nueva ciudad…su folklor, su gente,
su permisivo uso de las plazuelas…cada minuto, se acercaban más y al llegar al
hostal, ya no pudieron más…hay instantes donde tu cuerpo ya no sabe de razones
y cae presa de las emociones y los sentimientos y fue ahí donde los dos se
perdieron en el abismo de la pasión, del placer, de los labios al juntarse, del
olor a dos cuerpos entrelazados. Sus caricias, sus placeres…perdidos en el
anonimato de una noche que se ha ido para siempre, ambos lo sabían, que esto
acabaría en un infierno de amantes sangrientos, empapados del vino que el amor
dejo en ellos. Un amanecer, un final. Ambos regresaron a donde pertenecían…y se
fueron perdiendo…todo ese amor que comenzó como el fuego quemando todo a su
alrededor, también los quemó a ellos terminando por arrojar sus cenizas al
cesto de los amores desperdiciados y hoy, de nuevo, frente a esa estatua donde
le vio por primera vez…sus lágrimas se convierten en surcos y su corazón llora
la pérdida. Y ¿Qué si los hombres lloran? Y piensa en ese cariño de la
eternidad que ya no será tomados de la mano, sino de lejos, como los polos
opuestos en quien sabe dónde y con quien, a su mente, viene ese deseo, esa
fantasía…de ellos en la habitación, en el auto, comiendo de sus pasiones, de
los besos, de reírse y complicarse la existencia con esos bailes que tenían en
la sala, en la cama, en la cocina…pero ya no hay nada más allá, el amor jamás
llegó aquí, jamás vendrá, porque querer jamás será amar…sin embargo, muy en el
fondo quería seguir luchando, intentarlo una vez más…total joven y enamorado
solo se es una vez en la vida y frente a la estatua recordó los días de lucha y
esfuerzo de su héroe, fue entonces que tomó una decisión. En el periódico de
mayor circulación apareció una imagen con una frase que decía: “Tú por allá, Yo
por ahí…no te aflijas, el mundo es redondo y alguna vez nos pondrá frente a
frente para conocernos de nuevo”. Una vez a la semana, la misma imagen con otra
frase aparecía: “A ti que me lees, te quiero…te deseo la mejor de las noches y
un hermoso amanecer”…la imagen llevaba un signo al final, una especie de
antefirma. Pronto llamó la atención de los lectores y no se hicieron esperar
las llamadas buscando a quien iban dirigidas tales frases, si eran de romance,
de cariño o de un anuncio de moda. Pero jamás había una respuesta concreta. Así
pasaron las semanas y las publicaciones continuaron, la siguiente decía: “Te quiero a ti que me
lees, que sonríes ante mis aventuras y tragicomedias, a ti, que me abrazas
desde la lejanía con todas tus fuerzas”, no terminaba él de rendirse, en algún
lugar de alguna forma…las palabras y los sentimientos que ellas arrastraban
llegarían a Ella y entonces podrían continuar lo que se quedó inconcluso. “A ti
que me lees…aventúrate, ama, construye y yo seré feliz de verte sonreír” los anuncios fueron escaseando a pesar de la
respuesta de los lectores, lo que a él le interesaba no era la fama sino que
Ella le encontrase. En el camino a casa la última luna llena del mes lo escuchó
mientras caminaba…otra frase había sido publicada, pero con otro signo; sobra
decir que corrió al puesto de periódicos, para encontrar el anuncio con la
frase “A veces los caminos y vivencias deben ser siempre contadas, escritas y
pintadas, a veces los besos deben robarse, a veces las personas quieren solo
encontrarse donde siempre se hallaron”
Siguió corriendo, como olvidarlo, hoy era el aniversario del héroe
favorito de la ciudad…el del bate de madera, su estatua que sirvió de cupido y
al llegar al lugar…le vio de nuevo, vestida como solo Ella sabía…benditos ojos
que jamás olvidaría…se acercó a Ella y le besó sin mediar palabra, estrujando
sus labios contra los suyos y abrazándole para no soltarle más…hay besos,
miradas que uno debe arrebatar, robarse, atrapar y beberse como al vino mismo…todavía
recordar lo que vivieron y lo que faltó
por vivir, a veces les confundía deseando, extrañando y buscando en el café de
la mañana, en el caer de la tarde, en el cerrar de los ojos por la noche…había
decidido hallarle y robarse de esos labios, los besos, los últimos que habría
de besar. Así, cada año aparecía en el periódico…una imagen con una frase…para
los amantes del Mundo de Morfeo mientras ellos iban a rendirle tributo a su
héroe”
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